Jean Giraud / Moebius nos ha dejado. Internet se ha llenado de comentarios y textos en su honor, aunque nunca serán suficientes; así que yo también necesito aportar mi grano de arena en su tributo. Primero con esta entrada en la que como documento testimonial las que fueron con casi total seguridad (aunque no puedo certificarlo al 100%) las primeras historietas que se publicaron en España con su firma alter ego que le ha hecho famoso: Moebius. Como Gir / Jean Giraud , alumno de Jijè, dibujó al Teniente Blueberry en las páginas de Pilote. No sólo mi western favorito, también una de los tebeos que a menudo menciono cuando alguien me pregunta por mi cómic preferido. Los aires de libertad de los 60 desdoblaron su trabajo autoral con la aparición de Moebius. Aunque ese nombre está ligado de por vida al colectivo de los Humanoides Asociados y su mítica revista Metal Hurlant, ésta no vio la luz hasta 1975. Allí surgió el Moebius que todos conocemos, pero esa firma hoy clave para la cultura de la segunda mitad del siglo XX había nacido a mediados de los 60 en las páginas de la revista satírica para adultos Harakiri, para la que realizó una veintena de historietas.
En el número 16 de Nueva Dimensión (1970), en este caso publicación clave y seminal de la cultura popular española, se publicaron tres de esas historias. Como decía antes, probablemente la primera vez que la firma Moebius aparecía en España. Por otro lado, no puede negarse el ojo clínico de los responsables de nuestra mejor y más mítica revista especializada en ciencia-ficción, ya que el Moebius que revolucionará el mundo del cómic aún no está presente (si en estado bruto y primigenio, claro, pero aún pasarán unos años para la irrupción de Arzak o del Garaje Hermético. Así que aquí les dejo ese documento.
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11.3.12
21.11.08
LAS HIJAS DE BARBARELLA

Tenía un poco aparcada la sección dedicada a recuperar textos aparecidos en viejas publicaciones que me parecen interesantes como documentación. El de hoy lo es, y mucho, y procede de un número de Nueva Dimensión de 1968 en el que J. Alberich analizaba las heroínas europeas surgidas al amparo de la Barbarella de Jean-Claude Forest. El texto tiene la enorme virtud de estar escrito justo cuando ese boom se estaba produciendo. Por otro lado, entra de lleno en uno de los temas de interés ausente, englobado bajo el título de la viñeta eurotrash. Y no está de más recordar que toda la multiplicación de tebeos fanta-eróticos, mayormente italianos, son hijos directos de Barbarella, que llevó a las primeras sexy-protas del fumetti (como se verá más abajo) y, de ahí, a delirios como Terror Blu y compañía. Por otro lado, tampoco quiero dejar de repetir algo que ya apunté al reseñar brevemente la Valentina de Crepax: en 1968 la izquierda exquisita estaba por el nuevo cómic y sus chicas pOp, y un poco de fetichismo y de bondage estaba muy bien visto, era moderno y era progresista. Hoy, todas estas muchachas aventureras serían pasto de críticas de la corrección sexista. Les dejo con un artículo, al que he añadido imágenes, enlaces y notas ausentes, que sirve de perfecta introducción a un montón de personajes que intentaré tratar de manera más extensa en el futuro.
Pocos comics han causado mundialmente tanto revuelo como la ya universal Barbarella, de Jean Claude Forest. Y pocos comics modernos han desatado una ola tal de seguidores, hasta el punto de poder hablarse de una verdadera familia. Para los aficionados al cómic de entre nuestros lectores —que son muchos mas de lo que pueda parecer a simple vista—, he aquí pues un interesante estudio sobre esta larga descendencia, y sobre sus repercusiones en el mundo del cómic actual.
Si, en el cómic que tenemos entre manos, aparece una agradable fémina seduciendo a un robot y sirviéndose de su atractivo cuerpo como arma ofensivo defensiva, podemos asegurar, sin ningún temor a equivocarnos, que la protagonista de estas escenas no es, evidentemente, ninguna de las heroínas de la «Golden Age» del cómic. Ninguno de los grandes maestros se hubiera atrevido, en su época, a plantear una situación parecida, y si hubiera osado tampoco hubiera podido seguramente prosperar.

Fue preciso esperar a que de la vieja Europa (que en el mundo del cómic es paradójicamente la joven Europa) surgiera en los primeros años de la presente década el hombre y la obra que, sin cerrar el camino seguido hasta entonces, abriría una puerta sobre una nueva dimensión en el campo del cómic: Jean Claude Forest y su Barbarella.
Cuando la revista francesa V-Magazine lanzó, en sus publicaciones trimestrales, los ocho primeros capítulos que constituyeron la primera aventura de la explosiva heroína, hecha a imagen y semejanza de la vedette de moda del momento, B.B., seguramente no se dio perfecta cuenta de la conmoción que iba a ocasionar, aunque esto no quita ni un ápice de su gran mérito. Sin embargo, a pesar de que el primer capítulo vio la luz en 1962, fue en 1964 cuando el editor Eric Losfeld los recopiló y publicó en un lujoso álbum, que recibió el bautismo oficial.
Los acontecimientos se precipitaron, y el primero de ellos fue la actitud de los censores franceses frente a la tercera B. nacional. Desconcertados por su difícil catalogación, a la postre decretaron la prohibición de su exhibición y venta a los menores de 18 años: la «Bande Dessinée pour Adultes» estaba oficialmente lanzada. Se puede argüir, y con cierta razón, que aunque todos hayamos leído los grandes clásicos del cómic en nuestra infancia, éstos siempre han ido dirigidos en su país de origen a los adultos, adultos norteamericanos, pero adultos al fin y al cabo; esta circunstancia no hace, sin embargo, sino acentuar todavía más el completo cambio que significó la aparición de Barbarella.

La alegría de vivir, la desfachatez erótica de la heroína de Forest, representan un hecho totalmente nuevo y revolucionario para el que, hay que reconocerlo, había un publico consumidor preparado, pues de otro modo no puede explicarse el rápido éxito, un auténtico boom que ha traído consigo la creación de una escuela, la aparición de una legión de imitadores y la influencia, como nunca antes, sobre otras artes vivas.
Barbarella es, pues, un comienzo, y como tal su mérito no tiene medida; dejando aparte la calidad de su realización grafica, que ciertamente existe, su mayor mérito será siempre este hecho. Hecho o hechos, porque, en realidad, Barbarella ha influenciado en más de un aspecto a la producción posterior: En primer y destacado lugar, ha traído la elevación de la fémina al papel estelar en el reparto; segundo, la ruptura total, en cuanto a personalidad, con cualquier heroína anterior y, tercero, el matrimonio casi definitivo del cómic con la ciencia ficción.
Aunque la acción se desarrolla en otras galaxias y a velocidades superiores a la de la luz, Barbarella es mas un western intergaláctico que ciencia ficción pura. En realidad, como en casi todos los comics que a través de los años se han movido en estos mundos, el escenario impone una catalogación y marca una pauta que respetaran la gran mayoría de sus descendientes.
Las hijas de Barbarella nacieron, atropellándose unas a otras en el deseo de ver la luz —estelar, naturalmente— con la mayor rapidez: Scarlett Dream (sucesora de Barbarella en V-Magazine), Jodelle, Lone Sloane (el único vástago varón y el mas westerniano de todos), Saga de Xam y la más reciente, la heroína de nombre químico-orgánico: Epoxy. Todas apadrinadas por Eric Losfeld.

Especial atención merecen Jodelle, de Guy Peellaert, y Saga de Xam, de Nicolas Devil. Jodelle es un delirium tremens en estilo Pop, situado en una Roma Imperial con procónsules femeninos de gustos muy variados, luces de neón y pistolas desintegradotas. Y representa un punto y a aparte en concepción del personaje y en estilo de dibujo. Su guión es una sátira violentísima que no perdona nada ni a nadie. Peellaert estiliza todavía más su dibujo en su segunda heroína: Pravda la Survireuse, aparecida en la revista Hara-Kiri y a la que Losfeld, sin duda, le dedicará un próximo álbum. Y llega a alturas de perfección en sus trabajos para el admirable film de Alan Jessua Jeu de Massacre, que no debería dejar de ver ningún amante del cómic ya que es el verdadero protagonista. Sus dibujos no solamente resisten perfectamente la pantalla panorámica, sino que ésta y el technicolor le confieren un encanto tal que no es extraño que el protagonista se deje envolver por él y sienta deseos de emular Tueur de Neuchatel, título del cómic que Pellaert nos va desarrollando a lo largo del film.

(Nota Ausente: Peellaert, genial ilustrador pOp, ha fallecido justo cuando andaba preparando esta entrada. En Entrecomics y en Con C de Arte se han hecho eco y suministrado enlaces donde encontrarán más información y, sobre todo, toneladas de placer para sus ojos. Hace un tiempo me dio por mirar de comprarme Pravda, jamás editada por aquí: los precios eran astronómicos y Pravda no se ha reeditado desde 1968).

Saga de Xam, con sus psicodélicos dibujos, cambiantes de estilo según las distintas épocas que reflejan el peregrinaje de la heroína a través del espacio-tiempo terrestre, plasman a la perfección uno de los guiones más imaginativos en ciencia ficción pura de la serie editada por Losfeld. Puede decirse que, sin tener la originalidad pionera de Barbarella o la personalidad arrolladora de Jodelle, Saga es un punto culminante en cuanto a realización gráfica, que obligará aun más a buscar nuevos caminos a los que no pretendan limitarse a un trabajo de pura imitación, en una explotación del filón por otros descubierto. (nota ausente: los autores de Saga de Xam era el ilustrador Nicolas Devil y nada menos que el cineasta Jean Rollin en labores de guionista).

Scarlett Dream es también un original válido, con el único defecto de ser demasiado parecida a Barbarella en cuanto a concepción, lo que siempre constituirá un handicap poco menos que insalvable. (nota ausente: los autores eran Robert Gigi a los lápices y guiones de Claude Moliterni).
Junto a estas descendientes en línea directa de Barbarella, merecen especial atención las parientes pobres venidas de Italia, país donde aparecieron como hongos una serie de publicaciones de bajo precio, de calidad más que discutible en cuanto a realización gráfica, la cual viene suplida por una desenfrenada imaginación. Algo así como los hijos bastardos del noble feudal con alguna vasalla extraída de cualquier desheredado rincón de sus tierras, apetitosa y lista como el hambre.

Selene, Uranella, Gesebel, Alika, son ejemplos típicamente espaciales; Isabella y Mesalina, de época; Satanik (no confundir con el fotorromance francés del mismo titulo y traducción del original italiano Killing), La Jena, Zakimort, género de crímenes. Citamos las principales en nuestra opinión, pero no son las únicas, desde luego. Todas ellas tienen en común varias características: una mujer las protagoniza y, siendo mujer de acción, conjuga los verbos amar y matar en todos sus tiempos y personas. No hay situación limite en el plano sádico-erótico que no haya aparecido a lo largo de estas series. Aquí no hay trampa ni cartón; se trata de subproductos, de simple imitación del modelo original, particularidad que no se intenta disimular, sino todo lo contrario.
Selene fue la primera de la pandilla y la de vida más efímera, seguramente porque la fórmula todavía no estaba a punto y quiso hacerse con una cierta seriedad. En Uranella las concomitancias llegan incluso a la fonética del personaje y al parecido físico con el modelo, que parece obra del papel de copia; _de un papel de copia de baja calidad, claro. Sin embargo, se han pretendido introducir elementos nuevos y, bajo la denominación de fumetti dc fantamagia, aparecen hechiceros con poderes intergalácticos, brujas polifacéticas de muy buen ver y príncipes encantados viajando a la velocidad de la luz. Es la mas virginal de las hijas de Barbarella, y su rasgo diferencial, reminiscencia del pasado, es su empeño en defender su virtud, empresa en la que es ayudada, desde un segundo plano, por el bueno de Antar, su fiel «soupirant» sin esperanzas; con lo que, en el más tradicional de los nuevos «fumetti», encontramos graciosamente invertidos los clásicos términos.

Alika resume todo su mundo de promesas en el subtitulo de la serie: «Si Barbarella e l'infidele dello spazio, Alika he licenza d`amare». A partir del numero siete cambió el realizador gráfico y la orientación de la serie, inclinándose hacia una cierta sátira político-social de la actualidad, apareciendo personajes secundarios bajo los rasgos caricaturizados de conocidas figuras en las más extravagantes situaciones, casi siempre con una cierta gracia que hace perdonar la deficiencia del dibujo.

Gesebel, «la corsara dello spazio», es la cabecilla de un planeta gobernado por mujeres decidido a exportar su cultura, que a tenor de lo visto debe ser “cultura fisica”. La destrucción de su imperio la convierte en lo que indica el subtitulo. Lo que mas llama la atención en esta serie es el papel, indefectiblemente poco airoso, que desempeñan todos y cada uno de los personajes masculinos que a lo largo de ella aparecen. Seria curioso conocer a sus autores. (nota ausente: pues nada menos que Max Bunker como guionista y Magnus dibujando).

De todas las demás heroínas no espaciales, destaca con luz propia Isabella. En esta serie, el plano erótico alcanza unos limites jamás conseguidos hasta la fecha, ni siquiera en los célebres comic-books mejicanos de los años cincuenta. Sus escenas-shock son capaces dc sorprender a cualquiera, incluso al que se considera incapaz de ser sorprendido por nada. Sin duda el Divino Marqués no hubiera puesto ningún reparo en estampar su firma al pie de alguno de los episodios. Isabella es sin duda la reina sin corona de estos dominios.

Algunas de estas series (Isabella no) están traducidas al francés, dándose la paradoja de que el creador de los modelos importa las copias y viceversa. Los distintos planos, económico y de difusión, en que se mueven unos y otros, puede ser la explicación de ello.
Entre todas estas hijas de padres desconocidos, la mayoría lanzadas al mundo sin defensas naturales, algunas de las cuales no han llegado a la pubertad, y de su misma patria, surgió otro punto y aparte: Guido Crepax, lanzado por la revista italiana Linus (otro nombre pionero a retener). El estilo de Crepax, planificado poco menos que cinematográficamente, es personalísimo. Y el conjunto de sus historias está llevado a un ritmo trepidante, en el que cada viñeta es consecuencia de la anterior y motivo de la siguiente, en un todo armonioso puesto al servicio de una fantasía de la mejor ley. Su primer personaje famoso es Neutron, pero pronto la compañera de este, Valentina, le ha ido robando el estrellato y, en las ultimas series, aparece como personaje único, aunque alguna referencia en boca de Valentina permite suponer que no se ha descartado todavía al personaje. Una de sus ultimas aventuras. «La forza de gravité», es algo tan complejo e intrigante que el mismo autor reexplicó posteriormente la historia, consiguiendo el tour de force de contar la misma acción sin repetir una sola viñeta (¿mejor diríamos encuadre?).
No es solo Italia la que ha notado la influencia de Barbarella, aunque quizá, por razones de proximidad física y cultural, si es la que ha recorrido más rápidamente el sendero trazado por la pionera. En los países anglosajones han aparecido también, últimamente, una legión de heroínas influenciadas mas o menos directamente por este fenómeno latino, como Phoebe, que harían esta relación inacabable.
Sin embargo, no puede terminarse este trabajo sin destacar, dentro del fenómeno antes aludido, el hecho siguiente: incluso en aquellos casos en que la fémina no tiene la “prima voce”, su papal ha cambiado radicalmente. Se acabaron las novias eternas como Dale Arden, Narda, etc. Las compañeras actuales han pasado a colaborar en las actividades, para bien o para mal, generalmente para lo segundo, de su hombre: Eva Kant (Diabolik), Loona (Sadik), y otras, tienen un solo lazo común con las citadas anteriormente: su fidelidad a toda prueba al protagonista. Ahora bien, sus relaciones han invadido el plano erótico y no desdice de su feminidad el manejo da la metralleta, los puñales o las cargas de plástico, y si para salvar al amado hay que hacer el sacrificio de su propio cuerpo, se hace y a otra cosa. Podríamos decir que Eva Kant y Loona son una nueva versión de la antigua girlfriend, mientras que Barbarella y sus muchachas son, como se ha mencionado al principio, una nueva dimensión: un presente sin pretérito, pero con mucho futuro.
8.8.08
UN HÉROE PARA EL LUMPEN MEXICANO
Continúo recuperando artículos de las páginas verdes de los primeros números de Nueva Dimensión. Lo cierto es que me ha sorprendio (y alegrado) encontrar en el número 4 este extenso texto sobre Santo, el Enmascarado de Plata, a cargo de Luís Gasca. Tiene el encanto de estar escrito justo en plena edad de oro del luchador mexicano convertido en personaje pop, y está lleno de datos. Al final aporto algunas observaciones al respecto, ya que alguna cosa no es del todo correcta, conviene matizarla o sencillamente resaltarla.

A caballo entre el cómic y el cine, un héroe popular de ambiente netamente hispano está consiguiendo en varios países de habla castellana un éxito sin igual. En la fenomenología de los superhéroes modernos, tan ligados a la ciencia ficción, debemos tener en cuenta, aunque pueda no cuadrar con nuestros gustos, su presencia. Ahí está pues Santo, el Enmascarado de Plata.
El más popular héroe mejicano de los años sesenta, «Santo el enmascarado de plata», que desde hace cuatro años triunfa más allá de sus fronteras, en todos los países de habla hispana, ha precisado esperar hasta 1966 para iniciar su carrera en cines franceses especializados en films terroríficos o eróticos. Este curioso personaje, lleno de interés para el aficionado, es además muy acorde con la cultura de masas, popular en su patria, México.

En septiembre de 1960, la Editorial Mexicana de cómics de José G. Cruz inicia la publicación de un cuaderno semanal, publicado puntualmente cada martes, siempre con iguales características: formato comic-book, 32 páginas, portada a todo color e ilustraciones editadas en color sepia. Mezcla de comic y de foto-romance, las viñetas de Santo el enmascarado de plata están realizadas utilizando fotografías de los personajes principales, superpuestas sobre decorados. En principio, la técnica habitual en el foto-romance. Lo que le diferencia es la inclusión de personajes dibujados (seres celestiales, endriagos, monstruos, brujas), el diseño de onomatopeyas (herencia directa de las historietas norteamericanas) que cruzan zigzagueantes la fotografía, y el retoque en exceso cuidadoso de cada movimiento, reforzado por movimientos cinemáticos, rayos, gotas de sudor, estrellas, etc. Hasta la fecha se han editado 312 números de la revista, realizados habitualmente por Horacio Robles J. Los cuadernos se distribuyen en la mayoría de los países de Sudamérica, pero no en España, país este ultimo donde los superhéroes (Superman, Batman, Thor, Marvel Group, etc.) están prohibidos por la Dirección General de Prensa desde 1964.

«Santo el enmascarado de plata» entronca directamente con la tradición dibujada de «Superman». y así entra a formar parte del podio de los héroes míticos dotados de poderes sobrehumanos y en este sentido tiene, al igual que «Superman», nobles antepasados: el rey de Erech, conocido legendariamente por Gilgamesh en el círculo sumerio-babilónico-asirio; Horus, el hijo do Osiris y de lsis, en el círculo egipcio; Rama y Krishna, en el círculo hindú; el defensor del bien, Mitra, en el círculo iranio; Odín y Thor en las sagas del círculo germano-escandinavo; Fo-Hi en el círculo chino; los altijirangamitjina o tukutita (seres encarnados en los churinjas) en el circulo australiano; los diferentes dioses de cada isla en el círculo melanésico-polinésico (Tudava en la isla de Trobriand, Tangaroa en las Hawai); los dioses africanos; Herakles en el círculo griego; los superhéroes Celtas, desde Chuchulainn a Fion. Antecesores ilustres, pues, no le faltan al «Santo». Pero donde estos predecesores de su mítica figura cobran mayor valor es precisamente en su propia tierra. En la cultura de raíces mexicanas. Es en México, no lo olvidemos, donde Quetzalcoatl, deidad sanguinaria que precisa víctimas propiciatorias, fue antes héroe con atributos inmortales y caracteres de «deus-propitius» en sus luchas con la serpiente emplumada Tezcatlipoca. Por otro lado, sus historietas entroncan con otros ciclos literarios populares, con la imaginería de la Edad Media y su cultivo de lo monstruoso, y posteriormente con la aparición de las hadas y seres benéficos, que el «Santo» —hasta su nombre anuncia cierta condición— frecuenta junto con seres angélicos.

La aparición pues, dentro del panorama del cómic mexicano, de un héroe racialmente nacional, fue todo un acontecimiento en 1960. En un país de honda raíz popular, lleno de mitos, tradiciones, consejos, restos de brujería, que mezcla religión con ritos ancestrales y que, además, según los estudios etnológicos del investigador Oscar Lewis, lee en sus estratos populares los "cuadernos de muñequitos" (es decir, los comic-books) con pasión y en grandes cantidades, la aparición de un héroe propio, que se mueve en ambientes aztecas, fue toda una revolución. Debemos recordar que no es tampoco el único héroe del cómic mexicano llevado luego a la pantalla, ya que antes se publicaron las aventuras de «Cruz Diablo», el espadachín enmascarado, y su fiel amigo Fabián, creación del dibujante mexicano Domingo López, y posteriormente las de «Chanoc», «Neutrón el enmascarado negro» y «Alma Grande»-, qua todavía se editan en forma de comics.

Inspirado en un auténtico campeón de lucha libre, que puso de moda el salir a la lona enmascarado con un antifaz, «Santo» lleva siempre ocultas sus facciones por una mascara de plata, anudada en la nuca, con falsas orejas pegadas al cráneo, diminutos aguieros para permitirle oír y otros orificios para los ojos, nariz y boca. Su vestido se compone de un pantalón de malla plateado, con rodilleras y botas altas del mismo color. Se completa por una capa, negra en ocasiones, plateada otras. No lleva ningún emblema simbólico, es de estatura mediana y algo adiposo. Habla en correcto mexicano y en ningún momento da la sensación de ser un héroe norteamericano, sino al contrario, es un “peladito” azteca bien alimentado, un Cantinflas que ha hecho gimnasia.
Determinadas características le diferencian de los superhéroes USA. En ocasiones tiene poderes extra-humanos, otras debe recurrir a artificios de ciencia ficción o a la colaboración —en el cómic— de magos y nigromantes amigos suyos. Parece como si, falto de Kryptonita o elemento similar, en determinadas aventuras se viese obligado a actuar como el resto de los mortales. Trabaja en un laboratorio muy sencillo, casi ascético, oculto en su mansión, con aparatos elementales, estando siempre en estrecho contacto con la policía, a la que ayuda incondicionalmente. En esta relación policía-héroe, insólita en un país donde es tradicional el tomarse la justicia por su mano, el «Santo» es una excepción.

Posee un coche, un modelo descapotable plateado, conectado por radio con su laboratorio y con el jefe de policía. No se le conoce un gran amor, aunque en tiempos ha tenido alguna novia; es un héroe por otro lado sin desdoblamiento de personalidad, de quien puede suponerse que duerme con la mascara puesta y que solo vive para defender al débil (ayudando así a la labor policial) y para combatir en el catch, ganando así su vida.
En las paginas del cómic, al contrario de lo que sucede en los films, sus aventuras, ambientadas en México, entroncan directamente con la literatura mágica del siglo XlX, tan rica en leyendas en el folklore azteca. Su enemiga es la bruja Rapra, que habita en las entrañas del Pococatepelt, a la que combate sañudamente, gracias a la colaboración del ocultista o profesor en ciencias ocultas Maggi, un ser bajo, barbudo, con gafas, dotado de poderes nigrománticos y cabalísticos, quien en los momentos de apuro invoca la ayuda de un caballero medieval, exacto a la imagen del «caballero de Ajax» de este producto de limpieza americano. En estos episodios de sus comic-books «Santo» debe luchar con dragones, brujas, diablos infernales, coreado y alentado por seráficos grupos de ángeles.

Al pasar al cine, el «Santo» ha perdido esta ambientación mágica para convertirse en un personaje de ciencia-ficción mas cercano al patrón americano. Hasta la fecha se han rodado 14 films de sus aventuras, algunos de ellos distribuidos en episodios, fórmula comercial muy habitual en los cines de México. Sus dos primeras películas fueron las de mayor nivel artístico. Todas ellas son obras realizadas con escasos medios económicos, producciones de muy bajo coste destinadas a ser distribuidas en cines de barrio, para su público popular. Los realizadores de la serie filmica han sido Benito Alazraki (un film), Alonso Corona Blake (dos films), Federico Curiel (tres films), René Cardona (dos films), Alfred B. Crevenna (dos films), José Díaz Morales (tres films) y Fernando Méndez (un film), casi todos ellos especializados últimamente en el filón del cine fantástico.

Benito Alazraki, seudónimo de Carlo J. Arconti, es realizador de gran categoría artística, autor de obras famosas del cine mexicano como Raíces y Toro negro. Rodó la primera película de la serie, aunque en uno de los menguados catálogos de producción mexicana figura en el mismo año otro film de Películas Rodríguez titulado El enmascarado de plata, del que se desconocen otros datos. El film de Alazraki es Santo contra los zombies (1961), según argumento de Antonio Orellana y Fernando Osés, autores de la mayor parte de la serie, aunque también han intervenido posteriormente escritores como Rafael García Travesi, Fernando Galiana y Julio Porter. En su primera aventura fílmica, «Santo» debe enfrentarse con un equipo de zombies, cadáveres de delincuentes tristemente célebres en su época, que han vuelto a la vida en el laboratorio de un paralítico criminal, hermano del desaparecido profesor Sandoval. Dentro de este film se hallan ya todos los ingredientes del género, sabios científicos locos, laboratorios misteriosos, escenas de lucha libre y, lo qua es más importante, un entronque definitivo con el cine terrorífico americano, es decir, enfrentamiento del héroe mexicano con seres terroríficos, en este caso los zombies, y con vampiros, hombres-lobo, el monstruo de Frankenstein, etc. Podríamos decir que «Santo» visita, e cada película, el set de un film de terror diferente, hasta agotar la cantera.
Alfonso Corona Blake es también un director muy interesante. Además de realizar una antológica nudie azteca, Sed de amor, con Silvana Pampanini, ha rodado dos de las mas logradas películas sobro el «Santo». Santo Vs. las mujeres vampiro (1962) es un film cuajado de hallazgos estéticos, dentro claro está de unas coordenadas pop de la cultura azteca.

Un lúgubre castillo guarda en sus sótanos los féretros de varias mujeres vampiro momificadas. Una noche un rayo de luna incide sobre el cadáver de la gran sacerdotisa Tundra. Una vez resucitada, ésta vuelve a su ser a las mujeres vampiro y a un grupo de zombies especializados en la lucha libre. Una muchacha llamada Nora va a cumplir 21 años, y ellas saben que desciende de una presunta reina vampirica, por lo que deciden iniciarla en sus ritos como preparación de su ascensión al trono. Su padre, un famoso egiptólogo, pide ayuda al «Santo». En este momento nos enteramos de otro atributo del héroe, la inmortalidad. ya que el «Santo» ha salvado siglos atrás a la antepasada de Nora del poder de los vampiros. El héroe debe luchar en el ring contra uno de los zombies y acaba destruyendo su oculto cubil en el castillo.

Una ambientación simple y excelente, directamente salida de los comics sádicos (mallas negras de los zombies, potros de tortura, argollas, cálices) y de la revista musical de los teatros mexicanos (las mujeres vampiro. vestidas con túnicas helénicas, parecen evolucionar en las escalinatas o la pasarela de una comedia teatral) hacen del film una obra subyugante.
Federico Curiel no solo ha rodado tres films sobre el «Santo» sino que es el autor del serial Neutrón contra el Dr. Caronte (El testamento del Dr. Caronte y Frente a frente) y del serial interpretado por dos muchachas enmascaradas, (Aventuras de las hermanas XLa mancha de sangre y La venganza del destino). Con «Santo» ha realizado hasta la fecha Santo contra el cerebro infernal (1961), El rey del crimen (1961) y El Hotel de la muerte (1961).

En El rey del crimen, los argumentistas Orellana y Oseé inventan una variante del mito de «Santo», con antecedentes literarios y uno muy cercano en el cómic, el creado por Lee Falk en “The Phantom”: el héroe es mortal, aunque todos lo crean inmortal. La obligación de ayudar al débil se transmite a los primogénitos de una determinada rama familiar. Esta variante del mito no coincide con la inmortalidad patente en otros films de la serie. Además, en este film se introduce un nuevo cambio: el «Santo» ha conocido y amado, en el pasado, a una mujer llamada Esperanza.

El hotel de la muerte aporta también nuevos eslabones al mito. Esta vez, en las cercanías de un hotel enclavado en una zona arqueológica de la ciudad de México, aparecen sucesivamente cadáveres de bellas muchachas asesinadas. El «Santo» y sus amigos, el investigador Fernando, su novia, la periodista Virginia, su ayudante y otros, caen en la trampa tendida por el arqueólogo profesor Correa. En una determinada secuencia el profesor arranca al «Santo» su máscara. Y. como ocurre en los foto-romance de «Killing», conocido por «Satanik» en Francia, el rostro que aparece a la vista de todos no es el del «Santo» sino el de Fernando, ya que el héroe ha conseguido huir una vez mas.

René Cardona, que siguió adelante con la serie fílmica, ha dirigido también otras películas fantásticas, entre ellas Pulgarcito y El asesino invisible. Santo Vs. el estrangulador de mujeres (1963) es de nuevo un film de episodios, aunque, como los otros, ha sido distribuido en España como un largometraje. Se trata de una variante de El fantasma de la Opera, y de nuevo «Santo» alterna sus luchas de match con el ambiente de un teatro frívolo, habitual en casi todas las películas de la larga serie. El film resulta, en conjunto, escasamente original. A fines de 1966, Cardona ha realizado en colaboración con su hijo un nuevo film de «Santo», con el titulo bondiano de Operación 67, aún no estrenado en España.

José Díaz Morales es español, de Toledo, aunque hace años que ejerce su profesión de director en la capital azteca. Además de El Hacha Diabólica (1964), en la que une de nuevo a «Santo» con la bellísima Lorena Velázquez —especialista junto con Elizabeth Campbell en films fantásticos— y en la que trabaja como actor el guionista Fernando Osés, Díaz Morales ha realizado también otro film destacable: El Santo Vs. el Barón Brakola (1965).

Fuera de México se ha estrenado también otra curiosa película de la serie, El ladrón de cadáveres (ver mi nota al final). Su director es el acreditado Fernando Méndez, autor de El vampiro, El ataúd del Vampiro y El grito de la muerte. Con El ladrón de cadáveres Méndez consigue un nuevo éxito, digno de ser destacados el ambiente de cementerios, laboratorios, etcétera, está muy logrado y el argumento renueva un filón que parecía agotado. Posteriormente, los films del «Santo» han conocido una transformación radical de argumentos y ambientación en manos de Crevenna.

Alfred B. Crevenna no es un director mexicano, como se cree habitualmente, sino alemán. Químico y antiguo empleado de la UFA, huyó a México por motivos políticos, realizando allá una larga serie de películas, entre ellas La rebelión de los colgados, Yambao (obra muy interesente), El hombre que logró ser invisible y Rostro infernal, por lo que no es un novato en la realización de cine fantástico, ha rodado en 1966, el gran año de «Santo», dos film muy diversos. Uno Santo contra los villanos del ring (1966), y el otro Santo contra la invasión de los marcianos (1966), en el que enfrenta al héroe con seres extraterrestres. Estas son las dos últimas películas realizadas hasta la facha sobre el más popular héroe de la fértil mitología mexicana.

ANOTACIONES AUSENTES Y AL MARGEN
1. Me parece un tanto exagerada toda la remisión inicial a los grandes héroes de la historia, más propia de Superman. En especial porque una de las grandes características de Santo, y sus compañeros de profesión, es que realmente era un profesional de la lucha libre. Esa voluntad de difuminar vida privada, vida profesional y fantasía pulp hace muy especial al personaje.

2. La lógica falta de documentación hace que el artículo contenga algunos errores. El Emascarado de Plata, filme de 1952 al que se cita de pasada, no pertenece realmente a la saga y el protagonista era un luchador apodado El Médico Asesino. Del mismo modo, no es Santo contra los Zombis (1961) el primer título sino, según mis datos, el tercero. Con anterioridad, 1958, se rodaron dos filmes que tenían la particularidad de ser coproducciones con Cuba: Santo contra el Cerebro del Mal y Santo contra los hombres infernales. No hay que confundir la primera de ellas con Santo contra el cerebro diabólico (de 1961 y que Gasca cita como Santo contra el cerebro infernal). De hecho, en el periodo que abarca el texto (de la primera película hasta 1966), genuina edad de oro del personaje, se rodaron algunos títulos más que no se citan (seguramente porque no llegaron a Europa), como Santo en el museo de cera (Corona Blake, 1963), Atacan las brujas (Díaz Morales, 1964), Profanadores de Tumbas (Díaz Morales, 1965) o Santo contra el espectro del Estrangulador (René Cardona, 1965), sin contar cameos como el de Blue Demon contra el poder satánico (1964). En la wikipedia hay una buena filmografía y este estudio es cojonudo.
3. La idea de una perspectiva cronológica, filme a filme, e incluso buscando trazos de continuidad, me parece muy interesante. Ojalá tuviera tiempopara dedicarme a ella. Dado que Gasca opta por bloques según realizadores, he añadido a cada título el año de realización.
4. Ladrón de cadáveres (1956), la película de Fernando Méndez citada como parte de la saga, no lo es realmente, aunque sí tenía un luchador: Wolf Ruvinskis, el futuro Neutrón. De hecho, este título puede considerarse fundacional al respecto. También hubo otros enmascarados cinematográficamente anteriores: en la trilogía de La Momia Azteca aparecía uno, por ejemplo.

4. Es una pena que no halla en la red más fotonovelas (foto-romances en el texto) escaneadas. La conversión de luchador real a héroe popular se produjo en ellas, pero es que además me parecen encantadoras. Fotos que se recortan en busca del efecto especial, onomatopeyas, lenguaje narrativo del todo comiquero (nada que ver con las mayormente estáticas fotonovelas hispanas de amor). En este enlace pueden descargarse algunas de ellas, esta monografía es estupenda y aquí enlacé alguna cosilla más. De ambas he tomado fotos. Por cierto, la relación entre Santo y el editor Fernando G. Cruz acabó mal, y el luchador fue sustituido en las fotonovelas por otro actor, Hector Pliego. Hay un matiz que los distingue: la máscara de éste último lleva una "S".

A caballo entre el cómic y el cine, un héroe popular de ambiente netamente hispano está consiguiendo en varios países de habla castellana un éxito sin igual. En la fenomenología de los superhéroes modernos, tan ligados a la ciencia ficción, debemos tener en cuenta, aunque pueda no cuadrar con nuestros gustos, su presencia. Ahí está pues Santo, el Enmascarado de Plata.
El más popular héroe mejicano de los años sesenta, «Santo el enmascarado de plata», que desde hace cuatro años triunfa más allá de sus fronteras, en todos los países de habla hispana, ha precisado esperar hasta 1966 para iniciar su carrera en cines franceses especializados en films terroríficos o eróticos. Este curioso personaje, lleno de interés para el aficionado, es además muy acorde con la cultura de masas, popular en su patria, México.

En septiembre de 1960, la Editorial Mexicana de cómics de José G. Cruz inicia la publicación de un cuaderno semanal, publicado puntualmente cada martes, siempre con iguales características: formato comic-book, 32 páginas, portada a todo color e ilustraciones editadas en color sepia. Mezcla de comic y de foto-romance, las viñetas de Santo el enmascarado de plata están realizadas utilizando fotografías de los personajes principales, superpuestas sobre decorados. En principio, la técnica habitual en el foto-romance. Lo que le diferencia es la inclusión de personajes dibujados (seres celestiales, endriagos, monstruos, brujas), el diseño de onomatopeyas (herencia directa de las historietas norteamericanas) que cruzan zigzagueantes la fotografía, y el retoque en exceso cuidadoso de cada movimiento, reforzado por movimientos cinemáticos, rayos, gotas de sudor, estrellas, etc. Hasta la fecha se han editado 312 números de la revista, realizados habitualmente por Horacio Robles J. Los cuadernos se distribuyen en la mayoría de los países de Sudamérica, pero no en España, país este ultimo donde los superhéroes (Superman, Batman, Thor, Marvel Group, etc.) están prohibidos por la Dirección General de Prensa desde 1964.

«Santo el enmascarado de plata» entronca directamente con la tradición dibujada de «Superman». y así entra a formar parte del podio de los héroes míticos dotados de poderes sobrehumanos y en este sentido tiene, al igual que «Superman», nobles antepasados: el rey de Erech, conocido legendariamente por Gilgamesh en el círculo sumerio-babilónico-asirio; Horus, el hijo do Osiris y de lsis, en el círculo egipcio; Rama y Krishna, en el círculo hindú; el defensor del bien, Mitra, en el círculo iranio; Odín y Thor en las sagas del círculo germano-escandinavo; Fo-Hi en el círculo chino; los altijirangamitjina o tukutita (seres encarnados en los churinjas) en el circulo australiano; los diferentes dioses de cada isla en el círculo melanésico-polinésico (Tudava en la isla de Trobriand, Tangaroa en las Hawai); los dioses africanos; Herakles en el círculo griego; los superhéroes Celtas, desde Chuchulainn a Fion. Antecesores ilustres, pues, no le faltan al «Santo». Pero donde estos predecesores de su mítica figura cobran mayor valor es precisamente en su propia tierra. En la cultura de raíces mexicanas. Es en México, no lo olvidemos, donde Quetzalcoatl, deidad sanguinaria que precisa víctimas propiciatorias, fue antes héroe con atributos inmortales y caracteres de «deus-propitius» en sus luchas con la serpiente emplumada Tezcatlipoca. Por otro lado, sus historietas entroncan con otros ciclos literarios populares, con la imaginería de la Edad Media y su cultivo de lo monstruoso, y posteriormente con la aparición de las hadas y seres benéficos, que el «Santo» —hasta su nombre anuncia cierta condición— frecuenta junto con seres angélicos.

La aparición pues, dentro del panorama del cómic mexicano, de un héroe racialmente nacional, fue todo un acontecimiento en 1960. En un país de honda raíz popular, lleno de mitos, tradiciones, consejos, restos de brujería, que mezcla religión con ritos ancestrales y que, además, según los estudios etnológicos del investigador Oscar Lewis, lee en sus estratos populares los "cuadernos de muñequitos" (es decir, los comic-books) con pasión y en grandes cantidades, la aparición de un héroe propio, que se mueve en ambientes aztecas, fue toda una revolución. Debemos recordar que no es tampoco el único héroe del cómic mexicano llevado luego a la pantalla, ya que antes se publicaron las aventuras de «Cruz Diablo», el espadachín enmascarado, y su fiel amigo Fabián, creación del dibujante mexicano Domingo López, y posteriormente las de «Chanoc», «Neutrón el enmascarado negro» y «Alma Grande»-, qua todavía se editan en forma de comics.

Inspirado en un auténtico campeón de lucha libre, que puso de moda el salir a la lona enmascarado con un antifaz, «Santo» lleva siempre ocultas sus facciones por una mascara de plata, anudada en la nuca, con falsas orejas pegadas al cráneo, diminutos aguieros para permitirle oír y otros orificios para los ojos, nariz y boca. Su vestido se compone de un pantalón de malla plateado, con rodilleras y botas altas del mismo color. Se completa por una capa, negra en ocasiones, plateada otras. No lleva ningún emblema simbólico, es de estatura mediana y algo adiposo. Habla en correcto mexicano y en ningún momento da la sensación de ser un héroe norteamericano, sino al contrario, es un “peladito” azteca bien alimentado, un Cantinflas que ha hecho gimnasia.
Determinadas características le diferencian de los superhéroes USA. En ocasiones tiene poderes extra-humanos, otras debe recurrir a artificios de ciencia ficción o a la colaboración —en el cómic— de magos y nigromantes amigos suyos. Parece como si, falto de Kryptonita o elemento similar, en determinadas aventuras se viese obligado a actuar como el resto de los mortales. Trabaja en un laboratorio muy sencillo, casi ascético, oculto en su mansión, con aparatos elementales, estando siempre en estrecho contacto con la policía, a la que ayuda incondicionalmente. En esta relación policía-héroe, insólita en un país donde es tradicional el tomarse la justicia por su mano, el «Santo» es una excepción.

Posee un coche, un modelo descapotable plateado, conectado por radio con su laboratorio y con el jefe de policía. No se le conoce un gran amor, aunque en tiempos ha tenido alguna novia; es un héroe por otro lado sin desdoblamiento de personalidad, de quien puede suponerse que duerme con la mascara puesta y que solo vive para defender al débil (ayudando así a la labor policial) y para combatir en el catch, ganando así su vida.
En las paginas del cómic, al contrario de lo que sucede en los films, sus aventuras, ambientadas en México, entroncan directamente con la literatura mágica del siglo XlX, tan rica en leyendas en el folklore azteca. Su enemiga es la bruja Rapra, que habita en las entrañas del Pococatepelt, a la que combate sañudamente, gracias a la colaboración del ocultista o profesor en ciencias ocultas Maggi, un ser bajo, barbudo, con gafas, dotado de poderes nigrománticos y cabalísticos, quien en los momentos de apuro invoca la ayuda de un caballero medieval, exacto a la imagen del «caballero de Ajax» de este producto de limpieza americano. En estos episodios de sus comic-books «Santo» debe luchar con dragones, brujas, diablos infernales, coreado y alentado por seráficos grupos de ángeles.

Al pasar al cine, el «Santo» ha perdido esta ambientación mágica para convertirse en un personaje de ciencia-ficción mas cercano al patrón americano. Hasta la fecha se han rodado 14 films de sus aventuras, algunos de ellos distribuidos en episodios, fórmula comercial muy habitual en los cines de México. Sus dos primeras películas fueron las de mayor nivel artístico. Todas ellas son obras realizadas con escasos medios económicos, producciones de muy bajo coste destinadas a ser distribuidas en cines de barrio, para su público popular. Los realizadores de la serie filmica han sido Benito Alazraki (un film), Alonso Corona Blake (dos films), Federico Curiel (tres films), René Cardona (dos films), Alfred B. Crevenna (dos films), José Díaz Morales (tres films) y Fernando Méndez (un film), casi todos ellos especializados últimamente en el filón del cine fantástico.

Benito Alazraki, seudónimo de Carlo J. Arconti, es realizador de gran categoría artística, autor de obras famosas del cine mexicano como Raíces y Toro negro. Rodó la primera película de la serie, aunque en uno de los menguados catálogos de producción mexicana figura en el mismo año otro film de Películas Rodríguez titulado El enmascarado de plata, del que se desconocen otros datos. El film de Alazraki es Santo contra los zombies (1961), según argumento de Antonio Orellana y Fernando Osés, autores de la mayor parte de la serie, aunque también han intervenido posteriormente escritores como Rafael García Travesi, Fernando Galiana y Julio Porter. En su primera aventura fílmica, «Santo» debe enfrentarse con un equipo de zombies, cadáveres de delincuentes tristemente célebres en su época, que han vuelto a la vida en el laboratorio de un paralítico criminal, hermano del desaparecido profesor Sandoval. Dentro de este film se hallan ya todos los ingredientes del género, sabios científicos locos, laboratorios misteriosos, escenas de lucha libre y, lo qua es más importante, un entronque definitivo con el cine terrorífico americano, es decir, enfrentamiento del héroe mexicano con seres terroríficos, en este caso los zombies, y con vampiros, hombres-lobo, el monstruo de Frankenstein, etc. Podríamos decir que «Santo» visita, e cada película, el set de un film de terror diferente, hasta agotar la cantera.
Alfonso Corona Blake es también un director muy interesante. Además de realizar una antológica nudie azteca, Sed de amor, con Silvana Pampanini, ha rodado dos de las mas logradas películas sobro el «Santo». Santo Vs. las mujeres vampiro (1962) es un film cuajado de hallazgos estéticos, dentro claro está de unas coordenadas pop de la cultura azteca.

Un lúgubre castillo guarda en sus sótanos los féretros de varias mujeres vampiro momificadas. Una noche un rayo de luna incide sobre el cadáver de la gran sacerdotisa Tundra. Una vez resucitada, ésta vuelve a su ser a las mujeres vampiro y a un grupo de zombies especializados en la lucha libre. Una muchacha llamada Nora va a cumplir 21 años, y ellas saben que desciende de una presunta reina vampirica, por lo que deciden iniciarla en sus ritos como preparación de su ascensión al trono. Su padre, un famoso egiptólogo, pide ayuda al «Santo». En este momento nos enteramos de otro atributo del héroe, la inmortalidad. ya que el «Santo» ha salvado siglos atrás a la antepasada de Nora del poder de los vampiros. El héroe debe luchar en el ring contra uno de los zombies y acaba destruyendo su oculto cubil en el castillo.

Una ambientación simple y excelente, directamente salida de los comics sádicos (mallas negras de los zombies, potros de tortura, argollas, cálices) y de la revista musical de los teatros mexicanos (las mujeres vampiro. vestidas con túnicas helénicas, parecen evolucionar en las escalinatas o la pasarela de una comedia teatral) hacen del film una obra subyugante.
Federico Curiel no solo ha rodado tres films sobre el «Santo» sino que es el autor del serial Neutrón contra el Dr. Caronte (El testamento del Dr. Caronte y Frente a frente) y del serial interpretado por dos muchachas enmascaradas, (Aventuras de las hermanas XLa mancha de sangre y La venganza del destino). Con «Santo» ha realizado hasta la fecha Santo contra el cerebro infernal (1961), El rey del crimen (1961) y El Hotel de la muerte (1961).

En El rey del crimen, los argumentistas Orellana y Oseé inventan una variante del mito de «Santo», con antecedentes literarios y uno muy cercano en el cómic, el creado por Lee Falk en “The Phantom”: el héroe es mortal, aunque todos lo crean inmortal. La obligación de ayudar al débil se transmite a los primogénitos de una determinada rama familiar. Esta variante del mito no coincide con la inmortalidad patente en otros films de la serie. Además, en este film se introduce un nuevo cambio: el «Santo» ha conocido y amado, en el pasado, a una mujer llamada Esperanza.

El hotel de la muerte aporta también nuevos eslabones al mito. Esta vez, en las cercanías de un hotel enclavado en una zona arqueológica de la ciudad de México, aparecen sucesivamente cadáveres de bellas muchachas asesinadas. El «Santo» y sus amigos, el investigador Fernando, su novia, la periodista Virginia, su ayudante y otros, caen en la trampa tendida por el arqueólogo profesor Correa. En una determinada secuencia el profesor arranca al «Santo» su máscara. Y. como ocurre en los foto-romance de «Killing», conocido por «Satanik» en Francia, el rostro que aparece a la vista de todos no es el del «Santo» sino el de Fernando, ya que el héroe ha conseguido huir una vez mas.

René Cardona, que siguió adelante con la serie fílmica, ha dirigido también otras películas fantásticas, entre ellas Pulgarcito y El asesino invisible. Santo Vs. el estrangulador de mujeres (1963) es de nuevo un film de episodios, aunque, como los otros, ha sido distribuido en España como un largometraje. Se trata de una variante de El fantasma de la Opera, y de nuevo «Santo» alterna sus luchas de match con el ambiente de un teatro frívolo, habitual en casi todas las películas de la larga serie. El film resulta, en conjunto, escasamente original. A fines de 1966, Cardona ha realizado en colaboración con su hijo un nuevo film de «Santo», con el titulo bondiano de Operación 67, aún no estrenado en España.

José Díaz Morales es español, de Toledo, aunque hace años que ejerce su profesión de director en la capital azteca. Además de El Hacha Diabólica (1964), en la que une de nuevo a «Santo» con la bellísima Lorena Velázquez —especialista junto con Elizabeth Campbell en films fantásticos— y en la que trabaja como actor el guionista Fernando Osés, Díaz Morales ha realizado también otro film destacable: El Santo Vs. el Barón Brakola (1965).

Fuera de México se ha estrenado también otra curiosa película de la serie, El ladrón de cadáveres (ver mi nota al final). Su director es el acreditado Fernando Méndez, autor de El vampiro, El ataúd del Vampiro y El grito de la muerte. Con El ladrón de cadáveres Méndez consigue un nuevo éxito, digno de ser destacados el ambiente de cementerios, laboratorios, etcétera, está muy logrado y el argumento renueva un filón que parecía agotado. Posteriormente, los films del «Santo» han conocido una transformación radical de argumentos y ambientación en manos de Crevenna.

Alfred B. Crevenna no es un director mexicano, como se cree habitualmente, sino alemán. Químico y antiguo empleado de la UFA, huyó a México por motivos políticos, realizando allá una larga serie de películas, entre ellas La rebelión de los colgados, Yambao (obra muy interesente), El hombre que logró ser invisible y Rostro infernal, por lo que no es un novato en la realización de cine fantástico, ha rodado en 1966, el gran año de «Santo», dos film muy diversos. Uno Santo contra los villanos del ring (1966), y el otro Santo contra la invasión de los marcianos (1966), en el que enfrenta al héroe con seres extraterrestres. Estas son las dos últimas películas realizadas hasta la facha sobre el más popular héroe de la fértil mitología mexicana.

ANOTACIONES AUSENTES Y AL MARGEN
1. Me parece un tanto exagerada toda la remisión inicial a los grandes héroes de la historia, más propia de Superman. En especial porque una de las grandes características de Santo, y sus compañeros de profesión, es que realmente era un profesional de la lucha libre. Esa voluntad de difuminar vida privada, vida profesional y fantasía pulp hace muy especial al personaje.

2. La lógica falta de documentación hace que el artículo contenga algunos errores. El Emascarado de Plata, filme de 1952 al que se cita de pasada, no pertenece realmente a la saga y el protagonista era un luchador apodado El Médico Asesino. Del mismo modo, no es Santo contra los Zombis (1961) el primer título sino, según mis datos, el tercero. Con anterioridad, 1958, se rodaron dos filmes que tenían la particularidad de ser coproducciones con Cuba: Santo contra el Cerebro del Mal y Santo contra los hombres infernales. No hay que confundir la primera de ellas con Santo contra el cerebro diabólico (de 1961 y que Gasca cita como Santo contra el cerebro infernal). De hecho, en el periodo que abarca el texto (de la primera película hasta 1966), genuina edad de oro del personaje, se rodaron algunos títulos más que no se citan (seguramente porque no llegaron a Europa), como Santo en el museo de cera (Corona Blake, 1963), Atacan las brujas (Díaz Morales, 1964), Profanadores de Tumbas (Díaz Morales, 1965) o Santo contra el espectro del Estrangulador (René Cardona, 1965), sin contar cameos como el de Blue Demon contra el poder satánico (1964). En la wikipedia hay una buena filmografía y este estudio es cojonudo.
3. La idea de una perspectiva cronológica, filme a filme, e incluso buscando trazos de continuidad, me parece muy interesante. Ojalá tuviera tiempopara dedicarme a ella. Dado que Gasca opta por bloques según realizadores, he añadido a cada título el año de realización.
4. Ladrón de cadáveres (1956), la película de Fernando Méndez citada como parte de la saga, no lo es realmente, aunque sí tenía un luchador: Wolf Ruvinskis, el futuro Neutrón. De hecho, este título puede considerarse fundacional al respecto. También hubo otros enmascarados cinematográficamente anteriores: en la trilogía de La Momia Azteca aparecía uno, por ejemplo.

4. Es una pena que no halla en la red más fotonovelas (foto-romances en el texto) escaneadas. La conversión de luchador real a héroe popular se produjo en ellas, pero es que además me parecen encantadoras. Fotos que se recortan en busca del efecto especial, onomatopeyas, lenguaje narrativo del todo comiquero (nada que ver con las mayormente estáticas fotonovelas hispanas de amor). En este enlace pueden descargarse algunas de ellas, esta monografía es estupenda y aquí enlacé alguna cosilla más. De ambas he tomado fotos. Por cierto, la relación entre Santo y el editor Fernando G. Cruz acabó mal, y el luchador fue sustituido en las fotonovelas por otro actor, Hector Pliego. Hay un matiz que los distingue: la máscara de éste último lleva una "S".
8.7.08
1990: EL UNIVERSO EN GUERRA
Continúo recuperando textos de los primeros números de Nueva Dimensión. En esta ocasión: Un cómic de otros tiempos: El Universo en Guerra, escrito por Alfons Figueras para el número cuatro y dedicado a un tebeo español realizado por Jaime Tomás en la década de los 30. Un texto muy interesante que me descubre algunos de los tesoros de nuestra cultura pop fantacientífica. Joan Navarro subió algunas páginas en su blog, y de ahí he sacado las imágenes que ilustran esta entrada. Les dejo con la sabiduría pulp de Alfons Figueras.

Cuando a principios de los años treinta llega a España la primera gran oleada de historietas fantásticas con dibujos de gran calidad, de procedencia americana, todo el hasta entonces tranquilo mundo en el que vegetaban apaciblemente nuestros dibujantes y los poquísimos guionistas de la época se conmovió hasta los cimientos.
El impacto, producido principalmente por los dibujos de Alex Raymond, desató una especie de maratón de imitaciones. Puede decirse que fueron muy pocos los dibujantes jóvenes que escaparon a la fascinación ejercida por la técnica desplegada por el artista americano, visto que algunos le imitaron sin más, mientras otros intentaban asimilar sus hallazgos y descubrimientos dentro del oficio, aplicándolos a su propio estilo.
Buck Rogers, Brick Bradford y Flash Gordon irrumpen en las páginas de las revistas editadas por la ya desaparecida Hispano Americana de Ediciones casi al mismo tiempo, causando un gran revuelo entre profesionales y aficionados, amantes de un género casi tan solo presentido en estas latitudes, hambrientos siempre de rayos fantásticos con los que alumbrar y alimentar la imaginación.
Las incursiones de los dibujantes españoles en los temas de ciencia ficción habían sido casi inexistentes en aquellos tiempos, salvo contadas excepciones como Xaudaró, que publico una historieta interplanetaria a principios de siglo en el semanario Gente Menuda, o como Juan G. Junceda que crea Urania, un viatje interplanetari (Urania, un viaje interplanetario) editada en catalán por Baguña en 1925 0 Un viatje a la Lluna (Un viaje a la Luna) con guión de Joaquim Fecit y dibujada por Miret, que apareció en 1928 en el semanario Virolet, y otro Viaje ilustrado por Serra Masana en las páginas centrales del TB0 hacia 1930. Aparte de esto poca cosa más.
Al entrar en escena los fabulosos héroes americanos, las numerosas publicaciones de Editorial Marco iniciaron una tremenda ofensiva y, capitaneados por el escritor y guionista J. Canellas Casals, los dibujantes Darnís y Farells (Kif) empezaron a producir historietas fantásticas, mas o menos interplanetarias, en cantidades industriales.

Jack, el dominador del Universo; Nick Pecho de Hierro; En los dominios de los Buitres Infernales; El Cielo Envenenado; La Guerra Futura. Tales eran algunos de los sugestivos títulos fruto de la tremenda inventiva de Canellas. La imaginación de este escritor llegaba al delirio más desenfrenado y sus argumentos, cada vez mas alambicados, estallaban en un frenesí descomunal, apasionado, barroco y extrañamente romántico, ya que sus héroes intergalácticos se expresaban en la misma forma y gritaban las mismas interjecciones que Athos, Portos y Aramis.
En medio de este torbellino de innovaciones, había alguna publicación que contemplaba los acontecimientos con más calma. Este es el caso del semanario Pocholo, una verdadera institución del buen hacer, presentado con pulcritud y esmero por la Editorial Vives, que logró para su revista un tiraje de excepción, como también eran de excepción los redactores y dibujantes, colaboradores habituales de la misma, jóvenes y entusiastas, verdaderos astros de la historieta en aquel tiempo.

Jesús Blasco, autor de Zarpa de Acero, hizo allí sus primeras armas, así como otros muchos dibujantes que se destacaron por la calidad de sus trabajos y, entre ellos, el prematuramente desaparecido Jaime Tomás, dibujante del tipo de historietas llamadas cómicas, autor de la más o menos fantástica aventura La Isla de los Galeones, en su primera incursión al dibujo “serio”, de neta influencia raymondiana y, posteriormente, realizador de El Universo en Guerra.
Es este el verdadero primer intento de cómic español de ciencia-ficción, ya que si Jaime Tomás se deja llevar en La Isla de los Galeones por la influencia del dibujo de Alex Raymond, en el caso de El Universo en Guerra tan solo se aprovecha de algún hallazgo técnico, e incluso se aparta de él en la manera de tratar el género, tal como lo hacían los dibujantes yanquis (me refiero con este a Dick Calkins, Clarence Gray y Raymond, los que, aunque distanciados claramente entre si, tanto en el fondo como en la forma de enfocar sus temas de ciencia ficción, mantienen siempre una visión muy americana).
Por el contrario, en El Universo en Guerra, Jaime Tomás realiza una obra netamente europea, con un trabajo mas intensamente sentido, más pensado, notándosele una preocupación por dar a su obra una cierta dimensión importante que, hasta entonces, no se habla dado en España.
El Universo en Guerra tiene un sabor mas bien germánico: la maquinaria, las ciudades, la grandiosidad de las escenas recuerdan a Metropolis de Fritz Lang, así como muchos enfoques de las viñetas retrotraen a la manera de hacer del célebre director cinematográfico alemán y a las elucubraciones imaginativas, con pinceladas tétricas, de Thea von Harbor, artífice de los argumentos y guiones de tantos filmes de Lang (¿algún viejecito recuerda La Mujer en la Luna?).
También se refleja en la historieta de Jaime Tomás cierta atmósfera a lo Wells; algo flota en el ambiente que la emparenta con el film La Vida Futura, basado en la obra del citado autor británico. Lo verdaderamente curioso es que, en la fecha de aparición de la historieta, esta película tan solo era un proyecto.
Otra novedad aportada por el cómic comentado es que el protagonista no es ningún personaje exótico, como era de rigor en aquellos tiempos, sino que se trata limpia y llanamente de Luís Prat, reportero de El Tiempo, periódico que se suponía en la Barcelona, ahora cada vez mas próxima, de 1990, año en que arranca la narración, precisamente con el texto que sigue:
«1990. El mundo es feliz. ¡Bien ganado tiene este sosiego! Desde el año 1940, puede decirse que es tal la preparación aéreo-química de los ejércitos mundiales, que una nueva guerra, fuese entre las potencias que fueren, significaba el total aniquilamiento del agresor y del agredido. Las armas garantizaban la paz. ¿Es extraño, verdad? Pero en las postrimerías de un siglo de locuras, toda locura tiene acomodo.»
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