7.1.07

PERSPECTIVAS AFGANAS



El Fotógrafo no es, precisamente, el tipo de tebeo que encaje en las coordenadas ausentes del blog. Ni es pulp, ni pop ni de derribo; si posée persepectiva política, aunque muy alejada de los parámetros de la sociedad borderline. Aún así me gusta bastante. Creo que supera las lógicas reticencias hacia un producto oenegetista básicamente porque es escasamente propagandista y complaciente. Se limita a explicar la aventura de los Médicos Sin Fronteras por tierras afganas sin aspavientos. Y tiene su encanto el momento en que se produjo la misión descrita, cuando talibanes y señores de la guerra eran del bando del Imperio, enfrentados a la perfidia del comunismo decadente. El Afganistán de Rambo. También funciona bien el experimento de mezclar fotografía y dibujo, con una línea clara realista, efectiva y nada preciosista.

Pero no estaba aquí para reseñarles el tebeo de Guibert, Lefèvre y Lemercier sino para transcribirles un diálogo entre el fotógrafo protagonista y la doctora Juliette (una mujer, por cierto, muy respetada por los talibanes). Me gusta el tono tan poco correctista y la perspectiva que aporta.

A Juliette la han invitado a pasar la noche en un pueblo vecino, en casa de una joven pareja que conoció hace cuatro años. Cuando regresa me habla de ellos.

Juliette: Se casaron de verdad por amor. Fue la mujer quien eligió al hombre. Todos los jóvenes del pueblo competían en un gran bozkashi y las mujeres miraban desde los techos de las casas. Fue un flechazo. Ella se las arregló para que él lo supiera. Y el la acechó cuando iba al río. Vamos, que ella se lo ligó descaradamente.
Fotógrafo: ¿Cómo se liga aquí?
Juliette: Pues te contoneas, enseñas los tobillos, te apartas un poco el velo con la excusa de que no caiga al agua y miras de reojo, ese tipo de cosas.
Fotógrafo: Es genial.
Juliette: Los conocí poco después de que se casaran. Era una gozada compartir su casa porque estaban muy enamorados. Él la besaba en el cuello a todas horas, la abrazaba, le hacía cosquillas mientras ella hacía el pan... Siempre estaban riendo. Y ayer, sorpresa: han pasado cuatro años, ¿Y con qué me encuentro? Con una segunda esposa. Me ha sorprendido de una pareja tan unida, tan complice. Le he preguntado: "¿Cómo es que tu marido ha tomado una segunda mujer?" ¿Y sabes qué me ha contestado?
Fotógrafo: No.
Juliette: Me ha contestado: "Yo misma se la encontré".
Fotógrafo: ¡Jaja!
Juliette: "Entiéndeme, mi marido es un hombre rico, recibe muchos invitados y no esta durante la temporada de las trashumancia. Yo necesitaba realmente alguien más."
Fotógrafo: Es curioso, no es para nada la idea que nos hacemos de la vida en pareja en Afganistán.
Juliette: ¡Lo que pasa es que tenemos una imagen falsa!
Fotógrafo: Nosotros siempre vemos a la misma pobre tía bajo su chadri.
Juliette: ¿Sinceramente, tú has visto muchos chadri desde que hemos llegado aquí? ¿A parte de los que nos pusimos para cruzar la frontera?
Fotógrafo: Pues no, no muchos.
Juliette: Primero, el chadri es un fenómeno esencialmente urbano. En un pueblo pequeño, todo el mundo es de la misma familia. No necesitan cubrirse. Además, un chadri es caro. Aunque una campesina quisiera uno, no se lo podría permitir. Luego, hay que saber que el chadri es algo bastante reciente. De hace un siglo, más o menos. Antes, muchas mujeres de las ciudades no salían de casa en toda la vida.
Fotógrafo: ¿En serio?
Juliette: Y tanto. En una gran ciudad, una mujer no puede evitar entrar en contacto con desconocidos. Por eso el invento del chadri fue una conquista de autonomía y de libertad. Por fin pudieron salir de su casa. De todas formas, el chadri se ha convertido en un símbolo exagerado y estúpido. Las verdaderas prioridades de las mujeres son el acceso a la sanidad, a la educación, al trabajo y a la justicia. La ropa no es una prioridad. Mira, tengo una anécdota divertida: cuando era adolescente, en Kabul, mi mejor amiga era una afgana de una familia aristocrática muy occidentalizada. El chadri, para ellos, era impensable. Pues ella se lo compró por su cuenta para poder reunirse con su novio sin que nadie se enterara. Hoy en día es una auténtica herramienta de la resistencia. Muchas mujeres transportan armas debajo del chadri.