4.8.08

ATAQUE!


El Brontok.JT.Worm se ha colado en mi sistema en un despiste de mi antivirus y el muy cabrón se resiste a morir cosa mala. Estoy perdiendo un tiempo precioso con la tontería pero me resisto a formatear. EN estos momento me dispongo a conectar neuronalmente con el interior del disco duro. Restaurar sistema desconectado. Si el virus pasa a mi cerebro probablemente sufra una embolia o algo parecido. Deséenme suerte.

3.8.08

VIDAS AJENAS (XXX)



Abelino Antunez era hijo de un alfarero salmantino adicto a la violencia doméstica. En 1979 Abelino fue objeto de abusos por parte del padre Jesús, un sacerdote que acostumbraba a llevar niños al monte para darles clase de guitarra y cantar versiones cristianas de Simon & Garfunkel o Bob Dylan. Es evidente que aquella tarde el padre Jesús hizo algo más que tocar la guitarra. Abelino, traumatizado por el suceso, regresó a casa más silencioso de lo habitual. Encendió el aparato de televisión. Daban Aplauso. La irrupción catódica de los Jackson Five con los compases de Blame it to the boogie cambió su vida para siempre. Abelino quedó especialmente fascinado por el infante de pelo afro, el más pequeño de aquella familia de negros estrafalarios poseídos por el ritmo. Notó que aquel niño cantante y él tenían algo en común. No sabía qué pero sin duda era muy intenso. A partir de entonces dedicó su vida a seguir, con devoción, la carrera de su ídolo: Michael Jackson. Disfrutó, abducido, de la carrera y el éxito de aquel muchacho de color y de sus provocativas coreografías, que imitaba en la soledad de su habitación. Se vestió como él, hizo el zombi por las calles de Salamanca, ahorró para poder viajar por toda Europa cuando la estrella salía de gira y sufrió en carne propia el inicio de la decadencia de su ídolo. Aquel declive mediático comenzaba a hacer mella en Abelino cuando un indigno documental dio un nuevo impulso su vida. Vio como Michael dilapidaba fortunas comprando carísimos y enormes jarrones de porcelana. Abelino se encerró en el taller de su difunto padre y aplicó artesanales conocimientos de alfarería en la manufactura de un enorme botijo de tres metros de alto y dos toneladas de peso. Desgraciadamente, las posibilidades de que Michael pasara por Salamanca eran escasas. Abelino esperó y esperó hasta que, harto de la espera, vendió su casa e invirtió la escasa herencia familiar en costear el complicado transporte de su obra, en la que había volcado todo su amor, hasta la residencia de Jackson. Una vez a las puertas de Neverland, el astro se negó a recibirle, así que de nuevo esperó y esperó hasta que por fin su ídolo se dignó a salir para contemplar aquel enorme botijo. Michael Jacson dedicó unos breves instantes a mirar con despreció la monumental artesanía y ordenó a un par de guardaespaldas que tomaran unas mazas e hicieran añicos el botijo. Aquello hundió a Abelino, que fue detenido, maltratado y expulsado de EEUU metido a la fuerza en un vuelo directo a Barcelona. En el viaje de regreso decidió que un día regresaría a California para asesinar al cantante, por quien ahora sentía un odio intenso. Desgraciadamente, estaba en la ruina, sin casa ni dinero, y el estado de dejadez física y mental le llevó a vivir como un pordiosero mendigando por las calles de la Barcelona, una ciudad que le resultaba especialmente ingrata. Pasaba los días fabricando pequeñas esculturas con latas usadas que vendía a los turistas. Pronto se dio cuenta que jamás reuniría el dinero necesario para poder llevar a cabo su plan. Deprimido y al borde del suicido deambuló por las calles de la Ciudad Condal hasta que, llegando al final de las Ramblas, escuchó los compases de Billy Jean. Atraído de manera hipnótica por la música, se abrió paso entre una muchedumbre de turistas que aplaudía a un doble de Michael Jackson. Lo hacía muy bien pero eso no impidió que Abelino le mirara con un odio asesino. Contempló poseído por un extraño éxtasis de rabia toda la representación. Aguardó mientras el clon recogía las ganancias y le siguió hasta su casa. En el momento en que la víctima entraba en su domicilio, Abelino irrumpió con una violencia inusitada en el portal, agarró el cuello del imitador con sus gruesas manos de alfarero salmantino y apretó con fuerza hasta darle muerte por asfixia. Observando aquel cadáver tendido en el suelo, aun disfrazado de su antiguo ídolo, notó una liberación imposible de describir con palabras. Un subidón maravilloso. Por primera vez en su vida Abelino supo lo que era la felicidad. Al día siguiente, liberado de su pasado, regresó a las Ramblas y, para su sorpresa, otro doble de Michael Jackson había tomado el lugar del anterior. Sonrió feliz y esperó de nuevo ilusionado al final del espectáculo callejero. Las Ramblas han resultado ser una mina inagotable de sensaciones. Da igual a cuántos mate; al día siguiente siempre hay alguien dispuesto a sacarse unos euros imitando a Michael Jackson rodeado de turistas. “Habrá quien piense que me he conformado con la copia en vez de acudir al original, quizá sea cierto, pero he descubierto que la copia tiene algo especial, algo que la hace mejor. Ningún imitador de Michael Jackson muere de la misma manera que el anterior. Percibo temblores diferentes en cada uno de ellos y estoy seguro que asesinar al original no me produciría el mismo placer, sería como volver atrás, sin ese plus de novedad que me da la evolución natural de la cultura popular” Este es el mensaje que Abelino me ha pedido transmitir a los internautas de habla hispana.

1.8.08

SOY DRÁCULA


Horror of Dracula, primera incursión de la Hammer en el mito de Drácula, cumple cincuenta años. El éxito llevó a una jugosa saga explotativa que deparó grandes títulos del cine de terror y también decadentes y jugosas entregas de derribo pop que es mi deber reivindicar. Repasando viejos Vampus topé con una entrevista a Christopher Lee extraída de una revista dedicada al ocultismo: Le Grand-Albert. He decidido publicarla aquí sobre todo porque el actor hace ya décadas que no quiere saber nada del príncipe vampiro que encarnó en siete ocasiones. La fobia hacia el personaje que le hizo famoso en el mundo entero es extrema: no firma autógrafos en fotos donde aparezca ataviado de Drácula, no da su beneplácito a los textos que profundizan en esa etapa de su carrera (y pobre de tí que le pongas en esa guisa en portada), no acude a festivales y homenajes sin el compromiso firme de que no se van a ver esas películas y abandona ruedas de prensa y entrevistas si alguien le menta al transilvano. Es por eso que una entrevista, de principios de los 70, centrada precisamente en su encarnación del personaje es, hoy, una rareza.


— Siempre he sido consciente del magnetismo, de la fuerza oculta de Drácula, en los quince años que llevo encarnándolo — dice Christopher Lee — Es el menos perecedero de los mitos. ¿Por qué? Porque, al contrario de otros muchos mitos que se descubren vacíos si uno trata de profundizar en ellos, el Rey de los Vampiros sigue siendo misterioso. Lo que en él se sugiere de humano es tan potente como lo que se sugiere de metafísico o demoníaco. El espanto, que en Drácula adquiere una consistencia física, sigue siendo para nosotros lo bastante insondable como para que nos sensibilice respecto a lo oculto. Es esta ambivalencia: hombre-demonio, lo que mantiene todavía la potencia del personaje de Bram Stoker, discípulo de Poe, aún en tiempos de ordenadores.

Luego, Christopher Lee añade, sonriendo, con un brillo humorístico en sus ojos:
—Y, ¿ha pensado alguna vez en que Drácula no envejece, que es el mas joven de los mitos? En nuestra época, su faceta atemporal es uno de sus atributos principales.

Mientras pronunciaba estas palabras, me podía dar cuenta de que, al igual que el inquietante personaje de Stoker, Christopher Lee no parece afectado por el paso del tiempo. Este inglés tiene más de cincuenta años, se expresa perfectamente en seis idiomas y conserva la elegancia de un caballero que practica todos los deportes. Por otra parte, su refinado trato no deja de recordar al del Príncipe de las Tinieblas que sabe interpretar tan bien, y que era compartido por el primer Dracula: Bela Lugosi. Tras más de un centenar largo de películas, Lee, que habita en una mansión principesca en Chelsea («¿qué menos se merece el Rey de los Vampiros?», me dice), se ha visto consagrado como el mejor intérprete británico de personajes terroríficos, ya que también ha sido Fu-Manchú, la Momia y el monstruo de Frankenstein, además de otros personajes de menor importancia. Por otra parte, Lee se ha convertido en el símbolo de una floreciente industria cinematográfica, primero con la Hammer, creadora del renacer de los mitos del terror cinematográfico, y recientemente con su propia productora.


Viéndolo perpetrar sangrientos crímenes en la pantalla, muchos espectadores deben de haberse preguntado: ¿Quién es Christopher Lee? ¿Qué se oculta tras ese rostro impasible? Hoy el mismo Lee nos responde:

— Antes de personificar a Drácula, ¿se había dado cuenta de que algunas potencias ocultas, benéficas o maléficas, pueden regir nuestro destino?

— Si. Sobre todo durante la guerra, en la que fui piloto de la RAF durante cinco años. No puede uno salir con vida de una aventura como esa sin creer en alguna protección misteriosa del destino.

— ¿Cómo llegó a encarnar a Drácula?

— Gracias a un primer paso por Frankenstein. El director Terence Fisher quería un actor que diese una sensación de horror, de insólito, solo con su mímica, con su forma de caminar. Me ejercité en mostrarme impasible y logré, un día, mantenerme durante ocho horas totalmente inmóvil, con los ojos abiertos de par en par. Después, aprendí a caminar como un autómata y llegué a hacerlo por la calle, asustando a los peatones.

— ¿Y qué tal es su trabajo en los estudios?

— A menudo me dicen: « ¡lo que se debe divertir haciendo de Drácula, chupándo la sangre a chicas bonitas, en castillos de cartón piedra! » Eso me molesta mucho. Los personajes de terror, y Drácula en especial, son muy difíciles de representar porque se salen de lo común. Y Terence Fisher, como antes hizo Murnau, realizador del clásico Nosferatu, exige una gran seriedad en el plató. En los momentos más intensos de la acción todo el mundo debe responder. El plató se convierte en una realidad onírica. No se puede actuar en broma. Sin embargo, un día la atmósfera estaba tan tensa en el estudio, en el rodaje de una de tantas cintas de Drácula, que entoné un aria de ópera (también soy cantante) en la oreja de mi compañero Peter Cushing. Se quedó helado y luego estalló en carcajadas. Uno de los pocos momentos en los que me he tomado a broma un rodaje.


— ¿Resulta habitual entre sus colegas esa identificación con los personajes que interpretan?

— Desde luego existe en todos los actores de valía. Sobre todo las actrices jóvenes, que en general son excelentes, reaccionan de un modo muy eficaz ante la atmósfera "draculiana" que las inspira y llega a aterrorizar de verdad, al menos durante el rodaje. En cuanto a Cushing y Vincent Price, mis principales rivales en la pantalla (a pesar de que son amigos míos en la vida real), trabajan con una gran seriedad. Por lo que se refiere al legendario Bela Lugosi... ya sabrá lo que le pasó: por haber hecho tantas veces de Drácula en la pantalla acabó por creerse el mismo Rey de los Vampiros. Vivía en un extraño mundo de ritos y drogas, relacionado con lo sobrenatural y víctima, de algún modo, de la maldición de Drácula.

— Sí, incluso se ha llegado a decir que Lugosi quiso ser enterrado envuelto en la capa con la que interpretó al legendario conde. Pero, ¿Sufre usted de la maldición de Drácula?

— Digamos que noto su potencia y que le tengo respeto. Es cierto que Lugosi enloqueció, pero le puedo asegurar también que, por su parte, Boris Karloff, a quien conocí muy bien y que ha sido el más famoso intérprete de monstruos de la pantalla, fue el perfecto tipo de caballero inglés.


—Pasemos a otra tema: ¿le resulta difícil ser Drácula en lo físico, en lo que se refiere a sus rasgos?

— Mucho. Pero aun más en el plano mental, por curioso que esto parezca, ya que Drácula es una transición entre lo oculto y lo material. Se trata de lograr que resulte creíble. Un Drácula verdadero sugiere que transporta con él toda la potencia de las Tinieblas. Y se halla en un estado de catalepsia activa, lo cual debe de ser sugerido por su mirada, por su expresión. Además está el maquillaje: a menudo los cristales de contacto rojos que llevo en los ojos me hacen daño, y me molestan los largos colmillos, la repugnante espuma que se me forma en las comisuras de los labios. Por otra parte, al encarnar a Drácula me he debido chapotear en un lago helado, en pleno invierno, y estuve a punto de ahogarme; en otra ocasión casi me destrocé los músculos dorsales a base de llevar en brazos a una de mis bellas víctimas durante interminables horas. En mis representaciones de toda una serie de monstruos me han estrangulado, golpeado, amoratado, quemado, herido, vuelto a herir... estuvieron a punto de cortarme un dedo de verdad y hubo que darme varios puntos de sutura!

— ¿Así pues, es difícil ser monstruo?

— Mucho. Pero lo más difícil fue cuando tuve que personificar a la Momia en La Maldición de la Momia; estaba totalmente envuelto con vendas, cubierto de barro y yeso, y con sólo unos pequeños agujeros en los ojos y en las orejas, estos últimos para oír las indicaciones de Terence Fisher. Así vendado y repulsivamente pegajoso he sufrido mucho más que como Drácula, el monstruo de Frankenstein o Fu-Manchú. A menudo me he visto obligado a permanecer durante horas en un rincón del rodaje, rígido, solo logrando mantenerme tranquilo dejando que la propia fuerza magnética de mi personaje se apoderase de mí.


— ¿Cree que, por ejemplo, Drácula forma parte de ese gusto visceral por el miedo que el hombre siempre ha testimoniado?

— Creo que si. El hombre tiene siempre necesidad de fábulas monstruosas para demostrarse a sí mismo que es mejor que aquello que le cuentan. Es en este sentido en el que yo interpreto al Rey de los Vampiros, sabiendo lo que el público espera de él. Y, además, creo que en Gran Bretaña es donde Drácula goza de toda su fuerza, a pesar de que la gente corra a ver sus películas en todo el mundo.


— Para concluir, ¿Cree que Drácula es un mito nefasto o que, por el contrario, resulta saludable para las masas?

— Le responderé que, en tanto que mito, Drácula se iguala a la poesía en lo que de violentamente atractivo tiene ésta. Y ya se sabe que existe una regla: uno no puede juzgar a la poesía ni decir si es cuerda o demente. Drácula se beneficia también de esta indulgencia tácita. A él se le reconoce un derecho fabuloso, mágico: el de aterrorizarnos impunemente. Su comportamiento, que es muy discutible, es siempre castigado, la mayor parte de veces con una estaca en el pecho. No importa que el Genio del Mal regrese siempre. En cada ocasión será vencido en el momento adecuado para tranquilizar a las buenas conciencias. Y, aunque tenga el encanto de los "ángeles caídos", de los seres de ultratumba, siempre se puede sentir repugnancia y pavor ante sus actos. Indica las fronteras que no podemos franquear, a riesgo de sufrir una maldición. Por otra parte, ¿ha encontrado usted a muchas personas que, en su vida cotidiana, deseasen parecerse a los monstruos que los cautivan en la pantalla? ¿Hombres o mujeres que quisieran ser como Drácula?

— Pues no, a ninguno. Y, sin embargo, tendrá que estar de acuerdo conmigo en que el vampirismo ha existido, y que aun sigue existiendo. La Historia de la Criminología y algunos hechos recientes nos lo confirman. ¿Cuál sería la actitud de Christopher Lee ante un verdadero vampiro?

Christopher Lee estalla en una carcajada.
— ¡Ah! Trataría de comportarme con él o ella con tanto tacto y comprensión como el famoso Conde transilvano mostraba hacia sus congéneres.

LE CAUCHEMAR DE DRACULA

31.7.08

EL QUESO ATÓMICO

La última y fascinante aplicación vintage de la radioactividad a la que llego. Hemos visto por aquí supositorios radioactivos, vajillas que brillan en la oscuridad (y en nuestros labios), cosméticos de todo tipo... pero esto... esto... la utilidad del radio como conservante de alimentos llevo a aplicarlo... ¡En el queso Camembert! La marca Le Radium garantizaba que el camembert había sido tratado radioactivamente, y para que no hubiera ninguna duda así lo dibujaba en todos sus quesos. Fíjense en el imparable doble flujo de rayos atómicos sobre toda la producción (y sobre la señora quesera). Desconocemos las mutaciones que el consumo compulsivo de queso camembert radioactivo produjo en la Francia de principios de siglo. Fuente.

30.7.08

LA VERDADERA HISTORIA DEL POP - CAPÍTULO 23


Una de las películas favoritas de Adolf Hitler era King Kong. El Führer no se cansaba de ella. Se pasó días hablando de la película del monstruo después de que fuera proyectada por primera vez en la cancillería (le gustaba ver una película cada noche si era posible). Junto a Blancanieves y los Siete Enanitos, otra de sus favoritas, King Kong ocupaba un lugar de honor en el panteón cinematográfico de Hitler.
(...)
Una de las obsesiones duraderas de Hitler de Hitler tiene una interesante resonancia con una nueva forma popular de la iconografía monstruosa presentada durante los primeros años de la segunda guerra mundial. Según el psicobiografo Robert G.L. Waite: "A Hitler le fascinaban los lobos. " (...) Waite cita otros numerosos ejemplos del fetiche de Hitler por las transformaciones lupinas (...) llamar a la fábrica de Volkswagen “Wolfsburg”, identificarse a sí mismo como “Director Wolf” cuando llamaba por teléfono a Winifred Wagner y su permanente estima por la canción de Disney “¿Quién teme al Lobo Feroz?”, que le gustaba silbar.
Fragamento de Monster Show de David Skal (Valdemar, 2008)

Who's afraid of the big bad wolf
Big bad wolf, big bad wolf?
Who's afraid of the big bad wolf?
Tra la la la la
Estribillo original del clásico de Disney, obra de Frank Churchill


Frank Churchill fue el compositor de la canción ¿Quién teme al lobo feroz?, que cantaban los tres cerditos en el clásico Three Little Pigs de 1933. La película se llevó un oscar al mejor corto al año siguiente, y la canción se sigue grabando y versionando aún hoy en día. ¿Quién teme al lobo feroz? fue una de los temas pop de moda, en boca de todos, durante La Gran Depresión. La crisis era el lobo, aunque otro, el Wolfen SS, estaba se estaba desperezando en Europa (junto al licántropo de la Universal). El éxito popular de la canción, pegadiza y con inesperado doble sentido económico y social, fue lo que decidió a Disney para dar un papel principal a las canciones en sus siguientes películas.


Frank Churchill repitió, pues, en el primer largometraje de la casa: Blancanieves y los siete enanitos, y se sacó de la manga un nuevo clásico instantáneo: Silbando al trabajar, otra canción a la que sacar punta social, en este caso laboral y en cadena.




Silbando al trabajar
cualquier quehacer
es un placer
si se hace sin pensar.

No deja de ser perverso que Hitler, ultrafan de Disney, silbara ¿Quién teme al lobo feroz? mientras los enanitos de su película favorita silbaban felices al trabajo enajenante. Goebbels lo vio claro: como no podía luchar contra el jazz y el swing, hizo suya la música pop de la época e impulsó la carrera del crooner nazi Karl Schwedler transmutado en Charlie and His Orchestra. En archive.org pueden descargarse su grandes éxitos, que incluye, lógicamente, su propia versión de Who’s Afraid of the The Big Bad Wolf?, con la letra alterada en clave de propaganda nazi sin innecesarios los dobles sentidos. El Tercer Reich nunca fue sutil. Los supervillanos tampoco. Les dejo un tutbo con el tema.


Por su parte, Frank Churchill alegró a los niños de la retaguardia aliada con las canciones de Dumbo, una de las cuales, Baby Mine, reportó a Disney un Oscar a la mejor canción. La carrera del compositor continuó con éxitos como Peter Pan o su póstuma Bambi. El 14 de mayo de 1942, poco antes del estreno de un largometraje animado para niños en el que se mataba a la madre del protagonista en los primeros minutos, Frank Churchill tomó una pistola y se pegó un tiro sentado en su piano. El hombre que silbaba al trabajo esparció sus sesos encima del utensilio que utilizaba para trabajar. No hay datos ni testimonios al respecto, pero es posible que Hitler llorara la pérdida de su compositor favorito (con permiso deWagner). Bambi, por su parte, tardaría un par de décadas en morir aplastado por un primo lejano de King Kong, Godzilla, un hijo de la bomba atómica cuyo estreno en sociedad liquidó la última guerra mundial de la que nos hemos enterado.

Yo voy a construir
mi casa como veis
de paja es
y soy muy feliz
tocando mi flautín.
(Fragmento de la versión española de ¿Quién teme al Lobo Feroz?)


Nota: parte del texto (la historia de Frank Churchill) se basa en un viejo correo de Javier Pérez Andújar a la lista de correo Brutta.

LOS AGRESIVOS MUTANTES DEL SIDA QUE PERTURBARÁN NUESTRO FUTURO

El fumetti ítaliano de erotismo y horror nunca dejará de sorprenderme. Es una feliz noticia: saber de la existencia de un infondable foso de pop de derribo que nunca se agota. Petroleo ilimitado para quien sienta fascinación por la violencia gratuita presta a ser distribuida, a bajo precio, en quioscos de pipas y cacahuetes. La última viñeta-idea burra que me ha dejado boquiabierto viene, por enésima vez, de The Groovy Age of Horror, blog que tanto hace por la viñeta eurotrash (y tanto me inspira). Hace sólo un par de días sacaba a la luz Amerika 2000, colección de fumetti que imaginaba, desde los 80s, el terror a 20 años vista, es decir, nuestro futuro. ¿Y qué hay en nuestro futuro? ¿Qué tenemos hoy? Sidosos caníbales habitando las alcantarillas y zampándose, con violencia, a quien por allí pasa. No hay que olvidar que en los 80s era, precisamente, cuando la existencia y extensión del sida, la enfermedad infecciosa de mayor impacto en la cultura pop del cambio de milenio, salía a la luz pública. Y el tebeo italiano no se andaba con tonterías a la hora de llevar los miedos de la sociedad borderline a sus límites más inconfesables e instintivos.


Tampoco hay que olvidar la existencia de una cabecera como Amerika 2000, que como se dice en la entrada enlazada, imaginaba el futuro que nos aguardaba de inmediato, aunque con la vista puesta al otro lado del Atlántico. Es cierto que la explotación mediterránea siempre ha huido del contexto cercano para acudir a los Estados Unidos en un intento de colar gato por liebre: si decimos que pasa en los EEUU, algún incrédulo pensará que está hecho allá, y todo el mundo sabe que lo usaca es mejor. Bueno mejor... que es más. Y si el futuro es chungo, el usaca es peor y antecede unos minutos el nuestro. El sueño americano es nuestro sueño, pero a diferencia de los 50s y su retrofuturo, las visiones del futuro en la viñeta eurotrash es chungofuturo, con los infectados de SIDA convertidos en zombis caníbales. Y con el Ku Klux Klan a lo suyo con mujeres desnudas porque hay cosas para las que nunca pasa el tiempo.


Por cierto, aprovecho para recomendar este fantástico texto de Curt Purcell sobre la Vampirella de Pepe González, donde recuerda la importancia icónica del traje de la vampira del planeta Drakulón, posiblemente el mejor vestido femenino de la historia del cómic, pero dejando bien claro que si Vampirella es un icono pOp de la subcultura de derribo es gracias al dibujante español de Selecciones Ilustradas.


Y si tienen ganas de más, que no lo dudo, pueden disfrutar de esta galería de Cuentos Prohibidos que ha subido Mundo Bocado, buena muestra de las reivindicables adaptaciones eróticas de los cuentos tradicionales que tanto proliferaron en el fumeti para adultos y que tuvo en la Blancanieves de Frollo su máximo exponente.

29.7.08

WE WANT THE AIRWAVES #12/08






Cinder & Ashe de Gerry Conway y Jose Luís Garcia López (Planeta)
Planeta recuperó hace unos meses una entretenida serie limitada policíaca de finales de los 80. De hecho, la vieja edición de Zinco (que no recordaba más allá de la idea de que “no estaba mal”) es de hace justo 20 años. Cinder & Ashe tiene tras de sí dos honestos y estupendos profesionales del tebeo norteamericano de grapa: el guionista Gerry Conway y el dibujante José Luís Garcia López, ambos incapaces de entregar un mal trabajo. También es un claro anticipo del sello Vértigo de DC (y su búsqueda de un lector más adulto). Thriller trepidante, violento, canónico, de aromas setenteros y ambientado en Nueva Orleans, su estructura en flashbacks es la mar de eficiente. La Guerra de Vietnam es el pasado que regresa para acosar a la pareja protagonista: un antiguo veterano del conflicto y la niña nativa, ahora ya en edad de merecer, que adoptó, ambos metidos en tareas de investigadores privados más que aptos para la acción. Una de las cosas que más me ha sorprendido es la violencia. Hay, por ejemplo, una agresión sexual explícita, tan difícil de ver en los comic books de los 80 como en la actualidad. Respecto a la nueva edición, en un único volumen, no me acaba de convencer que sea en blanco y negro. Es cierto que los dibujos de García López, maestro en su estilo realista, lucen igual o mejor, pero creo que el color de fondo de los cuadros de texto, con narración en primera persona, tenían cierta importancia narrativa. Ojo: tampoco es que afecte demasiado. Un buen tebeo.

El Testimonio de Etienne Davodeau (Ponent Mon)
Me gusta Davodeau, y eso que lo primero que leí, el aclamado La Mala Gente, una historia de sindicalismo rural autobiográfica, me pare pareció en exceso localista, difícil para el lector no francés. Pero insistí con Caida de Bici, que me encantó, y Ha Muerto un Hombre, la verídica historia del rodaje de un documental sobre las huelgas del puerto de Brest en los 50s (todo estupendamente editado por Ponent Mon). El Testimonio llega en cuarto lugar pero es anterior. Se esboza rápido de qué va: lo que entendemos por road movie (aquí tebeo) con cierto componente social (tanto ideológico como por su ambientación rural). Los temas de Davodeau ya estaban, pues, presentes en este álbum de 1996, aunque aquí se amolden al cómic de género, un thriller en el que un joven huye de la mafia local. Lo mejor, sin duda, es la aparición de un jubilado lleno de recursos (y secretos) que se adueña de la función. Un buen álbum. Les recuerdo que fue el inicio de una cadena sincrónica, por cierto.

Río Abajo de Rabaté (Norma)
Palabras mayores. Uno de los tebeos que más me han gustado de los que llevo leídos este año. Rabaté ya me gustó mucho en su adaptación del Ibicus de Alexis Tolstoi (que editó Glénat y se puede encontrar saldados los cuatro volúmenes). Aquí cambia de estilo y de tono, pero joder, es que es glorioso. Tanto que deberían descubrirlo ustedes mismos y dejarme yo de zarandajas; tan sólo un apunte: la vida de un viudo jubilado se limita a la tranquila rutina de la pesca diaria hasta que, por diversas razones, emprende un viaje iniciático en el que no falta el sexo, las drogas y el rock and roll. El resultado es una lectura de un vitalismo arrollador y vitamínico, de un optimismo catárquico. Vamos, una joya. Imprescindible.

La Trilogía Americana de James Sturm (La Cúpula)
Con poco tiempo de diferencia La Cúpula ha publicado una trilogía con ecos de prestigio al otro lado del Atlántico, obra del independiente James Sturm, que da una visión subterránea de la historia de los Estados Unidos a través de hechos locales, aparentemente pequeñitos, pero tan poco conocidos como reveladores. La trilogía se ha convertido aquí en dos volúmenes, ya que el primer volumen editado por La Cúpula, Encima y Debajo, reúne dos de las tres historias: El Renacimiento, sobre peregrinos cristianos en busca de un milagro imposible (con un tono que me recuerda al imprescindible Chester Brown de Louis Riel) como ejemplo de la importancia del cristianismo evangelista (fe y charlatanería) en la fundación de los EEUU; y A cientos de Pies bajo la luz del día, un violento retrato de la fiebre del oro, la codicia, la desconfianza y el genocidio de otras etnias también emigrantes. Retazos crudos que explican, desde el pasado, los inquietantes cimientos históricos de la cuna de la Sociedad Borderline. La tercera pata de la trilogía es El Asombroso Swing del Gólem, y sí, va de judíos y de béisbol, pero no se preocupen por lo segundo, lo que se narra es la historia de un equipo ambulante de béisbol formado exclusivamente por jugadores judíos que recorren la Amèrica profunda, siempre en campo contrario, convertidos en espectáculo de feria al que insultar desde las gradas. La tercera pata, el tercer cimiento, es la exhibición del freak como entretenimiento popular. Como ven, de nuevo un pequeño y olvidado rescoldo subterráneo de la verdadera historia. Muy Recomendables.

Emigrantes de Shaun Tan (Barbara Fiore Editora)
Multipremiado tebeo mudo, es decir, sin palabras, enteramente visual, es sin un duda buena e interesante lectura aunque tampoco veo claro tanto reconocimiento, es decir, tanto premio. El hiperrealismo extremo en tono sepia del australiano Shaun Tan tiene un algo que me recuerda al genial Ops (aunque no duden de mí, me quedo con el segundo de largo, por otro lado bien diferente). Emigrantes deja bastante claro en su título de qué va: una historia de emigrantes por necesidad que abandonan tierra y familia para ganarse la vida en lugares y culturas lejanas y diferentes. Soledad en un mundo diferente. Forastero en tierra extraña. El tono es absolutamente capriano, pero la gracia está en la ambientación de fantasía y ciencia ficción, además del absoluto dominio de la narrativa exclusivamente visual de la que hace gala el autor. Hay pasajes ciertamente mágicos, toques de hiperrealismo surreal en la descripción de animales, culturas y arquitecturas sorprendentes, y muy buenas intenciones. Interesante.

Nota: esta entrada es una generosa variación del guión para Cabaret Elèctric emitido el pasado 10 de junio y cuyo mp3 se puede descargar aquí.

PASIÓN POR LA RADIO AUSENTE

carrusel de pasión

Este mediodía me han entrevistado para un programa de Radio 3 de RNE: Hoy Empieza Todo. Por lo que me han comentado, los cortes se emitirán en la edición de mañana. El programa, diario y estival, es de 13:00 a 14:00. Intentaré conseguir el audio, pero los fans ausentes que se den por avisados. Por cierto, hoy he estado escuchando un rato el programa y no está nada mal. Han hecho una selección musical bastante jugosa con el leit-motiv del Sputnick, la carrera espacial y un icono pop tan reivindicable como el austronauta. Como ven, material ausente.

EL BALLARD ESPAÑOL



La genial analogía Ballard/Paco Costas la realizó ayer Don Lindyhomer, con el asentimineto de Don Raúl Minchinela y para asombro del Señor Hijo Tonto y quien esto escribe. Lo cierto es que la reiterada imagen del coche estrellandose ante el pedrusco es una de las más impactantes de la historia catódica de España. Crash.