

Uno de los platos fuertes del certamen es el
Contagion de
Steven Soderberh, producción plagada de rostros hollywoddienses. Tantos rostros que es inevitable pensar en las películas de catástrofes del los 70s, pero sin
Charlton Heston, lo cual supone una perdida de virilidad y una notable deriva metrosexual propia del mainstream del siglo XXI. La película narra la propagación y consecuencias de un virus la mar de chungo que se carga al 25 % de la población, o casi, y lo hace desde un punto de vista coral que pasa por altos cargos de la OMS, valientes investigadores médicos, científicos sacrificados, dudosos conspiranoicos y la tragedia de un hombre que de tan común da hasta grima. No puedo decir que sea mala, que no lo es, pero lo dejo en un anodino “película correcta”, que en ocasiones es lo peor que se puede decir. Tiene ritmo e interés, no lo niego, pero flojea cuando el caos debería apoderarse de la pantalla y en la descripción de lo peor del ser humano, que es cuestión importante para este tipo de películas que se acercan al Apocalipsis con voluntad realista, por mucho que nos regale una autopsia cerebral de
Gwyneth Paltrow, único detalle de humor socarrón.
Zona de espoilersHay un subtexto argumental, probablemente inconsciente, que me aterra bastante. Ese alto cargo que regala su vacuna para pagar sus culpas, ese castigar a la mujer adúltera, esa victoria del marido cornudo y celoso de su hija. No sé, mensajes peligrosos cuya presencia es necesario advertir. A cambio, una de las subtramas más interesantes es la del bloguero conspiranoico, antivacunas y partidario de la solución homeopática. Sin duda eso ganará la simpatía de los escépticos, pero creo que la ambigüedad del personaje se traiciona al final.