Luego fui pasando páginas. Las fotos, tan gordas como desagradables. Pero vamos, nada nuevo si uno se repasa los Inteviú de la transición. Los textos, cachis, he sido incapaz de terminarlos. Demasiado se nota que son traducciones del original británico. Y yo es que me atasco mucho con este tipo de traducciones. Las encuentro mal construidas, sin estilo ni agilidad. Por eso no creo que me compre los siguientes números. Más que nada porque no tengo tiempo para leer todo lo compro para encima acumular más papel.
La revista se abre con una sección de Imágenes post mortem con los típicos tíos chafados por una apisonadora, chiítas automutilando sus globos oculares (impresionante, yo soy un tipo muy visual y las cosas asquerosas con ojos las noto en el estómago). Además de los artículos destacados en portada también se habla de fiestas sangrientas, psicópatas tailandeses, un interesante recorrido gráfico a la historia de la decapitación y un apartado X final dedicado a un travestí. Puesto a seleccionar alguna imagen que ilustre esta pequeña reseña, e intentando no mancillar este blog ausente tan cool con vísceras humanas, he seleccionado una obra de arte titulada La estrella de la muerte, una escultura realizada “con cientos de cadáveres de ratas, secados por congelamiento y cubiertos con resina y fibra de vidrio” expuesta en la galería Saatchi de Londres.
