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25.10.16

WE WANT THE AIRWAVES



Entrevista a Marcos Prior por la publicación de la novela gráfica Necrópolis en el espacio dedicado al cómic del programa Els Experts de Icat.cat (18 de febrero de 2016)

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10.8.15

VIDAS EJEMPLARES


Ando leyendo mucho y escribiendo poco, y eso no puede ser. Por ejemplo, los últimos meses he disfrutado de algunos cómics protagonizados por mujeres. El otro día cantaba las excelencias de Maggie Chascarrillo, un ente de ficción que a estas alturas está llena de vida, es decir, no es real pero uno tiene la sensación de que es como si lo fuera, o casi. Este poderoso atributo difícilmente se puede otorgar a las protagonistas de las novelas gráficas que comentaré a continuación. No se alarmen, esta carencia no se debe a falta de vida insuflada sino todo lo contrario, se trata de mujeres cuya biografía ha merecido ser adaptada al cómic. Bueno, hay un matiz, porque en realidad no es así en uno de los casos, pero mejor comentarlo cuando toque.


Primates, de Jim Ottaviani y Maris Wicks (Norma, 2015)

Empiezo con un biopic triple, un cómic que aborda al mismo tiempo las vidas de Jane Goodall, Dian Fossey y Biruté Galdika, tres mujeres que han dedicado su vida al estudio de chimpancés, gorilas y orangutanes respectivamente. Este cómic, quizá algo desapercibido, despertó mi interés por Jim Ottaviani, guionista de quien me gustó mucho su anterior biografía, dedicada a la figura del físico Richard Feynman. Quizá me gustó porque mi expectativa era baja y desconocía el peculiar perfil del científico. En Primates no profundiza tanto porque tres son más que uno para un similar número de páginas, y porque el agradable dibujo de Maris Wicks es más fluido y da más aire a las viñetas.



Como biografía es amable y el resultado no es mal cómic, un peldaño por encima de lo meramente correcto, y supongo que los aficionado a las biografías y/o a la zoología de campo sabrán disfrutarla en mayor medida. Lo cierto es que es una lectura interesante y amena que perfila bien la fuerte personalidad de sus protagonistas —en especial el carácter arisco de Dian Fossey, cuya vida ya inspiró Gorilas en la niebla—, tres mujeres con mucho de aventureras, pioneras en un modo de acometer su trabajo que inicialmente fue recibido con escepticismo por una comunidad científica que miraba con recelo su procedencia ajena al mundo académico, su ruptura con las normas tradicionales del estudio zoológico y, sí, su condición de mujeres, una condición que acaba siendo clave en el resultado de su trabajo, algo que Primates explica muy bien.


La mujer rebelde, de Peter Bagge (La Cúpula, 2014)

En ocasiones hay autores que quedan sepultados por la genialidad de una de sus creaciones. Es el caso de Peter Bagge, cuyo Odio es título indispensable del cómic contemporáneo, un culebrón gamberro y cínico que va más allá de la crónica generacional del grunge con que suele etiquetarse. Esa condición de autor de una obra maestra parece condenar la obra posterior de Bagge a una comparación injusta. Sudando tinta era divertida... pero "no era lo mismo", Other lives decepcionante, sí, mientras Apocalipsis friki al menos resultaba grata para el aficionado al subgénero de la supervivencia post-apocalíptica. Pero Bagge, que es mucho Bagge, ha sabido escapar de posibles callejones creativos por una vía inesperada: la no ficción. Todo el mundo es idiota menos yo, antología de reportajes en forma de cómic publicados en prensa alternativa libertaria, despertó mi total entusiasmo dada mi condición de seguidor acérrimo del Nuevo periodismo de los Tom Wolfe o Hunter S. Thompson. A esa gran virtud de llevar con éxito el cómic por un terreno poco habitual hay que sumar que es terriblemente divertido y muy instructivo para entender, que no compartir, una ideología tan alejada de la socialdemocracia europea como la libertaria, capaz de defender el aborto o el libre consumo de drogas al mismo tiempo que aborrece la sanidad pública y la seguridad social. Además, Bagge lo retrata con humor y sin rehuir contradicciones.


Tras su labor reportera en la tradición del Nuevo periodismo, el siguiente paso aborda otra rama de la No Ficción, la biografía, con La mujer rebelde, un recorrido por la agitada vida de Margaret Sanger (1879-1966), pionera activista de la planificación familiar y el uso de anticonceptivos. Ya de entrada, la propuesta plantea la curiosidad de comprobar cómo se adapta al género biográfico un estilo de dibujo que por nervioso es más propio de la locura slapstick, y lo cierto es que funciona muy bien porque Bagge se sabe contener sin traicionarse a sí mismo y, por ello, dotar de furia a la protagonista; o dicho de otro modo: su personal grafismo inquieto aporta contenido a la descripción biográfica.


Reconozco que antes de abordar la lectura desconocía la figura de Margaret Sanger, todo un personaje que desde luego da mucho de sí. Provocadora, polémica, adelantada a su tiempo, audaz en su libertad sentimental y al mismo tiempo una inteligente escaladora social que murió multimillonaria pese a su modesto origen proletario. Como biografía es brillante porque, además de documentada, la incorrección y cinismo que distingue la obra de Peter Bagge permiten mostrar aspectos oscuros y contradictorios de la personalidad de Sanger, aristas incómodas que a menudo desaparecen en muchos biopics proclives al retrato acomodaticio. La mujer rebelde fue, en mi opinión, uno de los mejores cómics publicados en 2014 y me alegra ver que ya va por su segunda edición.


Sally Heathcote, Sufragista, de Mary M. Talbot, Kate Charlesworth y Bryan Talbot (La Cúpula, 2014)

Un detalle muy revelador respecto a la excelente factura de esta novela gráfica: una vez finalizado el relato, lo primero que se descubre al abordar las detalladas anotaciones de las páginas finales —en el caso de que no se hayan alternado durante la lectura— es que Sally Heathcote, la protagonista, es un personaje ficticio. El dato asombra porque la historia está tan bien urdida que hace difícil sospecharlo. También plantea una cuestión de enjundia: qué motiva a construir un relato de muy documentada base histórica con un personaje que no la tiene. La razón es sencilla y creo que acertada: no se trata de trazar la biografía de una líder sino de una activista de calle, de una mujer humilde y anónima que lucha por sus derechos desde abajo, y que por eso mismo no figura en los libros de historia. Así que no existió como tal porque en realidad fue una entre tantas, o mejor: Sally Heathcote fueron muchas.


Aunque es habitual relacionarlo con excelentes tebeos de ciencia-ficción o fantasía, ya sea para el mercado norteamericano (Sandman, Hellblazer, Batman) o el británico (como la serie steampunk Grandville que aquí está publicando Astiberri), no es la primera vez que Bryan Talbot toca temáticas sociales. Lo hizo en 1995 con Historia de una rata mala, centrada en una niña víctima de abusos sexuales. Tampoco es la primera vez que trabaja con su esposa, reconocida académica especializada en temas de género que ya firmó el guión de La niña de sus ojos, donde ponía en paralelo su propia biografía con la atormentada vida de la hija de James Joyce.



La novedad es que no está solo a los lápices sino acompañado de Kate Charlesworth, autora que desconocía pero con una amplia trayectoria tanto en grandes medios británicos como desde la independencia. Lo curioso de esta colaboración a cuatro manos es que la simbiosis gráfica es tal que se me hace difícil discernir donde empieza el trabajo de uno y acaba el del otro. También destaca la cuidada ambientación y sobre todo un uso del color inteligente como instrumento para distinguir los personajes más relevantes en un tiempo en que las mujeres vestían y se peinaban de manera similar. Así, en un contexto dominado por los grises, el cabello pelirrojo de la protagonista, el castaño de Lady Pethick-Lawrence o los tonos violetas que viste Emmeline Pankhurst van más allá de lo estético.



Respecto a lo que cuenta, consigue transmitir la intensidad de la lucha sufragista en la Gran Bretaña principios del siglo XX. Por un lado, el sufrimiento de unas mujeres enfrentadas a una injusticia democrática, despreciadas por la prensa y los políticos, sometidas a maltrato cuando en prisión se declaran en huelga de hambre; pero por otro lado también pone de relieve las encarnizadas luchas internas dentro del movimiento, las acciones de violencia callejera —genuina kale borroka—, la tentación del terrorismo o el definitivo impacto de la 1ª Guerra mundial tanto en la lucha de las sufragistas como en el pacifismo de alguna de ellas. Y más allá de la genial ironía, muy británica, del desenlace, tras la lectura resulta revelador pensar que hace apenas un siglo de esta crucial batalla por la democracia —en España hace menos— que los libros de historia han ido arrinconando hasta convertir a sus heroicas protagonistas en personajes tan anónimos como Sally Heathcote.


3.4.15

EL HUMOR AMENAZADO

A través de un tuit de Gerardo Vilches, que hace tiempo anda sumergido en las revistas de humor satírico de la Transición, busco y localizo (ya saben que disfruto de estas arqueologías) la tira del gran Georges Wolinski a la que se refiere, publicada en el semanario Por Favor #185, de 1978. En ella satiriza satiriza sobre la difícil y desigual relación entre el humorista y el poder ofendido. Las cosas no solo es que no hayan cambiado demasiado, sino que 37 años más tarde Wolinski, un maestro en activo con 81 años, era uno de los asesinados en el atentado a Charlie Hebdo.


21.7.14

EL FÚTBOL ES ASÍ.


Mi relación con el fútbol ha sufrido altibajos a lo largo del tiempo. En la infancia se producen dos grandes divisiones grupales. La primera es entre niños y niñas y apenas la experimenté porque no fui a un colegio mixto (en mi neolítico eran bastante excepcionales); hoy la observo cada día cuando acompaño mis hijos a la escuela. La segunda se produce a la hora del recreo entre los que juegan a fútbol y los que no. Fui siempre de los segundos y durante bastantes años el fútbol no me interesó lo más mínimo, e incluso supongo que en la primera adolescencia llegué a despreciarlo. En casa se hablaba de fútbol, eso sí, en esas comidas con mi abuelo que retrato en Mentiré si es necesario. Mi familia materna era del RCD Espanyol (que por entonces aún llevaba ñ) y eso que era la rama puramente catalana; curiosamente, la otra, la Fernández, que venía de Tarragona y también hablaba catalán (en la intimidad), era del Barça. Como tiré más por la materna, cuando me preguntaban de qué equipo era siempre respondía que del Español, aunque sin demasiado entusiasmo. Recuerdo que un día en clase, creo que en 1º de BUP, nos preguntaron de qué equipo éramos. En las respuestas a mano alzada conté que de 40, 26 eran del Barça, 11 del Real Madrid, 2 del Bilbao, 1 de la Real Sociedad (eran los años de las ligas vascas) y yo, el único periquito. Reconozco que esa soledad me pareció atractiva: me sentía especial y superior porque no me interesaba el fútbol, pero al mismo tiempo comprobé que si el fútbol me hubiera gustado seguiría sin ser parte de la masa. Y eso, cuando tienes 15 años, mola mazo. Aún así, seguí sin mostrar el más mínimo interés.


Esta dinámica personal cambió con el bendito punk. El patito feo, rata pedante de filmoteca, se entregó al acorde supersónico y un fin de semana de pogo ilimitado un amigo me propuso continuar la juerga en el gol sur del Camp Nou. Me apunté porque la inconsciencia hedonista guiaba mi destino; pero aquel par de meses, observando avalanchas cada vez que el Barça de Venables metía un gol, siempre maticé que yo, en realidad, no me enteraba de nada y encima era del Espanyol. Vino a mi rescate otro colega de guateques, éste sí blanquiazul por rebeldía (su padre era un culé forofo que cuando nació su hijo exclamó “¡Mi primogénito ni será marica ni del Español!”, en el típico FAIL al que todo progenitor está abocado). Pues eso, que mi colega me vino a decir que lo del Camp Nou era para nenazas y que estaba muy mal que un periquito como yo no se educara futbolísticamente entre hombres de verdad, es decir, en el viejo campo de Sarriá. ¡Qué razón tenía! Comparar el Camp Nou con Sarriá era como comparar a Spandau Ballet con los New York Dolls, dos bandas que respeto pero que abren un abismo entre ellas. En los ásperos asientos de cemento de aquel viejo estadio descubrí la pasión balompédica y forjé mi espíritu rodeado de una fauna humana pintoresca, animando a un equipo que da la mano a la derrota y pone cuesta arriba la victoria. Aprendí que el fútbol tosco también era emocionante, que jugar mal y ganar de penalti injusto en el último minuto era la rehostia y que jugar bonito casi siempre te aboca a un fracaso de mierda. El niño que despreciaba el fútbol acabó llorado con él, por felicidad o por fracaso. Tampoco es que me convirtiera en un forofo: hace un lustro que no piso un estadio y casi nunca me paro a mirarlo por la tele, pero conozco el placer irracional que puede provocar.


Menudo rollo estoy soltando cuando en realidad he venido aquí para comentar Fútbol: la novela gráfica, el tebeo que Pablo Ríos y Santiago García acaban de publicar con Astiberri. Habrá quien diga que menuda reseña, que llevo dos párrafos escribiendo sobre mí con la excusa del fútbol, y aunque sea verdad, lo cierto es que no se me ocurre mejor manera de abordar esta novela gráfica inaudita y sorprendente. Conocía el proyecto cuando sólo era una idea que el propio Pablo Ríos me comentó en la presentación barcelonesa de Azul y Pálido, su excelente debut en largo. Lo que tardé en averiguar es que Santiago García, haciendo un nuevo alarde de su condición hiperactiva, se sumaba al proyecto. ¿Un cómic sobre fútbol un poco en la línea de No Ficción hecha la novela gráfica de Azul y Pálido? Si la idea me parecía potencialmente buena, el tándem autoral era toda una garantía y multiplicaba mi curiosidad. A priori, parecía muy fácil hacerse una idea general de cómo iba a ser, un recorrido más o menos amplio sobre el fútbol, sus historias, sus anécdotas, sus mitos, sus modas, sus pasiones, sus tópicos. La incógnita parecía ser más bien cómo Pablo y Santiago iban a hilvanar todo eso. Hace un par de semanas llegó a mis manos el resultado, y empecé a leer con ganas y entusiasmo. Cuando iba por la página 45 detuve la lectura ante la necesidad de enviar un rápido tuit:
 “Llevo 45 páginas de Fútbol la novela gráfica y no se parece nada a lo imaginado. Es mejor, y sorprendente.”

Que me sorprendan de esta manera es algo que para mí no tiene precio y que valoro muy alto; supongo que es un baremo compartido entre quienes nos sumergimos en textos e historias con frecuencia. También es un terreno peligroso cuando se ha de escribir sobre la experiencia lectora proporcionada para no romper esa magia ante lo inesperado. No quiero revelar mucho, pero sí comentar algunas cosas. Antes de proseguir o abandonar, es importante subrayarles de nuevo la idea: Futbol, la Novela gráfica es una de las lecturas más insólitas que he podido disfrutar en mucho tiempo.



¿Razones? Bueno, principalmente porque el cauce que sigue esta lejos de ese que uno, más o menos, podía imaginar. Más que ir en busca de lugares comunes, aunque los hay, afronta la disyuntiva entre pasión y razón partiendo de la Teoría de juegos y su difícil encaje en un juego colectivo con infinitas variantes de incerteza (incluso en el lanzamiento de penaltis). Pero ojo, que no se trata para nada de un tratado matemático, sólo un punto de partida para contrastar la racionalidad implícita en todo juego y las intensas emociones que despierta el más mediático y seguido de todos. También porque está lleno de historias, pero no las esperables. Hay anécdotas históricas, como el sorprendente Granada contra Barbados de 1994, y otras que entran en el terreno de la especulación o incluso la leyenda urbana, formando un increíble diorama que va de la mujer que se hace pasar por hombre para jugar en primera al tabú de la homosexualidad, pasando por las disputas internas entre miembros de un mismo equipo que “se quedan en el vestuario”, la perversión que supone su carácter mediático y su vínculo con el poder político y económico, Evasión o victoria, y, claro, la memoria sentimental. Por haber, hay hasta una hermosa autoreferencia con extraterrestres.



Mi grado de sorpresa durante la lectura es creciente y al mismo tiempo muy veloz. Creciente por el uso de un narrador que tiene los rasgos y presencia física de Santiago García, pero que no es él, o no exactamente. Eso produce un choque muy curioso que va del “no sabía que Santiago García había hecho tal” al “Pero qué coño, Santiago García no tiene tal”. Lo cierto es que el resultado es muy intenso, y más cuando la historia del Cosmos de Navalcarnero irrumpe como un bofetón ante el que sólo queda seguir leyendo con la boca abierta.



Otro aspecto que me gusta mucho de Fútbol la novela gráfica es su condición de inclasificable. Escribía hace un par de semanas sobre el interés que me despierta ver como el cómic se abre a la no ficción. No sé donde leí que el gusto por ella crece con la edad, que cuando se es joven se tiende a la novela y cuando se es mayor al ensayo. En cierta forma, creo que cumplo esa tendencia y quizá eso explique mi atracción. De todas formas, el concepto de No ficción, además de engañoso, abarca una amplía gama de posibilidades: biografía, divulgación, historia, ensayo, testimonio documental, reportaje periodístico, panfleto ideológico. De todos ellos hay ejemplos en cómic y, más importante aún, afrontan el reto acudiendo a su condición de cómic y el lenguaje que le es propio, cada vez menos dependiente del modelo de otros medios como el escrito o el audiovisual. Aún así, la No Ficción tiene un gemelo oscuro, un reflejo perverso por el que siento auténtica pasión: el Mockumentary o falso documental. No es un terreno que la historieta contemporánea haya transitado en exceso, más allá de lo falso que hay en toda autobiografía (me lo van a decir a mí). En Cenizas de Álvaro Órtiz se jugaba un poco con ello, pero era una novela gráfica de ficción. Por eso creo que Fútbol la novela gráfica tiene mucho de revolucionaria, porque utiliza de manera muy brillante la verdad y la mentira, lo supuesto y lo imaginado. No es exactamente un falso documental, o quizá sí, porque el Mockumentary es así.


Un tebeo inteligente sobre fútbol, quién lo iba a decir, y encima sin acudir a la florida prosa de algunos comentaristas deportivos. Un tebeo sobre fútbol tan inaudito que gustará a los que lo desprecian tanto como a los que lo disfrutan… excepto si se es hincha de bajo instinto y raciocinio escaso. Para éstos, el equipo rival, supone un gol en propia meta en el último segundo de la prórroga, es decir, un gustazo.



8.5.14

PUES HABLAREMOS DE ETA


Hace unos días publiqué en Gencomics una entrevista con Felipe Hernández Cava y Bartolomé Seguí a raíz de la publicación de su nueva obra juntos: Las oscuras manos del olvido, un thriller con ETA como parte central de la trama. Pueden leer la entrevista aquí (click!) La verdad es que creo que quedó bastante interesante. Sobre el cómic tengo opiniones encontradas. Me gusta mucho toda la atmósfera de polar a lo Melville que tiene, pero no coincido con una parte de su mensaje y a ratos es demasiado discursivo. Me gustó más su anterior colaboración: Hágase el caos.

20.12.13

ELOGIO DE LA COLLEJA


Si una lectura de los últimos días me ha despertado un entusiasmo mayúsculo, esa es sin duda No os indignéis tanto de Manel Fontdevila. Citándome a mí mismo desde el enlace que os pongo luego:
"las razones son múltiples. Es novedoso porque como novela gráfica se aleja de la ficción para ser una especie de ensayo, subjetivo y de opinión, sobre los problemas de nuestro sistema político y democrático. Pero ojo, esto no es una cosa de sesuda ideología sino que rebosa un humor la mar de sano e incluso un tono de personal autoparodia. De hecho, el título y la portada en sí mismos ya se contraponen, con ironía, al Indignáos de Stéphane Hessel, un título clave de nuestro tiempo. Esta referencia no debería despistar, porque No os indignéis tanto no es literatura sobre el 15M sino que va mucho más allá e incluye, además de jugosas anécdotas, reflexiones muy afiladas sobre los límites del humor y los beneficios de traspasarlo, sobre la necesaria colleja que merecen los políticos, sobre el corsé cultural heredado de la Transición y, en definitiva, sobre la ruptura como forma de progreso. Y a todo eso hay que añadir algo que resulta clave, porque Manel está especialmente dotado para jugar gráficamente con diagramas, esquemas, líneas de flechas y puntos convirtiendo todo ese arsenal en recursos gráficos poco habituales."
Nada más terminar de leer No os indignéis tanto una cosa tenía muy clara: tenía que entrevistar a Manel, charlar con él un rato alrededor de un tebeo tan enorme. En Gencomics podéis leer el resultado de esa conversación.


5.12.13

LÍNEA CLARA Y APOCALIPSIS PULP

Vaya título molón que le he puesto a esta entrada. La cosa es que el otro día me leí el nuevo álbum de Blake y Mortimer: El juramento de los cinco lores, y me lo pasé bastante bien. Escribí una reseña para Gencomics que pueden leer aquí. Estos dos aventureros creados por Edgar P. Jacobs en 1946 para la revista Tintín encarnan la quintaesencia línea clara franco-belga en su versión más clásica e incorrupta, entre otras cosas porque son un raro ejemplo de digna continuidad tras la muerte de su autor. De hecho su más célebre aventura, La Marca Amarilla, fue el estandarte bajo el que se unieron las huestes de la Línea Clara en su cruenta batalla contra los bárbaros de la Línea Chunga, un curioso rifirrafe en el que algunos soldados combatían alineados en ambos bandos a la vez.

Edgar P. Jacobs contra Miguel Gallardo

Pero a lo que iba, tras leer el nuevo Blake y Mortimer me entraron ganas de acudir a la fuente original, es decir, a los Blake y Mortimer viejunos. Hacía tiempo, décadas, que no me acercaba e incluso tengo por casa algún álbum que no he leído nunca. Lo cierto es que a veces Jacobs puede dar un poco de pereza porque hay que leer mucho. Sus ladrillos de texto sepultando personajes son famosos entre los aficionados.

Vale, reconozco que es un ejemplo extremo 

Ay, qué mala es la pereza. Me puse cómodo (batín, pantuflas), encendí la pipa, seleccioné de entre los volúmenes de mi biblioteca El enigma de la Atlántida (1955), me aposenté en el sillón y acabé disfrutando como un enano. No podía ser de otra manera, es un absoluto locurón en el que Blake y Mortimer se pierden por indómitas grutas, son atacados por pterodáctilos y van a parar a la Atlántida, que sobrevivió al cataclismo y se ha convertido en una subterránea megacivilización hipertecnificada, aunque, eso sí, inmersa en una cruenta guerra civil. Como no podía ser de otra forma, caí rendido a su fabuloso retrofuturismo y a un sentido de la maravilla absolutamente apabullante. Fue entonces cuando me di cuenta de algo de lo que debí haberme percatado ya con La Marca amarilla y su villano de folletín: bajo ese envoltorio de línea clara obsesiva y exquisita se esconde una delicia pulp, un bolsilibro ejemplar y trepidante.

Horror vacui retrofutista en la Atlantida
   
Mi disfrute fue tan mayúsculo que decidí internarme aún más en las profundidades abisales de Blake y Mortimer, en su aventura fundacional, El secreto del Espadón, realizada justo tras la guerra y tan profusa que siempre se ha publicado cortada en tres álbumes cuando en realidad sólo es un largo serial sin interrupciones. Ya de entrada me encuentro con sus fascinantes villanos, puro canon pulp de la vieja escuelas: la amenaza amarilla, un imbatible ejército oriental que se bautiza así mismo como el Imperio Amarillo y que es una mezcla del pasado peligro japonés y el futuro peligro chino. 



Pero más allá de este entrañable detalle, descubro el secreto de Blake y Mortimer, la razón de su eterna juventud, un pacto con el diablo sellado a través de un sacrificio ritual. En las primeras páginas de su primera aventura, Jacobs, Blake y Mortimer destruyeron nuestra civilización y desataron el Apocalipsis.




  

14.11.13

HOGUERAS DE MANGA Y TEBEOS.



Anoche estuve en el programa de radio Club Hellfire para charlar un buen rato sobre el Comic Code y los tebeos inmediatamente anteriores a su existencia, los tebeos precode. El audio se puede escuchar aquí (está en catalán). Aproveché el tema y la presencia, junto a Alex Santaló, de Oriol Estrada (aka Capitán Urias) para preguntarle dada su condición de experto en manga y cultura japonesa por algo que leí en la autobiografía de Tatsumi, Una vida errante, y que ya comenté por aquí: la existencia del Libro Blanco sobre la situación del manga, publicado por el Sindicato del Libro de Yamanashi en 1959, y que vendría a ser una especie de comic code de nivel bajo además de mostrar que también en Japón se atacó el cómic como algo potencialmente peligroso.

Los más fieles seguidores de este blog sabrán que siempre he considerado que la persecución de tebeos y cómics en EEUU, que culmina con la comisión del senado para la delincuencia juvenil y la irrupción del Comic Code, un código de autocensura, no puede considerarse un fenómeno local sino que en realidad fue global, en parte impulsado por el eco mediático del asunto en Norteamérica. Hubo duras legislaciones al respecto en Francia (1949) y Gran Bretaña (1955), escribí sobre ambas aquí. Me consta que también las hubo en otros países europeos (Alemania) y que en otros hubo voluntad sin éxito (Italia, aunque años más tarde sí se pondría el fumetti de terror en el punto de mira). También en España se legisló en esa época el Decreto sobre ordenación de las publicaciones infantiles y juveniles (1955), que en algunos aspectos se hacía eco de aspectos recogidos en otros países. La existencia de un Libro Blanco sobre la situación del manga redondeaba, para mí, la idea de un fenómeno global, una moda política de respuesta a una alarma mediática cuyo eco se transmitía allí donde había tebeos. De hecho, no está de más añadir que mientras allí donde había marines había comic-books (y tras la IIª Guerra Mundial estaban desplegados en medio mundo) al mismo tiempo que Hollywood se encargaba de acrecentar la alerta.

En esas estábamos Capitán Urias y yo comentando por twitter el dato de la autobiografía de Tatsumi que Marc Bernabé se unió a la conversación. Un contertulio de lujo porque es uno de nuestros mejores expertos en manga. Marc comentó que en Japón también hubo quemas públicas de mangas, y enlazó estas viñetas.




Las imágenes proceden del volumen 4 de Black Jack Sosaku Hiwa (Historias secretas de la creación de Black Jack), de las que Marc Bernabé habla aquí y que por su condición de manga sobre una parte de la historia del manga y sobre una figura tan importante como el maestro Tezuka parece muy interesante. Espero que alguna editorial española lo acabé editando por aquí. Más adelante también enlazó una fotografía de una de esas quemas públicas de manga.


Dejando de lado la atrocidad de quemar papel y cultura, la imagen es muy interesante porque hasta hoy, en esa oleada antitebeos de la primera mitad de los 50s del siglo pasado, sólo tenía constancia de hogueras en EEUU. Muchas de esas imágenes las compile en una entrada donde explicaba que fueron inspiración directa para Fahrenheit 451 de Ray Bradbury.

En sus tuits, Marc Bernabé considera que la quema de mangas en Japón no venía de una inspiración norteamericana:
"¿Influencia americana? Ninguna.En nada de todo lo que he leído/escuchado sobre el tema se mencionan los USA. Siempre salen como instigadores las asociaciones de madres de alumnos, unas verdaderas talibanas! Los japoneses han ido siempre muy a su bola, en el caso japonés lo achacaría a la casualidad, coincidencia temporal."
Marc es una autoridad en conocimiento de manga y por tanto su opinión siempre tendrá más solidez que la mía, pero aún así me cuesta no incluir el caso japonés dentro de un fenómeno que se da en otros países desarrollados y en un mismo y muy concreto periodo de tiempo. Como refuerzo a su argumento enlazo el vídeo de una entrevista subtitulada en castellano al editor y experto Akira Maruyama. Todo lo que dice, aunque no tenga que ver con este tema concreto, es muy interesante, aunque me interesa destacar parte de lo que dice (minuto 2:35 aproximadamente).
 “(…) Al mismo tiempo, aunque no se menciona mucho, los escritores de literatura infantil perdieron muchísimas ventas con el auge del manga y le echaron al cómic las culpas de su declive. Y no fue por eso sino porque las historias que ellos escribían eran anodinas. El caso es que había mucha presión sobre el manga de parte de los autores de literatura infantil y de la izquierda (…). Los pensadores de izquierdas dijeron que el manga era perjudicial para el desarrollo intelectual de los niños. O sea, que el manga eran “libros perjudiciales” así como cualquier libro o revista que los incluyera. Los niños no debían leer esa “bazofia”, así que en verano de 1955 se organizaron hogueras en los patios de las escuelas donde se quemó manga y otro material “nocivo”. Ocurrió en todo Japón.”
Es curioso porque las quejas de los escritores de literatura infantil no es un caso excepcional japonés. En EEUU fueron los primeros en clamar al cielo y estigmatizar los comic-books como nocivos para la educación, lo explica muy bien David Hadju en los primeros capítulos de The Ten Cent Plague, del mismo modo que Martin Barker describe manifestaciones similares en Gran Bretaña en A Haunt of fears (aunque allí nunca pusieron en peligro la sólida tradición de su literatura juvenil). Aún así, esta respuesta de los escritores si me parece autóctona y casual. Así que si descartamos EEUU como influencia o inspirador del caso japonés (que podemos), nos queda esa alianza entre asociaciones de madres y pensadores de izquierda. Esta alianza también se dio en EEUU, Gran Bretaña y Francia, (aunque en este último caso se canalizó más que en los otros a través de asociaciones católicas). No está de más recordar que las legislaciones inglesa y francesa se aprobaron por una insólita unión de partidos de izquierda y de derecha.

Es pura fantasía pensar en vínculos transnacionales entre clubs de madres talibanas, así que ahí la clave está, creo, en los pensadores de izquierdas, que estos sí podían tener lazos internacionales con otros activistas afines. En Gran Bretaña los comunistas fueron claves en la lucha contra la amenaza de los tebeos y en Francia lo mismo, aunque allí era contra los tebeos que venían de fuera, no contra los franceses (muy propio de nuestros vecinos). Y no está de más recordar que Fredric Wertham, autor de La seducción del inocente y principal cruzado de esta batalla, era un psiquiatra alemán educado en la escuela de Frankfurt, muy influenciada por el marxismo, y que su ideología era progresista y social-demócrata, aunque hoy vinculemos la caza de los tebeos al macarthismo.

ACTUALIZACIÓN: Me recuerda Santiago García que en su libro La Novela Gráfica, en las páginas 135-136, trataba la visión global del fenómeno. Allí leo que en Holanda hubo hogueras en 1948 y para el caso japonés cita el prólogo de Kosei Ono para Una vida errante de Tatsumi (cielos, cómo se me pasó por alto):
"He podido comprobar documentalmente que el alzamiento en contra de los cómics violentos se transmitió desde Norteamérica a Japón. Había una revista para niños llamada Shukan Manga Shinbun que yo leía cada semana desde primaria. En uno de sus editoriales, se manifiesta que "debemos aprender del movimiento americano en contra de los cómics violentos e ir eliminando aquí también los manga de contenido dañino".
Por cierto, que me olvidé que quería cerrar esta entrada con el dato de que Japón es, hoy, el país con mayor índice de lectura del mundo: un 91%. Y el manga tiene mucho que ver con tan envidiable situación.

12.11.13

VALOR Y DESTRUCCIÓN

Preparando una reseña de las Nuevas aventuras de Diego Valor para Gencomics (que pueden leer aquí) he buscado un poco de información sobre el viejo tebeo en esa obra magna que es Tragados por el abismo. Allí encuentro la pista sobre el gusto del piloto español del espacio por la destrucción masiva.






Lo cierto es que buscar armas de destrucción masiva en los tebeos de Diego Valor es la cosa más fácil del mundo. La guerra química es loada como un recurso inteligente.




En los tebeos de Diego Valor arrasar una isla con bidones de energía desintegradora recibe el elogio de ser un "magnífico bombardeo".





De todas formas, no debería extrañarnos, en ese retrofuturo ficticio España tuvo un papel importante, vital, para el progreso de la humanidad, así que la Marca España estaba ahí, latente y devastadora.

12.4.13

POWER COMIC POP


Sí, lo sé. Siempre aviso tarde de estas cosas, pero mejor tarde que nunca. Mañana sábado hay un buen sarao montado en Barcelona, el GRAF, en el enlace todos los datos. Yo me pasaría el día allí, pero no puedo. Eso sí, a las 19:30 participo en una mesa y luego está el Doctor Repronto pinchando vídeos. En la mesa no puedo tener mejor compañía: Eloy Fernandez Porta, Rubén Lardín y Javier Pérez Andújar. Menudos titanes. Me toca moderar y he confeccionado uno de esos power points llenos de imágenes pop destinadas a derribar todo orden social y perturbar mentes inocentes.

Es conveniente anunciar que el título original de la charla ha ido mutando mientras confeccionaba el archvo de imágenes (marca de la casa) que nos servirá de fuego de cobertura. En la web de Graf se lee esto:


Pero si tuviera que bautizarla ahora la llamaría: POWER POP : Tebeos, Cambio Social y Desorden (o algo parecido) y quitaría lo de "aspectos sociales del aquí y del ahora" y pondría: "el poder del cómic a través de los siglos (o algo parecido)". Recuerden: mañana en el GRAF. 19:30. Aquí.