15.10.16

CRÓNICAS DE #SITGES2016 (XVI): ANGUISH



El solipsismo adolescente y el desencuentro generacional sirven de nuevo para otra muestra de fantástico indie, en este caso del que me irrita cosa mala. La excusa es una joven en tratamiento psicológico poseída por el espíritu de otra joven atropellada por un camión mientras discutía con su madre. Debo decir que la película tiene una factura dual y esquizofrénica que me fascina por el descaro de su impostura. Por un lado, la cara naturalista e íntima con la chavala paseando en skate, tocando la guitarra y viviendo el tedio del fin de la infancia y la tortura de las pastillas. Por otro, un desmesurado festival de sustos gratuitos a golpe de volumen y sonido. Lo peor de dos mundos en descontrolada alternancia y abrupto contraste, y en ambos casos puro artificio. Este rasgo debería despertarme una simpatía por los motivos equivocados, y si no lo hace es por una cuestión que me indigna. Al principio de la película se nos informa del elevado porcentaje de adolescentes que reciben tratamiento psicológico y farmacológico por desórdenes de personalidad. Luego, ante el discurrir de la película no he dejado de preguntarme: ¿me estás queriendo decir que lo que les pasa en realidad a todos esos chavales con problemas es que son médiums? En efecto, y por si había alguna duda la película concluye con un “Basado en hechos reales” bien gordo. Indecente.

CRÓNICAS DE #SITGES2016 (XVI): 31



Recibido con afecto y aplausos en su visita, en realidad la relación de Rob Zombie con el público de Sitges siempre ha sido conflictiva. Con la excepción de su remake de Halloween, el resto de sus películas siempre han provocado una reacción muy dividida entre el amor y el odio que tuvo su máxima expresión hace ya cuatro años con los injustos silbidos a Lords of Salem. Yo me decanto por el amor, pero con menor entusiasmo que el de otros compañeros. Puesto en este contexto, la nueva película de Rob Zombie ha obtenido más indiferencia que encendido desprecio y un sucinto “es mala” como opinión generalizada que yo no acabo de compartir, aunque reconozco que es un título menor. ¿Por qué la defiendo? Por su condición de peli de género de toda la vida, aunque pasada por el tamiz de la imaginería robzombiana, con un argumento conocido y simple (grupo que cae en una trampa de supervivencia espectáculo) que rinde tributo a Nosferatu y La matanza de Texas. No hay más que eso… Bueno, sí. Payasos psicópatas (ahora tan de moda) y un enano nazi. Repito. Un enano nazi. Señor juez, señores del jurado, una película con un enano nazi siempre merece nuestro amor. Piensen en ello antes de decidir su sentencia.

14.10.16

CRÓNICAS DE #SITGES2016 (XV): I AM NOT A SERIAL KILLER



Dentro del abanico del fantástico indie que he visto este año esta es la que más merece la pena. El tema es uno de los clásicos: el adolescente rarito, pero aquí se lleva con bastante brío. El chaval trabaja en la funeraria del pueblo y ayuda a su madre en tareas de maquillaje de cadáveres, y por si eso no fuera suficiente para cargar con el estigma de freak del instituto, también está bajo tratamiento psicológico por mostrar rasgos sociópatas. Experto en asesinos en serie y lleno de dudas sobre sus impulsos, una serie de crímenes que parecen cometidos por un psicópata le pondrán como una moto. La historia parece debatirse entre los típicos “al final va a ser él” o “será el principal sospechoso” pero no tarda en dar un giro bastante majo que alegra mucho el asunto. Luego, claro, el elemento indie está ahí, porque al final no deja de ser una alegoría del conflicto generacional y hay más amor que maldad, pero por esta vez muy bien, con su suspense y su humor negro y todo.

CRÓNICAS DE #SITGES2016 (XIV): MIDNIGHT SPECIAL



Este año me ha sido benigno en el siempre arriesgado terreno del fantástico indie, lo cual no quiere decir que la cosecha sea buena ni muchísimo menos, pero he sufrido menos que en ocasiones anteriores. Esta era una de las piezas destacadas, y bueno, no está mal y se puede ver, pero poco más. Un niño con poderes paranormales y su padre huyen tanto de la secta a la que pertenecían hasta entonces (que ha prosperado gracias a ellos) como de los agentes del gobierno que quieren capturarlo. Que la película se desarrolle a través de una persecución múltiple siempre da vidilla al asunto, pero tampoco es que la cosa sea trepidante. Durante un rato la intriga respecto a lo que está pasando genera bastante interés, hay una estupenda escena en una gasolinera que da brío al asunto, pero luego entre que el conglomerado CIA-FBI-DEA se muestra operativamente ridículo, que todo lo de la secta se deshace como simple excusa (y además ambigua), que la historia es un refrito de un par que ya nos conocemos (y que por si acaso se subraya con un guiño a los tebeos de Superman) y que al final se resuelve con un clímax de fantasía bonita y mensaje paternofilial, pues que lo de siempre, vamos, y con más tedio que pulso, para qué voy a decir otra cosa.

CRÓNICAS DE #SITGES2016 (XIII): THE HANDMAIDEN



Una de las grandes películas de este año y sin duda la que arrasa en unánime entusiasmo. No me extraña, Park Chan-Wook es uno de los grandes directores en activo y esta su mejor película desde la famosa Trilogía de la violencia que le dio a conocer ( y de la que Oldboy forma parte) porque la del cura vampiro y la de Nicole Kidman eran buenas pero pelín por debajo y la de la chica robot la he resetado de mi memoria. Pero a lo que vamos, The handmaiden es una pieza mayúscula de gótico coreano que se desdobla sobre sí misma cuando retoma el relato para explicarlo de nuevo desde otro punto de vista, y luego continuarlo. El argumento gira alrededor de una rica heredera japonesa cuyo matrimonio pretende un timador para cuyo propósito buscará la ayuda de una sirvienta. Esa historia, filmada con una elegancia mayúscula, toma un giro inesperado a partir del cual se reinicia y luego prosigue introduciendo una perversidad erótica sublime, muy cercana al cine europeo más lúbrico de los 70, y un tono sadiano brutal. Y luego ya el pulpo remata la función.

11.10.16

CRÓNICAS DE #SITGES2016 (XII): MUSEUM



Tenía curiosidad por esta adaptación de un manga aquí de publicación reciente y cuya lectura me entretuvo bastante pese a su evidente remisión a Se7en, con su psicópata creativo y su policía desesperado cuando descubre que su familia es uno de los objetivos del asesino. Por desgracia, la película es una cosa bastante mediocre que se alarga hasta el aburrimiento y un final ridículo. El fracaso conlleva ciertas reflexiones. Por un lado, que un cómic que se inspira en una película mantiene cierta distancia con esta por una cuestión de lenguaje, pero si ese cómic se lleva a su vez al cine, su carácter derivativo se hace demasiado evidente. Dicho de otra forma: Museum, el manga, no es más que una variación de Se7en, pero no molesta demasiado porque es un cómic, más cuando lo mejor es su narrativa ágil, pero cuando se lleva al cine se convierte en una copia aburrida de Se7en donde, además, la mejor virtud del tebeo, el ritmo, se diluye. Esto es curioso porque encima durante casi toda la película la fidelidad es tan estricta que la hace impersonal y la alarga de manera innecesaria, para luego acabar proponiendo una absurda variación del final que no es que sea malo, es que es vergonzoso.

ZONA DE ESPOILER

Por si alguien tiene curiosidad de saber cómo acaba el manga, en este no hay doctora que mate al asesino ni justifique su enfermedad como “psicosomática por haber estado expuesto al mal en la infancia”, tremenda chorrada que además se replicaría en el hijo del policía y esa alergia. En el manga la cosa concluye dejando la duda de si el final feliz es algo que sueña el policía tras morir en manos del asesino, sin duda mucho más sugerente.

CRÓNICAS DE #SITGES2016 (XI): BLAIR WITCH



No formé parte de los entusiastas de The Blair Witch Project pero le reconozco los méritos, y eso que la idea de convertir el clásico manuscrito encontrado de la novela de terror en metraje encontrado era algo que como mínimo ya hizo antes la salvaje Holocausto caníbal, vilipendiada y polémica, pero también menospreciada. De hecho, recuerdo que cuando se estrenó la bruja de Blair original en Sitges, el distribuidor español no dejó que la actriz presentara la película porque le desmontaba la jugada de venderla como filmación real. En fin, que no me entusiasmó pero hay que reconocer que era una película sugerente y, desde luego, una pionera que se adelantó en años al cine low cost de telerealidad, nuevas tecnologías, móvil y youtube cuya influencia aún perdura. Hubo una segunda parte que no llegué a ver, y fue un fracaso, y ahora nos llega una nueva secuela que a priori no pintaba mal al estar firmada por Adam Wingard, que tras los buen rato pasado con The Guest y You’re next se había ganado mi simpatía y voto de confianza, que mantendré pese al decepcionante resultado de esta su nueva película. No empieza mal, con los personajes desplegando un arsenal audiovisual con drones para internarse en el bosque maldito, y tiene al final toda esa pesadilla labríntica espacio-temporal que parece salida de La casa de hojas de Mark Z. Danielewski, pero el recorrido entre ambos puntos es cansino, se llega fatigado y harto de efectismos gratuitos, sustos de estridencia sónica y efectismo facilón. La traición hacia el original es considerable, y no porque aquí la imagen sea HD y antes analógica, sino porque aquella era sugerente y esta todo lo contrario.

CRÓNICAS DE #SITGES2016 (X): DOG EAT DOG


No sé dónde leí que Paul Schrader se reinventaba en su nueva película, algo que no puedo juzgar porque hace tiempo que le perdí la pista, pero no hay nada novedoso en esa estética y descuidada y sí el desperdicio de una novela del gran Edward Bunker, porque el resultado es un bastante desastroso, la verdad. Aún así, Friedkin merece respeto por su obra pasada y también por su espíritu de supervivencia, pero como francotirador marginal le ha fallado la puntería. Hay como un desafío por la incorrección, pero se nota forzado, y esta historia sobre tres delincuentes en horas bajas y psique machacada daba para más, mucho más, pero se teje con descuido y retales deshilados y ni siquiera el par de aciertos que corren por ahí sirven de asidero. Así que no, nada, una pena. Lo mejor, para mí, es ese retrato de derrumbe del sueño americano, de desecho urbano y abandono que últimamente se percibe en muchas películas. Yo lo llamo estética Detroit, aunque se localice en otras muchas ciudades.

10.10.16

CRÓNICAS DE #SITGES2016 (IX): CARNAGE PARK


Otra de esas pelis que solo se pueden disfrutar en Sitges y a las que hay que agarrarse frente a la invasión del fantástico indie made for Sundance (que este año parece menor… de momento y en mi caso). Serie B de presupuesto escaso bien aprovechado, remite con modestia a la tradición forjada con clásicos impepinables como La Matanza de Texas o Las colinas tienen ojos como busca un empaque más contemporáneo, ya sea en su estructura sembrada de flashbacks y protagonismo coral (que el body count va reduciendo sin piedad), como de fondo, como expresión de ese resurgir del sociópata rural tan americano que mata todo lo que se mueve en su terreno. El argumento es simple: unos atracadores con rehén se internan en una zona habitada por un aficionado a cazar seres humanos. American Gothic ambientado en ese paisaje neowestern y fantástico de la América Profunda labrado por la cultura pop, sencillo pero eficaz, generoso en aciertos pese a sus carencias y una destacable banda sonora.

CRÓNICAS DE #SITGES2016 (VIII): SHIN GODZILLA



Quienes conocieron este blog en sus tiempos de gloria saben de mi entrega y devoción por el más famoso de los monstruos japoneses (aunque el propósito de repasar todas sus películas quedó incompleto). Así que la presencia es Sitges de una nueva entrega con el sello de la Toho, doce años después de la estupenda Godzilla Final Wars y sin contar la reciente incursión americana de 2014, era una de mis prioridades absolutas. El nuevo reboot japonés no solo está a la altura de la leyenda sino que además es muy generosa en detalles y subtextos que merecen comentarse. Ya de entrada, llama la atención su director, nada menos que Hideaki Anno, el creador de Neon Genesis Evangelion, el revolucionario anime de mechas (es decir, robots gigantes) tan hermoso como metafísico. Su presencia imprime una notable personalidad a una película ciertamente sorprendente, y que puede descolocar a más de uno. De hecho, Shin Godzilla es una película cargada de política e ideología porque toda ella es una alegoría del Japón actual. No es la primera vez que pasa con Godzilla, que ya nació como encarnación pop de las bombas atómicas y luego, en el esplendor económico del Japón de los años 60, cambió de bando para convertirse en defensor de la nación que antes pisoteaba. Sin olvidarnos de Hedorah, la burbuja tóxica, rival surgido de la contaminación.



En la nueva película, aunque Godzilla irrumpe desde el primer minuto, durante media hora asistimos a un fascinante despliegue de ineficacia burócrata e inacción política en lo que es una sátira de un estado inoperante gobernado por una generación que debería llevar tiempo jubilada en beneficio de esa que tan bien retrata Inio Asano, a la que nadie hace caso y se señala como freak o rarita. Toda esta carga crítica es tan evidente como las lógicas referencias a la catástrofe nuclear de Fukushima que impregna toda la película. También las citas al contexto internacional y la ambigua descripción que se hace de los Estados Unidos, al mismo tiempo el enemigo que les humilló y contaminó, pero también único aliado posible (junto a Francia) frente a Rusia o China.



Pero esto es una peli de Godzilla, claro, así que no debemos olvidar la faceta de derribo, caos y destrucción. Ya de entrada me encanta como Hideaki Anno remite a la serie original con el diseño inicial del monstruo, un diseño vintage con esos ojos de muñecote que luego muta con un aspecto que se inspira en el primer Godzilla, el de 1954. También es gozosa la perfecta convivencia de maquetas de la vieja escuela y efectos digitales. De hecho, a media película estalla un guateque de destrucción de una belleza apabullante, victorioso contraataque de la Toho hacia la también bonita, pero menos, estética del Godzilla de Gareth Edwards. Toda esa parte del metraje es tan majestuosa que luego será incapaz de superarla para el espectador occidental, pero no para el japonés, al que se entrega en bandeja una catarsis patriótica sobre la capacidad nipona para renacer tras la destrucción en una película sin asomo de protagonismo individual porque la victoria será colectiva o no será.