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1.11.16

CRÓNICAS DE #SITGES2016 (XVII): DESPEDIDA Y CIERRE

Con algo de retraso, cierro las crónicas de Sitges 2017 con algunos títulos que sería injusto no comentar o destacar.


De Palma

Documental que recorre la carrera de Brian de Palma sustentado únicamente por una larga entrevista en la que este comenta una a una todas sus películas y/o proyectos no finalizados. En lo formal es de una simpleza absoluta: el protagonista en plano fijo y escenas de filmes (propios o ajenos) que se van intercalando. Como documental, en definitiva, se limita a aplicar la fórmula más básica y tradicional posible. Claro que con tamaño protagonista no hace falta más para que el resultado sea la mar de disfrutable, casi dos horas que pasan en un suspiro y se alzan con el mayor triunfo posible para un producto de estas características: tras visionarlo es inevitable lanzarse a revisar la filmografía de Brian de Palma de cabo a rabo.


 The Girl with all the gifts

Estupenda película y enésima demostración que el subgenero zombie/infectados, lejos de agotarse, sigue permitiendo aportaciones más que notables. Con guión de Mike Carey, conocido sobre todo por su labor como escritor de cómics, y con un director salido de la factoría inglesa de series de género (ha firmado episodios de Doctor Who, Black Mirror o Sherlock), su pertenencia directa a la tradición británica es incuestionable y, eso, son palabras mayores porque si algo distingue a esta es la elegancia, riqueza y respecto dado al género fantástico desde tiempos inmemoriales y por múltiples vías: literatura, tebeos, películas, producciones televisivas. The Girl with all the gifts no traiciona ese notable legado sino todo lo contrarío, no puede tener mayor aroma a ciencia ficción clásica, regala unas cuantas buenas ideas (el tema de los hongos, por ejemplo) y su desenlace es puro Twilight Zone.


It Stains the Sands Red

Seguimos en lo zombi con un título que quizá habría merecido no quedar enterrado en las maratones nocturnas para insomnes que, eso sí, supieron destacarlo con el premio a la mejor película de las sesiones de medianoche. Tampoco se crean que es una maravilla, ojo, pero sí una serie b resultona levantada sobre mimbre escaso: una chica de mala vida se queda tirada en el desierto tras huir del caos apocalíptico de Las Vegas, y un zombi a piñón fijo la perseguirá de manera implacable. Más allá de la metáfora del acoso sexual (tan evidente que su subrayado era innecesario), la cuestión es que cuando uno se teme que va a ser todo el rato lo mismo, la historia sabe girar con acierto y dar brío al asunto, hasta el punto que cuando al final flirtea con la moralina y flota el mensaje de que no hay nada como el fin del mundo para rehacer tu vida, la cosa no molesta demasiado.


The Autopsy of Jane Doe

Una de las joyitas del festival, una de esas series b a las que se suele otorgar el rango honorífico de ser “como las de antes”, etiqueta que es puro tópico pero de lo más eficiente para dejar claro de que va el asunto. También algo equívoca, porque a menudo lo que hay detrás, de lo que se trata en realidad, es de una dignísima aportación al cuento de miedo más noble y puro, aquel cuya única pretensión es hacernos estremecer pese a lo modesto de los medios empleados. En este caso, una funeraria como único escenario y un cadáver sin identificar cuya autopsia convoca malignas fuerzas sobrenaturales. Una de esas pelis que crecen y se hacen robustas, que juegan bien al reparto de susto, intriga y sugerencia. Al final, todo hay que decirlo, se alborota un poco con un estallido del terror de feria que, por otro lado, era inevitable por su condición de… “serie bé de las de antes”.


Hardcore Henry

Uno de esos casos poco frecuentes en los que el ejercicio de estilo puro y duro no está reñido con la diversión pura y dura. Cantante de la banda de rock alternativo Biting Elbows, el ruso Ilya Naishuller ha ido labrando una espectacular carrera audiovisual desde que irrumpió con un brillante videoclip rodado con cámara GoPro y perspectiva en primera persona. Esa misma técnica es la que ahora traslada a un largometraje, reto importante pues proponer hora y media de cámara subjetiva exige mucho más que la mera habilidad técnica. No es el primero en intentarlo, le preceden clásicos del cine negro como La senda tenebrosa o La dama del lago, así como una derivación tan profusa como el found footage (que ha dado grandes títulos, pero que también demuestra lo complicado del asunto). Naishuller sale victorioso del envite, y de qué manera, aplicando una fórmula compuesta principalmente por dos ingredientes. Acudir al lenguaje de los videojuegos es uno, al fin y al cabo es donde más y mejor se ha desarrollado la visión en primera persona. El otro es la diversión trepidante, desmelenada y gore con una trama sencilla que mezcla ciborgs, mutantes y centenares de sicarios para un body count casi infinito. Una fiesta.


Lo chiamavano Jeeg Robot 

Una de las reglas que me guían durante el Festival es la que reza: en caso de duda escoge la película de El Retiro. En la mayoría de ocasiones la decisión es la correcta y esta fue una de ellas. Aportación italiana al cine de superhéroes, precisamente esa procedencia mediterránea es su mejor baza: la mirada cultural es otra y , si hace bien, ventila y refresca un espacio lleno de blockbusters que, resultones o no, siguen la misma fórmula monolítica. En este sentido, la peli tiene ecos a El protegido y remite a la figura del Joker en determinados momentos, pero la cita directa es a la serie de anime Getter Robot de Go Nagai, el creador de Mazinger Z, y no, no por la presencia de gigantes metálicos sino como homenaje original y delicioso. Más allá de estos referentes, lo importante es que asume y actualiza el legado del cine de género italiano que tanto añoramos, empezando por el título, puro espagueti; por una trama de delincuencia marginal que es puro poliziezco, violencia incluida; o por atreverse con detalles que hoy serían inconcebibles en una producción de Hollywood, como dotar de arrolladora sexualidad a una disminuida mental. El resultado combina de maravilla dureza suburbial, poética sentimental, heroísmo y tortazos.


Grave (Crudo)

Otro de los grandes títulos que han podido verse y que llegó precedido por los desmayos provocados durante su proyección en el Festival de Toronto. Una expectativa peligrosa porque los espectadores de Sitges han curtido una sensibilidad rocosa y curada de espantos. En realidad, aunque la contundencia de algunas escenas es poderosa, está lejos de ser un festín de sangre y tripas, ni lo pretende. Prometedor debut de la directora francesa Julia Ducournau, explica la historia de una joven educada en estricta alimentación vegetariana que, internada en una elitista facultad de veterinaria, descubre lo mucho que le gusta la carne cruda, especialmente si es humana. Relato de horror grotesco más clásico de lo que aparenta por su factura indie afrancesado, ofrece una sugerente visión del vampirismo y, en algunos momentos, remite a las chicas sangrientas de Jean Rollin.


Swiss army man

He dejado para el final a la ganadora del premio a la mejor película para, antes de comentarla, lanzar algunas reflexiones sobre el principal galardón de Sitges. La perspectiva que dan los casi 50 años del Festival lo permite. Una de las grandes contribuciones de Sitges es descubrir autores, señalar tendencias y trazar una línea cronológica de grandes clásicos del cine fantástico o de terror. Obviamente, solo el tiempo desvela lo acertado o no del premio dado, y en la lista de ganadoras hay de todo. Hay años que se recuerdan por una película concreta y otros que, repasados ahora, demuestran que no premiaron títulos que luego resultaron claves y sí otros que ya nadie recuerda. Lo ideal sería que la ganadora fuera siempre una de esas películas que pasarán a la historia del género, pero eso es imposible, pura utopía. Por otro lado, la decisión del jurado siempre es legítima y tiene sus razones, del mismo modo que luego los aficionados también están en su derecho de compartirla  o rechazarla. En todo caso, lo único que puede fallar ocasionalmente en ese esquema es que los miembros del jurado no sean conscientes de la importancia histórica del premio dentro de su especialidad temática.

Dicho esto, Swiss army man es un buen ejemplo de película a la que le va algo grande la distinción o, mejor dicho, no se acomoda bien a esta frente a otras más óptimas o lógicas (en esta misma entrada hay tres o cuatro de ellas). Por otro lado, esto no significa que sea una mala película o que carezca de mérito, no se trata de eso; de hecho, es bastante evidente que la intención del jurado ha sido apoyar una propuesta original, extravagante e insólita en un tiempo poco proclive a estas características, tanto que resulta sorprendente que un proyecto como este consiguiera salir adelante. La premisa es la siguiente: un náufrago desesperado alivia su soledad convirtiendo su amigo imaginario a un cadáver que la marea ha dejado en la orilla. La idea aún es más loca cuando reincide una y otra vez en un humor grotesco y escatológico alrededor de la combustión gaseosa propia a todo muerto en proceso de descomposición, es decir, un festival de pedos y líquidos a los que el náufrago encontrará fantasiosa utilidad. El desarrollo es irregular, no siempre encaja bien ese humor grueso con su naturaleza de fábula poética sobre la soledad contemporánea y, desde luego, tiene un desenlace que deja perplejo por raro y discutible, pues su trasfondo es realmente oscuro y chungo. Es justo señalar tres virtudes: los momentos en que remite con delicadeza al teatro de títeres y marionetas; el atrevimiento de sugerir con alegría una variante travestida de la necrófilia (de perfil romántico, ojo, no se me espanten); y, por encima de todo, el trabajo de Daniel Radcliffe en el papel de saco sin vida camino del rigor mortis, es decir, de muñeco muerto e inerme.

16.11.14

EL CABRÓN DE LA CAMPIÑA



Hace bien Alpha Decay en su edición de Ritual de David Pinner de matizar que se trata de la novela que inspiró The Wicker Man (El hombre de mimbre; Anthony Schaffer, 1973). Y no lo digo por la llamada comercial a una película con admiradores entregados entre los que me cuento, sino porque no es lo mismo inspiración que adaptación. Hace bien en decirlo y aún mejor Bob Stanley en la nota que sirve de preámbulo cuando señala que “quien busque en Ritual el precedente de The Wicker Man sufrirá una decepción”. No sólo no son lo mismo, sino que una, la película, es una maravilla singular mientras que la otra, esta novela, bueno… pues… es complicado de explicar.

Es complicado porque sería muy fácil zanjar el tema diciendo que Ritual es una mala novela, literatura popular y del montón, consumo barato. Sería fácil porque así es, o no, porque durante la lectura, que no ha sido arrebatada, el chirriar de dientes se ha ido alternando con el asombro boquiabierto, la crispación con el no dar crédito, y eso, al fin y al cabo, es toda una experiencia. Es evidente que The Wicker Man parte de Ritual, aunque no sea lo mismo. El policía —aquí un protestante puritano y no un católico— que llega a la campiña inglesa para investigar un crimen ritual, el pueblecito de buenos ciudadanos que esconde prácticas paganas, el terrateniente poderoso y sobreactuado y, especialmente, la joven que exuda sexo. De hecho, el cortejo erótico separado por los tabiques del hostal que en la película protagoniza Britt Ekland también está en el libro.



Todo eso está pero no es lo mismo como digo. Ritual se estructura como un absurdo whodunit detectivesco y la prosa es de un florido tan grandilocuente que roza el ridículo, pero ese ridículo tan digno del que sólo son capaces los ingleses. Y aún así, aunque parezca mentira, de manera desordenada, cuando menos te lo esperas, prende un ardiente desmelene, una locura delirante, tan inaudita, que me incapacita el sentido y cualquier juicio objetivo, y eso es muy de agradecer.


18.10.14

CRÓNICAS DE SITGES 2014 (XXXVII): FILTH



Adaptación de una novela de Irvine Welsh, el autor de Trainspoting. Leí Escoria, que es como se tradujo aquí el título, cuando salió, es decir: hace más de 15 años. Pese a ese tiempo, aún permanecen en mi recuerdo algunos detalles y sensaciones —y no siempre puedo decir que sea así—. Por ejemplo, que la devoré fascinado por su protagonista mezquino, hijo de puta, soez y malhablado. También por su suma incorrección y por la descripción de una Edimburgo aterradora. Del mismo modo, aún recuerdo que el giro inesperado que propicia el desenlace me decepciono un poco. No esperaba que tres lustros después se convierta en película. Creo que gestiona mejor la transición hacia lo que no me convenció, pero claro, yo sabía. James McAvoy está estupendo en el papel de ese inspector de policía miserable, la escoria del título. Aún así, encuentro que la película divaga demasiado en su verdadera condición: uno no sabe si está ante un thriller que deviene trágico, una comedia negra o una sátira pasada de vueltas. Esa amalgama, en ocasiones, no funciona del todo bien.

CRÓNICAS DE SITGES 2014 (XXX): STARRED UP



Drama carcelario escocés que gira en torno a la relación entre un padre y un hijo, ambos dominados por la violencia impulsiva, que se reencuentran entre rejas. Sórdida y contundente, refleja con dureza el cerrado submundo de las prisiones, su entramado de poderes paralelo y la corrupción del sistema. Tengo una debilidad personal por la descripción de las clases más bajas y marginales del Reino Unido, así que eso lo disfruté mucho, más cuando los actores están estupendos. El subgénero de cárceles no ofrece muchas sorpresas a estas alturas, pero en este caso la aportación es más que digna. Por cierto, si hubiera record Guinness a la película con más fucks y fuckings en sus diálogos, ésta es seria candidata.

25.8.14

SILLÓN OREJERO

Cuando hace ya diez años, tal día como hoy, abrí este rincón ausente que tantas alegrías me ha dado (el tiempo invertido ha merecido la pena), una de mis intenciones fue ir anotando todos los libros, cómics o películas en los que me zambullía. Durante un tiempo lo conseguí, pero luego la falta de tiempo y la dispersión lo hicieron imposible. De vez en cuando anoto listas manuscritas de temas o cosas que luego se diluyen o pierden sentido. A finales del año pasado abrí cuenta en Goodreads y he procurado ser fiel a ella, al menos con los libros pero no con los cómics. Eso me ha permitido tener una lista de todo lo que llevo leído desde entonces junto a unos apuntes de reseña escritos con premura. Como, mecachis, no aparece aún en el buzón la epístola libresca de Sark con las novedades veraniegas, he pensado reunir por aquí los libros leídos desde comienzo de 2014 y que por una razón u otra no habían aparecido por aquí.


La casa de hojas, de Mark Z. Danielewski

 Empecé el año lector con lo que cayó de regalo navideño, y eso que no es habitual que me abalance sobre las novedades recién entradas. Lo cierto es que sentía mucha curiosidad por el entonces libro del momento, una novela de terror vanguardista en forma y fondo etiquetada más o menos con acierto como un cruce entre Stephen King y Foster Wallace. Si le han dado un ojo en librerías seguro que han visto su increíble maqueta, con párrafos en espiral, invertidos, laberínticos o alternando páginas llenas de letra con otras casi carentes de ella. Y ojo, porque no son gratuitos. La casa de hojas pertenece al subgénero de las casas encantadas pero está construida a partir de tres niveles. Por un lado, el filme documental realizado por el padre de la familia que la habita cuyo metraje imposible nos desgrana (segundo nivel) de manera minuciosa y obsesiva el extenso ensayo escrito por un anciano ciego ya fallecido. La obra de su vida, plagada de pies de texto a cientos de referencias ficticias sobre la película. El tercer nivel corresponde a las anotaciones sobre el manuscrito realizadas, muy al estilo Palahniuk, por un tatuador disfuncional, amigo de drogas y peleas, a cuyas manos va a parar el original del viejo, y que queda atrapado por su contenido maldito. No contento con ello, Danielewski completa la novela con un profuso anexo de apéndices donde destacan, por cruciales, las cartas que la madre del tatuador le enviaba desde su reclusión en un manicomio. Así que tenemos una obra formalmente inaudita, porque a los experimentos antes comentados en la composición de la página, con voluntad narrativa, se añaden las diferentes tipografías según quien escriba (principalmente el viejo y el tatuador) y literalmente cientos de pies de página. Aunque en momentos concretos llegué a la conclusión de que le sobran algunas páginas, y que tiene algunos pasajes de lectura áspera, lo cierto es que me sumergí atrapado y no lo solté de mis manos hasta acabarlo. Me alegra mucho el éxito (va por la cuarta edición) de lo que era una empresa arriesgada, el esfuerzo en la maqueta de la edición española es más que brillante (un curro) y la traducción de Javier Calvo titánica.



Crónicas Quinquis, de Javier Valenzuela
(Libros del K.O., 2013) 

Recopilación de artículos de prensa de Javier Valenzuela publicados en la primera mitad de la década de los 80, disfruté mucho de su lectura entre otras cosas porque el periodismo de sucesos es una de mis debilidades. El eje temático son los quinquis, de los que aquí se ofrece una visión realista y trágica muy alejada del aire de figura mítica con que la cultura pop patria les envolvió. Historias de atracadores adolescentes, hijos de la droga, polígonos y cárceles. La antología, breve y que consumí leyendo un capítulo al día, se completa con algún texto de costumbrismo madrileño, novela negra madrileña (lo que menos me atrajo), una semblanza del alcalde Tierno Galván y una reivindicación, justa y necesaria, de Tomas de Quincey como padre del periodismo de sucesos.



¿Pueden suceder tales cosas? Cuentos fantásticos completos, de Ambrose Bierce
(Valdemar, 2012)

Antología completa de los cuentos de Bierce que he disfrutado bastante, intentando seguir el ritmo de un relato al día. Obviamente, al tratarse de una compilación integral y extensiva, hay un poco de todo. Están los relatos más conocidos, desde el precedente del horror cósmico de Lovecraft que es Un habitante de Carcosa al salvaje humor negro de El clan de los Parricidas. De Bierce, además de su humor, me gustan esas recopilaciones de breves historias de fantasmas, casas encantadas y muertos que caminan escritas con sencillez y que no sé si eran inventadas o recogidas durante sus viajes (un poco como preámbulo a las compilaciones de Charles Fort); me gusta que su gótico americano más que de mansiones sureñas sea de mineros, cabañas y poblados de la frontera, y ahí mezcla western con fantástico (una debilidad personal); o las muchas historias de fantasmas ambientadas en la guerra de secesión, que es otro detalle muy interesante porque el horror de la guerra configura mucho de nuestro horror contemporáneo.



Retratos y encuentros, de Gay Talese
(Alfaguara, 2010)

Uno de mis géneros preferidos es lo que Tom Wolfe bautizó como Nuevo Periodismo, y Gay Talese fue uno de los primeros y mejores exponentes. Esta antología es estupenda y la componen algunos de sus retratos, fruto de acompañar durante algunos días a alguna celebridad, observarla y escribir sobre ella: Frank Sinatra, Peter O'toole, Alí en Cuba, Joe Louis, Floyd Patterson o Joe Dimaggio (estos tres últimos leyendas del deporte USA que Talese describe en su retiro), una divertida historia del magazine literario Paris Review, la historia del redactor de obituarios del NY Times y, al final, una serie de historias familiares como el ardid de un sastre napolitano (su abuelo) para engañar a un mafioso, cómo acabo siendo periodista y algunos consejos. A mi es que todo esto me encanta y me lo paso muy bien gracias a su prosa de apariencia sencilla y su tremenda habilidad para observar y desnudar al personaje. Un maestro.



Escarabajo Hitler, de Ned Beauman
(Funambulista, 2012)

El tipo de locura que me hace babear de placer: coleccionistas de parafernalia nazi, boxeadores judíos, barriobajeros sonados, asesinos daneses, fascistas ingleses de los años 30, aristócratas ridículos, mad doctors pichaflojas, eugenesia, enfermedades raras y apestosas, música atonal, futuristas italianos, insectos mutantes, cartas de Hitler, sexo raruno, lenguajes artificiales, casas del futuro del siglo XIX, humor inglés, instinto bruto. ¡Qué más puedo decir sin que los ojos aún me hagan chiribitas de gozo! Lástima que flojee un pelín en las últimas páginas, pero qué coño importa eso si hasta ahí el viaje es un gozoso festival de ideas locas, un guateque de referencias pOp, una fiesta ideal para los viejos lectores de este blog.



El sueño y el mito, de Javier Calvo

Interesante recopilación de ensayos sobre arte y literatura extraños, 16 en total, a cargo del escritor y traductor Javier Calvo publicados con anterioridad y de manera dispersa en revistas, web o incluso como prólogos. Reconozco que las antologías de no-ficción son una de mis debilidades, y aquí muchos de los temas son muy de mi agrado. Textos sobre Lovecraft, Cirlot, Alan Moore, Los Invisibles de Morrison, Aleister Crowley y la literatura de magia oscura, Colin Wilson, Doctor Who, arquitectura nazi, black metal o espiritismo que Javier Calvo despliega con pasión y conocimiento, e incluso resulta didáctico en temas como la magia oculta y el gnosticismo, que me atraen pese a mi escepticismo. Vamos, que lo he leído con mucho gusto e interés. De nuevo, intenté que el ritmo fuera de un capítulo diario.


La chica mecánica, de Paolo Bacigalupi

Excelente relato más o menos distópico en un futuro (siglo XXII) en el que el fin de los recursos energéticos derivados del petroleo, la guerra, las plagas y la enfermedad han convertido a las corporaciones transgénicas en el principal poder mundial. No hay variedades de arroz, por ejemplo, sino un único tipo, el U-Tex. Tiene el gran acierto de ambientarse en Tailandia, porque al futuro le sienta bien ser asiático más que occidental, una autarquía que se debate entre seguir cerrada o abrirseal exterior, con una lucha de poder entre el ministerio de comercio y el militarizado ministerio de medio ambiente. También hay piratas genéticos y neoseres, es decir, humanos o animales modificados genéticamente que los tailandeses ven como aberraciones a exterminar. Historia coral llena de intrigas y acción, de humedad, suciedad y violencia, lo cierto es que tras las 100 primeras páginas ya no pude soltarlo y lo devoré en muy pocos días. Un clásico de la ciencia ficción contemporánea.



La ciudad y la ciudad, de China Miéville

Impresionante. En principio, se trata de un relato policial entre la investigación detectivesca de un crimen y el thriller con ramificaciones políticas. Eso en principio, aunque lo realmente interesante es que sitúa la acción en dos ciudades que comparten el mismo espacio físico y donde sus habitantes han sido educados para no ver a los vecinos con los que comparten lugar pero no ciudad, a "desverlos", y evitar en todo lo posible cruzar las fronteras entre una y otra, "abrir una brecha". Es impresionante como Mieville hace suyo tan surreal punto de partida y consigue que el lector le acompañe. Curiosamente, aunque se pueden trazar multitud de metáforas ante esa situación (del muro de Berlín al Estado de Israel, pasando por cualquier lugar donde sus habitantes estén separados por razones étnicas o ideológicas) Mieville las desprecia para centrase en el relato policial de un crimen que pone en duda el sistema. Lectura muy recomendable y del todo fascinante.



La transmigración de Timothy Archer, de Philip K. Dick 
(Minotauro, 2012)

Primera relectura del año, en parte motivada porque es uno de los ejes de la segunda entrega de Gótico de Suburbia. Última novela escrita por Dick, me resulta tan extraña como hipnótica. Por un lado, un acto de lealtad a su amigo el polémico obispo Pike (el Archer del título) y por otro un cierre entre la ironía y el escepticismo a su obra y a su ciclo religioso final. En realidad, más que una novela de género fantástico o anticipación, es lo más cerca que estuvo de escribir una obra de base autobiográfíca, en clave contracultural y a la genuina manera Dick (si no tenemos en cuenta Confesiones de un artista de mierda, al fin y al cabo escrita a finales de los 50 pero publicada casi tres décadas después). Está llena de diálogos sobre temas metafísicos o religiosos (muy bien llevados) y también funciona como paisaje del Berkeley de los 70 y su fauna pintoresca (de la que él mismo formaba parte).



Nuestra señora de las tinieblas, de Fritz Leiber
(Pulp ediciones, 2002)

Otra relectura motivada por la misma razón que la anterior, y tras la cual sólo puedo decir que es una novela maravillosa que aún me ha gustado más que la primera vez. Lieber, un tipo pintoresco y un buen escritor de género, pasó un lustro borracho por la muerte de su esposa y acabó convirtiendo el paisaje urbano que veía por la ventana de su apartamento en la base de una de las novelas de terror más singulares jamás escrita. Enriquecida por la presencia de secundarios como Jack London, Ambrose Bierce, Dashiel Hammett o Clark Ashton Smith, entre mucho otros a los que se cita o menciona. No diré que es la precursora de ese tipo de pastiche (no olvidemos a Philip José Farmer), pero casi. Sus virtudes son enormes: es tan generosa en citas, guiños y referencias que daría para escribir un ensayo sobre ella, pero al mismo tiempo es una lectura sencilla y nada pretenciosa. Terror alimentado por libros malditos (reales o falsos) y novelitas pulp; por si fuera poco se saca de la manga el concepto de la megapolisomancia, es decir, magia negra que utiliza las arquitecturas urbanas contemporáneas.



Siempre hemos vivido en el castillo, de Shirley Jackson
(Minúscula, 2012)

Palabras mayores. Fantástica. Un genuino tesoro secreto (al menos para muchos, porque el rastro de su influencia es notable) que merece reivindicación entusiasta. Gótico sureño, lugareños ruines, agorafobia asesina y maldad infantil a medio camino entre el cuento de brujas y las mansiones con fantasma, todo envuelto en un punto de vista de siniestra inocencia. El primer párrafo es pura poesía maldita. El último es demoledor. Imprescindible para todo aficionado a lo malsano.



1914: de la paz a la guerra, de Margaret MacMillan
(Turner, 2013)

Fantástico y brillante libro de historia que empieza con la Exposición Universal de París de 1900 (un sueño de progreso) y acaba con el estallido definitivo de la Gran Guerra, tras la que el mundo ya no será el mismo. Disputas, alianzas, crisis entre imperios, gran descripción de las personalidades implicadas (y sus minucias), corrientes culturales. He disfrutado mucho la lectura y al final no podía soltarla, atrapado casi como si fuera una gran novela de intrigas que por desgracia no es. Muy recomendable y un ejemplo de como los libros de historia pueden ser una lectura apasionante. Por si no fuera suficiente con eso, he subrayado un montón de párrafos y marcado páginas porque es una de esas lecturas que me arrastran a investigar cosas o me regalan ideas sobre las que profundizar un poco más.



El terror, de Arthur Machen
(Alianza, 2004)

Machen, que ya era pionero y referente para el devenir futuro del género de terror, demostró de nuevo su condición de escritor adelantado a su tiempo con esta novela breve escrita mientras en Europa tenía lugar la 1ª Guerra Mundial. Por un lado, porque era una reacción a ésta y, de hecho, tiene muy claro que la atroz violencia de la contienda es un terror insuperable y el germen de todo mal. Por otro, porque esa revuelta atávica de las fuerzas de la naturaleza se avanza en décadas al terror ecológico que imperó en los 70. Y eso sin olvidar el estilo directo, objetivo y, en parte, periodístico con que retrata toda la serie de fenómenos extraños que describe, influenciado por el materialismo de la literatura espiritista de la época y un poco como haría Charles Fort muy poco después. Se lee en una tarde.

Otras lecturas en lo que llevo de 2014 de las que ya he hablado por aquí:
Los libros condenados, de Jacques Bergier
Manitú de Graham Masterton y La fortaleza de F. Paul Wilson
Librerías, de Jorge Carrión



29.3.14

DOS DE GÉNERO: MANITÚ Y LA FORTALEZA

Por cuestiones diversas, entre la necesidad, el interés y la evasión, me puse con un par de lecturas menores un poco con la intención de dejar que los modos de la novela de terror sencilla y sin pretensión me impregnaran un poco. EN concreto: Manitú de Graham Masterton y La fortaleza de F. Paul Wilson.


Manitú no es gran cosa desde el punto de vista literario, esto es así y no ofrece mayor discusión. Prosa sin complicaciones, directa y sustentada en los diálogos siguiendo el molde del best-seller insustancial. A cambio, ofrece entretenimiento a raudales y como relato de terror fantástico es un inmenso delirio por el que es muy difícil no sentir simpatía, con sus hechiceros sioux resucitados, sesiones de espiritismo bizarro, el recurso del manitú de la tecnología y reputados cirujanos que se entregan felices a la versión de un charlatán que se gana la vida con el tarot.


Manitú tuvo una adaptación fílmica, protagonizada por Tony Curtis, tan loca y delirante como la novela (¡viva la fidelidad!). Aquí se estrenó con el creativo título de Regreso desde la quinta dimensión, filme loco que reverencio y sobre el que ya escribí en la prehistoria del blog.


Graham Masterton, que fue director del Penthouse británico, desplegó a partir de Manitú una prolija carrera de escritor centrada en el thriller, el terror y los manuales de sexología, acabó fusionando los dos últimos sin perder el espíritu alocado. Apenas publicado por aquí, Valdemar ha acudido al rescate con una antología que ardo en deseos de tener en mis manos: El hijo de la bestia y otros relatos de terror y sexo extravagante.



Respecto a mi otra lectura, La fortaleza de F. Paul Wilson, curiosamente muestra mayor ambición pero acaba siendo decepcionante. Durante la Segunda Guerra Mundial una compañía de soldados alemanes se instala en una extraña fortaleza en las montañas de Rumanía. El punto de partida es interesante y tiene cosas que están muy bien: nazis en Transilvania, zombis de las SS, dudas de un judío ante el efecto de la cruz en un ser sobrenatural, vínculos con Bram Stoker, guiños al Necronomicón y un inicialmente original tratamiento del vampirismo; pero según avanzaba en la lectura me iba resultado más árduo llegar hasta el final, que en su epílogo alcanza cimas de lo ridículo con pajaritos cantando mientras el héroe resucita por amor y happy end. Colofón vergonzoso para una novela que empieza muy bien y que cae sin remisión a partir del momento en que la historia se convierte en una lucha entre inmortales del Mal y el Bien, del Caos y el Orden, que es algo que casi siempre me tira para atrás.



Como Manitú, también tuvo su adaptación al cine, aquí conocida como El torreón (The Keep) y que sólo tuvo distribución en video. Dirigida Michael Mann en los principios de su carrera, justo antes de triunfar en televisión con Corrupción en Miami, era una serie bé de estética absolutamente ochentera llena de humos, neones, música de Tangerine Dream y reparto curioso (Scott Glenn, Gabriel Byrne, Ian McKellen). Que fuera bastante mejor que el material original resulta curioso porque desaprovechaba alguna de las pocas cosas buenas del libro: no hay ejército de zombis nazis (¡Imperdonable!) y cambiaba el aspecto del ente diabólico, que en la peli es una especie de Predator y en la novela un Nosferatu con melenas. Aún así, la recuerdo con bastante simpatía.


19.11.13

SUPERHOMBRES, MIEDO, ASCO Y DROGAS


ECC ha recuperado en un volumen único la mítica primera serie del Marshal Law de Pat Mills y Kevin O’Neill: Miedo y asco. El recuerdo de aquel salvaje alegato contra los superhéroes me llevó directamente a la estantería para localizar, de nuevo, la anterior e inencontrable primera edición en castellano, que sacó Forum en 1991 como estreno por aquí del sello Epic que también la amparó en su publicación original. Era 1987 y corrían tiempos de ruptura en el mercado y la industria del tebeo de superhéroes norteamericano. Un año antes habían visto la luz el Watchmen de Gibbons y Alan Moore y el Dark Knight Returns de Frank Miller, con sus contenidos adultos y oscuros; y quizá sea esta fábula violenta, una bofetada cargada de ironía y mala leche contra el superhombre popular, la tercera pata sobre lo que se construyó lo que estaba por venir, para lo bueno y para lo malo. (...)

Este es el primer párrafo de la reseña de Marshall Law: Miedo y Asco que he publicado en Gencomics. Pueden seguir leyendo aquí (click).

Lo cierto es que me ha gustado regresar a un tebeo que tenía casi olvidado desde que lo leí y disfrutar de un demoledor ataque contra el género superheroico cuando no estábamos acostumbrados a ello. Ahora me llama la atención, por ejemplo, los muchos paralelismos que guarda con The Boys de Garth Ennis. También su clara condición de tebeo británico hijo directo de 2000 AD pese a que se trate de un proyecto al amparo del sello Epic de Marvel.

Por último, dado que la temática Heroes, Superhéroes y Drogas es uno de mis campos de interés y estudio, dejo aquí un demoledora viñeta, a toda página y que abre la cuarta entrega original, en la que Espíritu Público, inspirado en el arquetipo de Superman, se mete un chute de superesteroides en plan yonqui.


13.10.13

CRÓNICAS DE SITGES 2013 (VIII): THE WORLD'S END


Los protagonistas de Shaun of the dead ante la invasión zombi acudían al pub en busca de refugio porque era el único refugio que conocían. The World's end supone un paso adelante porque el pub no es ya el refugio conocido sino uno mitificado en el recuerdo cuando la edad ha provocado el apocalipsis interior. Según van pasando las horas desde su visionado, The World's End crece en mi cabeza hasta hacerse ENORME. En realidad, los gags, diálogos chispeantes, el giro hacia la ciencia-ficción y la acción, es decir, la diversión a raudales, puede provocar que no veamos el bosque, porque todo ese estupendo envoltorio oculta una película muy seria sobre la pandilla, el mundo, la realidad del progreso, el desafio al orden establecido, la uniformidad. En algunos momentos puede llegar a ser muy sutil, como esa referencia a la primera rotonda de Inglaterra, señal del orden que vence al caos. Soy muy fan del modo en que los ingleses afrontan, desde hace décadas, la ciencia ficción.  En términos de nostalgia, para una generación muy concreta de británicos, puede resultar demoledora porque su selección de temas musicales de la era Manchester y similares es tremenda, y el homenaje al Loaded de Primal Scream (y en concreto al recitado sacado de The Wild Angels de Roger Corman) sencillamente antológico.

Zona de spoilers

Obviamente, la peli mira a los ladrones de cuerpos originales y su estupendo remakedel 78, pero me encanta que los invasores acaben siendo gente educada que nos abandonaran ante la certeza de que los humano sólo queremos divertirnos, aunque eso nos cueste el progreso. Y si encima lo hacemos desafiando toda autoridad, mejor. Que la humanidad base su defensa en el recitado inicial de Loaded de Primal Scream y que los invasores respondan con una frase de los Pet shop boys me parece ya una genialidad mayúscula.
Just what is it that you want to do? 
We wanna be free 
We wanna be free to do what we wanna do A
nd we wanna get loaded 
And we wanna have a good time 

14.11.12

CRÓNICAS DE SITGES 2012 (XXXVII): A FANTASTIC FEAR OF EVERYTHING


Escrita y dirigida por Crispian Mills, el líder de los Kula Shaker (que acabo de ver que además es hijo del director y de la protagonista de la apreciable Twisted Nerve), a Descabellado miedo a todo (traducción más o meno literal del título) no se le puede negar su voluntad pese a no ser nunca una peli redonda. Se agarra a la tradición de la comedia negra británica, esa que tantas alegrías nos ha dado, pero con cierta impericia porque es complicado que funcione durante hora y media cuando se es una película modesta, soportada en buena parte por un único actor (Simon Pegg, por fortuna) y ambientada en tres escenarios: un apartamento, una lavandería y su sótano. Es difícil no mostrar simpatía pese a la teatralidad del conjunto y es justo destacar el empuje inicial, con ese estupendo retrato de paranoia agorafóbica e incluso el cuento infantil insertado (el protagonista es escritor). Por desgracia, el aburrimiento colea por ahí y apenas me provocó grandes carcajadas (aunque sí sonrisas), quedando así a medio camino de la comedia británica y negra que prometía ser.

19.10.12

CRÓNICAS DE SITGES 2012 (XXIV): CITADEL



Antes de iniciarse la proyección de esta modesta película británica, primera de su director, éste comentó al público asistente un detalle que me parece fundamental: el protagonista sufre de agorafobia porque el mismo, víctima de una paliza en su infancia, la padeció durante años. Así que Citadel se alimentaba de dos cosas: su enfermedad y su pasión por el cine de terror. Piensen en ello: un director agorafóbico volcando sus miedos en una película de horror. Eso explica muy bien porque me sedujo tanto la atmósfera opresiva e irrespirable de esta película, por otro lado muy modesta y en la que intuyo, por otro lado, que serpentea algún tipo de mensaje e idea que no debería ser de mi agrado, pero que soy incapaz de localizar mientras disfruto de sus otras virtudes.
Citadel hace del extrarradio y el suburbio urbano un protagonista más. Barrios de bloque y aluminosis abandonados por la crisis, paisajes del derrumbe y el Apocalipsis contemporáneo. Soy muy fan de las arquitecturas del mal, del edificio maldito con vida propia. Como tema tiene diferentes variantes, pero en los últimos años detecto su presencia renovada en películas tan diferentes como La Horda o Attack the Block a las que habrá que sumar esta Citadel en la que un joven viudo agorafóbico lucha por defender a su bebé recien nacido del acoso de una banda de adolescentes encapuchados en un barrio desértico y abandonado de esos que también nosotros vemos por la ventanilla del tren de cercanías cuando nos alejamos del corazón de la urbe. La Arquitectura del Mal como motor de nuestros miedos de hoy, entre hipotecas y deshaucios.

Detecto en Citadel una actualización del viejo cuento del troll roba niños; también veo a Ballard porque es inevitable verle entre esos edificios de cemento gris y solitario; anda por ahí Cronenberg, en la capucha de la gabardina de esos adolescentes que emergen del edificio en cuanto se pone el sol, monstruos contemporáneos creados por el fin del bienestar; y también veo a Fulci porque hay algo seco en las grietas de las paredes, y porque sale un cura maldito y un niño ciego. Veo todas esas cosas y señalo Citadel como una peli a descubrir, llena de detalles pese a su modestia y a ese algo, ese pero, que por fortuna no puedo concretar.

16.10.12

CRÓNICAS DE SITGES 2012 (XX): SIGHTSEERS



No he visto la muy recomendada Kill List, pero tras disfrutar de la siguiente película de Ben Wheatley ya he realizado los oportunos movimientos. Sightseers es una estupenda muestra de humor negro como hace mucho que no veía, humor negro potenciado por el carácter 100% británico de la película y de lo que retrata, la excursión de una pareja algo borderline por los parajes de la Inglaterra tradicional. Una road movie que pronto toma rumbo genérico hacia el serial killer mientras lo dinamita todo a su paso (o al menos instituciones varias y los estereotipos ingleses más campestres) siempre con elegancia, al mismo tiempo que  deja de lado cualquier atisbo de juicio moral sobre lo relatado, incluso todo lo contrario. Soy muy fan del toque británico para este tipo de historias negras, y Sightseers cumple con todos los requisitos, así que no me queda más que aplaudirla y recomendarla.  

29.7.12

STEAMPUNK ELÉCTRICO Y REVOLUCIONARIO



Desde hace meses, muchos meses, tenía la intención de dedicar un post conjunto en el que reunir y comentar todos los tebeos de Warren Ellis que iba leyendo. El problema es que últimamente el tiempo es uno de mis valores más escasos y la intención era un pez que se mordía la cola. Siempre había un tebeo más y menos tiempo; además, por el camino se quedaba el impulso de la escritura inmedita tras la lectura, que es una de las cosas que me guía. Se acumulaban las lecturas en una de las muchas pilas que decoran mi despacho y se perdía el apunte de algunas ideas porque mi memoria empieza a ser frágil, los años no perdonan

Y así estaba yo, creando una bola de imposible solución, cuando una soleada mañana de verano me puse a leer en la terraza El Capitán Swing y los piratas eléctricos de Isla Cenicienta, cómic del sello Avatar publicado aquí por Editores de Tebeos. Me lo pasé tan bien y disfruté tanto que envié a tomar Santas Pascuas el asunto y decidí que los tebeos de Ellis hay que comentarlos cuando toca, calentitos y no de memoria.

De Warren Ellis me fascina su capacidad para lanzar ideas y mensajes subversivos y contemporáneos a través de tebeos de consumo. Es cierto que hay quien le reprochan su inmediatez, una falta de acabado o cierto desorden. Ese “tengo una idea genial y con ella construyo un tebeo rápido y nada sutil”. Incluso, que la idea genial se repite y disfraza. Me da igual si es así y creo que esto ya lo he escrito antes por aquí. Ellis, además de divertirme, casi siempre me regala el tipo de ideas que disparan el cerebro, aunque sólo sea una chispa de consumo instantáneo, y lo hace utilizando subcultura popular y de derribo (aunque eso, lo popular, me temo que flojea en su deseable consumo). Subversión a bajo coste, anclada en el hoy y camuflada en viñetas de lectura veloz.



El Capitán Swing y los piratas eléctricos de Isla Cenicienta, que además está dibujada (y bien) por el cordobés Raúlo Cáceres, toma forma de relato steampunk, esa corriente que fantasea con un pasado tecnológico de retrofuturismo a vapor y que estaba ahí antes de ser bautiza (en Miyazaki o en Tardi, sin ir más lejos). La filiación genérica es evidente, y más con esas páginas de viejos inventos y maquinarias en imitación de los grabados decimonónicos que jalonan el cómic. Pero Ellis no se puede quedar ahí e introduce la antítesis del steampunk: la electricidad, y lo hace amparado por el espíritu de Nikola Tesla (en remezcla con el Robur de Verne). Por ahí viste al Capitán Swing del título, que además es una especie de mito folklórico inglés que inspiró revueltas rurales en la Inglaterra de 1830. Revueltas que tenían como objetivo la destrucción de las nuevas máquinas a vapor, encarnación de la industrialización agraria que deja sin trabajo ni lugar al campesino de toda la vida.

 El viejo Captain Swing, encima, tenía un look que lo hermanaba con El Hombre de Mimbre

Menuda pirueta la de Ellis, tomar como punta de partida al icono de la resistencia contra la máquina de vapor, es decir, los enemigos del Steampunk. La pirueta va más allá porque ese movimiento radical y utópico se convierte en manos de Ellis en un grupo de activistas armados cuyo verdadero objetivo es la libre difusión de la ciencia y la lucha contra las patentes. De ahí que sean piratas enfrentados a un poder que privatiza el avance tecnológico y lo pone al servicio del capitalismo y no del pueblo. Menudo uno, el Warren Ellis, insisto. Por si fuera poco, también introduce otro entrañable icono británico, el bobbie, el policía sin arma de fuego y cachiporra al cinto cuyo origen, según el tebeo, estaría en la creación de un cuerpo policial que contrarrestara el poder de los corredores de la calle Bow, otro cuerpo policial controlado por magistrados y formado por mercenarios poco recomendables.

Con todo este bello pupurrí retropulp y british, Ellis arma un tebeo generoso en ideas y la mar de divertido cuya lectura me ha entusiasmado bastante, siempre dentro de un orden, claro.

26.9.11

LAS LECTURAS SUBVERSIVAS DEL DOCTOR WHO

Al inicio de Doctor Who y los Daleks (Gordon Flemyng, 1965), primero de los dos largometrajes en los que el gran Peter Cushing interpretaba al célebre personaje, podemos ver la siguiente secuencia de imágenes domésticas de la vida del doctor y sus, por entonces, compañeras de aventuras:


La nieta pequeña lee el voluminoso Physics for the inquiring Mind.

La mayor, The Science of Science.

El mítico Doctor, en cambio, disfruta con un ejemplar del semanario de historietas Eagle que luce en portada un episodio de las aventuras de Dan Dare.

En una primera lectura puede parecer una sencilla escena de humor: mientras las pupilas profundizan en sus conocimientos científicos, el maestro hace todo lo contrario con subcultura popular. Su comentario, al acabar, será "que es muy interesante", jugando a que la lectura de un tebeo de ciencia ficción es un instrumento útil para la resolución de futuras aventuras, añadiendo así un detalle con el que la serie se autoreconoce ciencia pulp y ficción pop.

Pero hay más. La imagen es un símbolo del momento cultural al que pertenece. En esos años el género fantástico británico disfrutaba de una genuina Edad de Oro. Doctor Who, The Avengers o Quatermass en televisión, la Hammer en la pantalla grande y decenas de semanarios de cómic en los quioscos con personajes como Dan Dare, Spider o Zarpa de Acero. Los niños que en 1965 tienen ocho años, en 1977 tendrán 18 y bailarán pogo, entre ellos anónimos adolescentes como Grant Morrison o Alan Moore, que comienzan a sentir fascinación por el género al que dedicarán sus vidas.

Pero si tienen dudas sobre los beneficiosos efectos que tuvo en la juventud británica esa Edad de Oro de la fantasía, tan sólo un dato más. Mary Whitehouse fue la más peligrosa activista de la moral intransigente del pasado siglo en las Islas Británicas. En los 80s, apoyada por el gobierno Tatcher, consiguió ponerse la medalla del escándalo de las video nasties, pero 20 años antes el objeto de sus iras eran el Doctor Who y los tebeos de la IPC, subproductos degenerados que pervetían cerebros infantiles y los alejaba de la moral y las buenas costumbres. Hoy podemos decir que tenía razón y que, afortunadamente, por una vez fracasó en su cruzada.

5.8.11

1976 - SITGES AÑO NUEVE

Sitges IX - 1976_WEB

Como cada verano, prosigo con la crónica historica del Festival de Cine Fantástico de Sitges con la edición de 1976. Por esa época yo ya tenía diez años y me fascinaba pasear por los alrededores y ver los carteles expuestos de las películas. De momento, debía conformarme con eso.

En 1976 el presidente del jurado fue Terence Fisher, uno de los grandes maestros del género y responsable directo del éxito de la Hammer. Su presencia motivó una retrospectiva de la mítica productora con cinco títulos nunca estrenados en España, entre ellos tres de sus películas. Aquí tienen una fotografía de su presencia en Sitges.

También anduvo por ahí Jean Rollin, pintoresco y desmelenado director francés, con una película a competición y algunos títulos repescados que se proyectaron en un espacio habilitado en el Hotel Calípolis y dedicado a un Mercado del Filme para profesionales donde también pudieron verse diferentes películas españolas en busca de algún incauto distribuidor extranjero. A saber, y según el catálogo conmemorativo de aquel año: Vudú Sangriento (Manuel Caño, 1974), Kilma Reina de las amazonas (Miguel Iglesias, 1975), Hombre perseguido por un ovni (Juan Carlos Olaria, 1976), La maldición de la bestia (Manuel Iglesias, 1975) o La noche de las gaviotas (Amando de Osorio, 1975).

La presencia de un erotomano como Rollin desvela uno de los cambios que ya se perciben: el relax de la censura, en especial respecto al sexo. Estamos en plena transición y el furor del destape está a punto de estallar. Ya se ha comentado por aquí que en esos años el premio de una posible teta o desnudo integral llevó a muchos espectadores a las salas del Festival, por mucho que buena parte de las películas fuesen en versión original a pelo.

Entre los filmes poryectados destacaron un clásico de Argento como es Profondo Rosso o Fin de Semana Sangriento, una película hoy bastante olvidada pero que en su momento causó sensación. El resto, pues lo pueden ir viendo a continuación, con la serie bé (y cosas peores) dominando la programación, cosa que sacaba de quicio a muchos críticos.

Los documentos que tienen a continuación proceden de los habituales Nueva Dimensión y La Vanguardia. No he encontrado referencias en Vampus o Famosos Monster del Cine (a punto de cerrar), así que me temo que ese fondo documental se despide de esta sección, por desgracia. Se acercan años oscuros por lo que hace a la búsqueda de información.

Empezamos con la crónica de Carlo Fabretti publicada en Nueva Dimensión núm. 84 y también, con el título de Crisis en el Cine de Terror, en Nuevo Fotogramas núm. 1462 (22 de octubre de 1976). Es una crónica muy dura que motivó polémica y desavenencias importantes, como veremos en la próxima entrega.

CHAPOTEANDO EN UN CHARCO DE SANGRE

No un mar, que no es para tanto, ni un río, que da idea de dinamismo y avance, sino precisamente un charco, símbolo del estancamiento de un género que lleva demasiado tiempo nutriéndose de los mismos tópicos y al que ni el destape ni la progresiva brutalización que ha experimentado en los últimos años logran mantener a flote.

EL IX FESTIVAL
Celebrado en Sitges del 2 al 9 de octubre, ha venido a evidenciar una vez más la crisis de un género que está necesitando urgentemente una renovación a fondo (y no meramente formal) y unas dosis masivas de imaginación, tanto a nivel temático como de realización. En este sentido cabe señalar una serie de puntos significativos:

Ausencia casi total (salvo en eventuales versiones paródicas o sesiones retrospectivas) de los grandes mitos del género: Drácula, Frankenstein, el hombre-lobo, la momia, etcétera, ausencia indudablemente achacable al desgaste de dichos símbolos.
Profusión de cintas meramente sanguinarias que poco o nada tienen que ver con el terror y menos con la fantasía, lo que denota el progresivo desplazamiento del cine de terror por el puramente sádico o sadopornográfico.
Los largometrajes de Terence Fisher presentados en sesión retrospectiva, en doloroso contraste con realizaciones más recientes de la misma productora y otras afines, pusieron de manifiesto una vez más que el viejo maestro británico (que en su día renovó y reimpulsó el cine de terror con cintas como Drácula) no ha sido superado y ni siquiera igualado (pese a sus limitaciones) por sus continuadores, dentro y fuera de la Hammer, lo cual contribuye también a dar idea de la decadencia del género.
Uno de los intentos de renovación y supervivencia del cine de terror consiste en orientarse hacia el cine «catastrófico» ("si no puedes vencerle, alíate con él"), que en gran medida está desplazando al terror tradicional. Pero la gran mayoría de las veces con ello no hacen sino sumarse los aspectos negativos (que son muchos) de ambos géneros. Bug, cinta estadounidense que clausuró el certamen y a la que luego aludiré de nuevo, constituye un claro ejemplo de lo antedicho.



UN FESTIVAL DE DUDOSA IDENTIDAD
Pero la del cine de terror no fue la única crisis puesta de manifiesto por la última Semana de Sitges. Cabe hablar también de una auténtica «crisis de identidad» del festival mismo, que en sus primeras ediciones se autodefinía «de cine fantástico, de ciencia ficción y de terror», que luego eliminó lo de «ciencia ficción» debido al escasísimo número de telefilms de este género programados y que a estas alturas ya podría ir eliminando lo de «fantástico». Y de seguir así, incluso lo de «terror» le vendrá ancho al certamen, y habrá que rebautizarlo de acuerdo con su especialización real, que parece ser el «catsup» y la puñalada trapera. O eso, o un cambio de planteamiento y un criterio algo más coherente a la hora de seleccionar las películas. Cine fantástico no falta; es más, en la actualidad está pasando por una etapa de auténtico resurgimiento por lo que resulta doblemente decepcionante que Sitges insista en ofrecer un menú compuesto casi exclusivamente por los consabidos pasteles de sangre.

(Nota Ausente: según el catálogo de ese año los responsables de la programación fueron Luis Gasca, todo un pionero del fandom pop hispano, Jacinto Santos Parras, curioso productor y distribuidor si miramos su filmografía, y el ignoto Francisco Montamer Mir)


LOS PREMIOS



Este año se pasaron 23 largometrajes, 15 de ellos a concurso, 5 en sección retrospectiva y 3 en informativa. El jurado, presidido por Terence Fisher, concedió los siguientes premios:
Mejor realizador: Dario Argento, por Profondo rosso, de Italia.
Mejor guión: William Fruet, por Death Week-End (de la que también es director) de Canadá.
Mejor actor: Peter Cushing, por The Ghoul, de Freddie Francis (Gran Bretaña)
Mejor actriz: Breda Vaccaro, por Death Week-End.
Mejor fotografía: Jean-Jacques Mathy por Le Nosferat, de Maurice Rabbinowicz (Bélgica).
Mejores efectos especiales: Phil Cory, por Bug, de Jeannot Szwarc (USA).
Mejor cortometraje: Chambre d'hotel, de Yugoslavia, con mención al también yugoslavo Led.

(nota ausente: Death weekend se estrenó en USA como The House by the Lake para vincularla a La última casa a la izquierda. Fijense en el detalle de este anuncio de prensa norteamericano donde se destaca como ganadora de un "gran premio" de Sitges)

Por otra parte, un arbitrario «jurado internacional de la crítica» elegido, según se nos explicó luego, «por sorteo», premió Death Week-end y dedicó sendas menciones a Bug y Le Nosferat. Por cierto que el comentario que acompañó a la mención a la mediocre Bug fue uno de los más ridículos oídos últimamente en los repartos de premios de Sitges (que ya es decir): "Por su excelente utilización de los recursos de la ciencia ficción". El que unos señores que se hacen llamar críticos consideren que unas cucarachas que echan chispas por el culo constituyen una «excelente» utilización de los recursos de la ciencia ficción es sencillamente sonrojante.


(Nota Ausente: El Bicho, que así se distribuyó por aquí, fue la última producción del gran William Castle, el rey del gimmick, que en esta ocasión promocionó en USA su película con un seguro de vida en el caso de que algún espectador muriera de miedo durante la proyección. No es más que una serie B que quiso aprovechar el tirón de Tiburón para regresar a las típicas monster movies de los 50. Aquí el trailer).



LAS CINTAS PREMIADAS
Profondo rosso es un típico film de Argento, en la línea de sus realizaciones anteriores (con un irreconocible David Hemmings como protagonista), en el que crea un suspense bastante artificial pero hábilmente estructurado y eficaz a nivel de espectáculo. La realización, pese a abusar de efectismos típicos del género, como estridencias musicales y largos paseos de cámara a corta distancia de los objetos, es indudablemente hábil y a menudo incluso brillante, por lo que, a falta de nada mejor, el premio puede considerarse lógico.


No es éste el caso, sin embargo, de Death Week-End, que, para empezar, no pintaba nada en una presunta Semana de Cine Fantástico y de Terror, ya que se trata, simplemente, de una cinta de acción y violencia, en la línea de (por no decir inspirada directamente en) Perros de paja, aunque muy inferior en todos los aspectos. El único mérito del guión, efectista y poco coherente, consiste en mostrar a una mujer capaz de conservar la sangre fría y obrar con determinación ante una situación de peligro. Pero, por lo demás, los premios concedidos a esta cinta fueron tan arbitrarios como su misma inclusión en el festival.


Sobradamente merecido el premio a Peter Cushing, aunque The Ghoul no pasa de ser una simple repetición de esquemas y tópicos del género, con una realización meramente discreta y un ogro devorador de carne humana, barrigón y lleno de pupas, más bien hilarante.


Le Nosferat no sólo destacó por su excelente fotografía, oportunamente galardonada, sino por la excelente labor interpretativa de conjunto y por algunos interesantes experimentos, próximos al expresionismo, a nivel de lenguaje cinematográfico.



Bug, mediocre e incoherente cinta terrorífico catastrófica, basa su presunto poder horripilante en unas cucarachas incendiarias, liberadas por un terremoto, que lo más que llegan a producir es un poco de asco en los espectadores aprensivos. Incluso el premio a los efectos especiales resultó arbitrario, ya que, en la misma línea, lo hubiera merecido más Squirm, de Jeff Lieberman, otra cinta estadounidense similar, en la que las cucarachas incendiarias son sustituidas por gusanos mordedores excitados por la electricidad. En Squirm, por lo menos, las escenas de gusanos penetrando en la carne humana y de habitaciones materialmente inundadas por masas de lombrices (hasta el punto de que un hombre puede sumergirse en ellas como en un pantano) están francamente logradas.


La participación española
Este año se ha visto reducida a un sólo largometraje, que, afortunadamente, se sale de la línea tradicional del mediocre terror hispano (me refiero al cinematográfico, claro; el otro está a la altura de los mejores productos internacionales). Se trata de El jovencito Drácula, de Carlos Benpar, obra en muchos aspectos inmadura e imitativa ( el título de por sí ya es lo suficientemente expresivo en este sentido), pero que supone un interesante intento de desmitificación del género. Cinta, además, doblemente polémica: por una parte, se pasó en sesión informativa por considerarse que no tenía el suficiente nivel de calidad para entrar en la sección competitiva, decisión que no pudo ser más injusta y arbitraria, teniendo en cuenta que entraron en competición bodrios tan inadmisibles como la italiana Riti, magíe nere e secrete orge nel 300 (auténtico insulto al espectador) o la estadounidense The Night Daníel Died. Por otra parte, parece ser que, para su exhibición comercial, se ha exigido el corte de una secuencia en la que Verónica Miriel y Susana Estrada juegan a darse mutuamente chocolate con churros con los ojos vendados, secuencia que ninguna persona sana de mente puede considerar especialmente procaz.

(Nota Ausente: estoy seguro que Fabretti era amigo de Benpar, porque lo de El Jovencito Drácula... bueno, dejémoslo correr. La "inadmisible" Riti, magíe nere e secrete orge nel 300 es un delirio trash que merece un visionado)

También, dentro de la línea paródica, resultó bastante divertida la estadounidense Werewolf of Washington, de Milton M0ses Ginsberg, con una convincente interpretación de Dean Stockwell y una deliciosa aunque por desgracia muy breve intervención del desaparecido Michael Dunn. Lástima que la cinta no saque más partido a la sugestiva idea de un hombre-lobo en la Casa Blanca, quedando en obra meramente entretenida, cuando podía haber sido, de potenciar algunos de los elementos puestos en juego, una excelente sátira.



Por lo demás poco que destacar, aparte de una interesante cinta de ciencia ficción que no acaba de cuajar por la lentitud de su desarrollo: The Stepford Wives, de Bryan Forbes, con Katherine Ross y Paula Prentis, pasada en sesión informativa. Basada en la homónima novela de Ira Levin, contiene un revulsivo y estremecedor alegato antimachista, pero peca, al igual que la novela, de innecesaria prolijidad. Las impresionantes secuencias finales de la cinta, en contraste con la tediosa primera hora de proyección, hacen pensar que hubiera podido ser en un excelente cortometraje, del mismo modo que la novela de Levin ganaría bastante de ser reducida a la extensión de un relato.



Como detalle simpático y pintoresco, cabe señalar que la empresa Santiveri, para compensar tanto pastel de sangre, repartió productos dietéticos entre la crítica vegetariana.

(nota ausente: me consta que miembros de la familia Santiveri fueron muy aficionados al certamen en sus primeros años)

CRÓNICAS PUBLICADAS EN LA VANGUARDIA

La Vanguardia, 1 de octubre de 1976

SITGES: 36 títulos para la Semana Internacional de Cine Fantástico y de Terror Concurren trece países y Terence Fisher presidirá el jurado

Mañana, sábado, será inaugurado, en su novena edición el certamen cinematográfico que anualmente centra la atención mundial sobre la bella localidad costeña de Sitges: el Festival internacional de Cine Fantástico y de Terror, único certamen de la especialidad de carácter competitivo que reconoce la FIAPP.


Para saber qué será este Sitges-Terror 76, hemos hablado con el director del certamen, Antonio Rafales

—En líneas generales, año tras año, la mejor manifestación de cine terrorífico que pueda reunirse. Concurren en esta ocasión doce países, y entre las diversas secciones competitiva, informativa, retrospectiva y mercado del filme serán proyectadas treinta y nueve películas, en tres locales diferentes: Palacio del Festival, Cine Prado y una sala especialmente destinada a albergar los títulos del Mercado del Filme.

—¿Qué países tienen ‘mayor aportación?

—Siempre, Estados Unidos y Gran Bretaña, que acumulan gran parte de la producción mundial de este tipo de cine. Además, los ingleses nos han enviado, para la sección retrospectiva, cinco grandes películas producidas por la Hammer Films, que son otros tantos clásicos del cine de terror, y que a pesar de ello son inéditas en España. Tres de estas películas están dirigidas por ese gran maestro del género que es Terence Fisher, quien al propio tiempo estará presente en Sitges, como presidente del jurado internacional Por otra parte, tenemos dos películas mexicanas de una excepcional calidad, Mary, Mary, Bloody Mary y Los sobrevivientes escogidos; la aportación de cinco películas francesas, que tratan del tema vampirístico de una forma muy sugestiva; dos películas italianas de mucho gancho, en especial Profondo rosso, de Dario Argento, que significa la culminación del estilo de este conocido realizador; dos películas holandesas, una de Bélgica, y como novedad, una película australiana. (Nota ausente: el cine australiano se convertiría los años siguientes en un habitual del certamen)


(Nota ausente: no hay restro de que esta película, destacada por Rafales en la entrevista, acabara proyectándose en Sitges 1976)

—¿Hay participación española?

—Sí, El jovencito Drácula, de Carlos Benpar, que ha salvado todos los obstáculos administrativos que se le presentaban. Y como dato que no hay que olvidar, la presencia de Canadá, que como ya es habitual en estos últimos años, envía a Sitges la mejor película de terror hecha en aquel país.

—¿Puede hacernos una valoración previa al certamen?

.—No es mi misión, pero creo que de lo mejor que se proyectará es la canadiense, la italiana que he nombrado, las dos mexicanas, la inglesa The Ghoul y las norteamericanas Squirm y Bug. Pero es más que seguro que surgirán otras sorpresas en el curso del festival, porque hay mucho material y muy bueno.

—¿Material de ciencia-ficción?

—Algunas aportaciones como Los sobrevivientes escogidos. Y una serie de cortometrajes muy interesantes. Lo que sigue en baja es el cine fantástico, aunque también se nos han ofrecido algunos títulos, pero de no muy alto interés. Desde luego, muy lejos de las muestras de cine de terror, que como digo, son abundantes y buenas.

Terroríficamente hablando, Sitges será del 2 al 9 de octubre, un auténtico paraíso.

La Vanguardia, 5 de octubre de 1976

DE LA INVASION DE LOS GUSANOS AL CRUENTO CULTO A MINOTAURO
Sitges, 4 (De nuestra redactora enviada especial.) — Ha comenzado el Festival con bastante animación, ambiente cinematográfico y un perfeccionamiento en los servicios de prensa. Sin embargo las películas en competición no han correspondido al interés de los espectadores.
El primer filme Squirm de Estados Unidos, utiliza el terror por vía de la repugnancia. El planteamiento tiene escasa originalidad, pero dos o tres momentos clave que justifican la selección.


Faltaban los gusanos como grupo de ataque al hombre, destrucción y muerte. Ocurre en la sombra, en la oscuridad y después de una terrible tormenta. Un joven visita a su amiga en el campo y allí tiene ocasión de descubrir un extraño fenómeno. Los gusanos se multiplican velozmente, atacan al hombre y siembran la desolación por doquier. Pero también colabora la mano criminal del hombre, un muchacho enamorado de la chica en cuestión defiende su amor con los asquerosos gusanos.

La cinta tiene un ritmo aceptable, está discretamente construida, pero no tiene la inventiva ni la garra que el teme merece. Squirm, de Estados Unidos, ha sido dirigida por Jeff Lieberman y tiene como principales intérpretes a Don Scarcino y a Pat Pearcy que cumplen con su labor también de un modo discreto.


La segunda película es El Jovencito Drácula de España dirigida e interpretada por Carlos Benpar. Susana Estrada, Víctor Israel y Verónica Miriel le acompañan en lo que es una parodia de mito Drácula. Como tampoco hay originalidad en esta desmitificación y el producto no tiene, por otra parte, gran calidad en la puesta en escena El Jovencito Drácula queda situado en el montón de lo mediocre. A pesar de lo cual hay que destacar algunas alusiones que demuestran un humor válido y fueron coreadas con risas e incluso aplausos esporádicos por el público. La labor de Benpar me parece más aceptable como actor que como realizador.


Levres de sang, de Jean Rollin, utiliza lo fantástico para explicarnos un caso de vampirismo. Con una sucesión de situaciones reiteradas y repetidas Roilln narra un love story, que acaba en el sarcófago. La interpretación da este cuento de miedo corre a carga de Jean-Lou Philippe, Anne Briand, Natalhie Perrey y con un equipo de profesionales que realizan una buena labor.


Una película que es como cualquier otra, The Devil’s People de Kostas Karayannis de Inglaterra. Es como si ya la hubiéramos visto el año pasado. O el otro. Con sus cultos satánicos, en este caso una adoración cruenta a Minotauro, un policía que es cómplice y por tanto no cree al sacerdote que sospecha de la gente del pueblo y los jóvenes que desaparecen cerca del castillo. La película tiene un buen planteamiento, pero luego se desvela en lo satánico con poca originalidad. Y es que por lo visto, es difícil usar nuevas clavas para el terror.

(Devil's People se distribuyó como Land of the Minotaur y también Devil's Men)

Terence Fisher y los cuentos de hadas para adultos

La presencia de Terence Fisher a la cabeza del Jurado ha sido el principal atractivo del fin de semana cinematográfico de Sitges. El director inglés que comenzara sus tareas profesionales en 1948 fue contratado por la Hammer y en 1954 entró en la fama con La maldición de Frankenstein. Ha realizado una serie de películas de terror que él llama con sorna —es un personaje socarrón y al parecer muy astuto— “cuentos de hadas para adultos”.
Tras el homenaje que le ofreció mantuvo una rueda de prensa con los informadores en la que se mostró muy cordial y agudo en las respuestas que traducían las eficientes señoritas que atienden como azafatas del Festival.
—El tema del terror no lo elegí sino que me eligió a mi. Fue una suerte.
—Hago películas para el público, no pare mi.
—Las críticas me ayudaron mucho. La prensa francesa era tremenda, muy distinta de la sajona. Pero le estoy agradecido.
—No he visto El Jovencita Drácula. Leí algunas críticas y no me interesó la película.
—No tengo nada contra el humor en el cine de terror, siempre que esté bien hecho.
—No es necesario copiar cuando se pueden aportar ideas nuevas. Cuando hice el primer Frankenstein me dijeron si quería ver la cinta de Whale y dije no.

Terence Fisher, un grande del cine de terror está aquí como testigo y jurado de esta nueva versión del Festival Cinematográfico que ha congregado en Sitges a importantes personalidades de España y del extranjero, — Ángeles MASO.

La Vanguardia, 6 de octubre de 1976

El buen pulso de Darío Argento en Profondo Rosso

Sitges, 5 (De nuestra redactora, enviada especial). — La tercera jornada llegó con un mayor interés en cuanto a la programación presentada por el Festival. Si bien el filme proyectado en la sesión de tarde, dentro de la competición, ha despertado controversias a la hora de ser juzgado por el público asistente. Se trata de Le Nosferat, de Maurice Rabinowcicz, que se presentó en versión francesa.

Ya se ha dicho en varias ocasiones que hasta ahora el certamen de Sitges se desarrollaba sin la compensación que tienen otros festivales para las películas presentadas. O sea, que quien viene a Sitges lo hace por motivos completamente cinematográficos. Y por el esfuerzo de un equipo que con su director Antonio Rafales, ha logrado que el nombre de Sitges se difunda por el ámbito nacional e internacional.

Un compañero de la crítica me decía que valía la pena haber asistido al Festival sólo por haber visionado Le Nosferat. Este vocablo en la designación vampírica define al hijo natural nacido muerto de una pareja ilegítima, nieto a su vez de ilegítimos. El fantasma se alimenta de la venganza y de la sangre de sus víctimas.


Seguramente las alusiones sociológicas de la película no corresponden a la clave mental que muchos espectadores guardan de los vampiros. Y de ahí la división de opiniones con que la cinta ha sido acogida. La película tiene como principales intérpretes a Martine Bertrand, Maite Nahyr, Veronique Peynet, Guy Pion y Quentin Milo y es una producción belga. El guión lo firma el propio director junto a lvette Micheleme.

En sesión de noche se vio Profondo Rosso, de Darío Argento, que se recuerda aquí sobre todo por su buena labor en El gato de nueve colas y Cuatro moscas sobre terciopelo gris. La película es de nacionalidad italiana y además de sostenerse en una aventura interesante con suspense —dentro del estilo brioso, y con el culto a la violencia y a la tensión que caracteriza a Argento— y en unos intérpretes que desplieguen una labor muy acertada. Se acompaña de una banda sonora muy convincente en la que la música de Giorgio Gaslini juega un importante papel. Elocuente y viva la cámara de Luigi Kuweiler.

El problema surge de una sesión de parapsicología fuente de una serie de sucesos extraordinarios y muertes violentas. Algunas de estas muertes demuestran el cuidado que pone Darío Argento en la solución de las escenas más comprometidas. No valoro tanto el despliegue de la trayectoria argumental como el buen pulso de Argento al mantener un constante interés.


No se olvida el humor dentro de le que cabe en una historia que se desarrolla en torno al esclarecimiento de una sucesión de crímenes. Tanto David Hemmings como Daria Nicomedi nos convencen y coadyuvan a que nos sintamos prendidos de la historia.
Las películas de Darío Argento son en cierto modo como estos juegos de artificio que nos maravilla en tanto saltan al aire, aunque luego podamos pensar que el contenido en conjunto no responde al interés despertado. Pero este malabarismo forma parte del juego del cine de terror y un hombre como Argento que conoce la aceptación del público mayoritario lo sabe perfectamente.


La Vanguardia, 7 de octubre de 1976

En Los sobrevivientes escogidos, de Méjico, el hombre como conejo de Indias.

Sitges, 6 (De nuestra redactora, enviada especial). — El Festival ha llevado una línea ascendente en calidad en el lX Festival Internacional de Cine Fantástico y de terror. Para hoy, en la sesión de noche, se anuncia una de las películas de mayor expectativa: Death Week-End, de Canadá, de la que puedo recordar la buena acogida que obtuvo en el último Festival de Cannes fuera de programa, dentro de la interesante serie de proyecciones que se dan en la rue d’Antibes. En una próxima crónica será posible dar cuenta del recibimiento que la película ha tenido en Sitges. De todos modos, se puede adelantar ya que la cinta que dirige William Fruet tiene la calidad para estar presente en el palmarés.


En la programación de ayer destaca Los supervivientes escogidos (n.a.: al final su título internacional fue Los sobrevivientes elegidos), película mejicana que dirige Sutton Roley. Una película en versión inglesa con subtítulos en español. Es una especie de pesadilla por el ambiente de claustrofobia que presenta. Un grupo de personas se encuentran en un profundo lugar aislado del resto del mundo. Están allí, según se les ha dicho, para defenderse de una hecatombe. Para sobrevivir. Pero más tarde se enteran de que han sido presos en una trampa y que sólo son conejos de indias. Se trata de realizar un experimento para ver los límites de su resistencia ante la soledad, al aislamiento, la misma oscuridad. El grupo se diezma. Es preciso vencer obstáculos de convivencia e incluso de vencer a unos enemigos que han llegado por sorpresa y atacan de noche: los murciélagos.


Se trata de una película de ciencia-ficción, pero no solamente de soñar otros mundos o bien de aventurar hipótesis futuras sino de horrorizarse con la fantasía. La cinta tiene indudables méritos de realización y los actores siguen un acertado tono interpretativo. Constan en la ficha artística Jackie Cooper, Alex Cord, Richard Jaeckel, Bradford Dillman, Pedro Armendáríz Jr., Diana Muldair y Lincoln Kilpatrik. El relato escrito por H. B. Cross y Joe Reb Meffly me parece válido como expresión, dentro de la más extremada fantasía, de una situación límite en que el hombre pueda hallarse inmerso por la manipulación de que es víctima. La fotografía de Gabriel Torres y la música de Fred Karlín se convierten en coadyuvantes del acierto que el filme supone en el difícil terreno de la filmografía de fantasía. Indudablemente, es tambiénj una película para pasarlo mal e incluso excesivamente reiterativa. Pero las repeticiones y la morosidad forman parte del juego.

Un relato de horror que no ha decepcionado al público, The Night Daniel Died, una cinta americana no muy original en su temática —el encuentro cuando menos se espera con extraños seres que son capaces de matar y hasta el final no se desvela su identidad, pero con elementos de terror que resultan válidos para quien no busca novedad en el terror.

(The night Daniel Dead acabó distribuyéndose como Blood Stalkers y, según su publicidad, fue prohibida en 24 países. Yo desconocía su existencia)

Los dos cortometrajes de ayer, Hotelska Soba (Habitación de hotel) de Vanca Kljakovic y Putovanje (El víaje), de Bogdan Zizic, tienen una evidente calidad. El género del terror y la fantasía le van perfectamente al cortometraje. Durante los años que llevo acudiendo a Sitges he visto una excelente colección de cortos, lo que no puede decirse de todos los festivales.

Y seguimos asustándonos, aunque en general el “susto” sea discreto. — Ángeles MASO.

La Vanguardia, 9 de octubre de 1976

Venganza-Justicia, un cortometraje producido en Sitges – The ghoul, de Gran Bretaña, nuevo encuentro con Peter Cushing.

Sitges, 8. (De nuestra redactora enviada especial.) — En una crónica anterior aventuraba el posible éxito de la cinta canadiense Death Week-End. En este caso el pronóstico se ha cumplido en lo que respecta a la buena acogida del público. La película de William Fruet sobre guión propio explica la aventura de una modelo que después de aceptar la invitación de un amigo para pasar un fin de semana, ve truncada la excursión por unos extraordinarios acontecimientos. Todo comienza cuando la chica, al volante del automóvil deportivo, inicia una carrera con otro coche conducido por cuatro gamberros. El gamberrismo se truncará en criminal asalto cuando los jóvenes consiguen encontrar la pareja. El filme tiene un final insólito que el público aplaudió con bastante calor, apreciando el ritmo de pesadilla que Fruet ha otorgado al relato.


En el terreno de los pronósticos cabe situar en buen lugar el cortometraje español Venganza-Justicia, de Ramón Ibáñez Ribot. Cortometraje producido en Sitges, que comienza con una frase desafortunada aunque sea clave de la película. La realización fue con justicia aplaudida, y puede constar en el palmarés. (Nota Ausente: he buscado más datos sobre este cortometraje dado su carácter de "producido en Sitges" pero parece no quedar ni rastro. Su director probablemente sea hermano de Rafael y Juan, que constan en el staff de la organización de aquel año y, en el catálogo, el título es ¿Venganza? ¿Justicia? y coprotagoniza Eva Lyberten, futura reina del destape).


(La película de Pim de la Parra Jr. (!!) cambió de nombre en U.K., yo me quedo con las ganas de sus "audacias eróticas")

Después de un filme de Holanda que sorprendió por las audacias eróticas My Nights with Susan, Olga, Julia and Sandra, de Pim de la Parra Jr., se ha proyectado The Ghoul, de Freddie Francis (lnglaterra), con Peter Cushing, John Hurt y Alexandra Bastedo en los principales papeles. Un filme de terror-horror que es como decir el máximo incentivo para los amantes del género. Una tragedia de horror que comienza con una alegre fiesta de los años veinte y termina con una explosión de sangre. Dos parejas son víctimas de los extraños seres que habitan en casa del doctor Lawrence. Y así nos enteramos de que la palabra “Ghoul” corresponde a un mito asiático que se alimenta de carne humana. Un nuevo filme bien realizado de nacionalidad británica.

Hemos estado viviendo unas jornadas festivaleras. Entre las novedades, además de las películas, podemos contar los carteles junto al paseo y el haber ubicado el cuartel general de la prensa en el mismo hotel Calípolis. En programa, diarias ruedas de prensa, una retrospectiva muy interesante y sesiones diarias, en la sala del hotel, de filmes del mercado. En la retrospectiva ha destacado la obra de Terence Fisher presidente del jurado que ha de otorgar los premios. Le acompañan como vocales Kasto Papic, realizador (Yugoslavia), Juan Luis Buñuel, realizador (Francia), Arturo Marcos, productor (España), y Miguel Utrillo, escritor (España). En sus manos está el reparto de los premios, claveles-medalla de Sitges que en menos de veinticuatro horas se harán públicos. — Angeles MASO

La Vanguardia, 12 de octubre de 1976

Darío Argento, mejor realizador por Profondo Rosso
Sitges — El italiano Darío Argento ha sido galardonado con el clavel y medalla de oro al mejor realizador por su filme Profondo rosso, erigiéndose así en vencedor de la novena edición del Festival Internacional de Cine Fantástico y de Terror. El certamen, que fue clausurado el sábado por la noche, en acto presidido por el subdirector general de cine, Marciano de la Fuente, fue inaugurado el pasado día 2, y en el curso de estos días han sido presentados al público casi medio centenar de títulos, procedentes de doce países, con calidad media muy alta.

Junto al premio a Argento, máximo galardón del certamen sitgetano, el Jurado internacional que presidía el británico Terence Fisher ,ha concedido clavel-medalla de plata al mejor guión a William Frust, por Death week-end, de Canadá, a Peter Cushing como mejor actor por su trabajo en The ghoul; a Brenda Vaccaro como mejor actriz, por Death week-end; a Jeán Jacques Mathy por la mejor fotografía en Le nosferat; a Phil Cory, por los mejores efectos especiales por su labor en la película Bug. En cuanto a cortometraje, el jurado ha decidido conceder el clavel-medalla de plata a Vanca Kljakovic, por «Hotelska Sova», de Yugoslavia, mencionando también a Ana llic por Led, otro cortometraje yugoslavo.

Por lo que hace referencia al premio de la crítica a la mejor producción, concedido también por un jurado internacional formado por sorteo entre los críticos acreditados en el certamen, fue otorgado a la película Death weekend, de William Fruest, de Canadá, otorgando también dos menciones especiales a Bug, de Jeannot Szwarc, de Estados Unidos, por su utilización de la ciencia-ficción y los efectos especiales, y a Le nosferat, de Maurice Rabinowickz, de Bélgica ,por su investigación cinematográfica y valores como cine de vanguardia. — Cifra.

No puede decirse que el jurado internacional haya errado como suele ocurrir en muchos otros festivales. O por lo menos, en esta ocasión su veredicto ha coincidido con nuestro propio modo de pensar, de enjuiciar los filmes presentados a competición en el Festival del Terror. Un certamen que va a más y no me refiero a la categoría de las películas —selección sin grandes relieves, pero con algunos títulos que justifican nuestro interés— sino a la buena acogida del Festival de Sitges, incluso más allá de nuestras fronteras.

Sitges no premia a la mejor película sino a la mejor labor de realización. Darío Argento merecía destacarse en este sentido. Su buena mano en el suspense, su creación ambiental y el dominio de los personajes se han destacado entre los realizadores participantes. En su momento destaqué los valores innegables del filme. Así como la buena factura de Death Week-End del canadiense William Fruest. Su guión ha sido premiado como el mejor de los presentados a concurso. Y Brenda Vaccaro, como mejor intérprete femenina. Algo había que darle a Le Nosterat porque méritos no le faltaban Y así ha recibido el galardón por la mejor labor fotográfica. Y una mención del jurado de la crítica. Death Week-End, filme impresionante, ha obtenido también el premio de la Crítica Internacional a la mejor producción.

Las últimas proyecciones
Ha quedado como la mejor de las últimas proyecciones Bug que introduce un nuevo peligro a la humanidad a través de unos insectos que surgen del interior de la tierra y son poseedores de descargas ingenas. Como que la tierra a grandes profundidades es desconocida incluso para los geógrafos, la ciencia-ficción puede inventar a sus anchas y la aventura del científico que experimenta con los insectos y logra una raza superior, llega a convencer por su excelente trayectoria.

Y una sátira en la penúltima sesión titulada Werewolf of Washington, de Milton Moses Gingberg con la figura del hombre lobo en un contexto político que se conecta con una realidad cercana.

No ha sido una selección como para echar las campanas al vuelo. Pero sí que hemos podido ver algunos buenos titulos que representan un género que tiene en Sitges oportuna y apreciada representación. — Angeles Maso.

***

Algunos apuntes finales para acabar con Sitges 1976.

1.
Consta en catálogo la película de Peter Weir The Cars that Ate Paris, que debía ser la producción australiana a la que se refería Rafales en la entrevista de La Vanguardia. Ninguna de las crónicas la comenta.


2. La retrospectiva de la Hammer estuvo compuesta por The Witches (Cyril Frankell, 1966), The Reptile (John Gilling, 1966), Frankenstein created woman (Terence Fisher, 1967; aquí reseña ausente), The Curse of the Werewolf (Terence Fisher, 1961; aquí reseña ausente) y la soberbia The Devil rides out (Terence Fisher, 1968). Ninguna de ellas se había estrenado en nuestro país.
2. Respecto a Jean Rollin, pudieron verse La vampire nue (1969), Le frisson des vampires (1970), Requiem pour un vampire (1971), La Rose Fer (1972) y Les Demoniaques (1974), además de Livres de sang que iba a concurso. Como testimonio gráfico de su presencia en Sitges tienen la foto y lo que se comenta aquí.

3. Para acabar, esta crónica del "aspecto social" del festival publicada en el catálogo conmemorativo: canapés, cruceros en yate, las autoridades... En fin, una bacanal celtibérica.

Sitges 1976 - Vida Social


Entregas de esta serie:

1967 - Sitges Año Cero
1968 - Sitges Año Uno
1969 - Sitges Año Dos
1970 - Sitges Año Tres
1971 - Sitges Año Cuatro
1972 - Sitges Año Cinco
1973 - Sitges Año Seis
1974 - Sitges Año Siete

1975 - Sitges Año Ocho