6.8.12

BEST SELLER, BE DE, FOLLETÍN Y SANDALIAS

En la entrada anterior, dedicada a la novela HHhH de Laurent Binet, decía que los best-sellers pueden dividirse en dos grupos. El puro y duro, que sólo busca gancho comercial y entretener al personal (en ocasiones muy dignamente) y el que se pretende de mayor calidad literaria. La novela sobre el nazi Heydrich y el atentado sufrido a manos de la resistencia checoslovaca se alineaba voluntariamente en el segundo grupo, y lo hacía gracias al hábil e interesante uso de tres perspectivas distintas mezcladas con gracia: la narración de los hechos, los comentarios sobre la documentación manejada y el relato del personal vínculo sentimental del escritor con la historia que nos cuenta.

Curiosamente, en la novela de Binet se habla o mencionan cómics al menos en dos ocasiones. Una, a raíz de una entrevista a Marjane Satrapi, la autora de Persépolis, en la que dice que no se cree al Kundera que escribe de París y sí al que lo hace sobre Praga, un comentario que preocupa al escritor porque él es de París y no de Praga, donde suceden los hechos de HHhH. La otra es cuando se imagina la estación central de Praga de 1942, y lo hace pensando en un dibujo de Enki Bilal y sus fríos grises del este europeo.
Estas menciones al cómic en un libro de estas características pueden sorprender, pero en realidad no tanto si se tiene en cuenta que se trata de una obra escrita y pensada para el mercado francés (aunque el éxito haya acabado siendo internacional). Pocos países, si los hay, tratan la historieta, la Be De, con tanto mimo, prestigio y respaldo de ventas. En la BeDe francófona son muchos los ejemplos de Best Sellers, y además compiten con el libro tradicional en la listas, sin que haya reparos en la mezcla. Aquí el sólo hecho soliviantaría a más de un escritor de prestigio. Y, volviendo al inicio, con los best sellers del cómic francés podemos hacer la misma distinción entre el puro y duro y el que tiene vocación de trascendencia cultural. De hecho, tanto Satrapi como Bilal pueden catalogarse también en el segundo grupo. Satrapi como exponente del movimiento de la Nouvelle BD y con una obra, Persépolis, cuyo éxito resulta clave y trascendente. Con Bilal lo mismo, aunque en este caso podemos decir que pertenece a la vieja escuela, pero aún así de clara voluntad autoral, e incluso con una obra reflexiva y experimental pese a ser ciencia-ficción de tradición Metal Hurlant.

Y luego está la otra bedé, la del best-seller puro y duro, con vocación de entretenimiento pero también respaldado por guiones sólidos y efectivos (no siempre, claro) y un dibujo primoroso, trabajado y espectacular. De nuevo, pocas industrias como la francófona países dejan a sus dibujantes tanto margen de tiempo para el preciosismo y el detalle, siempre en clave realista. Cosa que hoy, por cierto, empieza a apreciarse menos que antes porque, afortunadamente, también hay cada vez más cómics de dibujo no realista y libertad gráfica a raudales, con maravillosos resultados (en lo creativo y en lo comercial). Satrapi sería una muestra. Bilal se mueve entre ambos mundos (más por lo que cuenta que en sus últimos títulos que por cómo lo dibuja).

La verdad es que no sé a qué viene tanto rollo si yo lo que quería era comentar que he estado leyendo tebeos de Enrico Marini este fin de semana. Es que me pongo a escribir y no hay quien me pare y, ai, quien me marque, porque tamaña disertación para introducir un breve apunte sobre un autor tan alejado de la reflexión autoral como Marini es un contrasentido. Bueno, la cosa iba de best sellers, así que no me he pasado tanto, porque pocos dibujantes actuales pueden tener la consideración de autenticas estrellas en ventas de la Be De. Marini dibuja que te cagas para los cánones de la vieja escuela, es tan espectacular como un blockbuster de Hollywood y supone una cierta modernidad porque, primero, no esconde influencias niponas (Otomo es omnipresente), y segundo, sabe cuando hay que poner una hembra fornicando a cuatro patas. Es por eso que se le compara con Manara, aunque sus jamonas voluptuosas están lejos de la delicadeza sensual de las del autor del Click, del mismo modo que éste trasciende la mera factura de best-seller industriales. Manara sería un poco como Bilal, de la vieja escuela pero con voluntad autoral (y guiños a la vieja y decadente Izquierda Exquisita, tan dada al fetichismo visual).


Bueno, pues como les decía, que este fin de semana me he pegado un pequeño atracón Marini. La cosa ha empezado mal, con la novena entrega de El Escorpión, ese folletín de capa y espada que arrasa más de lo que merece. Lo cierto es que me ha parecido un horror, con los personajes deambulando en una trama que no deje de dar vueltas sobre sí misma sin sentido ni emoción. Luego nos quejamos de que los japoneses también alargan sus series, pero joder, esto ya es un exceso de por sí. La sensación que me queda es que Marine y Desberg, el guionista, están alargando la historia porque es demasiado rentable y supone poco esfuerzo a estas alturas. Una cosa rutinaria que esperemos acabe pronto. El Escorpión empezó siendo un folletín muy divertido, repleto de acción, con sus mozas despampanantes, sus intrigas de palacio, sus espadachines enmascarados, sus monjes guerreros y sus obispos perversos... hasta que en algún momento dejó de serlo y se transformó en un rutinario sinsentido.


La decepción, no por esperada, no me detuvo para agarrar los tres álbumes de Las águilas de Roma, otra serie de Marini ambientada en los tiempos del Imperio romano y, esta vez, haciéndose él mismo cargo de los guiones. De hecho, que la novena entrega de El Escorpión me haya parecido un horror me impulsa a agarrar la serie de Marini, no tanto por guardar esperanzas o borrar el recuerdo, sino porque tengo los tres álbumes sin leer y tendré que tomar una decisión económica, que bastante generoso he sido acaparándolos a ciegas. Por cierto, entiendo la decisión de Marini de prescindir de guionistas. Al fin y al cabo, el truño argumental de Desberg secunda que hace lo correcto (y encima no hay que repartir). Y lo cierto es que me zampo los tres álbumes en una sentada, por lo que puedo decir que el objetivo se cumple. Y el objetivo no es otro que entretener, evadir, y alegrar la vista con un arte espectacular, de la vieja escuela y sin riesgos. Reconozco que me lo he pasado bien y que al cerrar un álbum iba a por el siguiente, dejándome seducir por los cantos de sirena del best seller puro, duro y funcional, por los legionarios en sandalias, los bárbaros del Norte, la decadencia de los nobles romanos, las orgías, las traiciones, las intrigas, los malos pérfidos de toda la vida y las ardorosas jamonas de la corte del emperador Augusto. No ha sido para tirar cohetes y seguro que me olvidaré de todo antes de que se publique la siguiente entrega, pero vamos, que eso ya sabía yo que iba a ser así. Me lo pasé bien con el Gladiator de Ridley Scott y disfruté bastante con las dos temporadas de la Roma de HBO, así que este tebeo completa un extraña trilogía en mi cabeza.