18.4.15
SAGA VERSUS WARE
Estoy muy contento de que anoche ganara el premio del Salón del cómic a Mejor obra de autor español Las Meninas de Santiago García y Javier Olivares. Tenía al menos dos rivales de envergadura como Las guerras invisibles de Jaime Martín y Yo, asesino de Altarriba y Keko, otros dos grandiosos cómics realizados también por autores que aprecio y que podrían haber ganado sin que hubiera nada que objetar al respecto, algo que sí ha pasado con el Premio a mejor obra internacional.
Ha habido caras de sorpresa, incredulidad y desacuerdo ante la victoria de un tebeo made in USA, el Saga de Brian K Vaughnan y Fiona Staples, frente al Fabricar historias de Chris Ware, nada menos.
La queja tiene sentido, claro, pero la derrota de Ware se explica con facilidad.
Antes, una pequeña intro sobre el sistema de votos para quién no lo conozca. El censo estaría formado por la gente que trabaja en la industria del tebeo: autores, editores, técnicos editoriales (rotulistas, traductores, maquetadores, etc) y libreros (de estos últimos no estoy seguro,). Eso sí, no conocemos la lista de ese censo ni cuánta gente acaba votando. No vengo a discutir el sistema porque el de jurados también tiene sus problemas y polémicas. Para juzgar obras maestras está la historia y no unos premios.
Y ahora explico porque me parecía bastante lógico que ganara Saga y no Ware.
Yo no he leído Fabricar historias de Ware. No tengo ninguna duda de que sea la maravilla que dicen. Chris Ware jugando con el medio, su narrativa, arquitectura y forma. Vamos, un maestro excelso. Los motivos por los que no he podido leerlo son parte de la explicación: tal y como están las cosas, un cómic que cuesta 60 euros no puede aspirar a tener muchos votos.
Me preocupo por leer cada años todas las obras nominadas (no siempre lo consigo). Los que no tengo en casa los cojo de la red de bibliotecas públicas de Barcelona, que es estupenda. En el caso de Fabricar historias, ni siquiera está en préstamo. Su formato desmontable en varias unidades lo hace complicado.
El dispendio económico no es la única razón que explica la victoria de Saga frente a Ware. El otro es la competencia con el resto de nominados.
Si se observa la lista de los 10 títulos que optaban a ese premio, 9 eran novelas gráficas, más o menos arriesgadas, más o menos del palo de Fabricar historias, pero fácilmente agrupables en un bloque variopinto pero con cierta homogeneidad. Saga era el único comic book norteamericano, el único tebeo de vocación popular clásica, seriada y género, en un año en que ni siquiera había manga. No tenía rivales que desperdigaran su voto sino que lo concentraba sin querer y es un tebeo con lectores, también dentro de la industria.
Creo que ambas cosas (precio y concentración de voto) explican el resultado.
AH! He leídos los dos primeros volúmenes de Saga (en préstamo bibliotecario) y me ha sorprendido, enganchado y divertido muchísimo. Destaca por su ritmo ágil; por crear un universo de ciencia-ficción imaginativo, compacto y lleno de posibilidades; por correr ciertos riesgos al incluir escenas sexuales explícitas en el contexto del mainstream norteamericano; y porque supone una simpática variable dentro de la típica obra de “patenidad de autor”, solo que aquí en vez de la habitual “guía del padre primerizo” tenemos una simpática y muy fresca saga de ciencia-ficción.
¿Que lo de Ware es otra cosa, con mayor ambición, calidad artística y experimentación? No lo dudo. ¿Que lo suyo era que merecía el premio Ware? Seguro. Yo solo venía a explicar porqué ha ganado la más fea.
12.4.15
SERES HUMANOS NORMALES
La pregunta
¿quiénes son los seres humanos normales?
nos lleva a una noticia recurrente
Al fin y al cabo,
como hacen las personas normales
el asesino siempre saludaba
Quizá la pregunta deba formularse en negativo
¿Quienes son los seres humanos no normales
En el siglo XVI parecían tenerlo claro
Por ejemplo:
no lo eran
los siameses abyectos
o los nacidos deformes
Pero el siglo XVI no es un buen ejemplo
En el siglo XVI las personas normales quemaban a las brujas
Por eso la ciencia lleva siglos buscando una persona normal
hasta concluir que
la normalidad sólo es una abstracción matemática
porque la normalidad
solo existe en los tebeos de Archie
10.4.15
TEBEORAMA - EDICIÓN ESPECIAL
Como suelo hacer todos los años, en Gencomics intento ir escribiendo sobre las obras y autores nominados a los premios del Saló del Cómic de Barcelona. Digo intento porque nunca consigo abarcar todos los leídos por mi falta de tiempo. Supongo que esta vez, si puedo, acabaré escribiendo un artículo más general, pero de momento enlazó por aquí textos sobre algunos de los nominados, aunque faltan piezas importantes.
Aquel verano de Jillian y Mariko Tamaki (Ediciones La Cúpula)
Arsène Schrauwen de Olivier Schrauwen (Fulgencio Pimentel)
Hechizo Total de Simon Hanselmann (Fulgencio Pimentel)
Inercia de Antonio Hitos (Salamandra Graphic)
La Mondaine de Zidrou y Jordi Lafebre (Norma Editorial)
Las guerras silenciosas de Jaime Martín (Norma Editorial)
Las oscuras manos del olvido de Hernández Cava y Bartolomé Seguí (Norma Editorial)
Versus de Luís Bustos (Entrecómics Cómics)
Por cierto, al margen de los nominados al Saló de este año, esto me recuerda que dejé de enlazar por aquí algunas reseñas y artículos publicados en Gencomics hace algunos meses. Si este blog ya no es lo que era, al menos que sirva para seguir la pista de lo que voy sembrando por ahí.
Las emociones cotidianas de Zidrou y Compañía
Transcripción de una extensa charla del guionista Zidrou y muchos de sus colaboradores donde repasan las obras fruto de su trabajo. Se puede leer aquí.
Aquel verano de Jillian y Mariko Tamaki (Ediciones La Cúpula)
Los relatos sobre el fin de la infancia y el tránsito al mundo adulto son un género en sí mismo que, pese a visitarse con frecuencia y contar con numerosas obras de envergadura, sigue funcionando muy bien.
Arsène Schrauwen de Olivier Schrauwen (Fulgencio Pimentel)
Uno de los mejores tebeos del año a poco que se tenga aprecio por el riesgo estético y el vanguardismo narrativo, y no se me inquieten ante estos calificativos porque Arsène Schrauwen vol. 1 cuenta, antes que nada, una historia y lo hace de manera lineal, comprensible y al mismo tiempo llena de sutilidades, juegos e ideas.Seguir leyendo
Hechizo Total de Simon Hanselmann (Fulgencio Pimentel)
Para el adicto a las crónicas generacionales desalmadas y salvajes que soy, esto es brutal. Droga dura. Así que hundo los brazos en mis entrañas en busca de ese entusiasmo y lo pongo sobre la mesa, y me tranquiliza pensar que los protagonistas de este tebeo entusiasmo, lo que se dice entusiasmo, no parecen tener mucho. Por eso son como son y viven como viven y yo los leo con el sentido del humor del revés, con la risa rara y los ojos muy abiertos.Seguir leyendo
Inercia de Antonio Hitos (Salamandra Graphic)
Desconocía el trabajo de Antonio Hitos y eso me ha comportado una enorme sorpresa porque, la verdad, Inercia me ha parecido un excelente cómic. La historia se inscribe en lo que podemos llamar relato existencial, costumbrista, urbano y juvenil, vamos, lo que vendría a ser el día a día de un chaval con sus colegas, su monopatín y su trabajo basura en una tienda de discos, en un momento en que la rutina del mundo adulto empieza a apropiarse de su vida.Seguir leyendo
La Mondaine de Zidrou y Jordi Lafebre (Norma Editorial)
La fructífera colaboración del guionista belga Zidrou con un nutrido grupo de dibujantes tuvo como piedra angular el éxito de Lydie, emotiva y amable tragicomedia realizada junto a Jordi Lafebre sobre una mujer que tras la muerte de su pequeña hija decidía seguir viviendo como si esa tragedia no hubiera sucedido. Conscientes de que continuar por caminos de similar ternura podía encasillar al dibujante catalán, optaron por una historia protagonizada por la brigada policial popularmente conocida como la mondaine (“la mundana”), encargada de luchar contra el vicio y la prostitución en una ciudad tan promiscua como París.Seguir leyendo
Las guerras silenciosas de Jaime Martín (Norma Editorial)
Entre los años 1956-58 del siglo pasado, el régimen franquista se embarcó en una contienda bélica con Marruecos silenciada por los medios españoles. Dos años más tarde, el padre de Jaime Martín cumplió el servicio militar en la zona, en un contexto de un alto el fuego mal resuelto, es decir, de un fin de las hostilidades no oficial y sin ningún tipo de acuerdo diplomático de paz. Aunque podría haberse limitado perfectamente a explicar esa dura experiencia, Jaime Martín desarrolla y enriquece su relato con tres niveles argumentales: presente autobiográfico, esa mili del padre en el Sahara y el costumbrismo de una pareja de novios en 1960.Seguir leyendo
Las oscuras manos del olvido de Hernández Cava y Bartolomé Seguí (Norma Editorial)
La tercera colaboración entre el guionista Felipe Hernández Cava y el dibujante Bartolomé Seguí se adentra en un tema tan peliagudo como el fin de ETA, el rastro de sangre que deja en el camino y el olvido de las víctimas, a partir de la historia de un mafioso marsellés que, tras 25 años en la cárcel, decide cumplir su promesa de vengar a un empresario asesinado por la banda terrorista. Un thriller oscuro, sin ninguna concesión, donde se habla del GAL, del papel de los servicios secretos españoles, de veteranos de la independencia de Argelia, de la mafia marsellesa y, claro, del terrorismo y de sus víctimas, en una obra crítica con el actual proceso del fin de ETA.Seguir leyendo
Versus de Luís Bustos (Entrecómics Cómics)
Relato de un combate de boxeo —ambientado en los años de esplendor de ese deporte— entre un veterano campeón económicamente desesperado y una joven promesa negra, un combate en cuyo transcurso se intercalan los flashbacks que construyen esta “moderna historieta dramática” que se anuncia con bella prosa en la portada misma.Seguir leyendo
Por cierto, al margen de los nominados al Saló de este año, esto me recuerda que dejé de enlazar por aquí algunas reseñas y artículos publicados en Gencomics hace algunos meses. Si este blog ya no es lo que era, al menos que sirva para seguir la pista de lo que voy sembrando por ahí.
Las emociones cotidianas de Zidrou y Compañía
Transcripción de una extensa charla del guionista Zidrou y muchos de sus colaboradores donde repasan las obras fruto de su trabajo. Se puede leer aquí.
Majareta: la autobiografía bipolar de Ellen Forney
Siempre que topaba por ahí con Majareta de Ellen Forney (La Cúpula) había algo que me atraía mucho, quizá el grafismo tan vivo y pop, no lo sé, pero sí que mi instinto de lector ávido no suele equivocarse. Me gustan las novelas gráficas autobiográficas, me interesa el género, soy fan de muchas de ellas
Stephen Collins, la revolución y la barba
Hoy, la barba vive tiempos de gloria como señal de identidad e incluso forma parte de esa modernidad que han bautizado como hipster. Tras la lectura de La gigantesca barba que era el mal de Stephen Collins (La Cúpula) me queda claro que lo suyo no es una maniobra de subirse al carro de la moda, pero es evidente que ésta le viene bien: no se me ocurre mejor regalo para un amigo que luzca su barba con orgullo.
El regreso de Junji Ito, maestro del horror
El cómic de terror más avezado, inquietante y contundente de las últimas décadas tiene sello japonés. ECC ha llegado al rescate de quienes nos deleitamos con el inigualable tratamiento que el manga da al género, capaz de asombrar y estremecer al más curtido gourmet del gore recuperando la obra de uno de sus grandes autores: Junji Ito, un maestro del horror con mayúsculas que nuestro mercado parecía haber olvidado tras la publicación de dos piezas tan magistrales como Tomie y Uzumaki.
La guerra según Harvey Kurtzman
El nombre de Harvey Kurtzman esté ligado con fuerza al humor y la parodia, aunque el precio sea olvidar su importante contribución a la historieta bélica. Al amparo de la mítica EC, y viendo que no podría igualar la productividad de su compañero Al Feldstein en el campo del crimen y el terror, Kurtzman propuso una nueva línea de tebeos de guerra muy alejada de las típicas hazañas bélicas a las que entonces el género estaba sometido por completo.
Rural: Etienne Davodeau y el cómic documental
Llevo siguiendo con bastante interés la obra de Etienne Davodeau desde que en 2006 Ponent Mon editara por aquí la novela gráfica premiada en Angouleme La mala gente, en la que explicaba la historia del pueblo de sus padres y sus vínculos con el movimiento católico obrero. Mi interés por el cómic documental ha ido en aumento con los años, y también he ido apreciando esa faceta de Davodeau.
Enjambre de autoras
Una antología nunca debe limitarse a ser una simple compilación, necesita alma y motivo, ya sea reunir por material disperso o seleccionar lo más representativo de un género, tema o autor. Dentro de la variedad que ofrece ese nexo común necesario, hay un tipo de antología con entidad propia que despierta mucho mi interés: aquella que pulsa el estado de las cosas, que abre un abanico amplio al mismo tiempo que ofrece un punto de visto personal.
De locos y loqueros: el Psiquiátrico de Lisa Mandel
Estupendo ejemplo de algo que me gusta mucho, y es esta corriente actual en la que el cómic afronta la no-ficción, una rama genérica que no hace tanto tiempo era muy poco transitada por las viñetas. Lisa Mandel explora en Psiquiátrico la evolución de los hospitales para enfermos mentales en la segunda mitad del siglo XX. Su interés le viene de familia, ya que su madre era enfermera en uno de estos centros, con la cercanía y conocimiento que eso le supone para el tema.
El Folies Bergère, de Zidrou y Francis Porcel
Su engañoso título no remite por casualidad al célebre cabaret parisino inmortalizado por Toulose-Lautrec, símbolo de locura lúdica y alegría de vivir. Para los combatientes de la 1ª Guerra Mundial, apenas un recuerdo del pasado que parece casi una ensoñación porque ahora su realidad es la peor de las pesadillas.
Un médico novato, de Sento
Al interés que supone el regreso de Sento al mundo del cómic se suma un tema que últimamente ha dado algunas obras claves para la historieta española: la recuperación de la memoria desde la perspectiva de las pequeñas historias personales, en este caso la de su suegro, que nada más empezar la Guerra Civil fue encerrado en una prisión franquista y sometido, junto a sus compañeros, a la la atroz incógnita sobre quién iba a ser el próximo en ser fusilado.
El nao de Brown de Glynn Dillon
El relato o crónica de una enfermedad desde perspectivas costumbristas y biográficas ha dado algunas de las novelas gráficas más relevantes de los últimos tiempos, convirtiéndose casi en un subgénero del cómic contemporáneo, un catálogo de males al que ahora podemos añadir la variante del trastorno obsesivo-compulsivo que genera deseos y visiones impulsivas de macabra violencia contra el prójimo, ya sea familiar, amigo o casual transeúnte.Seguir leyendo
3.4.15
EL HUMOR AMENAZADO
A través de un tuit de Gerardo Vilches, que hace tiempo anda sumergido en las revistas de humor satírico de la Transición, busco y localizo (ya saben que disfruto de estas arqueologías) la tira del gran Georges Wolinski a la que se refiere, publicada en el semanario Por Favor #185, de 1978. En ella satiriza satiriza sobre la difícil y desigual relación entre el humorista y el poder ofendido. Las cosas no solo es que no hayan cambiado demasiado, sino que 37 años más tarde Wolinski, un maestro en activo con 81 años, era uno de los asesinados en el atentado a Charlie Hebdo.
30.3.15
LA BIBLIOTECA AUSENTE
Kike Infame, experto entrevistador especializado en cómic, inició un espacio dedicado a mostrar las bibliotecas tebeíles de algunos adictos a las viñetas y me invitó a participar. Me planteó una serie de cuestiones sobre cuestiones de orden, espacio y coleccionismo y también me pidió algunas imagenes para la posteridad. El resultado deja bien claro que a estas alturas mi enfermedad es de difícil solución: Aquí pueden verlo. Por cierto, en cierto modo, algunas de las cosas que comento pueden ponerse en paralelo a mis dos últimos textos para El Butano Popular: Fuego amigo y Los cosmonautas.
26.3.15
LOVECRAFT Y EL HORROR CÓSMICO URBANITA
"Las cosas orgánicas que rondaban por esa espantosa cloaca no podrían calificarse de humanas, ni siquiera torturándose la imaginación. Eran monstruosos, nebulosos bosquejos del pitecántropo y la ameba, toscamente modelados en alguna arcilla hedionda y viscosa producto de la corrupción de la tierra. Reptaban y supuraban por las calles grasientas, entrando y saliendo por puertas y ventanas de una forma que recordaba a una invasión de gusanos, o a desagradables criaturas surgidas de las profundidades del mar. Esas cosas —o la sustancia degenerada en gelatinosa fermentación de la que estaban hechas— parecían rezumar, infiltrarse y fluir a través de las grietas abiertas de aquellas horribles casas, y pensé en una hilera de tinas ciclópeas y malsanas, llenas hasta el borde de ignominias gangrenosas, a punto de rebosar para inundar el mundo entero en un cataclismo leproso de podredumbre semilíquida.Fragmento de una carta de H.P.Lovecraft a Frank Belknap Long en la que le describe una visita al Lower East Side neoyorkino. "Es un párrafo del gran Lovecraft", dice Michel Houellebecq en su genial ensayo sobre el escritor de Providence Contra el mundo, contra la vida (Siruela, 2006) del que he sacado el fragmento epistolar. Lo cierto es que si no se avisa se hace difícil apreciar que se trata de la descripción de un barrio de Nueva York mayormente poblado de emigrantes —"italo-semitas-mongoloides" dice luego—, pero no quiero incidir en la repulsa racial que expresa sino en el hecho de que no hay diferencia entre el más inmundo abismo primigenio olvidado por el tiempo y la ciudad, cualquier ciudad, que nos acoge... ¿quizá porque en realidad son lo mismo? Lo biográfico siempre está presente en la ficción de horror porque sólo lo cotidiano nos aterra de verdad.
De esta pesadilla de infección malsana no conservo el recuerdo de ningún rostro vivo. El grotesco individuo se perdía en la devastación colectiva; sólo quedaban en la retina los vagos y fantasmagóricos contornos del alma mórbida de la desintegración y de la decadencia… una máscara amarillenta que ríe burlona mientras una ácida y pegajosa bilis supura de sus ojos, orejas, nariz y boca, con un burbujeo anormal de úlceras monstruosas e increíbles…"
24.3.15
EL VERMUT
Pues que Kiko Amat me citó el otro día en una tasca a mi elección para charlar largo y tendido sobre Mentiré si es necesario. Yo disfruté del encuentro mientras los botellines de cerveza se iban vaciando, y creo que el resultado salió de lo más divertido y se puede leer aquí, en Gent Normal. Es largo, pero creo que quienes gustan de lo mío sabrán apreciarlo.
También aprovecho para decirles que una na de mis dos lecturas favoritas del año pasado fue Mil violines y otras crónicas sobre pop y humanos (Random House, 2011) —la otra esta—, un libro que tuve en mis manos varias veces cuando salió pero que tardé demasiado en pillar —la clave, un amigo que me dijo lo mucho que lo había disfrutado y que él establecía un vínculo poderoso con mi libro—. La cosa es que al final fui a por él y me lo zampé en una ida y vuelta en AVE a Madrid, en un arrebato de gozo y gula lectora. Luego, al llegar a casa, me pase dos días escuchando los discos que comenta en el libro, un recorrido pop y biográfico alrededor de canciones, borracheras y melodramas juveniles de barrio. Vamos, que el vínculo está ahí, es cierto, pero es que Mil violines me pareció cojonudo e incluso me descubrió algún temazo que no conocía. Y el discurso se cierra con los Fleshtones, como debe ser, porque en la conga de la vida el que toca las maracas va delante.
7.3.15
31.12.14
TEZUKA Y LOS MUTANTES DEL PLANETA DE LOS SIMIOS
Ando estos días leyendo y disfrutando de Alabaster, uno de esos mangas de Osamu Tezuka con que nos van alegrando las editoriales, en este caso Astiberri. Pretendo escribir más sobre esta lectura, y algún Tezuka más, los próximos días. Alabaster es una variación sobre el Hombre Invisible con forma de divertidísima aventura pulp con un villano de folletín que también remite a Fantomas y demás genios del crimen. Como es habitual en Tezuka, no contempla el bien y el mal como dos absolutos puros sino que los llena de ambigüedad añadiendo ternura a la maldad o un carácter despiadado en quien se supone del lado del bien, y de fondo un plan maestro que quiere demostrar que la belleza no existe, que todo lo que es bello por fuera oculta fealdad interior.
Pero no venía yo a extenderme en ese aspecto sino anotar un detalle más anecdótico, y es que al llegar a la viñeta en que se muestra el verdadero rostro de Alabaster, cuya invisibilidad sólo afecta a la piel dejando ver músculos y venas, relacione de inmediato esa imagen con los mutantes que habitan el subsuelo de la Zona Prohibida del Planeta de los simios.
Mis lectores veteranos saben que siento fascinación por Regreso al Planeta de los simios, la primera secuela, y quizá eso me lleve a establecer un lazo improbable, y es cierto. De todas formas, tampoco es tan descabellado que Tezuka se inspirara en esos mutantes para dibujar el rostro de Alabaster: por un lado, tenemos que El Plantea de los simios fue todo un éxito en Japón, que su secuela se estrenó, según IMDB, en agosto de 1970 y que Tezuka empezó a publicar Alabaster en diciembre de ese mismo año.
21.12.14
EPÍSTOLAS LIBRESCAS (XI): COMPLETANDO EL AÑO CON LAS ÚLTIMAS LLEGADAS
Buenos días, Absence;
Otro año que se va, parece mentira. Menos mal que antes de terminarlo ha dado tiempo a que las editoriales saquen aún unos pocos grandes libros para que nos endulcen los días y, ya puestos, demos algunas ideas a los que nos regalan. Aún quedan unos pocos días para el final de año pero como las editoriales ya no están sacando nada —y algunas ni tan siquiera están abiertas— parece seguro llamar a esto el repaso definitivo de entre lo que ha aparecido en noviembre y diciembre.
Empecemos echándole un ojo a los libros más destacados, que como siempre son unos pocos.
La hoguera pública de Robert Coover (ed. Pálido fuego)
He aquí una auténtica maravilla. Un clasicazo por propio derecho que, inexplicablemente, no había sido publicado aún en español. Coover es un gran autor como ha demostrado ya tantas veces, pero esta novela puede ser su obra maestra. Usando a Richard Nixon todo lo de protagonista que puede llegar a ser para navegar por una compleja trama de acusaciones y mentiras con la vida de dos personas no ya en juego sino convertidas en el centro de un espectáculo debido más a las necesidades y necedades políticas que a otras consideraciones. Un lenguaje elaborado, corporeizaciones de conceptos como el americanismo y el comunismo y muchos más hallazgos que la convierten en una de las estrellas del año. No es una obra sencilla, pero sí que es recomendable.
John muere al final de David Wong (ed. Valdemar)
Seguro que viste la película en su momento (efectivamente), al fin y al cabo Coscarelli no se prodiga tanto. El asunto es que la película estaba basada en un libro que salía, a su vez, de una web que permitía una gran libertad para tratar las aventurillas —muy cómicas— de un par de cazadores de los sobrenatural. Si ya resultaba recomendable la película, el libro es incluso mejor; una agradable sorpresa.
American Noir, edición a cargo de Otto Penzler (ed. Navona)
Las antologías de Penzler son todas una garantía de calidad e interés. Sus esfuerzos recopilando y editando a las luminarias del género suelen significar el descubrimiento de algunos de los más interesantes olvidados. No es ese el caso de esta antología, que también es muy interesante pero por otros motivos: Aquí Penzler reúne a grandes clásicos de uno y otro estilo, nos ofrece juntos a Cain, Thompson, Goodis pero también a Highsmith, Block o Leonard, una mezcla curiosa en la que entra incluso James Ellroy o Joyce Carol Oates y que puede servir como introducción a una buena cantidad de los más influyentes autores del género.
El Marciano de Andy Weir (ed. Ediciones B)
En estos tiempos de reivindicación astronáutica. novelas como estas son imprescindibles. Una obra que provoca urgencia en su lectura por la situación en la que se encuentra el protagonista, abandonado a su suerte en Marte y sin saber qué será de él. Impresionante.
Los papeles de Mudfog de Charles Dickens (ed. Periférica)
Una de esas encantadoras obras iniciales de Dickens cuando aún era un poco Boz, cercanas a la obra que acababa de publicar sobre el Club Pickwick. Solo que aquí en lugar de una novela tenemos más anotaciones sobre esta asociación por el progreso científico que retrataba con tanto humor su autor.
Nonsense de Edward Lear (ed. Pepitas de Calabaza)
Recopilatorio de los libros de nonsenses de Lear, con las ilustraciones y los poemas (en edición bilíngüe nada menos) que pese a lo pequeño de su formato es lo que podríamos llamar poniéndonos cursis "una delicia".
El cura y los mandarines de Gregorio Morán (ed. Akal)
Empiezo reconociéndolo: me lo he pasado bomba. No porque lo que cuente sean grandes secretos —que no— ni por el tono general —que daría para discutir bastante— sino por verlo todo junto y reunido. Ah, sí, que no me he explicado primero: aquí tienes un recorrido por la cosa cultural-político-comunicativa desde 1962 al '96. Aunque sobre todo hay de los '60 y '70. Todo muy bien respaldado con mucha bibliografía, notas y citas, que se vea que no se está inventado nada. Y no deja de dar su opinión siempre que puede meter cuchara —que es lo único que puede llegar a sobrar—, pero es que es su opinión como acompañamiento de montañas de hechos innegables que ni siquiera tiene que manipular porque ¿para qué? Dado que habitualmente se han limitado a no contar lo que no interesaba o a dejarlo reposar en libros de escaso recorrido tener un volumen como este no deja de ser una gran noticia. Y eso sin contar las risas.
La constelación del perro de Peter Heller (ed. Blackie Books)
Parecía poco probable pero fíjate, han logrado hacer en positivo una obra postapocalíptica. Y no por lo que te has quitado de en medio. Si libros como Soy leyenda o La carretera ofrecían miradas de miedo, confrontación entre los supervivientes y soledad aquí se transforma en la necesidad de buscar una manera de conservar lo que tuvimos mientras se construyen nuevas formas de comunidad. El postapocalipsis tierno.
Hilda y el perro negro de Luke Pearson (ed. Barbara Fiore)
Ya sabes que no me gusta meter cómics por aquí que al fin y al cabo ya tenemos sitios para hablar de ellos, ¡pero es que a Hilda hay que construirle un monumento! Estamos ya en el cuarto y no me puedo creer que no sea ya un personaje buscado, admirado y reverenciado por la gente. Ideal para pequeños, idóneo para los mediano, imprescindible para los mayores.
La verdadera historia del Krampus de Lara Hopler (ed. Desvan de Hanta)
En 2009 Colbert llegó a un acuerdo con el Krampus, al año siguiente fue uno de los sospechosos de Rare Exports y, poco a poco, se fue metiendo entre los iconos de la cultura popular. Así que antes o después tenía que acabar llegándonos alguno de los libros sobre su figura. Bien es cierto que el texto se dedica menos a indagar en su personalidad y orígenes que a ofrecer una mirada burlona a nuestro mundo y su necesidad de Krampus, pero la pequeña y cuidada edición, las ilustraciones y el que sea la primera vez que es el centro de atención de uno de estos libros lo hace ideal para cualquier campaña navideña de concienciación krampusística.
Guía ilustrada de monstruos y fantasmas de Japón de Sekien Toriyama (ed. Quaterni)
¡Más bichos que nunca hay suficientes! Porque en Quaterni han tenido la buenísima idea de publicar el Gazu Hyakki Yakō y presentar (y presentarnos) así los monstruos del imaginario fantástico japones. ¡Cómo no quererles!
Ah, Absence, también tengo aquí unos cuantos libros que seguro que te tocan más cerca.
La santa de Mado Martínez (ed. Algaida)
Por ejemplo esta, Premio Ateneo Joven de Sevilla 2014 y que es —sobre todo— un ejemplo perfecto de lo que hubiera sido llevar el fantaterror de Profilmes a la literatura. Hay momento de narrativa dislocada, acumulación de tópicos contrapuestos, momentos de sexualidad dudosa y otros de puro locurón argumental, todo ello con fuerte raigambre española, tanto en lo ruralesco como en la decisión de imitar de manera consciente los éxitos del audiovisual extranjero, sumar todo eso a una suerte de acercamiento al gótico a partir de las particularidades de la zona hace que si no desde el interés propio por la obra podamos al menos contemplarla desde la simpatía despertada.
Barcelona 1912: El caso de Enriqueta Martí de Jordi Corominas (ed. Silex)
Esta te gustará a ti y a la Sra. Absenta por lo que tiene no solo de recuerdo de la Barcelona de la época sino también de un mito popular y terrible, culpabilizada de todo tipo de horribles comportamientos, acosada por la llamada opinión pública que había sido previamente calentada por la prensa, la historia de La Vampira del Raval es una de esas que es imposible dejar fuera.
Teslapedia de VV.AA. (ed. Turner)
Acompañando la ExpoTesla —¡Teslaxplotation!— ha salido este pequeño catálogo que reúne sus obras e invenciones, que no se diga que no se nos puede seguir ofreciendo material.
Por supuesto junto a estos destacados han seguido apareciendo otros interesantes como el segundo recopilatorio de artículos de La Codorniz en ¿Son de alguna utilidad los cuñados? de Rafael Azcona, (ed. Pepitas de calabaza) o En presencia de un payaso, la nueva y estupenda novela de Andrés Barba (ed. Anagrama).
Y quien habla de autores españoles puede hacerlo también de extranjeros que para eso han recuperado Los reconocimientos de William Gaddis (ed. Sexto piso) o nos han traído el último juego metaliterario y autoficcionoso de Hanif Kureishi, La última palabra (ed. Anagrama);
obras históricas como ese vistazo a lo poco casi autónomo en la Francia ocupada que es Sin visado de Jean Malaquais (ed. Sajalin) o la Sinfonía napoleónica de Anthony Burgess (ed. Acantilado) y su peculiar mirada a la época del emperador francés;
una nueva novela encantadora de Stella Gibbons, Bassett (ed. Impedimenta), la publicación de un inédito de uno de los grandes como es La estrella de Ratner de Don DeLillo (ed. Seix Barral) y no menos grande Clases de baile para mayores, novela en una sola frase del centenario Bohumil Hrabal (ed. Nordica).
o el Booker del año pasado, lleno de historia, Las luminarias de Eleanor Catton (ed. Siruela); la continuidad de la edición de un autor extraño como es Richard Brautigan en el Western Gótico con El monstruo de Hawkline (ed. Blackie Books) que sirve para compararlo con un western-western como es Cornetas al atardecer de Ernest Haycox (ed. Valdemar).
Y eso que fuera de los destacados esta vez la fantástica anda un poco más floja, sigue estando la antología Terra Nova 3 de VV. AA. (ed. Fantascy) pero nada comparado con lo que nos traen otros géneros.
Como la novela negra, que reúne el principio de una serie de historias del Gran Maestro con Mr. Mercedes de Stephen King (ed. Plaza y Janés); la recuperación del clasicazo japones Las nuevas aventuras de Hanshichi de Kido Okamoto (ed. Quaterni); la primera edición del inspirado House of Cards de Michael Dobbs (ed. Alba)
y el no menos inspirador Pero… ¿quién mató a Harry? de Jack Trevor Story (ed. Alba) ademas del regreso al género de Yasmina Khadra con A qué esperan los monos… (ed. Alianza) y, por supuesto, el último ejemplo del Campo de Batalla Matrimonial que es La mujer de un solo hombre de A.S.A. Harrison (ed. Salamandra).
Aunque si para algo han sido buenos estos últimos meses ha sido para el ensayo. ¡Y tenemos de todo! En lo literario están los autoexplicativos Superhéroes ibéricos de Pedro Porcel (ed. De Ponent) y La novela múltiple de Adam Thirlwell (ed. Anagrama) con su intención de explicarse el lenguaje y la obra;
además podemos leer cítrica de género y guiones televisivos en La televisión por escrito: antología de guiones editado por Emeterio Diez Puertas (ed. Fundamentos) o irnos a la historia cultural en Hollywood maldito de Jesús Palacios (ed. Valdemar).
¿Que prefieres política? Pues ahí anda Política de David Runciman (ed. Turner)
o las visiones históricas de Escritos de mujeres desde el sitio de Leningrado de Simmons /Perlina, (ed. La uña rota) y Los cañones del atardecer de Rick Atkinson (ed. Crítica) o El final de la guerra de Paul Preston (ed. Debate) que nos ofrecen distintos puntos de vista bélicos.
Aunque quizá para eso las experiencias directas de gentes que estuvieron por allí con Salamanca, 1936 editado por Ángel Viñas (ed. Crítica) y El Príncipe Rojo de Timothy J. Snyder (ed Galaxia Gutenberg).
Todo eso y la parte de la reflexión que permiten los viajes de Un paseo por el bosque de Bill Bryson (ed. RBA) o con más profundidad en los Escrito a máquina de Ludwig Wittgenstein (ed. Trotta) y La edad de la nada de Peter Watson (ed. Crítica).
Aunque posiblemente el gran éxito haya sido el económico El capital en el Siglo XXI de Thomas Piketty (ed. Fondo de Cultura Económica).
Yo reconozco habérmelo pasado mejor con la recuperación histórico social de los Apaches de VV.AA. (ed. La Felguera) y haberme decepcionado con la edición "una línea por página" de Esto es agua de David Foster Wallace (ed. Literatura Random House).
Pero pasemos a temas más agradables como que sigan publicando a Harry Crews aunque esta vez sea en formato autobiográfico con Una infancia (ed. Acuarela/ Antonio Machado). Y es que las biografías han dado mucho juego este año como demuestra la enorme El gran depredador de Lucy Hughes-Hallett (ed. Ariel) que repasa la vida de D'Annunzio, o La verdadera historia de Frank Zappa de Frank Zappa y Peter Occhiogrosso (ed. MalPaso),
y, por supuesto, el cruce epistolar entre dos titanes de la escritura centroeuropea que se ha recogido en Ser amigo mío es funesto de Joseph Roth y Stefan Zweig (ed. Acantilado).
Por cierto que este último repite en la lista gracias a su libro Viaje a Rusia (ed. Sequitur) que es uno de los destacados de viajes junto al de otro celebrable autor, Las cartas inglesas de Karel Capek (ed. Renacimiento) y a un siempre de agradecer nuevo Cees Nooteboom, Noticias de Berlín (ed. Siruela), aunque esta vez pareciera que él se queda quieto mientras todo cambia a su alrededor.
Por cierto, a medio camino entre los viajes y la literatura está La Tierra de Jules Verne de Eduardo Martínez de Pisón (ed. Fórcola) que seguro también te interesa.
Pero vamos a hablar de cocina que hay dos libros más que destacables, uno es una recuperación con intento de reunión cultural del gran Yotam Ottolenghi con Sami Tamimi en Jerusalén: Crisol de las cocinas del mundo (ed. Salamandra) y el otro es parte de una gran familia y estaba detrás de un documental, me refiero a Italoamericanos de Catherine Scorsese (ed. Confluencias). ¡Magníficas aproximaciones!
Si prefieres llenarte la panza con algo distinto, permíteme señalar que han publicado una antología de Enrique Lihn en Visor, Poesía, situación irregular, y que dentro de la recuperación de la obra de grandes autores también se puede leer El gran mínimo de Gilbert Keith Chesterton (ed. Salto de páginas).
Pero en esta época lo que realmente toca son los ilustrados y de esos hemos tenido para llenar una cajón, bien fuera con obras tan espectaculares como Madama Butterfly de Benjamin Lacombe (ed. Edelvives) o recuperando al siempre estupendo Sempé con la excusa del Premio Nobel de Literatura Catherine de Patrick Modiano con sus ilustraciones (ed. Blackie Books),
lo importante es saber conjugarlos y sacar partido como ocurre al unir a Iban Barrenetxea con Roald Dahl en La cata (ed. Nórdica) o al ofrecer el magnífico trabajo de edición —al que se añade la novedad de Andrés Barba como traductor— en Moby Dick de Herman Melville con ilustraciones de Gabriel Pacheco (ed. Sexto piso) y, por supuesto, siempre hay un hueco para la recuperación y la sorpresa de pequeñas miniaturas agradables en Juanito Diminuto de Wilhelm Busch (ed. Reino de Cordelia).
Todo lo cual nos lleva al Infantil y Juvenil, que también tiene su hueco, claro. Más aún en unos meses que han visto la recuperación de Los Tres Investigadores Misterio en el castillo del terror de Robert Arthur (ed. Molino), la continuación de las aventuras de Ada Goth y el festival de Mortillunio de Chris Ridell (ed. Edelvives)
y tener al siempre inquieto Iban Barrenetxea sacando cosas como Brujarella (ed. Thule), o la publicación en España del clásico El dragón de papá de Ruth Stiles Gannett (ed. Turner).
Únele a eso la explosión de libros ilustrados que unen humor al gran trabajo en ambos campos como por ejemplo hacen Oliver y el Troll de Adam Stower (ed. Picarona); Cuando papá era pequeño había dinosaurios de Vicent Malone con ilustraciones de André Bouchard (ed. Edelvives);
No he hecho los deberes porque… de Cali y Chaud (ed. Nubeocho), El gato de Matilda de Emily Gravett (ed. Picarona) o Salvaje de Emily Hughes (ed. Libros del Zorro Rojo). Todos ellos magníficos álbumes que merecen dedicarle un poco de tiempo a leérselo a los que aún no saben.
Ah, y pop ups como La pequeña Amelia se hace mayor de Paula Bonet y Elisenda Roca (ed. Combel).
Como ves ha sido una buena cosecha otra vez, y seguro que se pueden sacar ideas aquí para ponerlos en la carta así que no te molesto más que una vez terminado el año hay que empezar a hacer balance.
¡Hasta el año que viene!
Un abrazo,
Jónatan.
Jónatan Sark (¡visítenle en El Receptor!) es lector compulsivo y librero vocacional. No se me ocurre mejor persona en cuestión de recomendaciones literarias y conocimiento de la actualidad editorial afín a mis gustos. Si no has tenido suficiente (cosa que dudo) con estas recomendaciones, prueba en las entregas anteriores.
Entregas anteriores:
Epistolas librescas I
Epístolas librescas II (Especial Día del libro 2013)
Epístolas librescas III
Epístolas librescas IV
Epístolas librescas V
Epístolas librescas VI
Epístolas librescas VII
Epístolas librescas VIII
Epístolas librescas IX
Epístolas librescas X
A continuación, un mosaico Amazon con los libros recomendados. Si te apetece comprarlos desde aquí, me llevo una pequeña comisión que se invierte íntegramente en mi adicción a la lectura. Gracias.
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