"En el Charlestón no existe ni gracia, ni armonía ni ritmo. Es la danza de la locura desbordante y bárbara. Un conglomerado de contorsiones frenéticas, de saltos de fieras, de gestos de idiota, que a primera vista produce la vaga impresión de un grupo preso de un súbito por un ataque de nervios, en un exceso de relajamiento de la inteligencia y de la razón, vagando en las regiones de la demencia epiléptica. Esto es el baile de hoy; una sarta de perturbados, de locos escapados de la celda de un manicomio, reunidos a los sones chillones de una música disonante y ramplona."
Diario El Diluvio. Barcelona, 22 de mayo de 1927
Anuncio publicitario publicado, a toda página, en La Vanguardia de 3 de marzo de 1927
Es un ejemplo añejo de cómo al mismo tiempo los medios de comunicación reaccionan ante Lo Nuevo de manera aparentemente contradictoria: por un lado se le ataca por la degeneración que supone y por el otro se acude a ello como señuelo publicitario. Es una vieja táctica que vemos con frecuencia, y eso que ya se usaba en 1927. El enemigo era entonces el charlestón, ese baile de negros que pone a la gente como loca. Eso sí, las medias Eva "por su elegancia eran las preferidas para ese moderno y exótico baile".
Bola extra: portada de Opisso para el Almanaque de El Diluvio de 1927. El tráfico se detiene ante las chicas modernas de la época. Probablemente bailaban el charleston.






















































