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20.2.08

PERO... ¿QUÉ ME ESTÁS VENDIENDO?

Las batidas en pos de maravillas publicitarias se han incrementado estos días, sobrestimulando mi ya de por sí desarrollada querencia por la fascinación y la sorpresa sin esfuerzo. Muchas de las imágenes las estoy sacando de la comunidad de Live Journal dedicada a la publicidad Vintage. Un pozo sin fondo de maravillas de todo tipo en el que llevo tiempo buceando, cada día un poquito, compilando el material que he decidido dejar suelto estos días. Que la publicidad está llena de falos y referencias sexuales es bien sabido, que cosas aparentemente normales hace años se ven ahora con los pelos de punta también. Casi desde el principio el blog ausente se ha dedicado a buscar y mostrar extravagancias, imágenes añejas y visiones hoy incorrectas, las más habituales con las mujeres y las razas como eje central. Quizá sin querer he desarrollado demasiado mi instinto y ya no sé si en ocasiones me ofusco y veo demasiado. En parte, es lo que los lectores de Jotacé definen como Mente Sucia. Les dejo a continuación una serie de casos prácticos, algunos mosqueantes, otros evidentes y, algunos, eu... algo. Empecemos.

Vaselina tonic_WEB

Vaselina, derivado del petroleo descubierto en 1859 y de múltiples aplicaciones, aunque la cultura popular la asocia inmediatamente como símbolo de la lubricación sexual. La vaselina, además, es marca registrada (al menos en los EEUU). El anuncio de arriba muestra una glamurosa y breve fotonovela ambientada en un casino, lugar donde el macho alfa descubre al tramposo y se lleva a la jamona. El producto, de marca vaseline, es, pero, un tónico capilar. De todas formas, sospecho que es uno de esos productos secundarios cuyo objeto es más bien promocionar la marca (el alcohol y el tabaco han acudido fracuentemente a esta táctica ). El objetivo es anunciarse allá donde no se puede. En revistas como Time y Newsweek no quedaría bien publicitar la vaselina como lubricante, así que se recurre a un producto secundario y se deja que la cultura popular haga el resto. Lo que incita mi intuición es el mensaje final: The man who knows how to take care from himself. Continuemos.

what the

Esto es un ejemplo en las antípodas del anterior. Se trata de un artículo de broma (ja ja ji ji) inaudito y poco conocido: un pequeño trozo de piel de visón con el que cubrir el agujero de las cerraduras en el que se introduce la llave. El dibujo deja bien claro el símil sexual. Aquí no hay dudas, es todo claro y diáfano. Pasemos al siguiente ejemplo, un clásico de toda la vida.

Vibrator relax

Pues sí, el vibrador. Lo gracioso del añejo anuncio es que se vende como objeto para el masaje y el relax (en la espalda, en la planta de los pies) y en ningún momento se revela su verdadera función sexual, más allá del any part of the body o las medidas. Ahora lo tenemos muy claro todos, pero hace sesenta años, quien sabía entendía (y de inmediato se convertía en cliente potencial) y quien no, pasaba la hoja sin demasiado interés ante un nuevo artefacto inútil.

Vibra finger_WEB

¿Pasa lo mismo con este dedo vibrador? Pues no lo sé. El artilugio es bastante menos popular, pero el absurdo de mensaje de producto recomendado por dentistas me deja del todo perplejo. ¿Es posible tamaño desproposito médico? Yo creo que no, que es un caso como el anterior: el que sabe, entiende. El problema es si alguien se lo compró pensando en mejorar la circulación de la sangre en sus encías. Siguiente parada.

joystick

El joystick, y su mango, un clásico del doble sentido para las nuevas generaciones. El anuncio es viejo, de los setenta, pero ya se juega a ello, y el efecto es realmente chocante: una tierna y aún por desarrollar pilila adolescente del todo erecta. Tengo muy claro que es un símil nada sibilino y buscado ex profeso. Tengo mis dudas con el siguiente, así que agárrense para el impacto.

duncan hines introduces

Duncan Hines, marca de postres tradicionales de Kentucky. La doble lectura del anuncio es tan burra, tan brutta, tan salvaje, que no acabo de tener claro si es fruto de un desastre. Quizá sea que la pornografía gonzo nos ha convertido en perturbados, no sé. Pero ahí está: introduciendo dos dedos en el chocolate. Inquietante, porque tanta turbulencia es el quid de la cuestión: ¿busco más de lo que hay?.

1918_home_motor_WEB

Publicidad de un motor para máquinas de coser de 1918. Llegados a este punto sin retorno, con el deconocimiento que tenemos en el siglo XXI sobre estas útiles máquinas, tengo la sensación de estar en una película de Cronenberg, con todos esos extraños complementos vibratorios; y me quedo pensando que vivimos en un mundo muy extraño. Y como me gusta pensar que no hemos perdido toda la inocencia, medito sobre extraños artilugios que mi vista no percibe mientras que otros saben de qué va.

26.11.07

DUDA VITAL


¿Cuando se habla de Gótico Americano, por qué nunca nadie cita a Scooby Doo?






26.10.07

QUE LE DEN POR EL CULO AL AUTOR



Ismael Alonso acaba de enviar a la lista zombi el TuTubo que tienen ahí arriba. Es promocional. Sabía que Balagueró y Plaza grabaron al público durante los pases de [REC]. Gustándome, como me gustó, la pelí (mucho, ya lo dije), supuse que formaba parte del pajerismo propio del autor convencido de su obra y de que Sitges reunía la condiciones de pase perfecto: sala llena, público entregado, autosugestión. En mi inocencia no pensé en el uso promocional. Ahora supongo que son ambas cosas: disfrutar de la gente viendo tu película y encima reutilizar el material. Y jugar con él, claro. Pero no es por aquí hacia donde quería encaminar este texto nacido de una reflexión inmediata. No. Ni siquiera unirme a la (excelente) promoción viral propuesta. No. Tampoco el desplazamiento posmoderno, manierista y espiral de una película rodada en falsa telerralidad que, además, opta por rodar al público que la mira. Si siguiera ese camino estaría traicionando el título del post escogido. No. Que le den por el culo al autor. Lo que aquí me ha cautivado es el público en si mismo. Sus reacciones instintivas. La satisfacción ante el susto mientras a tu lado la chica se revuelve. Ese calambre que recorre la platea en un instante mágico de sobresalto. El Público, sí. Y que le den por el culo al autor. El cine como espectáculo de feria, con sus freaks, sus montañas rusas oxidadas, sus feriantes malolientes y el algodón de azucar. Al fin y al cabo nació así. Nació para eso. Para un intercambio inmediato: tu me das una ficha y yo te doy una sensación. Quizá sea una sensación de mierda, pero... ¿Quién pone precio a las sensaciones? El público, claro. Igual, en una sociedad controlada y televigilada, seria hasta bueno convertir esto en costumbre. Girar la perspectiva crítica y alejarla del autor y de la paja. Sí. Vale. Gracias señores Balagueró y Plaza por el buen rato. Gracias. Y yastá. Igual y la magia no está en la pantalla sino frente a ella. Y entonces te callas y miras a la gente. Sencillamente la gente. Mira como bostezan. Como duermen. Como se desentienden. Cómo se excitan en la intimidad. Como odian al malo. Como corren con la chica. Ahí, sí, en su falsa intimidad grupal. El Público. ¿Quién puede llamarle tonto? ¿Quién puede poner un pero? ¿El arte es una reflexión autoral masturbatoria o una sensación en el estómago de quien lo mira? Definitivamente, a mí dame un percepto y déjate de travellings. Y que le den por el culo al autor.

24.6.07

YO LES PREGUNTO


La semana que viene doña absenta y yo pretendemos comprar un portatil. No tenemos ni idea sobre el tema. Queremos algo barato y me gustaría saber qué es lo que importa. Piensen que el unico motivo que nos mueve, a parte de que el pecé de doña absenta es más presistórico que un tebeo de la LJA de 1975, es el siguiente: el aire acondicionado está en el salón y no en nuestros despachos. y se nos acumula el trabajo. Me niego a pasar otro verano en calzoncillos sudados en mi despacho deméstico. No queremos gastar más de 1.000 euros. De hecho, queremos gastar lo mínimo que podamos. La alimentación de absencito siempre es prioritaria y los desequilibrios presupuestarios reducen la proteína y aumentan el hidrato. Y un niño de tres años que es fanático de los Thunderbirds merece lo mejor. Ustedes entienden.

18.6.07

GIPI, LOS SILICATOS, EL COMPETENTE BRIT PULP Y EL ARTE BÉ


1. Gipi y los Silicatos

Preguntaba el otro día a qué película podía estar haciendo referencia el autor italiano Gipi en S. cuando recordaba una anécdota de la infancia en la que recordaba (sí, recuerdo dentro de un recuerdo) una película de terror en la que unos niños campistas eran atacados por mutantes succionadores de esencia vital a través de largas trompas. Nadie, de momento, ha podido dar con la respuesta y lo más cercano lo aportaba dtv2000: Island of Terror (1966), una de las escasas incursiones del maestro Terence Fisher fuera de la Hammer.

Así que presto a continuar con el misterio (que en cuestiones fílmicas es cosa de mi agrado) me vi la peícula el sábado por la noche. Por desgracia, no hay niños atacados en tienda de campaña ni exactamente mutantes, pero sí unos bichos que absorben humanos por sus trompas dejando sólo pellejo y relleno cárnico sin sustancia. Así que no sería ésta la película. ¿O sí? Déjenme divagar sobre el asunto aunque luego venga el zetahunter de turno a descubrir la existencia de una ignota Noche de los Mutantes con Trompa from Outer Space.

En S. Gipi hace un interesante juego con el tratamiento del recuerdo. Pepo lo explica bien (por cierto, que conste en acta que a mí me gustó más Apuntes para una historia de la Guerra por su irreal realidad y que, en ambos casos, Gipi no es un autor por el que me desviva aunque sus acuarelas sean bellas):
"Gipi ha creado en S. una obra de la materia de la que están hecha los recuerdos, estructurada y realizada también en la forma en que esos recuerdos acuden a nuestra cabeza: fragmentaria y circular, repetitiva, en ocasiones con versiones divergentes de los hechos dependiendo de la persona que los recuerde... o de lo mentiroso e imaginativo que sea el narrador."
A lo que iba: dado el peculiar y bien resuelto juego con los recuerdos es posible que el recuerdo de la película y el recuerdo de éste no se ajusten con la realidad de lo recordado. El cine que vemos de infantes y que nos impresiona está sometido a su idealización (que puede ser hasta generacional: hablé de ello de pasada cuando reivindiqué Queen of Blood), e incluso está sometido a la mezcla: imágenes de diversas películas que se entremezclan para convertirse en una sóla. Conozco la experiencia porque durante toda mi infancia vi cientos de películas, con una media de casi la decena semanal, y quizá por desentrañar ese tipo de intrigas siempre me ha divertido. Caundo alguien pregunta por aquella película que no recuerda pero en la que pasaba tal cosa me lo tomo como un pasatiempo.



En las viñetas de Gipi del otro día hay varias claves: humanos mutados, trompas succionadoras, contexto campestre y niños atacados. Como ya dije, lo de los niños masacrados es importante porque es poco frecuente ver morir infantes de manera violenta en el cine de género (hagan memoria). En Island of Terror (estrenada aquí como SOS El Mundo en Peligro) no hay niños ni tampoco humanos mutados; en su lugar nos encontramos con los silicatos, una especie de crustáceos atortugados y deslizantes provistos de una larga trompetilla con la que se alimentan de humanos mediante la succión de sus huesos. Y también está el ambiente campestre que enmarca la secuencia de Gipi: una isla de playas desiertas alejadas del mundo. Y se trata de un filme idealizable en su recuerdo tras un visionado en la infancia (situada a finales de los 60 o principios de los 70 dado que Gipi nació en 1963). ¿Varía o confunde su recuerdo el autor italiano? ¿De manera premeditada o acudiendo a su recuerdo tal cual es? De momento no hay respuesta.

2. Los Silicatos y el competente brit pulp



Lo mejor de la cuestión ha sido recuperar la fantástica película de Fisher. El Brit Pulp fantacientífico se sigue manteniendo de un robusto que da gusto, y más si viene de la mano del maestro. Como dije, no fue rodada para la Hammer sino para la breve Planet Film Productions (que sólo repetería al año siguiente con Radiaciones en la noche) pero es que la majestuosidad del cine británico de género de esa época sobrepasa a la mítica casa madre y se extiende a ejemplos como este (o a la Amicus y hasta a producciones independientes).

Tras la estela de los imprescindibles Quatermass, el visionado de Island of Terror da qué pensar cómo un argumento estandarizado puede resultar tan entretenido y a la vez estar ejecutado con tanta seriedad. Es sorprendente y sitúa estas películas a años luz de la mayoría de series bé del otro lado del Atlántico. Aquí hay un brío tremebundo, un ir y venir de personajes a lo largo de la isla que demuestra que para hacer las cosas bien ni se requiere dinero a espuertas ni, aún más importante, ser muy original. La película se crée a sí misma y por ello funciona. Vale que la presencia de Peter Cushing siempre otorga clase y consistencia. Pero miren, es posible que descontextualizados en un tutubo los silicatos puedan producir alguna sonrisa por su identidad de monstruos de serie bé, pero dentro del metraje, si alguien sonrie es que carece de sense of wonder. Es que se es un triste y un borderline socializado incapaz de arrebatarse. La soberbia banda sonora y los efectos de sonido (sicodélicamente electrónicos y maravillosos por lo que hace a la succión de humanos) ayudan lo suyo. Y terence Fisher, claro.


Y sí, la película no es precisamente original y acude a lugares comunes de la fantaciencia, pero ahí está su grandeza. Los silicatos son fruto de un experimento fallido (en la lucha contra el cáncer), los protas son los sempiternos científicos felices y activos ante el reto inmediato (los científicos del pOp trabajan a contrareloj, los de verdad tienen todo el tiempo del mundo), la chica es florero, el contexto es una isla de dificil acceso, los secundarios se postran a la gloria del body count y no faltan arquetipos como el del cobarde víctima de su propia cobardía.

Finalmente, esta honesta, dignísima y artesanal película tiene detalles que la conectan directamente con con Lo Zombi dos años antes de La Noche de los Muertos Vivientes. Por un lado, el claustrofóbico climax final con los aldeanos supervivientes encerrados en la casa del pueblo y asediados por cientos de silicatos. Por otro lado, la lentitud de los mismos monstruos y su número creciente en proporción geométrica. Escenas como la del bosque plagado de silicatos succionadores que avanzan con lentitud hacia sus objetivos comestibles son propias del cine de zombis moderno y, curiosamente, son anteriores. Una muesca más a los debes romerianos.

3. Los Silicatos y el Arte Bé.

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12.6.07

Y ÉSTA... ¿CUÁLA ES?

En S., la reciente novela gráfica de Gipi y un ejercicio de memoria alrededor de su padre fallecido, el autor italiano explica una anécdota de su infancia en la que pasa una noche con otro niño perdidos en una playa solitaria. Y rememora una película que le atemorizó en la que una especie mutante con trompas como de oso hormiguero absorben la esencia vital de unos niños en la misma situación. Si ya lo de los babeantes mutantes caníbales con hocico alargado llama mi atención, que en su metraje den cuenta de infantes aún más, ya que es escásamente frecuente en el cine actual y, por tanto, un evidente tabú fílmico de la Sociedad Borderline del siglo XXI. El problema es que no sé a qué película se refieren. ¿alguno de ustedes sí?

Nota: esta entrada continúa aquí.

S gipi_WEB