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11.10.16

CRÓNICAS DE #SITGES2016 (XI): BLAIR WITCH



No formé parte de los entusiastas de The Blair Witch Project pero le reconozco los méritos, y eso que la idea de convertir el clásico manuscrito encontrado de la novela de terror en metraje encontrado era algo que como mínimo ya hizo antes la salvaje Holocausto caníbal, vilipendiada y polémica, pero también menospreciada. De hecho, recuerdo que cuando se estrenó la bruja de Blair original en Sitges, el distribuidor español no dejó que la actriz presentara la película porque le desmontaba la jugada de venderla como filmación real. En fin, que no me entusiasmó pero hay que reconocer que era una película sugerente y, desde luego, una pionera que se adelantó en años al cine low cost de telerealidad, nuevas tecnologías, móvil y youtube cuya influencia aún perdura. Hubo una segunda parte que no llegué a ver, y fue un fracaso, y ahora nos llega una nueva secuela que a priori no pintaba mal al estar firmada por Adam Wingard, que tras los buen rato pasado con The Guest y You’re next se había ganado mi simpatía y voto de confianza, que mantendré pese al decepcionante resultado de esta su nueva película. No empieza mal, con los personajes desplegando un arsenal audiovisual con drones para internarse en el bosque maldito, y tiene al final toda esa pesadilla labríntica espacio-temporal que parece salida de La casa de hojas de Mark Z. Danielewski, pero el recorrido entre ambos puntos es cansino, se llega fatigado y harto de efectismos gratuitos, sustos de estridencia sónica y efectismo facilón. La traición hacia el original es considerable, y no porque aquí la imagen sea HD y antes analógica, sino porque aquella era sugerente y esta todo lo contrario.

9.10.16

CRÓNICAS DE #SITGES2016 (V): THE VOID



Perfecto ejemplo del tipo de película que encuentra en Sitges su mejor refugio. Terror de serie B cargado de referentes que no tarda en ponerse muy oscura (en todos los sentidos) y lovecraftiana mientras indaga en el horror puro sin conseguirlo de todo, pero ahí queda el intento para quien quiera apreciarlo. Es mi caso, aunque soy consciente de que muchos no compartirán mi opinión. Sus referentes son obvios. Primero John Carpenter por partida múltiple, ya sea el de La Cosa por sus efectos especiales (aquí más modestos, pero a la vieja usanza, y eso se agradece), el de Asalto a la comisaría del Distrito 13 (aquí hospital asediado por unos extraños encapuchados) o el de El príncipe de las tinieblas (con su portal a la dimensión maligna). Segundo a Lucio Fulci, lo cual es una grata sorpresa cuando uno reconoce en ese sótano húmedo las entrañas de El Más Allá, esa masterpiece del Mal rollo a cuyo final acaba remitiendo casi por obligación. Pieza de horror abstracto e irracional, que sabe del potencial de lo incomprensible para incomodar y dar más miedo. Lástima que se le vaya la mano y le sobren minutos de pasadizos laberínticos mal iluminados. En resumen, tiene detalles brillantes, cosas por las que siento debilidad y un desorden que la acaba afectando más de la cuenta.

18.10.15

CRÓNICAS DE #SITGES2015 (XXIV): HIGH-RISE



Leí Rascacielos de J.G.Ballard a mediados de los 80 y se convirtió en uno de mis libros fetiche. Hace mucho que lo tengo anotado como relectura pendiente, pero al final llego tarde y veo antes la adaptación de Ben Wheatley (Kill list, Sightseers) con lagunas en mi memoria. La adaptación recoge muy bien el espíritu de la novela, aunque percibo un poco abrupto el camino de enfrentamientos que poco a poco lleva a una descomunal comunidad de vecinos a un salvaje apocalipsis interno. Creo que hay algo que no la hace redonda del todo, pero reconozco que merece un visionado más reposado por mi parte (y no con tanto cansancio acumulado) y que se trata de un material complicado de llevar al cine. Además de los actores, que son un lujo, la película tiene grandes aciertos. Primero, la plasmación delirante del salvaje caos final. Segundo, su ambientación setentera, propia de los años en que se escribió la novela, una decisión sorprendente cuando lo fácil habría sido adaptarla al presente o a ese futuro de la próxima semana, tan ballardiano. Y tercero, que pese a esa ambientación retro, la película saca a relucir que ese rascacielos estratificado socialmente donde el cabreo de abajo aspira a desmantelar el sistema impuesto arriba, es, sí, nuestro presente, y el caos nos espera la semana que viene.

9.10.15

CRÓNICAS DE SITGES 2015 (I): WE ARE STILL HERE




El éxito de la estupenda Expediente Warren (The Conjuring) de James Wan ha comportado un curioso fenómeno exploitation de películas sobrenaturales (fantasmas, posesiones, casas encantadas) de ambientación retro setentera que incluso ha llegado a la televisión con la británica The Enfield Haunting. Si en Sitges 2014 vimos The Quiet Ones, ahora nos llega otra que, a diferencia de las anteriores, no apela a la artimaña —cuando hay fantasmas por en medio— del “basado en hechos reales”. En esta ocasión tenemos al típico matrimonio traumatizado por la muerte de un hijo que, buscando superar la desgracia, se va a vivir al campo instalados en una nueva residencia de siniestro pasado. A medio camino entre el subgénero de casas encantadas y el de las comunidades rurales chungas, lo cierto es que no es más que una humilde y correctita película de terror de toda la vida.La primera mitad puede inquietar si se ve en oscura soledad, y la bien resuelta estética vintage le da un cierto empaque, luego ya se acaba desmelenando de manera un poco tosca, pero bueno, tampoco me quejo. Con estas nunca me quejo.

2.8.15

MENDIGOS Y HECHICEROS DE PARÍS




En el epílogo del primer volumen de Los sucesos de la noche, David B. afirma que ningún libro le maravilló tanto como Calle de los maleficios de Jacques Yonnet, publicado originalmente en 1954 y con edición española de Sajalín en 2010. Como ya escribí por aquí, la reciente lectura de Los sucesos de la noche me provocó un fuerte arrebato hacia a la obra de David B., tan intensa en lo gráfico como plagada de claves y obsesiones desperdigadas por todos sus títulos. Aquel día no solo me propuse releer todos sus cómics publicados aquí sino también acudir a libros y novelas que ha ido citando, algunos con frecuencia. El primero en caer ha sido precisamente Calle de los maleficios, una lectura bastante desconocida y sin duda muy sorprendente. Decidí empezar con este libro porque los comentarios de David B. llamaron mi atención al apuntar que por sus páginas circulan vagabundos, vagos, gitanos y truhanes de los bajos fondos de París, callejones siniestros y viejas historias de magia y brujería. Es decir, que reunía dos de mis (muchos y variados) intereses: lumpen urbano y la ciudad como recipiente para lo oculto y/o sobrenatural. (no miro a ningún sitio).



Calle de los maleficios: Crónica secreta de París no es una novela sino un singular diario escrito durante un periodo muy concreto. En 1941, huido de un campo de prisioneros alemán, Jacques Yonnet busca refugio en el París ocupado y se alista en la mítica Resistencia francesa. Allí, llevando a cabo operaciones de todo tipo, vive refugiado en los bajos fondos de la ciudad, un laberinto de viejas callejuelas y oscuras tabernas pobladas por una fauna pintoresca. Además de espías, topos de la Gestapo o agentes aliados, pululan gitanos, borrachos, traperos, delincuentes, prostitutas y personajes envueltos en misterio. Es a través del contacto con todos ellos, normalmente en bares inmundos, que el autor va narrando un sinfín de viejas historias y leyendas de la ciudad procedentes de una tradición oral olvidada (o secreta, solo conocida por los habitantes de los suburbios parisinos) o de sus vivencias e investigaciones. Maldiciones gitanas, sucesos inexplicables alrededor de extraños objetos, marionetas talladas en madera procedente de naufragios, rituales cercanos al vudú, fenómenos de control mental o edificios malditos desde siglos atrás. A estas historias de carácter más o menos mágico hay que sumar episodios de resistencia a la ocupación alemana o de enfrentamiento entre bandas criminales. No es extraño que David B. confiese el impacto que le supuso en su momento: sus tebeos están llenos de callejones oscuros donde cohabitan tanto bandas de forajidos como librerías polvorientas. En cierta forma, en sus obras son recurrentes las calles y personajes descritos por Yonnet.



Plagado de pasajes memorables, es sin duda un libro extraño que conecta y antecede la obra de autores como Iain Sinclair y su deambular urbano en busca del poder mágico con que el pasado impregna las grandes ciudades. En el posfacio, escrito en 1966 para una reedición, Yonnet comenta las imprevistas consecuencias de un artículo publicado en prensa bajo el título París, capital de la magia que comenzaba con la frase “En el barrio de Moufettard, mendigos y hechiceros y reyes gitanos viven en un cuento de hadas y misterios”. El texto, de cierto impacto en su momento, citaba Calle de los maleficios como fuente principal y el periodista se maravillaba ante lo que supuso su descubrimiento y lectura. Se trataba de Louis Pauwels¸ quien junto a Jacques Bergier acababa de publicar un texto capital para la no ficción esotérica: El retorno de los brujos (1960). Hay círculos que están condenados a cerrarse.



Bola extra 1: una atinada reseña en Rockdelux

Bola extra 2: buscando imágenes con las que ilustrar la entrada he dado con un curioso webcomic que en parte parece inspirarse en Calle de los Maleficios: Witchcraft Street de Keith Page



9.6.15

RETROFUTURISMO EVANGÉLICO Y PELOTAZO INMOBILIARIO

Una de las imágenes clásicas del retrofuturismo pulp es la del paisaje urbano donde un idílico progreso tecnológico redunda en ordenada utopía.


 En paralelo, otro tipo de ilustración pOp se ha ido desarrollado de manera más subterránea en las páginas del clásico panfleto Atalaya de los Testigos de Jehova.


Ambos tipos de imagen transmiten armonía espiritual sin igual, aunque una destaque la naturaleza y la figura humana y la otra el progreso tecnológico bien encauzado.


Curiosamente, la unión visual y concetual entre estos dos modelos de ilustración no es solo posible, sino que se ha producido ya. ¿Donde? En un lugar inesperado: el de la promoción inmobiliaria especulativa.


La imagen que tienen arriba forma parte del pack promocional de la llamada Operación Charmartin, un pelotazo urbanístico moderno, pero español, hoy en peligro por los cambios salidos de las últimas elecciones municipales.

El reflejo metálico del progreso tecnológico y el verdor propio de los paraísos evangélicos aunados en pos del ladrillo y el dinero fácil. Futurismo de verdad. Ballard resucitado.

Solo me queda una duda: ¿Dónde están los monorraíles de alta velocidad? ¿Cómo acuden al trabajo los millones de oficinistas de los rascacielos? ¿Paseando por el parque? ¿Subidos a  esas águilas de Gandalf que surcan los cielos? ¿Acaso en transpote subterráneo de tipo pneumático? ¡Ey! ¡Eso estaría bien! ¡Puede haber pasta ahí! ¡Rápido, compremos el subsuelo ahora que está barato!

26.10.14

GÓTICO DE SUBURBIA


Entre una cosa y otra, entre Sitges y la novela, me he demorado tanto en hablar de Presencia Humana Magazine y mi serie Gótico de Suburbia que vengo a comentar la última entrega publicada y la siguiente ya está a la vuelta de la esquina, como les muestro al final. Pero antes toca hablar de lo que ya se puede tocar, comprar y, lo más importante, leer. El cuarto número de Presencia Humana está lleno de contenidos estupendos. Relatos, artículos y reseñas alrededor de lo extraño.


Por lo que hace a mi colaboración, Gótico de suburbia está planteada como una serie de artículos que escarban en el horror, lo fantástico y la anticipación. Estoy disfrutando mucho escribiéndolos. De alguna manera están vinculados entre ellos, pero su lectura es perfectamente independiente. Para esta segunda entrega titulada A través de un cristal oscuro, cita bíblica muy frecuentada, me adentro en un peculiar cóctel mutante formado por la contracultura, la autobiografía y la literatura de género. Lo hago a partir de El martillo cósmico de Robert Anton Wilson para poner sobre el papel el extraño paralelismo que siempre he establecido entre La transmigración de Timothy Archer de Philip K. Dick y Nuestra Señora de las Tinieblas de Fritz Lieber.



y para acabar, les adelanto que en noviembre sale a la venta Presencia Humana magazine #5, un jugoso número especial dedicado a la mítica editorial Valdemar. Mi contribución se centra en el impacto de la Primera Guerra Mundial en el terror, la fantasía y la ciencia-ficción. He disfrutado muchísimo escribiéndolo, pero ya lo comentaré con calma las próximas semanas.


9.10.14

CRÓNICAS DE SITGES 2014 (XIV): OCULUS



Fabuloso cuento de miedo sobrenatural. Creo que con esto estaría todo dicho. Los espejos son uno de los objetos más inquietantes de nuestra alrededor, y aunque siempre presentes en el cine de género, casi nunca se convierten en el objeto central del Mal. Esa es de entrada una de las virtudes de este estupendo filme sobre dos hermanos que de niños vivieron una traumática experiencia con un espejo maldito y que ahora regresan a su encuentro para acabar con él. La forma en que poco a poco se mezcla realidad y reflejo, tiempo presente y pasado, embrujo y certeza es realmente brillante, al igual que la atmósfera de cine de horror de toda la vida, del que estremece, que al mismo tiempo aporta originalidad. Además, es una película modesta que juega muy bien con lo que tiene a mano. En mi opinión, una de las mejores de lo que llevamos visto hasta ahora. Y sale la pelirroja que hacía de Amelia Pon en Doctor Who.

25.8.14

SILLÓN OREJERO

Cuando hace ya diez años, tal día como hoy, abrí este rincón ausente que tantas alegrías me ha dado (el tiempo invertido ha merecido la pena), una de mis intenciones fue ir anotando todos los libros, cómics o películas en los que me zambullía. Durante un tiempo lo conseguí, pero luego la falta de tiempo y la dispersión lo hicieron imposible. De vez en cuando anoto listas manuscritas de temas o cosas que luego se diluyen o pierden sentido. A finales del año pasado abrí cuenta en Goodreads y he procurado ser fiel a ella, al menos con los libros pero no con los cómics. Eso me ha permitido tener una lista de todo lo que llevo leído desde entonces junto a unos apuntes de reseña escritos con premura. Como, mecachis, no aparece aún en el buzón la epístola libresca de Sark con las novedades veraniegas, he pensado reunir por aquí los libros leídos desde comienzo de 2014 y que por una razón u otra no habían aparecido por aquí.


La casa de hojas, de Mark Z. Danielewski

 Empecé el año lector con lo que cayó de regalo navideño, y eso que no es habitual que me abalance sobre las novedades recién entradas. Lo cierto es que sentía mucha curiosidad por el entonces libro del momento, una novela de terror vanguardista en forma y fondo etiquetada más o menos con acierto como un cruce entre Stephen King y Foster Wallace. Si le han dado un ojo en librerías seguro que han visto su increíble maqueta, con párrafos en espiral, invertidos, laberínticos o alternando páginas llenas de letra con otras casi carentes de ella. Y ojo, porque no son gratuitos. La casa de hojas pertenece al subgénero de las casas encantadas pero está construida a partir de tres niveles. Por un lado, el filme documental realizado por el padre de la familia que la habita cuyo metraje imposible nos desgrana (segundo nivel) de manera minuciosa y obsesiva el extenso ensayo escrito por un anciano ciego ya fallecido. La obra de su vida, plagada de pies de texto a cientos de referencias ficticias sobre la película. El tercer nivel corresponde a las anotaciones sobre el manuscrito realizadas, muy al estilo Palahniuk, por un tatuador disfuncional, amigo de drogas y peleas, a cuyas manos va a parar el original del viejo, y que queda atrapado por su contenido maldito. No contento con ello, Danielewski completa la novela con un profuso anexo de apéndices donde destacan, por cruciales, las cartas que la madre del tatuador le enviaba desde su reclusión en un manicomio. Así que tenemos una obra formalmente inaudita, porque a los experimentos antes comentados en la composición de la página, con voluntad narrativa, se añaden las diferentes tipografías según quien escriba (principalmente el viejo y el tatuador) y literalmente cientos de pies de página. Aunque en momentos concretos llegué a la conclusión de que le sobran algunas páginas, y que tiene algunos pasajes de lectura áspera, lo cierto es que me sumergí atrapado y no lo solté de mis manos hasta acabarlo. Me alegra mucho el éxito (va por la cuarta edición) de lo que era una empresa arriesgada, el esfuerzo en la maqueta de la edición española es más que brillante (un curro) y la traducción de Javier Calvo titánica.



Crónicas Quinquis, de Javier Valenzuela
(Libros del K.O., 2013) 

Recopilación de artículos de prensa de Javier Valenzuela publicados en la primera mitad de la década de los 80, disfruté mucho de su lectura entre otras cosas porque el periodismo de sucesos es una de mis debilidades. El eje temático son los quinquis, de los que aquí se ofrece una visión realista y trágica muy alejada del aire de figura mítica con que la cultura pop patria les envolvió. Historias de atracadores adolescentes, hijos de la droga, polígonos y cárceles. La antología, breve y que consumí leyendo un capítulo al día, se completa con algún texto de costumbrismo madrileño, novela negra madrileña (lo que menos me atrajo), una semblanza del alcalde Tierno Galván y una reivindicación, justa y necesaria, de Tomas de Quincey como padre del periodismo de sucesos.



¿Pueden suceder tales cosas? Cuentos fantásticos completos, de Ambrose Bierce
(Valdemar, 2012)

Antología completa de los cuentos de Bierce que he disfrutado bastante, intentando seguir el ritmo de un relato al día. Obviamente, al tratarse de una compilación integral y extensiva, hay un poco de todo. Están los relatos más conocidos, desde el precedente del horror cósmico de Lovecraft que es Un habitante de Carcosa al salvaje humor negro de El clan de los Parricidas. De Bierce, además de su humor, me gustan esas recopilaciones de breves historias de fantasmas, casas encantadas y muertos que caminan escritas con sencillez y que no sé si eran inventadas o recogidas durante sus viajes (un poco como preámbulo a las compilaciones de Charles Fort); me gusta que su gótico americano más que de mansiones sureñas sea de mineros, cabañas y poblados de la frontera, y ahí mezcla western con fantástico (una debilidad personal); o las muchas historias de fantasmas ambientadas en la guerra de secesión, que es otro detalle muy interesante porque el horror de la guerra configura mucho de nuestro horror contemporáneo.



Retratos y encuentros, de Gay Talese
(Alfaguara, 2010)

Uno de mis géneros preferidos es lo que Tom Wolfe bautizó como Nuevo Periodismo, y Gay Talese fue uno de los primeros y mejores exponentes. Esta antología es estupenda y la componen algunos de sus retratos, fruto de acompañar durante algunos días a alguna celebridad, observarla y escribir sobre ella: Frank Sinatra, Peter O'toole, Alí en Cuba, Joe Louis, Floyd Patterson o Joe Dimaggio (estos tres últimos leyendas del deporte USA que Talese describe en su retiro), una divertida historia del magazine literario Paris Review, la historia del redactor de obituarios del NY Times y, al final, una serie de historias familiares como el ardid de un sastre napolitano (su abuelo) para engañar a un mafioso, cómo acabo siendo periodista y algunos consejos. A mi es que todo esto me encanta y me lo paso muy bien gracias a su prosa de apariencia sencilla y su tremenda habilidad para observar y desnudar al personaje. Un maestro.



Escarabajo Hitler, de Ned Beauman
(Funambulista, 2012)

El tipo de locura que me hace babear de placer: coleccionistas de parafernalia nazi, boxeadores judíos, barriobajeros sonados, asesinos daneses, fascistas ingleses de los años 30, aristócratas ridículos, mad doctors pichaflojas, eugenesia, enfermedades raras y apestosas, música atonal, futuristas italianos, insectos mutantes, cartas de Hitler, sexo raruno, lenguajes artificiales, casas del futuro del siglo XIX, humor inglés, instinto bruto. ¡Qué más puedo decir sin que los ojos aún me hagan chiribitas de gozo! Lástima que flojee un pelín en las últimas páginas, pero qué coño importa eso si hasta ahí el viaje es un gozoso festival de ideas locas, un guateque de referencias pOp, una fiesta ideal para los viejos lectores de este blog.



El sueño y el mito, de Javier Calvo

Interesante recopilación de ensayos sobre arte y literatura extraños, 16 en total, a cargo del escritor y traductor Javier Calvo publicados con anterioridad y de manera dispersa en revistas, web o incluso como prólogos. Reconozco que las antologías de no-ficción son una de mis debilidades, y aquí muchos de los temas son muy de mi agrado. Textos sobre Lovecraft, Cirlot, Alan Moore, Los Invisibles de Morrison, Aleister Crowley y la literatura de magia oscura, Colin Wilson, Doctor Who, arquitectura nazi, black metal o espiritismo que Javier Calvo despliega con pasión y conocimiento, e incluso resulta didáctico en temas como la magia oculta y el gnosticismo, que me atraen pese a mi escepticismo. Vamos, que lo he leído con mucho gusto e interés. De nuevo, intenté que el ritmo fuera de un capítulo diario.


La chica mecánica, de Paolo Bacigalupi

Excelente relato más o menos distópico en un futuro (siglo XXII) en el que el fin de los recursos energéticos derivados del petroleo, la guerra, las plagas y la enfermedad han convertido a las corporaciones transgénicas en el principal poder mundial. No hay variedades de arroz, por ejemplo, sino un único tipo, el U-Tex. Tiene el gran acierto de ambientarse en Tailandia, porque al futuro le sienta bien ser asiático más que occidental, una autarquía que se debate entre seguir cerrada o abrirseal exterior, con una lucha de poder entre el ministerio de comercio y el militarizado ministerio de medio ambiente. También hay piratas genéticos y neoseres, es decir, humanos o animales modificados genéticamente que los tailandeses ven como aberraciones a exterminar. Historia coral llena de intrigas y acción, de humedad, suciedad y violencia, lo cierto es que tras las 100 primeras páginas ya no pude soltarlo y lo devoré en muy pocos días. Un clásico de la ciencia ficción contemporánea.



La ciudad y la ciudad, de China Miéville

Impresionante. En principio, se trata de un relato policial entre la investigación detectivesca de un crimen y el thriller con ramificaciones políticas. Eso en principio, aunque lo realmente interesante es que sitúa la acción en dos ciudades que comparten el mismo espacio físico y donde sus habitantes han sido educados para no ver a los vecinos con los que comparten lugar pero no ciudad, a "desverlos", y evitar en todo lo posible cruzar las fronteras entre una y otra, "abrir una brecha". Es impresionante como Mieville hace suyo tan surreal punto de partida y consigue que el lector le acompañe. Curiosamente, aunque se pueden trazar multitud de metáforas ante esa situación (del muro de Berlín al Estado de Israel, pasando por cualquier lugar donde sus habitantes estén separados por razones étnicas o ideológicas) Mieville las desprecia para centrase en el relato policial de un crimen que pone en duda el sistema. Lectura muy recomendable y del todo fascinante.



La transmigración de Timothy Archer, de Philip K. Dick 
(Minotauro, 2012)

Primera relectura del año, en parte motivada porque es uno de los ejes de la segunda entrega de Gótico de Suburbia. Última novela escrita por Dick, me resulta tan extraña como hipnótica. Por un lado, un acto de lealtad a su amigo el polémico obispo Pike (el Archer del título) y por otro un cierre entre la ironía y el escepticismo a su obra y a su ciclo religioso final. En realidad, más que una novela de género fantástico o anticipación, es lo más cerca que estuvo de escribir una obra de base autobiográfíca, en clave contracultural y a la genuina manera Dick (si no tenemos en cuenta Confesiones de un artista de mierda, al fin y al cabo escrita a finales de los 50 pero publicada casi tres décadas después). Está llena de diálogos sobre temas metafísicos o religiosos (muy bien llevados) y también funciona como paisaje del Berkeley de los 70 y su fauna pintoresca (de la que él mismo formaba parte).



Nuestra señora de las tinieblas, de Fritz Leiber
(Pulp ediciones, 2002)

Otra relectura motivada por la misma razón que la anterior, y tras la cual sólo puedo decir que es una novela maravillosa que aún me ha gustado más que la primera vez. Lieber, un tipo pintoresco y un buen escritor de género, pasó un lustro borracho por la muerte de su esposa y acabó convirtiendo el paisaje urbano que veía por la ventana de su apartamento en la base de una de las novelas de terror más singulares jamás escrita. Enriquecida por la presencia de secundarios como Jack London, Ambrose Bierce, Dashiel Hammett o Clark Ashton Smith, entre mucho otros a los que se cita o menciona. No diré que es la precursora de ese tipo de pastiche (no olvidemos a Philip José Farmer), pero casi. Sus virtudes son enormes: es tan generosa en citas, guiños y referencias que daría para escribir un ensayo sobre ella, pero al mismo tiempo es una lectura sencilla y nada pretenciosa. Terror alimentado por libros malditos (reales o falsos) y novelitas pulp; por si fuera poco se saca de la manga el concepto de la megapolisomancia, es decir, magia negra que utiliza las arquitecturas urbanas contemporáneas.



Siempre hemos vivido en el castillo, de Shirley Jackson
(Minúscula, 2012)

Palabras mayores. Fantástica. Un genuino tesoro secreto (al menos para muchos, porque el rastro de su influencia es notable) que merece reivindicación entusiasta. Gótico sureño, lugareños ruines, agorafobia asesina y maldad infantil a medio camino entre el cuento de brujas y las mansiones con fantasma, todo envuelto en un punto de vista de siniestra inocencia. El primer párrafo es pura poesía maldita. El último es demoledor. Imprescindible para todo aficionado a lo malsano.



1914: de la paz a la guerra, de Margaret MacMillan
(Turner, 2013)

Fantástico y brillante libro de historia que empieza con la Exposición Universal de París de 1900 (un sueño de progreso) y acaba con el estallido definitivo de la Gran Guerra, tras la que el mundo ya no será el mismo. Disputas, alianzas, crisis entre imperios, gran descripción de las personalidades implicadas (y sus minucias), corrientes culturales. He disfrutado mucho la lectura y al final no podía soltarla, atrapado casi como si fuera una gran novela de intrigas que por desgracia no es. Muy recomendable y un ejemplo de como los libros de historia pueden ser una lectura apasionante. Por si no fuera suficiente con eso, he subrayado un montón de párrafos y marcado páginas porque es una de esas lecturas que me arrastran a investigar cosas o me regalan ideas sobre las que profundizar un poco más.



El terror, de Arthur Machen
(Alianza, 2004)

Machen, que ya era pionero y referente para el devenir futuro del género de terror, demostró de nuevo su condición de escritor adelantado a su tiempo con esta novela breve escrita mientras en Europa tenía lugar la 1ª Guerra Mundial. Por un lado, porque era una reacción a ésta y, de hecho, tiene muy claro que la atroz violencia de la contienda es un terror insuperable y el germen de todo mal. Por otro, porque esa revuelta atávica de las fuerzas de la naturaleza se avanza en décadas al terror ecológico que imperó en los 70. Y eso sin olvidar el estilo directo, objetivo y, en parte, periodístico con que retrata toda la serie de fenómenos extraños que describe, influenciado por el materialismo de la literatura espiritista de la época y un poco como haría Charles Fort muy poco después. Se lee en una tarde.

Otras lecturas en lo que llevo de 2014 de las que ya he hablado por aquí:
Los libros condenados, de Jacques Bergier
Manitú de Graham Masterton y La fortaleza de F. Paul Wilson
Librerías, de Jorge Carrión



13.7.14

PRESENCIA HUMANA EN EL GÓTICO DE SUBURBIA



Los amigos de Aristas Martínez, editores de mi ensayo Black Super Power, andan entregados a Presencia Humana Magazine, publicación trimestral que se define como revista de creación extraña. Bellamente editada, el tercer número salió a la venta hace apenas un mes con una fabulosa ilustración de portada firmada por Marta Bielsa, cuya obra no conocía y supone un gran descubrimiento. La entrega está dedicada a la editorial Salto de página e incluye relatos de Jon Bilbao, Matías Candeira, Luís Manuel Ruiz, F.G. Haghenbeck, Juan Carlos Márquez y Emilio Bueso. Me gusta mucho lo poco que le he leído a Bueso, así que he marcado entre mis prioridades hacerme con Extraños eones, antología de cuentos que le acaba de publicar Valdemar, y con la novela Esta noche arderá el cielo tras la efusiva recomendación de Antonio Torrubia de Gigamesh.



El tercer número se completa con las secciones habituales: un cómic de Ed (en el anterior era de Ana Galvañ, así que por ahí muestran un gusto exquisito) y un estupendo apartado de ensayos: Servando Rocha escribe sobre el poeta William Butler Yeats; Ángel Sucasas de Le Park de Bruce Bégout y Víctor Nubla de las performances de la organización Survival Reseach Laboratories. Junto a estos tres titanes mi presencia desluce un poco, pero bueno, ahí estoy desde este tercer número y ahí seguiré hasta que los responsables digan basta.


Mi aportación se cobijará bajo el título general de Gótico de Suburbia y se pretende una serie de artículos dedicados a dar una personal visión de algunos caminos abiertos por la fantasía, la ciencia-ficción, el terror o una variedad de híbridos extraños o inclasificables. Identificar miedos contemporáneos y rastrear precedentes en el pasado. En un principio Gótico de Suburbia iba a ser sólo mi primer artículo para Presencia Humana, pero cuando andaba apuntando su estructura me di cuenta que me iba a salir un ensayo que ocuparía toda la revista, así que decidí dejarme llevar por la ambición y extenderme todo lo necesario en sucesivas entregas. En esta primera entrega, Conjuros audiovisuales para abrir las puertas del infierno parto y amplío generosamente lo que escribí aquí mismo sobre Argento, Fulci, Inferno y El Más Allá: cine de terror abstracto en el que libros malditos abren portales al horror puro y malsano. Ahora mismo estoy dando acabado a la segunda, A través de un cristal oscuro: ficción de género, autobiografía y contracultura, donde a partiendo de El martillo cósmico de Robert Anton Wilson planteo un paralelismo imposible entre La transmigración de Timothy Archer de Philip K. Dick y Nuestra Señora de las Tinieblas de Fritz Lieber. En septiembre en sus manos, y ojo, que esto no ha hecho más que comenzar y estoy disfrutando con la lista de textos futuros.

 Por cierto, Aristas Martínez anda de campaña de oferta, así que más fácil no puede estar la cosa.

Fredric Brown y señora.

29.3.14

DOS DE GÉNERO: MANITÚ Y LA FORTALEZA

Por cuestiones diversas, entre la necesidad, el interés y la evasión, me puse con un par de lecturas menores un poco con la intención de dejar que los modos de la novela de terror sencilla y sin pretensión me impregnaran un poco. EN concreto: Manitú de Graham Masterton y La fortaleza de F. Paul Wilson.


Manitú no es gran cosa desde el punto de vista literario, esto es así y no ofrece mayor discusión. Prosa sin complicaciones, directa y sustentada en los diálogos siguiendo el molde del best-seller insustancial. A cambio, ofrece entretenimiento a raudales y como relato de terror fantástico es un inmenso delirio por el que es muy difícil no sentir simpatía, con sus hechiceros sioux resucitados, sesiones de espiritismo bizarro, el recurso del manitú de la tecnología y reputados cirujanos que se entregan felices a la versión de un charlatán que se gana la vida con el tarot.


Manitú tuvo una adaptación fílmica, protagonizada por Tony Curtis, tan loca y delirante como la novela (¡viva la fidelidad!). Aquí se estrenó con el creativo título de Regreso desde la quinta dimensión, filme loco que reverencio y sobre el que ya escribí en la prehistoria del blog.


Graham Masterton, que fue director del Penthouse británico, desplegó a partir de Manitú una prolija carrera de escritor centrada en el thriller, el terror y los manuales de sexología, acabó fusionando los dos últimos sin perder el espíritu alocado. Apenas publicado por aquí, Valdemar ha acudido al rescate con una antología que ardo en deseos de tener en mis manos: El hijo de la bestia y otros relatos de terror y sexo extravagante.



Respecto a mi otra lectura, La fortaleza de F. Paul Wilson, curiosamente muestra mayor ambición pero acaba siendo decepcionante. Durante la Segunda Guerra Mundial una compañía de soldados alemanes se instala en una extraña fortaleza en las montañas de Rumanía. El punto de partida es interesante y tiene cosas que están muy bien: nazis en Transilvania, zombis de las SS, dudas de un judío ante el efecto de la cruz en un ser sobrenatural, vínculos con Bram Stoker, guiños al Necronomicón y un inicialmente original tratamiento del vampirismo; pero según avanzaba en la lectura me iba resultado más árduo llegar hasta el final, que en su epílogo alcanza cimas de lo ridículo con pajaritos cantando mientras el héroe resucita por amor y happy end. Colofón vergonzoso para una novela que empieza muy bien y que cae sin remisión a partir del momento en que la historia se convierte en una lucha entre inmortales del Mal y el Bien, del Caos y el Orden, que es algo que casi siempre me tira para atrás.



Como Manitú, también tuvo su adaptación al cine, aquí conocida como El torreón (The Keep) y que sólo tuvo distribución en video. Dirigida Michael Mann en los principios de su carrera, justo antes de triunfar en televisión con Corrupción en Miami, era una serie bé de estética absolutamente ochentera llena de humos, neones, música de Tangerine Dream y reparto curioso (Scott Glenn, Gabriel Byrne, Ian McKellen). Que fuera bastante mejor que el material original resulta curioso porque desaprovechaba alguna de las pocas cosas buenas del libro: no hay ejército de zombis nazis (¡Imperdonable!) y cambiaba el aspecto del ente diabólico, que en la peli es una especie de Predator y en la novela un Nosferatu con melenas. Aún así, la recuerdo con bastante simpatía.


19.10.12

CRÓNICAS DE SITGES 2012 (XXIV): CITADEL



Antes de iniciarse la proyección de esta modesta película británica, primera de su director, éste comentó al público asistente un detalle que me parece fundamental: el protagonista sufre de agorafobia porque el mismo, víctima de una paliza en su infancia, la padeció durante años. Así que Citadel se alimentaba de dos cosas: su enfermedad y su pasión por el cine de terror. Piensen en ello: un director agorafóbico volcando sus miedos en una película de horror. Eso explica muy bien porque me sedujo tanto la atmósfera opresiva e irrespirable de esta película, por otro lado muy modesta y en la que intuyo, por otro lado, que serpentea algún tipo de mensaje e idea que no debería ser de mi agrado, pero que soy incapaz de localizar mientras disfruto de sus otras virtudes.
Citadel hace del extrarradio y el suburbio urbano un protagonista más. Barrios de bloque y aluminosis abandonados por la crisis, paisajes del derrumbe y el Apocalipsis contemporáneo. Soy muy fan de las arquitecturas del mal, del edificio maldito con vida propia. Como tema tiene diferentes variantes, pero en los últimos años detecto su presencia renovada en películas tan diferentes como La Horda o Attack the Block a las que habrá que sumar esta Citadel en la que un joven viudo agorafóbico lucha por defender a su bebé recien nacido del acoso de una banda de adolescentes encapuchados en un barrio desértico y abandonado de esos que también nosotros vemos por la ventanilla del tren de cercanías cuando nos alejamos del corazón de la urbe. La Arquitectura del Mal como motor de nuestros miedos de hoy, entre hipotecas y deshaucios.

Detecto en Citadel una actualización del viejo cuento del troll roba niños; también veo a Ballard porque es inevitable verle entre esos edificios de cemento gris y solitario; anda por ahí Cronenberg, en la capucha de la gabardina de esos adolescentes que emergen del edificio en cuanto se pone el sol, monstruos contemporáneos creados por el fin del bienestar; y también veo a Fulci porque hay algo seco en las grietas de las paredes, y porque sale un cura maldito y un niño ciego. Veo todas esas cosas y señalo Citadel como una peli a descubrir, llena de detalles pese a su modestia y a ese algo, ese pero, que por fortuna no puedo concretar.