27.1.08

SÍMBOLOGÍA DE DESTRUCCIÓN



Disfruto contemplando esta compilación de imágenes pop en las que la Estatua de la Libertad simboliza, en formas variadas, el fin de la civilización contemporánea. Llego a ella a través de Con C de Arte. Miro carteles de guerra, escenas de películas, portadas pulp, tebeos y pienso en lo que escribía hace un par de días al hablar de Konga: todo monstruo gigante necesita de un edificio distintivo con el que relacionarse. Siempre he sido partidario de certificar lo obvio. El rascacielos, símbolo de nuestro desafío a la naturaleza, tiembla ante el ascenso de King Kong. Esa es la metáfora, sí, pero el vínculo entre edificio simbólico y ente de destrucción busca cosas más inmediatas: verosimilitud, identificación, pavor y sacudir nuestra imaginación. Mecakong subiendo por la Torre de Tokio, Gorgo en el Big Ben, los platillos volantes atacando Washington en aquella delicia de Harryhausen. El ejemplo más bello, por acumulación, está en Destroy All Monsters (Honda, 1968): Gorosaurus y el Arco del Triunfo parisino, Rodan y el Palacio del Kremlin, Godzilla y el edificio de las Naciones Unidas. El kaiju lo tiene muy claro. Seguramente el final de El Planeta de los Simios sea el ejemplo más perturbador de como funciona este mecanismo. Burton fue incapaz de recrearlo y yo no puedo dejar de mencionar lo mucho que me atemorizó, de pequeño, Regreso al Planeta de los Simios, la primera secuela, cuando el segundo astronauta (James Franciscus) descubre lo que Heston al final de la primera (pero de manera mucho más generalista y extrapolable a muchas ciudades de segundo orden) al bajar al subsuelo y contemplar los restos de la red de metro suburbano. Más sutil y, por tanto, conformando una idea poderosa en una fabulosa secuela a menudo despreciada, olvidando que termina con la bomba atómica convertida en nuevo icono religioso. Destruir el símbolo (o pervertirlo) es el asidero de la subcultura popular. Forma parte de su implíta subversión.

26.1.08

APOKRYPHOS CROSSOVER

Sin ninguna duda, Tarzán ha sido el personaje pop más sampleado desde su creación. Es imposible localizar filmografías con tradición mínimamente exploit en las que no aparezca. También Bollywood acudió a tamaño icono en numerosas ocasiones. Lo menos una veintena de tarzanes apócrifos se rodaron en La Índia durante los años 60-70 del siglo XX. De todos ellos hay uno que destaca para cualquier gourmet del exotismo bizarro: Tarzán and King Kong (A. Shamsheer, 1965). La razón es evidente: el encontronazo ante los dos grandes reyes de la selva. Desgraciadamente, el tutubo que les dejo aquí abajo demuestra los ardides propios de la explotación, y si bien Tarzán hace buen uso de los códigos (choque de cráneos, lanzamiento de rival contra el asedio), King Kong no está a la altura de la epicidad del momento.

25.1.08

ABOCETAR LA GENIALIDAD

La genialidad siempre puede resumirse con cuatro garabatos sobre papel cudriculado. El boceto es la idea. La auténtica maestría se desenmascara en su simplicidad. Cosas que vienen a mi cabeza ante el primer diseño de los Hermanos Dalton que Goscinny envió a Morris. Está sacado de René Goscinny, los primeros pasos de un guionista visual, fastuoso tomaco realizado por Aymar de Chatenet (a la sazón, su yerno) y Christian Marmonnier, y editado aquí por Norma Editorial. Para quienes admiren y consideren al padre de Asterix (y Lucky Luke, y Umpa-pah, y El Pequeño Nicolás, y Pilote, e Iznogoud) genio entre los genios, resulta una obra más que aconsejable. Yo crecí con Asterix. Disfruté y aprendí mucho. Y releerlo ahora es descubrir la genialidad de los niveles de lectura. De los vínculos de Goscinny con MAD muchos nos hemos enterado este año leyendo blogs (este o este), pero su infancia y juventud en Argentina, su paso por los EEUU o su obra extensa como dibujante me (nos) eran desconocidos y explican muchas cosas. El nexo Kurtzman-Goscinny tiene todo el sentido del mundo, tanto que de tan sencillo me (nos) resultaba inimaginable, pensando que la modernidad y el flujo de influencias es cosa de bytes transmitidos a velocidad luz y no fruto de largos cruceros trasatlánticos, que seguramente son mejores porque regalan el tiempo para que todo repose y sedimente. No como ahora, que vamos a salto de mata. A lo que iba, que el tomaco es epatante por lo que ha cantidad de material gráfico acumula. Un material que desvela al Goscinny dibujante como hijo de su tiempo, practicando un estilo retro-cartoon-cool que quizá esté algo envejecido, lejos de la plasticidad de la época dorada de Asterix. Aunque, coño, al galo ni lo dibujó él y ni careció de evolución (los primeros álbumes de Asterix o Lucky Luke lo dejan claro). El único pero que le encuentro al tmo, además de la discutible forma en que se reproducen algunas viejas historietas (que varían demasiado su tamaño de una página a otra, yo hubiera preferido reproducirlas tal cual, todas iguales y leíbles), es que se acabe donde acaba. El título no engaña y es más una cosa fruto de nuestro déficit en historia de la historieta, en que nos falten datos sobre el nacimiento y desarrollo de Pilote, de su influencia, de cómo se gestaron Iznougoud o El Pequeño Nicolás. Vamos, que el problema del libro, en realidad, no es suyo sino nuestro.

24.1.08

EL JARDÍN BOTÁNICO MÁS EXTRAÑO Y SUGERENTE DEL MUNDO


Podríamos abrir diciendo que el manierismo renacentista fue una manera de exploitation, y que ya antes los talleres románticos acentuaban el efectismo de los martirologios en sus retablos para ganarse los encargos de la iglesia. Que la emulación, el plagio y el sensacionalismo han sido constantes desde el principio de la historia del arte. No estaríamos mintiendo, pero sería empezar con excusas y coartadas que tampoco nos iban a justificar. El cine malo no está para historias y menos para teorías. Se trata de un cine incapaz de dar cuenta de sí mismo ya que se define y se formula en sus inconveniencias y sus azares. El disfrute del buen cine malo cita –y de alguna manera parecería que invierte- las teorías freudianas sobre lo que es bello, según las cuales la contemplación de belleza no es sino un desviar parte de nuestra libido hacia intereses más elevados. Esa definición, que nos lleva a entender la experiencia artística como perversión sexual, se ve sublimada en el consumo de cine basura, que es a la vez barbarie y refinamiento en su propuesta de grosería técnica, inopia artística, abandono moral y minimización temática. El buen cine malo sólo puede serlo a partir de la obsesión por el ojo.

De la serie Z cinematográfica, como del humor, no se puede hablar en serio, pero tampoco se trata sólo de ironía. La jovialidad ha de ser parte del credo, pero aproximarse a la serie Z como espectador requiere también una ausencia de prejuicios y un paladar curioso, con tanto de sofisticación como de mundano, con la certidumbre de que en los pantanos del mal cine pueden aguardarnos sorpresas, perlas negras que además se verán revalorizadas por lo fortuito del hallazgo en un territorio tan árido e inadecuado. Zambullirse en la serie Z de los setenta usamericanos supone una oportunidad de oro para, sin abandonar el ámbito de la historiografía y el rigor, aparcar la jerga académica que a menudo contamina nuestros ensayos cinematográficos, quitarle hierro al asunto y proceder a una inmersión a pulmón libre –liberadora- hacia las más ignotas fosas abisales. (…) No hay hermenéutica que valga porque la razón pierde su razón de ser en el cine llamado basura, y no hay jerarquías artísticas porque la basura, seamos humildes, ha sido siempre nuestra razón de ser. El cine basura es radical, antiburgués, osado y libertino. Lo que a menudo hace de él un cine espontáneo, fresco, extraordinario e insólito, y lo desacostumbrado es lo que marca la diferencia, lo que encabalga la realidad y la pone al trote. Los iniciados saben, más por experiencia que por ciencia, que de entre las malas hierbas brotan flores atípicas. Especímenes que reunidos conformarían el jardín botánico más extraño y sugerente del mundo. Pero, cuidado: a la vez el más agotador y empalagoso en fragancias. En la serie Z han de medirse las dosis o podemos acabar exhaustos y con náuseas.

Rubén Lardín en la introducción de La Basura del Sótano: un vistazo a la serie Z norteamericana, ensayo incluido en American Gothic: El cine de terror USA 1968-1980 (Donostia Kultura, 2007)

23.1.08

YO FUÍ UN GORILA GIGANTE ADOLESCENTE


1 – LOS COJONES DE LA IMAGINACIÓN

Hay una escena en Konga que me parece quintaesencial para entender el cine de derribo. El Dr. Decker inyecta su suero de crecimiento en el chimpancé que le sirve de conejillo de Indias y éste se convierte en un gorila, o, siendo riguroso, en un actor con disfraz de gorila. La escena es clave para afrontar el disfrute del filme sin complejos. Uno puede reírse con la inaudita transformación (cosa lógica) o puede considerar que es prueba irrefutable de que la película es una mierda y despeñarse, entonces, por el abismo de los tristes y los faltos de imaginación. Craso error esa segunda vía. Que un chimpancé se transforme en un tipo con traje de gorila es un concepto mágico que muestra cómo la serie bé no tiene ni complejos ni vergüenza y que a la imaginación lo que hay que echarle es cojones. Konga es una muestra superlativa de ello, y uno de los subproductos más deliciosos que he visionado en los últimos años.

2 – YO FUI UN HERMAN COHEN ADOLESCENTE

Tras Konga, producción británica de 1961 con el apoyo de la AIP norteamericana, se encuentra un muy admirado maestro en esta casa: Herman Cohen, productor que descubrió el filón del espectador adolescente y su vínculo con el espíritu de Halloween. I Was a Teenage Werewolf fue un éxito que convirtió su hermoso título en un latiguillo a continuar con Frankenstein o cavernícolas varios. De hecho, uno de los títulos alternativos de Konga que uno encuentra por ahí es I Was a Teenage Gorilla.

Regresando a Cohen, a los Hombre Lobo y Frankenstein con acné les siguieron una vampira adolescente (Blood of Dracula, pero no busquen al conde y culpen a la regresión hipnótica) y una joya del metalenguaje fílmico simple y llano como es How To Make a Monster (que, ya puestos, no quiero tardar demasiado en comentar por aquí). Tras tamaña cuatrilogía Cohen cogió la maleta y se largó a la Pérfida Albión para seguir produciendo películas, la primera de ellas la muy apreciable Horrors of the Black Museum. Konga fue su tercera producción británica.


3 – EL McGUFFIN DE LA ADOLESCENCIA

El elemento adolescente despista. Las películas de Cohen lo enarbolan en pos de un efecto llamada que llene la sala y la cajita de los ingresos en taquilla, pero realmente el gran protagonista de sus películas es un muy apreciado icono del M.A.L. y la locura, de la ciencia y la paja: el mad doctor. En el Hombre Lobo Teen los sucesos venían provocados por un psiquiatra aficionado a la regresión hipnótica que no dudaba en experimentar con un muchachote problemático (o sea, un inocente seducido). A partir de ahí, en las películas de Cohen el choque entre Mad Doctor y Teenager (aunque sea un chimpancé) siempre se decanta claramente por el lado de la ciencia loca (o negra). La adolescencia es, pues, puro McGuffin.



4 - EXPLOTANDO A KONG

Por si la imagen del cartel no es suficiente, el título lo deja claro. Kong tiene derechos, pero Konga es tan libre como directo. Un título que estaba ahí aguardando ser subproducido. La AIP prometía, de hecho, un imposible: “Más terrorífico que King Kong”. Lo raro es que nadie denunciara a la distribuidora norteamericana por publicidad engañosa, porque, las cosas claras, por mucho que Konga me haya cautivado, la distancia entre ambas es abismal y la comparación desafortunada. Es cierto que tenemos gorila gigante sembrando el caos por una gran ciudad. Lo dice un policía en frase de antología: “¡Fantástico! Tenemos suelto por las calles un enorme y monstruoso gorila en constante crecimiento”. Pero Konga se sabe disputando categorías inferiores y, más allá de su anticlimático desenlace, prescinde de fotocopiar chuscamente el clásico de 1933 y opta por plantear una película generosa en esos vericuetos del delirio tan propios del cine de derribo sin complejos.


5 – PUNTOS DE PARTIDA

Ya va siendo hora de explicar someramente el argumento de esta esplendorosa joya del bajo presupuesto. El Dr. Decker, tras desaparecer en África en un accidente de avioneta, reaparece un año más tarde acompañado de un chimpancé llamado Konga con el que pretende realizar experimentos fruto de su estancia africana. Se lo explicará detalladamente a su secretaria y ayudante, la Srta. Margaret. Los brujos africanos le han enseñado cómo extraer de determinadas plantas un suero de crecimiento que piensa aplicar a Konga. Luego exclamará una frase que descontextualizada vale un tesoro: “Y ahora vete, necesito estar a solas con mi mono”.

6 - LA ELIPSIS AFRICANA DE LA SERIE BÉ

En la serie menos bé la elipsis, más que un recurso narrativo, es un ahorro. La odisea africana del Dr. Decker es un fundido en negro entre dos titulares de primera plana: Desaparece el Dr. Decker en accidente de Avión y Encontrado el Dr. Decker tras un año desaparecido en el corazón de África. Si luego hay que recurrir a imágenes de archivo (o expolio) para explicar alguna cosa, siempre puede hacerse con británica clase: un Super 8 proyectado a los alumnos universitarios del científico, cuatro negros danzando en pantalla y una frase del tipo “Y así me recibieron los umbamba”.


7 - BIOLOGÍA CARNÍVORA

La mayor sorpresa de Konga es que el gorila en crecimiento no es el único monstruo y la película depara una estrella invitada de altura: plantas carnívoras. De enorme tamaño, el Doctor se dedica con empeño a su cultivo. Traídas de África (en forma de semilla), de ellas se extrae el suero (droga) milagroso a inyectar en el trasero del chimpancé. El travelling que recorre el invernadero dentado es una pequeña maravilla de jardinería de derribo, una colección de muppets vegetales que abren y cierran voraces sus hojas. Da gozo verlas, hasta el punto que las considero de cita indispensable en todo análisis sobre plantas carnívoras y vida vegetal aterradora que lea a partir de ahora. Deparan más sorpresas:

a/ la escena en que el Dr. Decker, feliz, lanza a su interior pequeños trozos de carne;

b/ la afirmación de que son casi humanas, emparentándolas al subgénero de la clorofila terrorífica (casi siempre mutante, selvática o, sobre todo, alienígena);

c/ la introducción de un elemento poco frecuente en los mad doctors (y no es el único): la ciencia chamánica aprendida de brujos de tribu, algo que lo aleja del estricto racionalismo cientifista y lo acerca a su enemigo natural, las paraciencias alternativas y similares;

d/ pero lo mejor, sin duda, está hacia el final, cuando uno de los personajes acaba devorado por una de las habitantes del mortal jardín. Un inesperado ñam ñam dentro de una película de gorila gigante que yo aplaudo de manera entusiasta. La serie bé ofrece este tipo de recompensas, inimaginables en primera división.


8 – LA DIGNIDAD ENAJENADA

Les decía que el eje de la mejor producción de Herman Cohen son los Mad Doctors. Ahí situados sólo puedo añadir que el de Konga es espectacular, genuino, antológico. Definitiva es la presencia de Michael Gough, miembro de honor de esa estirpe de actores británicos que todo lo dignifican con su presencia. Honrados y excelentes profesionales de raza que ya puede caerse el decorado a jirones que ellos siguen ahí, impertérritos y elegantes, como si estuvieran interpretando a Shakespeare ante la Reina Madre. Contemplar a Gough soltando imposibles científicos, matando gatitos a tiros, alimentando cárnicamente sus plantas y dejando ir con toda la dignidad del mundo la enajenación y maldad desbocada que domina su personaje es un gustazo, a qué engañarnos.


9 - LA HIPNOSIS ANIMAL COMO CAMINO HACIA LA GLORIA

Decía al principio que podemos localizar la quintaesencia del cine de derribo en la mágica escena en la que un chimpancé se transforma en disfraz de gorila. Pues bien, esa esencia se multiplica de inmediato cuando nuestro mad doctor hipnotiza, presto y veloz, al gorila. La idea de hipnotizar a un gorila y convertirlo en obediente asesino que lanzar contra los diversos rivales de profesión (o sexuales) que aparecen en el camino del científico hacia la gloria (o el polvo) es un paso más en la inocencia subversiva de este tipo de películas. Inocencia por todo lo que conlleva de delirio meter el péndulo ante el bicho y que éste entienda. Y subversivo porque subirlo a la parte de atrás de una furgoneta, transportarlo, y, al salir, darle instrucciones (¡Konga, Mata!) para que se lance contra gente inocente es pura anarquía contra la razón. El traje de gorila y la obediencia zombi. La Rue Morgue Meets King Kong.


10 - EL MAD DOCTOR SEXUAL Y LA FÉMINA CELOSA

Otro elemento poco habitual que irrumpe en esta extraordinaria peliculita es la sexualidad del Mad Doctor, que quizá poseído por la proximidad de la gloria y viendo cómo sus competidores de laboratorio y/o cátedra caen a manos de su obediente gorila, da un paso adelante y opta por seducir y acosar a una alumna rubia y pechugona. La agresión sexual hace acto de presencia en un mad doctor dominado por las hormonas del viejo verde, cosa poco frecuente en un universo tan asexuado o misógino como el de los científicos locos. El detalle lo acercaría a posteriores aproximaciones, y más en concreto a esa joya (zinéfaga y cinéfila) que es El Cerebro de Frankenstein.



No es el único punto en común con la saga de la Hammer (y Fisher, y Cushing). Recordemos que en muchas de ellas la feminidad se alza como elemento de caos, un factor incontrolable que da al traste con los experimentos. Aquí sucede lo mismo. El Dr. Decker tiene una ayudante, una especie de Moneypenny solterona y necesitada de cariño. Tan desesperada anda que cuando descubre las criminales actividades de su jefe, las aceptará y protegerá con la promesa de una futura boda (y sin percatarse de la gélida acogida). El problema viene cuando descubre que Decker se dedica a perseguir alumnas jamonas. Ahí los celos hacen acto de presencia, abriendo la rendija del fracaso. La desengañada ayudante inyectará más suero a Konga, intentará rehipnotizarlo y el simio comenzará a crecer y crecer. Y ya la tenemos liada.


11 – INTERLUDIO PECHUGÓN

Claire Gordon, la actriz que encarna la tentación en forma de universitaria tonta y cárnica, se labró una modesta carrera de (¿falsa?) rubia despampanante secundaria en algunas pelis inglesas muy sixties (Beat Girl) y continuó su predeterminada carrera de forma lógica en protosofts setenteros y proletarios como Sex Farm, Commuter Husbands o Suburvan Wives.


12 - EL CAOS PARSIMONIOSO

La promesa del gorila gigante se hace esperar, y cuando llega destaca por algo que ya sabemos: la precariedad de sus efectos especiales. No esperen stop-motion, ni mecánicos brazos gigantes, ni delicadas maquetas. La superposición de imágenes es el recurso de los pobres, así como el uso de muñecas para niñas repipís, o ese curioso efecto de superponer la cara de Gough en el muñeco que el hombre con traje de gorila lleva en su puño. Un traje de gorila, por cierto, que no permite girar el cuello, obligando a su portador a mover los ojos de un lado a otro. Pero por encima de todo eso destaca su precario poder destructivo. Que un mono gigante se dé un paseo por Londres desafía toda credibilidad, pero que encima no destroce ni un mísero edificio (y mira que tiene el Big Ben a mano porque todo gigante necesita de un edificio distintivo con el que relacionarlo) o no pise a nadie es ya pura fantasía. Konga es el monstruo más respetuoso con el mobiliario urbano de la serie bé, hasta el punto que los habitualmente chillones humanos acaban por contemplar su fin (cuatro tiros y un mortero de escasa puntería) a una distancia nada prudencial.


13 - LA MERIENDA DE LOS CAMPEONES

Konga se distribuyó en EEUU haciendo programa doble con The Attack of the Giant Leeches, y prometía a sus espectadores “Free Gorilla Lunch”, un gimmick a la postre tristón pues no era otra cosa que una banana de saldo con la que matar el hambre de emociones.

14 - LA CONEXIÓN DITKO

El mismo año que Konga, otro ser monstruoso recorrió Londres: Gorgo. Reptil de inspiración godzillesca curiosamente dirigido por Eugene Lourie, responsable, años antes, de la harryhausiana y bella El Monstruo de tiempos remotos (1953), cuyo éxito en Japón propició el nacimiento de nuestro saurio radioactivo favorito. A lo que iba, tanto Konga como Gorgo se convirtieron en personajes de tebeo dibujados por el gran Steve Ditko, sus últimos trabajos para la Charlton antes de embarcarse en su primera y fundacional aventura marvelita. Ya hablé de ellos hace un tiempo, y lo cierto es que aguardan en mi disco duro una lectura que se me antoja disfrutable. Aquí, aquí y aquí encontrarán algunos números del Konga de Ditko en descarga directa.


15 - B-ART

También hubo una novelita pulp, pero desconozco si tenía relación con el filme. Aquí dejo la portada junto a una galería de carteles. Los turcos no se anduvieron con tonterías y la estrenaron directamente como King Kong. Los alemanes, como siempre, metieron a Frankenstein por en medio.






16 - LOS TUTUBOS

En la Central de Tutubos he localizado un par de asesinatos (no se pierdan la rabieta del gorila al final del segundo) así como el anticlimático desmelene final. Con ellos me despido.





21.1.08

EL FUTURO VISTE DE GORILA

El próximo 31 de enero es el Día Mundial del Traje de Gorila, evento al que este Blog Ausente se ha sumado en todas las convocatorias lanzadas por las Bizácoras. Una festividad con infinitio más sentido que el día ese del friki que tanto repelús me da. Mi intención, al margen de un par de cositas para el día concreto, es continuar reseñando películas en las que el disfraz de gorila no es que esté presente, sino que es el protagonista absoluto. La idea es intentar aprovechar el ritmillo recuperado gracias a mi participación elitelevisiva a ver si puedo recuperar los imposibles ritmos de antaño.

Durante las próximas semanas tengo la intención de centrar mi atención en filmes como Bride of the Gorilla (Curt Siodmak, 1951), Queen Kong (Frank Agrama, 1976), Konga (John Lemont, 1961), Yeti: El Gigante del Siglo XX (Gianfranco Parolini, 1977), El Gorila Ataca (A*P*E, Paul Leder, 1976) y The White Gorilla (Harry L. Fraser, 1945). Como ven, el plan es ambicioso y difícilmente podré alcanzar la reseña semanal, por lo que el ciclo se prolongará durante el mes de febrero. Y ahora les dejo, a ver si consigo estrenar mañana. (Por cierto, el orden en el que he puesto los títulos no es el orden de publicación). Ah! Y si alguien me da un enlace para descargar The Mighty Gorga (1969) me hará la persona más feliz del mundo.

SOVIET EN REMOJO

Leonid Brezhnev tomando un baño junto a sus guardaespaldas.

20.1.08

CUENTO DE HORROR PARA DIBUJANTES DE CÓMIC

No hace mucho traía por aquí Raving Maniac, historieta con dibujos de Joe Maneely en la que Stan Lee utilizaba la historieta de horror para defenderla de los ataques de Fredrick Wertham . La que les traigo hoy, presumiblemente también guionizada por Stan Lee y dibujada por el eficiente Tony DiPreta (otra de las firmas habituales de la Atlas de los 50), procede del número 25 de Adventures into Terror, y, de nuevo, utiliza el esquema de los cómics de terror de la época para hablar de la porpia industria, aunque en esta ocasión la autoparodia sea más evidente y tome forma a costa de la explotación a la que eran sometidos los dibujantes.

The Speed-Up! es un genuino cuento de horror para dibujantes de comic que se inicia con la bronca del editor reclamando celeridad a sus artistas.

Bronca que se ve interrumpida por la llegada de Whiz, dibujante todo terreno que en un día se ha currado tres historietas de cuatro páginas cada una.

Whiz tiene varios secretos: su apellido y su sistema, y además se pone del lado del editor.

Los pobres dibujantes comentan lo mucho que sufren para realizar más de una página al día, pero deciden esforzarse una vez más.

Trabajan las 24 horas del día y sacrifican su vida familiar.


Pero sucumben a la presión y son incapaces de llegar a las dos páginas.

Y, de nuevo, la bronca del editor mientras Whiz sigue con su insultante ritmo.

A la salida, conspiran para acudir a la casa de su rival y descubrir su "sistema".

Le sorprenden contando ganancias.

Lo atan.

Y torturan para que revele su secreto de trabajo.

Al final cede y les muestra su maravilloso tablero de dibujo.

Accede a que sus tres rivales lo prueben y se coloquen en él.

Y al otro lado del tablero... ¡Sorpresa!

... las galeras para dibujantes de tebeos. El sistema de Whiz no es otro que la esclivitud del artista.


Les dejo la historieta íntegra y tal y como fue paginada.


19.1.08

LA FALSA UNIDIRECCIONALIDAD DE LA LEY DEL CÍRCULO Y LA SUBCULTURA DE DERRIBO


Una de las perspectivas más frecuentes para afrontar la subcultura y el zine de la bé a la zeta es la célebre Ley del Circulo, es decir, los extremos se tocan y de tan mala es buena. Me parece aceptable como primera toma de contacto. Yo mismo empecé así y, por tanto, es un punto de partida. Pero sólo eso. Con el tiempo debe superarse pues tiene mucho de autojustificación y de acatación de una forma de dictar sentencia ante la (sub)producción cultural. Es aceptar la teoría de los vencedores y agachar la cabeza. La Ley del círculo comporta, implícitamente, una concepción de lo bueno y lo malo más allá de la discrepancia, del me gusta y no me gusta. Si yo disfruto con filmes como The Astro Zombies, Ninja contra Shaolin: Duelo Final o El Hombre de Pekín no es porque de tan malos sean buenos, es porque aportan delirio y sentido de la maravilla más allá de presupuestos o pericias narrativo/visuales del gusto cinéfilo, porque me ofrecen placeres (prohibidos) que no encuentro en otros lugares. Además, La Ley del Círculo siempre adopta un único sentido cuando, en realidad, debería ser de doble dirección, es decir, es necesario confirmar la existencia de películas que, de tan buenas, son malas. O acaso son esas las nuestras, que de tan buenas parecen malas. Debemos tirar la primera piedra y pasar, seguidamente, a la lapidación. El apelativo de derribo nunca es gratuito, como la violencia.