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30.7.15

UNA MUJER LLAMADA MAGGIE CHASCARRILLO



A estas alturas, a poco que se sigan las novedades tebeíles por blogs y redes sociales, seguro que ya han recibido el mensaje: Chapuzas de Amor, la más reciente novela gráfica de Jaime Hernández editada por aquí (vía La Cúpula), es una lectura enorme, buenísima, de lo mejor en lo que llevamos de año. Puedo certificarlo. Jaime es un maestro indiscutible, su dibujo es primoroso y su forma de narrar única, ágil a la vez que compleja por su surtido de elipsis, saltos temporales o acciones paralelas que irrumpen en el tránsito de una viñeta a otra, y todo tan sutil, tan natural, que no admite comparación.



A ese don, tan innato como fruto de años de trabajo en libertad, se une el devenir de unos personajes que muchos lectores de cómics hemos hecho nuestros hasta sentir por ellos un aprecio que muy pocos entes de ficción alcanzan. Junto a su amiga Hopey, a Maggie Chascarrillo la hemos visto crecer durante tres décadas. ¡34 años desde que en 1981 los Hermanos Hernández publicaran el primer número de Love and Rockets! Aunque para el lector español el punto de partida se produce en 1986, en las páginas de El Víbora número 78 (ahí dejo el dato, que para algo me he tomado la molestia de escarbar en su búsqueda).



De aquella Maggie juvenil, de buen ver y aprendiz de mecánica, hemos pasado a la Maggie cuarentona y regordeta que protagoniza Chapuzas de amor, una novela gráfica que se erige no solo como una cumbre más de la saga Locas (y van…) sino también como gigantesca aproximación al género romántico desde un costumbrismo muy particular. En sus páginas discurre una emocionante historia de amor postergado y desencuentros surcada de flashbacks a un pasado familiar trágico; pero la sabiduría de Jaime Hernández extirpa toda esa blandura almibarada que hace odiosa la ficción amorosa. No, aquí hay vida, energía, intensidad, un maravilloso coro de personajes y, desde luego, emoción: al acabar es bastante probable que asome alguna lagrimilla. Así de poderosa es la cosa.



Avisado hace tiempo de que se trataba de un gran tebeo, decidí que la ocasión merecía alguna relectura previa. Un placer extra de los cómics es que es sencillo regresar a ellos. Lo descubrí hace mucho tiempo, como lector asiduo de franco-belga, cuya habitual cadencia anual de publicación casi obliga a releer al menos la entrega anterior. Pero en este caso, la decisión plantea una primera pregunta: ¿Es posible disfrutar de Chapuzas de amor sin haber leído todo lo anterior? Soy incapaz de responder a eso. Leo un comentario de alguien que había leído cosas sueltas que dice que sí, que se puede, e intuyo que es correcto; pero aún así, es mucho mejor si se conoce a los personajes.



Y ahí llega la segunda gran pregunta, que en realidad son varias: ¿Es necesario leer todo lo anterior? ¿Hay algún buen punto intermedio? ¿Y si quiero leerlo todo, cuál es el orden correcto? De entrada respondo que NO es necesario leer todo lo anterior y que con El fantasma de Hoppers, La educación de Hopey Glass y Chapuzas de amor, por este orden, el gozo está garantizado. Tanto que sin duda se querrá leer lo que falta y se planteará esa tercera pregunta:

¿Y si quiero leerlo todo, cuál es el orden correcto? Tampoco es tan complicado:


Locas 1, 2 y 3 (La Cúpula, 2006)


Penny Century (*)


El fantasma de Hoppers (La Cúpula, 2011)


La educación de Hopey Glass (La Cúpula, 2008)


El retorno de las T-Girls (La Cúpula, 2012) (*)


Chapuzas de amor (La Cúpula, 2015)

Fíjense en los asteriscos que he puesto a un par de títulos. Enseguida lo explico, pero antes hay una posible pregunta más: “Es que yo me compré algunas ediciones anteriores y esos materiales... ¿se repiten en los tres volúmenes de Locas?

Cierto. Si tienes...


Mechanics (La Cúpula, 1990)


Las mujeres perdidas (La Cúpula, 1992)


Locas: la muerte de Speedy (4 números, Brut comix, La Cúpula, 1997)


Locas: Maggie y Hoppey (6 números, Brut comix, La Cúpula, 1999)

...No es necesario que te hagas con Locas 1 y 2 (te faltará alguna historieta corta, pero nada grave) pero sí con Locas 3 porque en buena parte contiene material no publicado antes.



Respecto a los asteriscos que he puesto acompañando a Penny Century y El retorno de las T-Girls, bueno, están ahí porque uno se los puede saltar si solo interesa la parte digamos… costumbrista de Locas. Verán, cuando los Hermanos Hernandez irrumpieron en las páginas de El Víbora, enseguida me decanté por Beto. Palomar es mucho Palomar. Jaime me encantaba en la cuestión gráfica pero no acababa de encontrarle el punto a esa historia de regusto retro con chicas que ejercen de mecánicas en un planeta selvático y mujeres profesionales de la lucha libre.


Y es que Locas, en su primera etapa, la de Mechanix, es eso, un extraño híbrido de fantasía retro y culebrón ligero, alternando un contexto scifi-pop con otro muy centrado en la movida post-punk ochentera en Los Angeles cuyo punto de vista costumbrista será el que se acabe imponiendo mientras los personajes crecen, evolucionan, se hacen mayores.




Aún así, Jaime Hernández no rompe con lo explicado hasta entonces y de vez en cuando nos recuerda en segundo plano, que en el universo de Locas ese realismo urbano convive con un mundo de mujeres luchadoras que en ocasiones recupera el protagonismo, que es lo que pasa con Penny Century y con El retorno de las T-Girls. Sé que hay quien considera esos paréntesis como capítulos menores, y desde luego se apartan de la línea argumental de Maggie y Hopey, por lo que uno se los puede saltar si solo interesa esa vertiente de la continuidad de la serie; pero también es justo decir que pueden ser una lectura deliciosa.


Para acabar, he señalado que quien busque un punto intermedio por el que empezar puede acudir a la siguiente cronología, que es la que he acometido en mi relectura de estos días:


El fantasma de Hoppers supone un cambio con lo anterior. Maggie ya no es la punk alocada de antaño, ya no comparte piso con Hopey y tiene un trabajo como encargada de un edificio de apartamentos en los suburbios de Los Ángeles. La historia gira alrededor de Izzie, inicialmente la tercera de las Locas y ahora muy perjudicada mentalmente, pero surgen una serie de personajes que van a estar ahí, y en especial es importante por la irrupción de Ray, una antigua pareja.


La educación de Hopey Glass es enorme. Para mí supuso en su momento la certeza de que Jaime había superado con creces a su hermano Beto. Y aunque por el título parezca centrarse en la otra protagonista, Maggie acaba por imponerse, y no solo eso, su relación sentimental con Ray se convierte en el eje principal.


El regreso de las T-Girls se coloca cronológicamente aquí, pero como decía si lo que interesa es la trama de los desencuentros románticos de Maggie aquí nada hay de eso y su presencia es colateral, cediendo el protagonismo a su tía Penny Century y a un par de vecinas que por la noche ejercen de justicieras enmascaradas. Eso sí, como aventura de mujeres superpoderosas es un manjar fresco y luminoso.


Y llegamos a Chapuzas de amor. Otro goce infinito que en apariencia concluye, o lleva a un nuevo escalón, la complicada historia de amor entre Maggie y Ray, además de desvelar trágicos detalles de familia e infancia.



Y así, a estas alturas de la obra de Jaime Hernandez, resulta impepinable señalar que Maggie Chascarrillo es ya uno de los más grandes e importantes personajes de la historia del cómic. Un clásico contemporáneo. Una obra maestra.





  


1.6.15

IMAGINACIÓN ILIMITADA: SUEÑOS, FOLLETINES Y DAVID B.



He disfrutado más allá de lo razonable con la primera entrega de Los sucesos de la noche de David B., que Norma acaba de editar, y los motivos de mi entusiasmo no se deben únicamente al placer de su lectura. Vaya por delante que soy un incondicional del trabajo de David B., pero por la forma en que por aquí se ha ido publicando no he construido en mi cabeza un buen mapa cronológico de su obra. Es por eso que lo empiezo creyendo que se trata de un título reciente y de entrada leo como guiños autoreferenciales cosas que no lo son, porque pronto trazos de dibujo que remiten a Tardi —su mayor influencia inicial— abren una duda que no para de crecer hasta que detengo la lectura y me levanto en busca de respuesta. Va a ser la primera de varias consultas e indagaciones que lejos de interrumpir multiplican mi goce lector.



Descubro así que esta edición de Los Sucesos de la noche consta de dos volúmenes. Este primero, en el que estoy enfrascado, recopila tres tebeos publicados entre 1999 y 2002 mientras que el segundo sí se compone de material reciente. La historia narrada es una fascinante intriga onírica protagonizada por el propio autor a partir del descubrimiento de un misterioso folletín también titulado Los sucesos de la noche. A partir de ahí, recorriendo peculiares librerías donde se apilan millares de viejos libros, descubrirá que su editor es un oficial napoleónico que lleva décadas huyendo de la muerte, refugiado entre las páginas de libros polvorientos mientras rinde culto a una deidad babilónica cuyo símbolo es la letra N. El relato parte de un sueño real del autor y no faltan leyendas orientales, la representación de grandes batallas —napoleónicas o mesopotámicas— o malhechores de los bajos fondos parisinos. Todo ello elementos recurrentes en los cómics de David B.



 Obviamente, lo primero que me engancha, y cómo, es esa idea del misterioso folletín de publicación irregular —de 1829 a la actualidad—. Yo también he soñado con tebeos —y libros, películas o discos— que no existen e imaginado un extraño paraíso de papeles polvorientos en secretas trastiendas librescas. El impacto es mayor porque el verano pasado, como parte de mi intenso estudio sobre la influencia de la 1ª Guerra Mundial en el género fantástico —pueden leerlo en Presencia Humana #5 y aviso que es de lo mejor que he escrito— releí otra obra de David B., La lectura de las ruinas, donde también aparecía ese misterioso folletín. De hecho, recuerdo buscar por Google su posible existencia real, sin fruto alguno. También me he levantado para consultar Los complots nocturnos, otra novela gráfica donde David B. convierte en historieta algunos de sus sueños, y pasando páginas veo que algunos de ellos también están llenos de librerías secretas rebosantes de maravillosas lecturas imaginarias.



En Los sucesos de la noche también reconozco la presencia del Profeta velado (que aparece en Los buscadores de tesoros y en una de las historias de El jardín armado) y del Capitán Escarlata, protagonista del álbum homónimo con dibujos de Guibert. Ambos personajes con el rostro oculto, como el misterioso oficial napoleónico que huye de la muerte mientras edita un subterráneo folletín ocultista. Y me doy cuenta de que todos esos guiños que creía ver en Los sucesos de la noche son en realidad el premonitorio abanico de obsesiones temáticas y visuales que impulsan la obra de David B., todas nacidas en la portentosa imaginación infantil que le servía de refugio ante la enfermedad de su hermano —relatada en la serie autobiográfica La ascensión del gran mal, luego recopilada en un único volumen bajo el título de Epiléptico—.



 Así que lo que he empezado como una simple lectura ha acabado conmigo desplegando sobre la mesa mis cómics de David B. —que son todos los que aquí se han publicado excepto Rey Rosa, aunque ya estoy paliando la carencia— y leyendo un par que tenía pendientes: Babel, una especie de epílogo onírico de La ascensión del gran mal cuyo segundo número, ay, permanece inédito entre nosotros; y La banda de los postizos, reconstrucción novelada sobre un grupo de audaces atracadores que sembró el caos en la Francia de 1980, donde es fácil localizar sus temas pese a que solo firme el guión —los dibujos son de Tanquerelle— y a que tenga forma de thriller policial basado en hechos reales.



Tengo ante mí buena parte de la obra de David B y me prometo que estas vacaciones lo voy a leer todo de nuevo, y además anoto algunos libros que va citando de manera recurrente como influencia de sus tebeos: Calle de los maleficios: crónica secreta de París de Jacques Yonnet (Sajalín), A bordo de la Estrella Matutina y otros relatos de Pierre Mac Orlan o El rey de la máscara de oro de Marcel Schwob. Y sé que voy a disfrutar de lo lindo. Luego pienso que las últimas semanas me he sumergido en obras como Los Eternos o Pantera Negra de Jack Kirby, El Incal de Moebius y Jodorowky con su Antes y Después o incluso Los Wrenchies de Farel Dalrymple (Sapristi), y de que a la hora de erigir imbatibles universos de la imaginación los tebeos no conocen límites.


20.10.13

TOP TEN DE SITGES 2013

Aunque aún me faltan un buen puñado de reseñas de pelis vistas estos días en Sitges, creo que toca ahora, con el recuerdo fresco, hacer mi particular top ten de lo visto estos días. Enlazo a las que ya han sido comentadas por aquí y el resto irá cayendo con calma los próximos días. También me comprometo a listar aquellas películas que me quedé con ganas de ver o que ya no pude recuperar tras saber que gustaron a gente con gusto y criterio afín. Por cierto, va a ser que este ha sido un buen Sitges, porque me está costando descartar algunos títulos.


10. Rewind This! Porque gastar los cabezales de un magnetoscopio siempre fue un placer. (reseña)

9. We are what we are. Porque toda familia lleva un caníbal dentro y porque la sobriedad no está reñida con un final propio de los mejores tebeos de la EC. (reseña pendiente)

8. Big Bad Wolves. Porque con humor negro muestra algo que ya sabíamos: los sótanos de Israel cobijan monstruos de sangre y venganza. (reseña)

7. Drug War. Porque cuando Johnnie To dirige una opera con coros, danzas y balas yo me levanto y aplaudo. (reseña)

6. Cheap Thrills. Porque nos dice de qué somos capaces en tiempos de crisis y porque me resulta imposible no identificarme con su plano final. (reseña pendiente)

5. Borgman. Porque siempre estaré a favor de subvertir el ideal de familia de clase media hasta derribarlo por completo. (reseña)

4. Only lovers left Alive. Porque quiero ser vampiro melómano antes que zombi y porque ya no hay vampiras como Tilda Swinton. (reseña)

3 Why do'nt you play in Hell. Porque el metalenguaje cinematográfico puede ser una fiesta de sangre yakuza. (reseña)

2. Jodorowsky's Dune. Porque la película más influyente de la historia del cine fue una locura que no se hizo nunca. (reseña)

1. The World's End. Porque queremos ser libres, estar colocados y montar una buena fiesta. (reseña)

 

CRÓNICAS DE SITGES 2013 (XXI): WHY DON'T YOU PLAY IN HELL


El locurón japonés de este año no tiene rival y es mayúsculo: Why don't you play in Hell de Sion Sono, un festival de violencia pop y una bacanal zinéfaga que engoriló como nunca a los espectadores reunidos en el cine Prado. Alocada historia sobre la alianza entre un grupo de fracasados cineastas de guerrilla y una trasnochada banda de yakuzas, es una gozosa inmersión en el delirio que se atiborra tanto del cine japonés de género y serie bé como de las copias tarantinianas que lo regurgitan. Pantagruélica en el guiño y en el uso de bandas sonoras ajenas, toda descripción entusiasta que pueda escribir aquí no le hace justicia. En cierta forma, esto es el Holy Motors del cine japonés, y poca broma al respecto, porque con toda su sangre y delirio esconde una declaración de amor y pasión por el cine pocas veces expresada, en un cóctel imposible que aúna a Godard con las japonesitas con katana y minifalda. La única pega que podría ponerle es que tras una frenética media hora inicial, luego decae un rato hasta que enfila un clímax sin tregua alguna.