17.1.07

Simpsonario (DXXIII)

Religión

El problema de la fe, las creencias, el hecho religioso como parte del entramado social que cohesiona la sociedad de Springfiels, los mitos cristianos, la imagen de Dios. La religión y buena parte de las perspectivas, sociales e individuales, con las que afrontarla están sorprendentemente presentes en los Simpsons. Sorprende al ser una serie de animación, en prime time, emitida por una cadena conservadora y, sobre todo, norteamericana: la presencia social del cristianismo en la llamada América profunda, a la que pertenece Springfield, está muy bien descrita. Marge es creyente practicante y así quiere educar a sus hijos mientras que a Homer le da igual: para él la religión es sólo una obligación social de acudir al aburrido sermón de los domingos y no duda de considerar a Dios como un ente vengativo. Sólo hay que pensar en la familia Flanders, fundamentalistas cristianos a menudo ridiculizados, para percibir la importancia de la religión en la serie y el punto de vista crítico con el que se afronta. Otros personajes religiosos son el Reverendo Lovejoy (pastor protestante), pero también representantes de otros credos: el payaso Krusty practica el judaísmo y Apu el hinduísmo. Algunos episodios donde la religión, desde ópticas muy diferentes, está presente como eje central son Sin Blanca Navidad (la Navidad como gran festividad religiosa), De tal palo, tal payaso (el judaísmo de Krusty y la relación con su padre rabino), Bart vende su alma (el niño duda de su existencia y por eso pacta con el diablo), La alegría de la secta (en el que Homer une a su familia a la secta de los Movimientarios) o Historias Bíblicas de los Simpsons. Si hay que destacar alguno de entre las diez primeras temporadas, es sin duda el primero que trata la religiosidad de manera directa: Homer el Hereje. El padre de familia rehusa acudir al servicio eclesiástico de los domingos y prefiere optar por la televisión basura, mucho más divertida, además de entregarse por completo a pecados capitales como la gula o la pereza. Homer funda su propia y muy particular religión, discute con Marge sobre la educación religiosa de sus hijos y se burla de sus conocidos practicantes: Flanders, Krusty y Apu, miembros voluntarios del cuerpo de bomberos de la ciudad que acabarán salvando su vida en un incendio de estética infernal. Pero lo más desacralizador del episodio son las visiones místicas de Homer, que conversa en un par de ocasiones con Dios, quien le confirma la pesadez de los sermones del reverendo Lovejoy y que la fe debe asumirse más desde una perspectiva individual que colectiva.