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11.10.15
CRÓNICAS DE SITGES 2015 (VII): TURBO KID
Aunque las opiniones están divididas y hay quienes no coinciden conmigo, este Mad Max en bicicleta se ha ganado mi corazón. La cosa va de rememorar el cine de videoclubs de los 80s y, en especial, el copioso género post-apocalíptico que vino tras la segunda entrega de la obra maestra de George Miller. La frase inicial es toda una declaración de intenciones: "This is the future, this is 1997". El homenaje también incluye guiños a la mítica Laser Blast, Indiana Jones o el gore jocoso de las primeras pelis de Peter Jackson, sin olvidar la banda sonora de hipnótico electro-pop. . Intentar reproducir aquella estética y sus escasos recursos tiene sus riesgos, y la pega que muchos le encuentran es su condición de tributo realizado desde lo hipster, y eso es así, salta a la vista, pero desde mi punto de vista no hay impostura sino amor, mucho amor, y al final ha conseguido inyectarme cierta dosis de emoción, así que debo mostrar gratitud defendiéndola con los dientes apretados. Muy fan del personaje de la chica.
29.6.14
2.2.14
LECTURAS MALDITAS
Leo Los libros condenados de Jacques Bergier movido por las ganas de diversión e interés por el concepto de libro maldito. Ese deseo de conocimiento debe matizarse, y mucho, porque lo que hay en sus breves páginas está en el confín extremo de cualquier metodología científica y es pura fantasía con forma de ensayo de no ficción. Vaya por delante que siento una enorme simpatía (y recuerden que yo soy persona escéptica) por Jacques Bergier por su condición de coautor, junto a Louis Pauwels, de El retorno de los brujos (1960). Éxito de ventas mundial y piedra angular de la eclosión del llamado realismo fantástico, que llenó las estanterías de charlatanes, desarrollaba teorías e historias dispares en cuatro apartados: los paralelismos entre alquimistas y científicos del átomo (era la época), continentes perdidos, nazismo esotérico (creo que fueron los primeros en hablar de ese vínculo enajenado) y poderes paranormales a raíz de unos supuestos experimentos de la marina norteamericana (que haberlos, los hubo, otra cosa es que llegaran a alguna parte). Una de las cosas que me gustan de El retorno de los brujos además de su sentido de la maravilla es el uso de relatos de ficción de Arthur Machen o Arthur C. Clarke como apoyo a sus tesis. Es algo que me resulta maravilloso.
Los libros condenados es una obra de redacción acelerada hasta el punto de hacer evidente que está escrita deprisa y corriendo para llegar pronto a las estanterías y sacarse unos dineros. En ella Bergier habla de una serie de libros desaparecidos a lo largo de la historia (y de dudosa existencia, añado) para establecer la existencia de una conspiración centenaria llevada a cabo por los que bautiza como Hombres de Negro. Esto es muy divertido porque luego a penas los cita ni habla de ellos. De hecho, cualquier razonamiento lógico o demostrable brilla por su ausencia y su argumento más recurrido es que a él le parece creíble. Y hablamos de alguien que cuando aparece el tema de un supuesto poder de invisibilidad custodiado por los miembros de la Orden de la Golden Dawn lo justifica diciendo que él no tiene nada que objetar a que eso sea posible. Y ya está. Eso sí, subraya un par de veces que el Necronomicón no existe como si eso fuera la prueba de que el resto sí.
Los libros condenados a los que dedica un capítulo a cada uno de ellos son El libro de Toth (la destrucción de la Biblioteca de Alejandría da mucho juego), Las estancias de Dzyan (aunque en realidad sea un capítulo sobre Madame Blavatsky), la Esteganografía del Abad Tritemio (y eso lleva a una biografía del singular John Dee), el famoso Manuscrito Voynich (que desaparecido no está), El Manuscrito Mathers de la Golden Dawn (que aprovecha para atacar con dureza a Aleister Crowley), el Excalibur de Ron Hubbard que vuelve loco a quien lo lee (no conocía esta leyenda sobre el escritor pulp que fundó de la iglesia de la cienciología), los libros del sabio revolucionario ruso Filipov (una especie de Tesla soviético) y acaba con La doble hélice de James Watson, que tampoco es un libro desaparecido sino el relato personal del premio Nobel por sus estudios con el ADN que critica con dureza a la comunidad científica (no por nada esotérico sino por la personalidad mezquina y engreída de muchos científicos) y que fue objeto, como tantos otros, de numerosas trabas ante su publicación.
Los libros condenados de Bergier carece de rigor y no aporta argumentos, si a eso añadimos su redacción apresurada, desde una perspectiva seria y objetiva es muy fácil decir que es un mal libro. No tengo nada que objetar a ello, como diría el propio Bergier, pero por lo que a mí respecta me ha resultado una lectura muy divertida porque ofrece un buen puñado de historias y biografías de asombro disparatado muy estimulantes para la fantasía y la imaginación.
5.12.13
LÍNEA CLARA Y APOCALIPSIS PULP
Vaya título molón que le he puesto a esta entrada. La cosa es que el otro día me leí el nuevo álbum de Blake y Mortimer: El juramento de los cinco lores, y me lo pasé bastante bien. Escribí una reseña para Gencomics que pueden leer aquí. Estos dos aventureros creados por Edgar P. Jacobs en 1946 para la revista Tintín encarnan la quintaesencia línea clara franco-belga en su versión más clásica e incorrupta, entre otras cosas porque son un raro ejemplo de digna continuidad tras la muerte de su autor. De hecho su más célebre aventura, La Marca Amarilla, fue el estandarte bajo el que se unieron las huestes de la Línea Clara en su cruenta batalla contra los bárbaros de la Línea Chunga, un curioso rifirrafe en el que algunos soldados combatían alineados en ambos bandos a la vez.
Edgar P. Jacobs contra Miguel Gallardo
Pero a lo que iba, tras leer el nuevo Blake y Mortimer me entraron ganas de acudir a la fuente original, es decir, a los Blake y Mortimer viejunos. Hacía tiempo, décadas, que no me acercaba e incluso tengo por casa algún álbum que no he leído nunca. Lo cierto es que a veces Jacobs puede dar un poco de pereza porque hay que leer mucho. Sus ladrillos de texto sepultando personajes son famosos entre los aficionados.
Vale, reconozco que es un ejemplo extremo
Ay, qué mala es la pereza. Me puse cómodo (batín, pantuflas), encendí la pipa, seleccioné de entre los volúmenes de mi biblioteca El enigma de la Atlántida (1955), me aposenté en el sillón y acabé disfrutando como un enano. No podía ser de otra manera, es un absoluto locurón en el que Blake y Mortimer se pierden por indómitas grutas, son atacados por pterodáctilos y van a parar a la Atlántida, que sobrevivió al cataclismo y se ha convertido en una subterránea megacivilización hipertecnificada, aunque, eso sí, inmersa en una cruenta guerra civil. Como no podía ser de otra forma, caí rendido a su fabuloso retrofuturismo y a un sentido de la maravilla absolutamente apabullante. Fue entonces cuando me di cuenta de algo de lo que debí haberme percatado ya con La Marca amarilla y su villano de folletín: bajo ese envoltorio de línea clara obsesiva y exquisita se esconde una delicia pulp, un bolsilibro ejemplar y trepidante.
Horror vacui retrofutista en la Atlantida
Mi disfrute fue tan mayúsculo que decidí internarme aún más en las profundidades abisales de Blake y Mortimer, en su aventura fundacional, El secreto del Espadón, realizada justo tras la guerra y tan profusa que siempre se ha publicado cortada en tres álbumes cuando en realidad sólo es un largo serial sin interrupciones. Ya de entrada me encuentro con sus fascinantes villanos, puro canon pulp de la vieja escuelas: la amenaza amarilla, un imbatible ejército oriental que se bautiza así mismo como el Imperio Amarillo y que es una mezcla del pasado peligro japonés y el futuro peligro chino.
Pero más allá de este entrañable detalle, descubro el secreto de Blake y Mortimer, la razón de su eterna juventud, un pacto con el diablo sellado a través de un sacrificio ritual. En las primeras páginas de su primera aventura, Jacobs, Blake y Mortimer destruyeron nuestra civilización y desataron el Apocalipsis.
6.10.13
5.7.13
MONDO MUNDIAL
La realidad supera la ficción es ya una frase hecha o incluso un refrán moderno, porque no todos los refranes nacieron en la Edad Media. Pese a ello, aquí defendemos algo mucho más poderoso, y es el poder de la ficción pOp y la serie bé como fuerza invisible. Hace tiempo que no enlazaba este tipo de noticias, pero las dos que vienen a continuación me han recordado que EL Blog Ausente nació también para recopilarlas.
Esto es tremendo, ciertamente. En Rusia (y los países del Este en general) puede pasar todo el gore del mundo, ya lo explicó Eli Roth en Hostel. Si a eso sumamos la trinidad ADOLESCENTES + RUSAS + BORRACHAS el mito de la bad girl toma derroteros post-industriales muy poderosos. Más adelante la noticia apostilla "Posteriormente, las jóvenes se fueron a casa a dormir." dejando ese "tan tranquilas" tácito y en el aire. La fotografía que la ilustra, esos piés femeninos jugando al fútbol entr eel barro, medio borrosos, conecta con la telerrealidad y el foot-fotage. Así es el mundo y así lo vemos, queridos amigos.
Y esto. ¡Qué me dicen de esto! Lo reúne todo: encapuchados, Ku Klux Klan, Rayos de la muerte (probablemente con tecnología robada de Tesla) y esa tremenda fe en la tecnología que demuestra que se puedan hacer tales cosas "con un simple interruptor". Más allá, destaca el cambio socio-cultural que supone que el Ku Klux Klan se erija, en pleno siglo XXI, en defensor de Israel.
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8.10.12
CRÓNICAS DE SITGES (X): IRON SKY
Una colonia de nazis huidos en 1945 al lado oscuro de la Luna reaparece en el futuro inmediato para reinsaurar el IV Reich. Un argumento como éste puntua alto y hace muy difícil no sentir simpatía hacia ella. El problema es que nunca llega a creerse así misma y como comedia se inclina con demasiada facilidad hacia terrenos de comedia fácil y burda que no pueden soportar su condición de larometraje. Hay chistes que haen gracia, sí, pero otros acaban siendo un abuso. Mucho chiste geek sobre tecnología e internet (quizá forzados por ser la principal fuente de financiación) y momentos bastante payasos cuando se pone a hacer humor con la política internacional (desdibujando así detalles bonitos como el uso adaptado de la propaganda fascista). Eso sí, el diseño de producción es buenísimo, hay batallas siderales, sale una Hessa tierna, puede tener cierto interés en términos del héroe negro y, sobre todo, un delicioso look de nazismo pOp retrofuturista. Pero vamos, la cosa no se aguanta muy bien, no, y acaba siendo una especie de Mars Attacks con flojera y sin gracia por acumulación.
29.7.12
STEAMPUNK ELÉCTRICO Y REVOLUCIONARIO
Desde hace meses, muchos meses, tenía la intención de dedicar un post conjunto en el que reunir y comentar todos los tebeos de Warren Ellis que iba leyendo. El problema es que últimamente el tiempo es uno de mis valores más escasos y la intención era un pez que se mordía la cola. Siempre había un tebeo más y menos tiempo; además, por el camino se quedaba el impulso de la escritura inmedita tras la lectura, que es una de las cosas que me guía. Se acumulaban las lecturas en una de las muchas pilas que decoran mi despacho y se perdía el apunte de algunas ideas porque mi memoria empieza a ser frágil, los años no perdonan
Y así estaba yo, creando una bola de imposible solución, cuando una soleada mañana de verano me puse a leer en la terraza El Capitán Swing y los piratas eléctricos de Isla Cenicienta, cómic del sello Avatar publicado aquí por Editores de Tebeos. Me lo pasé tan bien y disfruté tanto que envié a tomar Santas Pascuas el asunto y decidí que los tebeos de Ellis hay que comentarlos cuando toca, calentitos y no de memoria.
De Warren Ellis me fascina su capacidad para lanzar ideas y mensajes subversivos y contemporáneos a través de tebeos de consumo. Es cierto que hay quien le reprochan su inmediatez, una falta de acabado o cierto desorden. Ese “tengo una idea genial y con ella construyo un tebeo rápido y nada sutil”. Incluso, que la idea genial se repite y disfraza. Me da igual si es así y creo que esto ya lo he escrito antes por aquí. Ellis, además de divertirme, casi siempre me regala el tipo de ideas que disparan el cerebro, aunque sólo sea una chispa de consumo instantáneo, y lo hace utilizando subcultura popular y de derribo (aunque eso, lo popular, me temo que flojea en su deseable consumo). Subversión a bajo coste, anclada en el hoy y camuflada en viñetas de lectura veloz.
El Capitán Swing y los piratas eléctricos de Isla Cenicienta, que además está dibujada (y bien) por el cordobés Raúlo Cáceres, toma forma de relato steampunk, esa corriente que fantasea con un pasado tecnológico de retrofuturismo a vapor y que estaba ahí antes de ser bautiza (en Miyazaki o en Tardi, sin ir más lejos). La filiación genérica es evidente, y más con esas páginas de viejos inventos y maquinarias en imitación de los grabados decimonónicos que jalonan el cómic. Pero Ellis no se puede quedar ahí e introduce la antítesis del steampunk: la electricidad, y lo hace amparado por el espíritu de Nikola Tesla (en remezcla con el Robur de Verne). Por ahí viste al Capitán Swing del título, que además es una especie de mito folklórico inglés que inspiró revueltas rurales en la Inglaterra de 1830. Revueltas que tenían como objetivo la destrucción de las nuevas máquinas a vapor, encarnación de la industrialización agraria que deja sin trabajo ni lugar al campesino de toda la vida.
El viejo Captain Swing, encima, tenía un look que lo hermanaba con El Hombre de Mimbre
Menuda pirueta la de Ellis, tomar como punta de partida al icono de la resistencia contra la máquina de vapor, es decir, los enemigos del Steampunk. La pirueta va más allá porque ese movimiento radical y utópico se convierte en manos de Ellis en un grupo de activistas armados cuyo verdadero objetivo es la libre difusión de la ciencia y la lucha contra las patentes. De ahí que sean piratas enfrentados a un poder que privatiza el avance tecnológico y lo pone al servicio del capitalismo y no del pueblo. Menudo uno, el Warren Ellis, insisto. Por si fuera poco, también introduce otro entrañable icono británico, el bobbie, el policía sin arma de fuego y cachiporra al cinto cuyo origen, según el tebeo, estaría en la creación de un cuerpo policial que contrarrestara el poder de los corredores de la calle Bow, otro cuerpo policial controlado por magistrados y formado por mercenarios poco recomendables.
Con todo este bello pupurrí retropulp y british, Ellis arma un tebeo generoso en ideas y la mar de divertido cuya lectura me ha entusiasmado bastante, siempre dentro de un orden, claro.
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