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7.10.16

CRÓNICAS DE #SITGES2016 (II): THE AGE OF SHADOWS



Segunda peli y segunda coreana, que este año viene cargado de ellas, aunque ya les digo que va a ser difícil que supere este peliculón. A ver, ya de entrada, si tengo que quedarme con un director coreano, ese es sin duda Kim Jee-woon. Two Sisters, A bittersweet life, El bueno, el malo y el raro y I saw the devil forman un combo imbatible (y ahora que lo pienso no he visto El último desafío, su peli con Schwarzenegger) al que se suma ya su nueva película. Ambientada en la Corea de 1920 bajo ocupación japonesa, es una película de espías como Dios manda, con un coronel coreano antiguo héroe de guerra y ahora al servicio de los invasores para capturar a los líderes de la resistencia. Como buena pieza de espionaje y contraespionaje es de esas con más de un topo en ambas filas y donde el juego de información entre unos y otros se cruza constantemente diluyendo quién se beneficia o con qué bando está realmente. La dirección es bastante sublime, y la banda sonora esplendorosa, y tiene una larga escena en un tren sencillamente colosal. Cosa curiosa, porque encima uno de los actores es el protagonista de Train to Busan.

20.9.16

EL DISLATE


Lo mejor del dislate que ha provocado el pregón de Barcelona es que Javier Pérez Andújar vuelve a ser subversivo. Bueno, en realidad nunca ha dejado de ser el mismo que escribía en Flandis Mandis o Mondo Brutto, pero tener columna en El País puede provocar dudas si no se despejan leyendo lo qué escribe en ellas, que es acorde a eso que dijo de “ser escritor es ir contra todo y contra todos”; tampoco dejó de serlo por el Premio Ciutat de Barcelona que recibió con Trías de alcalde y un jurado donde había dos independentistas, una periodista catalana que no lo es (la vi en una lista de “malos catalanes”) y otros dos que no tengo ni idea ni quiero buscar porque estaría feo.
Lo perverso del dislate es que un Premio Ciutat de Barcelona se convierta en un pregonero ofensivo porque el alcalde no es el mismo y ahora tocan guerras culturales, que nunca son ecuánimes, las carga el diablo y no se salvan ni los títeres aunque lleven garrote.
Lo curioso del dislate es que por una vez que el pregón oficial se encarga a alguien que viene de la contracultura, el sistema organice un pregón alternativo a cargo de un cómico que lleva años en la tele pública. Esto lo digo por lo de alternativo, que lo de tener a un cómico de humor ofensivo (pero no contra todo y contra todos) me parece bien porque cuando sale el tema de Los límites del humor soy de los que defiende que se cocinen cristos, constituciones o de las muestra de mal gusto. Así que apechugo con ello y no hay contradicción porque cuando ese cómico (Toni Albà) llama al boicot contra una actriz (Carmen Machi) que ha firmado un manifiesto a favor de una España federalista (menuda reaccionaria, albricias) ahí no está ejerciendo de humorista incómodo. (Por cierto, es verdad, Javier Pérez Andujar también tuvo su sitio en una televisión pública, y allí hablaba de Philip K. Dick, de Lovecraft, del Quijote, de Tintín y de los tebeos de Bruguera. Era en un programa literario, el único programa sobre libros y lecturas al que fui fiel cada semana porque era el mejor programa. Hoy ya no hay programas literarios en la televisión pública, no queda ni rastro).
Lo que entiendo del dislate es que se pueda estar en desacuerdo con la elección. ¡Cómo no voy a entender eso! A mí no me gusta cuando la escogida es Núria Feliu y a otros no les gustó nada que lo fuera Pepe Rubianes.
Lo que no entiendo del dislate es que el honor del pregón no pueda recaer en el que para mí es el mejor escritor que hoy tenemos en Barcelona y cuyo tema principal es Barcelona (bueno, y los tebeos de Bruguera también), razón por la cual ganó el Premi Ciutat de Barcelona con el aplauso de todos.
Lo que me gustaría es vivir en un mundo sin dislate donde el mérito cultural primara sobre el ideológico, donde el honor del pregón pudiera recaer en alguien que escribe de maravilla sobre la ciudad y eso se comprenda aunque no se comparta, en donde se pueda reconocer a un buen escritor a pesar de que no te guste algunas cosas que ha dicho. Clint Eastwood y John Ford son grandes directores aunque sean de derechas, y Lovecraft me encanta aunque fuera un racista. Lo contrario está más cerca del hincha, que aplaude al defensa leñero propio e insulta al contrario, algo, por cierto, que explica que el PP siga siendo el partido más votado a pesar de la corrupción.
Lo que me aterra del dislate es que ser crítico e irónico con algo y manifestarlo públicamente merezca linchamiento e insultos terribles. A Pérez Andújar se le afea su apoyo a la comunista Marina Pibernat, vapuleada tras tuitear sobre un candidato de CIU: “Bonito ver a la derechona catalufa rajando de Ada Colau “. En defensa de la gironina, Pérez Andújar escribió “Lo que se le ha hecho a Marina Pibernat es propio de una sociedad represiva e intolerante, de un modelo de convivencia condicionada, que una parte muy activa y fanatizada quiere imponer a toda la población. Al acusar a Marina Pibernat de catalanofobia se reproduce una situación que recuerda las creadas por el ayatolá Jomeini, el cual acuñó el término “islamofobia” para blindar los desmanes de su régimen integrista.” Ofendió a muchos, aunque más que un insulto ahí veo un toque de atención, pero puedo comprender que haya enfadado. Lo que entiendo menos es el enfado por definir la Diada de 2015 como “Parque temático del independentismo”. ¡Qué tienen de malo los parques temáticos! Yo voy cada año a Port Aventura y me lo paso bomba.
Lo que he aprendido del dislate es que Pérez Andújar ha dicho lo que piensa mientras yo me callo demasiado porque prefiero vivir tranquilo. Me repugna el PP y el españolismo rancio, defiendo la inmersión lingüística y creo que los independentistas merecen un referéndum como Dios manda porque una reclamación ciudadana tan clamorosa les da derecho a ello. Pero yo no soy independentista, soy crítico con muchas cosas que lo envuelven y debería decirlo más a menudo, sobre todo cuando se manifiesta el lado oscuro del asunto o cuando parece que en vez de buscar un país nuevo "se quiere una Españita" (las comillas son porque la frase no es mía, se la escuche a un amigo... independentista).
Lo que más me jode del dislate es que Javier Pérez Andújar es amigo. Y lee tebeos.

(texto publicado en Facebook, 18/9/2016

23.6.14

TENTÁCULOS CATALANES

Como se puede leer en el flyer de aquí arriba, el próximo jueves 26 de junio a las 19:00 en La Central del Raval se presenta la revista cultural Tentacles, que ya va por su segundo número.

Vale, ¿Y qué demonios es esto de la Revista Tentacles? Pues un proyecto tan loco y atrevido como necesario del que formo parte con actitud militante. Es necesario, en grado sumo, porque se trata de un magazine semestral de Cultura PoP en catalán, y de ahí viene su locura y atrevimiento, porque lo de la cultura catalana es una cosa hermética donde escribir sobre subculturas dispersas no es nada corriente.



Cada número se acoge a un tema concreto con amplitud de miras. El primero estaba dedicado a las Utopías, quizá porque una revista de este tipo es pura utopia, en el que escribí un artículo sobre Wakanda como utopía africanista. Como saben, Wakanda es el imaginario país del Universo Marvel donde reina T'Challa, alias Pantera Negra, un estado donde la tecnología futurista más avanzada convive con las tradiciones tribales y que puede considerarse la respuesta pop y de tebeo a los sueños de Marcus Garvey o de algunas corrientes del Black Power.

 
El segundo número de Tentacles gira en torno a la doble identidad, es decir, el Alter Ego. En él encontraran por ejemplo textos sobre la muñeca Barbie (a cargo de Meritxell Gil), la novela negra (Pepe Gálvez),  El Coyote (Jordi Riera), el argentino Dr. Merengue (Alfons Moliné), el Flash Gordon de Alex Raymond enfrentado al de Dan Barry (Antoni Guiral), el Superman Bizarro (Vicenç Tuset) o las mujeres del Doctor Jeckyll (Ignasi Franch).


Por mi parte, he afrontado tan jugoso tema escribiendo sobre Karl Von Vereiter y el nazismo pop, nada menos. O lo que es lo mismo, a partir del escritor de bolsilibros oculto tras pseudónimos establezco el gemelo siniestro que la naziexplotation supuso para la cultura popular. Cualquier excusa es buena para zamparse tres o cuatro de sus novelas, como hice, pero es que poder escribir de estas cosas en catalán me parece loco, atrevido y necesario; pero eso ya lo he dicho antes.





2.2.14

LECTURAS MALDITAS


Leo Los libros condenados de Jacques Bergier movido por las ganas de diversión e interés por el concepto de libro maldito. Ese deseo de conocimiento debe matizarse, y mucho, porque lo que hay en sus breves páginas está en el confín extremo de cualquier metodología científica y es pura fantasía con forma de ensayo de no ficción. Vaya por delante que siento una enorme simpatía (y recuerden que yo soy persona escéptica) por Jacques Bergier por su condición de coautor, junto a Louis Pauwels, de El retorno de los brujos (1960). Éxito de ventas mundial y piedra angular de la eclosión del llamado realismo fantástico, que llenó las estanterías de charlatanes, desarrollaba teorías e historias dispares en cuatro apartados: los paralelismos entre alquimistas y científicos del átomo (era la época), continentes perdidos, nazismo esotérico (creo que fueron los primeros en hablar de ese vínculo enajenado) y poderes paranormales a raíz de unos supuestos experimentos de la marina norteamericana (que haberlos, los hubo, otra cosa es que llegaran a alguna parte). Una de las cosas que me gustan de El retorno de los brujos además de su sentido de la maravilla  es el uso de relatos de ficción de Arthur Machen o Arthur C. Clarke como apoyo a sus tesis. Es algo que me resulta maravilloso.


Los libros condenados es una obra de redacción acelerada hasta el punto de hacer evidente que está escrita deprisa y corriendo para llegar pronto a las estanterías y sacarse unos dineros. En ella Bergier habla de una serie de libros desaparecidos a lo largo de la historia (y de dudosa existencia, añado) para establecer la existencia de una conspiración centenaria llevada a cabo por los que bautiza como Hombres de Negro. Esto es muy divertido porque luego a penas los cita ni habla de ellos. De hecho, cualquier razonamiento lógico o demostrable brilla por su ausencia y su argumento más recurrido es que a él le parece creíble. Y hablamos de alguien que cuando aparece el tema de un supuesto poder de invisibilidad custodiado por los miembros de la Orden de la Golden Dawn lo justifica diciendo que él no tiene nada que objetar a que eso sea posible. Y ya está. Eso sí, subraya un par de veces que el Necronomicón no existe como si eso fuera la prueba de que el resto sí.



Los libros condenados a los que dedica un capítulo a cada uno de ellos son El libro de Toth (la destrucción de la Biblioteca de Alejandría da mucho juego), Las estancias de Dzyan (aunque en realidad sea un capítulo sobre Madame Blavatsky), la Esteganografía del Abad Tritemio (y eso lleva a una biografía del singular John Dee), el famoso Manuscrito Voynich (que desaparecido no está), El Manuscrito Mathers de la Golden Dawn (que aprovecha para atacar con dureza a Aleister Crowley), el Excalibur de Ron Hubbard que vuelve loco a quien lo lee (no conocía esta leyenda sobre el escritor pulp que fundó de la iglesia de la cienciología), los libros del sabio revolucionario ruso Filipov (una especie de Tesla soviético) y acaba con La doble hélice de James Watson, que tampoco es un libro desaparecido sino el relato personal del premio Nobel por sus estudios con el ADN que critica con dureza a la comunidad científica (no por nada esotérico sino por la personalidad mezquina y engreída de muchos científicos) y que fue objeto, como tantos otros, de numerosas trabas ante su publicación.


Los libros condenados de Bergier carece de rigor y no aporta argumentos, si a eso añadimos su redacción apresurada, desde una perspectiva seria y objetiva es muy fácil decir que es un mal libro. No tengo nada que objetar a ello, como diría el propio Bergier, pero por lo que a mí respecta me ha resultado una lectura muy divertida porque ofrece un buen puñado de historias y biografías de asombro disparatado muy estimulantes para la fantasía y la imaginación.


30.12.13

COMENTARIOS DE REPRONTO



Desde el primer día he dedicado atención inmediata a la divulgación de las geniales Reflexiones de Repronto. Esta temporada he fallado, y eso que suponía su regreso tras un año de ausencia. Tras anunciar el primer episodio, no hice lo suyo con los siguientes, básicamente porque estaba metido de lleno en otras cosas y este blog acusó el esfuerzo. Decidí esperar al siguiente para divulgar dos de golpe y quedé atrapado en un bucle diabólico, porque cada Repronto merece un comentario atinado y no encontraba el hueco. Como no estoy dispuesto a despedir el año de esta manera, ya es hora de cortar con lo sano y recuperar el tiempo perdido comentando, de repronto, las últimas entregas allá por donde las deje.

Capítulo 50 : Gatitos.

Antes que nada, véanlo.

Es quizá el más genial de los que llevamos de temporada. Esto lo digo ahora porque los estoy volviendo a ver cronológicamente y no dudo que cuando vea el siguiente piense lo mismo y haya un conflicto. Y no me refiero a ello porque tome una sorprendente señal de nuestro tiempo, los vídeos de gatitos, y para explicarlos acuda a algo tan asombrosamente equidistante como los… (EMPIEZAN LOS SPOILERS!) … dictadores. No, lo que me parece brillante de este Repronto es que lleva a los gatitos, epítome de Lo Mono, al terreno de Lo Monstruoso, que como saben es algo de mi máximo interés, uno de mis temas preferidos, entre otras cosas porque los monstruos encarnan, a su vez, los miedos del ser humano y al mismo tiempo le fascina (de ahí el éxito del terror como género) y porque toda sociedad tiene su monstruo. En la nuestra, hoy, el único rival de los gatitos serían los zombis. Muy monos ambos. Por acabar, está ese concepto de “nuestros monstruos” que no puedo dejar de relacionar con el “One of Us” de esa obra maestra de Lo Monstruoso que es el Freaks de Tod Browning.

Bola Extra: Edison, que era un villano, también se avanzó a su tiempo con sus gatitos boxeadores de 1894.

Capítulo 51 : La imagen real

Antes que nada, véanlo.

Aquí estamos ante otra pirueta de rabiosa actualidad con la Marca España, ese concepto que se torna irreal cuando choca con La Realidad. Esa existencia de realidades paralelas y contradictorias, ideales y verdaderas, es muy de Philip K. Dick y también muy de nuestro tiempo, con conceptos como la realidad virtual o el auge de la No Ficción, una etiqueta engañosa porque la No Ficción puede ser perfectamente una Ficción.

Más allá de este comentario, y entrando en lo que es la maquinaria con la que trabaja el Dr. Repronto, en esta ocasión el giro inesperado, aquello que irrumpe en mitad de su disertación como iluminación inaudita, y me refiero a los…. (EMPIEZAN LOS SPOILERS!) …musicales de los países del Este, tras el viejo Telón de Acero, era algo que estaba en manos del Doctor desde la primera temporada o casi. El tema salió repetidamente en los brainstorming a los que me somete y ahí estaba, dando vueltas buscando su Repronto, porque estaba claro que explicaban algo pero aún no sabíamos qué.

Capítulo 52: Dinero de Contienda

Antes que nada, véanlo.

En esta ocasión el Doctor se centra en el conflicto como elemento clave de la televisión moderna. El mal rollo es mediático y ocupa el prime time. El Doctor acude al fútbol como bisagra, pero desgraciadamente es dinámica faltona ha dado también el salto al debate ideológico, hoy inexistente porque utiliza las mismas monedas de cambio que se señalan en esta Reflexión de Repronto. Y luego está lo del Respeto, hoy tan en boga, un concepto que me hace mucha gracia porque yo lo descubrí con Aretha Franklin y los Blues Brothers.

Capítulo 53: Figuras y Princesas

Antes que nada, véanlo.

El Doctor Repronto se aproxima de nuevo a Lo Mediático y lo hace por la puerta grande, con su máximo exponente: Belén Esteban. Utilizando estas dos figuras dibuja un concepto que me resulta fascinante y que resume en la frase… (EMPIEZAN LOS SPOILERS!) … “porque si nuestro día a día es Tele 5, la reconstrucción de la historia tomará imágenes de La 2”. De ahí salta a lo que conocemos como Montaje del Director para desvelarnos eso que ya sabemos: que la Historia, como reconstrucción del pasado, es sólo reescritura, en una aplicación práctica del choque de realidades que vimos en el capítulo 51, comentado un poco más arriba. La grandeza del Doctor Repronto es que para explicarlo de manera clara acude a Belén Esteban y Marichalar, algo que ningún historiador se atreverá a hacer nunca.

Capítulo 54: Persona

Antes que nada, véanlo.

El gran hallazgo de este episodio es la exposición de lo que llama El conflicto Lois Lane y del uso de una figura de ficción y de la cultura pOp, la novia de Superman, para establecer un choque entre ética y moral que se resuelve por la vía del “todos somos humanos”, una idea que apela al sentido común pero que, ay, sirve para perdonarlo todo.

Especial Medieval

Antes que nada, véanlo.

Sobre este Repronto especial Navidad, con su violoncelo, su disfraz y el asombroso vínculo que traza solo puedo decir una cosa: ES UNA PUTA GENIALIDAD.


12.12.13

LOS HOMBRES DE PINKERTON


Hace años que tomo buena nota de las recomendaciones de J. Sark, no puede ser de otro modo habiéndole encargado las epístolas librescas. Uno de los títulos que más llamó mi atención de la, por ahora, última entrega fue Los forajidos del Missisipí de Allan Pinkerton, aquí editado por Ginger Ape, que además estaba entre los destacados. Y lo cierto es que fue entrar el libro en la Mansión Ausente y lanzarme a leerlo. Desatendí algunas cosas porque no puedo evitar ser lector arrebatado y me duró tres días, aunque podrían haber sido menos porque es de esas novelas que se leen en un plis plás, casi sin darte cuenta; y lo de significarlo como novela es un poco así, porque lo es y, al mismo tiempo, no lo es.

Mi interés, además de la mítica del Missisipí salvaje, estaba en el nombre de su autor. Nada menos que Allan Pinkerton. Cualquier aficionado al western recordará la figura de los Hombres de Pinkerton, agentes de una agencia de detectives privados que se paseaban con traje y bigote por el Salvaje Oeste. La vida de Pinkerton y su empresa es ciertamente fascinante, aunque mucho más jugosa que su entrada en la Wikipedia es la que se incluye como apéndice en Los forajidos del Missisipí, acompañada de la de sus dos hijos, William y Robert (y que, de hecho, se pueden leer en el blog de Ginger Ape). Detective casi sin quererlo, se convirtió en jefe de los servicios de información y contraespionaje de Lincoln durante la Guerra de Secesión norteamericana. Luego, al mando de su empresa de detectives (la Pinkerton National Detective Agency), y casi siempre al servicio de la industria del ferrocarril, dio caza a la banda de Jesse James, a los Dalton, a Butch Cassady y Sundace Kid o a uno de los primeros psicópatas que marcan el inicio de la modernidad: el doctor H.H. Holmes (bien conocido en esta casa). Y no deja de ser curioso ese último apellido, porque Allan Pinkerton acabó siendo inspiración para la figura de Sherlock Holmes, y una de las aventuras de éste, El valle del miedo, tomaba como referente el caso de los Molly Maguires, la organización secreta de mineros desarticulada por sus Pinkerton yhombres. Hasta su muerte fue propia de una leyenda.

Los detectives de Pinkerton  citados en La Vanguardia del 7 de septiembre de 1890

De hecho, la agencia de Pinkerton, ya al mando de sus hijos, se especializó también en fuerza de seguridad privada contratada para luchar contra huelguistas y piquetes (la modernización, ay, tiene estas cosas) y le labró una mala fama que quizá ya tenía, al fin y al cabo la cultura popular estadounidense convirtió en leyendas a algunos de los forajidos que Pinkerton perseguía (Jesse James, Butch Cassady y Sundace Kid). Es esa mala imagen la que explica esta novela cuya existencia desconocía y que forma parte de una serie en la que Allan Pinkerton relataba con detalle alguno de sus casos más famosos. Eran novelas populares, probablemente escritas por encargo y de escasa floritura, pero que leídas hoy muestran no sólo el encanto y seducción que a este tipo de relato da el paso del tiempo sino también la extraña condición, no buscada, de híbrido, de eslabón perdido entre el viejo folletín del siglo XIX y la novela del siglo siguiente, que tan menudo busca escapar de esa misma condición.

Pinkerton e hijos, Sociedad Limitada

Publicado en 1879, Los forajidos del Missisipí es, de hecho, no ficción y, si me apuran, incluso encaja mal como no ficción novelada. Hay una historia policial, sí, pero va tan directa al grano y se muestra tan objetiva que en realidad se aproxima mucho a la prensa de sucesos. Además, está narrada con la voz de Pinkerton, uno de los protagonistas de la historia, así que ahí también es testimonio de primera mano de alguien que conocía bien a las bandas de delincuentes de aquella época. El texto está lleno de comentarios y consejos sobre el trabajo de detective que Allan Pinkerton utiliza para barrer hacia casa, es decir, su empresa, y afirmar que estas cosas han de estar en manos de profesionales y que los mayores problemas siempre están provocados por los voluntarios locales o por los ayudantes no especializados que las empresas de ferrocarril contratan a bajo precio para ahorrarse algunos dólares en la factura de la agencia.



Además de lectura muy entretenida, Los forajidos del Missisipí me ha resultado de lo más sugerente. Así de entrada, su voluntad y condición sería la de literatura popular, un pulp primitivo adscrito como género al western; pero ahí metido resulta una pieza raruna porque no es una aventura de evasión y cowboys sino un documento no diré que fiel a los hechos pero sí que se ciñe a ellos sin florituras, de manera fría, directa y casi desapasionada, como un médico forense. Incluye descripciones de la sociedad de la época, como el impagable esbozo de las clases más bajas (y salvajes) que habitan los márgenes del Missisipí, basura blanca y redneck (uno de los pocos momentos en que se deja llevar por el estilo y un cierto humor); el pasaje en que relata un lichamiento popular (que describe de manera ambigua por comprensiva) o el mismo dibujo de la banda de forajidos, que pese a su violencia son muy de andar por casa, nada mitificados. Y es ahí, en ese momento, en que me doy cuenta que esta obra más que un western es un antecedente directo de la serie negra, del hardboiled, del thriller de bajos fondos. No es una observación aventurada, al fin y al cabo Dashiell Hammett antes que escritor fue agente de Pinkerton.



Ginger Ape, a quien debemos la recuperación y hallazgo, es una de las nuevas editoriales pequeñas que tanto nos alegran la vida en estos días. La edición, con papel gustoso al tacto y tipografía de la que a mis años agradezco, muestra un mimo considerable y es muy generosa en el detalle complementario. Además del apéndice biográfico incluye deliciosas ilustraciones originales, fotografías, recortes de prensa y, atención, la historieta biográfica First American Detective procedente del número 54 (noviembre de 1946) de True Comics, uno de mis queridos tebeos precode.


3.8.13

MONDO MUNDIAL


Nada mejor que empezar agosto con una nueva entrega de Mondo Mundial, el noticiario pOp de la Sociedad Borderline más irregular y aperiódico.

EL KABOOM DE LA CONSPIRANOIA


Aunque no lo he leído en ningún medio mainstream, el mundo conspiranoico echa humo con la noticia de que Monsanto ha comprado Blackwater. Especializada en química y transgénicos, la corporación Monsanto es para muchos la más siniestra de las multinacionales con una larga historia que se inicia en los años 60 del siglo pasado cuando desarrollo el agente naranja para la industria bélica norteamericana. Blackwater es la más conocida de las empresas privadas que se dedican a la guerra, es decir, lo que antes llamábamos un ejército de mercenarios reconvertido en negocio suculento. El lado oscuro de la privatización de algo que siempre fue público: la potestad gubernamental del uso de la violencia. Mezclar Monsanto y Blackwater es como si Fu-anchú se aliara con Spectra, o algo así.



EL SATANISMO YA NO ES LO QUE ERA

El otro día en Texas se produjo un encontronazo entre activistas a favor y en contra del aborto. Dado el carácter cristiano de aquellos, los proaborto se hicieron fuertes al diabólico grito de "¡Heil Satan!". La cosa habría acabado ahí si no fuera porque el uso de este lema no fue del agrado de la rama británica de la Iglesia de Satán.
La idea de unos satanistas quejándose de un uso diabólico del nombre de Satán es quizá la victoria definitiva de la corrección política y una prueba más de que todo fandom tiende a lo conservador.



EL OCASO DE LA HITLER BURGER

Hitler, el restaurante temático indonesio en el que los camareros servían las viandas vestidos con el uniforme de las SS ha acabado bajando la persiana tras dos años de actividad. El dueño se hartó de las cada vez más numerosas protestas mientras las autoridades locales se lamentan por los puestos de trabajo perdidos.


30.6.13

JIM KELLY: LA QUINTAESENCIA DE LO COOL



Me he despertado con la noticia de la muerte de uno de mis mitos particulares más queridos: Jim Kelly, icono del maridaje entre artes marciales y blaxplotation, quintaesencia del peinado afro perfecto, el funk y la cultura pop más pura y honesta. No se me ocurre mejor homenaje que publicar un extraxto de Black Super Power, mi ensayo sobre el héroe negro, en el que realizo un veloz y entusiasta recorrido por su legado fílmico.


En pleno apogeo, la blaxploitation se convierte en una estética de moda que enriquece todo lo que toca. Así, la primera de las entregas de Roger Moore como tercer Bond, Vive y deja morir (Live and Let Die; Guy Hamilton, 1973), se embadurna de imaginería blax, vudú y la presencia de Yaphet Kotto y Gloria Hendry. Lo mismo sucede con El último hombre vivo (Omega Man; Boris Segal, 1971) adaptación del clásico de la ciencia-ficción Soy Leyenda (Richard Matheson, 1954) con Charlton Heston como protagonista. Y cuando la Warner prepara el definitivo asalto a la gloria de Bruce Lee, enriquece Operación Dragón (Enter the Dragon; Robert Clouse, 1973) con la presencia de un secundario negro tan carismático e icónico como Jim Kelly.
(…)
Jim Kelly, bendecido por la proximidad a Bruce Lee, con su elegancia felina, peinado afro perfecto y reconocida simpatía por los Panteras Negras, es uno de esos actores cuya presencia permanece y adquiere connotaciones icónicas a pesar de una filmografía breve, de progresión decadente y calidad dudosa (siempre desde la perspectiva del canon cinéfilo, claro). Tras el éxito brutal de Operación Dragón, Warner era consciente del potencial de Jim Kelly como actor con tirón para el cine de acción, así que le diseñó un producto a su medida: Cinturón negro (Black Belt Jones; Robert Clouse, 1973).

Siguiendo el camino trazado por Cleopatra Jones (el apellido común no es coincidencia), en Cinturón Negro la Warner infantiliza los argumentos de la blaxploitation al mismo tiempo que aumenta las dosis de espectáculo apto todos los públicos. La historia también saquea sin pudor ni esfuerzo uno de los argumentos universales del cine de artes marciales, la honesta escuela de kung-fú sometida al acoso de los malos, aunque situando ésta en un suburbio de Los Ángeles (ver nota al final del párrafo). El edificio que ocupa dicha escuela es objeto del deseo de la Mafia del Hombre (blanco), así que ésta encarga el tema al pequeño líder criminal de la zona, un negro orondo rodeado de inútiles. El problema es que llegan al rescate un antiguo alumno que trabaja de agente secreto (Jim Nelly) y una hija secreta del viejo y difunto maestro (que recibió lecciones a los tres años de infancia). A ella la encarnaba Gloria Hendry, una de las más hermosas reinas de la blaxploitation además de chica Bond. La película está ahí, repleta de detalles de subcine que provocan su injusta inclusión en algunas listas de las peores películas de la historia: el repeinado Scatman Crothers como imposible maestro anciano de las artes marciales; un grupo de chicas playeras expertas en saltos acrobáticos con cama elástica que ayudarán a asaltar el cuartel general de la Mafia; la batalla final envuelta en la espuma de un túnel de lavado de coches; o uno de los momentos de pareja de enamorados corriendo por la playa más antológicos y deplorables que recuerdo. Esto es así, es cierto, pero el poder visual de Jim Kelly persiste, por mucho que Black Belt Jones sea un subproducto aprovechado y de saldo, puro cine de derribo. La banda sonora sigue siendo de lujo a cargo de Luichi de Jesus y un tema principal compuesto por Dennis Coffey, el mítico guitarrista blanco de la Motown.

Nota al pié: La explosión del cine de artes marciales nace a partir del estreno en Occidente de De profesión: Invencible (Kingboxer; Chang-hwa Jeong, 1972), producción de la Shaw Brothers con distribución internacional de Warner. Luego, Bruce Lee y su leyenda no hicieron más que engrandecer el impacto de un fenómeno mundial que tuvo un curioso efecto multicultural de serie B: la proliferación de escuelas de artes marciales que hermanaba Harlem con Hospitalet de Llobregat, por citar dos satélites urbanos de una gran ciudad.



La carrera de Jim Kelly será, como he dicho, irregular y decadente. Tras Cinturón negro se embarca en un proyecto tan simbólico y comercial como la reunión en una misma película de tres de los actores clave de la blaxploitation. Junto a Jim Brown y Fred Williamson protagoniza Los Demoledores (Three The Hard Way, 1974) bajo las órdenes de Gordon Parks Jr. (el director de Super Fly e hijo, a su vez, del responsable de la saga cinematográfica de Shaft). Es posible poner numerosas pegas a una película como Los demoledores si se visiona desde el punto de vista de la cinefilia estrecha; ahora bien, desde una perspectiva carente de pamplinas es una gozosa serie B de acción y un desparrame de hostias, tiros y explosiones.


El argumento no puede ser más delirante: un productor de soul (Jim Brown) descubre, tras el secuestro de su mujer, que el partido nazi norteamericano prepara exterminar a toda la población afroamericana contaminando los depósitos de agua de las grandes ciudades con una sustancia química que discrimina racialmente y mata sólo a los negros. Ante tamaño desafío, el productor musical, que también es un hombre de acción, contactará con un par de amigos (Fred Williamson y Jim Kelly, claro) para liarla parda.



Los Demoledores es una película muy básica y sin complicaciones, nadie lo niega, hinchada con largas escenas de tránsito de sus personajes (andando, en moto, en coche y hasta en lanchas motoras) a mayor gloria de la banda sonora compuesta por The Impressions y donde destaca la larga secuencia en la que Jim Kelly recorre con su elegancia felina y cool el aeropuerto de Los Ángeles. Otro de los detalles que lo convierten en un filme más fascinante de lo que aparenta es su clara condición de película de superhombres negros; no sólo porque se trate de tres héroes imbatibles y capaces de todo o porque su guión acuda a una trama delirante con villano nazi de opereta (acompañado de un mad doctor para redondear el asunto), sino por su condición de crossover, que es como en los tebeos de superhéroes se llama al cruce de personajes de colecciones distintas. En Los demoledores Jim Brown hace de Jim Brown, Jim Kelly de Jim Kelly y, por supuesto, Fred Williamson de Fred Williamson, haciendo válida mi afirmación anterior según la cual los principales actores de la blaxploitation hacen suyos los atributos de los personajes que interpretan y viceversa. En definitiva, en términos de cine de derribo Los Demoledores hace honor a su nombre.



No sería esta la única aparición del llamado Rat Pack negro, emulando el nombre dado al clan Sinatra. Al año siguiente se reúnen de nuevo para protagonizar, junto a Lee Van Cleef, un tardío eurowestern híbrido e irregular rodado en las Islas Canarias: Por la senda más dura (Take A Hard Ride; Antonio Margheriti, 1975). De nuevo cada uno en su papel: Jim Brown de héroe moral, Fred Williamson de tahúr caradura y a Jim Kelly le toca bailar con la más fea con un delirante papel de piel roja mudo experto en artes marciales. Años más tarde repetirán con una blaxploitation tan fuera de plazo y lugar como Apuesta peligrosa (One Down, Two to Go; Fred Williamson, 1982) y con Richard “Shaft” Roundtree sumándose a la fiesta.



Rat Pack negro al margen, la carrera de Jim Kelly enseguida degeneró hacia el terreno del subproducto de artes marciales con tintes variopintos. En Black Samurai (Al Adamson, 1977) se ponía a las órdenes de uno de los peores directores de la historia (en la tradición de Ed Wood) para adaptar una de las novelas pulp de Marc Orden y su personaje homónimo, el superagente a las órdenes de D.R.A.G.O.N. (Defense Reserve Agency Guardian Of Nations) enfrentado a un supervillano maestro en las artes del vudú y su nutrido ejército de enanos karatekas (nada menos). Kelly repetiría con el charcutero de Al Adamson en Dimensión Mortal (Death Dimension, 1978), otro ejemplo de cine basura disfrutable en su despropósito y en la que el supervillano de turno planea construir una máquina que congelará a la humanidad. Para rematar la carrera de nuestro karateka afro más molón, es justo señalar Hong Kong Connection (The Tattoo Connection; Tso Nam Lee, 1978), genuina producción Made in Hong Kong (con todo lo bueno que eso supone en cuestión de coreografías) que se pretendió falsa secuela de Cinturón negro. Tras sus escarceos por el territorio del subproducto de presupuesto cero, Jim Kelly abandonaría el mundo del cine (aunque de vez en cuando nos alegra con algún cameo) y de las artes marciales para dedicarse al tenis profesional primero como jugador y más tarde como entrenador.


La carrera de Jim Kelly explicita muy bien la decadencia de la blaxploitation y su muerte por combustión espontánea. Tras el ímpetu de su éxito inicial, el subgénero pasa a ser pasto del sector más esquinado de la industria del cine y sus nutridas factorías del subproducto. Ya en sus primeros años proliferaron las coproducciones con el sello de Cirio H. Santiago, el brazo filipino de Roger Corman y la AIP, en películas como Savage! (1973) o TNT Jackson (1974). Un vínculo antinatural que prosiguió con fotocopias malas como Cleopatra Wong (They Call Her Cleopatra Wong; Bobby A. Suarez, 1978) o híbridos de las artes marciales como Bamboo Gods and Iron Men (César Gallardo, 1974) o The Black Panther Of Shaolin (Ernesto Ventura, 1975)31, en la que aparecía otro campeón negro llamado Ron Van Clief, rápidamente fichado por el cine de artes marciales realizado en Hong Kong para participar en una falsa trilogía formada por Black Dragon (Tommy Loo Chung, 1974), ¿Quién Mató a Bruce Lee? (The Black Dragon revenge the Death of Bruce Lee; Tommy Loo Chung, 1975) o El Testamento de Bruce Lee (Black Dragon Fever; Kao Ke, 1979) que lo emparejaba con los célebres clones de Bruce Lee.



31.12.12

TESOROS DEL EUROSPY

Una de las efemérides pOp destacadas del año ha sido el cumpleaños de Bond, James Bond, agente 007 con permiso para matar. En concreto el 50 aniversario de 007 contra el Doctor No, la primera adaptación cinematográfica del personaje de Ian Fleming (nacido en 1952 en las páginas de la novela Casino Royale). El impacto de este agente secreto en la cultura pOp del siglo XX fue demoledor y fotocopias más o menos borrosas o delirantes llenaron novelas de bolsillo, pantallas de televisión, tebeos y cines de barrio. Los pseudobons o euroespías de serie bé fueron legión y la industria del cine de explotación y derribo en régimen de coproducción los facturo baratos y a cientos. Entre tanto título es necesario separar grano de paja (aunque no nos engañemos: todas tienen su encanto). Uno de mis tuiteros cinematográficos favoritos, @faustianovich (aka Fausto Fernández) celebró el evento con una serie de tuits, uno por día, en los que reivindicaba sus pseudobons favoritos junto a un breve comentario. Para que la lista no cayera en el olvido del marasmo de la red social, los fui guardando con la idea de ponerlos en el blog, previo permiso del responsable de la selección, con sus carteles y alguna cosa más. No se me ocurre mejor manera de despedir el 2012 en el Blog Ausente que esta galería de tesoros del Eurospy


Mister Dinamita, mañana os besará la muerte (Mister Dynamit - morgen küßt Euch der Tod Franz; Josef Gottlieb, 1967) porque Lex Barker de 007 contra el poder atómico megalómano mola! (nota ausente: en imdb veo que está rodada en lugares como Arenys de Mar).



Agente End (Sicario 77, vivo o morto; Mino Guerrini, 1966), por su frikoso avión-cohete con una bomba H y por Robert Mark, Mónica Randall y Pepe Bódalo poniendo caras.
Argumento según la Wikipedia: Un agente secreto británico, Lester, se infiltra en una banda que intenta hacer revivir las doctrinas nazis de la mano de su jefe llamado KING, y que es interpretado por José Bódalo. Está provisto con unas gafas negras especiales que le permiten seguir el rastro de un dólar luminoso para sus ojos, pista en un importante caso que le permitirá impedir el lanzamiento de un cohete provisto de una bomba de hidrógeno.


El Hombre del Golpe perfecto (L'uomo del colpo perfetto; Aldo Florio, 1967), donde Richard Harrison busca unas joyas radioactivas desde el Líbano...¡a Marbella!


Reto a los asesinos (A 077, sfida ai killers; Antonio Margheriti, 1966) nuevamente con Richard Harrison en la piel del agente A077. Trepidante y muy violenta..


Rififí en Amsterdam (Rififí ad Amsterdam; Sergio Grieco, 1966), donde el rayo láser de Goldfinger va de mano en mano por los clichés del subproducto chanante.


Supersiete llama al Cairo (Superseven chiama Cairo; Umberto Lenzi, 1965), donde Umberto Lenzi se anticipó a las escenas piramidales de La espía que me amó. En el blog Pseudoespías podemos leer:
El agente deberá recuperar a lo largo de todo el metraje un cargamento de Ibaltonium (¿?) algo realmente radioactivo, robado para aterrorizar al mundo. Desde Londres hasta El Cairo pasando por Lucarno o Roma nuestro super-espia luchara con todos y evitará ser seducido por todas, hasta lograr sus objetivos.

Operación Mogador (Password: Uccidete agente Gordon; Sergio Grieco, 1966), la más presentable de las baratas peripecias que Sergio Grieco consagrara al agente Gordon.



Agente 003, Operación Atlántida (Agente S 03: Operazione Atlantide; Domenico Paolella, 1966) un fumetti encantador, tanto como los modelitos y el cuerpazo de Erika Blanc. (esta es de mis favoritas. Una reseña en La Abadía de Berzano).


Operación Relámpago (Due mafiosi contro Goldginger; Giorgio Simonelli, 1965), porque el malo se llama Goldginger, y porque la chica es Rosalba Neri.


No hay flores para OSS 117 (Niente rose per OSS 117; Renzo Cerrato, 1968), el superagente francés de novelitas, entretenimiento bis y futuras parodias creado por Jean Dujardin. (La lista de pelis que adaptaron el personaje aquí).


Furia en Marrakex (Furia a Marrakech; Luciano Martino, 1966) porque Stephen Forsyth dio el tipo de agente secreto, pese a estar en peli trash. (También es de mis preferidas). Una sinopsis:
Una organización clandestina descubre un tesoro oculto por orden de Hitler durante la II Guerra Mundial. Agentes secretos de las potencias se lanzan en su búsqueda y el equipo de Estados Unidos e Inglaterra salvaguardan el botín
Los espías matan en silencio (Le spie uccidono in silenzio; Mario Caiano, 1966) muy hardboiled, gracias al estilo directo al grano del estajanovista Mario Caiano. (Reseña en La Abadia de Berzano)


Cifrado especial (Cifrato speciale; Pino Mercanti, 1966) porque intenta ser coherente, aunque salgan gadgets Franz de Copenhague.


Objetivo mata (Coplan FX 18 casse tout; Riccardo Freda, 1966) porque es de Ricardo Freda, tiene enjundia, y su agente 777 no tiene nada que ver con Cantinflas.

BOLA EXTRA 1: Dos más que añado a la lista:


Operación 67 (René Cardona, 1967) porque no hay agente secreto más secreto que un enmascarado de plata.


Marc Mato, Agente S 077 (Gregg C. Tallas, 1965) porque es la coproducción más hispana de las listadas y porque un rayo desintegrador de matería siempre debe ser tenido en cuenta. (Reseña en La Abadia de Berzano)


Ypotron (Agente Logan - missione Ypotron; Giorgio Stegani, 1966). Secuela de la anterior, gran score de Nico Fidenco y enésima partícula radioactiva para la destrucción mundial.

BOLA EXTRA 3: La selección de Ordel

El gran ordel, responsable de Cinema de Medianoche y auténtico gourmet de lo zinéfago se apunta a la fiesta con recomendaciones tan psicotrónicas como:


Todos los hermanos eran agentes (O.K. Connery, Alberto de Martino 1967) con Neil Connery, hermano de Sean


LSD, Infierno por un puñados de dolares (Massimo Mida, 1967) que no puede ser más pOp al reunir lisergia y´euroespías. Reseña del propio Ordel aquí.

  BOLA EXTRA 4: ¡MÁS CARTELERÍA VARIADA!