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4.8.09

CADA SEMANA, UNA EMOCIÓN

Continúo recuperando textos de Alfons Figueras para Nueva Dimensión. En esta ocasión Cada semana, una emoción: la ciencia ficción en cuadernillos, procedente del número 5 (septiembre de 1968) de la mítica publicación y dedicado a repasar brevemente la historia de la novela seriada de género fantacientífico, publicada por entregas y en cuadernillos. Disfruten, pues, de la sabiduria y pasión de Alfons Figueras.


Seguimos desempolvando, para nuestros lectores, los comienzos de la ciencia ficción en España, comienzos que son casi paralelos a los inicios de nuestro siglo. Hoy le toca el turno a aquellos fascículos que en nuestra infancia, nos adentraron por primera vez en las maravillas de un futuro fascinante: los conocidos popularmente como cuadernillos “de a diez céntimos” o “novelas por entragas”.

Viaje al fondo del mar, Perdidos en el espacio, Los invasores… Todas estas aventuras que nos ofrece la pequeña pantalla tienen sus antecesores en el mundo de antes de la televisión: los fascículos o cuadernillos de aventuras que cada semana, expuestos en los kioscos, nos alegraban la vista con sus portadas de brillantes colores, representando escenas fantasmagóricas y escalofriantes en las que muchas veces la fantasía del dibujante superaba a la del autor del texto. Estos fascículos, que se vendían a un precio, ahora inverosímil, que oscilaba entre los diez y los treinta céntimos de peseta, proporcionaban por aquel entonces las emociones que ahora nos da la televisión (muy avaramente en estas latitudes) y los “comic books”.

Es en los Estados Unidos, a finales del pasado siglo, donde la firma Street and Smith, la misma que en 1933 publicaría el éxito mundial Doc Savage y por entonces especialista en Dime Novels, lanza al mercado esta nueva formula de edición barata que luego será introducida en Europa por el editor alemán A. E. Eichleir, con ramificaciones en todo el continente. En España y a principios de siglo las editoriales Granada (posteriormente Atlante), Sopena, Araluce, y otras de menor importancia, invaden el mercado con emocionantes fascículos de tremebundas aventuras. Y es entonces cuando, en medio de las avalanchas de Sherlock Holmes y Raffles apócrifos, y de las extenuantes cabalgadas de Buffalo Bill y de otros tantos héroes del Far West, aparecen los primeros atisbos de ciencia ficcion.

La editorial Araluce publica La guerra infernal, obra original de Pierre Giffard, escritor popular francés del pasado siglo, que constaba de treinta y cuatro fascículos, con portadas a todo color y cuatrocientas sesenta ilustraciones interiores en blanco y negro magistralmente dibujadas por el genial Robida. En esta obra se describe una terrible guerra, en un futuro ya muy rebasado, que envuelve a todo el mundo. Se describen, para aquella época, portentosos y revolucionarios aparatos científicos y bélicos. Las aceras móviles, la placa telefotográfica (una especie de televisión), los telegramas luminosos fijados en las terrazas, el aerobús, la infantería alada, los barcos de cristal, las maravillosas máquinas voladoras “sube-al-cielo”, los fonogramas, los hombres cangrejo.

Los dibujos de Robida describiendo estas maravillas son francamente subyugantes; aviones, submarinos y toda clase de artefactos descritos por Giffard son fielmente plasmados por el genial dibujante. Y, si bien mirados en forma analítica en el día de hoy, las concepciones nos resultan ingenuas, su tremendo valor intrínseco, si es que tenemos presente la época en que fueron realizados estos trabajos, es incontestable. Al menos, en lo que a la parte gráfica se refiere, el aficionado podrá ver el origen de las ideas en las que se basaron posteriormente muchos de los ilustradores de ciencia ficción de los años veinte y treinta. Pero igual que en Francia, una vez terminada la colección de fascículos se tuvo la desgraciada idea de publicarlos encuadernados en dos grandes tomos… ¡sin las magnificas portadas a color de Robida! Actualmente, y aún con mucha dificultad, esto es lo único que puede encontrarse. Los cuadernillos con las portadas ya están en poder de coleccionistas, que es lo mismo que decir que se los ha tragado la tierra.


Otra interesantísima y curiosa colección fue publicada, posteriormente, por Editorial Sopena: Aventuras fantásticas de un joven parisién, obra debida a la inspirada pluma de Arnould Galopin. Aparecida originalmente en Francia en el año 1908, en una edición de la casa Jules Tallandier, especialista en la publicación, en el país vecino, de narraciones en fascículos en las que los autores galos mas afamados en el género fantástico tuvieron acogida, especialmente en Journal des Voyages (entre ellos se hallaban el Comandante de Wailly, Paul D'Ivoi, Louis Boussenard), y dignos rivales de la famosa firma A. E. Eichler, de Dresde, esta obra fue presentada en España en un formato exactamente igual al que vio la luz en Francia, con las mismas planchas litográficas y grabados interiores, amén de una cuidada traducción.


Arnould Galopin, que junto con el conde Henry De la Vaulx, laureados por la Academia Francesa, habían realizado en colaboración varios trabajos literarios famosos en todo el mundo, se lanza aquí, sólo, igual que en su anterior Docteur Oméga (una pequeña obra maestra de ciencia ficción desconocida en España), al descubrimiento de mundos desconocidos; concretamente Las Aventuras de un joven Parisién transcurren en el planeta Marte, en donde los sucesos más fantásticos eran seguidos, seguramente, con pasmo y asombro por los lectores de aquella época. Las portadas de esta colección debidas al pincel de E. Bovard, aunque inferiores en calidad técnica a las de Robida en La guerra Infernal, eran sumamente sugestivas, ya que el relato, al describir pura fantasía, daba más alas al dibujante, permitiéndole realizar escenas verdaderamente sensacionales. Bovard, para mi, es el antecesor directo del dibujante austriaco Paul, el que luego, trasladado a los Estados Unidos, se convertiría en el ilustrador preferido en las innumerables publicaciones de ciencia ficción del gran Hugo Gernsback.


En España, si exceptuamos la aparición de Miráculas, de original también francés, del autor H. de Volta, editada por la Editorial Subirana en 1925, que no obtuvo un gran éxito debido a la mala calidad de sus portadas, en las que la fantasía brillaba por su ausencia (algo imperdonable, ya que en el mundo de los fascículos, consumidos por un publico popular, lo primordial era que la serie entrara por la vista, quedando el texto como algo secundario que, si no defraudaba, mejor que mejor); hay un lapso de tiempo en que la incipiente ciencia ficción aparecida en los fascículos desaparece de nuestro mercado.


En los Estados Unidos, gracias al gran nivel de vida del país y a la prodigiosa difusión que alcanzan allí las publicaciones, de los fascículos de gran tamaño se pasa al “pulp”; el cual, aunque de precio baratísimo (10 centavos de dólar), no puede considerarse como un cuadernillo o fascículo, ni mucho menos. El pulp, amen de contener novelas mas o menos largas junto con narraciones, reúne otras características que lo convierten ya en un magazine popular. Es en este tipo de publicaciones en el que Gernsback realiza su experiencia de pasar de las revistas de divulgación científica, amenizadas por curiosidades y relatos, a las primeras publicaciones totalmente dedicadas a la ciencia ficción, con las que revolucionaria el mundo de la literatura popular.


Así es que, aunque iniciados en América por la casa Street and Smith, es en Europa donde alcanza su mayor auge el desarrollo de los cuadernillos, continuando con un empuje creciente durante la década de los anos veinte. Entonces, aunque en Francia aparecen colecciones de fantasía escritas por los infatigables Louis Boussenard (con Les secrets de monsieur Synthèse, publicada en 1888, se colocó entre los adelantados de la ciencia ficción en Francia), Paul D'Ivai (L’automovile de verre), y José Moselli (Le voyage eternel ou les prospecteurs de l'Infini), etc.., en España hay un dominio total de los detectives, vaqueros, ladrones de guante blanco, piratas y todo tipo de personajes que forman el pintoresco grupo de la aventura desenfrenada, incluyendo en él a las calaveras luminosas. Son contados los casos de incursión en terrenos colindantes con la ciencia ficción. Por ejemplo, Iberia publica en series de siete cuadernos, algunas obritas francesas de Jean de la Hire y Jean Bonnéry. Poca cosa mas hay en lo que a fascículos se refiere.


Es curioso ver como en esta época ya se entreveía la ciencia ficción, o algo muy parecido debía “estar en el aire”, ya que aparecen destellos de este género singular incluso en algunos episodios sueltos de cuadernos ¡del Oeste!, o de otros géneros no relacionados en nada con ella. oncretamente se da esto en la publicación El Sheriff (1929-1934), en varios de sus fascículos como El doctor X. Es también curioso señalar que Prensa Moderna, la editora de Madrid a la que se debe la primera época de El Sheriff, fue la primera que dio a conocer las obras de Ray Cummings, A. Hyatt Verrill, Ellis Parke Butler, Rusell Hays y tantos otros que por aquel entonces formaban el ejército literario de Hugo Gernsback.


Ya entrados los años treinta, y en plena decadencia de los fascículos, barridos por las publicaciones gráficas y por los libros de aventuras editados en rustica, en los que ya se pueden leer obras de calidad en dicho género, es cuando entre los intentos de reedición de personajes caducos (ya sin el aditamento de las planchas que los ilustraban, desfasadas en el tiempo y sin interés mas que para el coleccionista) aparecen varias colecciones de pseudo ciencia ficción, debidas muchas de ellas al equivalente español de José Moselli: J. Canellas Casals (Khunzivan el terrible, Un viaje al planeta Marte, El titán de los mares, El círculo rojo, Mackwan) y que más adelante se dedicó a los guiones gráficos de gran fantasía y, posteriormente, escribió obras de mayor envergadura, entre las que se puede citar la moderna Después de la bomba H.


La presentación de estos cuadernillos, los últimos aparecidos en España, era en un formato pequeño. El texto estaba ya dedicado principalmente a un público infantil y, sin embargo, sus sencillas portadas de brillantes colores planos tenían un encanto especial que ahora, al hojearlas de nuevo, nos devuelven a aquellos tiempos, tiempos dorados en los que, gracias a estos ingenuos cuadernillos, tomamos afición a todo lo que significa maravilla, magia y fantasía. Para muchos niños afortunados, estos inverosímiles cuadernillos fueron sus más queridos cuentos de hadas.

Alfons FIGUERAS

9.7.09

ALFONS FIGUERAS: LAS MELANCOLÍAS DE UN AMANTE DE LOS PULP

No se me ocurre mejor homenaje a Alfons Figueras que subir al blog Las melancolías de un amante de los pulp, uno de los varios articulos que publicó en la primera época de Nueva Dimensión (este, concretamente, en el número 10). El texto es hermoso por muchas razones. La principal es que derrocha la pasión del creador de Topolino por la cultura popular. Como valor añadido, la historia de la primera generación de españoles seducidos por el pulp que vieron su sentido de la maravilla truncado por la Guerra Civil.

LAS MELANCOLÍAS DE UN AMANTE DE LOS PULP

En el rápido galopar de los años treinta, gracias al cine y a los primeros comics americanos, cuya publicación se inicia en aquella época, la masa, sedienta de emociones, fantasía y truculencias, empezó a trabar conocimiento con el mundo fabuloso de lo fantástico, tan boyante en los EE. UU.
Los más informados, movidos por la fascinante afición, hurgábamos entre papeles viejos, residuos de enormes balas de periódicos y revistas llegados en buques de carga y destinadas a su transformación en papel nuevo para usos industriales, y así conocimos, por haber encontrado páginas e incluso ejemplares enteros, la existencia de Weird Tales, Argosy, Operator 5, Astounding, etc. Y, gracias a las traducciones que hacía algún compañero conocedor del idioma inglés, trabamos conocimiento con el inenarrable Lovecraft, creo yo que completamente desconocido por aquel entonces en Europa.


Nos dedicábamos luego a soñar y a envidiar (era mi caso personal, como residente en un pueblo; en las capitales se podían conseguir algunos de estos ejemplares en librerías importadoras, aunque en número tan exiguo que dudo que, aparte de los residentes americanos a los que podía interesarles, llegase ninguno a manos de los potenciales fans del país). Nunca sabrán los muchachos americanos de los años treinta lo envidiados que eran desde estas, para ellos perdidas, latitudes; ni podrán imaginar la paciencia con que reconstruíamos un cuadro que, por sus fantásticas dimensiones espirituales de adolescencia, no tenía cabida en un mundo diferente al de ellos.


¡Qué pueriles pero emocionantes hallazgos! ¡Oh maravilla!: El dibujante Glen Cravath (Franck Buck presents Ted Towers), dibujaba en forma de comics secuencias del film La Diosa del Fuego (She), King Kong, El Hijo de Kong (The Son of Kong), etc. Alex Raymond hacía los carteles de El Capitán Blood. Relacionábamos a la mítica Shangay Lil cantada por James Cagney en Desfile de Candilejas con la que aparecía en Jungle Jim. Descubríamos al gran Sol Lesser y su maravilloso Chandú, el mago con su rayo de la muerte, precedente de Mandrake. Descubrimos a Burroughs, desconocido para nosotros, y a su John Carter. Se hablaba de una posible película basada en el personaje Flash Gordon, e igual destino seguiría Buck Rogers, al que ya empezábamos a apreciar. Y conocíamos a Brick Bradford, Tim Tyler, etcétera.


Alex Raymond, con su soberbio Agente Secreto X-9, nos daba una visión exacta a lo que veíamos en el cine de las ciudades y gentes americanas, aquella gente que vivía en un mundo inundado de comics de brillantes colores, pulps de fascinantes portadas y de movie serials repletos de peligros y de emociones sin cuento.

Todas estas cosas eran en realidad triviales y sin importancia, al menos para la gran mayoría del publico, pero sí había algo en ellas que a unos cuantos nos encadenó. A unos cuantos que les hemos continuado fieles, pues han marcado nuestra vida y creado en nosotros una escuela que se iba a materializar en forma de cuentos, novelas, artículos, comics, etc., realizados siempre en lucha desesperada contra circunstancias más que adversas (Luís Vigil sabe más que nadie de mis proyectos en aquella época y guarda mis dibujos originales, que entraban dentro de un género de "ciencia ficticia", traducción que yo daba entonces al término science fiction, originales rechazados sistemáticamente por todos los editores a los que me atreví a presentarlos).

El rápido galope de estos años culmina entre gruñidos frankensteinianos, rugidos de King Kong, golpes de Fu-Manchú de Sax Rhomer, entonaciones silbantes de Bela Lugosi, chillidos de Una O’Connor en El Hombre Invisible y La Novia, tam-tams de muerte en la selva, alaridos de Tarzán, sinfonías en blanco y negro a cargo del nuevo fenómeno Milton Caniff, tableteo de ametralladoras de los G-men interpretados por Jimmy Cagney... los comics irrumpen en las recién inauguradas pantallas sonoras de los cinematógrafos españoles con el gran Skyppy de Percy Crosby (antecedente de los famosos Peanuts), Betty Boop, Popeye, el Pequeño Rey, Toonerville Trolley. Los vemos simultáneamente en los periódicos y en la pantalla. Mickey Mouse parodia a los grandes astros de Hollywood.

Y buscando a Mickey Mouse hallamos a Doc Savage: llega a nuestras manos un ejemplar francés de la revista Journal de Mickey, en donde podemos ver publicado, en forma de folletín, Franck Sauvage et les phantomes eléctriques?

¿Iban a ser mas afortunados los aficionados franceses que nosotros? No, esta vez no. En la versión española de dicha revista, publicada por Editorial Molino, vemos un anuncio sobre la inmediata aparición de Doc Savage en forma de libro, inaugurando la célebre colección Hombres Audaces (el 4 de abril de 1936), en la cual, y mensualmente, aparecerían por turno este y otros nombres gloriosos de los pulp americanos producidos por la firma Street & Smith: La Sombra, Bill Barnes, Pete Rice, y posteriormente El Vengador, Jim Wallace, El Susurrador, El Mago y El Capitán.

El anuncio se extiende a la prensa barcelonesa y madrileña y, cosa inédita, se trata de un anuncio a toda plana, cosa verdaderamente excepcional en aquella época. Editorial Molino hizo honor a su fama, y el primer contacto que tuvimos los españoles con las publicaciones de la fabulosa Street & Smith fue realizado con toda la dignidad que el caso requería, con unas traducciones impecables (la primera traducción de Doc Savage se debe a H. C. Granch), un fiel respeto a las ilustraciones originales y hasta quizá con un cierto empaque de mayor importancia que la edición yanqui, con mejor papel, ausencia de anuncios baratos en el interior y detalles de buen gusto tipográfico en la portadilla.

El impacto producido por la aparición de Doc Savage fue tremendo entre los aficionados, esto es, la multitud de adolescentes que por entonces casi vegetábamos con lo poco que nos llegaba de allende de las fronteras, aunque consolándonos también con los productos nacionales, generalmente raquíticas imitaciones desvaídas del material foráneo, invariablemente francés o inglés.

Entonces no sabíamos quien era Lester Dent, verdadera identidad del mítico Kenneth Robeson, ni el nombre del ilustrador de las magníficas portadas, casi ilegible en el primer numero (Walter M...?). Lo primero, referente al autor, lo ignorábamos. Lo segundo, nos dolía... A los que si conocimos perfectamente fue a Renny, Long Tom, Ham, Monk y Johnny... y a Doc. Doc aparte, pues a Doc le teníamos mucho respeto; respeto que, sin avergonzarme, aun conservo en mi conciencia de niño grande.

El éxito de Doc Savage no tuvo parangón en aquella época en ninguna otra publicación de tipo popular tanto nacional como extranjera, y las reediciones se sucedieron desde el primer momento... ¡No era para menos! Supervivientes: ¿os ayudo a recordar?


¡Ah, qué verano! ¡Y qué futuro nos prometíamos! ¡Al fin emoción a raudales! ¡Fantasía desbordante! ¡Qué hermosos los puestos de periódicos con sus hileras de Doc Savage haciendo guiños al sol con sus brillantes portadas!... ¡Qué magníficas tardes, convertidos en modernas versiones de Tom Sawyer, leyendo en la penumbra del “club” hecho con tablones y cajas vacías!

¡Jerome Coffern! ¡El Humo de la Eternidad! ¡La Isla del Trueno! ¡Kar!


Desgraciadamente, la fascinación duró poco. Cuando aparecía el número cinco de la colección Los Piratas del Pacífico, empezamos a oír, y ahora en la realidad, el tableteo de las ametralladoras y el silbido de las bombas. El mismísimo Bill Barnes se alejó de nosotros, y hasta Skyroads (en España Alas de Acero) nos traicionó, ignorando la admiración que les profesábamos.


¡Queridos Doc, Long, Tom Renny, Monk, Ham, Johnny!: aquí quedasteis en el olvido durante unos años, con el pie sobre el abismo, entre aventura y aventura, en un angustioso e interminable “continued next week”, similar al de los seriales. Paréntesis por el que se escapó nuestra adolescencia sin darnos cuenta, para reencontramos tiempo después, cuando muchos de nuestros amigos comunes habían desaparecido tempranamente en un prematuro Humo de la Eternidad, infausto y verdadero.

Os reencontramos cuando os dábamos ya por perdidos, y fueron otros los que disfrutaron de vuestras emocionantes aventuras, descubriéndoos como nosotros, aunque en diferentes circunstancias.

Las primeras ediciones son ya casi pieza de museo (de museo de afortunados niños grandes). Yo, a veces, contemplo en silencio estos ejemplares viejos, e inmediatamente oigo... no el fantástico trino de Doc, sino el restallante tumulto de una época que prometió ser algo distinto, y de un pedacito de nuestra existencia vivido intensamente.

Nota: en 1981, junto a Miguel Badía, Alfons Figueras se lanzó a editar Doc Savage, La Sombra o Bill Barnes bajo el sello editorial Centro Autónomo de Trabajos Editoriales (CATE). La aventura no prosperó.

7.7.09

UNO DE LOS GRANDES


Leo en La Cárcel de Papel que ha muerto Alfons Figueras. Ya escribí por aquí que si los americanos tienen a Jack Davis, nosotros tenemos a Alfons Figueras, que la recopilación de Topolino a cargo de Astiberri me sedujo cosa mala y que además era un experto en cultura pOp de la que nos gusta (aquí un ejemplo, aquí otro, intentaré poner alguno más en breve). El Patito Editorial estaba rescatando algunos de sus mejores trabajos (Doctor Mortis, Estampas Malignas), no los dejen escapar. Por mi parte, no se me ocurre mejor homenaje que subir por aquí alguna de sus maravillosas historietas negras.

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16.8.08

DOCTOR MORTIS

Leo en Entrecomics la inminente recuperación de un clásico, y me alegra la jornada. El Patito Editorial recupera al Doctor Mortis de Alfons Figueras. Es, sin duda, una de las grandes joyas ocultas de la historieta española. Publicada en las contraportadas de Vampus y Dossier Negro, y por tanto obra dispersa que pedía a gritos una recuperación, el Doctor Mortis es lectura que recomiendo a gritos, dando saltos y agitando los brazos, imprescindible para aquellos que sientan agitarse en su interior lo que llamé El Espíritu de Halloween. Tengan en cuenta que reúne una serie de carácteristicas que en muy pocas ocasiones conviven juntas: un maestro del dibujo, una narrativa visual sublime, humor negro de altura y, especialmente, que su autor sea a su vez persona abducida por los monstruos pop y la cultura pulp. Alfons Figueras entiende las claves, la estética, el amor que hay que profesarles y lo aplica en Doctor Mortis con inteligencia y sabiduria visual. Una joya.


Doctor Mortis

8.7.08

1990: EL UNIVERSO EN GUERRA

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Continúo recuperando textos de los primeros números de Nueva Dimensión. En esta ocasión: Un cómic de otros tiempos: El Universo en Guerra, escrito por Alfons Figueras para el número cuatro y dedicado a un tebeo español realizado por Jaime Tomás en la década de los 30. Un texto muy interesante que me descubre algunos de los tesoros de nuestra cultura pop fantacientífica. Joan Navarro subió algunas páginas en su blog, y de ahí he sacado las imágenes que ilustran esta entrada. Les dejo con la sabiduría pulp de Alfons Figueras.


Cuando a principios de los años treinta llega a España la primera gran oleada de historietas fantásticas con dibujos de gran calidad, de procedencia americana, todo el hasta entonces tranquilo mundo en el que vegetaban apaciblemente nuestros dibujantes y los poquísimos guionistas de la época se conmovió hasta los cimientos.
El impacto, producido principalmente por los dibujos de Alex Raymond, desató una especie de maratón de imitaciones. Puede decirse que fueron muy pocos los dibujantes jóvenes que escaparon a la fascinación ejercida por la técnica desplegada por el artista americano, visto que algunos le imitaron sin más, mientras otros intentaban asimilar sus hallazgos y descubrimientos dentro del oficio, aplicándolos a su propio estilo.

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Buck Rogers, Brick Bradford y Flash Gordon irrumpen en las páginas de las revistas editadas por la ya desaparecida Hispano Americana de Ediciones casi al mismo tiempo, causando un gran revuelo entre profesionales y aficionados, amantes de un género casi tan solo presentido en estas latitudes, hambrientos siempre de rayos fantásticos con los que alumbrar y alimentar la imaginación.

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Las incursiones de los dibujantes españoles en los temas de ciencia ficción habían sido casi inexistentes en aquellos tiempos, salvo contadas excepciones como Xaudaró, que publico una historieta interplanetaria a principios de siglo en el semanario Gente Menuda, o como Juan G. Junceda que crea Urania, un viatje interplanetari (Urania, un viaje interplanetario) editada en catalán por Baguña en 1925 0 Un viatje a la Lluna (Un viaje a la Luna) con guión de Joaquim Fecit y dibujada por Miret, que apareció en 1928 en el semanario Virolet, y otro Viaje ilustrado por Serra Masana en las páginas centrales del TB0 hacia 1930. Aparte de esto poca cosa más.
Al entrar en escena los fabulosos héroes americanos, las numerosas publicaciones de Editorial Marco iniciaron una tremenda ofensiva y, capitaneados por el escritor y guionista J. Canellas Casals, los dibujantes Darnís y Farells (Kif) empezaron a producir historietas fantásticas, mas o menos interplanetarias, en cantidades industriales.


Jack, el dominador del Universo; Nick Pecho de Hierro; En los dominios de los Buitres Infernales; El Cielo Envenenado; La Guerra Futura. Tales eran algunos de los sugestivos títulos fruto de la tremenda inventiva de Canellas. La imaginación de este escritor llegaba al delirio más desenfrenado y sus argumentos, cada vez mas alambicados, estallaban en un frenesí descomunal, apasionado, barroco y extrañamente romántico, ya que sus héroes intergalácticos se expresaban en la misma forma y gritaban las mismas interjecciones que Athos, Portos y Aramis.

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En medio de este torbellino de innovaciones, había alguna publicación que contemplaba los acontecimientos con más calma. Este es el caso del semanario Pocholo, una verdadera institución del buen hacer, presentado con pulcritud y esmero por la Editorial Vives, que logró para su revista un tiraje de excepción, como también eran de excepción los redactores y dibujantes, colaboradores habituales de la misma, jóvenes y entusiastas, verdaderos astros de la historieta en aquel tiempo.


Jesús Blasco, autor de Zarpa de Acero, hizo allí sus primeras armas, así como otros muchos dibujantes que se destacaron por la calidad de sus trabajos y, entre ellos, el prematuramente desaparecido Jaime Tomás, dibujante del tipo de historietas llamadas cómicas, autor de la más o menos fantástica aventura La Isla de los Galeones, en su primera incursión al dibujo “serio”, de neta influencia raymondiana y, posteriormente, realizador de El Universo en Guerra.
Es este el verdadero primer intento de cómic español de ciencia-ficción, ya que si Jaime Tomás se deja llevar en La Isla de los Galeones por la influencia del dibujo de Alex Raymond, en el caso de El Universo en Guerra tan solo se aprovecha de algún hallazgo técnico, e incluso se aparta de él en la manera de tratar el género, tal como lo hacían los dibujantes yanquis (me refiero con este a Dick Calkins, Clarence Gray y Raymond, los que, aunque distanciados claramente entre si, tanto en el fondo como en la forma de enfocar sus temas de ciencia ficción, mantienen siempre una visión muy americana).

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Por el contrario, en El Universo en Guerra, Jaime Tomás realiza una obra netamente europea, con un trabajo mas intensamente sentido, más pensado, notándosele una preocupación por dar a su obra una cierta dimensión importante que, hasta entonces, no se habla dado en España.
El Universo en Guerra tiene un sabor mas bien germánico: la maquinaria, las ciudades, la grandiosidad de las escenas recuerdan a Metropolis de Fritz Lang, así como muchos enfoques de las viñetas retrotraen a la manera de hacer del célebre director cinematográfico alemán y a las elucubraciones imaginativas, con pinceladas tétricas, de Thea von Harbor, artífice de los argumentos y guiones de tantos filmes de Lang (¿algún viejecito recuerda La Mujer en la Luna?).

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También se refleja en la historieta de Jaime Tomás cierta atmósfera a lo Wells; algo flota en el ambiente que la emparenta con el film La Vida Futura, basado en la obra del citado autor británico. Lo verdaderamente curioso es que, en la fecha de aparición de la historieta, esta película tan solo era un proyecto.

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Otra novedad aportada por el cómic comentado es que el protagonista no es ningún personaje exótico, como era de rigor en aquellos tiempos, sino que se trata limpia y llanamente de Luís Prat, reportero de El Tiempo, periódico que se suponía en la Barcelona, ahora cada vez mas próxima, de 1990, año en que arranca la narración, precisamente con el texto que sigue:
«1990. El mundo es feliz. ¡Bien ganado tiene este sosiego! Desde el año 1940, puede decirse que es tal la preparación aéreo-química de los ejércitos mundiales, que una nueva guerra, fuese entre las potencias que fueren, significaba el total aniquilamiento del agresor y del agredido. Las armas garantizaban la paz. ¿Es extraño, verdad? Pero en las postrimerías de un siglo de locuras, toda locura tiene acomodo.»
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10.6.08

IMPOSIBLE NO IMPRESIONARSE LEYENDO ESTE VOLUMEN

fantastica extra 5 1944

Rodeado como estoy de ejemplares de Nueva Dimensión por encima de la mesa, he pensado que era la oportunidad para empezar a escanear artículos de sus primeros números, artículos de las famosas páginas verdes. Son documentos históricos (tienen cuarenta años recién cumplidos) que muestran la génesis del fandom español interesado en la ciencia ficción y la fantasía, no sólo por lo que hace a la novela de género, sino también cómic, cine y demás territorios cercanos. Para empezar, un texto de Alfons Figueras, autor especialmente dotado para el humorismo gráfico inspirado en el imaginario fantaterrorífico y padre, entre otros, de Topolino. Además de genial historietista, Figueras es un gran conocedor y amante de la cultura pop, como demuestra el breve texto que les dejo abajo, dedicado a una revista pulp española dedicada al terror y publicada, para mi sorpresa, en 1944-45, años de yugos y posguerras (y, por tanto, muy sensible para que cale el horror, y más en un contexto de Guerra Mundial, por lo que la desconfianza de las autoridades seguro era grande). Desconocía la existencia de Fantástica, Magazine de Historias, Leyendas y Relatos Impresionantes. Me encanta el lema que preside la cabecera y que he utilizado como título de la entrada, los subtítulos de los relatos y, especialmente, me gustan las portadas del tal Moreno, por mucho que Figueras las considere demasiado imitativas de fotográmas fílmicos. También estoy seguro que el Desván del Abuelito guarda alguno de estos tesoros.



fantastica 01 - 1944

fantastica 03 1944

fantastica 07 1944

31.10.07

EL ESPÍRITU DE HALLOWEEN (XII): BLACK FIGUERAS

Tras la madre del cordero degollado, encontrarán a faltar algo de cultura pop de la nuestra que avale mis tesis. Lo resuelvo en un plis plas con el que considero el gran post de este especial Espíritu de Halloween en el que ando liado. Todo el camino recorrido en las once entregas anteriores era para llegar hasta aquí. Si los yanquis tienen a Jack Davis, nosostros a Alfons Figueras, Maestro entre maestros y padre de Topolino y el Dr. Mortis, aquí se le venera en grado sumo. Con Figueras se dan cita un montón de elementos que explican su genialidad. Por un lado, un dibujo que reinterpreta en clave caricaturesca el buen hacer visual del pulp, con ese regusto como a grabado añejo. Por otro, una tremenda capacidad para el humor negro, que es algo que se tiene o no se tiene. La capacidad, abajo la tienen, es desbordante. Pero, lo más importante, la pasión y el arrebato por la cultura pop. Sólo con amor de fan se es capaz de tratar tan brillantemente a los monstruos que hoy invocamos por aquí. Y Alfons Figueras lo es un rato largo (de hecho, he localizado algunos artículos en Nueva Dimensión que subiré por aquí próximamente). A continuación les dejo unos cuantos tesoros, una selección de las viñetas de humor negro que ilustraban a toda página algunas de las contraportadas de Dossier Negro, histórica cabecera española del género. Además, el particular uso de los colores que la maqueta de la revista daba a esas contraportadas realzan aún más su pureza pOp.


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