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1.11.16

CRÓNICAS DE #SITGES2016 (XVII): DESPEDIDA Y CIERRE

Con algo de retraso, cierro las crónicas de Sitges 2017 con algunos títulos que sería injusto no comentar o destacar.


De Palma

Documental que recorre la carrera de Brian de Palma sustentado únicamente por una larga entrevista en la que este comenta una a una todas sus películas y/o proyectos no finalizados. En lo formal es de una simpleza absoluta: el protagonista en plano fijo y escenas de filmes (propios o ajenos) que se van intercalando. Como documental, en definitiva, se limita a aplicar la fórmula más básica y tradicional posible. Claro que con tamaño protagonista no hace falta más para que el resultado sea la mar de disfrutable, casi dos horas que pasan en un suspiro y se alzan con el mayor triunfo posible para un producto de estas características: tras visionarlo es inevitable lanzarse a revisar la filmografía de Brian de Palma de cabo a rabo.


 The Girl with all the gifts

Estupenda película y enésima demostración que el subgenero zombie/infectados, lejos de agotarse, sigue permitiendo aportaciones más que notables. Con guión de Mike Carey, conocido sobre todo por su labor como escritor de cómics, y con un director salido de la factoría inglesa de series de género (ha firmado episodios de Doctor Who, Black Mirror o Sherlock), su pertenencia directa a la tradición británica es incuestionable y, eso, son palabras mayores porque si algo distingue a esta es la elegancia, riqueza y respecto dado al género fantástico desde tiempos inmemoriales y por múltiples vías: literatura, tebeos, películas, producciones televisivas. The Girl with all the gifts no traiciona ese notable legado sino todo lo contrarío, no puede tener mayor aroma a ciencia ficción clásica, regala unas cuantas buenas ideas (el tema de los hongos, por ejemplo) y su desenlace es puro Twilight Zone.


It Stains the Sands Red

Seguimos en lo zombi con un título que quizá habría merecido no quedar enterrado en las maratones nocturnas para insomnes que, eso sí, supieron destacarlo con el premio a la mejor película de las sesiones de medianoche. Tampoco se crean que es una maravilla, ojo, pero sí una serie b resultona levantada sobre mimbre escaso: una chica de mala vida se queda tirada en el desierto tras huir del caos apocalíptico de Las Vegas, y un zombi a piñón fijo la perseguirá de manera implacable. Más allá de la metáfora del acoso sexual (tan evidente que su subrayado era innecesario), la cuestión es que cuando uno se teme que va a ser todo el rato lo mismo, la historia sabe girar con acierto y dar brío al asunto, hasta el punto que cuando al final flirtea con la moralina y flota el mensaje de que no hay nada como el fin del mundo para rehacer tu vida, la cosa no molesta demasiado.


The Autopsy of Jane Doe

Una de las joyitas del festival, una de esas series b a las que se suele otorgar el rango honorífico de ser “como las de antes”, etiqueta que es puro tópico pero de lo más eficiente para dejar claro de que va el asunto. También algo equívoca, porque a menudo lo que hay detrás, de lo que se trata en realidad, es de una dignísima aportación al cuento de miedo más noble y puro, aquel cuya única pretensión es hacernos estremecer pese a lo modesto de los medios empleados. En este caso, una funeraria como único escenario y un cadáver sin identificar cuya autopsia convoca malignas fuerzas sobrenaturales. Una de esas pelis que crecen y se hacen robustas, que juegan bien al reparto de susto, intriga y sugerencia. Al final, todo hay que decirlo, se alborota un poco con un estallido del terror de feria que, por otro lado, era inevitable por su condición de… “serie bé de las de antes”.


Hardcore Henry

Uno de esos casos poco frecuentes en los que el ejercicio de estilo puro y duro no está reñido con la diversión pura y dura. Cantante de la banda de rock alternativo Biting Elbows, el ruso Ilya Naishuller ha ido labrando una espectacular carrera audiovisual desde que irrumpió con un brillante videoclip rodado con cámara GoPro y perspectiva en primera persona. Esa misma técnica es la que ahora traslada a un largometraje, reto importante pues proponer hora y media de cámara subjetiva exige mucho más que la mera habilidad técnica. No es el primero en intentarlo, le preceden clásicos del cine negro como La senda tenebrosa o La dama del lago, así como una derivación tan profusa como el found footage (que ha dado grandes títulos, pero que también demuestra lo complicado del asunto). Naishuller sale victorioso del envite, y de qué manera, aplicando una fórmula compuesta principalmente por dos ingredientes. Acudir al lenguaje de los videojuegos es uno, al fin y al cabo es donde más y mejor se ha desarrollado la visión en primera persona. El otro es la diversión trepidante, desmelenada y gore con una trama sencilla que mezcla ciborgs, mutantes y centenares de sicarios para un body count casi infinito. Una fiesta.


Lo chiamavano Jeeg Robot 

Una de las reglas que me guían durante el Festival es la que reza: en caso de duda escoge la película de El Retiro. En la mayoría de ocasiones la decisión es la correcta y esta fue una de ellas. Aportación italiana al cine de superhéroes, precisamente esa procedencia mediterránea es su mejor baza: la mirada cultural es otra y , si hace bien, ventila y refresca un espacio lleno de blockbusters que, resultones o no, siguen la misma fórmula monolítica. En este sentido, la peli tiene ecos a El protegido y remite a la figura del Joker en determinados momentos, pero la cita directa es a la serie de anime Getter Robot de Go Nagai, el creador de Mazinger Z, y no, no por la presencia de gigantes metálicos sino como homenaje original y delicioso. Más allá de estos referentes, lo importante es que asume y actualiza el legado del cine de género italiano que tanto añoramos, empezando por el título, puro espagueti; por una trama de delincuencia marginal que es puro poliziezco, violencia incluida; o por atreverse con detalles que hoy serían inconcebibles en una producción de Hollywood, como dotar de arrolladora sexualidad a una disminuida mental. El resultado combina de maravilla dureza suburbial, poética sentimental, heroísmo y tortazos.


Grave (Crudo)

Otro de los grandes títulos que han podido verse y que llegó precedido por los desmayos provocados durante su proyección en el Festival de Toronto. Una expectativa peligrosa porque los espectadores de Sitges han curtido una sensibilidad rocosa y curada de espantos. En realidad, aunque la contundencia de algunas escenas es poderosa, está lejos de ser un festín de sangre y tripas, ni lo pretende. Prometedor debut de la directora francesa Julia Ducournau, explica la historia de una joven educada en estricta alimentación vegetariana que, internada en una elitista facultad de veterinaria, descubre lo mucho que le gusta la carne cruda, especialmente si es humana. Relato de horror grotesco más clásico de lo que aparenta por su factura indie afrancesado, ofrece una sugerente visión del vampirismo y, en algunos momentos, remite a las chicas sangrientas de Jean Rollin.


Swiss army man

He dejado para el final a la ganadora del premio a la mejor película para, antes de comentarla, lanzar algunas reflexiones sobre el principal galardón de Sitges. La perspectiva que dan los casi 50 años del Festival lo permite. Una de las grandes contribuciones de Sitges es descubrir autores, señalar tendencias y trazar una línea cronológica de grandes clásicos del cine fantástico o de terror. Obviamente, solo el tiempo desvela lo acertado o no del premio dado, y en la lista de ganadoras hay de todo. Hay años que se recuerdan por una película concreta y otros que, repasados ahora, demuestran que no premiaron títulos que luego resultaron claves y sí otros que ya nadie recuerda. Lo ideal sería que la ganadora fuera siempre una de esas películas que pasarán a la historia del género, pero eso es imposible, pura utopía. Por otro lado, la decisión del jurado siempre es legítima y tiene sus razones, del mismo modo que luego los aficionados también están en su derecho de compartirla  o rechazarla. En todo caso, lo único que puede fallar ocasionalmente en ese esquema es que los miembros del jurado no sean conscientes de la importancia histórica del premio dentro de su especialidad temática.

Dicho esto, Swiss army man es un buen ejemplo de película a la que le va algo grande la distinción o, mejor dicho, no se acomoda bien a esta frente a otras más óptimas o lógicas (en esta misma entrada hay tres o cuatro de ellas). Por otro lado, esto no significa que sea una mala película o que carezca de mérito, no se trata de eso; de hecho, es bastante evidente que la intención del jurado ha sido apoyar una propuesta original, extravagante e insólita en un tiempo poco proclive a estas características, tanto que resulta sorprendente que un proyecto como este consiguiera salir adelante. La premisa es la siguiente: un náufrago desesperado alivia su soledad convirtiendo su amigo imaginario a un cadáver que la marea ha dejado en la orilla. La idea aún es más loca cuando reincide una y otra vez en un humor grotesco y escatológico alrededor de la combustión gaseosa propia a todo muerto en proceso de descomposición, es decir, un festival de pedos y líquidos a los que el náufrago encontrará fantasiosa utilidad. El desarrollo es irregular, no siempre encaja bien ese humor grueso con su naturaleza de fábula poética sobre la soledad contemporánea y, desde luego, tiene un desenlace que deja perplejo por raro y discutible, pues su trasfondo es realmente oscuro y chungo. Es justo señalar tres virtudes: los momentos en que remite con delicadeza al teatro de títeres y marionetas; el atrevimiento de sugerir con alegría una variante travestida de la necrófilia (de perfil romántico, ojo, no se me espanten); y, por encima de todo, el trabajo de Daniel Radcliffe en el papel de saco sin vida camino del rigor mortis, es decir, de muñeco muerto e inerme.

14.10.16

CRÓNICAS DE #SITGES2016 (XIII): THE HANDMAIDEN



Una de las grandes películas de este año y sin duda la que arrasa en unánime entusiasmo. No me extraña, Park Chan-Wook es uno de los grandes directores en activo y esta su mejor película desde la famosa Trilogía de la violencia que le dio a conocer ( y de la que Oldboy forma parte) porque la del cura vampiro y la de Nicole Kidman eran buenas pero pelín por debajo y la de la chica robot la he resetado de mi memoria. Pero a lo que vamos, The handmaiden es una pieza mayúscula de gótico coreano que se desdobla sobre sí misma cuando retoma el relato para explicarlo de nuevo desde otro punto de vista, y luego continuarlo. El argumento gira alrededor de una rica heredera japonesa cuyo matrimonio pretende un timador para cuyo propósito buscará la ayuda de una sirvienta. Esa historia, filmada con una elegancia mayúscula, toma un giro inesperado a partir del cual se reinicia y luego prosigue introduciendo una perversidad erótica sublime, muy cercana al cine europeo más lúbrico de los 70, y un tono sadiano brutal. Y luego ya el pulpo remata la función.

12.10.15

CRÓNICAS DE SITGES 2015 (XV): KNOCK KNOCK


A estas alturas sabemos que Eli Roth es tan poco sutil como amigo del exceso, y le apreciamos por ello. En su nueva película, de nuevo en colaboración con el equipo chileno vinculado a Guillermo López, de nuevo encontramos esa falta de sutilidad y ese exceso festivo, aunque esto último de una violencia menos atroz a la suministrada en sus Hostel o en Green Inferno (soy muy fan de ellas). Knock Knock forma parte del subgénero de los intrusos, muy en boga en estos tiempos de crisis, aunque aquí quienes invaden la privacidad doméstica están de muy buen ver para quien tenga inclinación sexual por las féminas (en concreto Lorenza Izzo y Ana de Armas). Al otro lado tenemos a Keaunu Reeves ejerciendo de Rodriguez a su pesar pues es esposo y padre modélico de una familia ideal —y perdonen el subrayado, pero ese es el tono—. Así que tenemos una especie de Funny Games con corazón latino en lugar de frialdad austríaca. La película tiene momentos de mucha risa y mala leche, y eso es siempre divertido, pero tiene sus problemas. Uno es que al final se hace cansina con tanto ajetreo dentro del chalé ideal. El otro problema es actoral, aunque esto debe ser matizado. Durante la primera media hora, o así, Keanu se saca una desconocida bis cómica haciendo de señor que se resiste al acoso sexual. Del mismo modo, las chicas tienen un punto de diablillas a medio camino entre los gremlins y las vampiras de Jean Rollin que es muy de agradecer; pero ni ellas ni él son capaces de sostener tanta tensión, tanta presencia en pantalla y tanto exceso festivo y es entonces cuando saltan las costuras de la peli y se descose un poco el asunto. Aún así, tiene mi simpatía. También es un poco ambigua y hay quien le ha visto un trasfondo moral un poco chungo, aunque mi caso es la contrario y más bien creo que se trata de un acto de acoso y derribo de la institución familiar hecho muy a lo burro, sin sutilidad y con exceso, vamos, a lo Eli Roth. Y que conste en acta que yo estoy a favor de derrumbar familias modelo de clase alta que tienen la casa llena de fotos de ellos mismos muy felices. Muy a favor. Y también de la pizza gratis.

16.11.14

EL CABRÓN DE LA CAMPIÑA



Hace bien Alpha Decay en su edición de Ritual de David Pinner de matizar que se trata de la novela que inspiró The Wicker Man (El hombre de mimbre; Anthony Schaffer, 1973). Y no lo digo por la llamada comercial a una película con admiradores entregados entre los que me cuento, sino porque no es lo mismo inspiración que adaptación. Hace bien en decirlo y aún mejor Bob Stanley en la nota que sirve de preámbulo cuando señala que “quien busque en Ritual el precedente de The Wicker Man sufrirá una decepción”. No sólo no son lo mismo, sino que una, la película, es una maravilla singular mientras que la otra, esta novela, bueno… pues… es complicado de explicar.

Es complicado porque sería muy fácil zanjar el tema diciendo que Ritual es una mala novela, literatura popular y del montón, consumo barato. Sería fácil porque así es, o no, porque durante la lectura, que no ha sido arrebatada, el chirriar de dientes se ha ido alternando con el asombro boquiabierto, la crispación con el no dar crédito, y eso, al fin y al cabo, es toda una experiencia. Es evidente que The Wicker Man parte de Ritual, aunque no sea lo mismo. El policía —aquí un protestante puritano y no un católico— que llega a la campiña inglesa para investigar un crimen ritual, el pueblecito de buenos ciudadanos que esconde prácticas paganas, el terrateniente poderoso y sobreactuado y, especialmente, la joven que exuda sexo. De hecho, el cortejo erótico separado por los tabiques del hostal que en la película protagoniza Britt Ekland también está en el libro.



Todo eso está pero no es lo mismo como digo. Ritual se estructura como un absurdo whodunit detectivesco y la prosa es de un florido tan grandilocuente que roza el ridículo, pero ese ridículo tan digno del que sólo son capaces los ingleses. Y aún así, aunque parezca mentira, de manera desordenada, cuando menos te lo esperas, prende un ardiente desmelene, una locura delirante, tan inaudita, que me incapacita el sentido y cualquier juicio objetivo, y eso es muy de agradecer.


25.8.14

SILLÓN OREJERO

Cuando hace ya diez años, tal día como hoy, abrí este rincón ausente que tantas alegrías me ha dado (el tiempo invertido ha merecido la pena), una de mis intenciones fue ir anotando todos los libros, cómics o películas en los que me zambullía. Durante un tiempo lo conseguí, pero luego la falta de tiempo y la dispersión lo hicieron imposible. De vez en cuando anoto listas manuscritas de temas o cosas que luego se diluyen o pierden sentido. A finales del año pasado abrí cuenta en Goodreads y he procurado ser fiel a ella, al menos con los libros pero no con los cómics. Eso me ha permitido tener una lista de todo lo que llevo leído desde entonces junto a unos apuntes de reseña escritos con premura. Como, mecachis, no aparece aún en el buzón la epístola libresca de Sark con las novedades veraniegas, he pensado reunir por aquí los libros leídos desde comienzo de 2014 y que por una razón u otra no habían aparecido por aquí.


La casa de hojas, de Mark Z. Danielewski

 Empecé el año lector con lo que cayó de regalo navideño, y eso que no es habitual que me abalance sobre las novedades recién entradas. Lo cierto es que sentía mucha curiosidad por el entonces libro del momento, una novela de terror vanguardista en forma y fondo etiquetada más o menos con acierto como un cruce entre Stephen King y Foster Wallace. Si le han dado un ojo en librerías seguro que han visto su increíble maqueta, con párrafos en espiral, invertidos, laberínticos o alternando páginas llenas de letra con otras casi carentes de ella. Y ojo, porque no son gratuitos. La casa de hojas pertenece al subgénero de las casas encantadas pero está construida a partir de tres niveles. Por un lado, el filme documental realizado por el padre de la familia que la habita cuyo metraje imposible nos desgrana (segundo nivel) de manera minuciosa y obsesiva el extenso ensayo escrito por un anciano ciego ya fallecido. La obra de su vida, plagada de pies de texto a cientos de referencias ficticias sobre la película. El tercer nivel corresponde a las anotaciones sobre el manuscrito realizadas, muy al estilo Palahniuk, por un tatuador disfuncional, amigo de drogas y peleas, a cuyas manos va a parar el original del viejo, y que queda atrapado por su contenido maldito. No contento con ello, Danielewski completa la novela con un profuso anexo de apéndices donde destacan, por cruciales, las cartas que la madre del tatuador le enviaba desde su reclusión en un manicomio. Así que tenemos una obra formalmente inaudita, porque a los experimentos antes comentados en la composición de la página, con voluntad narrativa, se añaden las diferentes tipografías según quien escriba (principalmente el viejo y el tatuador) y literalmente cientos de pies de página. Aunque en momentos concretos llegué a la conclusión de que le sobran algunas páginas, y que tiene algunos pasajes de lectura áspera, lo cierto es que me sumergí atrapado y no lo solté de mis manos hasta acabarlo. Me alegra mucho el éxito (va por la cuarta edición) de lo que era una empresa arriesgada, el esfuerzo en la maqueta de la edición española es más que brillante (un curro) y la traducción de Javier Calvo titánica.



Crónicas Quinquis, de Javier Valenzuela
(Libros del K.O., 2013) 

Recopilación de artículos de prensa de Javier Valenzuela publicados en la primera mitad de la década de los 80, disfruté mucho de su lectura entre otras cosas porque el periodismo de sucesos es una de mis debilidades. El eje temático son los quinquis, de los que aquí se ofrece una visión realista y trágica muy alejada del aire de figura mítica con que la cultura pop patria les envolvió. Historias de atracadores adolescentes, hijos de la droga, polígonos y cárceles. La antología, breve y que consumí leyendo un capítulo al día, se completa con algún texto de costumbrismo madrileño, novela negra madrileña (lo que menos me atrajo), una semblanza del alcalde Tierno Galván y una reivindicación, justa y necesaria, de Tomas de Quincey como padre del periodismo de sucesos.



¿Pueden suceder tales cosas? Cuentos fantásticos completos, de Ambrose Bierce
(Valdemar, 2012)

Antología completa de los cuentos de Bierce que he disfrutado bastante, intentando seguir el ritmo de un relato al día. Obviamente, al tratarse de una compilación integral y extensiva, hay un poco de todo. Están los relatos más conocidos, desde el precedente del horror cósmico de Lovecraft que es Un habitante de Carcosa al salvaje humor negro de El clan de los Parricidas. De Bierce, además de su humor, me gustan esas recopilaciones de breves historias de fantasmas, casas encantadas y muertos que caminan escritas con sencillez y que no sé si eran inventadas o recogidas durante sus viajes (un poco como preámbulo a las compilaciones de Charles Fort); me gusta que su gótico americano más que de mansiones sureñas sea de mineros, cabañas y poblados de la frontera, y ahí mezcla western con fantástico (una debilidad personal); o las muchas historias de fantasmas ambientadas en la guerra de secesión, que es otro detalle muy interesante porque el horror de la guerra configura mucho de nuestro horror contemporáneo.



Retratos y encuentros, de Gay Talese
(Alfaguara, 2010)

Uno de mis géneros preferidos es lo que Tom Wolfe bautizó como Nuevo Periodismo, y Gay Talese fue uno de los primeros y mejores exponentes. Esta antología es estupenda y la componen algunos de sus retratos, fruto de acompañar durante algunos días a alguna celebridad, observarla y escribir sobre ella: Frank Sinatra, Peter O'toole, Alí en Cuba, Joe Louis, Floyd Patterson o Joe Dimaggio (estos tres últimos leyendas del deporte USA que Talese describe en su retiro), una divertida historia del magazine literario Paris Review, la historia del redactor de obituarios del NY Times y, al final, una serie de historias familiares como el ardid de un sastre napolitano (su abuelo) para engañar a un mafioso, cómo acabo siendo periodista y algunos consejos. A mi es que todo esto me encanta y me lo paso muy bien gracias a su prosa de apariencia sencilla y su tremenda habilidad para observar y desnudar al personaje. Un maestro.



Escarabajo Hitler, de Ned Beauman
(Funambulista, 2012)

El tipo de locura que me hace babear de placer: coleccionistas de parafernalia nazi, boxeadores judíos, barriobajeros sonados, asesinos daneses, fascistas ingleses de los años 30, aristócratas ridículos, mad doctors pichaflojas, eugenesia, enfermedades raras y apestosas, música atonal, futuristas italianos, insectos mutantes, cartas de Hitler, sexo raruno, lenguajes artificiales, casas del futuro del siglo XIX, humor inglés, instinto bruto. ¡Qué más puedo decir sin que los ojos aún me hagan chiribitas de gozo! Lástima que flojee un pelín en las últimas páginas, pero qué coño importa eso si hasta ahí el viaje es un gozoso festival de ideas locas, un guateque de referencias pOp, una fiesta ideal para los viejos lectores de este blog.



El sueño y el mito, de Javier Calvo

Interesante recopilación de ensayos sobre arte y literatura extraños, 16 en total, a cargo del escritor y traductor Javier Calvo publicados con anterioridad y de manera dispersa en revistas, web o incluso como prólogos. Reconozco que las antologías de no-ficción son una de mis debilidades, y aquí muchos de los temas son muy de mi agrado. Textos sobre Lovecraft, Cirlot, Alan Moore, Los Invisibles de Morrison, Aleister Crowley y la literatura de magia oscura, Colin Wilson, Doctor Who, arquitectura nazi, black metal o espiritismo que Javier Calvo despliega con pasión y conocimiento, e incluso resulta didáctico en temas como la magia oculta y el gnosticismo, que me atraen pese a mi escepticismo. Vamos, que lo he leído con mucho gusto e interés. De nuevo, intenté que el ritmo fuera de un capítulo diario.


La chica mecánica, de Paolo Bacigalupi

Excelente relato más o menos distópico en un futuro (siglo XXII) en el que el fin de los recursos energéticos derivados del petroleo, la guerra, las plagas y la enfermedad han convertido a las corporaciones transgénicas en el principal poder mundial. No hay variedades de arroz, por ejemplo, sino un único tipo, el U-Tex. Tiene el gran acierto de ambientarse en Tailandia, porque al futuro le sienta bien ser asiático más que occidental, una autarquía que se debate entre seguir cerrada o abrirseal exterior, con una lucha de poder entre el ministerio de comercio y el militarizado ministerio de medio ambiente. También hay piratas genéticos y neoseres, es decir, humanos o animales modificados genéticamente que los tailandeses ven como aberraciones a exterminar. Historia coral llena de intrigas y acción, de humedad, suciedad y violencia, lo cierto es que tras las 100 primeras páginas ya no pude soltarlo y lo devoré en muy pocos días. Un clásico de la ciencia ficción contemporánea.



La ciudad y la ciudad, de China Miéville

Impresionante. En principio, se trata de un relato policial entre la investigación detectivesca de un crimen y el thriller con ramificaciones políticas. Eso en principio, aunque lo realmente interesante es que sitúa la acción en dos ciudades que comparten el mismo espacio físico y donde sus habitantes han sido educados para no ver a los vecinos con los que comparten lugar pero no ciudad, a "desverlos", y evitar en todo lo posible cruzar las fronteras entre una y otra, "abrir una brecha". Es impresionante como Mieville hace suyo tan surreal punto de partida y consigue que el lector le acompañe. Curiosamente, aunque se pueden trazar multitud de metáforas ante esa situación (del muro de Berlín al Estado de Israel, pasando por cualquier lugar donde sus habitantes estén separados por razones étnicas o ideológicas) Mieville las desprecia para centrase en el relato policial de un crimen que pone en duda el sistema. Lectura muy recomendable y del todo fascinante.



La transmigración de Timothy Archer, de Philip K. Dick 
(Minotauro, 2012)

Primera relectura del año, en parte motivada porque es uno de los ejes de la segunda entrega de Gótico de Suburbia. Última novela escrita por Dick, me resulta tan extraña como hipnótica. Por un lado, un acto de lealtad a su amigo el polémico obispo Pike (el Archer del título) y por otro un cierre entre la ironía y el escepticismo a su obra y a su ciclo religioso final. En realidad, más que una novela de género fantástico o anticipación, es lo más cerca que estuvo de escribir una obra de base autobiográfíca, en clave contracultural y a la genuina manera Dick (si no tenemos en cuenta Confesiones de un artista de mierda, al fin y al cabo escrita a finales de los 50 pero publicada casi tres décadas después). Está llena de diálogos sobre temas metafísicos o religiosos (muy bien llevados) y también funciona como paisaje del Berkeley de los 70 y su fauna pintoresca (de la que él mismo formaba parte).



Nuestra señora de las tinieblas, de Fritz Leiber
(Pulp ediciones, 2002)

Otra relectura motivada por la misma razón que la anterior, y tras la cual sólo puedo decir que es una novela maravillosa que aún me ha gustado más que la primera vez. Lieber, un tipo pintoresco y un buen escritor de género, pasó un lustro borracho por la muerte de su esposa y acabó convirtiendo el paisaje urbano que veía por la ventana de su apartamento en la base de una de las novelas de terror más singulares jamás escrita. Enriquecida por la presencia de secundarios como Jack London, Ambrose Bierce, Dashiel Hammett o Clark Ashton Smith, entre mucho otros a los que se cita o menciona. No diré que es la precursora de ese tipo de pastiche (no olvidemos a Philip José Farmer), pero casi. Sus virtudes son enormes: es tan generosa en citas, guiños y referencias que daría para escribir un ensayo sobre ella, pero al mismo tiempo es una lectura sencilla y nada pretenciosa. Terror alimentado por libros malditos (reales o falsos) y novelitas pulp; por si fuera poco se saca de la manga el concepto de la megapolisomancia, es decir, magia negra que utiliza las arquitecturas urbanas contemporáneas.



Siempre hemos vivido en el castillo, de Shirley Jackson
(Minúscula, 2012)

Palabras mayores. Fantástica. Un genuino tesoro secreto (al menos para muchos, porque el rastro de su influencia es notable) que merece reivindicación entusiasta. Gótico sureño, lugareños ruines, agorafobia asesina y maldad infantil a medio camino entre el cuento de brujas y las mansiones con fantasma, todo envuelto en un punto de vista de siniestra inocencia. El primer párrafo es pura poesía maldita. El último es demoledor. Imprescindible para todo aficionado a lo malsano.



1914: de la paz a la guerra, de Margaret MacMillan
(Turner, 2013)

Fantástico y brillante libro de historia que empieza con la Exposición Universal de París de 1900 (un sueño de progreso) y acaba con el estallido definitivo de la Gran Guerra, tras la que el mundo ya no será el mismo. Disputas, alianzas, crisis entre imperios, gran descripción de las personalidades implicadas (y sus minucias), corrientes culturales. He disfrutado mucho la lectura y al final no podía soltarla, atrapado casi como si fuera una gran novela de intrigas que por desgracia no es. Muy recomendable y un ejemplo de como los libros de historia pueden ser una lectura apasionante. Por si no fuera suficiente con eso, he subrayado un montón de párrafos y marcado páginas porque es una de esas lecturas que me arrastran a investigar cosas o me regalan ideas sobre las que profundizar un poco más.



El terror, de Arthur Machen
(Alianza, 2004)

Machen, que ya era pionero y referente para el devenir futuro del género de terror, demostró de nuevo su condición de escritor adelantado a su tiempo con esta novela breve escrita mientras en Europa tenía lugar la 1ª Guerra Mundial. Por un lado, porque era una reacción a ésta y, de hecho, tiene muy claro que la atroz violencia de la contienda es un terror insuperable y el germen de todo mal. Por otro, porque esa revuelta atávica de las fuerzas de la naturaleza se avanza en décadas al terror ecológico que imperó en los 70. Y eso sin olvidar el estilo directo, objetivo y, en parte, periodístico con que retrata toda la serie de fenómenos extraños que describe, influenciado por el materialismo de la literatura espiritista de la época y un poco como haría Charles Fort muy poco después. Se lee en una tarde.

Otras lecturas en lo que llevo de 2014 de las que ya he hablado por aquí:
Los libros condenados, de Jacques Bergier
Manitú de Graham Masterton y La fortaleza de F. Paul Wilson
Librerías, de Jorge Carrión



27.5.14

EL FIN DE NUESTRA CIVILIZACIÓN


Ratas gigantes, sótanos austriacos, gaviotas asesinas, conexiones eléctricas deficientes, fetos con burbujas, normativas europeas, excrementos de ave, instintos de clase, romances finlandeses, Clint Eastwood, pagafantas donostiarras, secretarias de dirección, crímenes pasionales, lemas populistas, naturaleza cruda, restaurantes japoneses y mucho más en las dos últimas entregas de mi columna Amanecer de los muertos en El Butano popular:


Y 




18.12.13

TUTTI FRUTTI SPACE OPERA!


Atentos todos a esta cita y, especialmente, a los dos números de ...No Option! que acaban de sacar los amigos de Entrecomics porque son pOp de Derribo en todo su esplendor. Una cosa muy loca y muy deliciosa que conecta 100% con la búsqueda de un abrumador sentido de la maravilla que guía El Blog Ausente. A Pep, su autor, quizá lo recuerden los viejos lectores de El Víbora por Raul el Rude, una serie urbana con inesperados desvíos hacia la fantasía pop que siempre me gustó mucho. Tras un tiempo de silencio, Pep regresa con esta locura fruto de una inesperada indigestión de Metal Hurlant y comic books de los 70, sin textos, porque así lo requiere la pureza pOp. Como digo, esto algo muy grande, más grande que la vida: nazis, Kirby, dinosaurios, platillos volantes, marcianos de seis brazos,  punkis entre ruinas, tecnicolores, signos de exclamación como catedrales, vikingos del espacio... Todo eso y más en los dos tebeos con mejor aroma de tinta que se han publicado los últimos meses.

10.11.13

TEBEORAMA


Aunque me esfuerce por evitarlo, sigo envuelto por un marasmo de rutinas y quehaceres que incluso me impiden enlazar desde esta base de operaciones las colaboraciones que voy desperdigando con amor por otros medios, así que nada mejor que reunir aquí y ahora algunas de las relacionadas con tebeos y viñetas.


Gerardo Vilches y Octavio Beares son gente buena y entregada que hace ya más de un mes hicieron público un proyecto hermoso: Cuadernos de Comic, Cuco para los amigos, una publicación gratuita y libre acceso sobre historieta. Reconozco que quería haber hablado antes sobre ella tras leerla de cabo a rabo, cosa que aún no he podido, y no por falta de interés sino de tiempo, pero sepan que, por ejemplo, el texto de Roberto Bartual sobre Los orígenes del cómic en la segunda mitad del siglo XIX es estupendo y que hay otro sobre Walking Dead que merece ser comentado en el futuro (Lo zombi es Lo zombi). Para mi ha sido un honor ser invitado a participar en esta primera entrega con un par de reseñas. Por un lado, una dedicada a la antología Atajos de Martí. Como a raíz de su publicación ya escribí al respecto por aquí (y prometo continuar), la aproximación debía ser diferente así que opté por reordenar cronológicamente las historietas allí incluidas para esbozar un poco la evolución gráfica del genial creador de Taxista. Por otro lado, una reseña de un cómic que debí anunciar por aquí a bombo y platillo porque es carne de Blog Ausente: Conspiraciones de José Domingo, un recorrido paródico pero muy jugoso al mundo de las conspiranoias que me ha hecho especialmente feliz. Es un cómic que engaña porque por su tamaño parece que va a dar poco pero que en realidad ofrece mucho. Forma parte de la colección Leyendas urbanas y vino acompañado de Videojuegos, que también es muy recomendable y donde David Sánchez acomoda a su personal universo (del que soy muy fan) la oscura historia del Polybus. Para descargar la primera entrega de CUCO, click aquí.


Otra gente buena es la del colectivo Tebeosfera. Admiro mucho su esmero en catalogar y es uno de mis lugares de consulta habitual (fue imprescindible para el Duelo de Papel). Su último monográfico está dedicado a Jan, el genial creador de Superlópez. Me propusieron escribir sobre alguno de sus tebeos menos conocidos, y obviamente no podía ser Don Talarico, así que opté por Nosotros los catalanes porque lo realizó con Francisco Pérez Navarro en el mejor momento de la colaboración entre ambos y porque visitarlo 35 años más tarde (es de 1978) y en el contexto actual me pareció interesante. Ya saben que me encanta escarbar en los tebeos en pos de explicaciones socio-culturales. (leer aquí).



Finalmente, son unos cuantos los tebeos que he ido reseñando en Gencomics y que no había enlazado por aquí, así que paso lista apresurada:


El fascinante deliro gráfico de Druillet y su Lone Sloane (leer aquí)


El humor de gatos e internet de The Oatmeal, un clásico de nuestro tiempo. (leer aquí).


Paul en Quebec de Michael Rabagliati, una novela gráfica de delicada línea clara contemporánea. Me gusta mucho esta serie (no es la primera vez que lo digo), y eso que su carácter amable no pega con mi gusto por el exceso. (leer aquí).


Me leí de un tirón cinco o seis volúmenes de El Bruto de Eric Powell y lo disfruté como nunca. Gana mucho leído así, acumulado y a lo bruto (y nunca mejor dicho).  (leer aquí).


El libro de los insectos humanos me dejó patidifuso. Lo de Tezuka es muy grande y son muy pocos los autores de cómic que se le pueden equiparar en maestría.  (leer aquí).


Y para acabar, aprovechando la visita de Shintaro Kago al Saló del Manga de Barcelona, hice un rápido y entusiasta recorrido a los cuatro volúmenes que EDT lleva publicados por aquí. Cuatro joyas de sana abyección. (leer aquí)

20.10.13

CRÓNICAS DE SITGES 2013 (XXI): WHY DON'T YOU PLAY IN HELL


El locurón japonés de este año no tiene rival y es mayúsculo: Why don't you play in Hell de Sion Sono, un festival de violencia pop y una bacanal zinéfaga que engoriló como nunca a los espectadores reunidos en el cine Prado. Alocada historia sobre la alianza entre un grupo de fracasados cineastas de guerrilla y una trasnochada banda de yakuzas, es una gozosa inmersión en el delirio que se atiborra tanto del cine japonés de género y serie bé como de las copias tarantinianas que lo regurgitan. Pantagruélica en el guiño y en el uso de bandas sonoras ajenas, toda descripción entusiasta que pueda escribir aquí no le hace justicia. En cierta forma, esto es el Holy Motors del cine japonés, y poca broma al respecto, porque con toda su sangre y delirio esconde una declaración de amor y pasión por el cine pocas veces expresada, en un cóctel imposible que aúna a Godard con las japonesitas con katana y minifalda. La única pega que podría ponerle es que tras una frenética media hora inicial, luego decae un rato hasta que enfila un clímax sin tregua alguna.

5.7.13

MONDO MUNDIAL



La realidad supera la ficción es ya una frase hecha o incluso un refrán moderno, porque no todos los refranes nacieron en la Edad Media. Pese a ello, aquí defendemos algo mucho más poderoso, y es el poder de la  ficción pOp y la serie bé como fuerza invisible. Hace tiempo que no enlazaba este tipo de noticias, pero las dos que vienen a continuación me han recordado que EL Blog Ausente nació también para recopilarlas.




Esto es tremendo, ciertamente. En Rusia (y los países del Este en general) puede pasar todo el gore del mundo, ya lo explicó Eli Roth en Hostel. Si a eso sumamos la trinidad ADOLESCENTES + RUSAS + BORRACHAS el mito de la bad girl toma derroteros post-industriales muy poderosos. Más adelante la  noticia apostilla "Posteriormente, las jóvenes se fueron a casa a dormir." dejando ese "tan tranquilas" tácito y en el aire. La fotografía que la ilustra, esos piés femeninos jugando al fútbol entr eel barro, medio borrosos, conecta con la telerrealidad y el foot-fotage. Así es el mundo y así lo vemos, queridos amigos.





Y esto. ¡Qué me dicen de esto! Lo reúne todo: encapuchados, Ku Klux Klan, Rayos de la muerte (probablemente con tecnología robada de Tesla) y esa tremenda fe en la tecnología que demuestra que se puedan hacer tales cosas "con un simple interruptor". Más allá, destaca el cambio socio-cultural que supone que el Ku Klux Klan se erija, en pleno siglo XXI, en defensor de Israel.


16.3.13

ROMPE-PRIMAVERAS POR SIEMPRE, ZORRAS


Spring breakers fue la película sorpresa del último Festival de cine fantástico de Sitges. La señora absenta me acompañó a la sesión y ahí estábamos los dos, contemplando en sus primeros minutos ese festival de cuerpos en bikini dándose a la fiesta en la playa y desvelando que entre los universitarios norteamericanos, las erasmus borrachas y nuestros canis de suburbio no hay demasiadas diferencias cuando se sueltan las hormonas.

En el calendario escolar norteamericano y en otros países (pero no el nuestro, de ahí la necesaria explicación) hay hueco para unas vacaciones de primavera que se conocen como Spring break. Desde los 80s se ha impuesto entre los jóvenes universitarios la escapada a las playas de Florida para practicar eso que hacen todos los jóvenes: botellón y sexo a ritmo sincopado. De eso va Spring breakers, aunque de break a breaker hay una sutil (y bella) diferencia. La película de Harmony Korine propone seguir a un grupo de esas jovencitas en su escapada primaveral y mostrar sus coqueteos con el desfase que les es propio y que en el fondo la sociedad y el mercado esperan de ellas, con el añadido de que esas adolescentes barely legal son niñas Disney, esas mismas niñas que atormentan a quienes somos padres de familia porque vemos con horror las sitcoms que emite Disney Channel cada tarde.


Pero retomemos el hilo de mi historia. Allí estábamos la señora ausenta y yo en una sala donde había más jovencitas de lo normal ya que, atención, se había presentado el club de fans de Selena Gómez en pleno. A la media hora de película, ya cuando habíamos visto a Pumares abandonar el pase, mi mujer se acercó a mi oído y me susurró que vaya rollo. Yo levanté un poco los hombros y le dije que no tanto y que a ver cómo iba la cosa. Y la cosa fue bien porque al rato estábamos ambos bastante embelesados por la propuesta y sus vaivenes entre lo irritante y lo hipnótico.


Al aparecer los títulos de crédito que indicaban el fin de la película se oyeron silbidos y alguien bramó un “¡Vaya mierda de película!” muy celebrado por una parte del público. Yo estaba en desacuerdo porque la hipnosis había vencido a la irritación y porque Spring breakers guarda en su interior algunas de las imágenes más arrebatadas del pOp reciente, especialmente esas chicas con bikinis rosas, máscaras rosas y armas de fuego convertidas en sicarias del gangsta de turno. Creo que mandé algún tuit inmediato lleno de entusiasmo (muy retuiteado por las fans de Selena, por cierto) y al día siguiente la película seguía ahí, internalizada y exultante.




Han pasado varios meses y ahora se estrena comercialmente, aunque supongo que durará poco en salas, pese al hipster, porque serán muchos quienes dirán que es una mierda. Lo cierto es que es muy difícil colocarse ante ella sin posicionarse en uno de los dos extremos, entre el exabrupto y el entusiasmo. Y mientras los primeros lo tendrán claro, los segundos la aplaudiremos pese a no tener claro si se trata de una operación de puro postureo y explotación moral o de genuina voluntad transgresora y ganas de subvertir el entertaiment con adolescentes wasp que coquetean con el lado oscuro. Al "mirad lo que hacen vuestras hijas cuando están solas" (visualizadas en estilizado modo MTV) hay que enfrentar la idea de pervertir el icono de la niña Disney televisiva, aunque sea revestida en lo que se espera de ella en un par de años (o incluso como futura sublimación de la chica de reformatorio). La adolescente del Disney Channel está ahí como pesadilla del peor pop de consumo, y su influencia es palpable en todas las niñas que aguardan a la puerta del colegio, lo veo cada mañana. Y en estos tiempos ramplones esa transgresión es hermosa, por mucho que nos quede la duda de si es sincera o pura impostura arty, si es una sátira o está vacía por dentro. En realidad da un poco igual porque aunque Selena se raje a media película hay una celebración casi ritual de la adolescente en bikini, de la abducción del emprendedor mafioso y de mofa en la cultura popular tal y como la entiende Britney Spears. En definitiva: hay gozo y disfrute al que entregarse y al que jalear.


Me pilla esta crónica a media lectura de Rastros de Carmín de Greil Marcus, libro que traza (entre otras cosas) caminos entre dadá, situacionismo y punk. Muy atrevido sería poner Sprin breakers en esa senda, aunque si nos ponemos punkis la película de Korine está más cerca de Malcolm McClaren que de Johnny Rotten. Aún así no puedo concluir estas letras sin uno de los párrafos que he subrayado estos días:
La cultura pop es un producto –un espectáculo, un show, una canalización de deseos suprimidos en forma de mercado- y a la vez es un impulso, una producción de deseos suprimidos que una vez liberados pueden crear su propia melodía. (…) Al producir lo popular, la sociedad burguesa produce su opuesto (la chusma), y en su mayor parte se las arregla para convertir ese opuesto en una imagen que se elimina o se presenta en los momentos oportunos. Y aún así la imagen misma es enemiga de la mayor parte de cosas en las que cree la burguesía, y su efecto no puede calcularse tan exactamente como la clase dominante desearía. Existe siempre la oportunidad de que lo pop sea utilizado para exigir fugazmente lo que el censor tanto teme.