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2.8.15

MENDIGOS Y HECHICEROS DE PARÍS




En el epílogo del primer volumen de Los sucesos de la noche, David B. afirma que ningún libro le maravilló tanto como Calle de los maleficios de Jacques Yonnet, publicado originalmente en 1954 y con edición española de Sajalín en 2010. Como ya escribí por aquí, la reciente lectura de Los sucesos de la noche me provocó un fuerte arrebato hacia a la obra de David B., tan intensa en lo gráfico como plagada de claves y obsesiones desperdigadas por todos sus títulos. Aquel día no solo me propuse releer todos sus cómics publicados aquí sino también acudir a libros y novelas que ha ido citando, algunos con frecuencia. El primero en caer ha sido precisamente Calle de los maleficios, una lectura bastante desconocida y sin duda muy sorprendente. Decidí empezar con este libro porque los comentarios de David B. llamaron mi atención al apuntar que por sus páginas circulan vagabundos, vagos, gitanos y truhanes de los bajos fondos de París, callejones siniestros y viejas historias de magia y brujería. Es decir, que reunía dos de mis (muchos y variados) intereses: lumpen urbano y la ciudad como recipiente para lo oculto y/o sobrenatural. (no miro a ningún sitio).



Calle de los maleficios: Crónica secreta de París no es una novela sino un singular diario escrito durante un periodo muy concreto. En 1941, huido de un campo de prisioneros alemán, Jacques Yonnet busca refugio en el París ocupado y se alista en la mítica Resistencia francesa. Allí, llevando a cabo operaciones de todo tipo, vive refugiado en los bajos fondos de la ciudad, un laberinto de viejas callejuelas y oscuras tabernas pobladas por una fauna pintoresca. Además de espías, topos de la Gestapo o agentes aliados, pululan gitanos, borrachos, traperos, delincuentes, prostitutas y personajes envueltos en misterio. Es a través del contacto con todos ellos, normalmente en bares inmundos, que el autor va narrando un sinfín de viejas historias y leyendas de la ciudad procedentes de una tradición oral olvidada (o secreta, solo conocida por los habitantes de los suburbios parisinos) o de sus vivencias e investigaciones. Maldiciones gitanas, sucesos inexplicables alrededor de extraños objetos, marionetas talladas en madera procedente de naufragios, rituales cercanos al vudú, fenómenos de control mental o edificios malditos desde siglos atrás. A estas historias de carácter más o menos mágico hay que sumar episodios de resistencia a la ocupación alemana o de enfrentamiento entre bandas criminales. No es extraño que David B. confiese el impacto que le supuso en su momento: sus tebeos están llenos de callejones oscuros donde cohabitan tanto bandas de forajidos como librerías polvorientas. En cierta forma, en sus obras son recurrentes las calles y personajes descritos por Yonnet.



Plagado de pasajes memorables, es sin duda un libro extraño que conecta y antecede la obra de autores como Iain Sinclair y su deambular urbano en busca del poder mágico con que el pasado impregna las grandes ciudades. En el posfacio, escrito en 1966 para una reedición, Yonnet comenta las imprevistas consecuencias de un artículo publicado en prensa bajo el título París, capital de la magia que comenzaba con la frase “En el barrio de Moufettard, mendigos y hechiceros y reyes gitanos viven en un cuento de hadas y misterios”. El texto, de cierto impacto en su momento, citaba Calle de los maleficios como fuente principal y el periodista se maravillaba ante lo que supuso su descubrimiento y lectura. Se trataba de Louis Pauwels¸ quien junto a Jacques Bergier acababa de publicar un texto capital para la no ficción esotérica: El retorno de los brujos (1960). Hay círculos que están condenados a cerrarse.



Bola extra 1: una atinada reseña en Rockdelux

Bola extra 2: buscando imágenes con las que ilustrar la entrada he dado con un curioso webcomic que en parte parece inspirarse en Calle de los Maleficios: Witchcraft Street de Keith Page



30.7.15

UNA MUJER LLAMADA MAGGIE CHASCARRILLO



A estas alturas, a poco que se sigan las novedades tebeíles por blogs y redes sociales, seguro que ya han recibido el mensaje: Chapuzas de Amor, la más reciente novela gráfica de Jaime Hernández editada por aquí (vía La Cúpula), es una lectura enorme, buenísima, de lo mejor en lo que llevamos de año. Puedo certificarlo. Jaime es un maestro indiscutible, su dibujo es primoroso y su forma de narrar única, ágil a la vez que compleja por su surtido de elipsis, saltos temporales o acciones paralelas que irrumpen en el tránsito de una viñeta a otra, y todo tan sutil, tan natural, que no admite comparación.



A ese don, tan innato como fruto de años de trabajo en libertad, se une el devenir de unos personajes que muchos lectores de cómics hemos hecho nuestros hasta sentir por ellos un aprecio que muy pocos entes de ficción alcanzan. Junto a su amiga Hopey, a Maggie Chascarrillo la hemos visto crecer durante tres décadas. ¡34 años desde que en 1981 los Hermanos Hernández publicaran el primer número de Love and Rockets! Aunque para el lector español el punto de partida se produce en 1986, en las páginas de El Víbora número 78 (ahí dejo el dato, que para algo me he tomado la molestia de escarbar en su búsqueda).



De aquella Maggie juvenil, de buen ver y aprendiz de mecánica, hemos pasado a la Maggie cuarentona y regordeta que protagoniza Chapuzas de amor, una novela gráfica que se erige no solo como una cumbre más de la saga Locas (y van…) sino también como gigantesca aproximación al género romántico desde un costumbrismo muy particular. En sus páginas discurre una emocionante historia de amor postergado y desencuentros surcada de flashbacks a un pasado familiar trágico; pero la sabiduría de Jaime Hernández extirpa toda esa blandura almibarada que hace odiosa la ficción amorosa. No, aquí hay vida, energía, intensidad, un maravilloso coro de personajes y, desde luego, emoción: al acabar es bastante probable que asome alguna lagrimilla. Así de poderosa es la cosa.



Avisado hace tiempo de que se trataba de un gran tebeo, decidí que la ocasión merecía alguna relectura previa. Un placer extra de los cómics es que es sencillo regresar a ellos. Lo descubrí hace mucho tiempo, como lector asiduo de franco-belga, cuya habitual cadencia anual de publicación casi obliga a releer al menos la entrega anterior. Pero en este caso, la decisión plantea una primera pregunta: ¿Es posible disfrutar de Chapuzas de amor sin haber leído todo lo anterior? Soy incapaz de responder a eso. Leo un comentario de alguien que había leído cosas sueltas que dice que sí, que se puede, e intuyo que es correcto; pero aún así, es mucho mejor si se conoce a los personajes.



Y ahí llega la segunda gran pregunta, que en realidad son varias: ¿Es necesario leer todo lo anterior? ¿Hay algún buen punto intermedio? ¿Y si quiero leerlo todo, cuál es el orden correcto? De entrada respondo que NO es necesario leer todo lo anterior y que con El fantasma de Hoppers, La educación de Hopey Glass y Chapuzas de amor, por este orden, el gozo está garantizado. Tanto que sin duda se querrá leer lo que falta y se planteará esa tercera pregunta:

¿Y si quiero leerlo todo, cuál es el orden correcto? Tampoco es tan complicado:


Locas 1, 2 y 3 (La Cúpula, 2006)


Penny Century (*)


El fantasma de Hoppers (La Cúpula, 2011)


La educación de Hopey Glass (La Cúpula, 2008)


El retorno de las T-Girls (La Cúpula, 2012) (*)


Chapuzas de amor (La Cúpula, 2015)

Fíjense en los asteriscos que he puesto a un par de títulos. Enseguida lo explico, pero antes hay una posible pregunta más: “Es que yo me compré algunas ediciones anteriores y esos materiales... ¿se repiten en los tres volúmenes de Locas?

Cierto. Si tienes...


Mechanics (La Cúpula, 1990)


Las mujeres perdidas (La Cúpula, 1992)


Locas: la muerte de Speedy (4 números, Brut comix, La Cúpula, 1997)


Locas: Maggie y Hoppey (6 números, Brut comix, La Cúpula, 1999)

...No es necesario que te hagas con Locas 1 y 2 (te faltará alguna historieta corta, pero nada grave) pero sí con Locas 3 porque en buena parte contiene material no publicado antes.



Respecto a los asteriscos que he puesto acompañando a Penny Century y El retorno de las T-Girls, bueno, están ahí porque uno se los puede saltar si solo interesa la parte digamos… costumbrista de Locas. Verán, cuando los Hermanos Hernandez irrumpieron en las páginas de El Víbora, enseguida me decanté por Beto. Palomar es mucho Palomar. Jaime me encantaba en la cuestión gráfica pero no acababa de encontrarle el punto a esa historia de regusto retro con chicas que ejercen de mecánicas en un planeta selvático y mujeres profesionales de la lucha libre.


Y es que Locas, en su primera etapa, la de Mechanix, es eso, un extraño híbrido de fantasía retro y culebrón ligero, alternando un contexto scifi-pop con otro muy centrado en la movida post-punk ochentera en Los Angeles cuyo punto de vista costumbrista será el que se acabe imponiendo mientras los personajes crecen, evolucionan, se hacen mayores.




Aún así, Jaime Hernández no rompe con lo explicado hasta entonces y de vez en cuando nos recuerda en segundo plano, que en el universo de Locas ese realismo urbano convive con un mundo de mujeres luchadoras que en ocasiones recupera el protagonismo, que es lo que pasa con Penny Century y con El retorno de las T-Girls. Sé que hay quien considera esos paréntesis como capítulos menores, y desde luego se apartan de la línea argumental de Maggie y Hopey, por lo que uno se los puede saltar si solo interesa esa vertiente de la continuidad de la serie; pero también es justo decir que pueden ser una lectura deliciosa.


Para acabar, he señalado que quien busque un punto intermedio por el que empezar puede acudir a la siguiente cronología, que es la que he acometido en mi relectura de estos días:


El fantasma de Hoppers supone un cambio con lo anterior. Maggie ya no es la punk alocada de antaño, ya no comparte piso con Hopey y tiene un trabajo como encargada de un edificio de apartamentos en los suburbios de Los Ángeles. La historia gira alrededor de Izzie, inicialmente la tercera de las Locas y ahora muy perjudicada mentalmente, pero surgen una serie de personajes que van a estar ahí, y en especial es importante por la irrupción de Ray, una antigua pareja.


La educación de Hopey Glass es enorme. Para mí supuso en su momento la certeza de que Jaime había superado con creces a su hermano Beto. Y aunque por el título parezca centrarse en la otra protagonista, Maggie acaba por imponerse, y no solo eso, su relación sentimental con Ray se convierte en el eje principal.


El regreso de las T-Girls se coloca cronológicamente aquí, pero como decía si lo que interesa es la trama de los desencuentros románticos de Maggie aquí nada hay de eso y su presencia es colateral, cediendo el protagonismo a su tía Penny Century y a un par de vecinas que por la noche ejercen de justicieras enmascaradas. Eso sí, como aventura de mujeres superpoderosas es un manjar fresco y luminoso.


Y llegamos a Chapuzas de amor. Otro goce infinito que en apariencia concluye, o lleva a un nuevo escalón, la complicada historia de amor entre Maggie y Ray, además de desvelar trágicos detalles de familia e infancia.



Y así, a estas alturas de la obra de Jaime Hernandez, resulta impepinable señalar que Maggie Chascarrillo es ya uno de los más grandes e importantes personajes de la historia del cómic. Un clásico contemporáneo. Una obra maestra.





  


1.6.15

IMAGINACIÓN ILIMITADA: SUEÑOS, FOLLETINES Y DAVID B.



He disfrutado más allá de lo razonable con la primera entrega de Los sucesos de la noche de David B., que Norma acaba de editar, y los motivos de mi entusiasmo no se deben únicamente al placer de su lectura. Vaya por delante que soy un incondicional del trabajo de David B., pero por la forma en que por aquí se ha ido publicando no he construido en mi cabeza un buen mapa cronológico de su obra. Es por eso que lo empiezo creyendo que se trata de un título reciente y de entrada leo como guiños autoreferenciales cosas que no lo son, porque pronto trazos de dibujo que remiten a Tardi —su mayor influencia inicial— abren una duda que no para de crecer hasta que detengo la lectura y me levanto en busca de respuesta. Va a ser la primera de varias consultas e indagaciones que lejos de interrumpir multiplican mi goce lector.



Descubro así que esta edición de Los Sucesos de la noche consta de dos volúmenes. Este primero, en el que estoy enfrascado, recopila tres tebeos publicados entre 1999 y 2002 mientras que el segundo sí se compone de material reciente. La historia narrada es una fascinante intriga onírica protagonizada por el propio autor a partir del descubrimiento de un misterioso folletín también titulado Los sucesos de la noche. A partir de ahí, recorriendo peculiares librerías donde se apilan millares de viejos libros, descubrirá que su editor es un oficial napoleónico que lleva décadas huyendo de la muerte, refugiado entre las páginas de libros polvorientos mientras rinde culto a una deidad babilónica cuyo símbolo es la letra N. El relato parte de un sueño real del autor y no faltan leyendas orientales, la representación de grandes batallas —napoleónicas o mesopotámicas— o malhechores de los bajos fondos parisinos. Todo ello elementos recurrentes en los cómics de David B.



 Obviamente, lo primero que me engancha, y cómo, es esa idea del misterioso folletín de publicación irregular —de 1829 a la actualidad—. Yo también he soñado con tebeos —y libros, películas o discos— que no existen e imaginado un extraño paraíso de papeles polvorientos en secretas trastiendas librescas. El impacto es mayor porque el verano pasado, como parte de mi intenso estudio sobre la influencia de la 1ª Guerra Mundial en el género fantástico —pueden leerlo en Presencia Humana #5 y aviso que es de lo mejor que he escrito— releí otra obra de David B., La lectura de las ruinas, donde también aparecía ese misterioso folletín. De hecho, recuerdo buscar por Google su posible existencia real, sin fruto alguno. También me he levantado para consultar Los complots nocturnos, otra novela gráfica donde David B. convierte en historieta algunos de sus sueños, y pasando páginas veo que algunos de ellos también están llenos de librerías secretas rebosantes de maravillosas lecturas imaginarias.



En Los sucesos de la noche también reconozco la presencia del Profeta velado (que aparece en Los buscadores de tesoros y en una de las historias de El jardín armado) y del Capitán Escarlata, protagonista del álbum homónimo con dibujos de Guibert. Ambos personajes con el rostro oculto, como el misterioso oficial napoleónico que huye de la muerte mientras edita un subterráneo folletín ocultista. Y me doy cuenta de que todos esos guiños que creía ver en Los sucesos de la noche son en realidad el premonitorio abanico de obsesiones temáticas y visuales que impulsan la obra de David B., todas nacidas en la portentosa imaginación infantil que le servía de refugio ante la enfermedad de su hermano —relatada en la serie autobiográfica La ascensión del gran mal, luego recopilada en un único volumen bajo el título de Epiléptico—.



 Así que lo que he empezado como una simple lectura ha acabado conmigo desplegando sobre la mesa mis cómics de David B. —que son todos los que aquí se han publicado excepto Rey Rosa, aunque ya estoy paliando la carencia— y leyendo un par que tenía pendientes: Babel, una especie de epílogo onírico de La ascensión del gran mal cuyo segundo número, ay, permanece inédito entre nosotros; y La banda de los postizos, reconstrucción novelada sobre un grupo de audaces atracadores que sembró el caos en la Francia de 1980, donde es fácil localizar sus temas pese a que solo firme el guión —los dibujos son de Tanquerelle— y a que tenga forma de thriller policial basado en hechos reales.



Tengo ante mí buena parte de la obra de David B y me prometo que estas vacaciones lo voy a leer todo de nuevo, y además anoto algunos libros que va citando de manera recurrente como influencia de sus tebeos: Calle de los maleficios: crónica secreta de París de Jacques Yonnet (Sajalín), A bordo de la Estrella Matutina y otros relatos de Pierre Mac Orlan o El rey de la máscara de oro de Marcel Schwob. Y sé que voy a disfrutar de lo lindo. Luego pienso que las últimas semanas me he sumergido en obras como Los Eternos o Pantera Negra de Jack Kirby, El Incal de Moebius y Jodorowky con su Antes y Después o incluso Los Wrenchies de Farel Dalrymple (Sapristi), y de que a la hora de erigir imbatibles universos de la imaginación los tebeos no conocen límites.


22.4.15

EPÍSTOLAS LIBRESCAS (XII): TANTOS LIBROS Y TAN POCOS DÍAS



Querido Absence;

La vida se complica pero los libros siguen saliendo así que he hecho lo posible para que esta nueva Epístola Libresca llegue antes del Día del Libro. Casi casi agradezco que este inicio de año haya sido un poco más aburrido que de costumbre. Pero no te preocupes, que haya habido unos pocos menos libros interesantes no significa que no haya habido ninguno. Solo con los que voy a sugerirte tienes una buena cantidad de lectura y hay, además, algunos especialmente destacados. Empezaré por ellos.

Empecemos con un vistazo general a algunas obras.


La conspiración contra la especie humana de Thomas Ligotti (ed. Valdemar)

Mezcla de ensayo filosófico y literario, indagación sobre el pesimismo relacionándolo con el terror sobrenatural cósmico, los primigenios como encarnación de un vacío tan insondable como interior. Quizá no sea un libro divertido en un sentido tradicional pero sí puedo afirmar que es una obra enorme. Pese a la espantosa portada.


Historia del Partido del Progreso Moderado Dentro de los Límites de la Ley de Jaroslav Hašek (ed. La Fuga)

Hašek es uno de los grandes y su Svejk es un triunfo pero a veces uno puede creer que es autor de un solo libro cuando la verdad es que hay más entre lo que ha creado. Y qué mejor que las 'actas' de este partido, sacado directamente de su propia realidad y cargado no solo de una capacidad satírica sino, incluso, de cierto sentido de lo que ya estaba allí y lo que estaba por llegar.


La furia de Gene Kerrigan (ed. Sajalin)

La intersección causada por la crisis entre la novela social y la negra logra un nuevo capítulo en esta obra de Kerrigan que han seleccionado con el buen gusto habitual los de Sajalin, esta vez toca Irlanda y sus gentes como ejemplo y receptor de todo ese odio subterráneo al que los intentos de enriquecer o sobrevivir —a veces indistinguibles— convertía en un campo a presión perfecto.


Ciudad fantasma de Robert Coover (ed. Galaxia Gutenberg)

Coover es siempre un maestro aunque no siempre lo dirija a los mismos lugares, por ejemplo aquí se ocupa más de deconstruir el western que de crear una trama tan potente como la de La hoguera pública. Pero suficiente ha hecho ya solo con esta deconstrucción.


Expo 58 de Jonathan Coe (ed. Anagrama)

Mientras seguimos esperando a que Anagrama reedite algún día El club de los canallas podemos entretenernos con esta pequeña y a ratos humorística aproximación de Coe al género del espionaje, como hace él todas las cosas, con mucha historia de personajes fuera de su localización y en perpetua duda.


El veneno de la tarántula de Sharadindu Bandyopadhyay (ed. Quaterni)

Un exploit de Holmes muy entretenido, y particular, que estamos hablando de una creación de principios del S XX en La India, así que podéis imaginar la necesidad de contextualizar y, por otro lado, la variedad que eso supone.



El gusano de seda de Robert Galbraith (ed. Salamandra)

Mucho mejor que la primera y escrita con un ambiente literario en mente, la posibilidad de seguir con las aventuras de los dos investigadores —sin tener claro cuál es el principal de entre ellos, por mucho que se presuponga— hace de ésta la novela negra convencional más recomendable de lo que llevamos de año.


Perfidia de James Ellroy (ed. Literatura Random House)

El gran Ellroy vuelve con una novela que quizá no sea su mejor obra pero que sin duda demuestra no solo las tablas sino, además, una cierta voluntad de investigar todas las zonas oscuras de Estados Unidos, un regreso al Cuarteto de Los Ángeles ahora con Pearl Harbour como música de fondo.


La señorita Pym dispone de Josephine Tey (ed. Hoja de Lata)

El representante del mystery clásico británico es esta novela con protagonista inquisitiva y buen humor, demostrando que Tey era capaz de muchas cosas más allá de La hija del tiempo.


La gran novela americana de Philip Roth (ed. Contra)

El último gran Roth, que seguía inexplicablemente inédito en nuestro país, en el que una pequeña liga de baseball y el probablemente peor equipo de la misma se convierte en una metáfora de la exclusión por todo tipo de motivos (veteranos, problemáticos, discapacitados...) y un reflejo de la propia sociedad.


El trono de la Luna Creciente de Saladin Ahmed (ed. Fantascy)

Aproximación a la espada y brujería con un giro que puede encuadrarlo en la aproximación tradición clásica árabe.


Reportero de David Remnick (ed. Debate)

Los mejores artículos de un grande, editor de The New Yorker y un periodista fundamental —para bien y para mal— en Estados Unidos.


Los gemelos congelados de Andreu Martín y Jaume Ribera (ed. Anaya)

¡Ha vuelto Flanagan! ¿Cómo podríamos dejar una nueva entrega del detective de Martín y Ribera fuera de esta selección?


Narrativa breve completa de Joseph Conrad (ed. Sexto Piso)

Este auténtico tocharraco es un recopilatorio de toda la narrativa corta —bien relatos, bien novela de no demasiada extensión— de Conrad. Así se aseguran tener El corazón de las tinieblas y mucho mucho más material.


Sin blanca en París y Londres de George Orwell (ed. Debate)

Pequeña obra magnífica sobre los tumbos que dio Orwell con una aproximación a los bajos oficios que se vio obligado a realizar permitiéndole una visión diferente que poder aplicar luego a sus obras.

Pero tranquilo, Absence, que no es lo único destacado. Las anteriores obras son más que recomendables, sin duda, pero es que las siguientes te las puedo recomendar directamente a ti —Bueno, vale, quizá varias de las anteriores también, pero seguro que entiendes a lo que me refiero—.


Los reyes del jaco de Vern E. Smith (ed. Sajalín)

Lo primero que pensé según vi la salida de este libro es que tenías que leerlo. Imagina un autor negro dispuesto a hablar de las organizaciones criminales que en los setenta se organizaban para trapichear con droga. Una obra que podría parecer deudora de la blaxploitation pero que lo es incluso más de la demostración de las organizaciones criminales como parte de una inevitable cotidaneidad.


El ejército negro de Servando Rocha (ed. La Felguera)

Más leña para el fuego con estos moteros de color que no solo existen sino que son parte de esa leyenda de la ferocidad.


Aniara de Harry Martinson (ed. Gallo Nero)

Poema de ciencia-ficción compuesto como si de una saga épica se tratara por un autor que se supone debería ser más conocido. E incluye un regalo más. Como poco, una sorpresa.


Fuego subterráneo. Historia del radicalismo de la clase obrera en los Estados Unidos de Sharon Smith (ed. Hiru)

Obreros radicales organizándose para la revolución, para que luego te quejes de lo que te traigo.


La historia silenciada de Estados Unidos de Oliver Stone y Peter Kuznik (ed. La esfera de los libros)

Aquí tienes a Oliver Stone haciendo inventario de todas las cosas que él cree que se han intentado tapar estos años. Parece un libro grande pero yo lo hubiera esperado incluso mayor.


Las andanzas del agente secreto Shípov de Bulat Okudzhava (ed. Automática)

Mezclando hechos reales con la invención, la investigación sobre Tolstoi por sus ideas revolucionarias queda reflejada como una auténtica locura en la que ninguno era si no inocente sí desde luego sano en sus pensamientos y en aquellos a los que pensaron que se podía confiar la situación. Una sátira de dos filos.


¿Qué pasaría sí…? de Randall Munroe (ed. Aguilar)

Pese a la espantosa portada, el autor de XKCD ofrece una serie de respuestas que buscan que todo tipo de teorías locas parezcan completamente serias, y cuanta más locas las preguntas más en serio se toma la explicación.


El castillo de los búhos de Shiba Ryotaro (ed. Quaterni)

Para los amantes de los Ninjas, una de las principales obras. Quizá falten más colores, eso sí.



Mercurius de Patrick Harpur (ed. Atalanta)

Más conocido por sus ensayos, esta novela sobre al alquimia y sus transformaciones es una aproximación muy diferente al concepto de novela histórica.


Ángeles robados de Shaun Hutson (ed. Tyrannosaurus Books)

El autor de Slugs sigue ofreciendo alegrías gracias a Tyrannosaurus con esta obra de sectas secretas, sacrificios y otros complots que quizá no sea para todos los estómagos pero que es un ejemplo perfecto de por qué había que recuperarle.


Sobre el dragón del abismo de Izumi Kyoka (ed. Satori)

Kyoka nunca será suficientemente reconocido por su aportación y desarrollo de un gótico japonés plagado de rarezas que, en esta obra, toman un cariz casi lisérgico para justificar los pasos de consciencia y las diferentes realidades percibidas.


El misterio de la Casa de los Trueques de Alberto Mussa (ed Funambulista)

Lo que empieza como una historia de muerte, sexo y sordidez pronto se va expandiendo con toques de ocultismo, afirmaciones del carácter de los brasileños e historias inesperada de la conquista y posterior vida. Una obra realmente variada.


El Doctor Heraclius Gloss de Guy de Maupassant (ed. Periférica)

He aquí una inesperable creación de Maupassant que satiriza no solo las obras pseucocientíficas sino también a aquellos que aseguraban ser devotos buscadores de la Verdad Absoluta. Una obra de juventud que fue publicada postmortem pero que agrada igualmente.


Lemmy de Ian Kilmister y Janiss Garza (ed. Es Pop Ediciones)

La biografía del fundador de Motörhead es un compendio de aventuras realmente locas.


Matar a Franco de Antoni Batista (ed. Debate)

Termino la sección con una imposibilidad, la de intentar acabar con Franco relatándolo según los —más bien torpes— intentos realizados para acabar con su vida con el éxito que puedes imaginar.

Por supuesto no solo de los destacados nos hemos nutrido, ha habido toda una serie de publicaciones de acompañamiento que han estado ahí para crear una segunda línea de defensa. Por ejemplo, en la novela negra hemos tenido desde recuerdos de las grandes novelas inglesas de estilo clásico como El misterio de la mosca dorada de Edmund Crispin (ed. Impedimenta) o El gran misterio de Bow de Israel Zangwill (ed. Ardicia)



a versiones de lo mismo en américa Demasiados cocineros de Rex Stout (ed. Navona); obras de corte clásico de grandes autores de allí, W de Whisky de Sue Grafton (ed. Tusquets), y de aquí, El murciélago de Jo Nesbo (ed. Literatura Random House)



además de la ocasional novedad sujestiva, Misa negra de Olivier Barde-Cabuçon (ed. Siruela), aproximaciones españolas en forma de recopilatorio de cuentos, Crímenes que no olvidaré de Alicia Giménez Bartlett (ed. Destino) o incluso, versiones del negro que no se limitan a la resolución de un conflicto lógico sino a una aproximación moral, Bienes y codicia de Ingrid Noll (ed. Circe)


Lo mismo con la fantástica que nos permite ver inéditos de grandes autores, Siempre nos quedará París de Ray Bradbury (ed. Minotauro); recopilatorios de otros, como En el Japón fantasmal de Lafcadio Hearn (ed. Satori) o Pioneros de la ciencia ficción rusa vol.2 de VV.AA. (ed. Alba),


o sumas de aproximaciones históricas que hoy pertenecerían a este género, Crónicas fantásticas de Las Indias de VV.AA. (ed. Edhasa); además de algunos clásicos a rescatar, La estrella del rey Salomón de Aleksandr I. Kuprin (ed. Alba).


Y que no se nos olvide que también los españoles han puesto su aportación bien en novela, Miss Fifty de Rosa Ribas (ed. Reino de Cordelia), o en relato Acronos vol. 3 de VV.AA. (ed. Tyrannosaurus books).


No solo ficción de género, también la narrativa nos ha traido un poco de cada. Las nuevas obras esperadas de autores ingleses ya sea en novela, como Glow de Ned Beauman (ed Alba), o relatos, como El asesinato de Margaret Thatcher de Hilary Mantel (ed. Destino);


junto a entradas en autores menos conocidos sean de un lado, Cuentos Completos de Cynthia Ozick (ed. Lumen), u otro del Atlántico, La posada de Manhuiol de Ion Luca Caragiale (ed. Traspiés);


acercamiento de nombres conocidos como Reflexiones del señor Z. de Hans Magnus Enzensberger (ed. Anagrama), Sueños de trenes de Denis Johnson (ed. Literatura Random House) o Lo que dijo Harriet de Beryl Bainbridge (ed. Impedimenta).


Obras de humor como Las cuatro Gracias de D. E. Stevenson (ed. Alba) y El arte del pastel perfecto de Sarah Vaughan (ed. Maeva). Obras de teatro como El 6º Continente de Daniel Pennac (ed. Literatura Random House).


Y, por supuesto, también novelas de un estilo más clásico pero no por ello desdeñables: La vida soñada de Rachel Waring de Stephan Benatar (ed.Impedimenta) o Ecuatoria de Patrick Deville (ed. Anagrama).


También entre las españolas ha habido creaciones interesantes, sobre todo cuando se mezclan con algo de humor como Las ganas de Santiago Lorenzo (ed. Blackie Books) o La vieja tigresa o el erotismo en la senectud de Miguel Noguera (ed. Blackie Books).


Aunque ya sé que tú lo que quieres es saber más sobre las novedades de no ficción. Sobre ese ensayo que nos ha traído aún más de los increíbles libros de La Felguera como la recuperación de King Mob. Nosotros, el partido del diablo de VV.AA. (ed. La Felguera) o la publicación de Diario de los asesinos de VV.AA. (ed. La Felguera).


Los análisis de Del dolor y la razón de Joseph Brodsky (ed. Siruela), la mirada casi de género negro al periodismo actual en Ataque al imperio de Nick Davies (ed. RBA), a la sociedad en El establishment de Owen Jones (ed. Seix Barral),



a la economía internacional, Cómo hablar de dinero de John Lanchester (ed. Anagrama), y española, Españopoly de Eva Belmonte (ed. Ariel). Obras que permiten ir desde el rastreo a lo menos esperable como la evolución del correo Postdata de Simon Garfield (ed. Taurus)


a auténticas creaciones del pensamiento sobre los temas más complejos como La necesidad del ateísmo de Percy B. Shelley (ed. Pepitas de Calabaza) o Cuadernos (Volumen I) de Georg Christoph Lichtenberg (ed. Hermida). Incluso hay hueco para hablar de la desigualdad social y el ordenamiento humano en La ciudad de los ricos y la ciudad de los pobres de Bernardo Secchi (ed. Libros de la Catarata).


Además de estas obras más sociales también las ha habido históricas, desde Constantinopla 1453 de Roger Crowley (ed. Ático de los libros) hasta fechas más recientes que permitían observar revoluciones La sublime locura de la revolución de Indro Montanelli (ed. Gallo Nero), conflictos bélicos desde el lado de los causantes, Los amigos de Franco de Peter Day (ed. Tusquets),


historias reales de espionaje, Un espía entre amigos de Ben Macintyre (ed. Crítica), y, por supuesto, miradas contemporáneas que intentan explicar la crisis y sus extensiones, El desmoronamiento de George Packer (ed. Debate). E incluso el origen de la ciencia de los ordenadores, La catedral de Turing de George Dyson (ed. Debate).


Pero si la parte histórica que más te interesa es la biografía descuida que también ha habido varias, desde la recuperación de unos antiguos diarios en Deseo que venga el Diablo de Mary MacLane (ed. Seix Barral) a la mirada a Valle Inclán en La espada y la palabra de Manuel Alberca (ed. Tusquets)



pasando por dos autobiografías culturales como son La puerta del cielo de Vittorio de Sica (ed. Confluencia) o La ira es energía de John Lydon (ed. Malpaso) y la recuperación de El tiempo amarillo de Fernando Fernán Gómez (ed. Capitán Swing).



Aunque quizá la consecución sean las obras de valoración artística, sean tan completas como Lancha rápida de Renata Adler (ed. Sexto Piso) o centradas en algún aspecto como el cine, Adictos a El Crack de VV.AA (ed. Notorious) o El cine negro español de Jose Antonio Luque Carreras (ed. T&B);


los videojuegos, La invasión de los marcianitos de Martin Amis (ed. MalPaso); el fantástico, Visiones de lo fantástico en la cultura española (1970-2012) de VV.AA. (ed. EDA Libros); además, por supuesto, de la literatura, Ensayos literarios de Samuel Johnson (ed. Galaxia Gutenberg).


Todo es susceptible de ser pasado a libro, desde las experiencias y reflexiones solicitando dinero de El arte de pedir de Amanda Palmer (ed. Turner) a las aproximaciones por el otro lado con Errores infalibles para (y por) el arte de Neil Gaiman (ed. Malpaso). Incluso hay hasta hueco para la poesía con Eso de Inger Christensen (ed. Sexto Piso).


Aún más, hay hueco para los libros ilustrados como las viñetas literarias de Todo el mundo tiene envidia de mi mochila voladora de Tom Gauld (ed. Salamandra Graphic); las adaptaciones de El rey de amarillo de Robert.W. Chambers con ilustraciones de Santiago Caruso (ed. Libros del Zorro Rojo) o El castillo de Franz Kafka con ilustraciones de Luis Scafati (ed. Sexto piso);


y las aproximaciones cercanas al juvenil con La joven durmiente y el huso de Neil Gaiman con ilustraciones de Chris Riddell (ed. Salamandra) y, por supuesto, La mandrágora de Jean Lorrain (ed. Reino de Cordelia).


Aunque ahora el juvenil sea otra cosa en la que sigue reinando La sangre del Olimpo de Rick Riordan (ed. Montena) por un lado y Todas las hadas del reino de Laura Gallego (ed. Montena) por otro.


Pero en la que se puede encontrar un poco de todo, desde thrillers como Cuidado. No mires atrás de Jennifer L. Armentrout (ed. Maeva) hasta... ¡Teslaxploitation! con El desvan de Tesla de Neal Shusterman y Eric Elfman (ed. Anaya). Y, por supuesto, aproximaciones humorísticas que siguen dando resultado, como He vuelto (3, Desastre & Total) de Stephen Pastis (ed. Molino).


Algo de lo que también se benefician en infantil con obras que son continuaciones, Don Carlitos Calzas Sucias y la noche tormentosa de Kristina Stephenson (ed. Montena), o creaciones de autores conocidos bien en este mismo campo como El pequeño mago de Kazuno Kohara (ed. Picarona) y Hay un cocodrilo debajo de mi cama de Mercer Mayer (ed. Corimbo)


o en otros como Un elefante un pelín inoportuno de David Wailliams con ilustraciones de Tony Ross (ed. Montena). Pero lo importante es tener obras que les abran las ganas de leer, obras como Con el ojo de la I de Mar Benegas con ilustraciones de Olga Capdevila (ed. A buen paso).


Como ves, un poco de cada. Solo imagino que echarás en falta la obra del joven escritor Daniel Ausente, he oído que sus Mataré a vuestros muertos y Mentiré si es necesario son perfectos regalos para este día y que estará firmando en la Librería Gigamesh.

Espero que haya servido de algo esta lista, que tengas una buena cosecha y, sobre todo, poder darte buenas noticias para la próxima epístola.

Un abrazo,

Jónatan.

Jónatan Sark (¡visítenle en El Receptor!) es lector compulsivo y librero vocacional. No se me ocurre mejor persona en cuestión de recomendaciones literarias y conocimiento de la actualidad editorial afín a mis gustos. Si no has tenido suficiente (cosa que dudo) con estas recomendaciones, prueba en las entregas anteriores. 

Entregas anteriores:
Epistola libresca I
Epístola libresca II (Especial Día del libro 2013)
Epístola libresca III
Epístola libresca IV
Epístola libresca V
Epístola libresca VI  
Epístola libresca VII
Epístola libresca VIII
Epístola libresca IX
Epístola libresca X
Epístolas librescas XI

A continuación, un mosaico Amazon con los libros recomendados. Si te apetece comprarlos desde aquí, me llevo una pequeña comisión que se invierte íntegramente en mi adicción a la lectura. Gracias.  
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