31.5.07

MASCARADA EN ORIENTE MEDIO (IV)




Las tapaderas de la CIA están generalmente diseñadas para resultar mundanas y rara vez atraen atención alguna. Así es como comenzó el plan de Mendez. Proporcionaría documentación canadiense a los americanos, dados la cultura e idioma comunes – y bueno, a todo el mundo le gustan los canadienses. Sin embargo, Mendez necesitaba pensar en una excusa que explicara qué hacían seis canadienses vagando por medio del teocrático levantamiento iraní. Había multitud de periodistas norteamericanos, cooperantes, asesores petrolíferos en el país. Pero estaban fuertemente monitorizados y eran bien conocidos por las autoridades. El Departamento de Estado pensó en hacerlos pasar por maestros en paro, hasta que alguien se dio cuenta de que todas las escuelas de inglés estaban cerradas. Cuando el gobierno canadiense sugirió que se hicieran pasar por nutricionistas inspeccionando cosechas, Mendez descartó la idea por absurda: “Ha estado alguna vez en Teherán en Enero? Está todo nevado. Y por supuesto, no hay agricultura.”

Estaba atascado. Durante cerca de una semana, a nadie en Washington o en Ottawa se le ocurrió ninguna razón por la cual alguien pudiera estar en Teherán. Hasta que Mendez pensó en un inusual pero extrañamente creíble plan: Se convertiría en Kevin Costa Harkins, un productor de cine irlandés quien conducía a su equipo de pre-producción por todo Irán buscando localizaciones para un film épico hollywoodiense de gran presupuesto. Mendez ya tenia contactos en Hollywood gracias a pasadas colaboraciones (después de todo, estaban en el mismo negocio, la creación de falsas realidades). No resultaría demasiado sorprendente, pensó Mendez, que un puñado de excéntricos individuos de Tinseltown ignorara por completo la situación política del Irán revolucionario. El gobierno iraní, por increíble que parezca, intentaba fomentar la inversión internacional en el país. Necesitaban divisas en metálico, y la producción de una película podía significar la entrada de millones de dólares americanos.

Mendez pasó a sus superiores el plan de operaciones, con un análisis del objetivo, misión y logística. La tarea a realizar era tan complicada que sus jefes ya habían indicado que eran reacios a firmar cualquier cosa que no fuera una misión de exfiltración sin fisuras. Sin embargo, esta propuesta era lo suficientemente detallada como para ser aprobada por ellos y por la Casa Blanca. Su plausibilidad, como se dice en el negocio del espionaje, era buena.



Para montar su tapadera, Mendez metió 10.000$ en su maletín y voló hasta Los Ángeles. Llamó a su amigo John Chambers, veterano artista del maquillaje, ganador en 1969 de un Oscar de la Academia por El Planeta de los Simios y uno de los más antiguos colaboradores de Mendez para la CIA. Chambers trajo a su colega en efectos especiales, Bob Sidell. Todos ellos se reunieron a mediados de Enero, y Mendez les informó sobre la situación y su plan. Chambers y Sidell, pensaron en los rehenes que veían cada noche en televisión y rápidamente se apuntaron.

Mendez sabía que tenían que planear el ardid hasta el último detalle. “Si alguien lo comprueba”, dijo, “necesitamos que los fundamentos estén ahí”. Si se descubría todo, sería embarazoso para el gobierno, comprometería a la agencia, y pondría en peligro sus vidas y las vidas de los rehenes en la embajada. Los militantes habían anunciado desde un principio que cualquier intento de rescate conduciría a su ejecución.

En solo cuatro días, Mendez, Chambers y Sidell crearon una falsa productora de Hollywood. Diseñaron tarjetas de visita, falsas identidades para los seis miembros del equipo de localizaciones, incluidos todos sus trabajos anteriores. Las oficinas de la productora se encontrarían en una suite de los Estudios Subset Cower, en lo que había sido un terreno propiedad de Columbia, dejado vacante después de que Michael Douglas terminara El Síndrome de China.



Todo lo que necesitaban ahora era una película – y Chambers tenía el guión perfecto. Meses atrás, había recibido la llamada de un posible productor llamado Barry Geller. Geller había adquirido los derechos de la novela de ciencia ficción de Roger Zelazny, El Señor de la Luz, había escrito su propio tratamiento, recaudado unos pocos millones de dólares como capital inicial procedente de varios ricos inversores y contratado a Jack Kirby, el famoso artista del comic y co-creador de los X-Men, para hacer los dibujos de pre-producción. Como parte del proceso, Geller había pensado crear un parque temático en Colorado que estaría basado en los diseños de Kirby y que se llamaría Science Fiction Land; incluiría una noria de 100 metros de altura, coches de levitación magnética manejables con la voz, una “sala de control planetario” comandada por robots y una cúpula casi dos veces más alta que el Empire State Building. Geller había anunciado su magnífico plan en Noviembre durante una conferencia de prensa en la que estuvo presente Jack Kirby, el exjugador de fútbol americano y futuro miembro del elenco del parque Rosey Grier, así como varias personas disfrazadas de visitantes del futuro. Poco después, el segundo al mando del equipo de Geller fue arrestado por desfalco, y el proyecto de una adaptación de El Señor de la Luz se evaporó.



Como Chambers había sido contratado por Geller para el ocuparse del maquillaje del film, todavía tenía el guión y los dibujos en casa. El argumento, una historia de ciencia ficción inspirada en el misticismo hindú, tenía lugar en un planeta colonizado. El paisaje iraní era muy apropiado para muchas de los accidentados escenarios requeridos por el guión. Un famoso bazar clandestino en Teherán era incluso idéntico a una de las localizaciones necesarias. “Esto es perfecto”, dijo Mendez. Le quitó la portada al guión y le dio un nuevo nombre, Argo – como el navío utilizado por Jasón en su audaz viaje a través del mundo en busca del vellocino de oro.

La nueva productora llenó sus oficinas de líneas telefónicas, máquinas de escribir, pósters y películas, y un cartel en la puerta: STUDIO SIX PRODUCTIONS, en referencia a los seis americanos que aguardaban ser rescatados. Sidell leyó el guión y esbozó un calendario para un mes de rodaje. Mendez y Chambers diseñaron un anuncio para el film y compraron una página de publicidad en Variety y The Hollywood Reporter. La noche antes de que Mendez volviera a Washington, Studio Six organizó una fiesta en el Brown Derby, en la que brindaron por su “producción” y Mendez cogió varios cerilleros como atrezzo adicional y para fomentar la buena fe de Hollywood. Poco después, la publicidad de Argo apareció anunciando que el rodaje principal comenzaría en Marzo. El título del film estaba escrito en agitadas letras sobre fondo negro. A su lado, un agujero de bala y una frase “Una conflagración cósmica.”




Mascarada en Oriente Medio (V)


Mascarada en Oriente Medio (Intro)