Mostrando entradas con la etiqueta Meiko Kaji. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Meiko Kaji. Mostrar todas las entradas

29.1.07

CINE EXTREMADAMENTE MANIERISTA AL SERVICIO DE LA VIOLENCIA Y LOS BAJOS INSTINTOS

Female Prisoner Scorpion Beast Stable 1973

Creo que ya iba siendo hora de recuperar la serie de reseñas dedicadas a la filmografía de Meiko Kaji. En concreto, con Female Prisoner Scorpion: Beast Stable (1973), tercera entrega de las peripecias de Scorpion, la peligrosa presidiaria vengativa, y la última dirigida por Shunya Ito. Meiko aún protagonizaría una cuarta de esta paradigmática saga por lo que a la serie bé nipona erotico-violenta o Pinku Eiga setentero respecta. No está mal recordar que lo sorprendente del subgénero, claramente exploit pero con el añadido de proceder de una cultura muy diferente a la occidental, es precisamente eso, el tremendo contraste con, por ejemplo, el eurotrash. En el Pinku Eiga japonés la violencia sexual resulta diferente, mucho más cruda, sexo y sangre, los desnudos nunca son integrales; al mismo tiempo, la exquisitez visual es frecuente. Sí, son series bé, pero el empaque es tremendo, en las antípodas del zoom entre matos y los interiores iluminados con bombillas de 100 vatios habituales en buena parte del eurotrash, especialmente el mediterráneo.



Si en la fundacional Female Prisoner 701: Scorpion nos encontrábamos con una de las mejores wip movies de la historia, donde el contraste entre exquisitez visual y los momentos de bizarría filmica (y si no recuerden el Tutubo que les puse hace unos meses) era compensado, con la primera secuela, Female Convict Scorpion: Jailhouse 41, el tono del asunto se disparaba más por la parte arty, también en el argumento, con toda esa fascinante odisea de las presas huidas que, a ratos, es una siniestra historia de brujas. Beast Stable se va al otro extremo del tablero y opta a ratos por el relato intimista nipón (los silencios son eternos y Meiko sólo dice un par de palabras en todo el metraje, si llega) y a ratos explota en una borrechara de violencia contundente y pulp de bajos instintos que si no fuera por el cuarto de hora final, no tendría la consideración de wip movie. De hecho, no lo es.



El inicio no puede ser más revelador. Scorpion huye en el metro de un policia. Acaba recorriendo las calles de Tokio esposada al sangrante brazo amputado de un inspector de policia. El inspector manco (hum, otro oriental minusvalido). Suena Flowers of carnage (una de las canciones de Meiko recuperadas por Tarantino para Kill Bill) mientras transeuntes casuales contemplan asombrados la escena. La cámara está escondida, por lo que nadie la mira y sí a la chorreante extremidad colgante. La venganza del policía, junto a una trama ambientada en el mundo de la prostitución, con otra antigua reclusa ejerciendo de cruel ama de la red, son los dos motores de la acción. Como lo eran, más o menos, de las anteriores: la reclusa arpía y el vengativo carcelero tullido (tuerto, para ser exacto).


Es justo decir que el filme sufre de cierta irregularidad. Es generosa en sexo inmovil de prostitutas que iluminan sus coños con cerillas, generosa en silencios bostezantes que se interrumpen constantemente con fugazes flashes de abrumadora estética: cromatismos arrebatados; planos torcidos; planos cenitales; flashbacks acertosos; elipsis entre sábanas manchadas de sangre abortiva; escopes virtuosos con un gran tratamiento del primer plano lateral y el fuera de campo, a veces por partida triple. También hay un gran uso del sonido: la fregona del final, el alambre que estrangula o esa maravillosa escena de las reclusas haciendo labores de zurcido, con una Meiko amenazante al fondo de la mesa.


Toda esa imaginería se ve alterada por la agresividad argumental y por los desmelenes pulposos. (Y por los silencios bostezantes, claro). Cine manierista al servicio de los bajos instintos. La contundencia es explícita, o casi. Violencia gratuita a todos los niveles: Scorpio separando a mordiscos el brazo amputado al que está unida, la historia de la prostituta que entrega su cuerpo a su hermano deficiente mental, agresiones sexuales en grupo, exagerados abortos forzados (con garfios y sin anestesia), pop nipón como bandas sonora para la quiel quemada, incestos fundidos entre llamas, bisturís desgarrantes, palos de golf para comprobar la pureza del himen. Sangre y sexo. Si son ustedes gentes sencillas y sensibles, esta NO va a ser su película favorita.


A eso, como decía, hay que añadir el desmelene pulp, con la recreación de la pérfida madam como ejemplo inequívoco. Gesticulante al extremo (y con lo mal que gesticulan los orientales, hijos de una hierática tradición actoral), también por sus vestidos chillones, de plumas y purpurina, casi como si fuera uno de los extraterrestres del tercer planeta del agujero negro de las películas de Godzilla. Ya saben, ese curioso hábito de la cultura pop de serie bé nipona de vestir a los villanos de opereta, con el horizonte del ridículo superado con creces. También toda la resolución de la historia es harto pulp, con esa Meiko resucitando entre orines de alcantarilla, convertida en un aún más silencioso espectro de venganza y ejecutando, al final, un plan imposible.


Beast Stable es obvio que resulta inferior a los dos títulos que la preceden, pero yo no dejo de visionar con perplejidad este cine. Los contrastes, ya sean los propiamente culturales o esos abruptos saltos entre lo bello y lo ridículo, ejercen su poder. Y más en un indagador del cine zafio y/o extremo (pero pulpipop) como yo. Les dejo con algunas capturas comentadas al estilo ausente.


Puta Trágica calentando su entrepierna con cerillas


A este policía le falta un miembro


Macarrismo cool


Trabajando con el palo de golf



El curioso y silencioso flashback mental. La villana disfrazada y luego, en el mismo escenario, vestida de reclusa. El espectador atento entiende el pasado, proque decir, se dice poco. La película se explica a golpes de mirada de odio. Los ojos de Meiko Kaji, sí.


Drogando a Meiko.


Incesto fundido entre llamas


El espanto surge de la tumba


Menudo pedazo de análisis

8.7.06

LA SELECCIÓN AUSENTE (VII): REYERTA EN LAS DUCHAS DE LA CARCEL DE MUJERES



En este kaleidoscopio del mundo ausente no pueden faltar ni el subgénero de las mujeres en prisión ni los ojos de Meiko Kaji, así que les propongo esta celebrada escena Female Prisoner 701 Scorpion en la que la clásica reyerta en las duchas del presidio cobra tintes visuales cercanos al cine fantástico para acabar siendo delirio japonés del bueno.
ACTUALIZACIÓN: Tras pelearme con las tijeras un rato he conseguido una nueva versión con el sonido sincronizado.

10.11.05

LOS OJOS DE MEIKO KAJI (GUÍA DE POSTEOS)


Casi sin quererlo, a partir del descubrimiento de Lady Snowblood, la filmografía de la perturbadora Meiko Kaji, icono femenino del cine japones de serie B de los 70, se ha convertido en uno de los miniciclos de este Blog Ausente, así que este post sirve de guía de los filmes hasta ahora reseñados por aquí y pasa a formar parte de Los Grandes Temas Ausentes que tienen ustedes a su izquierda, justo debajo del cartel de La Furia del Tigre Amarillo. Había una web estupenda a ella dedicada, Meiko-kaji.com, con carteles y canciones, pera hace unos meses desapareció de la red. Snif.

Female Prisoner 701: Scorpion (Shunya Ito, 1972)

Female Convict Scorpion: Jailhouse 41 (Shunya Ito, 1972)

Lady Snowblood (Toshiya Fujita, 1973)

Female Prisoner Scorpion: Beast Stable (Shunya Ito, 1973)

Lady Snowblood II (Toshiya Fujita, 1974)


24.10.05

MEIKO KAJI REGRESA A LA CARCEL DE MUJERES

Poster--FemaleConvictscorpionJailhouse41

Hace ya unos meses comentaba por aquí lo mucho que me había gustado la primera entrega de la saga Female Prisoner. Con la parsimonía con que van avanzando algunos ciclos de este Blog Ausente, le ha llegado turno a la segunda entrega de la saga, Female Convict Scorpion: Jailhouse 41, de nuevo protagonizada por la perturbadora japonesa Meiko Kaji.

SASORI02-04


Vaya por delante que no me ha gustado tanto como la primera entrega, quizá porque la historia es peor, pero aún así continua la línea marcada por su predecesora: una historia de venganza, generosa en violencia y erotismo bizarre, enmarcada en un subgénero tan propiamente exploitation como el de las cárceles de mujeres, que descoloca y sorprende con ese inusitado e inmediato trasiego de la exquisitez visual al desmadre zetoso que ya destacaba en la primera.

Violaciones grotescas (hasta tres, múltiples, con los varones poniendo caras exageradas mientras la víctima mira con odio), muertes sangrientas, brillante tratamiento del color (una constante para dejarse llevar, destacando los cambios de tonalidades del bosque encantado), escenas ridículas (la humillación del nuevo alcaide mientras al compás de la risible orquesta de presas), zafiedad sexual, planos hermosos (el de la mazmorra inicial, el estrangulamiento circular), guión a ratos endeble (¿porqué rechazan a la protagonista por haber sido violada sus compañeras?), coqueteo con el cine de fantástico de terror (el encuentro de las presas fugadas con la bruja), ramalazos kabukis y de tradicionalismo nipón (los flashbacks), excelente banda sonora (en parte utilizada por Tarantino), el estupendo look de Meiko Kaji (que no sólo se puede rastrear en Kill Bill sino aún más claramente en la reciente Simpathy for Lady Vegeance del autor de Oldboy). Todo esto es lo que encontrarán en esta curiosa muestra de serie B japonesa de los setenta, de esas que por aquí no vimos ni por casualidad, encuadrable en el llamado pinku eiga del que pienso hablar por aquí de manera inmediata. Y ahora les dejo con una selección de imágenes del filme para que se hagan una idea


La mirada de Mieko es la estrella ya desde el principio


Uno de los muchos planos bonitos

La grotesca humillación del nuevo alcaide

Contra violación, castración

Las siete reclusas y la bruja del bosque

Un cuchillo como herencia en un plano muy del fantastique


Kabuki sangriento

Estupendo look para una vengadora

7.5.05

CANCION DE VENGANZA EN LA CARCEL DE MUJERES



Ya he comentado en un par de ocasiones mi fascinación por Meiko Kaji, actriz nipona que a principios de los 70 se convirtió en una poco reivindicada reina del cine violento de serie B. De hecho, este Blog Ausente ya ha dedicado comentarios a las dos películas que conforman la saga de Lady Snowblood: un enorme primer filme de gran influencia para el Kill Bill tarantiniano y una secuela (1972). que, pese a no estar mal, traiciona el personaje de la samurai vengativa y resulta bastante más aburrida.



Hace un par de semanas, exactamente el 25 de abril, el Dr. Zito recuperaba el tema en un estupendo post (Atando cabos (I): El cine japonés me provoca cruentas dicotomias) en el que introducía la otra saga fílmica en la que se sustenta el culto a la hermosa actriz oriental, la saga de Nami Matsushima. Yo, que casi sin quererlo me encuentro inmerso en una revisión de cine popular nipón que confrontaría a Godzilla con esta actriz especializada en cine de venganzas, no he tardado demasiado en iniciar el visionado de la saga de la Prisionera 701 y ayer por la noche pude disfrutar de la estupenda primera entrega: Female Prisoner 701: Scorpion (1972).

Acertaba el Dr. Zito al hablar de cine de derribo heterodoxo, capaz de lo mejor y de lo peor. La película acude por igual al bajo instinto de la explotación sexual y la violencia gratuita combinando escenas y momentos de fuerte estilización visual (y magnífica puesta en escena) con otros en los que descubre su verdadera naturaleza de producto de bajo presupuesto que roza el delirio y pide al espectador que se lo pase bien, olvidándo exageraciones y errores de bulto en el guión. Lo consigue con creces, así que mejor ir por partes.



Argumentalmente el filme aúna dos de los más recurridos temas de la serie B setentera y de derribo: la carcel de mujeres y la venganza cruenta. La protagonista es una mujer engañada por un policía corrupto, violada por yakuzas, y encerrada en una prisión femenina. Allí será objeto de todo tipo de torturas y humillaciones por parte de sus guardianes y/o compañeras. El clásico muestrario de degradación, sexo y violencia propio de las wip (Women in Prison) movies. La sufrida heroína sobrevive y se impone gracias a la fuerza sobrehumana que le otorga el deseo de venganza. Hacer pagar lo sufrido como único leit motiv vital, un papel al que Meiko Kaji se adaptó a la perfección gracias a esa mirada perturbadora que me tiene agarrado por los cojones. Una de las miradas de odio más excelsas que ha podido regalarnos el séptimo arte. Así, la convicta sólo sobrevive por el impulso salvaje de dar muerte a todo Cristo: al policia corrupto, a la banda de yakuzas que la violó grupalmente, a los celadores y vigilantes de la prisión y a sus mezquinas compañeras de encierro.



Como he dicho (y dijo Zito) la película agita con desmesura momentos intensos de cine estilizado y cine de derribo. Y yo me lo paso de puta madre con ello. Nada más empezar ya desvela que no hay medias tintas. La sufrida heroína protagoniza una fuga asilvestrada y a su compañera de escapada le llega la menstruación en plena carrera. Y ahí la tenemos corriendo con la sangre deslizandose, casi a borbotones, por sus piernas. Y con los perros policias detrás (que lo tienen así más fácil) y un grupo de policias carcelarios que siempre son retratados de manera casi caricaturesca. Sangre sexual, violencia y secundarios ridículos nada más empezar. El castigo posterior también será propio del cine de bajos instintos: sopa de miso hirviendo sobre las dos mujeres, con sus ropas hechas jirones, mostrando carne (¡ésta es la única película en que la Kaji enseña sus tetitas! ¡Y un buen rato!) y en el contexto de una húmeda mazmorra. Genuina sexploitation violenta y setentera a las primeras de cambio.

Esos maravillosos bandazos estilísticos a los que me he referido ya dos veces aparecen a continuación en el estupendo flashback que nos cuenta los motivos por los que la protagonista está en prisión. La entrega de su virginidad al policía, su labor como topo en una banda de yakuzas, la posterior violación grupal y la traición de su amante corrupto son mostradas en una única escena de aspecto teatral, con cambiantes escenarios asépticos y giratorios, intensas luces y colores. Impresionante. Para que se hagan una idea, un par de ejemplos: por un lado, la pérdida de la virginidad se expresa sobre una sábana blanca en la que un rojo círculo de sangre se expande hasta convertirse en la bandera de Japón (¡!) y por otro, la violación, rodada con una cámara bajo un suelo de cristal en el que se desarrolla el acto de violencia sexual.



Así que en un cuarto de hora el espectador ya ha asistido a un mejunje de cochambre zetosa, intensidad cromática, tetitas (como diría Hijo del celuloide), violencia, resoluciones ingeniosas, planos torcidos o invertidos, delirio ridículo y, encima, tenemos todas las cartas de la historia sobre la mesa. Estupendo.

La película seguirá el mismo camino a lo largo de todo su metraje. Tampoco es cuestión de explicarles la cosa al detalle y destripar su visionado, pero sí me gustaría resaltar algunos momentos y detalles que han llamado mi atención:

- La relación sexual lésbica es un momento obligado en toda wip movie que se precie. Forma parte intrínseca del subgénero. Normalmente ésta suele ser violenta y a cargo de una dominátrix sáfica. La sufre la protagonista o una débil amiga de ésta. Aquí no es así. Aquí la iniciativa sexual la toma la protagonista.

- Incluye una maravillosa escena que combina y lleva el bandazo coolzetoso a límites poco visionados por quien esto escribe. Me refiero a la pelea en las duchas (otro clásico), en la que nuestra protagonista se encara con una compañera chunga y ésta presa de la rabia la persigue con un trozo de cristal. Parte de la persecución es ridícula. De pronto, la contrincante se convierte en una especie de bruja que entronca directamente con el fantástico nipón sección fantasmas y diablos, con un intenso color azul dando atmósfera. Sigue siendo casi hilarante pero es fascinante. Y encima el afilado vidrio acaba clavado en el ojo del director de la prisión. Conclusión ocular en una escena-mejunje de antología.





- Otra gran escena es la revuelta de las reclusas bajo un cielo de nuevo de intenso cromatismo, esta vez un rojo que se volverá azul y tormentoso con el sacrificio de una amiga de la protagonista. Además, el motín incluye la violación de algunos policias a cargo de las agitadas prisioneras. Un detalle muy poco habitual.



- Finalmente, el aspecto o uniforme ya célebre con el que la protagonista cobra venganza en el exterior, una gabardina negra, el sombrero de alas generosas y el cuchillo como arma mortal.
Yo, la verdad, me lo he pasado pero que muy bien con la película, que cuenta con una estupenda canción de la propia Meiko Kaji, con refrencias a la menstruación y a la venganza que, como la que incluida en Lady Snowblood, ha sido recuperada por Tarantino en Kill Bill. Pongo los avances técnicos de la sociedad moderna a mi servicio de inmediato y espero no tardar demasiado en visionar el resto de entregas de la saga. Tendrán noticias, como siempre, en este Blog Ausente.

18.4.05

Desubicando a la asesina de la nieve ensangrentada



No hace demasiado que escribía en este Blog Ausente sobre las maravillas de Lady Snowblood y lo mucho que Tarantino tomó prestado para Kill Bill. Prometí entonces darle un visionado a la secuela y perpretar el consiguiente comentario. Dicho y hecho.

No puedo decir que Lady Snowblood 2: Love Song of Vengeance sea una mala película pero sí que decepciona bastante comparada con la predecesora. No sólo porque carece del ritmo de aquella sino porque traiciona enormemente el personaje de la asesina vengadora. Ya de entrada la traición está en el hecho de ser una secuela, desvirtuando el hipnótico final de la original. Además, una mujer que nace con la maldición de vengar a los asesinos de su padre, que vive por y para ello, queda vacía una vez cumplida esa venganza. El personaje se despoja de lo que le da vida como ente de ficción y la secuela no consigue que remonte esa carencia.

La desvirtuación se hace más grande si la introducimos en una trama política y de espionaje. El fin de la era Meiji, la modernización de Japón y la Guerra Ruso-Japonesa eran temas de contexto que enriquecían la primera entrega. La maldición con la que nace se agranda por el carácter anticuado de su condición de samurai (que encima es mujer). Ese contexto es ahora protagonista de una historia con políticos corruptos, anarquistas heroicos y barrios degradados. No es una mala historia, incluso diría que en términos históricos y políticos tiene mucho interés... pero poco tiene que ver con la película que la antecede.



Hay, claro, elementos interesantes. Los brotes de violencia chambara; imágenes bellas que a menudo tienen que ver con la sangre, como la del cadáver en el río esparciendo su líquido vital en aguas cristalinas de las que bebe la protagonista o el arrebato contra el jefe de policia de la esposa del anarquista; la detención de Lady Snowblood en la playa en un bonito plano picado rodeada de policias mientras avanza la marea; la idea del contraste entre katanas y pistolas como muestra de la modernización del país y del carácter ya añejo de la protagonista; o el uso de la peste bubónica como arma química para liquidar al enemigo a cualquier coste. Al igual que en la primera, la caracterización visual de los villanos es estupenda. Aquí parecen incluso vampiros: la palidez del jefe de la policía secreta o de su sicario de negras encías, sombrero y capa roja. Y luego, claro, está Meiko Kaji, la protagonista, razón de mucho peso para disfrutar de la película.

25.3.05

HIJA DE VENGANZAS PRETÉRITAS



Hace pocos días reseñaba en este Blog Ausente el dosier que sobre cine oriental de sables incluye Dirigido Por. Autodelimitándose a una parte del género de las artes marciales, los sables, les decía que era un error obviar los chambaras o películas de samurais de serie B. El error alcanza el estatus de lo imperdonable tras visionar por segunda vez la magnífica, absorbente, Lady Snowblood (1972). Que sea, al mismo tiempo, referente básico, casí total y absoluto, de Kill Bill tampoco debe servir para menospreciarla. No es un filme destacable por estar en lo alto del juego de referencias tarantiniano, es un filme destacable por sí mismo, por sus imágenes, por sus silencios (tremendos) y por llevar las historias de venganza a un límite casi nihilista, salvaje y cruel para con la protagonista que la lleva a cabo. Como mucho, podemos agradecer a Kill Bill que haya servido para reivindicar y reeditar el filme (siempre allende nuestras fronteras, claro). Por otro lado, si ayer comentaba que el gran acierto de Las 36 cámaras de Shaolín era que ponía en segundo plano el argumento vengativo, con Lady Snowblood pasa todo lo contrario. Lo coloca delante, en los morros del espectador y sin darle asideros, haciéndole difícil un mínimo de piedad y practicando una extraña y melancólica poesía de la violencia. Hipnótica.

La película explica la historia de la Dama de la Nieve. Nacida en prisión y huérfana desde el primer instante de su vida. Con una maldición en su espíritu, su existencia sólo tiene una razón de ser, la venganza para con aquellos que mataron a su padre y luego violaron a su madre. Ésta inició la ejecución y la niña la continuara tras recibir una educación como samurai. O mejor, ronin que nunca tuvo amo con vida, en un contexto de transición política y económica que la convierte aún más en una especie de fantasma viviente. Un hermoso ángel (de blanco pero siempre manchado de sangre) consumido por una maldición desde el momento de nacer. El odio de la madre se transmite a ella desde el parto inicial, y en su interior habita y consume. La película, así, plasma la ejecución de los cuatro culpables, uno a uno, hasta llegar a un desenlace triste, melancólico y coherente. Y la falta de asideros y coartadas morales es evidente desde que una de las personas a las que quitar la vida, no la tiene en espíritu, el villano se transforma en víctima. Un pobre hombre ahora retirado y arruinado, un ser triste que vive acompañado y engañado por su hija, que hace ver que vende por los pueblos los artilugios de pesca que éste fabrica cuando en realidad se dedica a la prostitución. Lady Snowblood salvará la vida del humillado padre sencillamente porque ha de ser ella quien lo ejecute. La piedad del espectador no es para con la heroína (mejor hablar de antiheroina) sino para con su víctima, antaño malnacido y ahora un alma en pena. La crueldad y la inexistencia de concesiones es una constante del filme y de la venganza que se lleva a cabo.



Es un chambara violento. Las escenas y coreografías de lucha estan sábiamente mesuradas. Las películas japonesas son muy diferentes de los wuxias chinos. El buen samurai jamás llega a desenfundar del todo su katana (aquí oculta en una femenina sombrilla del mismo modo que Zatoichi la ocultaba en su bastón de ciego). Son peleas rápidas y secas, de pocos movimientos, con la sangre brotando a chorros mientras los miembros amputados se arrejuntan por los suelos, y en esa sinfonía de la violencia, que incluso, en su parte final, utiliza la música clásica como fondo musical, la figura de la actriz Meiko Kaji como bello y hermoso icono de la violencia de serie b nipona. Cuánto odio triste imprime en su mirada.



Les decía que Kill Bill toma como referente Lady Snowblood. Referente incontestable y generoso. Hay mucho de una en la otra. La devoción tarantiniana es casi mariana (por decir, ya que estamos en estas fechas sacras). Formal y argumental. Lady Snowblood se estructura en capítulos. Cada uno de ellos dedicado a una ejecución. Con constantes saltos en el tiempo. El flashback como unidad métrica decimal. Kill Bill es la historia de una madre en busca de venganza, Lady Snowblood la de una hija. Que la persona a matar sea madre (Vernita Green) no exime, tampoco que sea padre. Y que los vástagos cobren futura venganza es algo que en ambas se intuye, con más claridad en el precendente nipón.



No son las únicas referencias claras de un filme a otro. Qué va. El plano subjetivo de presentación de los verdugos sobre los que cumplir venganza es el mismo. Hasta se escriben sus nombres en pantalla. Que la madre de Lady Snowblood liquide a uno de sus violadores de idéntica forma que una adolescente O-Ren Ishii en la escena de animación del Volumem Uno es otra. Atravesando el cuerpo del amante asesino. Curiosamente, Lady Snowblood también tiene un flashaback similar, dibujado, aunque con ilustraciones, sin movimiento. Tarantino, pero, no oculta sus deudas. Al contrario. El tema principal de Lady Snowblood (que tiene una estupenda banda sonora, ya que estamos), Flowers of carnage, cantado por la misma Meiko Kaji, es el que cierra el Volumen Uno. Y luego, claro, está la nieve y la sangre. A mi juicio, Kill Bill era un peliculón. Lady Snowblood otro. Tuvo, por cierto, una secuela a priori imposible. Próximamente en este blog ausete.