17.5.07

ME CAGO EN DIOS

En un blog como este, que a menudo intenta buscar razón donde no la hay, el futbol no tiene espacio. No lo tiene porque es irracional por entero y no hay belleza en la derrota como sí la hay, por ejemplo, en el cine de derribo. La pasión futbolera, si te atrapa, ahonda su garras en unos recovecos muy profundos. Recovecos de orangután sensible. Y al margen de mandatarios freaks y otras sandeces, no valen sociedades borderlines ni pollas en vinagre para explicarlo. Fui del Espanyol desde pequeño por herencia materna (que no paterna) y yo, alejado con mis libritos y mis tebeitos bajo el brazo, tarde un tiempo en darme cuenta de lo que eso significaba. Básicamente: sufrir mucho y pegar saltos irracionales de alegría en escasas ocasiones. Porque en esto del futbol lo borderline es ser del que gana casi siempre, pero cuando eres del que casi nunca lo hace... ¿Qué coño eres? ¿Qué coño pintas? ¿A qué te agarras? No puedo decir que después de lo de hoy sea más periquito que ayer porque aquí no hay grados que ascender sino cervezas a beber y berridos de jabalí a lanzar. Nos dejamos los cojones y perdimos como hace veinte años. Y qué. Dentro de otros veinte años seguro que regresaremos a otra final europea... y posiblemente la perdamos. Y yo podré volver a cagarme en Dios como sólo saben cagarse los que estamos más acostumbrados a la derrota que a la victoria. Porque para cagarse en Dios como Dios manda, con las manos en los cojones, por una cosa tan tonta y tan poco de provecho como los colores de un club de futbol, hoy hay que ser del Espanyol. Supongo que es lo más cerca que estoy de la religión y de la mística católica de la pústula. Así que me cago en Dios con la cabeza bien alta y a otra cosa mariposa.