31.5.07

MASCARADA EN ORIENTE MEDIO (V)



Mendez entró en Irán el 25 de Enero de 1980, después de haber recibido un cable del director de la CIA indicando la aprobación personal del presidente Carter que decía “Puede proceder. Buena suerte”. Voló hasta allí desde Europa, donde obtuvo el visado en el consulado iraní en Bonn. “Tengo una reunión de trabajo con mis asociados”, explicó a las autoridades iraníes en Alemania. “Vuelan mañana desde Hong Kong y me estarán esperando”. A Mendez le entraron sudores fríos en el aeropuerto – incluso los profesionales tienen sus momentos de duda – pero sabía que no había vuelta atrás. Había que tener fe en la solidez de su tapadera.

Como especialista en falsificaciones y engaños, Mendez llegó con sus acuarelas y herramientas. Pero el resto de suministros para la exfiltracion ya había sido enviado por valija diplomática y le estaba esperando en la embajada canadiense. Mendez incluyó todo lo que se le pudo ocurrir: Tarjetas de salud, carnés de conducir, pins con el símbolo de la hoja de arce, recibos de restaurantes en Toronto y Montreal, las tarjetas de visita de Studio Six, la lente de una cámara de cine, y los materiales de producción para Argo. Los seis pasaportes eran lo que Mendez llamaba “falsificaciones reales”: documentos auténticos que el gobierno canadiense había preparado con los alias Hollywoodienses ideados por la CIA. Hacerse con esos pasaportes había sido muy complicado; las leyes canadienses prohibían tales falsificaciones, así que el parlamento nacional tuvo que celebrar una reunión secreta, la primera desde la Segunda Guerra Mundial, para poder hacer una excepción. Mendez se encontró con el embajador Ken Taylor en su oficina, recogió los pasaportes canadienses y los selló con visados iraníes. El tintero estaba seco debido al viaje, así que lo humedeció con el whisky del embajador y con mucho cuidado anotó en ellos que la fecha de entrada del equipo de producción en Irán había sido el día anterior.

Aquella noche, los Staffords, los Lijecks, Schatz y Anders cenaron con los embajadores de Dinamarca y Nueva Zelanda y con parte del personal, en la residencia Sheardown. Los americanos habían encendido el fuego, servido entremeses y ya estaban bebiendo cuando Taylor apareció con un invitado sorpresa.

“Hemos preparado vuestra fuga,” anunció Mendez durante la cena. Les detalló entonces en que consistía la tapadera, les presentó los dibujos de Kirby, el guión, el anuncio en Variety y el número de teléfono de las oficinas de Studio Six en Sunset Boulevard. Mendez les entregó las tarjetas de visita y los pasaportes. Cora Lijek sería Teresa Harris, la escritora. Mark el coordinador de transportes. Kathy Stafford, la diseñadora de escenarios. Joe Stafford era el productor asociado. Anders era el director. Schatz, el cámara del equipo, recibió las lentes de alcance e instrucciones específicas sobre cómo manejar una cámara Panaflex. Marj Lijek observó que Mendez portaba un distintivo abrigo de tweed British Harris para apoyar su papel de productor de cine irlandés.

"Y qué hay de los controles en el aeropuerto?”, preguntó Joe Stafford.

Era una buena pregunta. Mendez sabía que no existían operaciones infalibles, y que esta podía tropezar con un significativo inconveniente. Las autoridades de inmigración iraníes usaban un impreso de embarque/desembarque de doble copia, con una hoja blanca y otra amarilla. A la llegada, Inmigración se quedaba con la copia blanca, la cual se comparaba con la amarilla cuando la persona abandonaba el país. Un contacto de la CIA en el aeropuerto de Mehrabad les había suministrado algunos impresos, y Mendez no había tenido ningún problema en falsificar la copia amarilla. Recientes informes de inteligencia sugerían que los agentes de inmigración no se molestaban en comparar las dos hojas.

A los americanos, el plan inicialmente les puso nerviosos. “Déjenme mostrarles como funciona este tipo de operaciones”, dijo Mendez, tomando dos corchos de las múltiples botellas de vino abiertas. Los colocó entre el pulgar y el índice de cada mano en la forma de dos Des entrelazadas. “Aquí están los malos”, dijo, mostrándoles que no podían ser separados, “y aquí estamos nosotros.” Y con un súbito golpe de mano, los separó.

Era magia de salón – pero de alguna forma extraordinariamente reconfortante. Los seis creyeron tener un líder competente. “Va a ser así de sencillo”, dijo Mendez, sintiendo la creciente confianza del grupo. “Les engañaremos a todos.”



Mascarada en Oriente Medio (VI)

Mascarada en Oriente Medio (Intro)