19.9.04

PEQUEÑOS VEHÍCULOS A MOTOR



Veo que un tema de actualidad son las carreras ilegales que se montan algunos millonarios por Europa. Primero tuvimos la Gumball y ahora la Cannonball (que imagino saca su nombre de la homínima película). Y es que esto de los vehículos de motor, la gasolina y la velocidad obceca a muchas personas, pudientes o no. En el cine han sido varias las carreras de este tipo. Y también ha habido muchas bandas de gamberros motorizados. Me hallaba yo meditando estas cosas que ha querido el destino que una televisión local de mi ciudad ha programado una de las escasa joyas raras de la cinematografía española: El Cochecito.

El italiano Marco Ferreri, a finales de los 50, quería dirigir y no podía, por lo que se vino a España, vaya usted a saber porqué. La cosa fue que, sin saber yo como, conoció a Rafael Azcona y éste acabó escribiendo su primer guión y aquel dirigiendo su primera película: El Pisito (de la que guardo buen recuerdo pero sólo eso, y que ya he puesto en la lista de futuras recuperaciones). La siguiente colaboración entre ambos sería El cochecito y Azcona se convertiría en El Guionista del cine español. Y es que enseguida se juntó con Berlanga y vinieron obras maestras como Placido, El Verdugo, creando un estilo de comedia coral que fue evolucionando con películas como Vivan Los Novios, La escopeta nacional y que adquiriría un premio simbólico con la oscarizada Belle Epoque, que al fin y al cabo tenía el mismo Guionista. La carrera de Ferreri la tengo más dispersa, aunque conseguiría un gran y polémico éxito con La gran comilona (¿adivinan quien era el responsable del Guión?).

El cochecito forma con Plácido y El Verdugo una trilogía de oro del cine español en una época en que éste era un erial. Y sorprende mucho que llegaran a estrenarse, que la censura no se diera cuenta de la mala leche soterrada con la que se retrataba la sociedad española. El gran Pepe Isbert es Don Anselmo, un viejecito que envidia a sus amigos incapacitados. La incipiente modernidad les ha traído monoplazas a motor y él quiere uno. Los disminuidos hacen concentraciones (como los mods scooteristas, como los de las Harleys) y se van al monte a merendar. Pepe Isbert no puede acompañarles. Don Anselmo es, en el fondo, un adolescente rebelde. Que roba a su familia, que la chantajea emocionalmente, que es capaz de todo. Los norteamericanos tenían a James Dean, o mejor, a Marlon Brando encabezando a un grupo de motoras en Salvaje, nosotros a Pepe Isbert en su paupérrimo monoplaza seguido de una horda de tullidos. Parece gracioso, sí, gracia de humor negro también, pero el final de la película es tan demoledor, pese a ser una gran elipsis, que nos lleva directamente a la España Negra, Guardia Civil incluida.

Buscando información por el google me he encontrado esta web dedicada a Rafael Azcona. Si remenan por ahí encontrarán bastantes textos, ensayos y hasta algún relato de cuando el Guionista estaba en La Codorniz.

1 comentario:

Anónimo dijo...

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