13.4.07

TRESCIENTOS TREINTA Y TRES DISCOS PARA AGITAR EL BOOGALOO ENCEFÁLICO # 022/333

MOTORHEAD : ACE OF SPADES (1980)

Eleven la vista y mírenlos, ahí, tres seres guarros por dentro y por fuera, en un árido montículo, brindando homenaje visual al espagueti western más polvoriento y berraco. Y reconózcanlo: un disco con esa portada no es ya que inspire total confianza, no, es que ha de ser bueno por cojones. Por sus cojones. Cojones peludos y callosos. Los Motorhead, tío, en su disco más glorioso (aunque Overkill le pisa los talones, o los cojones). No saben ustedes lo que he podido disfrutar recorriendo mi ciudad con ellos en mi emepetrés. Yo, absence, más chulo que un ocho (pero sin poncho), a la espera de un duelista a la vuelta de cada la esquina. La canción que da título al álbum, y que te (lo) abre de piernas es la quintaesencia del bombardeo rockista, una bateria convertida en ametralladora decibélica, la urgencia del rif como filosofía melódica y Lemmy, el hijo del vicario, sacando el hígado en cada estrofa. Todo, en este disco, es así. Urgente y desesperado. Adoptan una actitud suicida y la sensación es que cada guitarrazo, cada coro, cada golpear de la batería, va a ser el último de su vida. Por eso la mejor carta, el as de picas, está al principio, sí, por si la palman (ustedes, ellos, yo) antes de que acabe y tengan algúna tonada que llevarse al infierno. Pero no vean como sigue esta atronadora baraja ruidista no apta para alopécicos... con Love Me Like a Reptile. Qué hermoso título, nena, vas a ser mi mamba negra. Y siguiendo con la oda más garrula jamás creada al western guarro(Shoot You in the Back); con la imponente Live to Win (que lleva al máximo el imponente efecto de serpiente de cascabel que sobrevuela todo el disco); con el más bello poema (la gloriosa We are the Road Crew) para describir lo que puede ser una gira de tipos melenudos y grasientos (Bramen conmigo "Another town another place, Another girl, another face, Another drink completely blind, Another tube of super glue"; o Bite the Bullet, pura y rugiente adrenalina concentrada en minuto y medio de violenta inmediatez. Y vayan agregando rayos y truenos. Y centellas chisporroteantes. Motorhead, fueron, en ese momento, en pleno apogeo, los hijos de la ira stoogiana, los nietos bastardos de Chuck Berry, el tronco siamés y hardrockista del punk (los coros de Fire, Fire y esa invitación al pogo que es Dance lo hacen evidente). Los Motorhead, con este disco, hacen estallar nitroglicerina y dinitrotolueno, goma dos y titadine. Los Motorhead, con este disco, rocían tu cerebro con gasolina y le prenden fuego, y luego, con sus botas de espuelas, pisotean tus cenizas. Y tú te dejas.

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