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8.11.08

UNA CITA CON EL ESPÍRITU DE ROB


31.7.08

EL QUESO ATÓMICO

La última y fascinante aplicación vintage de la radioactividad a la que llego. Hemos visto por aquí supositorios radioactivos, vajillas que brillan en la oscuridad (y en nuestros labios), cosméticos de todo tipo... pero esto... esto... la utilidad del radio como conservante de alimentos llevo a aplicarlo... ¡En el queso Camembert! La marca Le Radium garantizaba que el camembert había sido tratado radioactivamente, y para que no hubiera ninguna duda así lo dibujaba en todos sus quesos. Fíjense en el imparable doble flujo de rayos atómicos sobre toda la producción (y sobre la señora quesera). Desconocemos las mutaciones que el consumo compulsivo de queso camembert radioactivo produjo en la Francia de principios de siglo. Fuente.

17.5.08

FOLK CANÍBAL

canibales de Brasil

Qué duda cabe que uno de los grandes aciertos de George A. Romero en La Noche de los muertos vivientes fue la introducción del canibalismo como elemento del zombi moderno, quizá el más importante en cuanto a enriquecedora modificación del concepto de zombi que se tenía hasta la fecha, tan exótico como gótico... pero también social (por ser grupo y por ser esclavo). Tampoco hay que olvidar que el espectro (o incluso el muerto) que se alimenta de cadáveres es un monstruo icónico de leyendas y cuentos de horror desde los albores de la humanidad, de la misma forma que lo es el canibalismo. Porque esta es otra, claro: que antes que el muerto que se comía al muerto estaba el vivo que se comía al vivo. Y así, por citar, los jesuítas que se fueron a Brasil a mediados del siglo XVI reportaron casos de canibalismo en alguna tribu aborigen de la misma forma que se puede rastrear la leyenda de Sawney Bean, el endógamo caníbal que vivía en una cueva y se zampaba transeuntes, originada en Escocia de un siglo antes, hay quien dice que por ingleses con ganas de crear una mala imagen de los habitantes del frío norte, en clara muestra de que el Agit Prop no se inventó ayer. Y no olviden a la bruja de Hansel y Gretel.


Les digo esto porque hacía tiempo que tenía en mente ordenar estas cuatro ideas dispersas sobre el tema caníbal a cuenta de Sweeney Todd, el musical de Stephen Sondheim resucitado (de manera bastante aceptable) por Tim Burton. Lo mejor de todo es, pero, esa idea tan bellamente bizarra de hacer un musical con tales mimbres, todo un homenaje de Broadway (a menudo tan apolilado) al teatro de sangre y al grand guignol parisino. La historia del barbero asesino y la posadera que convierte en pastelitos los cadáveres ya tuvo una versión fílmica (ajena a toda opereta cantada) en 1936. La leyenda de del barbero diabólico nace a mediados del siglo XIX en The People's Periodical, un periódico amarillista, y por tanto siniestramente pOp (como bien demuestra el título de la publicación), que relataba los hechos como si fueran reales y acaecidos en la calle Fleet cincuenta años antes (es decir, en 1808) y que rápidamente se convirtió en un folletín por entregas.


Sweeney Todd, como tal, era pura invención, pero presentaba un tipo de canibalismo muy del gusto popfolk, es decir, lleno de la picaresca de las gentes del pueblo: la del gato por liebre.
«Mira, esto que te estás zampando no cerdo: no ves ese trozo de uña». El cine de derribo también lo ha utilizado en ocasiones, en pelis como Bloodthirsty Butchers (1970) o Motel Hell (a la que se guiña en Planet Terror), porque el bajo presupuesto si algo es es caníbal. Me lanzo a decir esto porque el abuelito ha encontrado en su desván (un desván que hace palidecer los archivos de la Mansión Ausente) una muestra popular madrileña (sin fechar, aunque del siglo pasado) que sitúa la historia en el París de 1415. Y eso concuerda con el medieval Espill o Llibre de les dones de Jaume Roig (escrito en 1460), una de las primeras muestras escritas en lengua valenciana medieval y cuyo protagonista, el propio escritor, relata al principio anécdotas de su periplo europeo. En Espill no hay barbero pero sí una posadera parisina que sirve a sus clientes pastelitos de carne humana. El cambio a mujer, cierto o no, pero mantenido en el desdoblamiento barbero y pastelera, tiene todo el sentido a una obra toda ella muy misógina. No puedo resistirme a ponerles por aquí el fragmento entero, procedente del final del pirmer libro. Como sé que algunos de ustedes pueden tener problemas con el valenciano medieval, a continuación lo traduciré muy libremente, saltándome trozos que me compliquen la vida y cosas así. Pero tengan en cuenta que en el original todo rima.
Mes, aquell any,
un cas strany,
en lo mon nou,
jorn de Ninou
s’i esdevench:
yo tingui·l rench,
ffiu convidar
tots a sopar
qui junt haviem.
Alli teniem
de tots potatges,
de carns salvatges,
volateria,
pastiçeria
molt preçiosa,
la pus famosa
de tot Paris.
En hun pastis,
capolat, trit,
d’om cap de dit
hi fon trobat.
Ffon molt torbat
qui·l conegue;
reguonegue
que y trobaria:
mes hi havia
un cap d’orella.
Carn de vedella
creyem menjassem
ans que y trobassem
l’ungla y el dit
tros mig partit.
Tots lo miram
he arbitram
carn d’om çert era.
La pastiçera,
ab dos aydans
– ffilles ja grans –,
era fornera
he tavernera.
Dels que y venien,
alli bevien,
alguns mataven,
carn capolaven,
ffeyen pastells,
he dels budells
ffeyen salsiçes
o llonguaniçes
del mon pus fines.
Mare y fadrines,
quants ne tenien
tants ne venien,
he no y bastaven.
Elles mataven
alguns vedells,
ab la carn d’ells
tot ho cobrien,
asaborien
ab fines salses.
Les dones falses,
en hun clot tou
ffondo com pou,
descarnats ossos,
cames e toços,
alli·ls metien,
he ja l’omplien
les fembres braves,
cruels e praves,
infels, malvades,
e çelerades,
abominables.
Cert, los diables
com los mataven,
crech los aydaven,
he lo dimoni.
Ffas testimoni
que·n mengi prou,
may carn ni brou,
perdius, guallines
ni francolines,
de tal sabor,
tendror, dolçor,
may no senti.
Per lo mati,
de totes tres
fferen quartes,
he llur posada
ffon derrocada,
hi la planaren,
sal y sembraren;
he tots los cossos
tallats a trossos,
cent n’i contaren,
hi·ls soterraren
en lloch sagrat.
Traducción ausente, libre y saltarina
Mas aquel año,
un caso extraño,
en el nuevo mundo,
sucedió:
tuvimos el gusto
de ser invitados a cenar
quienes allí estábamos.
Allí tenían potajes de todo,
carnes salvajes, aves,
pastelería preciosa,
la más famosa
de todo París.
En un pastel
un trozo de dedo humano
fue encontrado.
Turbó mucho a quien lo supo;
reconozcamos que había más:
un trozo de oreja.
Carne de ternera
creíamos comer
hasta que encontramos
la uña y un dedo a medio partir.
Todos lo miramos
y decidimos
carne humana
bien cierta era.
La pastelera,
y dos ayudantes,
hijas ya grandes,
era panadera y tabernera.
De los que venían,
allí bebían,
algunos mataban,
carne sacaban,
hacían pasteles,
de las tripas,
hacían salchichas
o longanizas,
del mundo entero
las más ricas y finas.
Madre e hijas,
Cuanto más hacían,
tantos venían,
y no daban abasto.
Ellas mataban
algunas terneras,
y con la carne de ellos
todo lo cubrían,
y daban sabor
con finas salsas.
Las falsas mujeres,
en un agujero hondo como un pozo,
huesos descarnados,
piernas y trozos,
allí metían,
y lo llenaban
esas mujeres
crueles y depravadas,
infieles, malvadas,
abominables.
Cierto, pobres diablos,
como los mataban.
Que dé testimonio
quien todo lo coma,
nunca carne ni caldo,
ni perdices ni gallinas,
de tal sabor,
tierna, dulce,
nunca ha probado.
Por la mañana,
de todas tres,
hicieron cuartos,
y su posada,
fue derribada,
la aplanaron,
pusieron sal y sembraron;
y todos los cuerpos,
cortados a trozos,
más de cien contaron,
fueron enterrados,
en lugar sagrado.

4.3.08

ENDIVIAS A LA BRASA CON GONGORZOLA

Hace bastantes meses que la sección de Gastronomía Ausente anda desatendida, así que para no olvidarnos de ella nada mejor que una cosa sencillita y deliciosa: endivias a la brasa con queso gorgonzola. Comencemos. Se lavan un poco las endivias.

Se separan por la mitad a lo largo. Reconozco que en uno de los cortes del día que hice las fotos se me fue algo la mano y una de ellas quedó descompensada.

Ponemos las endivias en la churrasquera. Cinco minutos es suficiente. No se trata de quemarlas.


Si no tienen la indispensable churrasquera pueden utilizar el horno o el grill. Retiramos las endivias del fuego. Aconsejo añadir entonces algunas gotas de aceite de oliva.


Y procedemos a cortar lonchas de gorgonzola. Si está recién sacado de la nevera, aún frío, mejor para cortarlo.


Disponemos las lonchas sobre las endivias. El propio calor fundirá el quesó. De todas formas, como lo recomendable es comerlo de inmediato o calentito, se puede reserver y poner un minuto en el microondas antes de servir.


Y ñam ñam. Se recomienda un buen tinto para acompañarlo. Recuerden: para disfrutar de la subcultura como Dios manda se empieza con el estómago contento.

9.5.07

CAZUELA DE CONEJO CON SETAS

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Una máxima ausente de vital trascendencia es que el guourmet de la pOp Culture debe estar bien alimentado (la inteligencia lo agradece) y ser autosuficiente. Es por ello que inicié la sección de gastronomía ausente que el otro día, alguno de ustedes (creo que Palangre), exigía ver de nuevo. Así que aquí tienen una nutritiva y gustosa cazuela de conejo con setas.

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Salpimentamos el conejo (despiezado en ocho piezas) y lo marcamos unos minutos a fuego lento en una cazuela con aceite de oliva. Al mismo tiempo, ponemos un par de tomates a calentar en agua unos 10 minutos. El objetivo es pelarlos con facilidad, así que una vez veamos que se resquebraja la piel podremos retirarlos, dejar enfriar y pelar.


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Retiramos el conejo y lo reservamos. En la cazuela, sin cambiar el aceite, colocamos una cebolla bien trozeada y un diente de ajo sin pelar pero ligeramente quebrado con el puño sobre el marmol. Y dejamos que dore.


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Mientras, limpiamos y cortamos en juliana un par alcachofas y las introducimos en la cazuela. Dejamos pasar un par de minutos y añadimos los tomates ya pelados (pasarlos un momento por el turmix no es una mala opción).


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Llega el momento de la gran estrella, las setas. Aquí tienen el excelente surtido adquirido en una parada del mercado de La Boquería de Barcelona.


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Limpiamos las setas con agua. Aquí las tienen expuestas en toda su micológica majestusidad. Quizá alguno de mis lectores sea experto en el tema y pueda detallarnos especies y demás. Como ven los tamaños son variados, por lo que cortaremos las grandes para igualar tamaños.


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Mientras, la cazuela sigue su curso y alcanza el punto óptimo para añadir las setas.

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Dicho y hecho. Recuerden que durante todo el proceso, excepto al inicio cuando hemos marcado el conejo, el fuego debe ser bajo. Ya saben: en caso de duda la máxima ausente es decir No al fuego alto (y sí al alto el fuego). Las setas irán dejando todo el agua que acumulan y se convertirán en la estrella de la fiesta. Con unos 15 minutos de cocción es suficiente.

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Es el momento de salpimentar un poco la cazuela y añadir el conejo, otros 15-20 minutos. Dejemos, pues, que la majestuosidad del chup chup prosiga su curso. Es recomendable dejar reposar una vez cocinado: es el tipo de plato que está más bueno recalentado en la cazuela unas cuantas horas despues de su elaboración. Un buen vino tinto y una sobremesa con una película de artes marciales de la Shaw Brothers marcarán una velada gastronómica y subcultural inolvidable. Buen Provecho.


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11.2.07

ABSENCE MEETS MAZINGER (CON ANEXO GASTRONÓMICO)

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Lo de las sincronías es un sinvivir. En los comentarios del celebrado reportaje en el Parque Acuático abandonado me decía el señor Palangre:
"Si usted se mueve por Tarragona su primera prioridad debería ser ir a ver a Mazinger. Yo no he ido, pero oiga, una foto de absence con el mismísimo... no sé, es como para pensárselo. No se deje la máscara."
Conocía la existencia de una estatua de Mazinger Z perdida por el Baix Camp (Tarragona). A estas alturas se ha difundio bastante por la red y no se trata, precisamente, de un descubriemiento ausente. Solo hay que poner Mazinger Tarragona en el Google para comprobarlo. Inmediátamente busqué cuál era su localización exacta descubriendo, para mi alegría, que estaba muy próxima al Pla de Santa Maria. Fíjense que cosas: el sábado había quedado precisamente allí con unos familiares a los que veo de uvas a ramos para realizar una calçotada (el tema gastronómico lo explico al final). Así que la visita de la familia ausente a Mazinger Z era inevitable.

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Hace casi un año Don Sensato, fan irredento del Mazinger de Tarragona (de hecho, le llamé desde allí para certificar mi presencia), recuperaba una explicación de Nacho, un amigo común que me veo en la obligación de pegar aquí:

"A ese sitio nos llevaban mis padres de chavales. La obra no era un homenaje a la serie sino un reclamo de una inmobiliaria. Mientras los críos flipabamos con el Mazinger los comerciales intentaban convencer a los progenitores de que se compraran un terrenito para la segunda residencia. El resultado fue que la gran mayoría de familias que se acercaban al lugar ya tenían su chalecito en algún pueblo cercano por lo que acabo convirtiendose en un lugar para llevar a los críos a correr un rato y comerse el bocata de tortilla de patatas debajo de un pino junto al 124 de la familia. Tiempo despues me comentaron que no se llegó a firmar ni una sola escritura de venta. Vamos, peazo negocio el de los muchachos estos".
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Sin duda los promotores se adelantaron a su tiempo. Y algo pajeros debían ser, ya que se trata de una estatua de más de diez metros de altura construida con fibra de vídrio que ha resistido al inclemencias del tiempo durante treinta años como si nada. Tampoco se puede hablar de estatua abandonada, ya que hay casas habitadas alrededor de la pineda. Lo que sorprende es precisamente su localización, perdida en la campiña. Si estuviera en la relativamente cercana Costa Dorada, lugar de playas y turisteo, uno no se sorprendería tanto. O nada. Pero ahí, oculta en el interior una perdida urbanización del interior, entre el Pla de Santamaria y Pont d'Armentera... Es una maravilla.

Hay por la red un par de mapas bastante útiles para llegar hasta ella. Este sería el de la carretera para llegar a ella. No es complicado: la salida de Pla de Santa María de la autopista P2 (Lleida-Barcelona) y una vez allí la carretera en dirección a Pont d'Armentera. Apenas kilómetro y medio. Hay que corregir, de ese mapa, que la urbanización se llama Mas de la Plata y que está a la izquierda, y no a la derecha. Una vez dentro de la urbanización hay que ir subiendo como medio quilómetro y justo tras pasar una rotonda, y a mano izquierda, se puede contemplar la estatua al fondo de una pineda.

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Es ese un momento mágico. Está allí. Has llegado a tu objetivo y es Mazinger. Coño. El famoso Mazinger Z de Tarragona. La estatua es impresionante, hay que decirlo. De hecho, me explica don Sensato que detrás de una de las piernas hay una puerta, ahora soldada, que permitía el acceso al interior, pudiendo subir y asomarse por la cabina de Koji Kabuto, el piloto. También tenía unos altavoces que, a cada hora exacta, soltaban un "Puños Fuera" o algo similar.

Sin demasiado tiempo por delante (una pena), la familia ausente se puso las máscaras y se armó con pistolas de rayos (la feliz idea fue de absencito: si íbamos a ver al Robot de la Montaña era mejor acudir armados, no fuera que se enfadara y nos pillara sin defensas) dispuestos a hacer unas cuantas fotos.

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Aquí me tienen sujetando a absencito a los pies de Mazinger.

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Doña absenta enmascarada.

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Atención! Un miembro de la familia que aparece por aquí por primera vez. Ni más ni menos que Mater Absentorum, que como ven sucumbió al poder de la máscara. Por cierto, la foto permite contemplar la embergadura de este Mazinger Zeta

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y aquí tienen a absencito disparando a unos nuevos vistantes de la estatua. Nadie debía perturbar al Robot de la Montaña.

Bueno. Ahora me permitirán un pequeño annexo gastronómico. Sí, es cierto, podría separar en dos post diferentes el momento Mazinger del momento Alimenticio. Pero miren, yo creo que van unidos. La idea de mezclar calçots con robots japoneses creo que explica, de alguna manera, la bizarrez de la localización de la estatua. Y, sin duda, viviendo allí, seguro que Mazinger ha acudido en incontables ocasiones adegustar estas alargadas cebollas asadas, el plato estrella de la gastronomía popular de la zona.


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Aquí tienen a absencito poniéndose tibio de calçots y de salsa romescu.

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Aquí tienen los famosos calçots servidos a la manera tradicional, sobre una teja. La razón no es otra que conservar el calor de la cocción. Sobre la teja y cubiertos con papel de diario, una vez retirados de la brasa, se conservan muy calientes durante un par de horas.

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Comer calçots es una riquísima experiencia carente de toda pulcritud. Aquí tienen en todo su esplendor un calçot. Procederemos a retirar l acapa de piel quemada. Por cierto, las personas que me rodean son familiares que habitan por la zona y que veo una vez al año por estas fechas, las tradicionales de la calçotada.

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¿Como? Sencillo pero sucio: se sujeta por un extremo y se tira para abajo la parte calcinada. La parte comestible se remoja en la salsa romesco y se lleva a la boca.

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No me hice ninguna foto devorándolos porque no era cuestión de ensuciar las máscaras. Además, los comensales que me rodeaban no hubieran entendido nada. Como ven, las manos quedan que son un primor.

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Y eso es todo por esta vez. Seguramente regresaré ya que no pude deleitarme alrededor de Mazinger Z todo el tiempo que hubiera deseado. Además, así aprovecharé para seguir deborando esta variadad autóctona de la cebolla.

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20.7.06

ESCALIVADA

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Apreciados lectores, me honro en proporcionarles un nuevo post culinario de esos que, sorprendentemente, tanto éxito parecen despertar en todos ustedes. Se trata, ni más ni menos, que uno de los grandes clásicos de la cocina catalana y plato estrella de la dieta mediterránea: la escalivada. Vayan apuntando: necesitan ustedes un par de pimientos rojos, un par de berenjenas, un par de tomates maduros y una buena cebolla. Los limpian con agua y agujerean con un tenedor en cada una de estas piezas para facilitar la salida del aire interno de cada uno de estos vegetables durante la cocción. Esa labor, la de pinchar las hortalizas, es la que me realizo en la veraniega instantánea que preside este post y que dedico a todas mis lectoras féminas y a mis lectores homosexuales.


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A continuación colocan las hortalizas en ese maravilloso instrumento de cocina que es la churrasquera, sin el que la cocina de la Mansión Ausente se sentiría desnuda. Obviamente soy consciente de que no todos los hogares tienen una churrasquera (grave error) o tienen una cocina modernas de esas sin llama (personalmente odio la vitrocerámica esa precisamente por eso, porque inutiliza la churrasquera). Quizá sí tengan buenos sustitutos como una parrilla eléctrica, un horno con grill o las genuinas brasas de una barbacoa. La operación de cocción consiste, básicamente, en chamuscar las hortalizas, quemarlas exteriormente (la piel) mientras se asa su interior. Es por eso que la churrasquera es ideal para la elaboración de este clásico.


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Aquí tienen a la bella doña absenta girando los vegetales para que no haya diferencia de cocción entre lados. Sí, ya sé, mis lectores masculinos y lectoras homosexuales hubieran preferido una instantánea de doña absenta más cercana a mi retrato del principio. Pues se van a quedar con las ganas, ande se ha visto. Con churrasquera la cocción es de una media hora. Con los otros medios antes descritos no puedo decirles exactamente, por ahí andará, pero para que se hagan una idea...

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...esto, lo que tienen aquí arriba, es exactamente el resultado que buscamos. Una vez retiradas del fuego, las dejamos enfriar, ya que no es un plato de consumo inmediato y la labor de retirar la piel quemada de las hortalizas puede resultar muy incomada si aún están muy calientes.

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Aquí me tienen ustedes un par de horas más tarde iniciando la parte más laboriosa de una buena escalivada: pelarla, es decir, retirar manualmente la piel quemada y las zonas no comestibles (los rabos de cada hortaliza).

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Detalle del proceso de pelar un pimiento.

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Y aquí tienen ustedes la escalivada en todo su esplendor. El pimiento y la berenjena en tiras, la cebolla en juliana y el tomate más o menos espachurrado. Se añade aceite de oliva del bueno con generosidad pero sin pasarse y se deja que los jugos y vegetales reposen y se empapen entre sí, por lo que es un plato ideal para dejar en la nevera y consumir al día siguiente.

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Y aquí tienen la mesa ausente presidida por esa escalibada de tan hermosos y mediterráneos colores acompañando la también clásica butifarra. Por cierto, yo no concibo la escalibada sin la torrada (tostada) con ajo. El pan es el redondo que por aquí conocemos con 'pa de pagés', así que deberán ustedes mirar qué variedad zonal se les adapta mejor. Una vez tostado se pela un ajo, se rasca contra el pan y se pone escalivada encima. Es uno de mis mayores placeres alimenticios. Cualquier duda, comentario, mejora, variación o resultado, ya saben, en los comments. ¡Buen Provecho!

14.6.06

EL XATÓ DE DOÑA ABSENTA

Hola. Soy doña absenta. A partir de ahora, y por un tiempo indeterminado, haré algunas aportaciones al Blog Ausente. Le he pedido a mi amado esposo que me ceda una porción de blog y él ha accedido amablemente. Así me tiene entretenida ahora que mi horario laboral se ha reducido gracias a la jornada intensiva estival y dispongo de tiempo libre para hacer lo que me plazca: vegetar en el sofá, jugar con absencito, cocinar, disfrutar de la lectura e ir de museos. Por lo tanto, todo esto es lo que pienso explicar tanto en éste como en futuros posts.

Hoy la cosa va de cocina, así retomo el hilo de la sección culinaria que antiguamente había y que al final desapareció. Básicamente, el motivo de este texto es la visita de Viruete y Montse Akane a la Mansión Ausente el pasado fin de semana. El menú escogido para la ocasión fue Xató y doradas a la papillote. Pero sólo explicaré el Xató ya que es el plato que cociné yo (anda, me ha salido un pareado). Si absence quiere y le apetece, un día les explicará el sencillo tema de la papillote.

En primer lugar les contaré que el xató es un plato típico del Garraf que cada pueblo prepara a su manera y por el que hay una gran rivalidad para decidir quien lo hace más bueno. Los ingredientes, por tanto, pueden variar según se trate de Sitges, Vilanova, Vilafranca u otros municipios de la comarca. Yo lo cuento al modo que creo sitgetano. La ensalada contiene una escarola (la rizada y de la que sólo aprovecharemos las hojas interiores más blancas y tiernas), bacalao (previamente desalado), anchoas, aceitunas (que son uno de los alimentos favoritos de absencito), atún y alubias. Ésta es la parte fácil de la receta. Lo más laborioso es la salsa romesco, que también es la tradicional de las calçotades y que también generá muchas rivalidades entre pueblos de los alrededores de Valls. Los ingredientes necesarios son: 2 ñoras (son una especie de de pimientos rojos secos, ver foto), 2 tomates escalibados, 2 dientes de ajo (también escalibados), unas 10 almendras y 10 avellanas (todas crudas), una rebanada de pan, aceite de oliva virgen, un buen vinagre, sal y una pizca de pimentón rojo dulce.



Para conseguir un buen romesco, debemos remojar las ñoras con agua caliente hasta que se hinchen. Cuando estén bien gorditas, hay que abrirlas para sacarles las pepitas y meterlas en el recipiente del minipimer. Después toca escalibar los tomates y los ajos (yo lo hago directamente sobre el fuego) y freír el pan, las almendras y las avellanas. Luego lo ponemos todo en el minipimer y le añadimos mucho aceite, un chorro de vinagre, sal, pimentón rojo dulce y … ¡ala, a batirlo todo¡. Al final, si queda muy espeso se le añade agua para aclararlo, se vuelve a batir un poco más y se deja reposar.

¡Ah! Me olvidaba de un paso muy importante. El aperitivo de la cocinera, consistente en una copa de vino tinto, jamón de salamanca y queso idiazábal que hay que ir tomando de forma dosificada mientras la salsa se va haciendo.

Al final la comida estaba buenísima y durante la sobremesa hubo el ya tradicional visionado de fragmentos de pelis de chinos, mejicanos enmascarados y demás.

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absencito toma buena nota de las recetas de la Mansión Ausente

6.3.05

INTRODUCING DOÑA ABSENTA: ARROZ CON POLLO Y BUTIFARRA

Es para mi un honor presentar en primer post de doña absenta en este Blog Ausente:

Hoy el señor absence no les contará la receta del arroz con butifarra que hemos zampado sino que seré yo, doña Absenta, quien lo haga ya que he sido la cocinera. Además, así me estreno con eso de los “post”.

Para empezar, les cuento que en la casa ausente nos repartimos el cocinar según las especialidades de cada uno. La mía son los arroces y fideuàs. La de absence, los cocidos (que si unos callos por aquí, unos pies de cerdo por allá, unos garbanzos con sepia…) y como hacía tiempo que no comíamos arroz se me ocurrió hacerlo con pollo y butifarra del Montseny. El resultado ha sido de chuparse los dedos. ¡Absence ha repetido 3 veces!

Los ingredientes de tan suculento plato ha sido: arroz del Montsià, dos cebollas de Figueres, un par de dientes de ajo, tres tomates maduros, medio pollo (sin piel) cortado en pedazos pequeños, una butifarra del Montseny, cincuenta gramos de “ceps” (esas setas que usó Absence con los garbanzos de la semana pasada), cien gramos de tacos de jamón, un trozo de chorizo, unos cuantos guisantes, aceite de oliva, caldo de pollo y el agua de los “ceps”. El recipiente: una cazuela de barro.

Ya con los ingredientes a punto, se empieza la cocción. Lo primero es hacer un buen sofrito con la cebolla (cortada en pedacitos bien pequeños). Cuando está dorada y bien hermosa se le añade el ajo (cortado igual que la cebolla) y unos segundos más tarde se le añaden los “ceps” (que previamente habrán estado en remojo las 24 horas anteriores). En este momento es importante dejarlo hacer chup, chup mientras la cocinera se prepara el aperitivo consistente en un vermú negro con hielo y limón, jamón serrano y queso de cabra. ¡Que bueno que estaba!

Bien, sigamos. Ahora es el momento de añadir el pollo, la butifarra troceada, el jamón, el chorizo en rodajas y el tomate (previamente escaldado para quitarle la piel y pasado por el minipimer para que quede finito). Otra vez chup, chup un rato largo y ya llegamos casi al final. Es el momento de añadir el arroz. Las medidas son un vaso de vino (de los pequeños) por cada comensal. Mezclarlo todo bien y entonces añadir el caldo de pollo y el agua de los ceps. Añadir los guisantes (yo los he puesto congelados), dejarlo hervir unos quince minutos, apagar el fuego, reposarlo y comérselo. Estaba ñam, ñam, como dice absencito.

Durante todo el tiempo en que yo he estado cocinado y escribiendo este post, Absence ha ejercido de padre ejemplar: le ha dado la comida, lo ha sacado de paseo, le ha dado la merienda y ha jugado con él. Así que me voy corriendo a relevarlo.

NOTA AUSENTE: por algún motivo que desconozco, si edito las fotos para insertarlas en el texto, se pierden, es por eso que aparecen al final, seguidas y como post independiente cada una.

sofrito con ceps Posted by Hello