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6.11.15
CRÓNICAS DE #SITGES2015 (XXXIII): THE ASSASSIN
Hace 40 años, en tiempos de luchadores y espadachines mancos, nadie hubiera dicho que un wuxia, es decir, una peli de chinos saltarines con espadas, despertaría el entusiasmo de Cannes y se llevaría el premio al mejor director. Creo que llegué a leer que se trataba del wuxia definitivo, o algo así. Pura trola, dado que se trata de todo lo contrario: el antiwuxia definitivo, culmen de una tendencia que se antojaba inaudita inaugurada por Tigre y dragón y continuada por Zhang Yimou. Ojo, no tengo nada contra esos preciosismos chinos, al contrario, algunos los he disfrutado y, de hecho, han cobijado a su sombra peliculones como Wuxia o el Detective Dee: The Mystery of the Phantom Flame de Tsui Hark. Pero claro, la tendencia ha ido a más y ha acabado engendrando lo que alguien definió con tremendo acierto como “una película de chinos dirigida por Manuel de Oliveira”. Es cierto que es bonita de ver, con sus paisajes, sus vestidos y su preciosa Shu Qi. Como película de artes marciales, en realidad rehuye toda coreografía, de ahí la trola de algunos comentarios. La película es muy lenta y consigue algo curioso: la historia que cuenta es casi anecdótica y aún así consigue ser confusa de cojones, al menos para el espectador occidental que soy, porque al final fui incapaz de situar y reconocer algunos personajes. Pese a todo, reconozco que por alguna razón no me aburrí ni agobié con ella. Por cierto, soy muy fan de largo plano de las ovejas reposando en el prado a cinco minutos del final.
18.10.14
CRÓNICAS DE SITGES 2014 (XXXIV): IN ORDER OF DISAPPEARANCE
Entre lo mejor de lo visto en Sitges estuvo este sorprendente thriller noruego. Empieza aparentando ser una sórdida y fría historia sobre un quitanieves cercano a la jubilación en labores de vengativo padre coraje por la muerte de su hijo; poco a poco la trama crece con brío y se complica más allá de lo imaginable, poblándose de personajes muy bien esbozados —algunos geniales— hasta convertirse definitivamente en un relato coral. Violenta, rebosante de humor negro, tiene unos diálogos portentosos y sólo puede criticarse que algún momento muy concreto bordea lo histriónico. Magnífica muestra de noir nórdico contaminada de espíritu tarantiniano, convierte en su título en genial gag recurrente. El pase en la sala El Retiro se convirtió en una fiesta de risas y aplausos, así que no dudo en recomendarla con gritos y aspavientos de entusiasmo.
14.10.14
CRÓNICAS DE SITGES 2014 (XXII): SORCERER (CARGA MALDITA)
En su imprescindible ensayo Moteros tranquilos, toros salvajes. La generación que cambió Hollywood, Peter Biskind relata muy bien la locura que se apoderó de toda una generación de directores norteamericanos. Sorcerer, remake del clásico El salario del miedo (Henri-Georges Clouzot , 1953) que a su vez adaptaba una novela de Georges Arnaud, fue la aportación de William Friedkin a esa enajenación hollywodiense. Masacrada en su versión europea, recuperarla era un acto de justicia. Luego ya, verla en la majestuosa pantalla del Auditori de Sitges fue un gozo absoluto. De hecho, disfruté tanto que decidí que merecía reposarla con calma y darle un margen de permanencia en mi cerebro, así que me salté algunas de las películas programadas después. El montaje original de Friedkin muestra lo injusto de su fracaso comercial porque es un peliculón que me dejó boquiabierto por su atmósfera opresiva y por ser una muestra de un cine que ya no veremos más, donde si había que hacer saltar por los aires media selva tropical, pues se hacía. La escena del puente, que costó más de un millón de dólares de la época (1977) es una de las cosas más grandes que he visto como espectador. Y luego esa banda sonora de Tangerine Dream que hoy, con el revival de sintetizadores que nos ha traído Drive, suena la cosa más moderna del mundo aunque entonces no lo fuera. Por tener, tiene hasta al gran Paco Rabal en el reparto. Impresionante.
10.8.14
DERECHO DE PERNADA, RITUALES PAGANOS Y AMOR ROMÁNTICO
Hacía tiempo que tenía muchas ganas de recuperar El señor de la Guerra (The War Lord), filme dirigido por Franklin J. Schaffner y protagonizado por Charlton Heston en 1965, justo antes de que ambos se pusieran con otro clásico tan monumental como El planeta de los simios. La película es estupenda por múltiples razones y está llena de detalles a comentar; pero lo que ahora me ha sorprendido es toda la subtrama sobre creencias paganas, hasta el punto que enseguida empecé a trazar paralelismos con El hombre de mimbre (The Wicker Man; Robin Hardy, 1973), título indispensable al respecto. De hecho, ambas forman una perfecta sesión doble. Luego, indagando por la red, me ha extrañado que El señor de la guerra no aparezca mencionada en ninguna lista de películas que toquen el tema del ritual pagano, quizá porque no es de género fantástico, aunque lo cierto es que es de esas obras que lo bordean por las esquinas y por las que flota, a ratos, la atmósfera de lo fantástico.
El señor de la guerra se ambienta en la baja Edad Media y narra la historia Crysagon de la Cruz, un caballero que tras veinte años de batallas llega a un pequeño territorio otorgado por su señor feudal (un conde que nunca llegamos a ver pero que acaba siendo una especie de lejano poder ominoso). A Crysagon le acompañan su hermano, su leal escudero y una reducida tropa de soldados, y aunque sus nuevas posesiones son míseras, las hace suyas por necesidad dada su condición de noble sin tierra porque las que le pertenecían por herencia pagaron el rescate de su padre. Ahora, tras años de guerrear, es el señor de unas marismas pantanosas, con un torreón cochambroso por castillo y unos empobrecidos aldeanos por siervos. De hecho, están a medio cristianizar y conservan viejas creencias paganas, cosa que choca con su profundo cristianismo. Los diversos combates internos de su trágica existencia estallan cuando se enamora de una pueblerina. Aunque la película se etiqueta como drama histórico-épico, más teniendo Charlton Heston, la estrella del género, de épica tiene más bien poca. Retrata una Edad Media sucia alejada del tópico de los castillos y princesas (algo poco habitual en el cine de entonces) y, por ejemplo, su realismo destaca en la fabulosa batalla final con los frisos que asaltan la modesta fortaleza que es el torreón.
Puesto el contexto, voy a lo que me ha parecido interesante comentar: ese tratamiento del paganismo precristiano que hace de El señor de la guerra una aportación al tema tan destacable como singular, dada su no pertenencia al fantástico o el terror. Por cierto, no estaría sola: aunque con menor relevancia puede acompañarla la estupenda El último valle (The Last Valley; James Clavell, 1970).
La relevancia del credo pagano aparece nada más comenzar, en la primera escena tras los créditos, cuando Crysagon llega a lo que serán sus dominios y lo primero que se encuentra es un árbol druídico del que cuelgan todo tipo de amuletos.
De hecho, el árbol tiene un rostro esculpido en su tronco. El escudero de Crysagon (un estupendo Richard Boone) comenta:
"Un territorio que nadie en toda la cristiandad quería. Este lugar está plagado de herejía".
Su encuentro con el sacerdote encargado de cristianizar a los aldeanos es interesante, entre otras cosas cuando el religioso se da cuenta de que está ante un caballero cristiano mientras él lleva un cinto confeccionado con hojas que se arranca alterado. Una parte del diálogo que mantienen muestra que el fraile que convive con las creencias paganas de sus feligreses, y que incluso participa o comparte algunos de sus símbolos, aunque no deja claro si por gusto o como medio para convertirlos poco a poco asimilando algunas de sus costumbres.
"—Aquí había druidas antes de venir los romanos. Son como niños que veneran inocentemente las costumbres que tenían sus padres.
—Costumbres del diablo, señor cura".
El torreón que será residencia de Crysagon acaba de ser asaltado por los frisos y en los aposentos superiores encuentran el cuerpo del que era el alcaide, asesinado en la cama mientras yacía con una lugareña. La conversación que sostiene con el fraile introduce el tema del derecho de pernada y su tradición.
"—Siempre andaba persiguiendo campesinas. Estaba embrujado. Poseído por los demonios. La gente de por aquí tiene costumbres antiguas en las que quizás participase irreflexivamente.
—¿El árbol y la piedra? ¿Adoraba al diablo?
—No, no, no, que va, maldecía la carne del diablo, pero adoraba la carne de mujer. Y a los demonios
les gusta disfrazarse.
—Sacerdote... ¿Dices que ella era una bruja?
—¿Bruja? ¿Con flores blancas?
—¿Que es esto?
—Su corona nupcial.
—Vamos, sacerdote, ¿era una bruja o una novia?
—Una doncella desposada.
—¿Del alcaide?
—De un aldeano.
—Aquí habrá mujeres complacientes de sobra para cualquier hombre. ¿Por qué tomó a una virgen?
—Mi señor, no... no se trató de un abuso. Mirad, el alcaide era muy apreciado.
— ¿Quién lo apreciaba?
—La gente de por aquí. En tiempos antiguos santificaban un matrimonio entregando a la novia en su noche de bodas a...
—Bors, quema esa cama.
—¡Por Dios! Una abeja entre la flores. Un signo de muerte."
El primer encuentro con la aldeana Bronwyn se produce en el río, de donde la ayuda a salir tras ser atacada por sus perros de caza. La intención de Crisagón, que lleva años sin probar mujer, es beneficiársela allí mismo pero le tira para atrás descubrir que es virgen y se va a casar pronto. También recibe el picotazo de una abeja que sale de la corona de flores. Se puede evocar la idea del picotazo como hechizo de amor, ya que sobre la chica siempre flotará la idea de que tiene conocimientos que un caballero cristiano no dudaría en calificar de brujería. La imagen de la chica en el río también tiene mucho de rito artúrico, por cierto.
Bronwyn también está envuelta en misterio, dado que es hija adoptiva. Su origen nunca se desvela. Cuando el escudero de Crysagon se da cuenta del amor loco que su señor siente por ella comenta lo siguiente:
"—Señoría, todos los hombres saben que cuando Jesucristo nació, los antiguos dioses, demonios y espíritus con piel de serpiente fueron arrojados al infierno.
—Bien hecho.
—Se dice que aún acechan en los rincones oscuros y los lugares impíos de la Tierra, disfrazados de mendigos y mozas inocentes. Dios ampare a quién se encuentre con uno, porque le transformará el corazón."
Abajo, un plano del corazón del bosque donde se aprecian la piedra y el árbol, símbolos y lugar sagrado donde los habitantes del lugar celebran sus fiestas y rituales.
En el segundo encuentro, Bronwyn está recolectando plantas y hierbas típicas de druidas. Crisagon duda entre el desafío a su fe y la atracción que siente por la moza.
Este es el diálogo que mantienen sobre plantas y brujería:
"—¿Eso es adormidera?
—Sí.
—¿Para que quieres esto?
—Sacamos camomila de ellas para condimentar.
—Y también puede robar la mente de las personas, como la magia. Y puede matar.
—No, no es magia. Mi padre adoptivo cura con estas hierbas.
—¿También dedalera?
—Una hoja o dos para el mal de amores.
—Tres o cuatro pueden parar el corazón. Brujería.
—No, mi señor. No es brujería.
—Todas matan. ¿Qué es eso?
—Muérdago. La planta dorara que crece en torno la roble sagrado.
—¿Por qué es sagrado ese roble?
—Está unido a los dioses mediante el rayo.
—¿Crees en eso?
—Sí.
—Antes de venir aquí me dijeron que los pobladores de la marisma tenían manchas en el vientre y los pies palmeados.
—¿Lo creéis?
—No desde que te vi en el lago."
El caballero no sólo pasa por alto la sospecha de brujería, sino que decide que es el momento de trincarse a la moza, así que le dice que deben yacer bajo el árbol. Se produce entonces uno de esos momentos de atmósfera fantastique del filme. Una espectacular y ruidosa bandada de pájaros sacude la cepa del árbol con estrépito. El suceso altera lo suficiente a Crisagon como para que se le baje y deje correr el ímpetu pasional. Es como si la naturaleza le advirtiera que su deseo debe cumplirse como manda la tradición pagana.
Y la tradición indica que el momento adecuado no es otro que reclamar su derecho tras la boda. Se produce una conversación muy interesante que inicia el escudero:
—De las siete virtudes teologales, juro que la más peculiar es la castidad. Eres el amo de este lugar miserable. Ella pertenece a este lugar miserable, por tanto es tuya. Tienes derecho. La boda es mañana, tienes derecho a la primera noche. Pregúntale al cura.
—Estimado y erudito sacerdote, necesitamos vuestro consejo.
—A vuestro servicio está.
—¿Estáis bien versado en Derecho Canónico, padre?
—Bastante bien. Pero mi orden no impone la ley. Prefiere enmendar el mal hecho por los hombres debido a la falta de amor.
—Estupendo. Sobre amor queremos preguntaros. Veamos, este noble caballero necesita un poco de placer inocente.
—No existen los placeres inocentes.
—Erudito sacerdote, ¿habréis oído hablar del derecho señorial de tomar una doncella desposada en su noche de bodas?
—La Iglesia no lo admite. Es una ley pagana.
—Y estamos en tierras paganas.
—No la mañana del domingo, os lo aseguro.
—Pero este asunto es vespertino. Encontramos al alcaide con una desposada en los brazos. ¿No fue entregada libremente por su pueblo? ¿Qué dicen en Roma?
—Ius primae noctis. Así se denomina en latín.
—¿Has oído eso? En Roma es conocido.
—Y condenado por ser herejía. Con todo... Aun así...
—Hablad, buen padre.
—Mirad, la fertilidad, algunos dicen, es pagana. ¿Pero quién no es pagano en alguna ocasión? Los jóvenes de aquí no piensan más que en retozar. Dejadlo, les digo, pero ellos siguen a lo suyo. Así que, para que el diablo no los posea, les leo un pasaje de las Sagradas Escrituras. "Creced y multiplicaos", les digo. "Llenad la tierra". ¡Y vaya si me obedecen! Pero, ¿qué relación tiene esto con vuestro problema?
—La tiene, y muy clara. La parte pagana puede ajustarse a la ley pagana. No pedimos más. ¿A qué hora es la boda?
—¿La boda en la iglesia o la otra?
—¿Qué otra? Iremos a la iglesia.
—¿A reclamar ese derecho? ¡Ni se os ocurra, señores! Esta mano débil esconde rayos, y los usaré. No, no, nada de sacrilegios. ¡No en la casa de Dios! Pero, hay otra boda. Hecha al uso tribal, una ceremonia suya. Hay fiesta, beben, ríen, bailan. Oh, señores, y cómo brincan.
Antes de proseguir, me gustaría resaltar cómo subyace la idea de que la Iglesia se adapta tanto al poder feudal como a las viejas creencias de los que quiere convertir, con la única excepción de su lugar sagrado: la casa del Señor.
En otro lugar sagrado, el pagano, tiene lugar la otra boda, y lo primero que vemos de la ceremonia son los primeros planos del baile con máscaras druídricas, que enseguida me recordó The Wicker Man.
La corona de boda y el muñeco.
Plano general de la ceremonia
También se realiza una especie de eucaristía, mojando pan en vino (o en licor de hongos, vaya ustes a saber). Obviamente no se trata de una comunión católica, ya que este tipo de ritual no fue exclusivo del cristianismo.
Luego se desata una fiesta que tiene mucho de libertina y promiscua.
Finalmente, los muñecos de los novios se cuelgan en el árbol sagrado.
Cuando Crysagón irrumpe en la boda pagana y reclamo su derecho, el lider religioso de los aldeanos, padre del novio y adoptivo de la moza, detalla las normas de la pernada, que ya no sería tanto derecho como rito.
"—Aunque sea mi propio hijo, él tiene derecho. No según su ley, sino por la nuestra. Antes de que los normandos llegasen con su iglesia y su torre venerábamos a la piedra y al árbol, y en los campos sembrábamos semillas sagradas. Entonces, como ahora, se sacrificaba a una virgen por la fertilidad de la tierra y la prosperidad de nuestra tribu. Tomarla a vuestro modo sería abuso. Se hará a nuestro modo, al uso antiguo. Con un círculo de fuego, al modo sagrado de los druidas. ¿Lo aceptáis?Al caer la noche se inicia la procesión pagana al torreón con la ofrenda de la novia.
—Acepto.
—Pues preparad un lugar elevado y que vuestros hombres vayan armados, señor normando, y haciendo guardia. Cuando la luna salga se os llevará la doncella desposada. Pero, en cuanto el sol salga, iré a reclamarla."
El problema es que Crisagon de la Cruz, preso de la pasión y el amor, se negará a devolver a Bronwyn al día siguiente. Su traición es así doble: primero al credo cristiano y luego a la tradición pagana. Me encanta este plano picado, con el peso de la cruz sobre él, cuando días después sale a recorres sus posesiones.
El lugar sagrado de los paganos aparece desolado bajo la lluvia.
En el árbol sagrado está clavado el muñeco de la novia, aunque desnudo y desprovisto de ropa y corona de flores.
No sólo eso, el muñeco tiene alfileres sagrados al modo vudú. Desconozco si es una licencia, y seguro que no es la única, que esto sigue siendo Hollywood.
La traición de Crysagon es la que desata todos los sucesos posteriores, que son muchos y para eso mejor se ven la película, que merece mucho la pena. Tan sólo un apunte final: tanto él como la chica son víctimas del amor romántico, que fue una invención, una modernidad que no existía antes, y ese antes incluye tanto el cristianismo como el paganismo. Por cierto, como me han recordado en los comentarios y en redes sociales, la película causo un fuerte impacto en el poeta, crítico de arte y simbolista heterodoxo Juan Eduardo Cirlot.
27.10.13
CRÓNICAS DE SITGES 2013 (XXXIV): IL DESERTO DEI TARTARI
No suelo hablar mucho por aquí de Seven Chances, la sección del festival de Sitges que cumple veinte años y que se compone de siete películas inéditas y sin distribución seleccionadas en colaboración con la Asociación de críticos y escritores cinematográficos. Este año me acerqué a ella primero con Passion de Brian de Palma, y luego por esta copia restaurada de la película italiana El desierto de los tártaros (Valerio Zurlini, 1976). Auténtico (e impresionante) quién es quién masculino de la coproducción europea de los 70 (Vittorio Gassman, Giuliano Gemma, Philippe Noiret, Francisco Rabal, Fernando Rey, Jean-Louis Trintignant, Max von Sidow) adapta la más famosa novela del escritor Dino Buzzatti. Historia de un destacamento militar enviado a un enclave desértico a la espera de un ataque tártaro que lleva dos siglos de retraso, tiene enormes virtudes por su uso del paisaje natural (iraní) y por una impresionante atmósfera fantástica, fantasmagórica y absurda que todo lo domina y que la convierte en una cinta muy hipnótica. También es justo decir que se aletarga en su parte final y que probablemente explique mal esa metáfora sobre perder una vida entera esperando una honorable batalla que, cuando llega, te deja viejo y a un lado.
Bola Extra: Les dejo la ilustración del gran Jano realizado para el estreno español de los 70, que visto ahora se convierte en máxima expresión del cartelismo de trola del cine de barrio. Esa imagen de acción y combate no es que jamás se produzca en la película, es que es la que esperan durante toda su vida los protagonistas sin que nunca llegue. Lo mismo que debió pasarles a los espectadores de la época en un acto que es pura poesía de derribo y metalenguaje por las razones equivocadas.
6.10.12
CRÓNICAS DE SITGES (IV): HOLY MOTORS
Reconozco que a Leo Carax le tenía perdido el rastro, en parte porque hace tiempo que he embrutezido el cine que veo y se me ha desinflado el callo cinéfilo para películas ésta, abocadas a territorios artísticos y visualmente poéticos. Así que me cuesta vencer la pereza porque practicar el funambulismo de la pretensiocidad a menudo ciega a autor. Afortunadamente, no ha sido el caso. Y no lo digo por la película sino por mí como espectador.
Cuando en la rueda de prensa le preguntaron a Angel Sala si podía citar aquella película de Sitges 2012 que iba a impactar por violenta y salvaje, el director del certamen fintó para afirmar que Sitges no programa buscando la provocación, sino que hay gente que se siente provocada. Y luego apuntó que este año si había alguna provocación era este Holy Motors de Carax, pero que era otro tipo de provocación, que era provocación artistica.Durante la proyección, cerca de mí, alguien se revolvió en su butaca y susurro que era una tomadura de pelo. Alguien se sentía provocado, sí, pero en esta ocasión era una minoría y, bravo, yo no estaba en ella. El resto de la sala se debatía entre la fascinación y el entusiasmo; por una vez podía sentir la proximidad de esas emociones.
Tampoco vi tanta provocación, que conste. tampoco ruptura. De entrada,es obvio su canto simbólico y surreal al oficio del actor como expresión física del arte de contar historias. Eso es muy del teatro de vanguardia y tiene ya 100 años por lo menos, pero hay belleza y tampoco se trata exactamente de eso, porque al final la cosa resulta ir más por derramar lágrimas hermosas por el cine, un tipo de cine, que se nos hace viejo y, sobre todo, por lo que supone para el espectador. Así que la cosa al final va sobre quien lo mira, cómo lo mira y que forma tiene: unas limusinas cuyo futuro está negro porque el siglo XXI aboca al turismo utilitario de bajo precio.
En el despiste inicial es vital el impresionante trabajo actoral de Denis Lavant (premio seguro). pocas veces se ha visto algo así. Tan sólo decir que mi amor por Holy Motors se disparo exponencialmente con el pasaje del duende en el cementerio, amenizado con las músicas que el maestro Ifukube compuso para los Godzillas de la Toho. Con cosas así, cómo no iba a rendirme.
4.10.12
CRÓNICAS DE SITGES 2012 (I): EL CUERPO
Hoy comienza el Festival de Cine Fantástico de Sitges e inauguro también mis crónicas urgentes, escritas deprisa y corriendo, sin tiempo para meditar ni repasar y lanzadas tan pronto como puedo hacerlas. El certamen se inaugura hoy con la española El Cuerpo (Oriol Paulo, 2012). Es la tercera vez que Belén Rueda protagoniza la gala de apertura, en lo que ya es una comunión que pocos imaginaban pero con evidentes resultados comerciales (El orfanato fue un éxito y Los ojos de Julia no funcionó nada mal). La operación taquilla incluso se refuerza con la presencia de José Coronado, del que antes decíamos que era mal actor y que aquí es quien probablemente salva la película una vez se supera el impacto de verle con flequillo lacio y repitiendo el papel de policía con problemas.
Reconozco que he entrado a la proyección con la certeza de que iba a ver una película que no me iba a gustar y al final no me ha parecido tan mala y con la que he pasado el rato. El giro argumental y el último plano me han hecho gracia, así que he salido del cine sin la sensación de haber perdido demasiado el tiempo. Y eso que la película tiene sus delitos y problemas, especialmente por culpa de los flashbacks. Alguien debería legislar sobre los flashbacks. Aquí, cada vez que el argumento mira al pasado la película se ensimisma y atonta. El problema es que sin flashbacks no hay Belén Rueda (que es el cadáver misteriosamente desaparecido de la morgue) y sin Belén Rueda no hay producto ni reclamo. Tengo la sospecha que El Cuerpo, sin flashbacks ni subrayados argumentales en negrita ganaría enteros. Hay que ser más coreano, coño.
La película también tiene sus trampas, y pese a ser un tema que tengo superado porque el cine se fundamenta en la mentira reconozco que aquí hay al menos una secuencia trola bastante indigna, y un problema grave con los actores de reparto. Pese a todo, a ratos ha mantenido mi interés subterráneo.
11.8.10
IBAN UN DANÉS, UN SUECO Y UN NORUEGO EN UN AVIÓN
Me han pedido un texto alrededor del tema Anomalías en la comedia europea. Limitado a las dos últimas décadas y de ámbito continental, por lo que la Gran Bretaña queda al margen. El elemento cronológico supone dejar a un lado todas las películas de comedia popular y de derribo de los 60 y 70s, es decir, de Alvaro Vitali (Jaimito) a Louis de Funes pasando por nuestras españoladas, que ya saben que pese a sus peculiaridades sociológicas no eran tal porque las hacía todo el Mundo. Bueno, en ellas uno puede percibir también un ámbito cultural mediterráneo que nos lleva a lo geográfico como elemento distintivo; porque, claro, uno puede ver clara la alegría de vivir y el humor grueso propio del Sur de Europa por mucho que los alemanes hicieran películas de tirolesas en pelotas, pero eso implica preguntas tan complejas como: ¿Existe un humor finlandés? ¿Los daneses ríen? ¿Las películas holandesas de risa tienen personalidad propia? ¿Se puede ser feliz y transmitirlo si se vive en la Tundra o los Cárpatos? ¿ La Vieja Europa sepulta cualquier atisbo de sentido del humor? ¿Supone la Europa de los 27 otros tantos espacios para comedias de consumo interior que apenas traspasan sus fronteras? ¿El torrentismo es un fenómeno exclusivamente español?
Así que ando estos días mirando comedias europeas sin descanso, intentando hallar respuestas mientras surgen nuevas preguntas y alguna sospecha. Por eso les he hablado los últimos días del reverso oscuro de Amelie o del idiota como motor del cambio social. Y ahí sigo, consumiendo cine y tomando algunos apuntes que dejo por aquí para no olvidarlos y ver cómo funcionan, a la espera de que todo cobre orden y sentido.
Volviendo al tema geográfico o nacional, creo que el problema se expresa bien con el ejemplo de un tipo de chiste que todos ustedes conocerán, aquel que comienza diciendo Iban un inglés, un francés, un alemán y un español en un avión. La cuestión es si los alemanes hacen el mismo tipo de chiste intercambiando el papel del español. Planteo la pregunta y me dicen que los suecos hacen numerosos chistes sobre los noruegos porque, a ojos de un sueco, un noruego es un tipo realmente extraño.

Así que decido empezar con los suecos, tan mitificados en la comedia mediterránea por lo que hace a su componente femenino. El problema es que uno piensa en cine sueco y lo primero que viene a la cabeza, después de las suecas, es Bergman, que será todo lo que quieran menos chistoso. Bergman, por mucho que se empeñe Woody Allen, supone una losa difícil de llevar cuando uno se plantea la existencia de un sentido del humor nórdico. Su adusta sombra planea de tal forma que estoy a punto de afirmar que no existen películas suecas que den risa hasta que me acuerdo de La cabeza sobre el agua de Nils Gaup, excelente y negrísima comedia en la que precisamente una sueca, de vacaciones con su marido en una isla donde sólo hay un vecino pescador, ve enturbiada su normalidad ante la aparición de un antiguo amante. A partir de aquí se arma un enredo que pertenece al noble subgénero de la comedia con cadáver y que evoluciona hacia el thriller, porque la comedia casi siempre es mutante. La cabeza sobre el agua funcionaba tan bien que fue objeto de un remake made in USA con Cameron Diaz haciendo de sueca, una única mejora porque como suele suceder la original es mucho mejor y el calco, innecesario.

Me quedo con la idea de que los suecos hacen películas de un humor muy poco sueco y me pongo Kops. ¡Bingo! La película describe el devenir cotidiano de una minúscula comisaría rural donde nunca pasa nada. Paz y monotonía absoluta excepto cuando se escapa alguna vaca. A pesar de la tópica adicción al pastelito y la comida grasa como pasatiempo, estos polis están a años luz de los de las películas norteamericanas. El contraste es buscado pues uno de ellos vive obsesionado con Arma Letal o La jungla de cristal, y sueña con tiroteos a lo Matrix (en clave paródica, claro). La normalidad se ve interrumpida (porque la comedia siempre gira alrededor del cambio) cuando la administración anuncia que cerrará la comisaría por falta de delitos y los policías deciden cometerlos ellos mismos para evitar el traslado. La película se deja ver con agrado, tiene sus gags y es aceptablemente divertida, pero va perdiendo fuelle según avanza, también por culpa del elemento romántico (uno de los policías se enamora de la funcionaria que ha venido a desmantelar el chiringuito). Y así acaba por ser una comedia absolutamente normal, sin demasiada chicha más allá del retrato de una Suecia donde nunca pasa nada.

Bueno, ya he visto que los suecos hacen comedias normales; me paso pues a los noruegos, que son esos señores que los suecos ven tan raros. La elegida es Fatso y de nuevo canto Bingo. Fatso es una comedia bastante anómala pese a que el molde inicial es clásico: friki conoce a chica. El friki es un orondo joven, aficionado a dibujar cómics para consumo interno, obsesionado con el sexo y voyeur pertinaz que ve enturbiada su patética paz con la llegada de una estudiante sueca, precisamente. Como comedia romántica es extraña e incómoda. Primero por lo desagradable de algunas situaciones y diálogos (en especial todo lo referente al taxista amigo del protagonista); segundo, por las animaciones que jalonan el metraje, basadas en las historietas que dibuja el protagonista y que lucen un estilo claramente inspirado en Crumb y el underground y donde el elemento fálico lo es todo menos simbólico: un superhéroe de gran pene que inunda el mundo con eyaculaciones tsunámicas. Al final, la catarsis del protagonista llegará por la vía de la amputación sexual, con canto a la felicidad incluido. Pura subversión de la comedia adolescente de toda la vida que da la razón a los suecos: los noruegos son gente extraña.

Curiosamente, Fatso tiene numerosos puntos en común con la excelente Paganfantas de Borja Cobeaga, la comedia española más fresca y resultona estrenada en años. El pagafantas es el eterno amigo de la chica de la cual está enamorado pero en la que no despierta ningún deseo amoroso. Una tensión sexual inexistente en uno de sus extremos. Uno de los gags recurrentes de la película es la descripción del pagafantas como especie animal, en un formato que remite a los documentales de toda la vida sobre fauna. Así, vemos comportamientos descritos como “hacer la cobra”, “el abrazo del koala” o “hacer el lemur” que demuestran que estamos ante un tipo humano de la especie pagafantas. Lo sorprendente, cuando uno visiona Fatso con la película de Borja Cobeaga en mente, es descubrir la universalidad del pagafantismo. Todos esos comportamientos reaparecen en pantalla, aunque la resolución de “hacer el lemur” resulta en Fatso sumamente desagradable y patética. Y es que lo noruego tenía que salir por algún lado.
Así que ando estos días mirando comedias europeas sin descanso, intentando hallar respuestas mientras surgen nuevas preguntas y alguna sospecha. Por eso les he hablado los últimos días del reverso oscuro de Amelie o del idiota como motor del cambio social. Y ahí sigo, consumiendo cine y tomando algunos apuntes que dejo por aquí para no olvidarlos y ver cómo funcionan, a la espera de que todo cobre orden y sentido.
Volviendo al tema geográfico o nacional, creo que el problema se expresa bien con el ejemplo de un tipo de chiste que todos ustedes conocerán, aquel que comienza diciendo Iban un inglés, un francés, un alemán y un español en un avión. La cuestión es si los alemanes hacen el mismo tipo de chiste intercambiando el papel del español. Planteo la pregunta y me dicen que los suecos hacen numerosos chistes sobre los noruegos porque, a ojos de un sueco, un noruego es un tipo realmente extraño.

Así que decido empezar con los suecos, tan mitificados en la comedia mediterránea por lo que hace a su componente femenino. El problema es que uno piensa en cine sueco y lo primero que viene a la cabeza, después de las suecas, es Bergman, que será todo lo que quieran menos chistoso. Bergman, por mucho que se empeñe Woody Allen, supone una losa difícil de llevar cuando uno se plantea la existencia de un sentido del humor nórdico. Su adusta sombra planea de tal forma que estoy a punto de afirmar que no existen películas suecas que den risa hasta que me acuerdo de La cabeza sobre el agua de Nils Gaup, excelente y negrísima comedia en la que precisamente una sueca, de vacaciones con su marido en una isla donde sólo hay un vecino pescador, ve enturbiada su normalidad ante la aparición de un antiguo amante. A partir de aquí se arma un enredo que pertenece al noble subgénero de la comedia con cadáver y que evoluciona hacia el thriller, porque la comedia casi siempre es mutante. La cabeza sobre el agua funcionaba tan bien que fue objeto de un remake made in USA con Cameron Diaz haciendo de sueca, una única mejora porque como suele suceder la original es mucho mejor y el calco, innecesario.

Me quedo con la idea de que los suecos hacen películas de un humor muy poco sueco y me pongo Kops. ¡Bingo! La película describe el devenir cotidiano de una minúscula comisaría rural donde nunca pasa nada. Paz y monotonía absoluta excepto cuando se escapa alguna vaca. A pesar de la tópica adicción al pastelito y la comida grasa como pasatiempo, estos polis están a años luz de los de las películas norteamericanas. El contraste es buscado pues uno de ellos vive obsesionado con Arma Letal o La jungla de cristal, y sueña con tiroteos a lo Matrix (en clave paródica, claro). La normalidad se ve interrumpida (porque la comedia siempre gira alrededor del cambio) cuando la administración anuncia que cerrará la comisaría por falta de delitos y los policías deciden cometerlos ellos mismos para evitar el traslado. La película se deja ver con agrado, tiene sus gags y es aceptablemente divertida, pero va perdiendo fuelle según avanza, también por culpa del elemento romántico (uno de los policías se enamora de la funcionaria que ha venido a desmantelar el chiringuito). Y así acaba por ser una comedia absolutamente normal, sin demasiada chicha más allá del retrato de una Suecia donde nunca pasa nada.

Bueno, ya he visto que los suecos hacen comedias normales; me paso pues a los noruegos, que son esos señores que los suecos ven tan raros. La elegida es Fatso y de nuevo canto Bingo. Fatso es una comedia bastante anómala pese a que el molde inicial es clásico: friki conoce a chica. El friki es un orondo joven, aficionado a dibujar cómics para consumo interno, obsesionado con el sexo y voyeur pertinaz que ve enturbiada su patética paz con la llegada de una estudiante sueca, precisamente. Como comedia romántica es extraña e incómoda. Primero por lo desagradable de algunas situaciones y diálogos (en especial todo lo referente al taxista amigo del protagonista); segundo, por las animaciones que jalonan el metraje, basadas en las historietas que dibuja el protagonista y que lucen un estilo claramente inspirado en Crumb y el underground y donde el elemento fálico lo es todo menos simbólico: un superhéroe de gran pene que inunda el mundo con eyaculaciones tsunámicas. Al final, la catarsis del protagonista llegará por la vía de la amputación sexual, con canto a la felicidad incluido. Pura subversión de la comedia adolescente de toda la vida que da la razón a los suecos: los noruegos son gente extraña.

Curiosamente, Fatso tiene numerosos puntos en común con la excelente Paganfantas de Borja Cobeaga, la comedia española más fresca y resultona estrenada en años. El pagafantas es el eterno amigo de la chica de la cual está enamorado pero en la que no despierta ningún deseo amoroso. Una tensión sexual inexistente en uno de sus extremos. Uno de los gags recurrentes de la película es la descripción del pagafantas como especie animal, en un formato que remite a los documentales de toda la vida sobre fauna. Así, vemos comportamientos descritos como “hacer la cobra”, “el abrazo del koala” o “hacer el lemur” que demuestran que estamos ante un tipo humano de la especie pagafantas. Lo sorprendente, cuando uno visiona Fatso con la película de Borja Cobeaga en mente, es descubrir la universalidad del pagafantismo. Todos esos comportamientos reaparecen en pantalla, aunque la resolución de “hacer el lemur” resulta en Fatso sumamente desagradable y patética. Y es que lo noruego tenía que salir por algún lado.
26.1.10
HOLLYWOOD, AVATAR Y LA INFLACIÓN
Hoy Hollywood se ha despertado con la noticia de que Avatar ha superado a su hermana Titanic como película más taquillera de la historia. Nada que objetar en términos de pasta: ninguna película ha puesto más billetes de dólar en los bolsillos de Hollywood. Pero siempre hay un pero: nuestros abuelos no pagaron lo mismo que nosotros para entrar en una sala en la que se proyectaba Lo que el viento se llevó (no sé lo que costaba el cine en 1939 ¿Una peseta?). El ranking de películas más taquilleras que mueve y publicita la industria del cine hollywoodiense prescinde de la inflación, y eso permite que cada cierto tiempo el filme que atiborra sus arcas en esos momentos reciba un plus de promoción gratuita llenando páginas de los periódicos y minutos de televisión. Sin ir más lejos, hace un par de años El caballero oscuro estuvo a punto de batir a Titanic colocándose en segundo lugar y hace seis era El retorno del Rey la que competía, en una curiosa y reveladora paradoja: una tercera entrega que da más dinero que sus predecesora. La web Box Office Mojo tiene un apartado en el que sí se tiene en cuenta la inflación, la carestía de la vida que se decía antes, y que toma las recaudaciones de antaño y las actualiza al presente dando lugar a un ranking que, en sus tres primeras posiciones, no se mueve desde 1977; cosa que, obviamente, da poco juego promocional e informativo (imaginen treinta años sin esta noticia más o menos recurrente). Según esta tabla, Avatar ocupa un honroso 26º puesto (entre Grease y Operación Trueno) que, aún así, queda lejos de la película por la que pagaron nuestros abuelos: Lo que el viento se llevó.
19.8.08
EL DIBUJANTE DE CÓMIC Y LA GUERRA DE SEXOS

- El hombre estadounidense lleva demasiado tiempo sintiéndose intimidado, mimado, malcriado, esclavizado como un idiota sin cerebro por la hembra de la especie!¿Se dan cuenta del poder que tienen hoy en sus manos? Si un hombre, un solo hombre, puede asesinar a su esposa y salirse con la suya... ¡Tenemos la vida resuelta!El diálogo pertenece a la penúltima escena de How To Murder Your Wife (Cómo matar a la propia esposa; Richard Quine, 1965). Al final del juicio, el jurado, formado por varones que se descubren dominados por sus esposas, declaran inocente al presunto asesino como una liberación. Las mujeres pierden la batalla y salen cabizbajas. Una carga de profundidad ciertamente brutal que hoy escandalizaría a muchos. Vale, el protagonista regresa absuelto a casa y allí se encuentra a su mujer, que no estaba muerta sino fugada tras descubrir el plan de su marido; y se besan con pasión, porque la comedia hollywoodiense siempre debe acabar con un beso, pero eso no importa porque no invalida la sentencia judicial, emitida con la creencia de que ciertamente Jack Lemmon ha matado a su esposa, Virna Lisi.
- ¡Así se habla!
- Caballeros, es cierto. Yo la maté. Yo asesiné a mi mujer.¡Les pido que me absuelvan! ¡Que me absuelvan por homicidio justificado! Y no es por mi propio bien. Sino por el suyo.
- Señores miembros del jurado, ¿cuál es su veredicto?
-¡Inocente! ¡Inocente!

How To Murder Your Wife es una divertida comedia de las que yo llamo awilderadas, es decir, que va tras la estela de Billy Wilder. Y más o menos lo consigue, salvado las distancias, con una historia en la que a través de la historia de un exitoso profesional, de soltería militante, que una noche de borrachera se casa con una Virna Lisi que ha salido de un pastel. A partir de ahí se inicia la doma del varón por parte de la hembra, hasta que aquel, viéndose humillado, decide tomar cartas en el asunto. Da una visión masculina en la que el American Way of Live de los 50s sería un mundo perfecto si no fuera por la aparición de un terrible enemigo: el ama de casa de clase media-alta.



La maldición, el embrujo de la fémina, en plano-contraplano.
La película entra de lleno en la corriente del cine manierista norteamericano de los 50-60, aquel que es consciente de su propio vehículo narrativo, y juega así a romper el cuarto muro y dirigirse directamente al espectador, entre otros detalles (como el ya clásico enmarco constantemente de los personajes). Y utiliza esas artes con esa visión paródica y salvaje de la guerra de sexos ya desde el inicio, con el criado del protagonista (el siempre competente Terry Thomas) ejerciendo de narrador y lanzando desde el principio el mensaje al espectador masculino:
Éste es el salón del Sr. Ford. Fíjense en la total ausencia del llamado "toque femenino". Nada de tejidos alegres ni lámparas aparatosas. Aquí todo es masculino. Y perfecto. Es el tipo de casa que usted podría haber tenido si hubiese sido sensato y no se hubiese casado. El Sr. Ford, al contrario que usted, pobre diablo, fue lo bastante listo para no casarse y, por lo tanto, es un hombre totalmente feliz.

Pero hay un detalle en How to Murder Your Wife que siempre llamó mi atención y sobre el que siempre se pasa de puntillas. Stanley Ford, el protagonista, es dibujante de cómic. Desde ese punto de vista, llama mucho la atención su estilo de vida lujoso. Se permite un criado y, por ejemplo, este es su estudio.

Stanley Ford es el dibujante de una tira de éxito, Bash Brannigan, Agente Secreto. La idea de un dibujante millonario seguro que hoy en día puede sorprender. Siempre he pensado que la referencia era Alex Raymond, famoso también por su afición a los coches deportivos, y su personaje Rip Kirby, que también tenía un mayordomo que es difícil no poner en paralelo con el encarnado por Terry Thomas. Stanley Ford tiene un sistema de trabajo peculiar:




El uso de fotografías como documentación referente ha sido siempre muy habitual en cómic. El detalle está en que el dibujante protagoniza la acción de las fotografías, tomadas por el criado. Y su lema es público, y base del éxito: Bash Brannigan no hace nade que Stanley Ford no pueda hacer y fotografiar. Hay, pues, un vínculo estrecho entre personaje y autor. En el momento en que comete el error de contraer matrimonio con Virna Lisi, la tira introduce un cambio crucial: Bash Brannigan también se casa.

Las tiras de la película, por cierto, fueron dibujadas por Mel Keefer. Pero prosigamos. El dibujante pierde su forma física y para su personaje se acaban las aventuras de acción. Bash Brannigan, Agente Secreto se convierte en The Brannigans y el costumbrismo matrimonial se hace amo y señor; un costumbrismo, por cierto, claramente autobiográfico, pues Stanley Ford sigue fiel a su lema y solo dibuja lo que a él le pasa, en este caso pequeñas tragedias de humillación masculina.





Sorprendentemente, o no, la tira no se resiente a nivel de lectores, sino todo lo contrario. El público masculino se identifica con el sometimiento de Bash a la fémina y, por el camino, se gana al público femenino. Cuando la situación matrimonial del dibujante se vuelve insostenible, decide tomar cartas en el asunto y trasladarlo públicamente a la exitosa tira. Es algo que realmente la película no se detiene a explicar (seguramente porque el espectador de los 50-60 estaba acostumbrado a que no le dieran las cosas en exceso masticadas). Stanley Ford quiere asesinar a su esposa, pero como no puede, lo que hace es salvar a su personaje, Bash Brannigan. El crimen se planifica y ejecuta día a día.









Me parece muy intersante. Stanley Ford decide separar su sometida vida de casado de Bash Brannigan, para que este regrese a su situación anterior como agente secreto. Y le da igual que suponga la pérdida de sus nuevas lectoras femeninas. A largo plazo también supone abandonar su lema. Bash hará, tras el crimen, las cosas que Stanley Ford no puede hacer. Y aunque suponga romper su lema, la planificación narrativa del crimen se hace siguiéndolo al pie de la letra. El autor compra los objetos necesarios y ejecuta el plan en paralelo, fotografiado por su mayordomo, aunque en vez de arrojar a su esposa al foso de cemento, utiliza un maniquí. Fíjense que aquí se produce un pequeño gazapo: la inclusión del maniquí como material necesario para el crimen. En realidad, el maniquí es material necesario para el dibujante, no para el personaje.
Pero más allá del error del maniquí, que podría haber utilizado en su defensa en el juicio por el crimen (no cometido, pero público), y de todo el interesante juego narrativo aquí explicado, con el autor utilizando al personaje para liberar sus peores deseos, hay un detalle que me llama mucho la atención. Vista ahora, How To Murder Your Wife aventura y profetiza sin querer el camino que iba a realizar el cómic. En los 50-60 la tira de prensa era la forma del medio que garantizaba el prestigio y los lectores adultos. Hoy es la llamada novela gráfica, que en la mayoría de casos toma forma autobiográfica, como Los Brannigans. A partir de ahí el autor, tergiversa la historia para amoldarla a sus deseos.
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