Mostrando entradas con la etiqueta infancia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta infancia. Mostrar todas las entradas

14.10.16

CRÓNICAS DE #SITGES2016 (XIV): MIDNIGHT SPECIAL



Este año me ha sido benigno en el siempre arriesgado terreno del fantástico indie, lo cual no quiere decir que la cosecha sea buena ni muchísimo menos, pero he sufrido menos que en ocasiones anteriores. Esta era una de las piezas destacadas, y bueno, no está mal y se puede ver, pero poco más. Un niño con poderes paranormales y su padre huyen tanto de la secta a la que pertenecían hasta entonces (que ha prosperado gracias a ellos) como de los agentes del gobierno que quieren capturarlo. Que la película se desarrolle a través de una persecución múltiple siempre da vidilla al asunto, pero tampoco es que la cosa sea trepidante. Durante un rato la intriga respecto a lo que está pasando genera bastante interés, hay una estupenda escena en una gasolinera que da brío al asunto, pero luego entre que el conglomerado CIA-FBI-DEA se muestra operativamente ridículo, que todo lo de la secta se deshace como simple excusa (y además ambigua), que la historia es un refrito de un par que ya nos conocemos (y que por si acaso se subraya con un guiño a los tebeos de Superman) y que al final se resuelve con un clímax de fantasía bonita y mensaje paternofilial, pues que lo de siempre, vamos, y con más tedio que pulso, para qué voy a decir otra cosa.

7.11.15

CRÓNICAS DE #SITGES2015 (XXXIV): COOTIES



Asumiendo con dignidad que su vínculo con Frodo Bolsón se antepondrá de por vida a cualquier otro papel de su filmografía, Elijah Wood ha optado por la alegría de dejarse llevar por su entregada afición al cine de género (terror, thriller, gore) con una retahíla de títulos al margen de la industria del blockbuster, ganando así la simpatía de quienes compartimos su gusto. La programación de Sitges 2015 incluía una buena muestra con esta película que tuvo en mi amada sala El Retiro al público ideal. Adscrita al género de infectados a mordiscos, en este caso la epidemia solo afecta a menores de edad, con la adolescencia como frontera de contagio, y sus protagonistas son un grupo de profesores asediados ante la virulenta y salvaje horda de infantes asesinos. La idea tiende lazos a la clásica ¿Quién puede matar a un niño? de Chicho Ibáñez Serrador, pero no pueden estar más alejadas, ya que en este caso el tono es absolutamente festivo, y aunque la violencia y el gore (relativo) están ahí, bien visibles, el humor —en general negro e incorrecto— siempre acompaña. Cooties es lo que es, puro y modesto divertimento de serie B sin pretensión alguna, pero sabe diseminar subterráneas cargas de demolición al orden establecido, describiendo una patética fauna de profesores al borde de la exclusión social, ya sea por razones mentales o económicas, describe un sistema educativo en decadencia y, como es de rigor, se entrega al desafío de ese tabú contemporáneo que pone reparos a la muerte violenta de menores en pantalla. Aquí el body count de chiquillos es generoso e incontable y, aunque infectados y salvajes estos niños siguen teniendo en el patio del recreo y el chiqui-park unos cuarteles generales que son pesadillas para el mundo adulto, vamos, como en la vida real. Son estas razones, envueltas en modesta falta de pretensiones, las que motivan todo mi aplauso y cariño.

15.10.15

CRÓNICAS DE #SITGES2015 (XVI): COP CAR



Sin duda, una de las películas de este año, que además de compacta y sin pega alguna, de esas cuya sencillez es virtud y cuyo visionado se pasa volando. Thriller tenso, con destellos de humor negro y un gran tratamiento de los personajes infantiles, la historia se localiza en esa América profunda y rural cuyo paisaje hemos interiorizado como un territorio mítico por legado del western, con sus policías corruptos, su violencia de pueblo y sus carreteras rectas que se pierden en el horizonte. Un par de niños se encuentran un coche de policía oculto tras unos árboles y no se les ocurre nada mejor que irse a dar una vuelta con él. A partir de aquí, la cosa se va a poner complicada. Una de esas películas donde personajes que no saben muy bien qué está pasando van desencadenan acontecimientos cada vez más difíciles de parar. Kevin Bacon está estupendo y los niños protagonistas también. Vamos, que es estupenda.

12.10.15

CRÓNICAS DE SITGES 2015 (IX): THE BOY



A medio camino entre el American Gothic destartalado y el white trash chungo, me ha gustado bastante esta historia sobre un niño que vive en un mugriento motel de carretera secundaria, en medio de la nada, con su amargado y alcoholizado padre. La distracción del asilvestrado chaval, aburrido y solitario, son travesuras un poco subidas de tono: poner trampas para que los animales mueran atropellados o colarse en las habitaciones de los escasos clientes del motel para robarles cosas. Poco a poco, estas acciones tienen consecuencias mientras una sostenida inquietud se apodera de la historia. Son varias las cosas que me gustan y llaman la atención de esta peli de contundente desenlace. Uno es lo bien llevada que está la posible maldad del chaval, que no está esbozado como el típico niño malo y uno no sabe si es de veras chungo o lo suyo son cosas de críos que sobrepasan lo habitual por su existencia miserable, criado en soledad, en medio de la nada, sin más contacto social que los pocos clientes de paso. Resolver la pregunta sobre si se trata de auténtica maldad ofrece un excelente suspense. La otra cuestión es la importancia de su ritmo moroso, porque esta, conviene avisar, es una película lenta y parca en palabras. Es interesante porque esa dilación narrativa, generosa en silencios, es un elemento descriptivo de la soledad rural del protagonista y además ayuda construir, junto a la inquietante banda sonora, la atmosfera opresiva del lugar y el crescendo de mal rollo.

11.10.15

CRÓNICAS DE SITGES 2015 (VI): TALES OF HALLOWEEN



En los últimos años en el cine de terror están reviviendo las películas de episodios, es decir, formadas por diversas historias de corta duración. Es un formato muy afín a un género donde el cuento de miedo breve forma parte de su esencia, como demuestran tanto las muchas antologías existentes como los míticos tebeos de terror de la EC y de la Warren. En el cine no tuvieron tanto predicamento pero hay unos cuantos ejemplos, como las producciones de la entrañable Amicus o la célebre Creepshow que unió a George A. Romero con Stephen King. Como parte de este modesto retorno, Tales of Halloween merece la pena, entre otras cosas porque va directo a lo que promete: una recopilación de historias de terror propias de la noche de Halloween y, por tanto, generosas en espíritu festivo, finales de impacto y Gran Guiñol a destajo. Como se trata de 10 historias, no da tiempo a que al habitual vaivén de toda antología y, en realidad, diría que todas se mantienen a buen nivel. Entre el surtido de directores destaca la presencia de Neil Marshall y Lucky McKee. En definitiva, un guateque para los amigos de las calabazas y el truco o trato, como quedó claro en el bullicioso pase en El Retiro de Sitges.

13.5.15

DE COMO EL "PITO PITO COLORITO" DEMUESTRA LA FALACIA DEL NEOLIBERALISMO

La mayoría de los memes nacidos en algún recreo escolar que se propagan en el tiempo y el espacio, exponencialmente hasta hacerse eternos, goza de una hermética invariabilidad: "Rebota y en tu culo explota" "Señoras y Señores, en el culo tengo flores" o el eterno caso del chiste del perro Mistetas.

Todos ellos permancen ahí, invariables y rocosos. Estaban en mi recreo, hace 40 años, y se los escucho hoy a mis hijos sin que se haya movido una coma.

No sucede lo mismo con el Pito Pito Colorito, sometido a mil variaciones y que hoy tiene como 40 palabras más que las que tuvo en mi época, en una evolución temporal claramente ineficaz e ineficiente en términos de ahorro y síntesis.

¿A que se debe?

La respuesta es sencilla: el gestor del Pito Pito Colorito, el encargado de trasladarlo oralmente de generación en generación, ha ido modificando el meme movido por su puro interés, su puro egoismo. Si el resultado de la cuenta no le beneficiaba, o no era a su gusto, se extendía con una retahila de frases hasta acomodarlo a su deseo. Y, así, cada generación ha ido incrementando sílabas movida únicamente por el interés egoísta. Es el interés egoista, el interés privado, lo que ha convertido el pito pito colorito en una deformada retahila inacabable de ineficiencia, ineficacia y falta de honradez.

Y es así, queridos amigos, como el Pito Pito Colorito se cargó las falacias del neoliberalismo y el objetivismo randiano.

18.10.14

CRÓNICAS DE SITGES 2014 (XXXIII): CUB



Estupenda película belga de terror que aplica un torture porn de baja intensidad a un grupo de boy-scouts. Más allá del placer que, por defecto, supone para el aficionado que las víctimas sean menores de uniforme y acampada, así como sus odiosos monitores, la película tiene más virtudes: un bosque repleto de mecanismos mortales construidos sin tecnología y de hermoso diseño arbóreo; la presencia de un niño salvaje con máscara de gusto neopagano; y un desenlace definitivamente oscuro. Deja algún cabo suelto, pero eso es lo de menos.

CRÓNICAS DE SITGES 2014 (XXVIII): AUX YEUX DES VIVANTS



Alexandre Bustillo y Julien Maury, creadores de la portentosa A l’interieur y la posterior Livide —que no agrada a todos, pero que yo defiendo por sus muchos detalles de bello horror—, regresan a Sitges con una versión muy oscura de Los Goonies con ecos a Funhouse de Tobe Hooper. Tras un inicio en el que en parte se guiñan a sí mismos y a su primera película, dejan la sangre prometida para el final y optan por una versión descreída de Los Cinco y demás pandillas donde los niños bordean la delincuencia y el malo es más que un psicópata. Si encima parte de la historia sucede en un abandonado decorado de películas del Oeste abandonado, yo ya no puedo pedir más.

9.10.14

CRÓNICAS DE SITGES 2014 (XIV): OCULUS



Fabuloso cuento de miedo sobrenatural. Creo que con esto estaría todo dicho. Los espejos son uno de los objetos más inquietantes de nuestra alrededor, y aunque siempre presentes en el cine de género, casi nunca se convierten en el objeto central del Mal. Esa es de entrada una de las virtudes de este estupendo filme sobre dos hermanos que de niños vivieron una traumática experiencia con un espejo maldito y que ahora regresan a su encuentro para acabar con él. La forma en que poco a poco se mezcla realidad y reflejo, tiempo presente y pasado, embrujo y certeza es realmente brillante, al igual que la atmósfera de cine de horror de toda la vida, del que estremece, que al mismo tiempo aporta originalidad. Además, es una película modesta que juega muy bien con lo que tiene a mano. En mi opinión, una de las mejores de lo que llevamos visto hasta ahora. Y sale la pelirroja que hacía de Amelia Pon en Doctor Who.

3.10.14

CRÓNICAS DE SITGES (II): THE BABADOOK


Me ha gustado bastante esta película neozelandesa que parte de los terrores infantiles, con ese monstruo Babadook del título, pero que se acaba focalizando en los fantasmas de los adultos. Como peli de género me ha parecido estupenda, con sus detalles de todo tipo: inquietante a ratos, visualmente agradecida en otros, especialmente por lo que hace al cuento ilustrado con sus troquelados, y ese monstruo que está a medio camino entre Nosferatu, el Lon Chaney de London after midnight (nada menos) y garras de Freddy Krugger, que era otro monstruo infantil hijo de adultos. Aunque tenga sus momentos Solo en casa, como ha dicho Domingo López, también tiene su fondo chungo y las escenas de depresión materna tienen momentos verosímiles. Muy bien, en definitiva.

13.6.14

TIRABUZONES DE MALICIA



El Butano Popular cierra hoy por vacaciones y yo despido mis columnas con un texto actual, cabal, sensato y sincero: Ser padre, hoy. Regresamos en algún momento de septiembre.

Me dice mi hijo que no quiere celebrar su décimo cumpleaños en la playa, que viene siendo lo habitual, porque lo organizamos junto a los padres de una niña y las amigas de ésta llaman friqui a quien no les sigue la corriente. La corriente de estas niñas es continua como la de Edison, que es la chunga, y baja chispeante por sus cabellos, que se enroscan formando tirabuzones de malicia en espiral mientras cuchichean artimañas que es mejor no conocer, así que le digo a mi hijo que vale, que bueno, que tendremos la fiesta en casa y un día la sala se llena de niños que vienen a jugar a la XBOX y corren por el pasillo agarrados a mi Ipad para enseñarse sus facebooks con edades falseadas.

A mi hijo le regalan unos tintines, que es algo que a su edad a mí me hubiera hecho feliz pero él pone cara de asco. Ahí sí que he fracasado como padre, quién lo iba a decir. Luego, como no hay consola para tantos, se meten todos en mi despacho, que es el lugar más sagrado de la casa, y se arremolinan apretados frente a la pantalla del ordenador mientras una niña filipina se pone a los mandos y yo aprovecho para recluirme derrotado en la cocina y comerme esos sándwiches de pan Bimbo que nadie quiere porque se emblandecen al poco de tomar contacto con la atmósfera. Y ahí estoy zampando bollos cuando percibo que algo raro pasa y lo raro es el silencio. Ya no hay griterío preadolescente y se puede oír pasar las moscas y los ángeles, que son un poco lo mismo. Acudo inquieto al despacho y allí están todos, callados y atentos, con los ojos bien abiertos, viendo youtubes de Slenderman.
Seguir leyendo

11.5.14

LA MEMORIA DE LA INFANCIA Y LOS TEBEOS COMO EMBRUJO

Estos últimos días he tenido la inmensa suerte de encadenar una excelente tanda de lectura de comics. Hechizo total de Simon Hanselmann (Fulgencio Pimentel), Tyler Kross: Río Rojo de Brüno y Fabien Nury (Dibbuks) o Mi amigo Dahmer de Derf Backderf (Astiberri) son títulos que recomiendo con entusiasmo y sobre los que no quiero tardar mucho en escribir, por aquí o por allí. El cuarto as de esta cadena de disfrute imprevisto ha sido Tiempo de canicas de Beto Hernández (La Cúpula).



Cuando los hermanos Hernández empezaron ha publicarse por aquí, en las páginas de El Víbora, fui más de Beto que de Jaime. Supongo que es lógico, Beto estaba ya con Palomar mientras Jaime iniciaba lo que acabaría siendo Locas con esa etapa que recopiló en el álbum Mechanics, y que era una extraña visión del retrofuturismo espacial en clave intimista. Con los años, acabé apreciando más a Jaime, que tuvo una progresión espectacular, mientras que los cómics más o menos raros pasaron a estar escritos por Beto. De hecho, con las novelas gráficas que ha sacado desde entonces nunca sabes con qué te vas a encontrar hasta que las lees, lo cual no es precisamente indicativo de algo malo pero reconozco que alguna no me entusiasma como debería. Afortunadamente, Tiempo de canicas supone el regreso del mejor Beto Hernández, y así sin pensármelo mucho casi diría que es lo mejor que ha hecho desde los viejos tiempos de Palomar.



Tiempo de canicas es una crónica de infancia autobiográfica, que es un terreno agradecido (aunque también) tiene sus peligros. La forma en que la aborda Beto Hernández es extraordinaria porque su sencillez esconde una sutilidad excepcional, porque su aparente intrascendencia no es tal, ni mucho menos. Ya de entrada, su fidelidad en la recreación del mundo infantil pasa por eliminar la presencia de los adultos y todo lo que suponen. Están ahí, claro, fuera de campo, imponiendo castigos o exigiendo silencio, pero nunca los vemos ni con ellos sus problemas. Tampoco la escuela y el rigor que supone. Sólo el tiempo de ocio, que se reparte entre la casa y la calle, con sus juegos y pandillas, buscando delimitar lo que conforma el verdadero universo infantil, y lo consigue de tal manera que incluso es capaz de capturar el especial tempo con el que transcurre la infancia, porque los niños no experimentan su paso del mismo modo que un adulto. La palabra tiempo no está en el título por casualidad. No es la única muestra de la sutilidad a la que antes he hecho referencia, ni mucho menos, porque en una lectura que no requiere demasiada atención aflora una riqueza de detalles que no se exponen directamente pero que se evocan de manera poderosa: el conflicto racial, el matón que cambia cuando despierta su sexualidad, los niños violentos quizá porque viven en una eterna mudanza de casa, la marimacho que un día se pone femenina, el encuentro con alguien que comparte tus mismos intereses, el robo de un tebeo, la tentación de delitos mayores, las malas compañías, la colección de cromos que se guarda como un tesoro. Todo está colocado al de nivel de importancia y percepción que le concede el universo de la niñez.



El otro día me comentaba Santiago García la necesidad de distinguir entre la nostalgia, muy peligrosa, y el ejercicio de la memoria. En Tiempo de canicas hay mucho de lo segundo y nada de lo primero, aunque pueda parecer lo contrario dada la cantidad de referentes a la cultura popular que se mencionan. Las (muchos) tebeos, juguetes, canciones o programas de tv no se citan para que sean añorados sino porque son indispensables en la medida que lo son para los personajes, que sin ellos estarían incompletos. Es imposible ejercer memoria de la infancia sin llenarla de tebeos si ésta estuvo llena de tebeos. Mundos de ficción que no son sólo entretenimiento sino que despiertan y agitan de la imaginación y con ello, a la postre, la creatividad. Más en este caso en que los tres hermanos protagonistas acabarán siendo autores básicos de la historia del cómic —aunque, curiosamente, en Tiempo de canicas nunca los vemos dibujar—.



Todas esas citas también son importantes porque contextualizan la historia, ponen fecha, documentan la importancia de la cultura popular y su momento en el tiempo y el espacio, dos barreras físicas que, por otro lado, se rompen de manera casi mágica cuando el lector se reconoce a sí mismo en esa infancia ajena. Por mucho que en algunos casos no se trate de los mismos personajes, viñetas o series, el sentimiento y actitud antes estos puede ser compartido. Y se produce alguna coincidencia concreta, el embrujo es aún más poderoso porque señala un punto en común entre un chico hispano nacido en 1957 que vive en California y, por ejemplo, otro nacido en Barcelona en 1966. Es el mismo niño el que habla de La Cosa y Los 4 Fantásticos, y resulta fascinante descubrir que pese a la década de diferencia y los miles de kilómetros, yo también tuve un amigo con quien compartir el entusiasmo por los tebeos de terror de la Warren, aunque aquí se llamaran Vampus y allí Creepy. La subcultura llegó a funcionar como una autopista de información que desafiaba el tiempo y espacio en una época en que algo como Internet ni siquiera formaba parte del futuro tecnológico soñado.

Sin abandonar esta idea de la cultura popular que no conoce fronteras, Tiempo de canicas deja ver que como referente compartido la televisión es mucho más perecedera y limitada en el espacio que los tebeos o la música. No entraré en el caso de la música porque es incomparable por impacto —Beetles, Elvis— o pervivencia —You can’t hurry love de las Supremes—; pero en esta novela gráfica se hace evidente que Hulk o Los 4 Fantásticos han sido punto de encuentro compartido por infancias alejadas y, en cambio, ninguna de las citas televisivas que realiza forma parte de la cultura popular que pudo conocer un niño español del Baby Boom. Del mismo modo, varias generaciones pueden coincidir leyendo los mismos tebeos (o personajes) pero es mucho más difícil que así sea con los programas o series de televisión, que pueden coincidir en el ahora pero no en el ayer.


Como el gen del archivista loco a la caza del referente pop me domina, en lo personal Tiempo de Canicas me ha supuesto el disfrute añadido de ponerme a buscar cosas nada más cerrar el libro, así que procedo a dejar el resultado por aquí. Cuando estaba metido en la tarea, Santiago García me ha pasado un enlace de contenido similar que sin duda complementa el mío, que se centra sólo en algunos detalles que me han interesado o despertado la curiosidad.

El Hombre con una tele en la cabeza.


Strange Tales Adventures fue una colección de DC de relatos fantásticos tan inocentes como desbordantes que aquí no conocimos. Beto remite directamente al número 128 (1961) y a The Man With the Electronic Brain como exponente de aquella historieta concreta que por lo que sea tuvo un impacto especial en nuestra infancia. Cada uno tendrá las suyas y es muy difícil coincidir, pero no imposible: en Tiempo de canicas, por ejemplo, supone el descubrimiento de que otro niño la recuerda. También que pese a su condición de subproducto basura podía extraerse una lección: que el uso del cerebro puede ser algo poderoso incluso si se es un niño.


El hombre con el cerebro electrónico, obra de Gardner Fox y Murphy Anderson, explica la historia de un científico cuyo experimento consiste en colocarse en la cabeza un cerebro electrónico impulsado por energía atómica. Con el trasto puesto, se da cuenta de que acabará estallando pero que no puede hablar ni controlar sus extremidades.  

El hombre sale a la calle en apariencia para sembrar el caos.

Pero en realidad la destrucción que le acompaña, sigo que sigue un plan, está intentando explicar lo que pasa construyendo un jeroglífico. Será su hijo quien se percate de ello.

Y quien lo descifre.

El niño cerebrín será felicitado por el mundo adulto (porque seguramente el infantil lo desprecia) y tendrá la consideración de un héroe pero no por su arrojo físico, sino por su inteligencia.


Una cosa curiosa es que en Tiempo de canicas se resalta que el ejemplar de este tebeo que tenían los Hermanos Hernández estaba marcado por la lacra de haber llegado a sus manos sin portada.

Craneo Rojo también fue comunista.


La referencia a Cráneo Rojo, la gran némesis nazi del Capitán América me ha parecido interesante porque curiosamente incide en el breve periodo en que el superhéroe abanderado se dedicó a machacar rojos y soviets con inusitado furor anticomunista, así que su principal villano cambió la cruz gamada por la hoz y el martillo. Una breve etapa en que supuso problema para la continuidad del personaje (arreglada años más tarde). La referencia es velada, pero resulta curiosa porque fueron pocos los tebeos en que sucedió, no fueron populares y se publicaron en 1954, y eso no concuerda con el resto de citas del cómic, que tienen un marco temporal bastante concreto entre 1961-1964.


Cráneo Rojo en la etapa en que el adjetivo Red no sólo indicaba el color de su calavérico rostro.


Y el Capitán América en su corta etapa (sólo 3 números) como machaca rojos.

Marte Ataca


Los cromos de Mars Attacks publicadas por Topps en 1962, con ilustraciones de Norman Saunders y Wally Wood, pese a su distribución ajena a todo dado que se regalaban con la compra de chicles (y que aquí no conocimos) es evidente que causaron un enorme impacto entre los niños estadounidenses y hoy son un auténtico fetiche pop. También se convirtieron en película de la mano de Tim Burton. Estos son los dos cromos que Beto Hernández menciona expresamente.






Hulk no necesita armas


Estas son las viñetas a las que se refiere Beto, y pertenecen a The Incredible Hulk 2 (1962)



El grito de los Comandos Aulladores




El estereotipo racial


La referencia a Go Go Gomez, el ayudante de origen hispano de Dick Tracy para la serie de animación The Dick Tracy Show (1961-1962) me interesa especialmente al ser un estereotipo racial cuya existencia desconocía, y ya sabe que ese campo es por aquí temática habitual, ya se trate de hispanos, negros u orientales




 Los superhéroes de Hanna & Barbera
Los superhéroes de dibujos animados de Hanna & Barbera, diseñados por Alex Toth, siempre estuvieron envueltos de un halo de misterio para mi generación porque aquí su emisión televisiva siempre fue irregular e incompleta, pero en cambio conocíamos su existencia (incluso de los que no vimos nunca) porque sí nos llegaban a través de productos de merchandaising como cromos y similares. El niño de esta viñeta exclama el grito emblema de Birdman & The Galaxy Trio. Es una cita que desencaja con el resto por tardía, ya que en EEUU se emitió en 1967.




El tebeo que no mola.


Siempre me ha molestado esa creencia a que los niños no son capaces de diferenciar lo que tiene calidad de lo que no la tiene, algo que es absolutamente falso aunque los criterios que hacen que algo guste o que se considere malo pueden son diferentes a los de un adulto. En Tiempo de canicas ese ingrato papel lo representan los primeros números del Capitán Marvel de la Marvel, que es cierto que no molaba demasiado, al menos hasta que cayó en manos de Jim Starlin, quizá porque su publicación se hizo deprisa y corriendo por temas de copyright del nombre del personaje y no por instinto creativo. También es una referencia tardía respecto al resto porque el primer número data de 1968.


ACTUALIZACIÓN: Comenta Julián González Arechága que es más probable que la referencia sea otro personaje que tomó el nombre de Captain Marvel tras el de Fawcett y antes que Marvel: el de Carl Burgos, editado por M.F. Enterprises en sólo cuatro tebeos de 1966. Y lo cierto es que el hecho que pudiera desprenderse de sus extremidades coincide con lo esbozado en la viñeta. No lo he leído pero tiene pinta de ser encantadormente malo.





  Historias de fantasmas que prometen.


El tebeo de terror fantasmal Ghost Stories, editado por Dell, nació en 1962. En 1954 la aparición del Comic Code, código de autocensura de la industria, se cargó, entre otros, los tebeos de terror. El papel de Dell Comics durante toda aquella caza de brujas merece comentario. Dell se había especializdo desde su creación en licencias de dibujos animados (Disney, Hanna & Barbera),  personajes populares (Tarzan) y series de televisión. No quiso formar parte del Comic Code porque defendió que no iba con ellos y que el sello Dell ya era garantía de contenidos aptos y no perjudiciales para la infancia. Cuando, apenas 6 años después, el género de terror regresó a manos de los niños, Dell editó este cómic de terror. Tenía la palabra fantasma en su título, que no estaba prohibida expresamente, e incluso en el primer número incluía una historieta de hombres lobo, que si estaban prohibidos.


Como ven, el hombre lobo resulta perturbador en su diseño extravagante, y posiblemente a los lectores de la época llamara la atención el estilo realista de sus dibujos, muy diferente de los monstruos gigantes y extraterrestres de los tebeos de DC y la incipiente Marvel, aunque en realidad se trataba de historias protagonizadas por muchachos que siempre acababan bien. En realidad, los tebeos de terror genuino de la época fueron los de Warren, que escapaban del Comic Code porque su formato revista y el blanco y negro los distinguían del tebeo de grapa y a color, que se consideraba para niños. En la viñeta en que los niños hablan de Creepy, la comparativa con la revista MAD tampoco es casual, y no sólo por su formato: MAD fue lo que sobrevivió de la EC Comics cuando el Comic Code fulminó sus cómics de terror. Creepy recogió el testigo siete años más tarde.


La portada que sostiene Beto es la de ese primer número de Ghost Stories, aunque la verdad es que todas se parecían mucho entre sí. Se puede precisar porque más adelante se comenta con mayor detalle una de las historietas de su interior.


Esta es la viñeta que comenta la niña, esa en la que no se ve como el caballo mata a un niño. El tebeo parecía de los buenos pero resulta decepcionante porque no es explícito, demostrando como los tebeos de la Dell eran de contenido blanco aunque fueran de miedo.


Monstruos que son buenos.


El tema de los monstruos es muy propio de la infancia. En Tiempo de canicas emerge constantemente y con sutilidad. A través de los tebeos, el Beto niño fabrica su propia tipología entre "buenos que son monstruos (La patrulla condenada, La Cosa de Los 4 Fantásticos), monstruos que no se sabe si son buenos o malos (Hulk) y los monstruos propiamente malos. El tebeo de buenos que son monstruos preferido es La patrulla condenada, la Doom Patrol, colección de culto nacida en 1963 que aquí no conocimos hasta que en los 80 nos llegaron versiones mas modernas (entre ellas la genial etapa de Grant Morrison).



El rostro de Mr. Sardonicus


He dicho antes que en 1962 el terror había regresado a las manos de la infancia. Ese resurgir no vino directamente de los tebeos sino por otras dos vías. Una de ellas fue el éxito de la revista Famous Monsters of Filmland, publicada en 1958 por Warren y dirigida por el mítico Forrest J Ackerman. La revista estaba llena de fotos de monstruos de serie B de corte humorístico. Mr. Sardonicus fue una película dirigida por el también mítico William Castle en 1961 y la página a la que se refiere Beto es sin ninguna duda la que les dejo a continuación, publicada en el número 18 (1962).




El Horrendo Demonio Solar


Otra tipología de monstruos: gigantes o de tamaño normal. La segunda vía que estimuló el gusto por lo horroroso entre los niños de la época fue el cine y la televisión. Las viejas películas de serie B empezaron a frecuentar la programación matinal de fin de semana en algunas cadenas de televisión mientras que el cine de bajo presupuesto de la época había descubierto en los adolescentes un público natural. Hideus sun demon (Tom Boutross y Robert Clarke; 1959) fue una de esas películas.




Monstruos noche y día.


El Horrendo Monstruo Solar de baratillo sirve para establecer una tercera tipología con la que acabo este análisis de parte de la cultura pop referenciada en esta estupenda novela gráfica: los monstruos que habitan la noche y los que pueden salir de día, infrecuentes porque la oscuridad facilita la atmósfera y hace menos evidentes las carencias de la serie B.