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6.11.15
CRÓNICAS DE #SITGES2015 (XXXIII): THE ASSASSIN
Hace 40 años, en tiempos de luchadores y espadachines mancos, nadie hubiera dicho que un wuxia, es decir, una peli de chinos saltarines con espadas, despertaría el entusiasmo de Cannes y se llevaría el premio al mejor director. Creo que llegué a leer que se trataba del wuxia definitivo, o algo así. Pura trola, dado que se trata de todo lo contrario: el antiwuxia definitivo, culmen de una tendencia que se antojaba inaudita inaugurada por Tigre y dragón y continuada por Zhang Yimou. Ojo, no tengo nada contra esos preciosismos chinos, al contrario, algunos los he disfrutado y, de hecho, han cobijado a su sombra peliculones como Wuxia o el Detective Dee: The Mystery of the Phantom Flame de Tsui Hark. Pero claro, la tendencia ha ido a más y ha acabado engendrando lo que alguien definió con tremendo acierto como “una película de chinos dirigida por Manuel de Oliveira”. Es cierto que es bonita de ver, con sus paisajes, sus vestidos y su preciosa Shu Qi. Como película de artes marciales, en realidad rehuye toda coreografía, de ahí la trola de algunos comentarios. La película es muy lenta y consigue algo curioso: la historia que cuenta es casi anecdótica y aún así consigue ser confusa de cojones, al menos para el espectador occidental que soy, porque al final fui incapaz de situar y reconocer algunos personajes. Pese a todo, reconozco que por alguna razón no me aburrí ni agobié con ella. Por cierto, soy muy fan de largo plano de las ovejas reposando en el prado a cinco minutos del final.
13.10.14
CRÓNICAS DE SITGES 2014 (XIX): HWAYI: A MONSTER BOY
Esta película coreana es otro ejemplo del cine oriental visto este año y que parece quedarse a medias, o no alcanzar todo el potencial que ofrece la historia y algunas de sus escenas, y en parte por algo que en ocasiones sí me gusta del cine surcoreano: la desmesura. La historia de un niño secuestrado por una curiosa banda criminal de comportamiento hermanado y familiar que, fracasado el rescate, en vez de hacerlo desaparecer lo entrena para convertirlo en experto francotirador. Ya adolescente, no tiene muy claro su futuro criminal mientras un monstruo se le aparece en sueños. Luego todo se complica como sólo un coreano puede complicarlo. Es una pena que el exceso de melodrama acabe restando puntos a una película que, por otro lado, tiene buenos momentos de violencia y un par de escenas de acción planificadas con elegancia oriental. Y las simbologías católicas que no falten, como siempre.
CRÓNICAS DE SITGES (XVIII): FIRESTORM
Al igual que en la edición anterior, la cosecha oriental de este año no ha dado demasiadas alegrías y ningún peliculón. Entre lo más destacable, para mi gusto, se encuentra este thriller de acción imparable que gira alrededor de un policía incorruptible enfrentado a una sangrienta banda de atracadores que actúan casi como terroristas. Un topo infiltrado con hija autista y un antiguo compañero de colegio que colabora con la banda añaden toneladas de drama y tensión al asunto. Construida para mayor gloria de Andy Lau interpretando a un personaje capaz de todo y que parece indestructible. Andy Lau ya empieza a ser un actor viejuno, pero qué más da, porque si bien no se trata de un peliculón, sí que me dejó boquiabierto en las escenas de acción, especialmente las automovilísticas, al mismo tiempo que su climax final se decanta hacia el cine catastrófico de una manera espectacular. Me divertí mucho con ella.
6.10.14
CRÓNICAS DE SITGES 2014 (VI): THAT DEMON WITHIN
No sé porqué me pensaba que entraba a ver una especie de explotación made in Hong Kong de I saw the devil. La cosa empieza bien con un asalto a un banco con sorprendentes escenas gore, pero luego, buf, me ha despeñado en un abismo de sopor provocando que por primera vez sintiera el cansancio de 4 días de cine. La historia de un policía con crisis de esquizofrenia y una banda de ladrones peleados por unos diamantes se mueve entre lo predecible, lo alargado y lo que no viene a cuento y ni siquiera el accidente de coche final, muy bonito sí, la salva. Buff.
3.7.14
CINE DE HOSTIAS PARA EL SIGLO XXI
Hace tres años en el Festival Internacional de cine Fantástico de Sitges —que por cierto ya calienta motores— programó una de esas pequeñas joyas orientales a las que nos tiene tan bien acostumbrados: The Raid, de la que ya di cuenta inmediata y entusiasta en su momento. El pase de aquel día, en la siempre bulliciosa sala El Retiro, fue una memorable comunión de espectadores arrebatados y de estallidos de júbilo ante el festival de acción y artes marciales de esta sorprendente película indonesia, la más contundente en muchos años en su especialidad, probablemente desde la mítica Ong Bak.
El argumento de The Raid era bastante sencillo: un comando de la policía asalta el cuartel general de una banda de traficantes, a su vez un bloque de apartamentos densamente poblado. La operación se complica cuando la promesa de un alquiler gratis de por vida convierte a los numerosos habitantes del polígono suburbial en una jauría de asesinos que supera ampliamente al grupo de agentes. A partir de ahí, un inaudito festival de acción, violencia y artes marciales como pocas veces se ha visto. Una cosa brutal; muy brutal. El anuncio de una secuela nos ha tenido relamiéndonos de gusto a todos los que la disfrutamos, y más cuando entre original y secuela su director, Gareth Evans, nos regaló el episodio de found footage más delirante y alucinado de V/H/S 2.
Bueno, pues con The Raid 2 Barendal calentita toca despejar silogismo: si la primera era la hostia… ¿La segunda es la rehostia? Pues sí y no, o no y sí. Así que procederé por partes (y avisaré cuando llegue a los espoilers). Primero lo que de verdad importa en una película como ésta: las escenas de acción y de hostias. Pues por ahí cojonuda, impresionante, con detalles nunca vistos y una forma de rodar y planificar que asombra por espectacular, bestia y novedosa. De nuevo, un festival mayúsculo. Así que, desde el punto de vista del cine de tortazos, la cosa es fenomenal y, claro, a partir de ahí cualquier pega es secundaria. Meras zarandajas.
Si, o no.
Verán, ya de entrada el tema es que al lado de la original, de The Raid 2 es otra cosa, y que se va a las dos horas y media de metraje, de las que la mitad es pura y generosa acción salvaje. Fabuloso, pero ¿y la otra mitad? Pues que se complica la vida sin necesidad, con una trama que se alborota de manera tosca y muy evidente, y eso siempre desluce; más cuando con un poco de cariño y acabado, con un repasito final, podríamos estar ante el peliculón que no es porque se arma un lío, y eso que la historia tampoco es tan complicada (ojo, spoilers): el clásico thriller de policía infiltrado y guerra de bandas.
Al comentar por twitter que “Tiene momentazos pero sobra metraje” enseguida he establecido un interesante diálogo con Álvaro Arbonés sobre los problemas de guión y montaje de la parte de la película que no va de hostias (que por ahí es brillante), y les hemos sacado punta: Prakoso, el asesino vagabundo, irrumpe de golpe a media peli casi para protagonizarla durante un rato. Un personaje importante de aparición abrupta y descompensada, y que además desdobla su función con otro, Aka, un lugarteniente mafioso que de golpe se vuelve también importantísimo. Ambos son el reflejo siniestro del futuro que podría tener el protagonista, pero como digo está resuelto con tosquedad. Lo mismo con el malo, Bejo, un impedido segundón que no se entiende cómo ha reunido la banda de asesinos que le rodea (grandes hallazgos, por cierto, la chica de los martillos y el tipo del bate de beisbol). O Eko, el hijo del jefe de uno de los clanes, cuya idiotez acaba por crispar y cuya actuación final tampoco se explica del todo, algo que también pasa con la organización parapolicial que lucha en la sombra contra la corrupción.
De hecho, puede dar la sensación de que todo eso, la maraña de personajes y subtramas, está ahí como excusa para encadenar hostias y potenciarlas con emoción, pero se amontonan tanto y con tanta seriedad que me parece bastante dudoso que sea esa su función. Al final, he acabado por exponer una teoría que me asaltó a media película. Gareth Evans, con la producción muy avanzada y con el rodaje inminente, o ya iniciado, quedó seducido por Only God Forgives de Nicolas Winding Refn y bajo ese influjo hipnótico decidió acometer cambios y añadidos de última hora en The Raid 2 y la cosa ha quedad sin pulir. Bueno, las hostias pulidas sí que están. Joder, cuánta animalada. y cuánto destrozo.
Homenaje al cine coreano
7.1.14
26.10.13
CRÓNICAS DE SITGES 2013 (XXXIII): NEW WORLD
Me dolió mucho no incluir esta película en mi Top Ten de Sitges 2013, la más que digna representación este año del mejor cine coreano. Hoon-jung Park, guionista de la estupenda I saw the devil, entrega un consistente thriller de gángsters que se presenta acertadamente como una especie de cruce entre Infernal affairs y El padrino en el que la lucha interna por el poder en una organización criminal se verá intoxicada por un policía infiltrado y los tejemanejes de su jefe. Intensa y muy bien narrada, es un películón de trama meticulosa que por tradición coreana incluye una de esas grandes secuencias de acción y violencia: la del ascensor.
23.10.13
CRÓNICAS DE SITGES 2013 (XXIII): DRUG WAR
Quienes con Blind detective se toparon con el Johnnie To director de comedias de humor chino pudieron mitigar sus penas con un thriller de esos que le han hecho famoso en occidente. Drug War contiene todo lo que ha convertido en obras maestras algunas de sus películas. Alrededor de una complicada operación antidroga que nace casi por casualidad, To despliega su gusto por el reparto coral, su exquisita narrativa visual, tan matemática como poética, en una película que se monta sobre la imposible relación que deben de mantener un impasible inspector de policía y un traficante obligado a colaborar y traicionar a su familia criminal para escapar de la pena de muerte. La ambiguedad del delincuente, un superviviente nato, es el eje que nos acabará llevando a un clímax marca de la casa, es decir, una soberbia ópera de balas. Mención especial merece la banda formada por un grupo de hermanos tartamudos.
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