3.8.14

1981 – SITGES AÑO CATORCE



Como todos los veranos, reemprendo la serie dedicada a la historia de mi querido Festival de Cine Fantástico de Sitges, que ya calienta motores para la edición de este año.

1981, la catorceava edición, fue la última de la vieja etapa, que por muy entrañable que fuera había dejado atrás sus años dorados. Un festival peculiar que mantenía un modelo útil en el tardofranquismo que la llegada de la democracia había convertido en anacrónico. Para el nuevo poder político Sitges parecía una cosa trasnochada e incluso incómoda porque una parte del mundo de la cultura, ahora cercana al poder tras décadas de oposición al viejo régimen, lo veía con malos ojos, recordaba su pecado original y prefería un tipo de cine de mayor prestigio y carga ideológica o, en el caso del ayuntamiento, apoyar sus hoy desaparecidos y entonces prestigiosos festivales de Jazz o Teatro. Al certamen le quedaban dos opciones: morir o renovarse, y parecía mucho más cerca de lo primero.

Los negros nubarrones protagonizaron la semana anterior, cuando el 27 de septiembre de 1981, a pocos días de su inicio, La Vanguardia publicaba la siguiente noticia.

Al suprimir el Ayuntamiento la subvención
El Festival de Cine de Sitges reduce gastos.
Se anulan las invitaciones pará la prensa y otras manifestaciones paralelas del certamen.

Antonio Rafales, titular de Sitges Foto Film, entidad organizadora del Festival Internacional de Cine Fantástico y de Terror, cuya decimocuarta edición debe celebrarse del 3 al 10 del próximo mes de octubre, en Sitges, ha confirmado a La Vanguardia que el certamen ha tenido que reducir drásticamente sus gastos ante la decisión del Ayuntamiento de suprimir la subvención de este año. Según nos ha manifestado el señor Ráfales, el Ayuntamiento de Sitges todavía adeuda a Sitges Foto Film las seiscientas mil pesetas de subvención de la edición anterior. Esta subvención se destinaba en parte a gastos de hospedaje, por lo cual se ha acordado suprimir todas las invitaciones a críticos y periodistas, que destacados en el certamen se hospedaban en hoteles sufragados con aquel dinero. «Todavía debemos los hoteles del año pasado y ahora no nos ha quedado otro remedio que cursar cartas a los periodistas nacionales anulando la invitación. Hemos remitido telegramas en idéntico sentido a los enviados especiales de Francia, Italia e Inglaterra. Con los de los países del Este, no sé qué ocurrirá, porque algunos ya han partido de viaje hacia España».
Otros recortes
El señor Rafales nos ha indicado textualmente «que le retiramos nuestra confianza al Ayuntamiento el cual sigue manteniendo sus subvenciones para otras manifestaciones culturales que se celebran en Sitges». El Festival de Cine Fantástico puede llevarse a cabo gracias a las aportaciones de la Generalitat y el Ministerio de Cultura, así como los ingresos en taquilla y en concepto de publicidad. «Las pérdidas, que las hay, siempre han ido a cargo de Sitges Foto Film». Al denegar el Ayuntamiento la subvención, que se destinaba a viajes, hoteles y gastos de imprenta, Sitges Foto Film ha decidido suprimir la revista diaria del certamen, así como la celebración del segundo Festival Internacional de Cine Fantástico y de Terror Amateur y el XXX Concurso Nacional de Fotografía de Sitges, que normalmente se venía celebrando en el mes de diciembre. También el VI Concurso Nacional de Cine Amateur, previsto para el próximo mes de febrero, y, por último, suprimir la celebración de la Exposición Nacional de Fotografías (Premio Noctot 1980).
En cualquier caso, cabe lamentar que el Festival Internacional de Cine Fantástico y de Terror de Sitges —único en el mundo en la faceta competitiva y reconocido por la Federación Internacional de Asociaciones de Productores de Filmes vea mermada su difusión.
Antonio Rafales en una escena de El asesino de muñecas

Las explosivas declaraciones de Rafales contra el Ayuntamiento obligaron a que Miquel Porter Moix, historiador del cine entonces en Cultura de la Generalitat, intermediara y pusiera paz. De hecho, fue una figura clave para la supervivencia de Sitges aunque no pudo evitar que las tensiones aumentaran el siguiente año.

Una buena muestra de la mala imagen del certamen subyace en esta nota de Alfons Quintà publicada el 7 de octubre en El País, un periódico que desde su fundación en 1976 apenas le había prestado atención .

Restricciones en el Festival de Cine de Terror de Sitges
El pasado sábado se inauguró el Festival de Cine Fantástico y de Terror de Sitges. Está organizado por una entidad privada de carácter local. En este año habrá tres sesiones diarias que concluirán el día 10 de octubre. Entre los filmes presentados no figuran obras dignas de especial mención. Como favoritas destacan las dos últimas realizaciones de Mario Brava (sic): La máscara del diablo y Las tres caras del miedo. Dentro de una política de restricción de gastos, el festival no ha invitado a la Prensa ni publicará su boletín informativo. El certamen nació en 1967, propiciado por el Ministerio de Información y Turismo y las autoridades locales del franquismo. De este modo se imposibilitaba el intento llevado a cabo el año anterior, por sectores de la oposición democrática, de crear un festival cinematográfico de trascendencia cívica. Aquel intento originó una intervención policial y varias detenciones. Para evitar temáticas de orden general —que rápidamente hubiesen chocado con la censura entonces imperante—, los promotores del actual festival decidieron darle carácter monográfico.
Ya en los últimos años de la dictadura, la práctica totalidad de críticos cinematográficos de Barcelona suscribieron un manifiesto político en el que denunciaban la mala calidad del festival y la discriminación de que eran objeto algunos críticos entonces conocidos por su antifranquismo.

Resulta gracioso ver que las dos únicas películas que se destacan sean de la retrospectiva de cine italiano de ese año, que por error se consideran favoritas de la sección competitiva, se indica que son las últimas de su autor cuando en realidad tienen ya sus años (1960 y 1963 respectivamente) y se escribe mal su nombre, que de Bava pasa a Brava .



Las restricciones a la prensa acreditada hacen que sean pocas las noticias que he podido localizar en hemerotecas, y que no cubran el día a día ni todo lo proyectado.

Esta noche se inaugura el Festivál de Cine de Sitges
Un certamen especializado que se desarrollará hasta el próximo día 10
Crónica de Ángeles Maso para La Vanguardia, 3 de octubre de 1981

A pesar de las noticias que circularon en torno a las dificultades económicas del Festival de Cine de Sitges, el certamen abre sus puertas esta noche con la película Hell Night de Estados Unidos. Durante una semana, la fantasía y el terror se dan cita en la villa catalana, tan conocida internacionalmente.
La película que inaugura el Festival, Hell Night, del director Tom DeSimone, tiene como principal intérprete a Linda Blair, la actriz que se hizo célebre con El exorcista. En principio se había pensado en la presencia de la joven actriz norteamericana pero el precio en primera —ella y su acompañante desde Los Ángeles a Barcelona—, del billete aéreo, ha hecho imposible la Invitación. Linda no puede viajar, al parecer, en plan de estrella.
Linda Blair tiene "escasa fotogenia", viste con "mal gusto" y padece un "excesivo desarrollo"
El Festival de Sitges se clausurará el sábado día 10 con la película Fade to Black, fuera de concurso. El jurado está formado por Doru Nastase, director de cine rumano, Jean Rollin, realizador francés, el director de la Cinemateca de Ferrara, Giovanni Morgini, José M. Badal, distribuidor de cine, y el productor Jacinto Ferrer, los dos últimos españoles. En la sección competitiva participan películas de Estados Unidos, Checoslovaquia, Rumania, Yugoslavia, Alemania Federal, Australia, Francia, Japón y España. La retrospectiva está dedicada al cine Italiano.
El Festival de Sitges es el segundo de primera categoría en nuestro país. En este sentido, tenemos el certamen de cine infantil de Gijón y el de Sitges. En todo el mundo hay tres certámenes especializados en este género: el de Avoriaz, el de Trieste y el que todos los años reúne a los aficionados en la Blanca Subur.

Comité cuatripartito

El Festival, creado de un modo personal por Antonio Rafales, su director técnico —“soy responsable de la totalidad de la programación”, nos ha dicho— tiene hoy un comité cuatripartito tal como nos señalaba el jefe de los servicios de cine de la Generalitat, señor Porter Moix. El Ayuntamiento de Sitges, el Ministerio de Cultura, la Generalitat, y la entidad fundadora tienen la misión de mantener la continuación del certamen. Por cierto menos favorecido en subvenciones que otros que gozan de menor categoría ante la FIAIF, la federación que canaliza los festivales internacionales.
Nos reunimos hoy con representantes de dicho comité cuatripartito como ejemplo de que existía una unidad, y de que había la intención de dar soporte y, continuidad a un certamen que cuenta con veteranía. Ha dicho, entre otras cosas, el señor Porter Moix: “Me parece perfecto que este festival se radique en Sitges, que se catalanice y mantenga la importancia que tiene como segundo en España de la categoría. El comité tiene la intención de que el festival se desarrolle con espíritu de apertura y sea exigente en su programación”.

Festival de Sitges, una fiebre de sábado noche
Inauguración con un filme truculento hablado en inglés
Crónica de Ángeles Maso para La Vanguardia, 6 de octubre de 1981

Se inauguró el pasado sábado el XIV Festival Internacional de Cine Fantástico y de Terror con la película Hell Night, de Tom De Simone. En versión inglesa, pero con recursos elocuentes en el cine terrorífico, aptos para todos los entendimientos.

Altos representantes de la comisión cuatripartita que rige los destinos del Festival de Sitges estuvieron presentes en el Retiro, lleno total en la sala como ocurre siempre que a la villa le entra la fiebre del terror. Por la Generalitat, el Jefe de servicios del departamento de Cine de la Conselleria de Cultura. Acompañado del señor Hardison, delegado del Ministerio de Cultura. Y en la presidencia, por supuesto, el alcalde de Sitges, Jordi Serra, así como el cuarto dirigente, Antonio Rafales de Fotofilm, la entidad que ha llevado adelante el certamen desde su fundación. La presencia de estas personalidades, del jurado Internacional y del de la crítica daba a la presentación una solvencia noticiable, para un certamen que parecía amenazado de extinción poco tiempo atrás.

El Festival es políglota

El Festival es políglota antes de que se anime la pantalla. Todos los nombres propios, y los títulos, se pronuncian en cuatro idioma. Pero tanto la cinta de estreno, Hell Night, como muchas otras, se presentan en versión original. Es una cuestión de costes. Las películas casi siempre llegan, se exhiben, y regresan a su origen. No se comercializan. El certamen no tiene argumentos para convencer a la productora de que debe subtitular una copia que no suele tener posterior distribución. No obstante, se está hablando de una traducción simultánea para el año que viene. Veremos.

Linda Blair en primer plano

Hell Night es una película con mucho truco, con suspense, sin ningún tipo de sutilidad estructurada a base de golpes de efecto que se disparan en el momento oportuno. El autor llega a abusar de los mismos. Pero hay que reconocer el buen trabajo de la cámara y la efectiva banda sonora que cuenta con el elemento musical necesario para la alta tensión que pretende crear.
Comienza el filme con una fiesta de fin de curso universitario, bastante desmadrada. El grupo dirigente de una organización para iniciar a dos parejas jóvenes, prepara su estancia en un misterioso castillo que perteneció a una familia desdichada. Es una prueba de resistencia que se convierte en una fiesta sangrienta.
Junto a un grupo de intérpretes no muy populares aquí un nombre que difundió El exorcista, de William Friedkin. Linda Blair, principal intérprete femenina. A la hora de la verdad, o sea al final de la película sale airosa, pero hay que reconocer su escasa fotogenia, su excesivo desarrollo y el mal gusto con que se la ha vestido. Vicent Van Patten y Peter Barton llevan a cabo un buen trabajo interpretativo, sobre todo el segundo. Pero, naturalmente, lo que priva es el mazazo a la sensibilidad del espectador, en el sentido de sobresaltarle y obligarle, como ocurrió el sábado, a soltar algunos gritos e incluso a combinarlos con aplausos. Hell Night es, sobre todo, una película comercial dedicada al público que goza padeciendo durante un buen rato.
 Una chica llamada Travolta
La jornada del domingo, ofreció una película en versión castellana, Experimentos humanos, de Gregory Goodell (Estados Unidos) en la que se daba una visión de cómo puede manipularse al individuo en la cárcel, y de qué modo el ser humano está a merced de quienes ejercen más represión que curación. 

Cinta que cuenta con Linda Hayes, Geoffrey Lewis y Ellen Travolta —la hermana de John y Joey— como principales intérpretes. El parecido es notable. Ni este filme ni New Year’s Evil, sobre un tipo que se dedica a asesinar mujeres y aprovecha la Noche Vieja van a procurar quebraderos de cabeza a los jurados.


Sitges, turística, bulliciosa y tranquila, según el momento y el lugar, continúa siendo el centro de atención de forasteros. El cine es como un telón de fondo frente al que se nos prometen toda serie de estímulos.
Me encanta como la cronista de La Vanguardia comenta que Linda Blair tiene "escasa fotogenia", viste con "mal gusto" y padece un "excesivo desarrollo", una forma elegante de decir que se está poniendo gorda.

Los checos en el túnel del tiempo
Crónica de Ángeles Maso para La Vanguardia, 7 de octubre de 1981

Con La historia de amor, de Ion Popescu (Rumania) y Algo en el aire, de Ludvik Raza (Checoslovaquia), el Festival de Sitges dedica una jornada a los países del Este. La primera ha sido proyectada para las escuelas, lo que me parece que constituye una innovación en este certamen.

Con Algo en el aire, Checoslovaquia se coloca en el túnel del tiempo. No es un tema nuevo, y el último filme que hemos visto al respecto, nos dejó buen sabor: me refiero a Los pasajeros del tiempo, de Nicholas Meyer. La película, que entra en el apartado de competición aquí, es menos espectacular, aunque también más sutil.


Una joven pareja retrocede en el tiempo para encontrar la solución a una incógnita familiar. El abuelo no ha muerto —la urna súbitamente aparece sin las cenizas—, sino que en 1946 dejó el hogar. La nieta encuentra la razón de su partida, al conocer su labor científica, completada casi cuarenta años después por el hombre que ama. Los jóvenes realizan un viaje a 1946 y logran recuperar a un joven abuelo.
Este salto atrás, que puede tener un significado político, es a la vez historia de amor, engarzada en el tema de ciencia-ficción. Los personajes de la historia —explicada sin excesivo sentido del humor, pero con cierta finura— definen la época, sobre todo a través de los sentimientos. La nieta, Zlata Adamovska, dice algo muy bello: “Casi siempre ayudamos a nuestros descendientes; ¿por qué no podemos ayudar a nuestros mayores?”. Lo que queda en primer plano es la dificultad de vivir el presente con la mirada fija en el pasado.

Sitges: El Festival frente a su futuro
«Continuará y mejorará» anunció Miquel Porter Moix en la sesión de clausura
Crónica de Ángeles Maso para La Vanguardia, 13 de octubre de 1981

La última noche del certamen de Sitges, gran lleno en El Retiro, única sala que ha funcionado este año. Parlamento de los responsables, bajo el signo de la brevedad. Agradecimiento a los asistentes por parte de Antonio Rafales, fundador. Y palabras de Miquel Porter: «El festival continuará, habrá tantas ediciones como sea necesario y mejorará».

Eran las palabras de clausura del responsable de la Generalitat; en cuanto a cine, Sitges se despidió del certamen de cine con Fade to Black, de Vernon Zimmerman, presentada en versión inglesa, aunque llegaba fuera de concurso y cuando los premios estaban dados y bendecidos. El galardón, concedido a Borowczyk, mejor realizador, fue protestado. Con todo, su categoría de buen visualista, está suficientemente demostrada.

La cinta de Zimmerman se estructura con un personaje clave en primer piano: Eric Binford que arregla cassettes, películas y proyectores, pero que ha montado su vida como una réplica a la mitología del cine. Basta decir que antes de dar los buenos días a su familia, se los da a Humprey Bogart. Posters y fotografías le acompañan en su cuarto.

Viaje a Hollywood
O sea que Eric hace todos los papeles. Y cuando mata es copiando los tipos y las circunstancias que protagoniza el cine. Los homicidios que realiza copian los de la pantalla. Se viste de Drácula, de cowboy, de gángster. Su ídolo central es Marilyn Monroe. Conoce a una chica, y acto seguido la identifica. La convierte en figura de una escena que reproduce una secuencia de El príncipe y la corista, con la modelo en y su propia persona, como actores. La verdad es que la chica se parece más a Agatha Lyss que a la Monroe, pero para Eric, todo es sueño.
La película nos permite una excelente incursión por Hollywood, pero no proporciona el interés que habíamos previsto, vista la fama de Fade to Black. Dennis Christopher cumple, simplemente, como eje de la trama, el curioso asesino del celuloide.

El filme acusa una indudable ambigüedad, la pretensión de juego psicológico no se desarrolla, sin profundidades. La conexión entre la realidad y la ficción —el cine que inspira a Eric, las escenas míticas, sobre todo con James Cagney— no llega a la altura que hubiéramos deseado. Pero el certamen mejorará como anunció Miquel Porter Moix, jefe de servicios del departamento de cine de la Conselleria de Cultura, permanecerá. Los aplausos mostraron el calor de la esperanza de los asistentes al Festival de Cine Fantástico y de Terror que se clausurará con una cena en el Casino de Barcelona con las autoridades representativas en la presidencia.

El diario ABC se hacía eco, el día 13, de la nota de la Agencia EFE con el palmarés de aquel año

Premios del Festival de Cine de tenor de Sitges

SITGES (Barcelona) (Efe). El Jurado del Festival Internacional de Cine Fantástico y de Terror de Sitges ha dado a conocer el fallo correspondiente a la XIV edición de este certamen cinematográfico, que se ha celebrado desde el pasado día 3.

Presidió el Jurado Doru Nastase, director de cine rumano, con participación del realizador cinematográfico francés Jean Rollin; el director de la Cineteca de Italia, Giovanni Mongini; el distribuidor español Josep María Badal, y el productor también español Jacinto Ferrer.


El primer premio, Clavel medalla de Sitges plata dorada al mejor realizador de largometrajes ha sido otorgado a Valerian Borowzyk (Francia), por su película Doctor Jekill et les femmes.

Los restantes premios correspondieron a Mircea Bogdan (Rumania), como mejor actor, por su interpretación en la película Una historia de amor, y a Linda Haynes, (Estados Unidos), como mejor actriz, por su interpretación en la película Experimentos humanos.

Asimismo, David Ambrose (Australia) consiguió el premio al mejor guión, correspondiente a la película The survívor, y Jochen Richter (República Federal Alemana) se adjudicó el primer premio de fotografía, por su trabajó en El nacimiento de una bruja.

Por otro lado, el equipo técnico de la película norteamericana Hell night consiguió el premio a los mejores efectos visuales, y Lubomir Benes (Checoslovaquia), consiguió el primer premio al mejor realizador de cortometrajes, por su trabajo en Ral a Skrítek.

Por otra parte, el Jurado internacional de la crítica, elegido mediante sorteo entre los representantes de los medios informativos acreditados en el Festival, otorgó el Clavel medalla de Sitges plata dorada a la mejor película de este Festival, al director David Hemmings (Australia), por su película The survivor. Asimismo, se concedió una mención especial al filme del director David Kronemberg (sic), Cromosoma tres.

Dado que no todas las películas proyectadas tuvieron espacio en prensa, paso a listar el resto que constan en el catálogo conmemorativo de aquel año. Como venía siendo la tónica de años anteriores, la programación era una extraña amalgama principalmente de serie B de habla inglesa y cine europeo de los países del Este. No era nada del otro mundo pero tenía sus joyitas.


El nacimiento de una bruja
(Geburt der Hexe; Wilfried Minks, RFA, 1980)
Ignota peli alemana sobre brujas de la Edad Media


Cromosoma 3
(The Brood, David Cronenberg)
Sin duda, lo mejor de ese año, firmado por un director al que Sitges dedicaba su atención desde el primer momento. Hace tiempo que no la repaso, pero siempre me ha gustado mucho.


Terror en el tren de medianoche
Única muestra del cine patrio de ese año, dirigida por Manuel Iglesias, el recuerdo que guardo de ella cuando la vi es bastante pobre. Los años de nuestro terror pop quedaban ya atrás.


The Survivor
Otro de los títulos más interesantes, y aportación de aquel año del cine fantástico australiano que tantas alegrías había dado años anteriores, aunque cada vez menos. Vi la película de David Hemmings en su momento, cuando se estreno, y ya ni me acuerdo de qué iba, aunque creo que era aburridilla.


Krvavá Pani (Dama de sangre)
Desconocida, para mí, largometraje checo de animación, dirigido por Viktor Kubal, se basaba en la leyenda de la sangrienta condesa Bathory. Lo cierto es que por lo que he visto por ahí no tiene mala pinta.


Docteur Jeckyll et les femmes
Peli del esteta erotómano Walerian Borowczyk que ya habíamos olvidado. No recuerdo haberla visto y el público de Sitges abucheó al director cuando recibió el premio al mejor realizador. La presencia en Sitges del director de La Bette despertó el interés de la prensa e incluso le entrevistaron para La Vanguardia.


Time Slip
Peliculón japonés al que dediqué una reseña entusiasta en la prehistoria de este blog.


X-Ray
Serie b de psicópata slasher dirigida por Boaz Davidson más conocida internacionalmente como Massacre Hospital. Aquí se distribuyó en vídeo como Rayos X


Furtche dich nicht Jacob
No tengas miedo, Jacob, otra desconocida peli alemana, esta sobre judíos perseguidos por un crimen que no han cometido en la Europa del siglo XIX


Atrapados
Desconocidísima peli estadounidense rodada en español con actores portorriqueños.


Devate Srdce
Una checa de Juraj Herz para la sección informativa

La retrospectiva estaba dedicada al cine italiano y tenía unas cuantas obras maestras y alguna rareza:
los clásicos Las Tres caras del miedo y La máscara del demonio de Bava; La décima víctima, adaptación de Robert Sheckley a cargo de Elio Petri; 5 tombe per un médium y La vendetta de lady Morgan, ambas de Massimo Pupillo (1965); La amante del vampiro de Renato Polselli;
Dante nella vita e nei tempi suoi (Domenico Gaido, 1922) y I pianeti contro di noi de Romano Ferrara. Con algunos de sus bellos carteles me despido hasta la próxima entrega: 1982, un año de transición hacia una etapa brillante.



Entregas de esta serie:

1967 - Sitges Año Cero
1968 - Sitges Año Uno
1969 - Sitges Año Dos
1970 - Sitges Año Tres
1971 - Sitges Año Cuatro
1972 - Sitges Año Cinco
1973 - Sitges Año Seis
1974 - Sitges Año Siete
 
1975 - Sitges Año Ocho 
1976 - Sitges Año Nueve  
1977 - Sitges Año Diez
1978 - Sitges Año Once 

21.7.14

EL FÚTBOL ES ASÍ.


Mi relación con el fútbol ha sufrido altibajos a lo largo del tiempo. En la infancia se producen dos grandes divisiones grupales. La primera es entre niños y niñas y apenas la experimenté porque no fui a un colegio mixto (en mi neolítico eran bastante excepcionales); hoy la observo cada día cuando acompaño mis hijos a la escuela. La segunda se produce a la hora del recreo entre los que juegan a fútbol y los que no. Fui siempre de los segundos y durante bastantes años el fútbol no me interesó lo más mínimo, e incluso supongo que en la primera adolescencia llegué a despreciarlo. En casa se hablaba de fútbol, eso sí, en esas comidas con mi abuelo que retrato en Mentiré si es necesario. Mi familia materna era del RCD Espanyol (que por entonces aún llevaba ñ) y eso que era la rama puramente catalana; curiosamente, la otra, la Fernández, que venía de Tarragona y también hablaba catalán (en la intimidad), era del Barça. Como tiré más por la materna, cuando me preguntaban de qué equipo era siempre respondía que del Español, aunque sin demasiado entusiasmo. Recuerdo que un día en clase, creo que en 1º de BUP, nos preguntaron de qué equipo éramos. En las respuestas a mano alzada conté que de 40, 26 eran del Barça, 11 del Real Madrid, 2 del Bilbao, 1 de la Real Sociedad (eran los años de las ligas vascas) y yo, el único periquito. Reconozco que esa soledad me pareció atractiva: me sentía especial y superior porque no me interesaba el fútbol, pero al mismo tiempo comprobé que si el fútbol me hubiera gustado seguiría sin ser parte de la masa. Y eso, cuando tienes 15 años, mola mazo. Aún así, seguí sin mostrar el más mínimo interés.


Esta dinámica personal cambió con el bendito punk. El patito feo, rata pedante de filmoteca, se entregó al acorde supersónico y un fin de semana de pogo ilimitado un amigo me propuso continuar la juerga en el gol sur del Camp Nou. Me apunté porque la inconsciencia hedonista guiaba mi destino; pero aquel par de meses, observando avalanchas cada vez que el Barça de Venables metía un gol, siempre maticé que yo, en realidad, no me enteraba de nada y encima era del Espanyol. Vino a mi rescate otro colega de guateques, éste sí blanquiazul por rebeldía (su padre era un culé forofo que cuando nació su hijo exclamó “¡Mi primogénito ni será marica ni del Español!”, en el típico FAIL al que todo progenitor está abocado). Pues eso, que mi colega me vino a decir que lo del Camp Nou era para nenazas y que estaba muy mal que un periquito como yo no se educara futbolísticamente entre hombres de verdad, es decir, en el viejo campo de Sarriá. ¡Qué razón tenía! Comparar el Camp Nou con Sarriá era como comparar a Spandau Ballet con los New York Dolls, dos bandas que respeto pero que abren un abismo entre ellas. En los ásperos asientos de cemento de aquel viejo estadio descubrí la pasión balompédica y forjé mi espíritu rodeado de una fauna humana pintoresca, animando a un equipo que da la mano a la derrota y pone cuesta arriba la victoria. Aprendí que el fútbol tosco también era emocionante, que jugar mal y ganar de penalti injusto en el último minuto era la rehostia y que jugar bonito casi siempre te aboca a un fracaso de mierda. El niño que despreciaba el fútbol acabó llorado con él, por felicidad o por fracaso. Tampoco es que me convirtiera en un forofo: hace un lustro que no piso un estadio y casi nunca me paro a mirarlo por la tele, pero conozco el placer irracional que puede provocar.


Menudo rollo estoy soltando cuando en realidad he venido aquí para comentar Fútbol: la novela gráfica, el tebeo que Pablo Ríos y Santiago García acaban de publicar con Astiberri. Habrá quien diga que menuda reseña, que llevo dos párrafos escribiendo sobre mí con la excusa del fútbol, y aunque sea verdad, lo cierto es que no se me ocurre mejor manera de abordar esta novela gráfica inaudita y sorprendente. Conocía el proyecto cuando sólo era una idea que el propio Pablo Ríos me comentó en la presentación barcelonesa de Azul y Pálido, su excelente debut en largo. Lo que tardé en averiguar es que Santiago García, haciendo un nuevo alarde de su condición hiperactiva, se sumaba al proyecto. ¿Un cómic sobre fútbol un poco en la línea de No Ficción hecha la novela gráfica de Azul y Pálido? Si la idea me parecía potencialmente buena, el tándem autoral era toda una garantía y multiplicaba mi curiosidad. A priori, parecía muy fácil hacerse una idea general de cómo iba a ser, un recorrido más o menos amplio sobre el fútbol, sus historias, sus anécdotas, sus mitos, sus modas, sus pasiones, sus tópicos. La incógnita parecía ser más bien cómo Pablo y Santiago iban a hilvanar todo eso. Hace un par de semanas llegó a mis manos el resultado, y empecé a leer con ganas y entusiasmo. Cuando iba por la página 45 detuve la lectura ante la necesidad de enviar un rápido tuit:
 “Llevo 45 páginas de Fútbol la novela gráfica y no se parece nada a lo imaginado. Es mejor, y sorprendente.”

Que me sorprendan de esta manera es algo que para mí no tiene precio y que valoro muy alto; supongo que es un baremo compartido entre quienes nos sumergimos en textos e historias con frecuencia. También es un terreno peligroso cuando se ha de escribir sobre la experiencia lectora proporcionada para no romper esa magia ante lo inesperado. No quiero revelar mucho, pero sí comentar algunas cosas. Antes de proseguir o abandonar, es importante subrayarles de nuevo la idea: Futbol, la Novela gráfica es una de las lecturas más insólitas que he podido disfrutar en mucho tiempo.



¿Razones? Bueno, principalmente porque el cauce que sigue esta lejos de ese que uno, más o menos, podía imaginar. Más que ir en busca de lugares comunes, aunque los hay, afronta la disyuntiva entre pasión y razón partiendo de la Teoría de juegos y su difícil encaje en un juego colectivo con infinitas variantes de incerteza (incluso en el lanzamiento de penaltis). Pero ojo, que no se trata para nada de un tratado matemático, sólo un punto de partida para contrastar la racionalidad implícita en todo juego y las intensas emociones que despierta el más mediático y seguido de todos. También porque está lleno de historias, pero no las esperables. Hay anécdotas históricas, como el sorprendente Granada contra Barbados de 1994, y otras que entran en el terreno de la especulación o incluso la leyenda urbana, formando un increíble diorama que va de la mujer que se hace pasar por hombre para jugar en primera al tabú de la homosexualidad, pasando por las disputas internas entre miembros de un mismo equipo que “se quedan en el vestuario”, la perversión que supone su carácter mediático y su vínculo con el poder político y económico, Evasión o victoria, y, claro, la memoria sentimental. Por haber, hay hasta una hermosa autoreferencia con extraterrestres.



Mi grado de sorpresa durante la lectura es creciente y al mismo tiempo muy veloz. Creciente por el uso de un narrador que tiene los rasgos y presencia física de Santiago García, pero que no es él, o no exactamente. Eso produce un choque muy curioso que va del “no sabía que Santiago García había hecho tal” al “Pero qué coño, Santiago García no tiene tal”. Lo cierto es que el resultado es muy intenso, y más cuando la historia del Cosmos de Navalcarnero irrumpe como un bofetón ante el que sólo queda seguir leyendo con la boca abierta.



Otro aspecto que me gusta mucho de Fútbol la novela gráfica es su condición de inclasificable. Escribía hace un par de semanas sobre el interés que me despierta ver como el cómic se abre a la no ficción. No sé donde leí que el gusto por ella crece con la edad, que cuando se es joven se tiende a la novela y cuando se es mayor al ensayo. En cierta forma, creo que cumplo esa tendencia y quizá eso explique mi atracción. De todas formas, el concepto de No ficción, además de engañoso, abarca una amplía gama de posibilidades: biografía, divulgación, historia, ensayo, testimonio documental, reportaje periodístico, panfleto ideológico. De todos ellos hay ejemplos en cómic y, más importante aún, afrontan el reto acudiendo a su condición de cómic y el lenguaje que le es propio, cada vez menos dependiente del modelo de otros medios como el escrito o el audiovisual. Aún así, la No Ficción tiene un gemelo oscuro, un reflejo perverso por el que siento auténtica pasión: el Mockumentary o falso documental. No es un terreno que la historieta contemporánea haya transitado en exceso, más allá de lo falso que hay en toda autobiografía (me lo van a decir a mí). En Cenizas de Álvaro Órtiz se jugaba un poco con ello, pero era una novela gráfica de ficción. Por eso creo que Fútbol la novela gráfica tiene mucho de revolucionaria, porque utiliza de manera muy brillante la verdad y la mentira, lo supuesto y lo imaginado. No es exactamente un falso documental, o quizá sí, porque el Mockumentary es así.


Un tebeo inteligente sobre fútbol, quién lo iba a decir, y encima sin acudir a la florida prosa de algunos comentaristas deportivos. Un tebeo sobre fútbol tan inaudito que gustará a los que lo desprecian tanto como a los que lo disfrutan… excepto si se es hincha de bajo instinto y raciocinio escaso. Para éstos, el equipo rival, supone un gol en propia meta en el último segundo de la prórroga, es decir, un gustazo.



13.7.14

PRESENCIA HUMANA EN EL GÓTICO DE SUBURBIA



Los amigos de Aristas Martínez, editores de mi ensayo Black Super Power, andan entregados a Presencia Humana Magazine, publicación trimestral que se define como revista de creación extraña. Bellamente editada, el tercer número salió a la venta hace apenas un mes con una fabulosa ilustración de portada firmada por Marta Bielsa, cuya obra no conocía y supone un gran descubrimiento. La entrega está dedicada a la editorial Salto de página e incluye relatos de Jon Bilbao, Matías Candeira, Luís Manuel Ruiz, F.G. Haghenbeck, Juan Carlos Márquez y Emilio Bueso. Me gusta mucho lo poco que le he leído a Bueso, así que he marcado entre mis prioridades hacerme con Extraños eones, antología de cuentos que le acaba de publicar Valdemar, y con la novela Esta noche arderá el cielo tras la efusiva recomendación de Antonio Torrubia de Gigamesh.



El tercer número se completa con las secciones habituales: un cómic de Ed (en el anterior era de Ana Galvañ, así que por ahí muestran un gusto exquisito) y un estupendo apartado de ensayos: Servando Rocha escribe sobre el poeta William Butler Yeats; Ángel Sucasas de Le Park de Bruce Bégout y Víctor Nubla de las performances de la organización Survival Reseach Laboratories. Junto a estos tres titanes mi presencia desluce un poco, pero bueno, ahí estoy desde este tercer número y ahí seguiré hasta que los responsables digan basta.


Mi aportación se cobijará bajo el título general de Gótico de Suburbia y se pretende una serie de artículos dedicados a dar una personal visión de algunos caminos abiertos por la fantasía, la ciencia-ficción, el terror o una variedad de híbridos extraños o inclasificables. Identificar miedos contemporáneos y rastrear precedentes en el pasado. En un principio Gótico de Suburbia iba a ser sólo mi primer artículo para Presencia Humana, pero cuando andaba apuntando su estructura me di cuenta que me iba a salir un ensayo que ocuparía toda la revista, así que decidí dejarme llevar por la ambición y extenderme todo lo necesario en sucesivas entregas. En esta primera entrega, Conjuros audiovisuales para abrir las puertas del infierno parto y amplío generosamente lo que escribí aquí mismo sobre Argento, Fulci, Inferno y El Más Allá: cine de terror abstracto en el que libros malditos abren portales al horror puro y malsano. Ahora mismo estoy dando acabado a la segunda, A través de un cristal oscuro: ficción de género, autobiografía y contracultura, donde a partiendo de El martillo cósmico de Robert Anton Wilson planteo un paralelismo imposible entre La transmigración de Timothy Archer de Philip K. Dick y Nuestra Señora de las Tinieblas de Fritz Lieber. En septiembre en sus manos, y ojo, que esto no ha hecho más que comenzar y estoy disfrutando con la lista de textos futuros.

 Por cierto, Aristas Martínez anda de campaña de oferta, así que más fácil no puede estar la cosa.

Fredric Brown y señora.

4.7.14

PASIÓN LIBRESCA




En cuanto conocí su existencia, por supuesto vía Sark, Librerías de Jorge Carrión (Anagrama, 2013) me hizo tilín inmediato. Nada de raro en ello: mi idílico plan cuando me llegue la jubilación es tumbarme en una hamaca y ponerme a leer todo lo que ahora no puedo. Soy el tipo de persona incapaz de salir de casa sin un libro encima porque ante cualquier contratiempo lo más importante es no perder tiempo de lectura. Alguien que es feliz con los libros desarrolla y expande esa querencia por proximidad, y las librerías están ahí, para suministrar, ofrecer, sugerir y descubrir. Así que un ensayo sobre ellas me tienta y me levanta el sentimiento.


Librerías no es un ensayo al uso, y eso siempre me gusta. No es divulgación histórica acumulada sin alma ni chicha. Tampoco luce perfil académico, lleno de citas, tesis y lenguaje áspero ante el que es necesario picar piedra. No, es otra cosa, y bastante personal, cosa que siempre agradezco. Si de algo tiene forma es de libro de viajes, un libro de viajes ciertos por las librerías del mundo o de viajes virtuales a las del pasado. De hecho, esta condición es la que en general le da orden y define los capítulos, que en su tronco central siguen una estructura geográfica —precedida por la histórica y seguida de tipologías—; aunque luego, internamente, Jorge Carrión se deja ir y alterna sinuoso en cada uno de ellos el dato histórico, la anécdota local, la conexión con determinados autores, el estallido de ideas y reflexiones, el apunte personal y autobiográfico. Y así cada uno de los capítulos se transforma en amalgama de hechos y emociones.


Jorge Carrión se deja ir, o llevar, y lo hace en un terreno como el del ensayo, donde no es habitual esa manera de escribir y reflexionar. Envuelve el dato de entusiasmo sin forzar ni perder el norte, y eso me arrastra como lector. Así, sin esfuerzo ni quererlo, me he zampado el libro en cuatro días, que como siempre digo es algo que valoro muy alto; y es curioso porque durante mi zambullida en las páginas de Librerías no dejaba de percibir de manera consciente la elasticidad de la distancia entre su autor y yo. Por ejemplo, las distancias podían ser enormes, como cuando habla del Hotel Chelsea de Nueva York y no cita a Sid Vicious, que es lo que yo hubiera mencionado en primer lugar de entre sus muchos huéspedes e historias porque soy de raíz punk. Y luego, de golpe, la distancia se puede hacer mínima con citas al tebeo The Boys de Garth Ennis.


En realidad ese trecho irregular y mutante de separación acostumbra a mantener la distancia porque los escritores de los que habla y cita son los grandes, los prestigiosos, y yo hace tiempo que abandoné su lectura porque me tiran otras cosas. También es verdad que ese prestigio es actual, porque en lo narrado queda claro que incluso si lo disfrutaron en vida, en muchos casos tampoco les permitió comer caliente con frecuencia. Y no está de más añadir que Jorge Carrión habla de ellos natural y sin pompa, y nunca viejuno porque es hombre moderno. Otra cosa es el tema de los viajes, que aportan un punto de vista personal y propio al asunto, identidad y primera mano, aunque yo, que soy un envidioso, en algún momento me dije joder con el Carrión, cuánto mundo ha recorrido, cuánta librería ha visitado, cuánto leído de camino. 


Como decía, me he zampado el libro en cuatro días porque es de esos que te cogen y te llevan, y aunque no todo despertara mi interés del mismo modo, está lleno de historias y reflexiones con las que he disfrutado: de la importancia del trapero como traficante de libros, de cómo los libreros fueron los primeros en reivindicar los derechos del escritor, de libros censurados y perseguidos, de libros quemados, de cómo quienes ordenaron esas quemas habían sido frecuentes visitantes de librerías, de las que forjaron escritores, de cómo los lectores de papiros despreciaron el avance que suponía el pergamino, del nacimiento del libro popular y su industria, del intenso y hermoso vínculo histórico entre librerías y ferrocarriles, de centros comerciales que venden libros sin libreros, de la librería de la esquina y de la mítica. En definitiva, Librerías habla de los libros, de quienes los venden, de quienes los escriben y, sobre todo, de nosotros, los lectores.

3.7.14

CINE DE HOSTIAS PARA EL SIGLO XXI



Hace tres años en el Festival Internacional de cine Fantástico de Sitges —que por cierto ya calienta motores— programó una de esas pequeñas joyas orientales a las que nos tiene tan bien acostumbrados: The Raid, de la que ya di cuenta inmediata y entusiasta en su momento. El pase de aquel día, en la siempre bulliciosa sala El Retiro, fue una memorable comunión de espectadores arrebatados y de estallidos de júbilo ante el festival de acción y artes marciales de esta sorprendente película indonesia, la más contundente en muchos años en su especialidad, probablemente desde la mítica Ong Bak.


El argumento de The Raid era bastante sencillo: un comando de la policía asalta el cuartel general de una banda de traficantes, a su vez un bloque de apartamentos densamente poblado. La operación se complica cuando la promesa de un alquiler gratis de por vida convierte a los numerosos habitantes del polígono suburbial en una jauría de asesinos que supera ampliamente al grupo de agentes. A partir de ahí, un inaudito festival de acción, violencia y artes marciales como pocas veces se ha visto. Una cosa brutal; muy brutal. El anuncio de una secuela nos ha tenido relamiéndonos de gusto a todos los que la disfrutamos, y más cuando entre original y secuela su director, Gareth Evans, nos regaló el episodio de found footage más delirante y alucinado de V/H/S 2.



Bueno, pues con The Raid 2 Barendal calentita toca despejar silogismo: si la primera era la hostia… ¿La segunda es la rehostia? Pues sí y no, o no y sí. Así que procederé por partes (y avisaré cuando llegue a los espoilers). Primero lo que de verdad importa en una película como ésta: las escenas de acción y de hostias. Pues por ahí cojonuda, impresionante, con detalles nunca vistos y una forma de rodar y planificar que asombra por espectacular, bestia y novedosa. De nuevo, un festival mayúsculo. Así que, desde el punto de vista del cine de tortazos, la cosa es fenomenal y, claro, a partir de ahí cualquier pega es secundaria. Meras zarandajas.

Si, o no.

Verán, ya de entrada el tema es que al lado de la original, de The Raid 2 es otra cosa,  y que se va a las dos horas y media de metraje, de las que la mitad es pura y generosa acción salvaje. Fabuloso, pero ¿y la otra mitad? Pues que se complica la vida sin necesidad, con una trama que se alborota de manera tosca y muy evidente, y eso siempre desluce; más cuando con un poco de cariño y acabado, con un repasito final, podríamos estar ante el peliculón que no es porque se arma un lío, y eso que la historia tampoco es tan complicada (ojo, spoilers): el clásico thriller de policía infiltrado y guerra de bandas.



Al comentar por twitter que “Tiene momentazos pero sobra metraje” enseguida he establecido un interesante diálogo con Álvaro Arbonés sobre los problemas de guión y montaje de la parte de la película que no va de hostias (que por ahí es brillante), y les hemos sacado punta: Prakoso, el asesino vagabundo, irrumpe de golpe a media peli casi para protagonizarla durante un rato. Un personaje importante de aparición abrupta y descompensada, y que además desdobla su función con otro, Aka, un lugarteniente mafioso que de golpe se vuelve también importantísimo. Ambos son el reflejo siniestro del futuro que podría tener el protagonista, pero como digo está resuelto con tosquedad. Lo mismo con el malo, Bejo, un impedido segundón que no se entiende cómo ha reunido la banda de asesinos que le rodea (grandes hallazgos, por cierto, la chica de los martillos y el tipo del bate de beisbol). O Eko, el hijo del jefe de uno de los clanes, cuya idiotez acaba por crispar y cuya actuación final tampoco se explica del todo, algo que también pasa con la organización parapolicial que lucha en la sombra contra la corrupción.



De hecho, puede dar la sensación de que todo eso, la maraña de personajes y subtramas, está ahí como excusa para encadenar hostias y potenciarlas con emoción, pero se amontonan tanto y con tanta seriedad que me parece bastante dudoso que sea esa su función. Al final, he acabado por exponer una teoría que me asaltó a media película. Gareth Evans, con la producción muy avanzada y con el rodaje inminente, o ya iniciado, quedó seducido por Only God Forgives de Nicolas Winding Refn y bajo ese influjo hipnótico decidió acometer cambios y añadidos de última hora en The Raid 2 y la cosa ha quedad sin pulir. Bueno, las hostias pulidas sí que están. Joder, cuánta animalada. y cuánto destrozo.

 Homenaje al cine coreano