2.11.12

CRÓNICAS DE SITGES 2012 (XXX): ANTIVIRAL


La opera prima del hijo de David Cronenberg, nada menos. Menudo padre. Menuda educación. Menudos genes. La genética está ahí, clara y diáfana, en lo visual y en lo temático. Brandon Cronenberg se quejaba en las entrevistas que le mentaran tanto al padre, pero es que viendo Antiviral resulta inevitable. Por eso hay que matar al padre y bailar sobre su tumba, pero no sé si Brandon lo ha intentado siquiera, si lo ha llevado a cabo por la vía del exceso o sí incluso ha querido superarlo con irracional valentía. No he dado con la respuesta. Vi la película a primerísima hora, habiendo dormido pocas horas y con bastante fatiga fílmica a mis espaldas. Es justo decirlo porque matiza el hecho de que me dejara un poco a medias. La película tiene cosas y detalles imbatibles y brutales. El mismo punto de partida, con esa sociedad que ha traspasado los límites de la adoración al famoso multimedia, con ese malsano vicio por la enfermedad como sacramento y moda. El ser humano abrazando virus, sangre y jeringuilla para mayor gloria de las corporaciones neocapitalistas. Antiviral reformula la Nueva Carne con infecciones y herpes y la enmarca en un futurismo decadente descrito visualmente con una estética más que fría, gélida; pero gélida hasta lo inhumano. Una cirugía del apocalipsis interior. De hecho, como filme trasmite desagrado, todo una victoria porque es su voluntad. Hasta el actor pelirrojo y pálido que la protagoniza, una peca viviente, me provoca rechazo. Así escrito suena muy potente y ahora que lo pienso con poso y reposo, debo reconocerlo. Que me aburrí un poco al final, sí. Que me pareció algo reiterativa, también. Pero coño, es radical, es chunga. Si encima me provocó cierta repulsa emocional y desasosiego, oigan, eso es más una virtud que una falta. No sé si Brandon mató al padre, pero lo que sí hace es exterminar cualquier atisbo de humor y sonrisa.