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1.11.16

CRÓNICAS DE #SITGES2016 (XVII): DESPEDIDA Y CIERRE

Con algo de retraso, cierro las crónicas de Sitges 2017 con algunos títulos que sería injusto no comentar o destacar.


De Palma

Documental que recorre la carrera de Brian de Palma sustentado únicamente por una larga entrevista en la que este comenta una a una todas sus películas y/o proyectos no finalizados. En lo formal es de una simpleza absoluta: el protagonista en plano fijo y escenas de filmes (propios o ajenos) que se van intercalando. Como documental, en definitiva, se limita a aplicar la fórmula más básica y tradicional posible. Claro que con tamaño protagonista no hace falta más para que el resultado sea la mar de disfrutable, casi dos horas que pasan en un suspiro y se alzan con el mayor triunfo posible para un producto de estas características: tras visionarlo es inevitable lanzarse a revisar la filmografía de Brian de Palma de cabo a rabo.


 The Girl with all the gifts

Estupenda película y enésima demostración que el subgenero zombie/infectados, lejos de agotarse, sigue permitiendo aportaciones más que notables. Con guión de Mike Carey, conocido sobre todo por su labor como escritor de cómics, y con un director salido de la factoría inglesa de series de género (ha firmado episodios de Doctor Who, Black Mirror o Sherlock), su pertenencia directa a la tradición británica es incuestionable y, eso, son palabras mayores porque si algo distingue a esta es la elegancia, riqueza y respecto dado al género fantástico desde tiempos inmemoriales y por múltiples vías: literatura, tebeos, películas, producciones televisivas. The Girl with all the gifts no traiciona ese notable legado sino todo lo contrarío, no puede tener mayor aroma a ciencia ficción clásica, regala unas cuantas buenas ideas (el tema de los hongos, por ejemplo) y su desenlace es puro Twilight Zone.


It Stains the Sands Red

Seguimos en lo zombi con un título que quizá habría merecido no quedar enterrado en las maratones nocturnas para insomnes que, eso sí, supieron destacarlo con el premio a la mejor película de las sesiones de medianoche. Tampoco se crean que es una maravilla, ojo, pero sí una serie b resultona levantada sobre mimbre escaso: una chica de mala vida se queda tirada en el desierto tras huir del caos apocalíptico de Las Vegas, y un zombi a piñón fijo la perseguirá de manera implacable. Más allá de la metáfora del acoso sexual (tan evidente que su subrayado era innecesario), la cuestión es que cuando uno se teme que va a ser todo el rato lo mismo, la historia sabe girar con acierto y dar brío al asunto, hasta el punto que cuando al final flirtea con la moralina y flota el mensaje de que no hay nada como el fin del mundo para rehacer tu vida, la cosa no molesta demasiado.


The Autopsy of Jane Doe

Una de las joyitas del festival, una de esas series b a las que se suele otorgar el rango honorífico de ser “como las de antes”, etiqueta que es puro tópico pero de lo más eficiente para dejar claro de que va el asunto. También algo equívoca, porque a menudo lo que hay detrás, de lo que se trata en realidad, es de una dignísima aportación al cuento de miedo más noble y puro, aquel cuya única pretensión es hacernos estremecer pese a lo modesto de los medios empleados. En este caso, una funeraria como único escenario y un cadáver sin identificar cuya autopsia convoca malignas fuerzas sobrenaturales. Una de esas pelis que crecen y se hacen robustas, que juegan bien al reparto de susto, intriga y sugerencia. Al final, todo hay que decirlo, se alborota un poco con un estallido del terror de feria que, por otro lado, era inevitable por su condición de… “serie bé de las de antes”.


Hardcore Henry

Uno de esos casos poco frecuentes en los que el ejercicio de estilo puro y duro no está reñido con la diversión pura y dura. Cantante de la banda de rock alternativo Biting Elbows, el ruso Ilya Naishuller ha ido labrando una espectacular carrera audiovisual desde que irrumpió con un brillante videoclip rodado con cámara GoPro y perspectiva en primera persona. Esa misma técnica es la que ahora traslada a un largometraje, reto importante pues proponer hora y media de cámara subjetiva exige mucho más que la mera habilidad técnica. No es el primero en intentarlo, le preceden clásicos del cine negro como La senda tenebrosa o La dama del lago, así como una derivación tan profusa como el found footage (que ha dado grandes títulos, pero que también demuestra lo complicado del asunto). Naishuller sale victorioso del envite, y de qué manera, aplicando una fórmula compuesta principalmente por dos ingredientes. Acudir al lenguaje de los videojuegos es uno, al fin y al cabo es donde más y mejor se ha desarrollado la visión en primera persona. El otro es la diversión trepidante, desmelenada y gore con una trama sencilla que mezcla ciborgs, mutantes y centenares de sicarios para un body count casi infinito. Una fiesta.


Lo chiamavano Jeeg Robot 

Una de las reglas que me guían durante el Festival es la que reza: en caso de duda escoge la película de El Retiro. En la mayoría de ocasiones la decisión es la correcta y esta fue una de ellas. Aportación italiana al cine de superhéroes, precisamente esa procedencia mediterránea es su mejor baza: la mirada cultural es otra y , si hace bien, ventila y refresca un espacio lleno de blockbusters que, resultones o no, siguen la misma fórmula monolítica. En este sentido, la peli tiene ecos a El protegido y remite a la figura del Joker en determinados momentos, pero la cita directa es a la serie de anime Getter Robot de Go Nagai, el creador de Mazinger Z, y no, no por la presencia de gigantes metálicos sino como homenaje original y delicioso. Más allá de estos referentes, lo importante es que asume y actualiza el legado del cine de género italiano que tanto añoramos, empezando por el título, puro espagueti; por una trama de delincuencia marginal que es puro poliziezco, violencia incluida; o por atreverse con detalles que hoy serían inconcebibles en una producción de Hollywood, como dotar de arrolladora sexualidad a una disminuida mental. El resultado combina de maravilla dureza suburbial, poética sentimental, heroísmo y tortazos.


Grave (Crudo)

Otro de los grandes títulos que han podido verse y que llegó precedido por los desmayos provocados durante su proyección en el Festival de Toronto. Una expectativa peligrosa porque los espectadores de Sitges han curtido una sensibilidad rocosa y curada de espantos. En realidad, aunque la contundencia de algunas escenas es poderosa, está lejos de ser un festín de sangre y tripas, ni lo pretende. Prometedor debut de la directora francesa Julia Ducournau, explica la historia de una joven educada en estricta alimentación vegetariana que, internada en una elitista facultad de veterinaria, descubre lo mucho que le gusta la carne cruda, especialmente si es humana. Relato de horror grotesco más clásico de lo que aparenta por su factura indie afrancesado, ofrece una sugerente visión del vampirismo y, en algunos momentos, remite a las chicas sangrientas de Jean Rollin.


Swiss army man

He dejado para el final a la ganadora del premio a la mejor película para, antes de comentarla, lanzar algunas reflexiones sobre el principal galardón de Sitges. La perspectiva que dan los casi 50 años del Festival lo permite. Una de las grandes contribuciones de Sitges es descubrir autores, señalar tendencias y trazar una línea cronológica de grandes clásicos del cine fantástico o de terror. Obviamente, solo el tiempo desvela lo acertado o no del premio dado, y en la lista de ganadoras hay de todo. Hay años que se recuerdan por una película concreta y otros que, repasados ahora, demuestran que no premiaron títulos que luego resultaron claves y sí otros que ya nadie recuerda. Lo ideal sería que la ganadora fuera siempre una de esas películas que pasarán a la historia del género, pero eso es imposible, pura utopía. Por otro lado, la decisión del jurado siempre es legítima y tiene sus razones, del mismo modo que luego los aficionados también están en su derecho de compartirla  o rechazarla. En todo caso, lo único que puede fallar ocasionalmente en ese esquema es que los miembros del jurado no sean conscientes de la importancia histórica del premio dentro de su especialidad temática.

Dicho esto, Swiss army man es un buen ejemplo de película a la que le va algo grande la distinción o, mejor dicho, no se acomoda bien a esta frente a otras más óptimas o lógicas (en esta misma entrada hay tres o cuatro de ellas). Por otro lado, esto no significa que sea una mala película o que carezca de mérito, no se trata de eso; de hecho, es bastante evidente que la intención del jurado ha sido apoyar una propuesta original, extravagante e insólita en un tiempo poco proclive a estas características, tanto que resulta sorprendente que un proyecto como este consiguiera salir adelante. La premisa es la siguiente: un náufrago desesperado alivia su soledad convirtiendo su amigo imaginario a un cadáver que la marea ha dejado en la orilla. La idea aún es más loca cuando reincide una y otra vez en un humor grotesco y escatológico alrededor de la combustión gaseosa propia a todo muerto en proceso de descomposición, es decir, un festival de pedos y líquidos a los que el náufrago encontrará fantasiosa utilidad. El desarrollo es irregular, no siempre encaja bien ese humor grueso con su naturaleza de fábula poética sobre la soledad contemporánea y, desde luego, tiene un desenlace que deja perplejo por raro y discutible, pues su trasfondo es realmente oscuro y chungo. Es justo señalar tres virtudes: los momentos en que remite con delicadeza al teatro de títeres y marionetas; el atrevimiento de sugerir con alegría una variante travestida de la necrófilia (de perfil romántico, ojo, no se me espanten); y, por encima de todo, el trabajo de Daniel Radcliffe en el papel de saco sin vida camino del rigor mortis, es decir, de muñeco muerto e inerme.

10.10.16

CRÓNICAS DE #SITGES2016 (VIII): SHIN GODZILLA



Quienes conocieron este blog en sus tiempos de gloria saben de mi entrega y devoción por el más famoso de los monstruos japoneses (aunque el propósito de repasar todas sus películas quedó incompleto). Así que la presencia es Sitges de una nueva entrega con el sello de la Toho, doce años después de la estupenda Godzilla Final Wars y sin contar la reciente incursión americana de 2014, era una de mis prioridades absolutas. El nuevo reboot japonés no solo está a la altura de la leyenda sino que además es muy generosa en detalles y subtextos que merecen comentarse. Ya de entrada, llama la atención su director, nada menos que Hideaki Anno, el creador de Neon Genesis Evangelion, el revolucionario anime de mechas (es decir, robots gigantes) tan hermoso como metafísico. Su presencia imprime una notable personalidad a una película ciertamente sorprendente, y que puede descolocar a más de uno. De hecho, Shin Godzilla es una película cargada de política e ideología porque toda ella es una alegoría del Japón actual. No es la primera vez que pasa con Godzilla, que ya nació como encarnación pop de las bombas atómicas y luego, en el esplendor económico del Japón de los años 60, cambió de bando para convertirse en defensor de la nación que antes pisoteaba. Sin olvidarnos de Hedorah, la burbuja tóxica, rival surgido de la contaminación.



En la nueva película, aunque Godzilla irrumpe desde el primer minuto, durante media hora asistimos a un fascinante despliegue de ineficacia burócrata e inacción política en lo que es una sátira de un estado inoperante gobernado por una generación que debería llevar tiempo jubilada en beneficio de esa que tan bien retrata Inio Asano, a la que nadie hace caso y se señala como freak o rarita. Toda esta carga crítica es tan evidente como las lógicas referencias a la catástrofe nuclear de Fukushima que impregna toda la película. También las citas al contexto internacional y la ambigua descripción que se hace de los Estados Unidos, al mismo tiempo el enemigo que les humilló y contaminó, pero también único aliado posible (junto a Francia) frente a Rusia o China.



Pero esto es una peli de Godzilla, claro, así que no debemos olvidar la faceta de derribo, caos y destrucción. Ya de entrada me encanta como Hideaki Anno remite a la serie original con el diseño inicial del monstruo, un diseño vintage con esos ojos de muñecote que luego muta con un aspecto que se inspira en el primer Godzilla, el de 1954. También es gozosa la perfecta convivencia de maquetas de la vieja escuela y efectos digitales. De hecho, a media película estalla un guateque de destrucción de una belleza apabullante, victorioso contraataque de la Toho hacia la también bonita, pero menos, estética del Godzilla de Gareth Edwards. Toda esa parte del metraje es tan majestuosa que luego será incapaz de superarla para el espectador occidental, pero no para el japonés, al que se entrega en bandeja una catarsis patriótica sobre la capacidad nipona para renacer tras la destrucción en una película sin asomo de protagonismo individual porque la victoria será colectiva o no será.

18.10.15

CRÓNICAS DE #SITGES2015 (XXIV): HIGH-RISE



Leí Rascacielos de J.G.Ballard a mediados de los 80 y se convirtió en uno de mis libros fetiche. Hace mucho que lo tengo anotado como relectura pendiente, pero al final llego tarde y veo antes la adaptación de Ben Wheatley (Kill list, Sightseers) con lagunas en mi memoria. La adaptación recoge muy bien el espíritu de la novela, aunque percibo un poco abrupto el camino de enfrentamientos que poco a poco lleva a una descomunal comunidad de vecinos a un salvaje apocalipsis interno. Creo que hay algo que no la hace redonda del todo, pero reconozco que merece un visionado más reposado por mi parte (y no con tanto cansancio acumulado) y que se trata de un material complicado de llevar al cine. Además de los actores, que son un lujo, la película tiene grandes aciertos. Primero, la plasmación delirante del salvaje caos final. Segundo, su ambientación setentera, propia de los años en que se escribió la novela, una decisión sorprendente cuando lo fácil habría sido adaptarla al presente o a ese futuro de la próxima semana, tan ballardiano. Y tercero, que pese a esa ambientación retro, la película saca a relucir que ese rascacielos estratificado socialmente donde el cabreo de abajo aspira a desmantelar el sistema impuesto arriba, es, sí, nuestro presente, y el caos nos espera la semana que viene.

CRÓNICAS DE #SITGES2015 (XXIII): THE SURVIVALIST



Otra película de supervivencia postapocalíptica forestal que gana mucho puesta en paralelo con la infumable Into the forest. Es decir, es una buena película que aún lo es más colocada frente a su siniestro reflejo bucólico porque eso muestra lo que, por fortuna, no es. De hecho, The Survivalist es áspera y dura, sin apenas concesiones, y relata como un hombre que lleva seis años desde el fin de nuestra civilización sobreviviendo en medio del bosque ve desmoronarse todo su sistema cuando acoge a dos mujeres perdidas. Su incómoda búsqueda de realismo hace que el simbolismo de la Nueva Eva, que aquí también está presente, este envuelto en alambre de espinas.

CRÓNICAS DE #SITGES2015 (XXII): INTO THE FOREST


Un horror, amigos. Los apocalipsis tristes sacan lo peor del espectador y, en mi caso, tal sobredosis de amor fraternal y paternal me acaba provocando odio extremo. El abrupto apagón energético que nadie espera pilla a dos hermanas en su estupenda casa en medio del bosque, donde viven junto a su maravilloso padre. Aquí no hay apenas tensión y sí un sobrevivir bucólico recogiendo frutas silvestres por parte de dos chicas con tendencia a tomar la decisión más tonta. La película aparenta tener un mensaje feminista evidente, cosa que me parece bien, en la que los hombres son paternalistas, violadores o buscan quebrar la fraternidad femenina. Pero curiosamente se han producidos silbidos cuando plantea el tema del aborto ante un embarazo no deseado. Vayamos por partes. El tema de la nueva Eva, que aquí se subraya llamando así a una de las chicas, es casi un simbolismo intrínseco al subgénero postapocalíptico, y la pervivencia del niño indica si hay mensaje de esperanza —es decir, renacimiento propio de un relato de fantasía según John Clute— o todo lo contrario —lo que supone un poco habitual mensaje de horror y pesimismo—. El problema es que la duda de si abortar o no se desarrolla con un monólogo que enfrenta el derecho de la mujer con el derecho del niño, y lo segundo se expresa e impone tan en mayúsculas y negrita que es un puñetazo próvida, y eso desarma buena parte del feminismo de la historia, o eso me parece. ¿Feminismo provida? Pues añadan sopor, personajes tontos que toman decisiones absurdas (y no me refiero al aborto, sino a cosas como lo que hacen al final y que no responde a nada más que a un simbolismo impostado), humanismo azucarado y bucolismo campestre y tenemos la peor clausura posible para Sitges 2015.

11.10.15

CRÓNICAS DE SITGES 2015 (VII): TURBO KID



Aunque las opiniones están divididas y hay quienes no coinciden conmigo, este Mad Max en bicicleta se ha ganado mi corazón. La cosa va de rememorar el cine de videoclubs de los 80s y, en especial, el copioso género post-apocalíptico que vino tras la segunda entrega de la obra maestra de George Miller. La frase inicial es toda una declaración de intenciones: "This is the future, this is 1997". El homenaje también incluye guiños a la mítica Laser Blast, Indiana Jones o el gore jocoso de las primeras pelis de Peter Jackson, sin olvidar la banda sonora de hipnótico electro-pop. . Intentar reproducir aquella estética y sus escasos recursos tiene sus riesgos, y la pega que muchos le encuentran es su condición de tributo realizado desde lo hipster, y eso es así, salta a la vista, pero desde mi punto de vista no hay impostura sino amor, mucho amor, y al final ha conseguido inyectarme cierta dosis de emoción, así que debo mostrar gratitud defendiéndola con los dientes apretados. Muy fan del personaje de la chica.

18.10.14

CRÓNICAS DE SITGES 2014 (XXIX): THESE FINAL HOURS



Curiosa aportación al tema del fin del mundo, entre otras cosas porque es una especie de modesta revisión de Melancholia en clave surfera y australiana, muy alejada por tanto del preciosimo burgués de Trier y, por desgracia, de su mala leche; a cambio, un inicio que promete más violencia de la que luego hay, una correcta descripción del caos y una rave del Apocalípsis que es lo mejor de la función, pero poca cosa más. En definitiva, que se deja ver y no molesta, pero no es nada del otro mundo. Sigo sin entender porqué el cachas protagonista se llevó el premio al mejor actor.

8.10.14

CRÓNICAS DE SITGES 2014 (IX): HOW I LIVE NOW


Desde su propia condición de película de supervivencia para adolescentes con protagonista femenina fuerte (que es lo mismo que decir Los juegos del hambre), How I Live Now es una película muy digna que incluso a ratos llega a gustarme. La cosa va de una urbanita gilipollas que se instala en casa de sus primos, ingleses y de campo, y mientras se va adaptando a ellos —que viven en esa especie de anarquía juvenil tan propia de las novelas juveniles británicas, es decir, de Guillermo a Los Cinco— estalla la 3ª Guerra Mundial. Me gusta mucho como se refleja ese conflicto, en segundo plano, sin explicar realmente qué está pasando, quizá porque forma parte del mundo de los adultos. Me gusta que siendo una película destinada a un público muy concreto incluya momentos inquietantes —ese encuentro nocturno con mujeres por víctimas, el túmulo de cadáveres—. En lo malo, esa historia de amor tan cursi y la resolución final. Y aún así, pese a ese romance de cuento y príncipe azul, la protagonista conserva su diseño de heroína fuerte para jovencitas del siglo XXI.

27.8.14

LA ENAJENACIÓN QUE DESAFIÓ AL MUNDO (LXXIX)

"Un artículo anónimo titulado The German Peril (El peligro alemán), publicado en julio (de 1908) por la prestigiosa Quarterly Review, advertía de que la invasión era probable, si Alemania y Gran Bretaña se enzarzaban en un conflicto. “Sus oficiales navales han examinado con sondas nuestros puertos, realizando esquemas y estudiado cada detalle de nuestras costas”. Según su autor (J. L. Garvin, editor del periódico dominical The Observer), unos cincuenta mil alemanes, disfrazados de camareros, se encontraban ya en Gran Bretaña listos para entrar en acción tan pronto recibieran la señal correspondiente.

 Extracto de 1914 de la paz a la guerra de Margaret McMillan.

Me hace mucha gracia pensar que hoy, 100 años después, nosotros podríamos invadir Londres con nuestro ejército de camareros españoles, o los pakistaníes hacer lo propio con Barcelona, o los chinos con medio mundo civilizado. Pero más allá, si dejamos de lado etnias y naciones, está la idea de un ejército de camareros dominando el mundo. Un ejército secreto que ya adelantaba Palahniuk en El club de la lucha.

Como Google no miente y lo sabe todo, escribo "waiters army" en el buscador de imagen y me devuelve navajas suizas y textos en caligrafía árabe o similar. El escalofrío de pavor está ahí.


Señales del fin de nuestra civilización tal y como la conocemos.

25.8.14

SILLÓN OREJERO

Cuando hace ya diez años, tal día como hoy, abrí este rincón ausente que tantas alegrías me ha dado (el tiempo invertido ha merecido la pena), una de mis intenciones fue ir anotando todos los libros, cómics o películas en los que me zambullía. Durante un tiempo lo conseguí, pero luego la falta de tiempo y la dispersión lo hicieron imposible. De vez en cuando anoto listas manuscritas de temas o cosas que luego se diluyen o pierden sentido. A finales del año pasado abrí cuenta en Goodreads y he procurado ser fiel a ella, al menos con los libros pero no con los cómics. Eso me ha permitido tener una lista de todo lo que llevo leído desde entonces junto a unos apuntes de reseña escritos con premura. Como, mecachis, no aparece aún en el buzón la epístola libresca de Sark con las novedades veraniegas, he pensado reunir por aquí los libros leídos desde comienzo de 2014 y que por una razón u otra no habían aparecido por aquí.


La casa de hojas, de Mark Z. Danielewski

 Empecé el año lector con lo que cayó de regalo navideño, y eso que no es habitual que me abalance sobre las novedades recién entradas. Lo cierto es que sentía mucha curiosidad por el entonces libro del momento, una novela de terror vanguardista en forma y fondo etiquetada más o menos con acierto como un cruce entre Stephen King y Foster Wallace. Si le han dado un ojo en librerías seguro que han visto su increíble maqueta, con párrafos en espiral, invertidos, laberínticos o alternando páginas llenas de letra con otras casi carentes de ella. Y ojo, porque no son gratuitos. La casa de hojas pertenece al subgénero de las casas encantadas pero está construida a partir de tres niveles. Por un lado, el filme documental realizado por el padre de la familia que la habita cuyo metraje imposible nos desgrana (segundo nivel) de manera minuciosa y obsesiva el extenso ensayo escrito por un anciano ciego ya fallecido. La obra de su vida, plagada de pies de texto a cientos de referencias ficticias sobre la película. El tercer nivel corresponde a las anotaciones sobre el manuscrito realizadas, muy al estilo Palahniuk, por un tatuador disfuncional, amigo de drogas y peleas, a cuyas manos va a parar el original del viejo, y que queda atrapado por su contenido maldito. No contento con ello, Danielewski completa la novela con un profuso anexo de apéndices donde destacan, por cruciales, las cartas que la madre del tatuador le enviaba desde su reclusión en un manicomio. Así que tenemos una obra formalmente inaudita, porque a los experimentos antes comentados en la composición de la página, con voluntad narrativa, se añaden las diferentes tipografías según quien escriba (principalmente el viejo y el tatuador) y literalmente cientos de pies de página. Aunque en momentos concretos llegué a la conclusión de que le sobran algunas páginas, y que tiene algunos pasajes de lectura áspera, lo cierto es que me sumergí atrapado y no lo solté de mis manos hasta acabarlo. Me alegra mucho el éxito (va por la cuarta edición) de lo que era una empresa arriesgada, el esfuerzo en la maqueta de la edición española es más que brillante (un curro) y la traducción de Javier Calvo titánica.



Crónicas Quinquis, de Javier Valenzuela
(Libros del K.O., 2013) 

Recopilación de artículos de prensa de Javier Valenzuela publicados en la primera mitad de la década de los 80, disfruté mucho de su lectura entre otras cosas porque el periodismo de sucesos es una de mis debilidades. El eje temático son los quinquis, de los que aquí se ofrece una visión realista y trágica muy alejada del aire de figura mítica con que la cultura pop patria les envolvió. Historias de atracadores adolescentes, hijos de la droga, polígonos y cárceles. La antología, breve y que consumí leyendo un capítulo al día, se completa con algún texto de costumbrismo madrileño, novela negra madrileña (lo que menos me atrajo), una semblanza del alcalde Tierno Galván y una reivindicación, justa y necesaria, de Tomas de Quincey como padre del periodismo de sucesos.



¿Pueden suceder tales cosas? Cuentos fantásticos completos, de Ambrose Bierce
(Valdemar, 2012)

Antología completa de los cuentos de Bierce que he disfrutado bastante, intentando seguir el ritmo de un relato al día. Obviamente, al tratarse de una compilación integral y extensiva, hay un poco de todo. Están los relatos más conocidos, desde el precedente del horror cósmico de Lovecraft que es Un habitante de Carcosa al salvaje humor negro de El clan de los Parricidas. De Bierce, además de su humor, me gustan esas recopilaciones de breves historias de fantasmas, casas encantadas y muertos que caminan escritas con sencillez y que no sé si eran inventadas o recogidas durante sus viajes (un poco como preámbulo a las compilaciones de Charles Fort); me gusta que su gótico americano más que de mansiones sureñas sea de mineros, cabañas y poblados de la frontera, y ahí mezcla western con fantástico (una debilidad personal); o las muchas historias de fantasmas ambientadas en la guerra de secesión, que es otro detalle muy interesante porque el horror de la guerra configura mucho de nuestro horror contemporáneo.



Retratos y encuentros, de Gay Talese
(Alfaguara, 2010)

Uno de mis géneros preferidos es lo que Tom Wolfe bautizó como Nuevo Periodismo, y Gay Talese fue uno de los primeros y mejores exponentes. Esta antología es estupenda y la componen algunos de sus retratos, fruto de acompañar durante algunos días a alguna celebridad, observarla y escribir sobre ella: Frank Sinatra, Peter O'toole, Alí en Cuba, Joe Louis, Floyd Patterson o Joe Dimaggio (estos tres últimos leyendas del deporte USA que Talese describe en su retiro), una divertida historia del magazine literario Paris Review, la historia del redactor de obituarios del NY Times y, al final, una serie de historias familiares como el ardid de un sastre napolitano (su abuelo) para engañar a un mafioso, cómo acabo siendo periodista y algunos consejos. A mi es que todo esto me encanta y me lo paso muy bien gracias a su prosa de apariencia sencilla y su tremenda habilidad para observar y desnudar al personaje. Un maestro.



Escarabajo Hitler, de Ned Beauman
(Funambulista, 2012)

El tipo de locura que me hace babear de placer: coleccionistas de parafernalia nazi, boxeadores judíos, barriobajeros sonados, asesinos daneses, fascistas ingleses de los años 30, aristócratas ridículos, mad doctors pichaflojas, eugenesia, enfermedades raras y apestosas, música atonal, futuristas italianos, insectos mutantes, cartas de Hitler, sexo raruno, lenguajes artificiales, casas del futuro del siglo XIX, humor inglés, instinto bruto. ¡Qué más puedo decir sin que los ojos aún me hagan chiribitas de gozo! Lástima que flojee un pelín en las últimas páginas, pero qué coño importa eso si hasta ahí el viaje es un gozoso festival de ideas locas, un guateque de referencias pOp, una fiesta ideal para los viejos lectores de este blog.



El sueño y el mito, de Javier Calvo

Interesante recopilación de ensayos sobre arte y literatura extraños, 16 en total, a cargo del escritor y traductor Javier Calvo publicados con anterioridad y de manera dispersa en revistas, web o incluso como prólogos. Reconozco que las antologías de no-ficción son una de mis debilidades, y aquí muchos de los temas son muy de mi agrado. Textos sobre Lovecraft, Cirlot, Alan Moore, Los Invisibles de Morrison, Aleister Crowley y la literatura de magia oscura, Colin Wilson, Doctor Who, arquitectura nazi, black metal o espiritismo que Javier Calvo despliega con pasión y conocimiento, e incluso resulta didáctico en temas como la magia oculta y el gnosticismo, que me atraen pese a mi escepticismo. Vamos, que lo he leído con mucho gusto e interés. De nuevo, intenté que el ritmo fuera de un capítulo diario.


La chica mecánica, de Paolo Bacigalupi

Excelente relato más o menos distópico en un futuro (siglo XXII) en el que el fin de los recursos energéticos derivados del petroleo, la guerra, las plagas y la enfermedad han convertido a las corporaciones transgénicas en el principal poder mundial. No hay variedades de arroz, por ejemplo, sino un único tipo, el U-Tex. Tiene el gran acierto de ambientarse en Tailandia, porque al futuro le sienta bien ser asiático más que occidental, una autarquía que se debate entre seguir cerrada o abrirseal exterior, con una lucha de poder entre el ministerio de comercio y el militarizado ministerio de medio ambiente. También hay piratas genéticos y neoseres, es decir, humanos o animales modificados genéticamente que los tailandeses ven como aberraciones a exterminar. Historia coral llena de intrigas y acción, de humedad, suciedad y violencia, lo cierto es que tras las 100 primeras páginas ya no pude soltarlo y lo devoré en muy pocos días. Un clásico de la ciencia ficción contemporánea.



La ciudad y la ciudad, de China Miéville

Impresionante. En principio, se trata de un relato policial entre la investigación detectivesca de un crimen y el thriller con ramificaciones políticas. Eso en principio, aunque lo realmente interesante es que sitúa la acción en dos ciudades que comparten el mismo espacio físico y donde sus habitantes han sido educados para no ver a los vecinos con los que comparten lugar pero no ciudad, a "desverlos", y evitar en todo lo posible cruzar las fronteras entre una y otra, "abrir una brecha". Es impresionante como Mieville hace suyo tan surreal punto de partida y consigue que el lector le acompañe. Curiosamente, aunque se pueden trazar multitud de metáforas ante esa situación (del muro de Berlín al Estado de Israel, pasando por cualquier lugar donde sus habitantes estén separados por razones étnicas o ideológicas) Mieville las desprecia para centrase en el relato policial de un crimen que pone en duda el sistema. Lectura muy recomendable y del todo fascinante.



La transmigración de Timothy Archer, de Philip K. Dick 
(Minotauro, 2012)

Primera relectura del año, en parte motivada porque es uno de los ejes de la segunda entrega de Gótico de Suburbia. Última novela escrita por Dick, me resulta tan extraña como hipnótica. Por un lado, un acto de lealtad a su amigo el polémico obispo Pike (el Archer del título) y por otro un cierre entre la ironía y el escepticismo a su obra y a su ciclo religioso final. En realidad, más que una novela de género fantástico o anticipación, es lo más cerca que estuvo de escribir una obra de base autobiográfíca, en clave contracultural y a la genuina manera Dick (si no tenemos en cuenta Confesiones de un artista de mierda, al fin y al cabo escrita a finales de los 50 pero publicada casi tres décadas después). Está llena de diálogos sobre temas metafísicos o religiosos (muy bien llevados) y también funciona como paisaje del Berkeley de los 70 y su fauna pintoresca (de la que él mismo formaba parte).



Nuestra señora de las tinieblas, de Fritz Leiber
(Pulp ediciones, 2002)

Otra relectura motivada por la misma razón que la anterior, y tras la cual sólo puedo decir que es una novela maravillosa que aún me ha gustado más que la primera vez. Lieber, un tipo pintoresco y un buen escritor de género, pasó un lustro borracho por la muerte de su esposa y acabó convirtiendo el paisaje urbano que veía por la ventana de su apartamento en la base de una de las novelas de terror más singulares jamás escrita. Enriquecida por la presencia de secundarios como Jack London, Ambrose Bierce, Dashiel Hammett o Clark Ashton Smith, entre mucho otros a los que se cita o menciona. No diré que es la precursora de ese tipo de pastiche (no olvidemos a Philip José Farmer), pero casi. Sus virtudes son enormes: es tan generosa en citas, guiños y referencias que daría para escribir un ensayo sobre ella, pero al mismo tiempo es una lectura sencilla y nada pretenciosa. Terror alimentado por libros malditos (reales o falsos) y novelitas pulp; por si fuera poco se saca de la manga el concepto de la megapolisomancia, es decir, magia negra que utiliza las arquitecturas urbanas contemporáneas.



Siempre hemos vivido en el castillo, de Shirley Jackson
(Minúscula, 2012)

Palabras mayores. Fantástica. Un genuino tesoro secreto (al menos para muchos, porque el rastro de su influencia es notable) que merece reivindicación entusiasta. Gótico sureño, lugareños ruines, agorafobia asesina y maldad infantil a medio camino entre el cuento de brujas y las mansiones con fantasma, todo envuelto en un punto de vista de siniestra inocencia. El primer párrafo es pura poesía maldita. El último es demoledor. Imprescindible para todo aficionado a lo malsano.



1914: de la paz a la guerra, de Margaret MacMillan
(Turner, 2013)

Fantástico y brillante libro de historia que empieza con la Exposición Universal de París de 1900 (un sueño de progreso) y acaba con el estallido definitivo de la Gran Guerra, tras la que el mundo ya no será el mismo. Disputas, alianzas, crisis entre imperios, gran descripción de las personalidades implicadas (y sus minucias), corrientes culturales. He disfrutado mucho la lectura y al final no podía soltarla, atrapado casi como si fuera una gran novela de intrigas que por desgracia no es. Muy recomendable y un ejemplo de como los libros de historia pueden ser una lectura apasionante. Por si no fuera suficiente con eso, he subrayado un montón de párrafos y marcado páginas porque es una de esas lecturas que me arrastran a investigar cosas o me regalan ideas sobre las que profundizar un poco más.



El terror, de Arthur Machen
(Alianza, 2004)

Machen, que ya era pionero y referente para el devenir futuro del género de terror, demostró de nuevo su condición de escritor adelantado a su tiempo con esta novela breve escrita mientras en Europa tenía lugar la 1ª Guerra Mundial. Por un lado, porque era una reacción a ésta y, de hecho, tiene muy claro que la atroz violencia de la contienda es un terror insuperable y el germen de todo mal. Por otro, porque esa revuelta atávica de las fuerzas de la naturaleza se avanza en décadas al terror ecológico que imperó en los 70. Y eso sin olvidar el estilo directo, objetivo y, en parte, periodístico con que retrata toda la serie de fenómenos extraños que describe, influenciado por el materialismo de la literatura espiritista de la época y un poco como haría Charles Fort muy poco después. Se lee en una tarde.

Otras lecturas en lo que llevo de 2014 de las que ya he hablado por aquí:
Los libros condenados, de Jacques Bergier
Manitú de Graham Masterton y La fortaleza de F. Paul Wilson
Librerías, de Jorge Carrión



27.5.14

EL FIN DE NUESTRA CIVILIZACIÓN


Ratas gigantes, sótanos austriacos, gaviotas asesinas, conexiones eléctricas deficientes, fetos con burbujas, normativas europeas, excrementos de ave, instintos de clase, romances finlandeses, Clint Eastwood, pagafantas donostiarras, secretarias de dirección, crímenes pasionales, lemas populistas, naturaleza cruda, restaurantes japoneses y mucho más en las dos últimas entregas de mi columna Amanecer de los muertos en El Butano popular:


Y 




9.5.14

EL TREN DISTÓPICO



Una de las cabeceras claves del llamado boom de las revistas de cómic (finales de los 70 – principios de los 80) fue Totem, editada por Nueva Frontera. En el número 52, cuando ya estaba próxima a su decadencia, los lectores de Totem nos vimos sacudidos por el inicio de El Transglacial , una historia de ciencia-ficción de aquellas bendecidas para permanecer en la memoria, pero nunca habríamos imaginado que acabaría adaptada al cine, y menos con una realización tan espectacular. La película se llama Snowpiercer y acaba de ser estrenada, merece mucho la pena y, a poder ser, en sala de cine en versión original.



Pero volvamos, de momento, al cómic original. El Transglacial (Le Transperceneige) planteaba una poderosa metáfora social a partir de una distopía apocalíptica. En el futuro, una nueva era glaciar se ha instalado en nuestra planeta y exterminado a la raza humana. Los únicos supervivientes viajan en un largo tren, más o menos autosostenible, sin más destino que recorrer durante años su extenso trazado. En su interior viven organizados en una brutal estratificación social: en los vagones de cola despojos y marginados muertos de hambre, en los de cabeza una élite disfruta de todos los lujos. El protagonista es un rebelde huido del último vagón a quien acompañaremos en su periplo hacia adelante por los muchos vagones que van de una punta a otra y que no son sino peldaños de ascenso social a la vez que barreras de desigualdad impuestas a la fuerza o por medios más sutiles. Delante de todo, en la locomotora, habita el ingeniero que mantiene el motor en marcha y que tiene casi la consideración de un Dios. Como ven, una muy poderosa metáfora de cómo funciona nuestro mundo expresada a través de un tebeo de género a caballo entre la ciencia-ficción, la aventura y la intriga política.



El Transglacial era obra de Jacques Lob, uno de los mejores guionista franceses de aquella época (muy amigo del folletín, como demuestra su indispensable saga erótica Las tribulaciones de Virginia junto a Pichard), y el apartado gráfico corría a cargo de Jean-Marc Rochette, que no era un primera fila pero cuyo trazo de línea gruesa funcionaba bastante bien para mostrar la suciedad, dureza, fealdad y carácter avieso de la mayoría de personajes. También es cierto que alguna escena concreta no está del todo bien resuelta y resultaba algo tosca; pero vamos, es un estupendo cómic que ha aguantado con mucha dignidad el paso del tiempo.



Curiosamente, si cuando la leía en las páginas de Tótem me hubieran preguntado por el lugar de publicación original, estoy seguro de que habría jurado que venía de la mítica Metal Hurlant, una sensación que aún hoy permanece, cuando en realidad se publicó en la más aventurera revista A Suivre entre 1982 y 1983, alcanzando una extensión final de 116 páginas, entonces bastante inusual para el mercado francés, donde las 48 o 64 páginas del álbum tradicional estaban marcadas a fuego. Aún así, se convirtió en un pequeño clásico, continuado años más tarde en varios álbumes, ya sin Lob ni Rochette, que no he leído. Bang la recuperó hace unos años, sin demasiado eco, con el título de Rompenieves, e incluso se atrevió con un segundo volumen que recogía un par de esas secuelas. No está de más anotar que inicialmente el dibujante iba a ser Alexis (autor, con guiones de Lauzier, del genial western paródico Al Crane que tanto me gustaría ver rescatado algún dia) pero le sobrevino la muerte repentina cuando llevaba 17 páginas ya dibujadas. Una pena, porque era joven y estaba especialmente dotado para retratar lo mezquino.


¿Y la película que se estrena hoy? Pues estupenda, la verdad. Lo cierto es que a Snowpiercer le tenía muchas ganas sin saber siquiera que era la adaptación de Transglacial. La razón: ser la primera película internacional de Bong Joon-ho, responsable de dos de mis títulos preferidos del nuevo cine coreano: Memories of murder (brutal crónica sobre los crímenes de un psicópata rural) y The Host (espectacular puesta a punto de las monster movies), ambas con un sustrato de crítica social ideales para llevar al cine el cómic original. Como coproducción entre Corea del Sur, Francia y EEUU es un proyecto curioso porque tiene un poco de las tres procedencias. Se beneficia de sólidos actores de habla inglesa como John Hurt, Ed Harris o Tilda Swinton (que está espectacular) aunque reserve un importante papel a Song Kang-ho (uno de los rostros habituales del mejor cine coreano). También está presente el diseño de producción del cine fantástico francés, tan influido precisamente por la estética de los cómics de Metal Hurlant, cosa que le da siempre un toque especial y diferente. Y luego está el tono propio del cine coreano, tanto en el fondo como en su preciosista forma.


El punto de partida y estructura de la historia viene a ser la misma que la del cómic, aunque hay bastantes cambios, empezando por el rebelde de cola, que no es un huido sino un líder revolucionario rodeado de un pintoresco grupo humano. Se elimina también el personaje femenino que le ayudaba, una especie de activista de ONG de los trenes intermedios, y eso está bien porque añade desesperanza. También se enriquece la historia y se hace un retrato más o menos sutil de como funciona esto de la dominación social: hambre, desigualdad, violencia, educación, sexo, distracción lúdica, drogas ilegales. Sin olvidar las hostias como panes y los coreanos con martillo.



Son muchas las escenas memorables (la pelea con los guardianes encapuchados, la visita a la escuela, el tiroteo entre vagones) aunque habrá quien considere un pequeño bajón el final dominado por diálogos de enjundia existencialista, pero vamos, nada grave. Ojalá todos los blockbusters de sci-fi apocalíptica fueran así, porque Snowpiercer le da bastantes vueltas a las recientes Elysium (que no está mal pero que parece hija del Concilio Vaticano II) o Oblivion (que pese a su condición hard, que es de agradecer, desprendía un cierto tufillo a cienciología new age).


18.12.13

TUTTI FRUTTI SPACE OPERA!


Atentos todos a esta cita y, especialmente, a los dos números de ...No Option! que acaban de sacar los amigos de Entrecomics porque son pOp de Derribo en todo su esplendor. Una cosa muy loca y muy deliciosa que conecta 100% con la búsqueda de un abrumador sentido de la maravilla que guía El Blog Ausente. A Pep, su autor, quizá lo recuerden los viejos lectores de El Víbora por Raul el Rude, una serie urbana con inesperados desvíos hacia la fantasía pop que siempre me gustó mucho. Tras un tiempo de silencio, Pep regresa con esta locura fruto de una inesperada indigestión de Metal Hurlant y comic books de los 70, sin textos, porque así lo requiere la pureza pOp. Como digo, esto algo muy grande, más grande que la vida: nazis, Kirby, dinosaurios, platillos volantes, marcianos de seis brazos,  punkis entre ruinas, tecnicolores, signos de exclamación como catedrales, vikingos del espacio... Todo eso y más en los dos tebeos con mejor aroma de tinta que se han publicado los últimos meses.

5.12.13

LÍNEA CLARA Y APOCALIPSIS PULP

Vaya título molón que le he puesto a esta entrada. La cosa es que el otro día me leí el nuevo álbum de Blake y Mortimer: El juramento de los cinco lores, y me lo pasé bastante bien. Escribí una reseña para Gencomics que pueden leer aquí. Estos dos aventureros creados por Edgar P. Jacobs en 1946 para la revista Tintín encarnan la quintaesencia línea clara franco-belga en su versión más clásica e incorrupta, entre otras cosas porque son un raro ejemplo de digna continuidad tras la muerte de su autor. De hecho su más célebre aventura, La Marca Amarilla, fue el estandarte bajo el que se unieron las huestes de la Línea Clara en su cruenta batalla contra los bárbaros de la Línea Chunga, un curioso rifirrafe en el que algunos soldados combatían alineados en ambos bandos a la vez.

Edgar P. Jacobs contra Miguel Gallardo

Pero a lo que iba, tras leer el nuevo Blake y Mortimer me entraron ganas de acudir a la fuente original, es decir, a los Blake y Mortimer viejunos. Hacía tiempo, décadas, que no me acercaba e incluso tengo por casa algún álbum que no he leído nunca. Lo cierto es que a veces Jacobs puede dar un poco de pereza porque hay que leer mucho. Sus ladrillos de texto sepultando personajes son famosos entre los aficionados.

Vale, reconozco que es un ejemplo extremo 

Ay, qué mala es la pereza. Me puse cómodo (batín, pantuflas), encendí la pipa, seleccioné de entre los volúmenes de mi biblioteca El enigma de la Atlántida (1955), me aposenté en el sillón y acabé disfrutando como un enano. No podía ser de otra manera, es un absoluto locurón en el que Blake y Mortimer se pierden por indómitas grutas, son atacados por pterodáctilos y van a parar a la Atlántida, que sobrevivió al cataclismo y se ha convertido en una subterránea megacivilización hipertecnificada, aunque, eso sí, inmersa en una cruenta guerra civil. Como no podía ser de otra forma, caí rendido a su fabuloso retrofuturismo y a un sentido de la maravilla absolutamente apabullante. Fue entonces cuando me di cuenta de algo de lo que debí haberme percatado ya con La Marca amarilla y su villano de folletín: bajo ese envoltorio de línea clara obsesiva y exquisita se esconde una delicia pulp, un bolsilibro ejemplar y trepidante.

Horror vacui retrofutista en la Atlantida
   
Mi disfrute fue tan mayúsculo que decidí internarme aún más en las profundidades abisales de Blake y Mortimer, en su aventura fundacional, El secreto del Espadón, realizada justo tras la guerra y tan profusa que siempre se ha publicado cortada en tres álbumes cuando en realidad sólo es un largo serial sin interrupciones. Ya de entrada me encuentro con sus fascinantes villanos, puro canon pulp de la vieja escuelas: la amenaza amarilla, un imbatible ejército oriental que se bautiza así mismo como el Imperio Amarillo y que es una mezcla del pasado peligro japonés y el futuro peligro chino. 



Pero más allá de este entrañable detalle, descubro el secreto de Blake y Mortimer, la razón de su eterna juventud, un pacto con el diablo sellado a través de un sacrificio ritual. En las primeras páginas de su primera aventura, Jacobs, Blake y Mortimer destruyeron nuestra civilización y desataron el Apocalipsis.