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15.10.16
CRÓNICAS DE #SITGES2016 (XVI): ANGUISH
El solipsismo adolescente y el desencuentro generacional sirven de nuevo para otra muestra de fantástico indie, en este caso del que me irrita cosa mala. La excusa es una joven en tratamiento psicológico poseída por el espíritu de otra joven atropellada por un camión mientras discutía con su madre. Debo decir que la película tiene una factura dual y esquizofrénica que me fascina por el descaro de su impostura. Por un lado, la cara naturalista e íntima con la chavala paseando en skate, tocando la guitarra y viviendo el tedio del fin de la infancia y la tortura de las pastillas. Por otro, un desmesurado festival de sustos gratuitos a golpe de volumen y sonido. Lo peor de dos mundos en descontrolada alternancia y abrupto contraste, y en ambos casos puro artificio. Este rasgo debería despertarme una simpatía por los motivos equivocados, y si no lo hace es por una cuestión que me indigna. Al principio de la película se nos informa del elevado porcentaje de adolescentes que reciben tratamiento psicológico y farmacológico por desórdenes de personalidad. Luego, ante el discurrir de la película no he dejado de preguntarme: ¿me estás queriendo decir que lo que les pasa en realidad a todos esos chavales con problemas es que son médiums? En efecto, y por si había alguna duda la película concluye con un “Basado en hechos reales” bien gordo. Indecente.
14.10.16
CRÓNICAS DE #SITGES2016 (XV): I AM NOT A SERIAL KILLER
Dentro del abanico del fantástico indie que he visto este año esta es la que más merece la pena. El tema es uno de los clásicos: el adolescente rarito, pero aquí se lleva con bastante brío. El chaval trabaja en la funeraria del pueblo y ayuda a su madre en tareas de maquillaje de cadáveres, y por si eso no fuera suficiente para cargar con el estigma de freak del instituto, también está bajo tratamiento psicológico por mostrar rasgos sociópatas. Experto en asesinos en serie y lleno de dudas sobre sus impulsos, una serie de crímenes que parecen cometidos por un psicópata le pondrán como una moto. La historia parece debatirse entre los típicos “al final va a ser él” o “será el principal sospechoso” pero no tarda en dar un giro bastante majo que alegra mucho el asunto. Luego, claro, el elemento indie está ahí, porque al final no deja de ser una alegoría del conflicto generacional y hay más amor que maldad, pero por esta vez muy bien, con su suspense y su humor negro y todo.
9.10.16
CRÓNICAS DE #SITGES2016 (VII): SAFE NEIGHBORHOOD
Me lo he pasado tan bien que va directa al top de este año, y eso que aún quedan unos cuantos días. Voy a ser escueto porque esta es de esas películas que se disfrutan mejor sin saber el rumbo que acaba tomando. Navidad, una zona residencial de clase media-alta, un adolescente y su canguro, y el inevitable intruso chungo. Dejémoslo ahí y en el par de referencias que se citan en la sinopsis del Festival: Solo en casa y los minutos iniciales del primer Scream. Se podrían listar más referentes pero es mejor descubrirlos viendo la película, que es una de esas que acuden a giros y situaciones habituales en el género pero que lo hace con ritmo, mala leche y frescura aparente. Seguro que hay lagunas de guión a poco que uno las busque, pero hacerlo seria ingrato ante la diversión ofrecida.
31.10.15
CRÓNICAS DE #SITGES2015 (XXXII): AS THE GODS WILLS
Como es ya tradición, el cine de Takashi Miike no faltó a su cita con Sitges, y que fuera por partida doble a nadie sorprende al tratarse de un realizador hiperactivo que no se conforma con una película al año. As the Gods wills pertenece al Miike lúdico y, en cierta forma, esta película se puede entender como su singular aportación a la corriente actual de historias donde un grupo de jóvenes debe sobrevivir a una serie de pruebas. Vamos, un poco como El corredor del laberinto pero sin distopía de fondo a cambio de delirio nipón. Aquí los protas se ven obligados a sobrevivir al encuentro con una serie de monstruos inspirados en juegos tradicionales japoneses —un poco versiones orientales de cosas como la gallinita ciega o el escondite inglés—. Eso es gracioso porque, en un formato argumental que bebe de los videojuegos —pruebas que dan paso a la siguiente— y de los reality shows concursales —encierro— Miike coloca lo tradicional. A su manera claro, porque se materializa con efectos digitales y generosidad en términos de gore y hemoglobina. La película tiene un inicio salvaje y prosigue entretenida, aunque en su tramo final se relaja y se pone más trascendental, pero bueno. ¡Ah! También adapta un manga, creo que inédito por aquí, obra de Muneyuki Kaneshiro y Akeji Fujimura. Como tal, no está al nivel de I am a Hero o Parasyte, también programados este año.
20.10.15
CRÓNICAS DE #SITGES2015 (XXIX): FEBRUARY
Opera prima del hijo de Anthony Perkins, es un buen ejemplo de una película que podría ser mucho mejor de lo que es y que fracasa por su desbarajuste narrativo. Explica la historia de tres chicas, dos que durante las vacaciones se quedan en el solitario internado femenino donde estudian y una tercera, salida de un tratamiento psiquiátrico, a la que una pareja recoge en una estación de autobús. Flashbacks de crímenes y una silueta satánica paseando por el internado van tejiendo una madeja desordenada, y es una pena. Las tres actrices están estupendas, y la historia —que en el fondo no es complicada de deshilar— daba para más, pero intuyo una voluntad de darle complejidad a través de desordenar las piezas del puzle. Esa intención no solo se efectúa con impericia narrativa del debutante —podemos perdonarlo— sino también como si con tan solo alterando cronología y representación de los personajes se consiguiera mayor trascendencia y originalidad, y ahí está el error que explica el confuso resultado. Está bien jugar con esas cosas, pero hace falta algo más y, sobre todo, no caer en el exceso que lo desbarajusta todo.
15.10.15
CRÓNICAS DE #SITGES2015 (XXI): THE FINAL GIRLS
Una de las pelis que este año se ha ganado el cariño de público y aficionados. La propuesta es puro metalenguaje, pero no se asusten que es de una sencillez pasmosa, no esperen de ella un festival como Cabin in the Woods porque esto es otra cosa. Así, sin desvelar demasiado, digamos que un grupo de jóvenes acaban viajando al interior de una película slayer de los 80s, o dicho de otra forma, un cruce entre La rosa púrpura del Cairo / El último gran héroe con Viernes 13 / Campamento sangriento. Es simpática, juega con los códigos del género y aunque bordea precipicios peligrosos cuando potencia la parte dramática del argumento —que la hay, y es importante—, o cuando parodia los arquetipos juveniles del cine de los 80s, nunca se despeña. Casi, pero no, y de paso consigue ser entrañable. Tiene un montón de guiños y me encanta el que cierra la película. En algunos momentos es más inteligente de lo que parece, en especial cuando contrapone los personajes juveniles actuales con los de hace 30 años (incluso el cartel juega con esa idea). Del mismo modo, aunque reconozco que no sé si queriendo o sin querer, ese voluntario contraste con las pelis de psicópatas de los 80 desvela que vivimos tiempos blandos: en The Final Girls no hay ni tetas ni sangre. Vamos hacia atrás, amigos.
12.10.15
CRÓNICAS DE SITGES 2015 (XI): MAGGIE
La cultura popular dista de ser una ciencia exacta y Maggie un perfecto ejemplo de ello. Si uno plantea la operación matemática Arnold Schwarzenegger + película de zombis =… Muy pocos darán con el resultado correcto, que es… = ladrillo soporífero. Aquí el verdadero espíritu de Lo Zombi brilla por su ausencia, esto es un drama, aburrido y de sentimentalismo blandengue, una de esas películas cuya banda sonora es una eterna tecla de piano. La variación que introduce al subgénero es que el efecto del mordisco tarda un mes en hacer efecto (como ven, aquí hasta eso va despacio) y, como la cosa está más o menos controlada, el gobierno permite a las víctimas pasar ese tiempo con sus seres queridos (en un claro ejercicio de memez sentimental, quién puede creerse algo así). El bueno de Arnold es un granjero que tiene a la hija adolescente infectada, así que se pasa el día llorando mientras algún vecino le mira con malos ojos. No hay más, nada más, ni giro, ni tensión, solo un enorme bostezo ante una pésima entrega de melancolía zombi paterno filial. La cosa alcanza niveles atroces cuando muestra una fiesta de despedida, alrededor de una hoguera, de adolescentes infectados en lo que puede considerar una variación pocha pocha pocha del Agujero Negro de Charles Burns. Si acaso, como mucho se salva el encuentro con una niña zombi en el bosque. De momento, ocupa el primer puesto en mi ranking de lo peor de Sitges 2015. Por cierto, ya corren por ahí carteles fake con las cosillas que se encuentran a faltar.
18.10.14
CRÓNICAS DE SITGES 2014 (XXVIII): AUX YEUX DES VIVANTS
Alexandre Bustillo y Julien Maury, creadores de la portentosa A l’interieur y la posterior Livide —que no agrada a todos, pero que yo defiendo por sus muchos detalles de bello horror—, regresan a Sitges con una versión muy oscura de Los Goonies con ecos a Funhouse de Tobe Hooper. Tras un inicio en el que en parte se guiñan a sí mismos y a su primera película, dejan la sangre prometida para el final y optan por una versión descreída de Los Cinco y demás pandillas donde los niños bordean la delincuencia y el malo es más que un psicópata. Si encima parte de la historia sucede en un abandonado decorado de películas del Oeste abandonado, yo ya no puedo pedir más.
10.10.14
CRÓNICAS DE SITGES 2014 (XVI): IT FOLLOWS
Muy buena película de terror adolescente con una factura indie que no impide referir al gran John Carpenter de Halloween (esa urbanización) o Asalto de la comisaria del distrito 13 (esos paseos en coche por barrios olvidados). Se acoge también al revival de la banda sonora electro (de las que ya llevamos unas cuantas este año). Lo cierto es que está llena de una sutilidad muy interesante por como dota de múltiples lecturas la historia de terror sobre un ente sobrenatural que persigue adolescentes y cuya maldición se transmite sexualmente. Obvia el mundo adulto porque, quizá, ese espectro cansino y letal no sea más que el mundo adulto, y eso da miedo de verdad. Acabará convertida en película de culto.
8.10.14
CRÓNICAS DE SITGES 2014 (X): JAMIE MARKS IS DEAD
Es curioso como en una década he pasado de sentir interés por las pelis de Sundance a notar como se me eriza la epidermis y un escalofrío recorre mi columna vertebral cuando Sitges anuncia una película indie de Sundance que toca el género fantástico. Jamie Marks encarna perfectamente ese terror que siento como cinéfilo y de momento se alza como firme candidata a mi premio al filme más irritante de la jornada. La cosa de la aparición del cadáver del rarito del instituto y de cómo afecta a uno de sus compañeros. Luego se le aparece el fantasma (un clon de Harry Potter) y tal. En la práctica: de uno que descubre que es gay cuando el radar gay se le pone a tope con el fantasma de uno del instituto. La historia es insufrible, con historias paralelas que no interesan como la de otro fantasma que está ahí para dar algo de imaginería clásica o la de la madre paralítica que se hace amiga de la mujer que la ha dejado paralítica. Y luego esa banda sonora de tecla de piano de letargo sostenido, subrayando la incoua trascendencia de todo el metraje. Un horror.
CRÓNICAS DE SITGES 2014 (IX): HOW I LIVE NOW
Desde su propia condición de película de supervivencia para adolescentes con protagonista femenina fuerte (que es lo mismo que decir Los juegos del hambre), How I Live Now es una película muy digna que incluso a ratos llega a gustarme. La cosa va de una urbanita gilipollas que se instala en casa de sus primos, ingleses y de campo, y mientras se va adaptando a ellos —que viven en esa especie de anarquía juvenil tan propia de las novelas juveniles británicas, es decir, de Guillermo a Los Cinco— estalla la 3ª Guerra Mundial. Me gusta mucho como se refleja ese conflicto, en segundo plano, sin explicar realmente qué está pasando, quizá porque forma parte del mundo de los adultos. Me gusta que siendo una película destinada a un público muy concreto incluya momentos inquietantes —ese encuentro nocturno con mujeres por víctimas, el túmulo de cadáveres—. En lo malo, esa historia de amor tan cursi y la resolución final. Y aún así, pese a ese romance de cuento y príncipe azul, la protagonista conserva su diseño de heroína fuerte para jovencitas del siglo XXI.
28.6.14
ENTRAÑA AUSTRALIANA
Comentaba hace unas semanas que había tenido la suerte de encadenar la lectura de una serie de magníficos tebeos; y es una pena que me detuviera ahí, sólo en el primero de ellos, por culpa de mi desenfrenada vida de señor con rutinas cotidianas, porque algunas cosas hay que escribirlas desde el entusiasmo, que es una cosa que es mejor agarrar al instante, antes de que repose la pasión; luego, si ya, nos ponemos cerebrales.
Digo todo esto con Hechizo total de Simon Hanselmann de nuevo en mis manos para tocarlo, olerlo y releerlo, que además está editado con el cariño que pone Fulgencio Pimentel. Para el adicto a las crónicas generacionales desalmadas y salvajes que soy, esto es brutal. Droga dura. Así que hundo los brazos en mis entrañas en busca de ese entusiasmo y lo pongo sobre la mesa, y me tranquiliza pensar que los protagonistas de este tebeo entusiasmo, lo que se dice entusiasmo, no parecen tener mucho. Por eso son como son y viven como viven y yo los leo con el sentido del humor del revés, con la risa rara y los ojos muy abiertos.
Sobre la mesa tengo las entrañas a un lado y Hechizo total al otro; el teclado en medio. Por el rabillo miro esquinado la portada, que es la de la primera edición y que me provoca una reacción complicada de describir. Es una fotografía como de pesebre agrio, con rocas y matojos, y una cueva con cortina de la que sale una bruja dibujada, un poco monigote, que tiene la piel verde y la napia de la novia de Popeye, quizá un pelín más larga, pero una nariz de tebeo al fin y al cabo. Luego ya, para la segunda edición, el señor Fulgencio ha optado por un primer plano de la bruja con un gato que le tapa la nariz. Me parece bien: los que compran un libro por la nariz tienen la primera y los que son más de gatos la segunda.
En la portada de mi ejemplar hay un adhesivo que no molesta, que ya es decir, con una frase que reza lo siguiente:
“Un retrato generacional con pinceladas de Todd Solondz, Peter Bagge y Los Simpson. Drogas, sexo pocho, TV, tiempo libre. En Australia. Hoy”.Como descripción de lo que hay dentro es muy certera, y mira que es difícil, que yo llevo ya tres párrafos intentándolo y no hay manera. Lo de “Hoy”, pues eso, el presente. Con la nostalgia, cero tolerancia. El pasado es para viejos. Lo de Australia, pues al otro lado, boca abajo, en las antípodas, la tierra de Mad Max. Australia, ya saben, el destino de los indeseables que desterraba la pérfida Albión; con sus canguros, sus ornitorrincos, sus aborígenes y sus desiertos; también dicen que andan muy desequilibrados en el reparto de sexos, y digo yo que eso es algo que debe condicionar lo suyo.
Continuemos. “Tiempo libre”. Algo que todos queremos para perderlo. ¿Cómo? Lo sabes bien, pero por seguir con el guión: mirando la tele, follando sin ganas y tomando drogas porque algo habrá que hacer para matar el tiempo. Lo de pocho es muy importante, que conste, hay que destacarlo. Lo Pocho es la esencia de nuestro tiempo. Ni zombis ni hostias: Lo Pocho es el zeitgeist. Lo Pocho lo envuelve todo, hasta el sexo. Hoy, aquí y en Australia.
Pasemos al comodín de los críticos: citar referentes, que siempre vienen bien para que te hagas una idea. Los Simpson. Sí, claro, la brujita de la portada tiene la piel verde amarillenta y nariz de dibujo animado, pero aquí lo importante es el sofá. Muy importante, el sofá de los Simpson; pero no te pienses que todo son historietas de sofá, ni mucho menos. En Megg, Mogg & Owl, que es como se llama en su tierra austral la serie de historietas recogidas en Hechizo total, los personajes se mueven, que conste: hacia el videoclub, a pillar mandanga, a guateques caseros, a centros comerciales o para hacer el cafre por la calle en clave pocha. No nos paremos. Peter Bagge. Pues Odio. Qué te voy a decir, si con eso está dicho todo. Y acabo con el primero que ha puesto el Señor Pimentel en la etiqueta: Todd Solondz, el director de Bienvenido a la casa de muñecas o Happiness, con ese humor tan suyo, indigesto y de mal cuerpo, que te ríes por no llorar, que maldita la gracia que hace que te haga gracia. Por eso me he sacado las entrañas y las he puesto aquí al lado, que no quiero que en ellas se me entierre este entusiasmo porque es de los que merecen la pena. Un entusiasmo enorme. Australiano.
Y así, con el entusiasmo a flor de tripa te digo que Hechizo total de Simon Hanselmann va de jóvenes australianos, hoy. Una brujita gótica que vive con un gato que es su pareja, o al menos hacen lo que hacen los jóvenes de hoy, aquí y en Australia: sexo pocho. Y un búho antropomórfico al que le hacen unas putadas realmente jodidas pero que luego resulta que es el que más folla de todos. Y un hombre lobo que está loco, que es un destroyer suicida pasado de vueltas y que tiene una novia de colores purulentos. Y luego otro, moreno y con bigote, que viste como un mago y que es un triste. Y aunque parezca mentira todo esto es autobiográfico, y lo sé no porque lo diga Simon Hanselmann en esta entrevista, no, sino porque los personajes de Hechizo total sudan las gotas del sudor del comix underground, que son las gotas de sudor que Hergé siempre quiso hacer pero que dejó flotando sobre las cabezas. Aquí las gotas de sudor están en su sitio, muy bien puestas, perlas líquidas de mal rollo que gotean y bajan por la frente, que lo dicen todo y que a mí me entusiasman las entrañas.
11.5.14
LA MEMORIA DE LA INFANCIA Y LOS TEBEOS COMO EMBRUJO
Estos últimos días he tenido la inmensa suerte de encadenar una excelente tanda de lectura de comics. Hechizo total de Simon Hanselmann (Fulgencio Pimentel), Tyler Kross: Río Rojo de Brüno y Fabien Nury (Dibbuks) o Mi amigo Dahmer de Derf Backderf (Astiberri) son títulos que recomiendo con entusiasmo y sobre los que no quiero tardar mucho en escribir, por aquí o por allí. El cuarto as de esta cadena de disfrute imprevisto ha sido Tiempo de canicas de Beto Hernández (La Cúpula).
Cuando los hermanos Hernández empezaron ha publicarse por aquí, en las páginas de El Víbora, fui más de Beto que de Jaime. Supongo que es lógico, Beto estaba ya con Palomar mientras Jaime iniciaba lo que acabaría siendo Locas con esa etapa que recopiló en el álbum Mechanics, y que era una extraña visión del retrofuturismo espacial en clave intimista. Con los años, acabé apreciando más a Jaime, que tuvo una progresión espectacular, mientras que los cómics más o menos raros pasaron a estar escritos por Beto. De hecho, con las novelas gráficas que ha sacado desde entonces nunca sabes con qué te vas a encontrar hasta que las lees, lo cual no es precisamente indicativo de algo malo pero reconozco que alguna no me entusiasma como debería. Afortunadamente, Tiempo de canicas supone el regreso del mejor Beto Hernández, y así sin pensármelo mucho casi diría que es lo mejor que ha hecho desde los viejos tiempos de Palomar.
Tiempo de canicas es una crónica de infancia autobiográfica, que es un terreno agradecido (aunque también) tiene sus peligros. La forma en que la aborda Beto Hernández es extraordinaria porque su sencillez esconde una sutilidad excepcional, porque su aparente intrascendencia no es tal, ni mucho menos. Ya de entrada, su fidelidad en la recreación del mundo infantil pasa por eliminar la presencia de los adultos y todo lo que suponen. Están ahí, claro, fuera de campo, imponiendo castigos o exigiendo silencio, pero nunca los vemos ni con ellos sus problemas. Tampoco la escuela y el rigor que supone. Sólo el tiempo de ocio, que se reparte entre la casa y la calle, con sus juegos y pandillas, buscando delimitar lo que conforma el verdadero universo infantil, y lo consigue de tal manera que incluso es capaz de capturar el especial tempo con el que transcurre la infancia, porque los niños no experimentan su paso del mismo modo que un adulto. La palabra tiempo no está en el título por casualidad. No es la única muestra de la sutilidad a la que antes he hecho referencia, ni mucho menos, porque en una lectura que no requiere demasiada atención aflora una riqueza de detalles que no se exponen directamente pero que se evocan de manera poderosa: el conflicto racial, el matón que cambia cuando despierta su sexualidad, los niños violentos quizá porque viven en una eterna mudanza de casa, la marimacho que un día se pone femenina, el encuentro con alguien que comparte tus mismos intereses, el robo de un tebeo, la tentación de delitos mayores, las malas compañías, la colección de cromos que se guarda como un tesoro. Todo está colocado al de nivel de importancia y percepción que le concede el universo de la niñez.
El otro día me comentaba Santiago García la necesidad de distinguir entre la nostalgia, muy peligrosa, y el ejercicio de la memoria. En Tiempo de canicas hay mucho de lo segundo y nada de lo primero, aunque pueda parecer lo contrario dada la cantidad de referentes a la cultura popular que se mencionan. Las (muchos) tebeos, juguetes, canciones o programas de tv no se citan para que sean añorados sino porque son indispensables en la medida que lo son para los personajes, que sin ellos estarían incompletos. Es imposible ejercer memoria de la infancia sin llenarla de tebeos si ésta estuvo llena de tebeos. Mundos de ficción que no son sólo entretenimiento sino que despiertan y agitan de la imaginación y con ello, a la postre, la creatividad. Más en este caso en que los tres hermanos protagonistas acabarán siendo autores básicos de la historia del cómic —aunque, curiosamente, en Tiempo de canicas nunca los vemos dibujar—.
Todas esas citas también son importantes porque contextualizan la historia, ponen fecha, documentan la importancia de la cultura popular y su momento en el tiempo y el espacio, dos barreras físicas que, por otro lado, se rompen de manera casi mágica cuando el lector se reconoce a sí mismo en esa infancia ajena. Por mucho que en algunos casos no se trate de los mismos personajes, viñetas o series, el sentimiento y actitud antes estos puede ser compartido. Y se produce alguna coincidencia concreta, el embrujo es aún más poderoso porque señala un punto en común entre un chico hispano nacido en 1957 que vive en California y, por ejemplo, otro nacido en Barcelona en 1966. Es el mismo niño el que habla de La Cosa y Los 4 Fantásticos, y resulta fascinante descubrir que pese a la década de diferencia y los miles de kilómetros, yo también tuve un amigo con quien compartir el entusiasmo por los tebeos de terror de la Warren, aunque aquí se llamaran Vampus y allí Creepy. La subcultura llegó a funcionar como una autopista de información que desafiaba el tiempo y espacio en una época en que algo como Internet ni siquiera formaba parte del futuro tecnológico soñado.
Sin abandonar esta idea de la cultura popular que no conoce fronteras, Tiempo de canicas deja ver que como referente compartido la televisión es mucho más perecedera y limitada en el espacio que los tebeos o la música. No entraré en el caso de la música porque es incomparable por impacto —Beetles, Elvis— o pervivencia —You can’t hurry love de las Supremes—; pero en esta novela gráfica se hace evidente que Hulk o Los 4 Fantásticos han sido punto de encuentro compartido por infancias alejadas y, en cambio, ninguna de las citas televisivas que realiza forma parte de la cultura popular que pudo conocer un niño español del Baby Boom. Del mismo modo, varias generaciones pueden coincidir leyendo los mismos tebeos (o personajes) pero es mucho más difícil que así sea con los programas o series de televisión, que pueden coincidir en el ahora pero no en el ayer.
Como el gen del archivista loco a la caza del referente pop me domina, en lo personal Tiempo de Canicas me ha supuesto el disfrute añadido de ponerme a buscar cosas nada más cerrar el libro, así que procedo a dejar el resultado por aquí. Cuando estaba metido en la tarea, Santiago García me ha pasado un enlace de contenido similar que sin duda complementa el mío, que se centra sólo en algunos detalles que me han interesado o despertado la curiosidad.
Strange Tales Adventures fue una colección de DC de relatos fantásticos tan inocentes como desbordantes que aquí no conocimos. Beto remite directamente al número 128 (1961) y a The Man With the Electronic Brain como exponente de aquella historieta concreta que por lo que sea tuvo un impacto especial en nuestra infancia. Cada uno tendrá las suyas y es muy difícil coincidir, pero no imposible: en Tiempo de canicas, por ejemplo, supone el descubrimiento de que otro niño la recuerda. También que pese a su condición de subproducto basura podía extraerse una lección: que el uso del cerebro puede ser algo poderoso incluso si se es un niño.
Pero en realidad la destrucción que le acompaña, sigo que sigue un plan, está intentando explicar lo que pasa construyendo un jeroglífico. Será su hijo quien se percate de ello.
Y quien lo descifre.
El niño cerebrín será felicitado por el mundo adulto (porque seguramente el infantil lo desprecia) y tendrá la consideración de un héroe pero no por su arrojo físico, sino por su inteligencia.
Una cosa curiosa es que en Tiempo de canicas se resalta que el ejemplar de este tebeo que tenían los Hermanos Hernández estaba marcado por la lacra de haber llegado a sus manos sin portada.
La referencia a Cráneo Rojo, la gran némesis nazi del Capitán América me ha parecido interesante porque curiosamente incide en el breve periodo en que el superhéroe abanderado se dedicó a machacar rojos y soviets con inusitado furor anticomunista, así que su principal villano cambió la cruz gamada por la hoz y el martillo. Una breve etapa en que supuso problema para la continuidad del personaje (arreglada años más tarde). La referencia es velada, pero resulta curiosa porque fueron pocos los tebeos en que sucedió, no fueron populares y se publicaron en 1954, y eso no concuerda con el resto de citas del cómic, que tienen un marco temporal bastante concreto entre 1961-1964.
Cráneo Rojo en la etapa en que el adjetivo Red no sólo indicaba el color de su calavérico rostro.
Y el Capitán América en su corta etapa (sólo 3 números) como machaca rojos.
Los cromos de Mars Attacks publicadas por Topps en 1962, con ilustraciones de Norman Saunders y Wally Wood, pese a su distribución ajena a todo dado que se regalaban con la compra de chicles (y que aquí no conocimos) es evidente que causaron un enorme impacto entre los niños estadounidenses y hoy son un auténtico fetiche pop. También se convirtieron en película de la mano de Tim Burton. Estos son los dos cromos que Beto Hernández menciona expresamente.
Estas son las viñetas a las que se refiere Beto, y pertenecen a The Incredible Hulk 2 (1962)
Siempre me ha molestado esa creencia a que los niños no son capaces de diferenciar lo que tiene calidad de lo que no la tiene, algo que es absolutamente falso aunque los criterios que hacen que algo guste o que se considere malo pueden son diferentes a los de un adulto. En Tiempo de canicas ese ingrato papel lo representan los primeros números del Capitán Marvel de la Marvel, que es cierto que no molaba demasiado, al menos hasta que cayó en manos de Jim Starlin, quizá porque su publicación se hizo deprisa y corriendo por temas de copyright del nombre del personaje y no por instinto creativo. También es una referencia tardía respecto al resto porque el primer número data de 1968.
ACTUALIZACIÓN: Comenta Julián González Arechága que es más probable que la referencia sea otro personaje que tomó el nombre de Captain Marvel tras el de Fawcett y antes que Marvel: el de Carl Burgos, editado por M.F. Enterprises en sólo cuatro tebeos de 1966. Y lo cierto es que el hecho que pudiera desprenderse de sus extremidades coincide con lo esbozado en la viñeta. No lo he leído pero tiene pinta de ser encantadormente malo.
El tebeo de terror fantasmal Ghost Stories, editado por Dell, nació en 1962. En 1954 la aparición del Comic Code, código de autocensura de la industria, se cargó, entre otros, los tebeos de terror. El papel de Dell Comics durante toda aquella caza de brujas merece comentario. Dell se había especializdo desde su creación en licencias de dibujos animados (Disney, Hanna & Barbera), personajes populares (Tarzan) y series de televisión. No quiso formar parte del Comic Code porque defendió que no iba con ellos y que el sello Dell ya era garantía de contenidos aptos y no perjudiciales para la infancia. Cuando, apenas 6 años después, el género de terror regresó a manos de los niños, Dell editó este cómic de terror. Tenía la palabra fantasma en su título, que no estaba prohibida expresamente, e incluso en el primer número incluía una historieta de hombres lobo, que si estaban prohibidos.
Como ven, el hombre lobo resulta perturbador en su diseño extravagante, y posiblemente a los lectores de la época llamara la atención el estilo realista de sus dibujos, muy diferente de los monstruos gigantes y extraterrestres de los tebeos de DC y la incipiente Marvel, aunque en realidad se trataba de historias protagonizadas por muchachos que siempre acababan bien. En realidad, los tebeos de terror genuino de la época fueron los de Warren, que escapaban del Comic Code porque su formato revista y el blanco y negro los distinguían del tebeo de grapa y a color, que se consideraba para niños. En la viñeta en que los niños hablan de Creepy, la comparativa con la revista MAD tampoco es casual, y no sólo por su formato: MAD fue lo que sobrevivió de la EC Comics cuando el Comic Code fulminó sus cómics de terror. Creepy recogió el testigo siete años más tarde.
La portada que sostiene Beto es la de ese primer número de Ghost Stories, aunque la verdad es que todas se parecían mucho entre sí. Se puede precisar porque más adelante se comenta con mayor detalle una de las historietas de su interior.
Esta es la viñeta que comenta la niña, esa en la que no se ve como el caballo mata a un niño. El tebeo parecía de los buenos pero resulta decepcionante porque no es explícito, demostrando como los tebeos de la Dell eran de contenido blanco aunque fueran de miedo.
El tema de los monstruos es muy propio de la infancia. En Tiempo de canicas emerge constantemente y con sutilidad. A través de los tebeos, el Beto niño fabrica su propia tipología entre "buenos que son monstruos (La patrulla condenada, La Cosa de Los 4 Fantásticos), monstruos que no se sabe si son buenos o malos (Hulk) y los monstruos propiamente malos. El tebeo de buenos que son monstruos preferido es La patrulla condenada, la Doom Patrol, colección de culto nacida en 1963 que aquí no conocimos hasta que en los 80 nos llegaron versiones mas modernas (entre ellas la genial etapa de Grant Morrison).
He dicho antes que en 1962 el terror había regresado a las manos de la infancia. Ese resurgir no vino directamente de los tebeos sino por otras dos vías. Una de ellas fue el éxito de la revista Famous Monsters of Filmland, publicada en 1958 por Warren y dirigida por el mítico Forrest J Ackerman. La revista estaba llena de fotos de monstruos de serie B de corte humorístico. Mr. Sardonicus fue una película dirigida por el también mítico William Castle en 1961 y la página a la que se refiere Beto es sin ninguna duda la que les dejo a continuación, publicada en el número 18 (1962).
Otra tipología de monstruos: gigantes o de tamaño normal. La segunda vía que estimuló el gusto por lo horroroso entre los niños de la época fue el cine y la televisión. Las viejas películas de serie B empezaron a frecuentar la programación matinal de fin de semana en algunas cadenas de televisión mientras que el cine de bajo presupuesto de la época había descubierto en los adolescentes un público natural. Hideus sun demon (Tom Boutross y Robert Clarke; 1959) fue una de esas películas.
El Horrendo Monstruo Solar de baratillo sirve para establecer una tercera tipología con la que acabo este análisis de parte de la cultura pop referenciada en esta estupenda novela gráfica: los monstruos que habitan la noche y los que pueden salir de día, infrecuentes porque la oscuridad facilita la atmósfera y hace menos evidentes las carencias de la serie B.
Cuando los hermanos Hernández empezaron ha publicarse por aquí, en las páginas de El Víbora, fui más de Beto que de Jaime. Supongo que es lógico, Beto estaba ya con Palomar mientras Jaime iniciaba lo que acabaría siendo Locas con esa etapa que recopiló en el álbum Mechanics, y que era una extraña visión del retrofuturismo espacial en clave intimista. Con los años, acabé apreciando más a Jaime, que tuvo una progresión espectacular, mientras que los cómics más o menos raros pasaron a estar escritos por Beto. De hecho, con las novelas gráficas que ha sacado desde entonces nunca sabes con qué te vas a encontrar hasta que las lees, lo cual no es precisamente indicativo de algo malo pero reconozco que alguna no me entusiasma como debería. Afortunadamente, Tiempo de canicas supone el regreso del mejor Beto Hernández, y así sin pensármelo mucho casi diría que es lo mejor que ha hecho desde los viejos tiempos de Palomar.
Tiempo de canicas es una crónica de infancia autobiográfica, que es un terreno agradecido (aunque también) tiene sus peligros. La forma en que la aborda Beto Hernández es extraordinaria porque su sencillez esconde una sutilidad excepcional, porque su aparente intrascendencia no es tal, ni mucho menos. Ya de entrada, su fidelidad en la recreación del mundo infantil pasa por eliminar la presencia de los adultos y todo lo que suponen. Están ahí, claro, fuera de campo, imponiendo castigos o exigiendo silencio, pero nunca los vemos ni con ellos sus problemas. Tampoco la escuela y el rigor que supone. Sólo el tiempo de ocio, que se reparte entre la casa y la calle, con sus juegos y pandillas, buscando delimitar lo que conforma el verdadero universo infantil, y lo consigue de tal manera que incluso es capaz de capturar el especial tempo con el que transcurre la infancia, porque los niños no experimentan su paso del mismo modo que un adulto. La palabra tiempo no está en el título por casualidad. No es la única muestra de la sutilidad a la que antes he hecho referencia, ni mucho menos, porque en una lectura que no requiere demasiada atención aflora una riqueza de detalles que no se exponen directamente pero que se evocan de manera poderosa: el conflicto racial, el matón que cambia cuando despierta su sexualidad, los niños violentos quizá porque viven en una eterna mudanza de casa, la marimacho que un día se pone femenina, el encuentro con alguien que comparte tus mismos intereses, el robo de un tebeo, la tentación de delitos mayores, las malas compañías, la colección de cromos que se guarda como un tesoro. Todo está colocado al de nivel de importancia y percepción que le concede el universo de la niñez.
El otro día me comentaba Santiago García la necesidad de distinguir entre la nostalgia, muy peligrosa, y el ejercicio de la memoria. En Tiempo de canicas hay mucho de lo segundo y nada de lo primero, aunque pueda parecer lo contrario dada la cantidad de referentes a la cultura popular que se mencionan. Las (muchos) tebeos, juguetes, canciones o programas de tv no se citan para que sean añorados sino porque son indispensables en la medida que lo son para los personajes, que sin ellos estarían incompletos. Es imposible ejercer memoria de la infancia sin llenarla de tebeos si ésta estuvo llena de tebeos. Mundos de ficción que no son sólo entretenimiento sino que despiertan y agitan de la imaginación y con ello, a la postre, la creatividad. Más en este caso en que los tres hermanos protagonistas acabarán siendo autores básicos de la historia del cómic —aunque, curiosamente, en Tiempo de canicas nunca los vemos dibujar—.
Todas esas citas también son importantes porque contextualizan la historia, ponen fecha, documentan la importancia de la cultura popular y su momento en el tiempo y el espacio, dos barreras físicas que, por otro lado, se rompen de manera casi mágica cuando el lector se reconoce a sí mismo en esa infancia ajena. Por mucho que en algunos casos no se trate de los mismos personajes, viñetas o series, el sentimiento y actitud antes estos puede ser compartido. Y se produce alguna coincidencia concreta, el embrujo es aún más poderoso porque señala un punto en común entre un chico hispano nacido en 1957 que vive en California y, por ejemplo, otro nacido en Barcelona en 1966. Es el mismo niño el que habla de La Cosa y Los 4 Fantásticos, y resulta fascinante descubrir que pese a la década de diferencia y los miles de kilómetros, yo también tuve un amigo con quien compartir el entusiasmo por los tebeos de terror de la Warren, aunque aquí se llamaran Vampus y allí Creepy. La subcultura llegó a funcionar como una autopista de información que desafiaba el tiempo y espacio en una época en que algo como Internet ni siquiera formaba parte del futuro tecnológico soñado.
Sin abandonar esta idea de la cultura popular que no conoce fronteras, Tiempo de canicas deja ver que como referente compartido la televisión es mucho más perecedera y limitada en el espacio que los tebeos o la música. No entraré en el caso de la música porque es incomparable por impacto —Beetles, Elvis— o pervivencia —You can’t hurry love de las Supremes—; pero en esta novela gráfica se hace evidente que Hulk o Los 4 Fantásticos han sido punto de encuentro compartido por infancias alejadas y, en cambio, ninguna de las citas televisivas que realiza forma parte de la cultura popular que pudo conocer un niño español del Baby Boom. Del mismo modo, varias generaciones pueden coincidir leyendo los mismos tebeos (o personajes) pero es mucho más difícil que así sea con los programas o series de televisión, que pueden coincidir en el ahora pero no en el ayer.
Como el gen del archivista loco a la caza del referente pop me domina, en lo personal Tiempo de Canicas me ha supuesto el disfrute añadido de ponerme a buscar cosas nada más cerrar el libro, así que procedo a dejar el resultado por aquí. Cuando estaba metido en la tarea, Santiago García me ha pasado un enlace de contenido similar que sin duda complementa el mío, que se centra sólo en algunos detalles que me han interesado o despertado la curiosidad.
El Hombre con una tele en la cabeza.
Strange Tales Adventures fue una colección de DC de relatos fantásticos tan inocentes como desbordantes que aquí no conocimos. Beto remite directamente al número 128 (1961) y a The Man With the Electronic Brain como exponente de aquella historieta concreta que por lo que sea tuvo un impacto especial en nuestra infancia. Cada uno tendrá las suyas y es muy difícil coincidir, pero no imposible: en Tiempo de canicas, por ejemplo, supone el descubrimiento de que otro niño la recuerda. También que pese a su condición de subproducto basura podía extraerse una lección: que el uso del cerebro puede ser algo poderoso incluso si se es un niño.
El hombre con el cerebro electrónico, obra de Gardner Fox y Murphy Anderson, explica la historia de un científico cuyo experimento consiste en colocarse en la cabeza un cerebro electrónico impulsado por energía atómica. Con el trasto puesto, se da cuenta de que acabará estallando pero que no puede hablar ni controlar sus extremidades.
El hombre sale a la calle en apariencia para sembrar el caos.
Y quien lo descifre.
El niño cerebrín será felicitado por el mundo adulto (porque seguramente el infantil lo desprecia) y tendrá la consideración de un héroe pero no por su arrojo físico, sino por su inteligencia.
Una cosa curiosa es que en Tiempo de canicas se resalta que el ejemplar de este tebeo que tenían los Hermanos Hernández estaba marcado por la lacra de haber llegado a sus manos sin portada.
Craneo Rojo también fue comunista.
La referencia a Cráneo Rojo, la gran némesis nazi del Capitán América me ha parecido interesante porque curiosamente incide en el breve periodo en que el superhéroe abanderado se dedicó a machacar rojos y soviets con inusitado furor anticomunista, así que su principal villano cambió la cruz gamada por la hoz y el martillo. Una breve etapa en que supuso problema para la continuidad del personaje (arreglada años más tarde). La referencia es velada, pero resulta curiosa porque fueron pocos los tebeos en que sucedió, no fueron populares y se publicaron en 1954, y eso no concuerda con el resto de citas del cómic, que tienen un marco temporal bastante concreto entre 1961-1964.
Cráneo Rojo en la etapa en que el adjetivo Red no sólo indicaba el color de su calavérico rostro.
Y el Capitán América en su corta etapa (sólo 3 números) como machaca rojos.
Marte Ataca
Los cromos de Mars Attacks publicadas por Topps en 1962, con ilustraciones de Norman Saunders y Wally Wood, pese a su distribución ajena a todo dado que se regalaban con la compra de chicles (y que aquí no conocimos) es evidente que causaron un enorme impacto entre los niños estadounidenses y hoy son un auténtico fetiche pop. También se convirtieron en película de la mano de Tim Burton. Estos son los dos cromos que Beto Hernández menciona expresamente.
Hulk no necesita armas
Estas son las viñetas a las que se refiere Beto, y pertenecen a The Incredible Hulk 2 (1962)
El grito de los Comandos Aulladores
El estereotipo racial
La referencia a Go Go Gomez, el ayudante de origen hispano de Dick Tracy para la serie de animación The Dick Tracy Show (1961-1962) me interesa especialmente al ser un estereotipo racial cuya existencia desconocía, y ya sabe que ese campo es por aquí temática habitual, ya se trate de hispanos, negros u orientales.
Los superhéroes de Hanna & Barbera
Los superhéroes de dibujos animados de Hanna & Barbera, diseñados por Alex Toth, siempre estuvieron envueltos de un halo de misterio para mi generación porque aquí su emisión televisiva siempre fue irregular e incompleta, pero en cambio conocíamos su existencia (incluso de los que no vimos nunca) porque sí nos llegaban a través de productos de merchandaising como cromos y similares. El niño de esta viñeta exclama el grito emblema de Birdman & The Galaxy Trio. Es una cita que desencaja con el resto por tardía, ya que en EEUU se emitió en 1967.El tebeo que no mola.
Siempre me ha molestado esa creencia a que los niños no son capaces de diferenciar lo que tiene calidad de lo que no la tiene, algo que es absolutamente falso aunque los criterios que hacen que algo guste o que se considere malo pueden son diferentes a los de un adulto. En Tiempo de canicas ese ingrato papel lo representan los primeros números del Capitán Marvel de la Marvel, que es cierto que no molaba demasiado, al menos hasta que cayó en manos de Jim Starlin, quizá porque su publicación se hizo deprisa y corriendo por temas de copyright del nombre del personaje y no por instinto creativo. También es una referencia tardía respecto al resto porque el primer número data de 1968.
ACTUALIZACIÓN: Comenta Julián González Arechága que es más probable que la referencia sea otro personaje que tomó el nombre de Captain Marvel tras el de Fawcett y antes que Marvel: el de Carl Burgos, editado por M.F. Enterprises en sólo cuatro tebeos de 1966. Y lo cierto es que el hecho que pudiera desprenderse de sus extremidades coincide con lo esbozado en la viñeta. No lo he leído pero tiene pinta de ser encantadormente malo.
Historias de fantasmas que prometen.
El tebeo de terror fantasmal Ghost Stories, editado por Dell, nació en 1962. En 1954 la aparición del Comic Code, código de autocensura de la industria, se cargó, entre otros, los tebeos de terror. El papel de Dell Comics durante toda aquella caza de brujas merece comentario. Dell se había especializdo desde su creación en licencias de dibujos animados (Disney, Hanna & Barbera), personajes populares (Tarzan) y series de televisión. No quiso formar parte del Comic Code porque defendió que no iba con ellos y que el sello Dell ya era garantía de contenidos aptos y no perjudiciales para la infancia. Cuando, apenas 6 años después, el género de terror regresó a manos de los niños, Dell editó este cómic de terror. Tenía la palabra fantasma en su título, que no estaba prohibida expresamente, e incluso en el primer número incluía una historieta de hombres lobo, que si estaban prohibidos.
Como ven, el hombre lobo resulta perturbador en su diseño extravagante, y posiblemente a los lectores de la época llamara la atención el estilo realista de sus dibujos, muy diferente de los monstruos gigantes y extraterrestres de los tebeos de DC y la incipiente Marvel, aunque en realidad se trataba de historias protagonizadas por muchachos que siempre acababan bien. En realidad, los tebeos de terror genuino de la época fueron los de Warren, que escapaban del Comic Code porque su formato revista y el blanco y negro los distinguían del tebeo de grapa y a color, que se consideraba para niños. En la viñeta en que los niños hablan de Creepy, la comparativa con la revista MAD tampoco es casual, y no sólo por su formato: MAD fue lo que sobrevivió de la EC Comics cuando el Comic Code fulminó sus cómics de terror. Creepy recogió el testigo siete años más tarde.
La portada que sostiene Beto es la de ese primer número de Ghost Stories, aunque la verdad es que todas se parecían mucho entre sí. Se puede precisar porque más adelante se comenta con mayor detalle una de las historietas de su interior.
Esta es la viñeta que comenta la niña, esa en la que no se ve como el caballo mata a un niño. El tebeo parecía de los buenos pero resulta decepcionante porque no es explícito, demostrando como los tebeos de la Dell eran de contenido blanco aunque fueran de miedo.
Monstruos que son buenos.
El tema de los monstruos es muy propio de la infancia. En Tiempo de canicas emerge constantemente y con sutilidad. A través de los tebeos, el Beto niño fabrica su propia tipología entre "buenos que son monstruos (La patrulla condenada, La Cosa de Los 4 Fantásticos), monstruos que no se sabe si son buenos o malos (Hulk) y los monstruos propiamente malos. El tebeo de buenos que son monstruos preferido es La patrulla condenada, la Doom Patrol, colección de culto nacida en 1963 que aquí no conocimos hasta que en los 80 nos llegaron versiones mas modernas (entre ellas la genial etapa de Grant Morrison).
El rostro de Mr. Sardonicus
He dicho antes que en 1962 el terror había regresado a las manos de la infancia. Ese resurgir no vino directamente de los tebeos sino por otras dos vías. Una de ellas fue el éxito de la revista Famous Monsters of Filmland, publicada en 1958 por Warren y dirigida por el mítico Forrest J Ackerman. La revista estaba llena de fotos de monstruos de serie B de corte humorístico. Mr. Sardonicus fue una película dirigida por el también mítico William Castle en 1961 y la página a la que se refiere Beto es sin ninguna duda la que les dejo a continuación, publicada en el número 18 (1962).
El Horrendo Demonio Solar
Otra tipología de monstruos: gigantes o de tamaño normal. La segunda vía que estimuló el gusto por lo horroroso entre los niños de la época fue el cine y la televisión. Las viejas películas de serie B empezaron a frecuentar la programación matinal de fin de semana en algunas cadenas de televisión mientras que el cine de bajo presupuesto de la época había descubierto en los adolescentes un público natural. Hideus sun demon (Tom Boutross y Robert Clarke; 1959) fue una de esas películas.
Monstruos noche y día.
El Horrendo Monstruo Solar de baratillo sirve para establecer una tercera tipología con la que acabo este análisis de parte de la cultura pop referenciada en esta estupenda novela gráfica: los monstruos que habitan la noche y los que pueden salir de día, infrecuentes porque la oscuridad facilita la atmósfera y hace menos evidentes las carencias de la serie B.
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