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26.9.13

SADAKO CONTRA LOS TECNÓCRATAS


Tras un año sabático, el Dr. Repronto, nuestro mad doctor preferido, ha resucitado como lo hacen los monstruos del siglo XXI, emergiendo desde la estática de nuestras pantallas como si de la fantasma japonesa Sadako se tratara. La primera entrega está dedicada a otro monstruo contemporáneo que asola nuestras vidas: los tecnócratas. Pueden ver la estupenda primera entrega de esta quinta temporada haciendo clic de inmediato y recuerden que el próximo martes 1 de octubre se podrá ver ya la segunda.

En su análisis de los tecnócratas el Dr. Repronto realiza una de esas piruetas imposibles, que son marca de fábrica, al vincularlos con un inesperado fenómeno de la cultura popular contemporánea (que no desvelaré, claro, véanlo ustedes mismos). Inesperado porque hablar de La amenaza de los tecnócratas resulta de lo más evocador pero siempre en clave de tecnología robótica de serie bé. Yo mismo suelo jugar con la idea en mi tumbrl dedicado a la Sociedad Borderline. Ese vínculo es más añejo de lo que parece, y no se me ocurre mejor forma de celebrar el regreso de las Reflexiones de Repronto que rescatando una curiosa publicación aparecida en 1936: The Technocrats Magazine.


Bajo el aspecto de una revista pulp de ciencia ficción, esta asombrosa publicación divulgaba la tecnocracia en el contexto del New Deal y el crack del '29, que al demostrar que Wall Street y los hombres de negocios eran incapaces de dirigir la sociedad, ésta debía estar al cargo de ingenieros. La revista se puede disfrutar al completo en esta web. Lo cierto es que es una gozada que se mueve entre el panfleto ideológico, el retrofuturismo y la fe en la tecnología como garante del bienestar humano, todo ello envuelto en un diseño gráfico que va del corta y pega fanzinero a un uso visual del diagrama que hoy veo más moderno que nunca.









15.8.12

Extraño poder


El buen mad doctor, el que con su enajenación cambiará el mundo, experimenta con batín y foulard. No es una extravagante retrobizarría sino un signo que anticipa tiempos futuros. La búsqueda del poder y el control mundial desde la comodidad del hogar. Demiurgia del Apocalipsis doméstico.

Nota: la viñeta procede de un viejo Batman de Dick Sprang (intuyo) y está sacada de las ediciones de Novaro publicadas bajo el sello Librocomics.

30.7.12

THOMAS ALVA EDISON, GENIO DEL MAL Y SUPERVILLANO TECNOLÓGICO

Retrato de un Mad Doctor

Cuando era pequeño y me zambullía en todo tipo de material impreso y con letras, las enciclopedias juveniles formaban parte de mi alimentación. En todas ellas, en el apartado de Grandes Inventores, brillaba con luz propia (y nunca mejor dicho) la figura del Thomas Alba Edison. En la literatura de divulgación juvenil de mi época (y de todas las anteriores) Edison era el inventor de la bombilla que era lo mismo que decir “el inventor de la electricidad” (en realidad, claro, se trataba de su aplicación más práctica y visiblemente doméstica y no de la electricidad en sí, que estaba ahí desde el bing bang). Recuerdo que en la enciclopedia Dime Quién Es (Argos, 1975) se decía que había inventado más de mil cosas (vaya tío); que hizo esperar a las autoridades en la presentación de una nueva creación y que apareció lleno de grasa porque su principal preocupación en ese momento era arreglar un cacharro (estos inventores, tan entrañables, siempre a lo suyo, en su mundo); y que su primer invento fue una máquina de registrar votos (hoy veo el dato como algo inquietante). En definitiva, que sin Edison viviríamos peor y el siglo XX no hubiera sido posible. Uno cerraba el libro, miraba a su alrededor y daba gracias al tipo. Si yo hubiera sido un juvenil geek de las ciencias, seguro que habría hecho de él un modelo a seguir; afortunadamente, pronto me incline por la rama de las letras, a priori menos prieta, metódica y exigente.

 Edison emulando el experimento del Dr. Jeckyll

Hoy, 35 años más tarde, la cultura pOp del siglo XXI comienza a ofrecer una imagen bien distinta del Edison modelo para jóvenes inventores. Edison, hoy, empieza dibujarse como un auténtico genio del mal que no tardará en rivalizar con Moriarty o Fu-Manchú o que incluso podría figurar como fundador de SPECTRA. Nada más escribir esto, me he puesto a buscar alguna foto de Edison acariciando un gato de angora pero sólo encuentro una de sus viejas películas en la que dos gatos simulan un combate de boxeo. Un momento... Edison como pionero de las filmaciones de gatitos. Sí, sin duda estamos ante un auténtico supervillano. Pero vayamos por partes.



La idea de escribir sobre Edison como genio del mal la tenía ahí guardada pero ha explotado definitivamente leyendo la quinta entrega de Atomic Robo. Ya he hablado antes de esta serie que me despierta múltiples simpatías por su tono dicharachero. El protagonista es una inteligencia artificial robótica creada por Nikola Tesla y los arcos argumentales que protagoniza dan saltos en el tiempo. Por sus viñetas han pasado Lovecraft, Charles Fort o un Carl Sagan convertido en heroico científico de acción. En esta última entrega se salta casi a los orígenes de Atomic Robo y se le muestra como un joven (de metal) que se aburre en compañía de Tesla, ya un abuelete siempre abstraído por la ciencia, y que alimenta su imaginación artificial con novelitas pulp protagonizadas por justicieros que luchan contra el crimen y se mueven en las sombras. Y así transcurren sus días hasta que se topa con uno de estos héroes enmascarados que anda enfrascado en una desigual batalla contra una banda de gánsteres de Chicago que se dedican al robo de inventos, patentes y también de un cráneo procedente de la Atlántida cargado de energía telúrica. Al final, como no podía ser de otra manera, se descubre que tras los robos está el mismísimo Edison, genio del mal que ambiciona el poder total, ser el amo y señor de toda la energía del planeta.



Digo que el malo no no podía ser otro que Edison porque en la deliciosa ficción pulp que propone Atomic Robo anda por en medio Nikola Tesla, otro genio inventor que en la actualidad anda en pleno proceso de conversión en mito contemporáneo pese a que murió olvidado y en la miseria. Tengo por aquí la reciente edición española de una biografía (Nikola Tesla, el genio al que le robaron la luz) que no he leído aún y creo que se ha publicado alguna más. El fenómeno está ahí, empujado por una corriente de divulgación científica muy visible en Internet y que, curiosamente, ha hecho de Tesla su icono pOp pese a tratarse de un científico con una historia tan rica en misterios que da margen a la fantaciencia e incluso a teorías descabelladas muy alejadas de la fe en la ciencia y la razón que profesan parte de sus admiradores (y ahí está el rayo de la muerte, sin ir más lejos).



Es en el crecimiento de la figura de Tesla donde se origina el paso de la imagen de Edison de benefactor tecnológico del siglo XX a genio del mal y supervillano. Los dos científicos se enfrascaron en la llamada Guerra de las corrientes. Edison la continua y Tesla la alterna. Al parecer (ya dije que soy de letras), la primera era más cara y salió victoriosa porque generaba más beneficios a los inversores. (corrección: por una vez ganaron los buenos). La batalla tuvo sus golpes bajos y mezquinos, como muestra la conocida anécdota de la silla eléctrica. Edison recomendó que la máquina que encarnaba la modernidad aplicada a la pena de muerte funcionase con la corriente rival, la alterna, y lo hizo con la intención de desprestigiarla con tamaña mala imagen. Por su parte, Tesla soñaba con la difusión masiva y gratuita de la electricidad, algo que, claro, chocaba con los intereses económicos y la búsqueda de beneficios monopolistas. Es en ese sueño de Tesla donde cabe encontrar su conversión actual en mito pop de internet, emblema del activismo 2.0 contrario a viejos modelos de propiedad intelectual porque suponen no sólo un freno al desarrollo humano y la libre difusión de ideas, sino también porque oculta en su interior oscuros intereses de poder económico (esa misma idea, por ejemplo, flota en el Capitán Swing de Warren Ellis que les comentaba ayer mismo). En este nuevo esquema, Edison se erige así como némesis de Tesla, es decir, en el villano tecnológico a quien debemos la gestación de opacas corporaciones privadas cuyo único objetivo no es el progreso sino el enriquecimiento vil, o lo que es lo mismo, vaciarnos los bolsillos porque hoy, sin electricidad, no podríamos sobrevivir. Edison nos ha convertido en sus esclavos. ¡Maldito Edison!

 Esta foto del laboratorio de Edison demuestra que también inventó IKEA.

Lo cierto es que observando hoy la biografía del antaño modélico inventor de la bombilla se le descubre como un ávido acaparador de patentes que, en muchos casos, eran fruto de una hábil apropiación indebida por vía legal. En algunos casos se mejoraban, es cierto, pero también que con el apoyo de la banca había formado un nutrido equipo de negros y ayudantes que trabajaban a sus órdenes. Sólo así se entiende el millar de invenciones tan dispares y heterogéneas registradas a su nombre. Uno de los casos más conocidos fue el del cine, que como saben se atribuye hoy a los franceses Hermanos Lumiere. Cuando el invento cruzó el Atlántico, Edison ya se había encargado de patentar variaciones, plantar batalla legal a los franceses y ejercer la fuerza de su monopolio (además de ofrecer filmaciones de gatitos). Curiosamente, la industria de Hollywood nació instalada en California para huir de las patentes de Edison y librarse del pago de derechos. Sí, esa misma industria que hoy lucha por todo lo contrario. Así que ya lo ven, sólo hay que escarbar un poco para descubrir que Edison no fue el inventor del siglo XX sino su genio del mal, la sombra diabólica que se alza tras la grandes corporaciones multinacionales, el freno al progreso que no rinde beneficios privados, la SGAE, las agencias de rating, la prima de riesgo y los gatitos de internet. Edison es el MAL, así, en mayúsculas.

 Edison también inventó las muñecas que hablan.

Cuando andaba investigando para mi ensayo Black Super Power, que habla sobre la gestación del héroe negro en la cultura popular, me topé con un curioso documento y una historia que acaba por perfilar el carácter mezquino y maligno del inventor de la bombilla. R.F. Outcault es hoy conocido por ser el creador en 1895 del primer gran personaje de la historia del cómic, el Yellow Kid, de amplia difusión en la prensa norteamericana de la época y cuya primera aparición marca, para algunos, la fecha del nacimiento del cómic. Outcault quiso diversificar sus creaciones y se inventó, en 1901, a Pore Lil Mose, un simpático e inquieto negrito protagonista de diversas historietas de comicidad primitiva muy al gusto de la época. El personaje es hoy un ejemplo más del arquetipo racial conocido como pickaninny, es decir, del negrito tontorrón, gracioso y con labios de salchicha. Pero la caída en desgracia del personaje no fue consecuencia de su condición de caricatura racialmente incorrecta (faltaban décadas para que esa visión fuera tenida en cuenta). No. La desgracia del personaje fue su encuentro con Edison. En una de sus historietas, Pore Lil Mose y sus amigos se colaban en el laboratorio del inventor y trasteaban con sus aparatos, recibiendo todo tipo de calambrazos. Cuando Edison los descubre, les gasta una broma al tenderle la mano electrificada, conseguiendo que el negrito salga dolorido y por patas. A Edison no le gustó nada el chiste, demandó al periódico, exigió la retirada de ejemplares y consiguió la prohibición de cualquier reproducción. Pore Lil Mose no sobrevivió a la airada protesta del todopoderoso genio del mal y dejó de publicarse poco tiempo después.






Nota: esta entrada ha tenido otra complementaria. Aquí.

29.4.12

LA FACTORÍA DEL TERROR DEL DOCTOR HOLMES

En su última columna para Libro de Notas, Jose Antonio del Valle aborda la figura de uno de mis asesinos en serie favoritos: Henry Howard Holmes. Y como no puede ser de otra forma, la titula El Castillo del Horror. Cuando se pasa lista a los grandes psicópatas de la historia, este otro Holmes no suele hacer acto de presencia, y eso que su cuenta de cadáveres es espectacular: se ha llegado a especular con una cifra de doscientos cadáveres, entre ellos dos niños hijos del que fuera su complice en el tramo final de su carrera, al que también liquidó. Una de las razones que explican ese olvido es que como asesino en serie el Doctor Holmes resulta bastante atípico, ya que en un principio su móvil era el económico. Su especialidad inicial fue cobrar los seguros de vida a su nombre de mujeres a las que seducía primero y luego asesinaba. A finales del siglo XIX no era tan fácil seguir a un criminal de este tipo que cambiaba su nombre con frecuencia y saltaba de un Estado a otro de los EEUU. Más tardé aumentó la eficiencia económica de sus crímenes suministrando difuntos frescos a científicos y doctores, otro clásico. Lo de Doctor Holmes también era un nombre falso, pero es el que ha perdurado porque fue con ese nombre con el que se embarcó en la construcción de su obra maestra.

Con motivo de la entonces cercana Exposición Universal de Chicago (1893), nuestro hombre invirtió sus ganancias en la construcción de un hotel con forma de castillo. Fueron varias las empresas contratadas para levantarlo, ya que al poco rompía el contrato y encargaba a otra proseguir con la obra. Así, sólo él era la única persona que conocía los numerosos secretos del edificio. El Holmes castle tenía habitaciones con salidas de gas para envenenar a los inquilinos, trampillas secretas, toboganes para el descenso de cadáveres, pozos de cal viva, cámaras de tortura (una de sus aficiones) y hornos incineradores. Una auténtica factoria del terror dedicada al asesinato en cadena con modos industriales.

Es este edificio del horror el que hace del Doctor Holmes un caso fascinante, con la aplicación de la tecnología e ingeniería aplicada al crimen en serie y aprovechando, además, la cercanía de una Exposición Universal, evento que durante décadas suponía la muestra de los últimos avances en ciencia y tecnología. En Chicago, ese evento tuvo una cruenta y subterránea perversión. El caso de Holmes anuncia la llegada del siglo XX tanto como la actividad de su coetáneo londinense, Jack el Destripador, mucho más célebre por el aura de misterio que rodea su figura.

Quiero pensar que la profusión de atracciones de feria con trampas y sustos que proliferaron desde entonces se inspiraron en la creación del Doctor Holmes, pero no está documentado. Y curiosamente, su caso ha sido muy poco utilizado en la ficción, y eso que la idea (hecha realidad) de un castillo del terror da para mucho. Me constan, eso sí, tres adaptaciones a la historieta, que es lo que paso a ofrecerles y que motiva esta entrada en el blog. En julio de 1947 Fred Guardineer dibujó The Master of Muerder Castle, la mejor de todas, para el número 53 del mítico comic book Crime Does Not Pay, entonces en su mejor época. Sólo un mes más tarde  Joe Simon y Jack Kirby (nada menos) la adaptaron para el numero seis de Real Clue Crimes Stories bajo el título de Let Me Plan Your Murder. Décadas más tarde, la pieza formó parte de las Creepy´s Loathsome Lore, aquellas planchas de los tebeos de la Warren que en una sóla página recorrían grandes mitos del terror y que aquí conocimos como Archivos científicos. En concreto esta adaptación aparecío en el número 47 de Creepy, se tituló Not Sherlock by A Long Shot y corrió a cargo de Doug Moench y Josep Maria Beà.    

Paso a mostrarles las tres adaptaciones, con el orden cronológico invertido, dejando la mejor para el final. Primero se las muestro despiezadas, con una selección de viñetas, y luego, al final, las historietas completas.

1. Not Sherlock by A Long Shot.  
Doug Moench y Josep Maria Beà para Creepy 47 (1972)

La versión que le dejo aquí es la española, publicada en el Rufus número 23. Esta en su integridad porque lo permite que sea sólo de una página. Como guión, es algo atolondrado y no acaba de explotar lo mejor de la historia. Hay exceso de texto y Beà no puede lucirse demasiado. Además, la traducción española es penosa. Al final les dejo ambas (la original y la nuestra) para que puedan compararlas.








2. Let Me Plan Your Murder! 
Joe Simon y Jack Kirby para True Clue Crime Stories (1947)

Pese a la presencia de Kirby a los lápices, lo cierto es que esta adaptación decepciona bastante, entre otras cosas porque evita en todo momento mostrar los aspectos más truculentos de la historia

Quizá lo mejor de todo sea la viñeta a toda página que muestra al Doctor Holmes armado con un cuchillo de carnicero.

La historia, ya de entrada, toma distancia al incluir un narrador entre los hechos y el lector. Un joven periodista que años más tarde investiga lo sucedido topa en una biblioteca con uno de los policias implicados en la resolución de los crímenes.


El relato parte de la construcción del castillo y del despido continuo de obreros para mantener en secreto su macabro diseño


El relato de las muchas desapariciones de gente llegada a Chicago ni siquiera se detalla, más allá de este comentario en prensa.



Enseguida se centra en la aparición de Pietzel, el complice que le servirá de "comercial" para vender los cuerpos a la ciencia. La historieta tampoco se recrea en el diseño del edificio y sus trampas, más allá del sótano, puertas secretas y este extravagante tobogán que nos regala una de esas viñetas delirantes que tanto gustaban a Kirby.

Holmes revela a Pietzel su sangriento negocio con los seguro de vida mientras le muestra su mesa de disección.

Holmes se arrepintió rápido de haber revelado sus secretos a Pietzel y le liquidó. Fue el error que le condenó.

Desfiguró su rostro y lo sepultó en cal viva para dificultar su identificación si alguien daba con el cadáver.


Posteriormente, Holmes corrió a cobrar un seguro de vida que Pietzel había firmado a su nombre (es uno de los puntos oscuros de la historia real). Algo que levantó sospechas. La adaptación de Simon y Kirby obvia el hecho, terrorífico, de que Holmes secuestró a los dos hijos de Pietzel y luego los asesinó.

Posteriormente, unos obreros de una obra vecina descubrieron el siniestro sótano del palacio del crimen de Holmes.


El cuerpo de Pietzel fue encontrado e identificado.

Una vez capturado, Holmes confesó sus crímenes en prisión. En realidad, el asesino confesó y se desdijo en varias ocasiones, añadiendo confusión a la historia. Con su ejecución se llevó a la tumba muchos de los crímenes que no confesó.

3. The Master of Murder Castle.
Fred Guardineer para Crime Does Not Pay 53 (1947)

Para acabar, la primera y mejor de las tres adapaciones, gozosamente explícita en lo criminal, bastante fiel a la historia original y con un dibujante que supo capturar la esencia pulp de temaño suceso.



Ya de entrada, la viñeta de presentación es bella como pocas; mujeres atadas, tprturadas, cráneos y un rostro de locura enajenada para el asesino.

La historieta comienza con la inicial actividad criminal de Holmes: seducción, seguro de vida y asesinato.


Hermosa viñeta con Holmes deshaciendose de un cadáver


Holmes se describe como el asesino hiperactivo que era, aquí con cuchillos que degollan y la incineración de cadáveres. No está de más recordar que años más tarde el Comic Code, el código de censura que se instauró para los tebeos, prohibió mostrar este tipo de detalles.


Holmes inicia la construcción de su castillo,

una obra que financia casándose con viudas ricachonas


a las que no tarda en asesinar.


Finalmente su obra esta construida.


Y comienza a ofrecer trabajos que eran trampas mortales.


Es entonces cuando diversifica beneficios suministrando material de buena calidad para el avance científico.

La historieta se recrea en ilustrar las cámaras de gas y los nichos de cal viva.

Prosigue su carrera criminal y entabla relación comercial con Pietzel.

Asesina a su socio y liquida a sus hijos. La historieta evita mostrar el asesinato de los niños pero lo ilustra con un arcón chorreando sangre y con los cadáveres a medio enterrar.

La viuda de Pietzel no se cree la versión de Holmes (y fíjense en el detalle de su lectura: instrumentos de tortura mediavales, una de sus aficiones).

La policía encuentra los cuerpos de los niños.


Y Holmes es detenido. La historieta se recrea en mostrar calaveras en el sótano y una muchacha a medio torturar.


Finalmente, Holmes es ejecutado en la horca con la típica viñeta explícita marca de la casa, y es que el tebeo no se llamaba El crimen nunca paga porque sí.

Les dejo con las planchas originales

1. Not Sherlock by A Long Shot.  
Doug Moench y Josep Maria Beà para Creepy 47 (1972) y en la versión española en Rufus 23.



2. Let Me Plan Your Murder! 
Joe Simon y Jack Kirby para True Clue Crime Stories (1947)



3. The Master of Murder Castle.
Fred Guardineer para Crime Does Not Pay 53 (1947)