4.2.08

SOCIOPATÍAS POST-JIPIS


Hace un par de semanas el Amigo de Charlie Manson recapitulaba, con su entregado ímpetu febril, alrededor de la profusa bibliografía hispana que sobre cine fantástico y allegados ha proliferado, con intermitencias, a lo largo de la última década. Yo también me dedico a coleccionarla, aunque con menos generosidad que el Sr. Dammit, que parece haberlos leído todos. Dedicaba una parte final de su texto a comentar el libro que entonces tenía yo a punto de finiquitar en la mesilla de noche: American Ghotic: el cine de terror USA (1968-1980), editado este año por la Semana de Terror de Donosti y coordinado por Antonio José Navarro, que no es muy de mi agrado pero a quien reconozco buen ojo en la selección de temas y en la reivindicación de títulos poco apreciados por los que gustan del cine a secas, es decir, con (su) cé y punto.

Pese a un tipo de letra que no me gusta nada, debo reconocer que la colección temática de la Semana siempre me ha parecido muy interesante. El apartado gráfico es generoso e incontestable y los libros dedicados al cine italiano o el primero sobre fantaterror español son, creo, imprescindibles. El de este año no alcanza aquel nivel, pero se aproxima, y es una buena lectura para los aficionados al terror fílmico.

Como obra fragmentada y grupal (que a mí me viene bien para leer de poco en poco dada mi falta de tiempo) tiene sus luces y sus sombras, es decir, que entre sus páginas encontraremos algunos estupendos ensayos y algunos textos anodinos; aún así, el tema del terror norteamericano que va de 1968 (el año de los muertos vivientes) a 1980 (el año de Reagan) es lo suficientemente poderoso para interesar aún cuando lo escrito no me diga gran cosa, y por supuesto a entusiarmar cuando se tocan determinados aspectos. Soy de la opinión que el cine de terror y allegados es un material sociológico de primera magnitud, y que en los 70 se diera tamaño cúmulo de cruentos títulos imprescindibles (al menos para quien esto escribe) señala que se vivían tiempos convulsos, y no solo en EEUU. En Europa les superamos, sobre todo gracias a los italianos, pero ahí entra el elemento gótico (utilizado aquí de manera tan amplia y poco estricta como acertada) , es decir, que visto con la perspectiva de los años hay mucha coherencia interna en el agrupamiento.

Una de las cosas buenas que tienen estos libros es que me entran unas ganas brutales de recuperar un montón de películas vistas hace tiempo, de subsanar alguna laguna vergonzosa, y de localizar unos cuantos cuya existencia desconocía o no recordaba. Es por eso que lo compré y devoré, y que, por tanto, me doy por satisfecho. Otra cosa es que la parte final, la de reseñas de determinadas películas, no acabe de disfrutarla, del mismo modo que algunos textos me resulten anodinos. Comentaba en el post de Tobby Dammit enlazado al inicio mi desacuerdo sobre Autores mal que pese, una de las aportaciones de Desirée de Fez a la obra, que encuentro desordenada, redundante y sin chicha, aunque también decía que su colocación, al final de la parte temática, le hacía mucho daño, ya que hubiera funcionado mejor como prólogo. No es el único capítulo decepcionante (lo de Quim Casas también me sabe a simple), pero a cambio hay otros apartados que despiertan mi entusiasmo. A saber: Roberto Cueto revisando el gótico americano literario (sin duda el texto de mayor entidad), Rubén Lardín volcando el cubo cubo de basura y poniendo algo de orden a tanto desperdicio desparramado (hubo descontexto hace unos días), Jesús Palacios hablando de psicópatas (en especial cuando mete en el saco algunos westerns como La venganza de Ulzana, todo un acierto) y, pese a su habitual estilo manierista, Freixas i Bassa acometiendo el siempre incorrecto subgénero de violación y venganza.