25.1.08

ABOCETAR LA GENIALIDAD

La genialidad siempre puede resumirse con cuatro garabatos sobre papel cudriculado. El boceto es la idea. La auténtica maestría se desenmascara en su simplicidad. Cosas que vienen a mi cabeza ante el primer diseño de los Hermanos Dalton que Goscinny envió a Morris. Está sacado de René Goscinny, los primeros pasos de un guionista visual, fastuoso tomaco realizado por Aymar de Chatenet (a la sazón, su yerno) y Christian Marmonnier, y editado aquí por Norma Editorial. Para quienes admiren y consideren al padre de Asterix (y Lucky Luke, y Umpa-pah, y El Pequeño Nicolás, y Pilote, e Iznogoud) genio entre los genios, resulta una obra más que aconsejable. Yo crecí con Asterix. Disfruté y aprendí mucho. Y releerlo ahora es descubrir la genialidad de los niveles de lectura. De los vínculos de Goscinny con MAD muchos nos hemos enterado este año leyendo blogs (este o este), pero su infancia y juventud en Argentina, su paso por los EEUU o su obra extensa como dibujante me (nos) eran desconocidos y explican muchas cosas. El nexo Kurtzman-Goscinny tiene todo el sentido del mundo, tanto que de tan sencillo me (nos) resultaba inimaginable, pensando que la modernidad y el flujo de influencias es cosa de bytes transmitidos a velocidad luz y no fruto de largos cruceros trasatlánticos, que seguramente son mejores porque regalan el tiempo para que todo repose y sedimente. No como ahora, que vamos a salto de mata. A lo que iba, que el tomaco es epatante por lo que ha cantidad de material gráfico acumula. Un material que desvela al Goscinny dibujante como hijo de su tiempo, practicando un estilo retro-cartoon-cool que quizá esté algo envejecido, lejos de la plasticidad de la época dorada de Asterix. Aunque, coño, al galo ni lo dibujó él y ni careció de evolución (los primeros álbumes de Asterix o Lucky Luke lo dejan claro). El único pero que le encuentro al tmo, además de la discutible forma en que se reproducen algunas viejas historietas (que varían demasiado su tamaño de una página a otra, yo hubiera preferido reproducirlas tal cual, todas iguales y leíbles), es que se acabe donde acaba. El título no engaña y es más una cosa fruto de nuestro déficit en historia de la historieta, en que nos falten datos sobre el nacimiento y desarrollo de Pilote, de su influencia, de cómo se gestaron Iznougoud o El Pequeño Nicolás. Vamos, que el problema del libro, en realidad, no es suyo sino nuestro.