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16.12.17
El tubérculo de Nyarlathotep
El tubérculo de Nyarlathotep, muy apreciado en Mesopotamia por el delicado tono carmesí de su pulpa, se exportaba a Oriente Medio desde lo que hoy conocemos como Malasia, donde era cultivado por la milenaria tribu de los semang. Según Zenódoto de Éfeso, primer bibliotecario de Alejandría, el vegetal requería tierra bañada con carne y sangre de vírgenes para su óptimo crecimiento. Tolerado por diversas corrientes paleocristianas hoy heréticas, hubo de esperarse a la llegada del Islam para que su cultivo fuera abolido en su totalidad. Esta semana hemos conocido que científicos israelíes de la Universidad de Tel Aviv afirman haber recreado semillas transgénicas de esta hortaliza hasta ahora considerada un simple mito de la antigüedad. Creo necesario advertir de las terribles consecuencias que este descubrimiento supone para el futuro de la raza humana. Sin ir más lejos, conviene recordar los bajorrelieves sumerios donde se habla de las nefastas flatulencias de Tíndalos.
31.12.14
TEZUKA Y LOS MUTANTES DEL PLANETA DE LOS SIMIOS
Ando estos días leyendo y disfrutando de Alabaster, uno de esos mangas de Osamu Tezuka con que nos van alegrando las editoriales, en este caso Astiberri. Pretendo escribir más sobre esta lectura, y algún Tezuka más, los próximos días. Alabaster es una variación sobre el Hombre Invisible con forma de divertidísima aventura pulp con un villano de folletín que también remite a Fantomas y demás genios del crimen. Como es habitual en Tezuka, no contempla el bien y el mal como dos absolutos puros sino que los llena de ambigüedad añadiendo ternura a la maldad o un carácter despiadado en quien se supone del lado del bien, y de fondo un plan maestro que quiere demostrar que la belleza no existe, que todo lo que es bello por fuera oculta fealdad interior.
Pero no venía yo a extenderme en ese aspecto sino anotar un detalle más anecdótico, y es que al llegar a la viñeta en que se muestra el verdadero rostro de Alabaster, cuya invisibilidad sólo afecta a la piel dejando ver músculos y venas, relacione de inmediato esa imagen con los mutantes que habitan el subsuelo de la Zona Prohibida del Planeta de los simios.
Mis lectores veteranos saben que siento fascinación por Regreso al Planeta de los simios, la primera secuela, y quizá eso me lleve a establecer un lazo improbable, y es cierto. De todas formas, tampoco es tan descabellado que Tezuka se inspirara en esos mutantes para dibujar el rostro de Alabaster: por un lado, tenemos que El Plantea de los simios fue todo un éxito en Japón, que su secuela se estrenó, según IMDB, en agosto de 1970 y que Tezuka empezó a publicar Alabaster en diciembre de ese mismo año.
14.10.14
CRÓNICAS DE SITGES 2014 (XXIV): TUSK
Si tuviera que otorgar un premio a la película más delirante y marciana vista este año en Sitges no tendría ninguna duda en señalar con alborozo y entusiasmo Tusk de Kevin Smith. Por otro lado, parte de mi disfrute proviene de no tener ni idea de lo que iba a ver. Me pasé buena parte de la película torcido de incredulidad y repitiéndome que no podía ser cierto lo que estaba viendo. Así que si queréis disfrutar de esa placentera sensación ante lo inimaginable… ¡Dejad de leer! ¿Habéis dejado de leer? Bien, pues prosigo escribiendo. Quién me iba a decir que Kevin Smith acabaría cruzando su destino con el Tod Browning de Freaks y Garras Humanas, que abordaría el Grand Guignol macabro sin perder por el camino su peculiar humor de francotirador y sus diálogos exuberantes. Pues así ha sido y en realidad no debería extrañarme. Disfruté como nunca, pero es una cosa tan extrema y bizarra que descolocará a muchos. Por cierto, un irreconocible Johnny Depp tiene un papel destacado.
CRÓNICAS DE SITGES 2014 (XXI): THE QUIET ONES
Tras un par de producciones un tanto sosas, la renacida Hammer nos entrega ahora un exploit de Expediente Warren (The Conjuring) y lo hace con tanto descaro y alegría que quizá por ello sea la ocasión en que más se acerca a su viejo espíritu, al menos el de su etapa setentera. Ambientada precisamente en esos años, afirma inspirarse en un caso real para después tomarse todas las libertades (y libertinajes) posibles. Y a mí eso me parece muy bien. La historia gira en torno a un investigador al mismo tiempo escéptico con los fantasmas y creyente en lo paranormal (telepatía, telequinesis y esas cosas). Junto a un reducido equipo se dedica al estudio de una joven demente que dice estar poseída mientras las sillas vuelan a su alrededor. Como buena explotación que es, dinamita la contención de su exitoso referente y se hincha de todo tipo de rellenos: tensiones sexuales al cubo, personajes y situaciones típicas, sectas, demonios babilónicos, espiritismo, muñecos infernales, ciencia paranormal, combustiones espontáneas, sustos de feria y tren de la bruja. La película no es muy buena, no, pero sí lo suficiente entrañable para aplaudir su desvergüenza y descaro.
25.8.14
SILLÓN OREJERO
Cuando hace ya diez años, tal día como hoy, abrí este rincón ausente que tantas alegrías me ha dado (el tiempo invertido ha merecido la pena), una de mis intenciones fue ir anotando todos los libros, cómics o películas en los que me zambullía. Durante un tiempo lo conseguí, pero luego la falta de tiempo y la dispersión lo hicieron imposible. De vez en cuando anoto listas manuscritas de temas o cosas que luego se diluyen o pierden sentido. A finales del año pasado abrí cuenta en Goodreads y he procurado ser fiel a ella, al menos con los libros pero no con los cómics. Eso me ha permitido tener una lista de todo lo que llevo leído desde entonces junto a unos apuntes de reseña escritos con premura. Como, mecachis, no aparece aún en el buzón la epístola libresca de Sark con las novedades veraniegas, he pensado reunir por aquí los libros leídos desde comienzo de 2014 y que por una razón u otra no habían aparecido por aquí.
Empecé el año lector con lo que cayó de regalo navideño, y eso que no es habitual que me abalance sobre las novedades recién entradas. Lo cierto es que sentía mucha curiosidad por el entonces libro del momento, una novela de terror vanguardista en forma y fondo etiquetada más o menos con acierto como un cruce entre Stephen King y Foster Wallace. Si le han dado un ojo en librerías seguro que han visto su increíble maqueta, con párrafos en espiral, invertidos, laberínticos o alternando páginas llenas de letra con otras casi carentes de ella. Y ojo, porque no son gratuitos. La casa de hojas pertenece al subgénero de las casas encantadas pero está construida a partir de tres niveles. Por un lado, el filme documental realizado por el padre de la familia que la habita cuyo metraje imposible nos desgrana (segundo nivel) de manera minuciosa y obsesiva el extenso ensayo escrito por un anciano ciego ya fallecido. La obra de su vida, plagada de pies de texto a cientos de referencias ficticias sobre la película. El tercer nivel corresponde a las anotaciones sobre el manuscrito realizadas, muy al estilo Palahniuk, por un tatuador disfuncional, amigo de drogas y peleas, a cuyas manos va a parar el original del viejo, y que queda atrapado por su contenido maldito. No contento con ello, Danielewski completa la novela con un profuso anexo de apéndices donde destacan, por cruciales, las cartas que la madre del tatuador le enviaba desde su reclusión en un manicomio. Así que tenemos una obra formalmente inaudita, porque a los experimentos antes comentados en la composición de la página, con voluntad narrativa, se añaden las diferentes tipografías según quien escriba (principalmente el viejo y el tatuador) y literalmente cientos de pies de página. Aunque en momentos concretos llegué a la conclusión de que le sobran algunas páginas, y que tiene algunos pasajes de lectura áspera, lo cierto es que me sumergí atrapado y no lo solté de mis manos hasta acabarlo. Me alegra mucho el éxito (va por la cuarta edición) de lo que era una empresa arriesgada, el esfuerzo en la maqueta de la edición española es más que brillante (un curro) y la traducción de Javier Calvo titánica.
Recopilación de artículos de prensa de Javier Valenzuela publicados en la primera mitad de la década de los 80, disfruté mucho de su lectura entre otras cosas porque el periodismo de sucesos es una de mis debilidades. El eje temático son los quinquis, de los que aquí se ofrece una visión realista y trágica muy alejada del aire de figura mítica con que la cultura pop patria les envolvió. Historias de atracadores adolescentes, hijos de la droga, polígonos y cárceles. La antología, breve y que consumí leyendo un capítulo al día, se completa con algún texto de costumbrismo madrileño, novela negra madrileña (lo que menos me atrajo), una semblanza del alcalde Tierno Galván y una reivindicación, justa y necesaria, de Tomas de Quincey como padre del periodismo de sucesos.
Antología completa de los cuentos de Bierce que he disfrutado bastante, intentando seguir el ritmo de un relato al día. Obviamente, al tratarse de una compilación integral y extensiva, hay un poco de todo. Están los relatos más conocidos, desde el precedente del horror cósmico de Lovecraft que es Un habitante de Carcosa al salvaje humor negro de El clan de los Parricidas. De Bierce, además de su humor, me gustan esas recopilaciones de breves historias de fantasmas, casas encantadas y muertos que caminan escritas con sencillez y que no sé si eran inventadas o recogidas durante sus viajes (un poco como preámbulo a las compilaciones de Charles Fort); me gusta que su gótico americano más que de mansiones sureñas sea de mineros, cabañas y poblados de la frontera, y ahí mezcla western con fantástico (una debilidad personal); o las muchas historias de fantasmas ambientadas en la guerra de secesión, que es otro detalle muy interesante porque el horror de la guerra configura mucho de nuestro horror contemporáneo.
Uno de mis géneros preferidos es lo que Tom Wolfe bautizó como Nuevo Periodismo, y Gay Talese fue uno de los primeros y mejores exponentes. Esta antología es estupenda y la componen algunos de sus retratos, fruto de acompañar durante algunos días a alguna celebridad, observarla y escribir sobre ella: Frank Sinatra, Peter O'toole, Alí en Cuba, Joe Louis, Floyd Patterson o Joe Dimaggio (estos tres últimos leyendas del deporte USA que Talese describe en su retiro), una divertida historia del magazine literario Paris Review, la historia del redactor de obituarios del NY Times y, al final, una serie de historias familiares como el ardid de un sastre napolitano (su abuelo) para engañar a un mafioso, cómo acabo siendo periodista y algunos consejos. A mi es que todo esto me encanta y me lo paso muy bien gracias a su prosa de apariencia sencilla y su tremenda habilidad para observar y desnudar al personaje. Un maestro.
El tipo de locura que me hace babear de placer: coleccionistas de parafernalia nazi, boxeadores judíos, barriobajeros sonados, asesinos daneses, fascistas ingleses de los años 30, aristócratas ridículos, mad doctors pichaflojas, eugenesia, enfermedades raras y apestosas, música atonal, futuristas italianos, insectos mutantes, cartas de Hitler, sexo raruno, lenguajes artificiales, casas del futuro del siglo XIX, humor inglés, instinto bruto. ¡Qué más puedo decir sin que los ojos aún me hagan chiribitas de gozo! Lástima que flojee un pelín en las últimas páginas, pero qué coño importa eso si hasta ahí el viaje es un gozoso festival de ideas locas, un guateque de referencias pOp, una fiesta ideal para los viejos lectores de este blog.
Interesante recopilación de ensayos sobre arte y literatura extraños, 16 en total, a cargo del escritor y traductor Javier Calvo publicados con anterioridad y de manera dispersa en revistas, web o incluso como prólogos. Reconozco que las antologías de no-ficción son una de mis debilidades, y aquí muchos de los temas son muy de mi agrado. Textos sobre Lovecraft, Cirlot, Alan Moore, Los Invisibles de Morrison, Aleister Crowley y la literatura de magia oscura, Colin Wilson, Doctor Who, arquitectura nazi, black metal o espiritismo que Javier Calvo despliega con pasión y conocimiento, e incluso resulta didáctico en temas como la magia oculta y el gnosticismo, que me atraen pese a mi escepticismo. Vamos, que lo he leído con mucho gusto e interés. De nuevo, intenté que el ritmo fuera de un capítulo diario.
Excelente relato más o menos distópico en un futuro (siglo XXII) en el que el fin de los recursos energéticos derivados del petroleo, la guerra, las plagas y la enfermedad han convertido a las corporaciones transgénicas en el principal poder mundial. No hay variedades de arroz, por ejemplo, sino un único tipo, el U-Tex. Tiene el gran acierto de ambientarse en Tailandia, porque al futuro le sienta bien ser asiático más que occidental, una autarquía que se debate entre seguir cerrada o abrirseal exterior, con una lucha de poder entre el ministerio de comercio y el militarizado ministerio de medio ambiente. También hay piratas genéticos y neoseres, es decir, humanos o animales modificados genéticamente que los tailandeses ven como aberraciones a exterminar. Historia coral llena de intrigas y acción, de humedad, suciedad y violencia, lo cierto es que tras las 100 primeras páginas ya no pude soltarlo y lo devoré en muy pocos días. Un clásico de la ciencia ficción contemporánea.
Impresionante. En principio, se trata de un relato policial entre la investigación detectivesca de un crimen y el thriller con ramificaciones políticas. Eso en principio, aunque lo realmente interesante es que sitúa la acción en dos ciudades que comparten el mismo espacio físico y donde sus habitantes han sido educados para no ver a los vecinos con los que comparten lugar pero no ciudad, a "desverlos", y evitar en todo lo posible cruzar las fronteras entre una y otra, "abrir una brecha". Es impresionante como Mieville hace suyo tan surreal punto de partida y consigue que el lector le acompañe. Curiosamente, aunque se pueden trazar multitud de metáforas ante esa situación (del muro de Berlín al Estado de Israel, pasando por cualquier lugar donde sus habitantes estén separados por razones étnicas o ideológicas) Mieville las desprecia para centrase en el relato policial de un crimen que pone en duda el sistema. Lectura muy recomendable y del todo fascinante.
Primera relectura del año, en parte motivada porque es uno de los ejes de la segunda entrega de Gótico de Suburbia. Última novela escrita por Dick, me resulta tan extraña como hipnótica. Por un lado, un acto de lealtad a su amigo el polémico obispo Pike (el Archer del título) y por otro un cierre entre la ironía y el escepticismo a su obra y a su ciclo religioso final. En realidad, más que una novela de género fantástico o anticipación, es lo más cerca que estuvo de escribir una obra de base autobiográfíca, en clave contracultural y a la genuina manera Dick (si no tenemos en cuenta Confesiones de un artista de mierda, al fin y al cabo escrita a finales de los 50 pero publicada casi tres décadas después). Está llena de diálogos sobre temas metafísicos o religiosos (muy bien llevados) y también funciona como paisaje del Berkeley de los 70 y su fauna pintoresca (de la que él mismo formaba parte).
Otra relectura motivada por la misma razón que la anterior, y tras la cual sólo puedo decir que es una novela maravillosa que aún me ha gustado más que la primera vez. Lieber, un tipo pintoresco y un buen escritor de género, pasó un lustro borracho por la muerte de su esposa y acabó convirtiendo el paisaje urbano que veía por la ventana de su apartamento en la base de una de las novelas de terror más singulares jamás escrita. Enriquecida por la presencia de secundarios como Jack London, Ambrose Bierce, Dashiel Hammett o Clark Ashton Smith, entre mucho otros a los que se cita o menciona. No diré que es la precursora de ese tipo de pastiche (no olvidemos a Philip José Farmer), pero casi. Sus virtudes son enormes: es tan generosa en citas, guiños y referencias que daría para escribir un ensayo sobre ella, pero al mismo tiempo es una lectura sencilla y nada pretenciosa. Terror alimentado por libros malditos (reales o falsos) y novelitas pulp; por si fuera poco se saca de la manga el concepto de la megapolisomancia, es decir, magia negra que utiliza las arquitecturas urbanas contemporáneas.
Palabras mayores. Fantástica. Un genuino tesoro secreto (al menos para muchos, porque el rastro de su influencia es notable) que merece reivindicación entusiasta. Gótico sureño, lugareños ruines, agorafobia asesina y maldad infantil a medio camino entre el cuento de brujas y las mansiones con fantasma, todo envuelto en un punto de vista de siniestra inocencia. El primer párrafo es pura poesía maldita. El último es demoledor. Imprescindible para todo aficionado a lo malsano.
Fantástico y brillante libro de historia que empieza con la Exposición Universal de París de 1900 (un sueño de progreso) y acaba con el estallido definitivo de la Gran Guerra, tras la que el mundo ya no será el mismo. Disputas, alianzas, crisis entre imperios, gran descripción de las personalidades implicadas (y sus minucias), corrientes culturales. He disfrutado mucho la lectura y al final no podía soltarla, atrapado casi como si fuera una gran novela de intrigas que por desgracia no es. Muy recomendable y un ejemplo de como los libros de historia pueden ser una lectura apasionante. Por si no fuera suficiente con eso, he subrayado un montón de párrafos y marcado páginas porque es una de esas lecturas que me arrastran a investigar cosas o me regalan ideas sobre las que profundizar un poco más.
Machen, que ya era pionero y referente para el devenir futuro del género de terror, demostró de nuevo su condición de escritor adelantado a su tiempo con esta novela breve escrita mientras en Europa tenía lugar la 1ª Guerra Mundial. Por un lado, porque era una reacción a ésta y, de hecho, tiene muy claro que la atroz violencia de la contienda es un terror insuperable y el germen de todo mal. Por otro, porque esa revuelta atávica de las fuerzas de la naturaleza se avanza en décadas al terror ecológico que imperó en los 70. Y eso sin olvidar el estilo directo, objetivo y, en parte, periodístico con que retrata toda la serie de fenómenos extraños que describe, influenciado por el materialismo de la literatura espiritista de la época y un poco como haría Charles Fort muy poco después. Se lee en una tarde.
Otras lecturas en lo que llevo de 2014 de las que ya he hablado por aquí:
Los libros condenados, de Jacques Bergier
Manitú de Graham Masterton y La fortaleza de F. Paul Wilson
Librerías, de Jorge Carrión
La casa de hojas, de Mark Z. Danielewski
(Pálido Fuego / Alpha Decay, 2013)
Empecé el año lector con lo que cayó de regalo navideño, y eso que no es habitual que me abalance sobre las novedades recién entradas. Lo cierto es que sentía mucha curiosidad por el entonces libro del momento, una novela de terror vanguardista en forma y fondo etiquetada más o menos con acierto como un cruce entre Stephen King y Foster Wallace. Si le han dado un ojo en librerías seguro que han visto su increíble maqueta, con párrafos en espiral, invertidos, laberínticos o alternando páginas llenas de letra con otras casi carentes de ella. Y ojo, porque no son gratuitos. La casa de hojas pertenece al subgénero de las casas encantadas pero está construida a partir de tres niveles. Por un lado, el filme documental realizado por el padre de la familia que la habita cuyo metraje imposible nos desgrana (segundo nivel) de manera minuciosa y obsesiva el extenso ensayo escrito por un anciano ciego ya fallecido. La obra de su vida, plagada de pies de texto a cientos de referencias ficticias sobre la película. El tercer nivel corresponde a las anotaciones sobre el manuscrito realizadas, muy al estilo Palahniuk, por un tatuador disfuncional, amigo de drogas y peleas, a cuyas manos va a parar el original del viejo, y que queda atrapado por su contenido maldito. No contento con ello, Danielewski completa la novela con un profuso anexo de apéndices donde destacan, por cruciales, las cartas que la madre del tatuador le enviaba desde su reclusión en un manicomio. Así que tenemos una obra formalmente inaudita, porque a los experimentos antes comentados en la composición de la página, con voluntad narrativa, se añaden las diferentes tipografías según quien escriba (principalmente el viejo y el tatuador) y literalmente cientos de pies de página. Aunque en momentos concretos llegué a la conclusión de que le sobran algunas páginas, y que tiene algunos pasajes de lectura áspera, lo cierto es que me sumergí atrapado y no lo solté de mis manos hasta acabarlo. Me alegra mucho el éxito (va por la cuarta edición) de lo que era una empresa arriesgada, el esfuerzo en la maqueta de la edición española es más que brillante (un curro) y la traducción de Javier Calvo titánica.
Crónicas Quinquis, de Javier Valenzuela
(Libros del K.O., 2013)
Recopilación de artículos de prensa de Javier Valenzuela publicados en la primera mitad de la década de los 80, disfruté mucho de su lectura entre otras cosas porque el periodismo de sucesos es una de mis debilidades. El eje temático son los quinquis, de los que aquí se ofrece una visión realista y trágica muy alejada del aire de figura mítica con que la cultura pop patria les envolvió. Historias de atracadores adolescentes, hijos de la droga, polígonos y cárceles. La antología, breve y que consumí leyendo un capítulo al día, se completa con algún texto de costumbrismo madrileño, novela negra madrileña (lo que menos me atrajo), una semblanza del alcalde Tierno Galván y una reivindicación, justa y necesaria, de Tomas de Quincey como padre del periodismo de sucesos.
¿Pueden suceder tales cosas? Cuentos fantásticos completos, de Ambrose Bierce
(Valdemar, 2012)
Antología completa de los cuentos de Bierce que he disfrutado bastante, intentando seguir el ritmo de un relato al día. Obviamente, al tratarse de una compilación integral y extensiva, hay un poco de todo. Están los relatos más conocidos, desde el precedente del horror cósmico de Lovecraft que es Un habitante de Carcosa al salvaje humor negro de El clan de los Parricidas. De Bierce, además de su humor, me gustan esas recopilaciones de breves historias de fantasmas, casas encantadas y muertos que caminan escritas con sencillez y que no sé si eran inventadas o recogidas durante sus viajes (un poco como preámbulo a las compilaciones de Charles Fort); me gusta que su gótico americano más que de mansiones sureñas sea de mineros, cabañas y poblados de la frontera, y ahí mezcla western con fantástico (una debilidad personal); o las muchas historias de fantasmas ambientadas en la guerra de secesión, que es otro detalle muy interesante porque el horror de la guerra configura mucho de nuestro horror contemporáneo.
Retratos y encuentros, de Gay Talese
(Alfaguara, 2010)
Uno de mis géneros preferidos es lo que Tom Wolfe bautizó como Nuevo Periodismo, y Gay Talese fue uno de los primeros y mejores exponentes. Esta antología es estupenda y la componen algunos de sus retratos, fruto de acompañar durante algunos días a alguna celebridad, observarla y escribir sobre ella: Frank Sinatra, Peter O'toole, Alí en Cuba, Joe Louis, Floyd Patterson o Joe Dimaggio (estos tres últimos leyendas del deporte USA que Talese describe en su retiro), una divertida historia del magazine literario Paris Review, la historia del redactor de obituarios del NY Times y, al final, una serie de historias familiares como el ardid de un sastre napolitano (su abuelo) para engañar a un mafioso, cómo acabo siendo periodista y algunos consejos. A mi es que todo esto me encanta y me lo paso muy bien gracias a su prosa de apariencia sencilla y su tremenda habilidad para observar y desnudar al personaje. Un maestro.
Escarabajo Hitler, de Ned Beauman
(Funambulista, 2012)
El sueño y el mito, de Javier Calvo
(Aristas Martínez, 2014)
Interesante recopilación de ensayos sobre arte y literatura extraños, 16 en total, a cargo del escritor y traductor Javier Calvo publicados con anterioridad y de manera dispersa en revistas, web o incluso como prólogos. Reconozco que las antologías de no-ficción son una de mis debilidades, y aquí muchos de los temas son muy de mi agrado. Textos sobre Lovecraft, Cirlot, Alan Moore, Los Invisibles de Morrison, Aleister Crowley y la literatura de magia oscura, Colin Wilson, Doctor Who, arquitectura nazi, black metal o espiritismo que Javier Calvo despliega con pasión y conocimiento, e incluso resulta didáctico en temas como la magia oculta y el gnosticismo, que me atraen pese a mi escepticismo. Vamos, que lo he leído con mucho gusto e interés. De nuevo, intenté que el ritmo fuera de un capítulo diario.
La chica mecánica, de Paolo Bacigalupi
(Plaza & Janés, 2011)
Excelente relato más o menos distópico en un futuro (siglo XXII) en el que el fin de los recursos energéticos derivados del petroleo, la guerra, las plagas y la enfermedad han convertido a las corporaciones transgénicas en el principal poder mundial. No hay variedades de arroz, por ejemplo, sino un único tipo, el U-Tex. Tiene el gran acierto de ambientarse en Tailandia, porque al futuro le sienta bien ser asiático más que occidental, una autarquía que se debate entre seguir cerrada o abrirseal exterior, con una lucha de poder entre el ministerio de comercio y el militarizado ministerio de medio ambiente. También hay piratas genéticos y neoseres, es decir, humanos o animales modificados genéticamente que los tailandeses ven como aberraciones a exterminar. Historia coral llena de intrigas y acción, de humedad, suciedad y violencia, lo cierto es que tras las 100 primeras páginas ya no pude soltarlo y lo devoré en muy pocos días. Un clásico de la ciencia ficción contemporánea.
La ciudad y la ciudad, de China Miéville
(Factoría de ideas, 2011)
Impresionante. En principio, se trata de un relato policial entre la investigación detectivesca de un crimen y el thriller con ramificaciones políticas. Eso en principio, aunque lo realmente interesante es que sitúa la acción en dos ciudades que comparten el mismo espacio físico y donde sus habitantes han sido educados para no ver a los vecinos con los que comparten lugar pero no ciudad, a "desverlos", y evitar en todo lo posible cruzar las fronteras entre una y otra, "abrir una brecha". Es impresionante como Mieville hace suyo tan surreal punto de partida y consigue que el lector le acompañe. Curiosamente, aunque se pueden trazar multitud de metáforas ante esa situación (del muro de Berlín al Estado de Israel, pasando por cualquier lugar donde sus habitantes estén separados por razones étnicas o ideológicas) Mieville las desprecia para centrase en el relato policial de un crimen que pone en duda el sistema. Lectura muy recomendable y del todo fascinante.
La transmigración de Timothy Archer, de Philip K. Dick
(Minotauro, 2012)
Primera relectura del año, en parte motivada porque es uno de los ejes de la segunda entrega de Gótico de Suburbia. Última novela escrita por Dick, me resulta tan extraña como hipnótica. Por un lado, un acto de lealtad a su amigo el polémico obispo Pike (el Archer del título) y por otro un cierre entre la ironía y el escepticismo a su obra y a su ciclo religioso final. En realidad, más que una novela de género fantástico o anticipación, es lo más cerca que estuvo de escribir una obra de base autobiográfíca, en clave contracultural y a la genuina manera Dick (si no tenemos en cuenta Confesiones de un artista de mierda, al fin y al cabo escrita a finales de los 50 pero publicada casi tres décadas después). Está llena de diálogos sobre temas metafísicos o religiosos (muy bien llevados) y también funciona como paisaje del Berkeley de los 70 y su fauna pintoresca (de la que él mismo formaba parte).
Nuestra señora de las tinieblas, de Fritz Leiber
(Pulp ediciones, 2002)
Otra relectura motivada por la misma razón que la anterior, y tras la cual sólo puedo decir que es una novela maravillosa que aún me ha gustado más que la primera vez. Lieber, un tipo pintoresco y un buen escritor de género, pasó un lustro borracho por la muerte de su esposa y acabó convirtiendo el paisaje urbano que veía por la ventana de su apartamento en la base de una de las novelas de terror más singulares jamás escrita. Enriquecida por la presencia de secundarios como Jack London, Ambrose Bierce, Dashiel Hammett o Clark Ashton Smith, entre mucho otros a los que se cita o menciona. No diré que es la precursora de ese tipo de pastiche (no olvidemos a Philip José Farmer), pero casi. Sus virtudes son enormes: es tan generosa en citas, guiños y referencias que daría para escribir un ensayo sobre ella, pero al mismo tiempo es una lectura sencilla y nada pretenciosa. Terror alimentado por libros malditos (reales o falsos) y novelitas pulp; por si fuera poco se saca de la manga el concepto de la megapolisomancia, es decir, magia negra que utiliza las arquitecturas urbanas contemporáneas.
Siempre hemos vivido en el castillo, de Shirley Jackson
(Minúscula, 2012)
Palabras mayores. Fantástica. Un genuino tesoro secreto (al menos para muchos, porque el rastro de su influencia es notable) que merece reivindicación entusiasta. Gótico sureño, lugareños ruines, agorafobia asesina y maldad infantil a medio camino entre el cuento de brujas y las mansiones con fantasma, todo envuelto en un punto de vista de siniestra inocencia. El primer párrafo es pura poesía maldita. El último es demoledor. Imprescindible para todo aficionado a lo malsano.
1914: de la paz a la guerra, de Margaret MacMillan
(Turner, 2013)
Fantástico y brillante libro de historia que empieza con la Exposición Universal de París de 1900 (un sueño de progreso) y acaba con el estallido definitivo de la Gran Guerra, tras la que el mundo ya no será el mismo. Disputas, alianzas, crisis entre imperios, gran descripción de las personalidades implicadas (y sus minucias), corrientes culturales. He disfrutado mucho la lectura y al final no podía soltarla, atrapado casi como si fuera una gran novela de intrigas que por desgracia no es. Muy recomendable y un ejemplo de como los libros de historia pueden ser una lectura apasionante. Por si no fuera suficiente con eso, he subrayado un montón de párrafos y marcado páginas porque es una de esas lecturas que me arrastran a investigar cosas o me regalan ideas sobre las que profundizar un poco más.
El terror, de Arthur Machen
(Alianza, 2004)
Machen, que ya era pionero y referente para el devenir futuro del género de terror, demostró de nuevo su condición de escritor adelantado a su tiempo con esta novela breve escrita mientras en Europa tenía lugar la 1ª Guerra Mundial. Por un lado, porque era una reacción a ésta y, de hecho, tiene muy claro que la atroz violencia de la contienda es un terror insuperable y el germen de todo mal. Por otro, porque esa revuelta atávica de las fuerzas de la naturaleza se avanza en décadas al terror ecológico que imperó en los 70. Y eso sin olvidar el estilo directo, objetivo y, en parte, periodístico con que retrata toda la serie de fenómenos extraños que describe, influenciado por el materialismo de la literatura espiritista de la época y un poco como haría Charles Fort muy poco después. Se lee en una tarde.
Otras lecturas en lo que llevo de 2014 de las que ya he hablado por aquí:
Los libros condenados, de Jacques Bergier
Manitú de Graham Masterton y La fortaleza de F. Paul Wilson
Librerías, de Jorge Carrión
20.2.14
GÓTICO MALAGUEÑO
Esto de Trash entre amigos va como va, y si la semana pasada estábamos en Bilbao con un gorila gigante con zapatillas, mañana viernes 21 de febrero estaremos en la Térmica de Málaga dispuestos a maldecir al Séptimo Arte.
La película escogida es una de esas oscuras e infames muestras de eurotrash con que la industria italiana nos alegró la vida. Ya saben que siempre digo que hay que vincular el auge del delirante cine de explotación italiano con el ascenso de Berlusconi del mismo modo que Kracauer vinculó el expresionismo alemán como reflejo insconsciente y colectivo de la irrupción de Hitler.
La película, como digo, es algo inenarrable y se titula Terror en el castillo de las mujeres malditas (1974), también conocida internacionalmente como Frankenstein’s Castle of Freaks, un titulo mucho más acorde con el argumento… si se puede decir que hay argumento. Lo de las mujeres malditas quizá sea porque El castillo de las mujeres malditas fue el título italiano de The Ghost in the Invisible Bikini (1966), una joyita pop con Nancy Sinatra y Boris Karloff, pero vamos, los designios de la explotación son inexcrutables, y más cuando tenemos por en medio a Dick Randall, que ejerce aquí de director (cosa rara) pero que como productor estuvo envuelto en mondos infames, copias de Emmanuelle, clones de Bruce Lee y hasta en tres títulos del maestro Juan Piquer Simón: Supersonic Man, Mil gritos tiene la noche y Los nuevos extraterrestres.
Terror en el castillo de las mujeres malditas (Frankenstein’s Castle of Freaks) es, en términos de canon cinéfilo, una película pésima. De hecho, está considerada la más mala de todas las que se inspiran, de alguna manera, en la inmortal criatura de Mary Shelley. Pero como siempre, eso es muy matizable porque es una espléndida muestra de cine inaudito que te lleva a preguntarte POR QUÉ. Diálogos malos, música atroz, montaje infecto, actuaciones pésimas, tetas, argumento absurdo, enanos y cavernícolas.
Os dejo con una galería de bellos carteles.
La película escogida es una de esas oscuras e infames muestras de eurotrash con que la industria italiana nos alegró la vida. Ya saben que siempre digo que hay que vincular el auge del delirante cine de explotación italiano con el ascenso de Berlusconi del mismo modo que Kracauer vinculó el expresionismo alemán como reflejo insconsciente y colectivo de la irrupción de Hitler.
La película, como digo, es algo inenarrable y se titula Terror en el castillo de las mujeres malditas (1974), también conocida internacionalmente como Frankenstein’s Castle of Freaks, un titulo mucho más acorde con el argumento… si se puede decir que hay argumento. Lo de las mujeres malditas quizá sea porque El castillo de las mujeres malditas fue el título italiano de The Ghost in the Invisible Bikini (1966), una joyita pop con Nancy Sinatra y Boris Karloff, pero vamos, los designios de la explotación son inexcrutables, y más cuando tenemos por en medio a Dick Randall, que ejerce aquí de director (cosa rara) pero que como productor estuvo envuelto en mondos infames, copias de Emmanuelle, clones de Bruce Lee y hasta en tres títulos del maestro Juan Piquer Simón: Supersonic Man, Mil gritos tiene la noche y Los nuevos extraterrestres.
Terror en el castillo de las mujeres malditas (Frankenstein’s Castle of Freaks) es, en términos de canon cinéfilo, una película pésima. De hecho, está considerada la más mala de todas las que se inspiran, de alguna manera, en la inmortal criatura de Mary Shelley. Pero como siempre, eso es muy matizable porque es una espléndida muestra de cine inaudito que te lleva a preguntarte POR QUÉ. Diálogos malos, música atroz, montaje infecto, actuaciones pésimas, tetas, argumento absurdo, enanos y cavernícolas.
Os dejo con una galería de bellos carteles.
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