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1.11.16

CRÓNICAS DE #SITGES2016 (XVII): DESPEDIDA Y CIERRE

Con algo de retraso, cierro las crónicas de Sitges 2017 con algunos títulos que sería injusto no comentar o destacar.


De Palma

Documental que recorre la carrera de Brian de Palma sustentado únicamente por una larga entrevista en la que este comenta una a una todas sus películas y/o proyectos no finalizados. En lo formal es de una simpleza absoluta: el protagonista en plano fijo y escenas de filmes (propios o ajenos) que se van intercalando. Como documental, en definitiva, se limita a aplicar la fórmula más básica y tradicional posible. Claro que con tamaño protagonista no hace falta más para que el resultado sea la mar de disfrutable, casi dos horas que pasan en un suspiro y se alzan con el mayor triunfo posible para un producto de estas características: tras visionarlo es inevitable lanzarse a revisar la filmografía de Brian de Palma de cabo a rabo.


 The Girl with all the gifts

Estupenda película y enésima demostración que el subgenero zombie/infectados, lejos de agotarse, sigue permitiendo aportaciones más que notables. Con guión de Mike Carey, conocido sobre todo por su labor como escritor de cómics, y con un director salido de la factoría inglesa de series de género (ha firmado episodios de Doctor Who, Black Mirror o Sherlock), su pertenencia directa a la tradición británica es incuestionable y, eso, son palabras mayores porque si algo distingue a esta es la elegancia, riqueza y respecto dado al género fantástico desde tiempos inmemoriales y por múltiples vías: literatura, tebeos, películas, producciones televisivas. The Girl with all the gifts no traiciona ese notable legado sino todo lo contrarío, no puede tener mayor aroma a ciencia ficción clásica, regala unas cuantas buenas ideas (el tema de los hongos, por ejemplo) y su desenlace es puro Twilight Zone.


It Stains the Sands Red

Seguimos en lo zombi con un título que quizá habría merecido no quedar enterrado en las maratones nocturnas para insomnes que, eso sí, supieron destacarlo con el premio a la mejor película de las sesiones de medianoche. Tampoco se crean que es una maravilla, ojo, pero sí una serie b resultona levantada sobre mimbre escaso: una chica de mala vida se queda tirada en el desierto tras huir del caos apocalíptico de Las Vegas, y un zombi a piñón fijo la perseguirá de manera implacable. Más allá de la metáfora del acoso sexual (tan evidente que su subrayado era innecesario), la cuestión es que cuando uno se teme que va a ser todo el rato lo mismo, la historia sabe girar con acierto y dar brío al asunto, hasta el punto que cuando al final flirtea con la moralina y flota el mensaje de que no hay nada como el fin del mundo para rehacer tu vida, la cosa no molesta demasiado.


The Autopsy of Jane Doe

Una de las joyitas del festival, una de esas series b a las que se suele otorgar el rango honorífico de ser “como las de antes”, etiqueta que es puro tópico pero de lo más eficiente para dejar claro de que va el asunto. También algo equívoca, porque a menudo lo que hay detrás, de lo que se trata en realidad, es de una dignísima aportación al cuento de miedo más noble y puro, aquel cuya única pretensión es hacernos estremecer pese a lo modesto de los medios empleados. En este caso, una funeraria como único escenario y un cadáver sin identificar cuya autopsia convoca malignas fuerzas sobrenaturales. Una de esas pelis que crecen y se hacen robustas, que juegan bien al reparto de susto, intriga y sugerencia. Al final, todo hay que decirlo, se alborota un poco con un estallido del terror de feria que, por otro lado, era inevitable por su condición de… “serie bé de las de antes”.


Hardcore Henry

Uno de esos casos poco frecuentes en los que el ejercicio de estilo puro y duro no está reñido con la diversión pura y dura. Cantante de la banda de rock alternativo Biting Elbows, el ruso Ilya Naishuller ha ido labrando una espectacular carrera audiovisual desde que irrumpió con un brillante videoclip rodado con cámara GoPro y perspectiva en primera persona. Esa misma técnica es la que ahora traslada a un largometraje, reto importante pues proponer hora y media de cámara subjetiva exige mucho más que la mera habilidad técnica. No es el primero en intentarlo, le preceden clásicos del cine negro como La senda tenebrosa o La dama del lago, así como una derivación tan profusa como el found footage (que ha dado grandes títulos, pero que también demuestra lo complicado del asunto). Naishuller sale victorioso del envite, y de qué manera, aplicando una fórmula compuesta principalmente por dos ingredientes. Acudir al lenguaje de los videojuegos es uno, al fin y al cabo es donde más y mejor se ha desarrollado la visión en primera persona. El otro es la diversión trepidante, desmelenada y gore con una trama sencilla que mezcla ciborgs, mutantes y centenares de sicarios para un body count casi infinito. Una fiesta.


Lo chiamavano Jeeg Robot 

Una de las reglas que me guían durante el Festival es la que reza: en caso de duda escoge la película de El Retiro. En la mayoría de ocasiones la decisión es la correcta y esta fue una de ellas. Aportación italiana al cine de superhéroes, precisamente esa procedencia mediterránea es su mejor baza: la mirada cultural es otra y , si hace bien, ventila y refresca un espacio lleno de blockbusters que, resultones o no, siguen la misma fórmula monolítica. En este sentido, la peli tiene ecos a El protegido y remite a la figura del Joker en determinados momentos, pero la cita directa es a la serie de anime Getter Robot de Go Nagai, el creador de Mazinger Z, y no, no por la presencia de gigantes metálicos sino como homenaje original y delicioso. Más allá de estos referentes, lo importante es que asume y actualiza el legado del cine de género italiano que tanto añoramos, empezando por el título, puro espagueti; por una trama de delincuencia marginal que es puro poliziezco, violencia incluida; o por atreverse con detalles que hoy serían inconcebibles en una producción de Hollywood, como dotar de arrolladora sexualidad a una disminuida mental. El resultado combina de maravilla dureza suburbial, poética sentimental, heroísmo y tortazos.


Grave (Crudo)

Otro de los grandes títulos que han podido verse y que llegó precedido por los desmayos provocados durante su proyección en el Festival de Toronto. Una expectativa peligrosa porque los espectadores de Sitges han curtido una sensibilidad rocosa y curada de espantos. En realidad, aunque la contundencia de algunas escenas es poderosa, está lejos de ser un festín de sangre y tripas, ni lo pretende. Prometedor debut de la directora francesa Julia Ducournau, explica la historia de una joven educada en estricta alimentación vegetariana que, internada en una elitista facultad de veterinaria, descubre lo mucho que le gusta la carne cruda, especialmente si es humana. Relato de horror grotesco más clásico de lo que aparenta por su factura indie afrancesado, ofrece una sugerente visión del vampirismo y, en algunos momentos, remite a las chicas sangrientas de Jean Rollin.


Swiss army man

He dejado para el final a la ganadora del premio a la mejor película para, antes de comentarla, lanzar algunas reflexiones sobre el principal galardón de Sitges. La perspectiva que dan los casi 50 años del Festival lo permite. Una de las grandes contribuciones de Sitges es descubrir autores, señalar tendencias y trazar una línea cronológica de grandes clásicos del cine fantástico o de terror. Obviamente, solo el tiempo desvela lo acertado o no del premio dado, y en la lista de ganadoras hay de todo. Hay años que se recuerdan por una película concreta y otros que, repasados ahora, demuestran que no premiaron títulos que luego resultaron claves y sí otros que ya nadie recuerda. Lo ideal sería que la ganadora fuera siempre una de esas películas que pasarán a la historia del género, pero eso es imposible, pura utopía. Por otro lado, la decisión del jurado siempre es legítima y tiene sus razones, del mismo modo que luego los aficionados también están en su derecho de compartirla  o rechazarla. En todo caso, lo único que puede fallar ocasionalmente en ese esquema es que los miembros del jurado no sean conscientes de la importancia histórica del premio dentro de su especialidad temática.

Dicho esto, Swiss army man es un buen ejemplo de película a la que le va algo grande la distinción o, mejor dicho, no se acomoda bien a esta frente a otras más óptimas o lógicas (en esta misma entrada hay tres o cuatro de ellas). Por otro lado, esto no significa que sea una mala película o que carezca de mérito, no se trata de eso; de hecho, es bastante evidente que la intención del jurado ha sido apoyar una propuesta original, extravagante e insólita en un tiempo poco proclive a estas características, tanto que resulta sorprendente que un proyecto como este consiguiera salir adelante. La premisa es la siguiente: un náufrago desesperado alivia su soledad convirtiendo su amigo imaginario a un cadáver que la marea ha dejado en la orilla. La idea aún es más loca cuando reincide una y otra vez en un humor grotesco y escatológico alrededor de la combustión gaseosa propia a todo muerto en proceso de descomposición, es decir, un festival de pedos y líquidos a los que el náufrago encontrará fantasiosa utilidad. El desarrollo es irregular, no siempre encaja bien ese humor grueso con su naturaleza de fábula poética sobre la soledad contemporánea y, desde luego, tiene un desenlace que deja perplejo por raro y discutible, pues su trasfondo es realmente oscuro y chungo. Es justo señalar tres virtudes: los momentos en que remite con delicadeza al teatro de títeres y marionetas; el atrevimiento de sugerir con alegría una variante travestida de la necrófilia (de perfil romántico, ojo, no se me espanten); y, por encima de todo, el trabajo de Daniel Radcliffe en el papel de saco sin vida camino del rigor mortis, es decir, de muñeco muerto e inerme.

7.10.16

CRÓNICAS DE #SITGES2016 (I): TRAIN TO BUSAN



Inauguro Sitges 2016 y las habituales crónicas escritas deprisa y corriendo de todos los años (y llevo unos cuantos) con una película que me apetecía mucho. Las razones: zombis, coreana y precedida de un cierto hype por la diversión ofrecida. Así es, pues el entretenimiento es mayúsculo. La peli remite directamente y sin complejos a Guerra Mundial Z fílmica, hasta el punto que podría considerarse un “mientras tanto, en Corea” con alguna leve variación. También es un acertado crossover con el cine de catástrofes, en este caso un tren, donde no falta el habitual reparto de personajes: las viejecitas, la embarazada, el equipo de béisbol, el empresario hijo de puta, el forzudo heroico, la niña y el padre que busca redimirse ante ella. Ojo, no esperen florituras porque la cosa es de mimbres argumentales sencillos y básicos, ni tampoco un festival de violencia gore porque en realidad es bastante familiar y para todos los públicos. Pero da lo que tiene que dar: espectáculo y ritmo constante, o casi. También tiene una pega, y es que al final se pone tontorrona, con violines y lágrimas de azúcar, pero vamos, se lo perdono por el buen rato que he pasado.

7.11.15

CRÓNICAS DE #SITGES2015 (XXXIV): COOTIES



Asumiendo con dignidad que su vínculo con Frodo Bolsón se antepondrá de por vida a cualquier otro papel de su filmografía, Elijah Wood ha optado por la alegría de dejarse llevar por su entregada afición al cine de género (terror, thriller, gore) con una retahíla de títulos al margen de la industria del blockbuster, ganando así la simpatía de quienes compartimos su gusto. La programación de Sitges 2015 incluía una buena muestra con esta película que tuvo en mi amada sala El Retiro al público ideal. Adscrita al género de infectados a mordiscos, en este caso la epidemia solo afecta a menores de edad, con la adolescencia como frontera de contagio, y sus protagonistas son un grupo de profesores asediados ante la virulenta y salvaje horda de infantes asesinos. La idea tiende lazos a la clásica ¿Quién puede matar a un niño? de Chicho Ibáñez Serrador, pero no pueden estar más alejadas, ya que en este caso el tono es absolutamente festivo, y aunque la violencia y el gore (relativo) están ahí, bien visibles, el humor —en general negro e incorrecto— siempre acompaña. Cooties es lo que es, puro y modesto divertimento de serie B sin pretensión alguna, pero sabe diseminar subterráneas cargas de demolición al orden establecido, describiendo una patética fauna de profesores al borde de la exclusión social, ya sea por razones mentales o económicas, describe un sistema educativo en decadencia y, como es de rigor, se entrega al desafío de ese tabú contemporáneo que pone reparos a la muerte violenta de menores en pantalla. Aquí el body count de chiquillos es generoso e incontable y, aunque infectados y salvajes estos niños siguen teniendo en el patio del recreo y el chiqui-park unos cuarteles generales que son pesadillas para el mundo adulto, vamos, como en la vida real. Son estas razones, envueltas en modesta falta de pretensiones, las que motivan todo mi aplauso y cariño.

25.10.15

CRÓNICAS DE #SITGES2015 (XXX): I AM A HERO



Una de las películas que más ganas tenía de ver, al fin y al cabo soy fan del manga de Kengo Hanazawa. Mis expectativas eran altas, pero tampoco mucho: las adaptaciones de mangas en imagen real (live action que las llaman ahora) pueden gustarme o no, pero siempre están por debajo del original, les falta algo. No es el caso. I am a Hero captura el tono original, tanto el carácter apocado del protagonista como esos zombis surrealistas que repiten frases absurdas. A medio camino entre la comedia y la aventura de acción con infectados, tiene media hora inicial trepidante y espectacular, luego se tranquiliza y al final se convierte en una fiesta por todo lo alto. Yo me lo pasé bomba, y desde luego es una de las grandes triunfadoras de la edición de este año. Por cierto, esta producción de la Toho se estrenó mundialmente en Sitges, un dato a tener en cuenta. La única pega es que no todas las frases de los zombis estaban subtituladas, con el delirio que suponen.

12.10.15

CRÓNICAS DE SITGES 2015 (XIV): SUMMER CAMP



Debut como director de Alberto Marini, ligado a Filmax desde los tiempos de la Fantastic Factory, productor de la saga [REC] o de Los últimos días y guionista, entre otras, de Mientras duermes o Extinction. Vamos, un profesional del género. Quizá por ello se esperaba más, aunque por mi parte debo decir que me entretuvo lo sufieciente. Tiene estética de fantaterror ibérico de toda la vida y al mismo tiempo infectados marca Filmax —que tanto deben a Lamberto Bava—. El hecho de que pase en nuestro país —eso siempre me gusta— pero los protagonistas hablen en inglés tiene buena excusa: son los monitores extranjeros de un campamento de verano con inmersión lingüística. Además de encontrarla divertida, entre otras cosas porque va al grano, me resultó interesante porque plantea un curioso giro al tema de los infectados, además de jugar un rato con algunos tópicos que se dan por sentado, como el tema del mordisco. Luego tiene detalles como ese pozo rojo —que no acaba de explicarse pero que por un momento me sonó lovecraftiano—, setas de color lila y un caserón de los nuestros, con establo lleno de paja y hoces como en las viejas producciones de Profilmes. También es justo reconocer que esos aciertos daban para mucho más y que hay una cierta confusión sobre las causas que provocan el asunto —que si el polen, que si el agua, que si esto o que si aquello—, pero mira, yo pasé un rato entretenido con ella.

CRÓNICAS DE SITGES 2015 (XI): MAGGIE





La cultura popular dista de ser una ciencia exacta y Maggie un perfecto ejemplo de ello. Si uno plantea la operación matemática Arnold Schwarzenegger + película de zombis =… Muy pocos darán con el resultado correcto, que es… = ladrillo soporífero. Aquí el verdadero espíritu de Lo Zombi brilla por su ausencia, esto es un drama, aburrido y de sentimentalismo blandengue, una de esas películas cuya banda sonora es una eterna tecla de piano. La variación que introduce al subgénero es que el efecto del mordisco tarda un mes en hacer efecto (como ven, aquí hasta eso va despacio) y, como la cosa está más o menos controlada, el gobierno permite a las víctimas pasar ese tiempo con sus seres queridos (en un claro ejercicio de memez sentimental, quién puede creerse algo así). El bueno de Arnold es un granjero que tiene a la hija adolescente infectada, así que se pasa el día llorando mientras algún vecino le mira con malos ojos. No hay más, nada más, ni giro, ni tensión, solo un enorme bostezo ante una pésima entrega de melancolía zombi paterno filial. La cosa alcanza niveles atroces cuando muestra una fiesta de despedida, alrededor de una hoguera, de adolescentes infectados en lo que puede considerar una variación pocha pocha pocha del Agujero Negro de Charles Burns. Si acaso, como mucho se salva el encuentro con una niña zombi en el bosque. De momento, ocupa el primer puesto en mi ranking de lo peor de Sitges 2015. Por cierto, ya corren por ahí carteles fake con las cosillas que se encuentran a faltar.




11.10.15

CRÓNICAS DE SITGES 2015 (VIII): SORGENFRI (WHAT WE BECOME)



Por alguna razón esta aportación danesa al cine de zombis o infectados llamaba mi atención. Al final no ha sido para tanto pero como el entregado al subgénero que soy he salido bastante satisfecho. En realidad, el resultado es muy clásico y sus referentes saltan a la vista: The Crazies, Walking Dead y especialmente la fundacional La noche de los muertos vivientes, de la que es una especie de remake raruno en su parte final. Es interesante el desarrollo de la infección y la desinformación mediática que la acompaña, luego los personajes empiezan a comportarse como imbéciles y la cosa decae, pero bueno. Quizá su mayor aporte sea esa fría estética nórdica y trasladar la invasión zombi a una idílica urbanización de clase media-alta en pleno paraíso del bienestar social, es decir, Dinamarca. Por desgracia, ese potencial mensaje de que “esto se acaba” no acaba de emerger como debiera, y eso que los primeros infectados son jubilados y pensionistas.

9.10.15

CRÓNICAS DE SITGES 2015 (II): ATAQUE A LOS TITANES I



A ver si puedo matizar mi entusiasmo. Esto es la adaptación en imagen real (que es como nos referíamos antes a lo que ahora llaman Live Action) de un manga de mucho, mucho éxito, que aquí publica Norma y que también tiene versión anime. Leí los dos o tres primeros números y, aunque tenía su gracia, ahí me quedé. La cosa va de un futuro muy chungo en que la humanidad ha sido casi exterminada por unos caníbales gigantes y los pocos supervivientes malviven protegidos tras unos muros enormes. Como shonen manga que es, los protas son un grupo de adolescentes que forman parte del reducido ejército que planta cara a los titanes. El matiz a mi entusiasmo es precisamente ese, que todo el rollo juvenil me interesa más bien poco y media de la peli va de eso. Pero la otra mitad, ah amigo, la otra mitad me ha hecho salir fascinado y dando brincos, porque aquí lo que importa son los titanes, visualmente impresionantes. Es curioso que al llevarlos a imagen real desvelan algo que el cómic no transmitía, o que yo no supe ver: son la invasión zombi definitiva. Aquí, los zombis (de la tradición lenta y hambrienta) tienen tamaño Godzilla y se zampan humanos como espárragos. Su desnudez y su amorfa sonrisa añaden toneladas de impacto visual y así la película se descubre como un imposible crossover entre La noche de los muertos vivientes de George A. Romero y La batalla de los simios gigantes de Ishiro Honda. Vamos, que aúna con belleza dos de las cosas que más me gustan: Lo Zombi y los monstruos gigantes japoneses, y el resultado en ese aspecto me resulta tan brutal que no hay peros que valgan. Por cierto, la adaptación consta de dos partes y me temo, ay, que lo tengo mal para ver la segunda.

14.10.14

CRÓNICAS DE SITGES 2014 (XXIII): BURYING THE EX



A Joe Dante hay que quererle mucho y entregarle todo nuestro afecto, más ahora que su tiempo ha pasado. Hubo quien manifestó decepción y calificó de poca cosa su última película por no estar a la altura de lo mejor de su filmografía. Una cosa muy injusta. Buryng the ex es una película muy sencilla, sí, pero eso es virtud y no falta porque es tremendamente honesta. Su argumento es un clásico de los cuentos de miedo populares: la novia resucitada y celosa, y Dante la afronta con mucho sentido del humor (en ocasiones muy negro) y me atrevería a decir que frescura, aunque ésta le venga más por defecto, rodeada de películas indies que rehuyen toda ligereza. Dante firma sus películas como siempre lo ha hecho (y que tanto han imitado), con televisores que emiten clásicos de la serie bé que van de lo obvio, como Plan 9 from Outer Space o La noche de los muertos vivientes, a lo sutil, con las Gore Gore Girls de Herschell Gordon Lewis o nada menos que La frusta e il corpo de Mario Bava, demostrando ahí que su reparto de guiños no es gratuito y sí consciente de que una historia sobre novias resucitadas puede ser, en estos tiempos tan tristes, toda una incorrección. De hecho, algunas escenas remiten directamente a los tebeos de miedo de la EC y viñetas concretas como las dibujadas por Johnny Craig en Till Death, Dante se crió leyendo Famous Monsters y sigue enarbolando su espíritu como bandera; ante una actitud tan heroica sólo puedo que postrarme a sus pies y rendir la debida pleitesía.


5.10.14

CRÓNICAS DE SITGES 2014 (IV): DEAD SNOW 2



La primera entrega de Dead Snow fue acogida, y se recuerda, con una enorme alegría que no acabo de compartir del todo pero bueno, es inevitable no sentir simpatía por una película de zombis nazis hecha desde el amor al gore con coña. Planteada de inicio como un Evil Dead, es decir, el ya dinamitado subgénero de la cabaña en el bosque, tenía la gracia de llevar a los zombis de regreso al campo de la venganza sobrenatural y no de la infección. Siendo lo que es, me lo he pasado mejor con la segunda, entre otras cosas porque he soltado unas cuantas carcajadas. Me encantan las secuelas que empiezan justo inmediatamente donde se quedó la primera. Y aquí, una vez superada la maldición que lleva de regreso a los zombis, la cosa se inclina del todo en el campo de la comedia gore, y sin salirse de la rutina tiene detalles locos (lo del brazo, los soviéticos, la melé zombi), unos cuantos gags y un ánimo absolutamente lúdico. Lo mejor: la escena final y el primer zombi bueno.

3.10.14

CRÓNICAS DE SITGES 2014 (I): [REC4]



Que una franquicia española de terror llegue a una cuarta entrega es algo ciertamente inaudito, y más si lo hace con la dignidad de la serie bé. El cuarto REC sacrifica pretensiones en pos del ritmo y la acción, del mismo modo que la 3 (inferior) lo hacía por lo festivo. En [REC4] se retoma la continuidad de la 2 pero no olvida tender puentes a esa 3. Se mueve entre el Romero de las infecciones y, sobre todo, mira mucho a Alien con sus cámaras, sus pasillos, su sala de máquinas o una prota que se pone la camisera imperio cuando tiene que dar guerra. También hay detalles de cine italiano tipo Demons (eso ya estaba antes) y su misterio con gusano. Hay que decir que los actores protagonistas, él y ella, están bastante mal, pero creo que incluso es algo hasta buscado, o aceptado por Balagueró. Yo me lo he pasado bien, porque con cosas como ésta, con sus tópicos de cine de género tan puestecitos en su sitio, es bastante idiota ponerse exquisito.

ZONA DE SPOILER
....
Lo mejor son  los primates. También me hace gracia ese salto de la infección zombi por niña endemoniada a la infección por gusano tipo Cronenberg de la primera época. Detalles de serie bé que vencen cualquier reparo.


1.12.13

EL HÉROE MOJIGATO EN EL ABSURDO ZOMBI


Desde el principio de los tiempos di prioridad temática a Lo Zombi. Lo que no imaginaba cuando hace 10 años abrí este blog es que el rebrote que por entonces se intuía se iba a convertir en la rama principal del terror contemporáneo, que iba a resistir más de una década (28 días después, que marca un poco la nueva explosión, es de 2002) incluso rompiendo todo límite de saturación del mercado. Lo que era un subgénero de culto es hoy cultura de masas pura y dura, y yo, aficionado a los muertos vivientes y al apocalipsis, me reconozco incapaz de aproximarme a la mayoría de subproductos de Lo Zombi que nos inundan, en parte porque intuyo que hay mucha mierda y da mucha pereza escarbar entre todos los escombros en busca de tesoros (que sin duda los hay). Aún así, sigo con el chip puesto picoteando como puedo, y la gran alegría de la temporada está siendo, sin duda, el manga I am a hero de Kengo Hanazawa, del que Norma lleva publicados 4 volúmenes.


Vaya por delante que mi concepción de Lo Zombi es amplia. Así, la distinción entre muerto viviente e infectado, aunque objetiva, me parece una memez porque hablan de lo mismo y porque, si el zombi moderno creado por Romero era una mutación del zombi haitiano y del resucitado de toda la vida, el infectado sólo es otra mutación necesaria. Digo esto porque quien acuda a este inusual manga en busca de zombis de toda la vida no los va a encontrar, y añado que por fortuna, porque uno de sus puntos fuertes es, precisamente, el diseño de su horda de monstruos deshumanizados (o metahumanizados, según se mire). Los infectados de I am a hero se nutren, es evidente, de la estética del J-Horror que explotó con la Sadaku de Ringu. Fantasmas y espectros con una imaginería visual tan poderosa que ha acabado contaminando buena parte del terror contemporáneo.


Pero no es sólo eso, ese diseño del monstruo infectado también toma y actualiza la riquísima tradición nipona de seres fantasmales, los yokai. Al citarlos, no puedo dejar de recordar la maravillosa aproximación a algunos de ellos realizada por Mizuki en NonNonBa (apunten si no lo conocen: obra maestra absoluta), aunque en realidad para entenderlos desde una perspectiva multitudinaria, como masa de espectros, tengo en mente la trilogía fílmica que a finales de los 60 reunió a un centenar de ellos (y que luego recuperó Takashi Miike en un remake). Hermosos y deformes en su conjunto, algunos de ellos rozan el absurdo, como sucede con esa especie de paraguas caminante que es el Karakasakozou. Y ahí quería llegar, al absurdo, porque lo infectados creados por Hanazawa en I am a hero hacen suyo el delirio, en forma y fondo, de un modo casi surrealista y no están exentos de un humor subterráneo y raruno que se adscribe con convicción al llamado post-humor.


En I am a Hero asistimos a la odisea de un dibujante de manga bastante gilipollas y atontado que se enfrenta al apocalipsis del mordisco y el caos. A estas alturas de la película, aunque cuatro entregas son pocas (y más en este caso: en el primer número la cosa no explota hasta que se llega a sus últimas páginas), todo indica que incluso el título esconde su veta de humor. El protagonista, de momento, está tan lejos de ser un héroe que al lector le entran ganas de romper el cuarto muro y sumergirlo en un mar de collejas. Me consta que hay quien abandona este manga por ello, pero para mí es otra de sus virtudes. Acostumbrados al (anti)héroe que afronta el apocalipsis con arrojo instintivo, o incluso al arquetípico personaje (o grupo) que se deja llevar por lo peor del ser humano (hasta desplazar al zombi como genuino mal al que enfrentarse), aquí tenemos a un paspán atenazado por la corrección, las normas, la cobardía y el remordimiento. En un mundo que se derrumba (a ratos de forma espectacular) y donde el orden social pierde todo sentido, nuestro héroe (ejem) no es que se empeñe en mantener un comportamiento de obediencia ciega a un sistema que ya no existe, es que es incapaz de romper toda norma o tabú aunque le vaya la vida en ello. Merecería ser la primera víctima porque carece de instinto de supervivencia, pero aún así, sobrevive.


La otra virtud que me parece destacable de I am a Hero también ayuda a componer la personalidad irritante del protagonista. En cuestión de ritmo y narrativa este manga me resulta asombroso. Se recrea en la lentitud en los momentos de máxima tensión y el resultado es muy poderoso. La doble página, por ejemplo, subvierte su condición de clímax visual porque se expande en una concatenación de dobles páginas que describen la acción a cámara lenta. Esa laxitud irreal del tempo se multiplica con la personalidad apocada del protagonista, y así escenas como la del metro o la del taxi llegan a incomodar porque el (no) héroe no se mueve, no reacciona, sólo se sumerge en dudas y timidez que, intuyo, tienen mucho de parodia del japonés común.



Es suma, este extraño manga es una aportación a Lo Zombi que me tiene seducido y encantado.

Nota al pié: No deja de ser curioso que la mayoría de mis incursiones recientes en el cómic japonés tengan al mangaka como centro de la acción y desde múltiples perspectivas, ya sea a través de la autobiografía (la de Mizuki), de la irrupción del propio autor en la trama (el Fraction de Kago), haciéndolo eje de la historia (este I am a Hero o el Billy Bat de Urasawa) o convirtiendo su ecosistema en un fascinante folletín de combates (Bakuman). No sé si es casualidad o si el metalenguaje posmoderno está implosionando el vasto universo del manga.


5.11.13

CRÓNICAS DE SITGES 2013 (XLVI): V/H/S 2



Ésta es una de las películas que más me dolió dejar fuera de mi Top Ten de Sitges 2013, además de una buena muestra de que la pandemia de found footage aún puede dar lugar a alguna sorpresa (aunque localizarla implique sufrimiento ante tanto bodrio y tembleque que frecuenta género). También es uno de esos casos en que una secuela supera a su primera entrega. Uno de los aciertos de V/H/S (vista en Sitges 2012) era dar algo de vida al formato de la antología de cuentos de terror (que en cine tuvo a la británica Amicus como más renombrado referente) y quitarse de encima uno de los lastres del found footage: dedicar como mínimo hora y media a explicar una historia rodada cámara en mano y (normalmente) con un único punto de vista. Hora y media para explicar 5 historias es mucho más ágil, auqnue una de ellas sirva sólo de excusa para juntar las otras cuatro y sea siempre la menos destacable. En V/H/S 2, además de esa historia floja que hace de pegamento, encontramos, por orden de aparición:

Phase I Clinical Trials, del director de You're next (que no he visto aún) y con imágenes grabadas con un ojo biónico. Me pareció simpática y como entremés funciona muy bien.

A Ride in the Park, realizada, atención, por uno de los responsables de una de las madres del cordero footage, The Blair Witch Project, junto a uno de los productores. El resultado se aleja mucho de aquella porque esto es un genial y divertidísimo aporte a Lo Zombi a partir de una sencilla premisa que no desvelaré aquí.

Safe Haven, aportación tailandesa que se convierte en la auténtica joya de la antología. Codirigida por Timo Tjahjanto y Gareth Huw Evans, a éste último ya podemos ponerlo en un altar si tenemos en cuenta que su anterior película fue ni más ni menos la espectacular The Raid, obra maestra del cine de hostias contemporáneo. Para la ocasión, bizarría oriental con sectas, satanismo, violencia y multitud de detalles más en lo que es un carrusel de horror loco con un gran plano final.

Slumber Party Alien Abduction, donde el director canadiense de Hobo with a Shotgun lleva la temática del encuentro con extraterrestres chungos por los caminos del horror abstracto.

En definitiva: V/H/S 2 es una muy buena antología de cuentos de miedo que primero se inclina por el jolgorio festivo y luego opta por el horror puro y abstracto.


27.10.13

CRÓNICAS DE SITGES 2013 (XXXVIII): THE BATTERY


Me gustó mucho esta aportación absolutamente indie a la temática zombi. Ya de entrada, me pareció fascinante la idea de que alguien busque abstraerse del caos escuchando música por unos auriculares cuando el caos es un apocalipsis zombi. En realidad la película más que una historia de supervivencia es una historia sobre la forja de una amistad entre dos personas muy diferentes, un valiente extrovertido y un abstraído introvertido, entre un bate de beisbol y un walkman, entre lo físico y lo ensimismado.  Me encanta la escena de la masturbación (que debe pasar a la historia de Grandes Momentos de lo Zombi), ese enamoramiento imbécil a través de walkie-talkies que hace evidente que no queda sitio para el amor o el contraste entre los espacios naturales de la primera parte y la claustrofobia de la media hora final. El último plano también puntúa alto. Una película muy curiosa, indie hasta las trancas pero aún así con una visión muy original de lo zombi y del apocalipsis interior.

CRÓNICAS DE SITGES 2013 (XXXV): THE RETURNED


Nuevo ejemplo de cine español de género producido (en esta ocasión por Filmax) con factura internacional y actores extranjeros. La historia de una vuelta de tuerca más o menos original (hay precedentes) al tema zombi, al trasladar la acción tras un segundo brote ya abortado (el primero fue en los 70 y el segundo ahora, en guiño a los auges del subgénero) y la existencia de una vacuna que permite a determinados infectados (básicamente, si te salvaron rápido) regresar a su condición humana pero con la esclavitud que supone depender diáriamente del medicamento. Aunque algo exagerada (escaso control para una amenaza latente), el punto de partida es curioso aunque más que terror propone e drama romántico (de una pareja mixta) y un suspense basado en la traición por desepero, la alarma mediática xenófoba y un poco de política alrededor del lobby farmacéutico, con bastante de metáfora (algo caduca) sobre la convivencia social con el enfermo infeccioso. Se deja ver, pero cae en el pecado de querer acabar la historia con demasiados finales. La película tiene una factura técnica exquisita, tanta que se come la película, es decir, es un ejemplo diáfano del mal que aqueja a muchas de estas películas españolas con ambición internacional: están tan bien hechas en lo técnico que se dejan el alma por el camino.

ZOMBIS ATÓMICOS INVADEN VALENCIA



El próximo viernes regresa Trash entre Amigos, y la juerga zinépata tendrá lugar en La Rambleta de Valencia. Además, pueden hacer combo con la actuación del genial Miguel Noguera que nos precede. Un planazo, vaya. Si la anterior ocasión que visitamos valencia escogimos una inerrable serie zeta de quinquis y justicieros vengadores allí rodada, para esta, dado que el 1 de noviembre es la tradicional víspera de difuntos, parece obligado ir a un tema de actualidad muy vinculado con esa fecha: los muertos vivientes. Encima, para la ocasión hemos seleccionado una genuina pieza de caza mayor: la mítica La invasión de los zombies atómicos (Umberto Lenzi, 1980), un título que tenemos en lo alto de la lista desde el primer día y un deliro divertidísimo con el que disfrutar de lo lindo. Superzombis que corren, ballets televisivos, militares tontos, Paco Rabal en helicóptero, diálogos serios en una trama de risa, parques de atracciones, maquillajes de patata... ¡OBRA MAESTRA! Y no lo digo en broma, porque con toda su armadura de explotación italo-española, se trata de una película adelantada a su tiempo.

Dada su condición de clásico de la Mansión Ausente, fue objeto de un detallado análisis en este mismo blog, pero atención, está lleno de espoilers. Si tenéis intención de asistir... ¡No hagáis click!

Trashers del Levente, yo os convoco, y lo hago con una cita bíblica:
Vi entonces un ángel de pie en el sol, que dio un grito estentóreo, diciendo a todas las aves que vuelan por mitad del cielo: “Venid acá, reuníos para el gran banquete de Dios; comeréis carne de reyes, carne de generales, carne de valientes, carne de caballos y de jinetes, carne de hombres de toda clase, libres y esclavos, pequeños y grandes.» 
 San Juan. Apocalipsis. 19,11-21


11.10.13

CRÓNICAS DE SITGES 2013 (III): UPSTREAM COLOR


Sitges está también para esto, para ver como el fantastique inocula poemas visuales. No vi Primer, la anterior película de Shane Carruth, de la que se dijo de todo. Aquí podríamos decir que parte de esa leyenda urbana sobre unos polvos que alguien te arroja por la calle y que te hipnotizan hasta dejarte sacar todo el dinero del banco. Ese es el punto de partida, pero nada hay luego de convencional: gusanos, seres humanos sincronizados, transplantes con cerditos y gente que vaga en busca de respuesta. La conexión con los ritos haitianos y los viejos zombis está ahí, muy remota, pero llevada a tiempos contemporáneos. La película es brutal en cuestión de efectos de sonido (uno de sus protagonistas se entretiene en grabar sonidos) y tiene un montaje brusco que me parece interesante. Es indie experimental y rarito, es evidente, pero yo he permanecido hipnotizado con la propuesta. Supongo que aún estoy fresco porque la opinión generalizada es que es una tomadura de pelo, y mis argumentos para rebatirlo son más bien epicúreos. y tampoco es que me haya gustado mucho, ni mucho menos..

27.7.13

GEOPOLÍTICA DEL AMOR ZOMBI


Cuando hace casi nueve años inauguré esté blog, Lo zombi se convirtió instantáneamente en uno de los temas principales. Por entonces, el género iniciaba un tímido auge, pero nada hacía presagiar una eclosión popular tan grande y, sobre todo, mantenida en el tiempo. Yo me convertí a Lo Zombi muy joven viendo el Zombi de Romero en un cine de barrio (la experiencia fue tan intensa que le dediqué un Butano). Desde aquel día no me perdí nada relacionado con ellos, primero yendo a los cines y luego alquilando una y otra vez películas en vídeo. Incluso llegué a construir una especie de regla no empírica según la cual cada dos o tres años aparecía un nuevo título que saciaba mi sed de muertos vivientes (o allegados). Una sed que era compartida con otros entregados seguidores, más numerosos de lo imaginado pero desconectados y anónimos. En la era anterior a internet el gusto por lo zombi se vivía en solitario y era, además, asumible, es decir, que aunque se podían establecer largas conexiones entre películas y explotaciones, uno podía verlo todo. Hoy el género me resulta inasumible en su totalidad, inabarcable con afán completista, pero curiosamente su condición de moda popular no ha hecho mella en mi amor por él, algo que no siempre me pasa cuando algo que disfruto como un tesoro se masifica. Todos tenemos un snob dentro, sobre todo cuando se es joven y zombi.


El zombi es nuestro monstruo contemporáneo, la criatura terrorífica que mejor expresa nuestra sociedad y sus miedos. Nuestro gemelo tenebroso. Nosotros somos los muertos vivientes, pero también los otros, nuestros vecinos de barrio o del Tercer Mundo. La eclosión total del zombi ha venido de la mano del post 11-S, de la crisis, de la pérdida de fe en el progreso futuro y de nuestro pantagruélico consumo mediático, hasta el punto de que a menudo los telediarios actuales se miran en el género y toman forma de abstracta no-ficción sobre zombis. Uno de los detalles más interesantes de la cultura zombi contemporánea es su condición de auténtico virus que ha infectado todo medio posible. Hasta hace una década Lo Zombi nos venía siempre en forma de película de cine de bajo presupuesto (con la excepción de los videojuegos, donde no tardaron en aparecer porque algunos creativos formaban parte del viejo club secreto de amigos de Lo Zombi). Hoy podemos hablar de ensayos sociológicos, terminología mediática, novelas a destajo, falsos documentales, telerealidad (con la que demuestran su aptitud con los nuevos lenguajes visuales), poesía, filosofía, sorprendentes remezclas con los clásicos de la literatura, cómics taticárdicos y hasta series de televisión (cuando el formato vive una edad de oro). En una semana se estrena en España Guerra Mundial Z. ¡Quién iba a decir al viejo fan de lo zombi que nuestro monstruo favorito acabaría tomando forma de blockbuster millonario a mayor gloria de uno de los reyes del Hollywood del siglo XXI! Es este estreno el que motiva estas letras, aunque no haya visto aún la película, porque nunca es tarde para rendir pleitesía a la fabulosa novela que adapta: Guerra Mundial Z de Max Brooks.



La película será divertida o fallida, digno aporte al género o una más de la oleada, no lo sé, y pienso verla con todo el ánimo festivo que merece, pero es una evidencia que poco o nada tendrá que ver con el libro (lo cual no es ni bueno ni malo per se) porque éste no tiene protagonista alguno y en la película está Brad Pitt como estrella absoluta. Ni siquiera su esquema argumental es asumible para un blockbuster como mandan los cánones de la taquilla contemporánea. Pues eso venía yo a decir, que la película de Brad Pitt será lo que Dios quiera, pero que eso no debe despistar lo más mínimo sobre la calidad de la novela de Max Brooks y su condición de lectura que sería una pena que dejaran escapar porque es una obra maestra de Lo Zombi alimentada por el amor y la inteligencia. Y no sólo eso: no se limita a ser la Gran Novela Zombi sino que me atrevería a decir que es una de las obras de género fundamentales en lo que llevamos de siglo.



Tradicionalmente, el relato de zombis se fundamenta en la perspectiva individual de supervivencia (o de grupo reducido, que viene a ser lo mismo) y del encierro en el refugio, elementos limitados pese a que han permitido metáforas amplias sobre el racismo, el consumismo o el militarismo (por ceñirnos a la trilogía inicial de Romero). La gran aportación de Max Brooks es que rebasa ampliamente esos límites para afrontar el reto de una perspectiva absolutamente global. Guerra Mundial Z prescinde radicalmente de todo protagonismo individual y para ello toma forma de historia oral, un formato que me fascina y que aquí, además, se demuestra del todo contemporáneo. Un falso documental formado por más de un centenar de entrevistas a los supervivientes del Apocalipsis zombi que permiten abarcarlo en toda su amplitud geopolítica. El desarrollo cronológico de la epidemia pero también la casuística local. Qué paso en China, en Sudáfrica, en Corea del Norte, en Rusia, en Irán, en Pakistán. Se aferra tanto y tan bien en el hoy que su lectura es urgente porque el paso del tiempo, por contexto histórico, va en su contra. En ese aspecto es valiente porque asume el riesgo de ser, dentro de cincuenta años, como esas novelas de ciencia-ficción en las que se habla de la Unión Soviética del siglo XXII. Reconozco que Max Brooks cede a su condición de judío demócrata norteamericano, y eso hace que su visión de Israel sea inocente, pero a cambio nos regala una brillante solución al problema cubano.


Guerra Mundial Z, el libro, no se limita a extender un mapamundi contemporáneo y fabular señalando con el dedo qué pasó aquí o allá. Recorre los iniciales silencios gubernamentales, la eclosión del pánico, el fracaso militar, la toma de decisiones que implican la muerte de millones de personas para la supervivencia de la especie, los efectos psicológicos de una inmersión total en la violencia, el shock traumático de un apocalipsis aquí y ahora. También afronta un relato que casi nunca se había desarrollado: el qué pasó después, la reconquista y reconstrucción del mundo civilizado, las consecuencias, secuelas y problemas tras una década bajo el imperio de los muertos.



Max Brooks reparte caramelos para los amigos de la cultura popular con la historia de otaku o los guiños a Zatoichi, el samurái ciego del cine japonés; y por supuesto, numerosos regalos para los miembros del viejo club secreto de los amigos de Lo Zombi. El más poderoso y ejemplar está en la dignificación del zombi submarino. Cuando Lucio Fulci introdujo una pelea submarina entre un muerto viviente y un tiburón en Nueva York bajo el terror de los zombis aquello nos pareció un locurón absoluto, un delirio gozoso pero absurdo. Max Brooks se toma la molestia de ponerlo en contexto, de darle sentido por puro amor a la historia del subgénero. Pero lo más importante, y acabo ya el rollo, es que la novela conduce al puro arrebato lector. 500 páginas que yo me zampé en apenas dos días, feliz y entregado. Amor zombi.