8.8.08
6.8.08
JUEGOS DE VERANO: WEREWOLF
Juego de tablero aparecido en los magazines de horror de la Warren a finales de 1973. Se acredita al guionista Bill Dubay, y aunque del apartado gráfico nada se dice, yo diría que el estilo es el del gran Bernie Wrightson. Si alguien se anima a traducir las reglas o resumirlas le estaremos eternamente agradecidos.
5.8.08
4.8.08
HISTORIAS DE LA TELE
"Fue un escándalo maravilloso. Grundy arruinó su carrera él solito, no fui yo. Cuando nos pidieron que saliéramos en el programa estábamos ensayando para la gira de Anarchy in the U.K. EMI organizó una entrevista en Today, un programa de frivolidades y conversaciones insustanciales que se veía en todo el país. Ni siquiera sabíamos que iba a ser en directo. La ITV envió una limusina para recogernos. EN el coche había bebidas y en la sala de recepción aún más. La cadena tenía una sala de espera que en realidad era una excusa para que la gente saliera a escena bien cocida. Allí es donde conocimos a Bill Grundy.John Lydon (Johnny Rotten)
Grundy estaba borracho como una cuba cuando llegamos. Venían con nosotros Soiouxsie y el Contingente de Bromley. Estuvimos allí durante al menos una hora. Grundy empezó a entrarle a las chicas, sobre todo a Sioux. Se comportó como un auténtico cerdo salido. Más o menos nos vino a decir que éramos escoria inmunda., que lo único que valía la pena eran las putillas que iban con nosotros y para un polvo y nada más. Se le notaba a la legua y no nos hizo ninguna gracia. Desde el momento en que la primera frase era un ataque contra nosotros, decidimos darle caña. Yo empecé diciendo algo entre dientes y Grundy preguntó: “¿Qué has dicho?”. Entonces Steve respondió y Grundy lo dejó. No tenían ni idea de en qué se estaban metiendo. O quizá sí. Bill Grundy era un alcohólico profesional. Su comportamiento en la sala de “espera” fue horrible. Nos hizo sentir como si fuéramos basura. Seguramente el director y el productor lo sabían. Seguramente lo vieron venir y era lo que querían que saliera, pero no estaban preparados para lo que se les vino encima. Pensaban que nos amedrentaríamos. Les soltamos todas las obscenidades posibles. “Eres un capullo asqueroso. Maldito hijo de puta de mierda”. Algo así. Una programación perfecta para las seis y media de la tarde, justo después de las noticias. Fue genial leer en los periódicos del día siguiente que un hombre de Liverpool le dio una patada a la televisión asqueado por lo que había visto y que quería demandar a la cadena. A la prensa le encantó. No mucho después despidieron a Bill Grundy, pero creo que lo iban a echar de todas maneras. Antes de morir estuvo haciendo programas móviles de televisión en sitios como Yorkshire o Lancashire, las llamadas rutas de los pubs: caminar por los páramos en busca de una pinta de cerveza."
Fui yo el que empezó el altercado en el programa de Grundy. Estábamos en Candem ensayando para la gira de Anarchy in the UK con los Clash y los Heartbreakers. Estábamos haciendo el tonto en el escenario cuando vino la gente de EMI con una gran limusina y dijeron: “venid a la tele, porque iban a entrevistar a Queen y no han podido. Tenéis que ir vosotros”. La BBC nos metió en una pequeña sala de espera llena de bebida. Para calmar los nervios me bebí tres botellas de de vino Blue Nun. De repente me vi caminando hacia el plató, completamente borracho y mosqueado. Pensaba que Grundy iba a hablar de nuestra gira, pero enseguida se vio que lo único que quería era que pareciésemos idiotas. Siouxsie le dijo a Grundy que siempre había querido conocerle y creo que lo decía en serio. Grundy le dijo: “Nos vemos después del programa”. Se estaba comportando como un viejo salido, así que empecé a insultarle. La verdad es que John había dicho “mierda” pero nadie lo había oído. Entonces empecé a decir “a la mierda esto” y “a la mierda lo otro”. Pensaba que ponían un pitido cuando soltabas un taco en televisión. Es lo habitual, no entiendo por qué no lo hicieron aquel día. Quizá alguien decidió que saliera todo. Fue increíble. Pero no tuve ningún reparo en mandar a aquel tío donde se merecía. Al acabar nos metimos enseguida en la limusina y nos largamos. Recuerdo que alguien dijo: “¡Los teléfonos no paran de sonar! Todo el mundo está llamando histérico”.Steve Jones
"Grundy se encontró con un problema: nosotros. Era una época emocionante."Paul Cook
Fragmentos de Rotten: no irish, no blacks, no dogs, la divertida autobiografía de John Lydon (Acuarela, 2007)
ATAQUE!

El Brontok.JT.Worm se ha colado en mi sistema en un despiste de mi antivirus y el muy cabrón se resiste a morir cosa mala. Estoy perdiendo un tiempo precioso con la tontería pero me resisto a formatear. EN estos momento me dispongo a conectar neuronalmente con el interior del disco duro. Restaurar sistema desconectado. Si el virus pasa a mi cerebro probablemente sufra una embolia o algo parecido. Deséenme suerte.
3.8.08
VIDAS AJENAS (XXX)
Abelino Antunez era hijo de un alfarero salmantino adicto a la violencia doméstica. En 1979 Abelino fue objeto de abusos por parte del padre Jesús, un sacerdote que acostumbraba a llevar niños al monte para darles clase de guitarra y cantar versiones cristianas de Simon & Garfunkel o Bob Dylan. Es evidente que aquella tarde el padre Jesús hizo algo más que tocar la guitarra. Abelino, traumatizado por el suceso, regresó a casa más silencioso de lo habitual. Encendió el aparato de televisión. Daban Aplauso. La irrupción catódica de los Jackson Five con los compases de Blame it to the boogie cambió su vida para siempre. Abelino quedó especialmente fascinado por el infante de pelo afro, el más pequeño de aquella familia de negros estrafalarios poseídos por el ritmo. Notó que aquel niño cantante y él tenían algo en común. No sabía qué pero sin duda era muy intenso. A partir de entonces dedicó su vida a seguir, con devoción, la carrera de su ídolo: Michael Jackson. Disfrutó, abducido, de la carrera y el éxito de aquel muchacho de color y de sus provocativas coreografías, que imitaba en la soledad de su habitación. Se vestió como él, hizo el zombi por las calles de Salamanca, ahorró para poder viajar por toda Europa cuando la estrella salía de gira y sufrió en carne propia el inicio de la decadencia de su ídolo. Aquel declive mediático comenzaba a hacer mella en Abelino cuando un indigno documental dio un nuevo impulso su vida. Vio como Michael dilapidaba fortunas comprando carísimos y enormes jarrones de porcelana. Abelino se encerró en el taller de su difunto padre y aplicó artesanales conocimientos de alfarería en la manufactura de un enorme botijo de tres metros de alto y dos toneladas de peso. Desgraciadamente, las posibilidades de que Michael pasara por Salamanca eran escasas. Abelino esperó y esperó hasta que, harto de la espera, vendió su casa e invirtió la escasa herencia familiar en costear el complicado transporte de su obra, en la que había volcado todo su amor, hasta la residencia de Jackson. Una vez a las puertas de Neverland, el astro se negó a recibirle, así que de nuevo esperó y esperó hasta que por fin su ídolo se dignó a salir para contemplar aquel enorme botijo. Michael Jacson dedicó unos breves instantes a mirar con despreció la monumental artesanía y ordenó a un par de guardaespaldas que tomaran unas mazas e hicieran añicos el botijo. Aquello hundió a Abelino, que fue detenido, maltratado y expulsado de EEUU metido a la fuerza en un vuelo directo a Barcelona. En el viaje de regreso decidió que un día regresaría a California para asesinar al cantante, por quien ahora sentía un odio intenso. Desgraciadamente, estaba en la ruina, sin casa ni dinero, y el estado de dejadez física y mental le llevó a vivir como un pordiosero mendigando por las calles de la Barcelona, una ciudad que le resultaba especialmente ingrata. Pasaba los días fabricando pequeñas esculturas con latas usadas que vendía a los turistas. Pronto se dio cuenta que jamás reuniría el dinero necesario para poder llevar a cabo su plan. Deprimido y al borde del suicido deambuló por las calles de la Ciudad Condal hasta que, llegando al final de las Ramblas, escuchó los compases de Billy Jean. Atraído de manera hipnótica por la música, se abrió paso entre una muchedumbre de turistas que aplaudía a un doble de Michael Jackson. Lo hacía muy bien pero eso no impidió que Abelino le mirara con un odio asesino. Contempló poseído por un extraño éxtasis de rabia toda la representación. Aguardó mientras el clon recogía las ganancias y le siguió hasta su casa. En el momento en que la víctima entraba en su domicilio, Abelino irrumpió con una violencia inusitada en el portal, agarró el cuello del imitador con sus gruesas manos de alfarero salmantino y apretó con fuerza hasta darle muerte por asfixia. Observando aquel cadáver tendido en el suelo, aun disfrazado de su antiguo ídolo, notó una liberación imposible de describir con palabras. Un subidón maravilloso. Por primera vez en su vida Abelino supo lo que era la felicidad. Al día siguiente, liberado de su pasado, regresó a las Ramblas y, para su sorpresa, otro doble de Michael Jackson había tomado el lugar del anterior. Sonrió feliz y esperó de nuevo ilusionado al final del espectáculo callejero. Las Ramblas han resultado ser una mina inagotable de sensaciones. Da igual a cuántos mate; al día siguiente siempre hay alguien dispuesto a sacarse unos euros imitando a Michael Jackson rodeado de turistas. “Habrá quien piense que me he conformado con la copia en vez de acudir al original, quizá sea cierto, pero he descubierto que la copia tiene algo especial, algo que la hace mejor. Ningún imitador de Michael Jackson muere de la misma manera que el anterior. Percibo temblores diferentes en cada uno de ellos y estoy seguro que asesinar al original no me produciría el mismo placer, sería como volver atrás, sin ese plus de novedad que me da la evolución natural de la cultura popular” Este es el mensaje que Abelino me ha pedido transmitir a los internautas de habla hispana.
2.8.08
1.8.08
SOY DRÁCULA

Horror of Dracula, primera incursión de la Hammer en el mito de Drácula, cumple cincuenta años. El éxito llevó a una jugosa saga explotativa que deparó grandes títulos del cine de terror y también decadentes y jugosas entregas de derribo pop que es mi deber reivindicar. Repasando viejos Vampus topé con una entrevista a Christopher Lee extraída de una revista dedicada al ocultismo: Le Grand-Albert. He decidido publicarla aquí sobre todo porque el actor hace ya décadas que no quiere saber nada del príncipe vampiro que encarnó en siete ocasiones. La fobia hacia el personaje que le hizo famoso en el mundo entero es extrema: no firma autógrafos en fotos donde aparezca ataviado de Drácula, no da su beneplácito a los textos que profundizan en esa etapa de su carrera (y pobre de tí que le pongas en esa guisa en portada), no acude a festivales y homenajes sin el compromiso firme de que no se van a ver esas películas y abandona ruedas de prensa y entrevistas si alguien le menta al transilvano. Es por eso que una entrevista, de principios de los 70, centrada precisamente en su encarnación del personaje es, hoy, una rareza.

— Siempre he sido consciente del magnetismo, de la fuerza oculta de Drácula, en los quince años que llevo encarnándolo — dice Christopher Lee — Es el menos perecedero de los mitos. ¿Por qué? Porque, al contrario de otros muchos mitos que se descubren vacíos si uno trata de profundizar en ellos, el Rey de los Vampiros sigue siendo misterioso. Lo que en él se sugiere de humano es tan potente como lo que se sugiere de metafísico o demoníaco. El espanto, que en Drácula adquiere una consistencia física, sigue siendo para nosotros lo bastante insondable como para que nos sensibilice respecto a lo oculto. Es esta ambivalencia: hombre-demonio, lo que mantiene todavía la potencia del personaje de Bram Stoker, discípulo de Poe, aún en tiempos de ordenadores.
Luego, Christopher Lee añade, sonriendo, con un brillo humorístico en sus ojos:
—Y, ¿ha pensado alguna vez en que Drácula no envejece, que es el mas joven de los mitos? En nuestra época, su faceta atemporal es uno de sus atributos principales.
Mientras pronunciaba estas palabras, me podía dar cuenta de que, al igual que el inquietante personaje de Stoker, Christopher Lee no parece afectado por el paso del tiempo. Este inglés tiene más de cincuenta años, se expresa perfectamente en seis idiomas y conserva la elegancia de un caballero que practica todos los deportes. Por otra parte, su refinado trato no deja de recordar al del Príncipe de las Tinieblas que sabe interpretar tan bien, y que era compartido por el primer Dracula: Bela Lugosi. Tras más de un centenar largo de películas, Lee, que habita en una mansión principesca en Chelsea («¿qué menos se merece el Rey de los Vampiros?», me dice), se ha visto consagrado como el mejor intérprete británico de personajes terroríficos, ya que también ha sido Fu-Manchú, la Momia y el monstruo de Frankenstein, además de otros personajes de menor importancia. Por otra parte, Lee se ha convertido en el símbolo de una floreciente industria cinematográfica, primero con la Hammer, creadora del renacer de los mitos del terror cinematográfico, y recientemente con su propia productora.

Viéndolo perpetrar sangrientos crímenes en la pantalla, muchos espectadores deben de haberse preguntado: ¿Quién es Christopher Lee? ¿Qué se oculta tras ese rostro impasible? Hoy el mismo Lee nos responde:
— Antes de personificar a Drácula, ¿se había dado cuenta de que algunas potencias ocultas, benéficas o maléficas, pueden regir nuestro destino?
— Si. Sobre todo durante la guerra, en la que fui piloto de la RAF durante cinco años. No puede uno salir con vida de una aventura como esa sin creer en alguna protección misteriosa del destino.
— ¿Cómo llegó a encarnar a Drácula?
— Gracias a un primer paso por Frankenstein. El director Terence Fisher quería un actor que diese una sensación de horror, de insólito, solo con su mímica, con su forma de caminar. Me ejercité en mostrarme impasible y logré, un día, mantenerme durante ocho horas totalmente inmóvil, con los ojos abiertos de par en par. Después, aprendí a caminar como un autómata y llegué a hacerlo por la calle, asustando a los peatones.
— ¿Y qué tal es su trabajo en los estudios?
— A menudo me dicen: « ¡lo que se debe divertir haciendo de Drácula, chupándo la sangre a chicas bonitas, en castillos de cartón piedra! » Eso me molesta mucho. Los personajes de terror, y Drácula en especial, son muy difíciles de representar porque se salen de lo común. Y Terence Fisher, como antes hizo Murnau, realizador del clásico Nosferatu, exige una gran seriedad en el plató. En los momentos más intensos de la acción todo el mundo debe responder. El plató se convierte en una realidad onírica. No se puede actuar en broma. Sin embargo, un día la atmósfera estaba tan tensa en el estudio, en el rodaje de una de tantas cintas de Drácula, que entoné un aria de ópera (también soy cantante) en la oreja de mi compañero Peter Cushing. Se quedó helado y luego estalló en carcajadas. Uno de los pocos momentos en los que me he tomado a broma un rodaje.

— ¿Resulta habitual entre sus colegas esa identificación con los personajes que interpretan?
— Desde luego existe en todos los actores de valía. Sobre todo las actrices jóvenes, que en general son excelentes, reaccionan de un modo muy eficaz ante la atmósfera "draculiana" que las inspira y llega a aterrorizar de verdad, al menos durante el rodaje. En cuanto a Cushing y Vincent Price, mis principales rivales en la pantalla (a pesar de que son amigos míos en la vida real), trabajan con una gran seriedad. Por lo que se refiere al legendario Bela Lugosi... ya sabrá lo que le pasó: por haber hecho tantas veces de Drácula en la pantalla acabó por creerse el mismo Rey de los Vampiros. Vivía en un extraño mundo de ritos y drogas, relacionado con lo sobrenatural y víctima, de algún modo, de la maldición de Drácula.
— Sí, incluso se ha llegado a decir que Lugosi quiso ser enterrado envuelto en la capa con la que interpretó al legendario conde. Pero, ¿Sufre usted de la maldición de Drácula?
— Digamos que noto su potencia y que le tengo respeto. Es cierto que Lugosi enloqueció, pero le puedo asegurar también que, por su parte, Boris Karloff, a quien conocí muy bien y que ha sido el más famoso intérprete de monstruos de la pantalla, fue el perfecto tipo de caballero inglés.

—Pasemos a otra tema: ¿le resulta difícil ser Drácula en lo físico, en lo que se refiere a sus rasgos?
— Mucho. Pero aun más en el plano mental, por curioso que esto parezca, ya que Drácula es una transición entre lo oculto y lo material. Se trata de lograr que resulte creíble. Un Drácula verdadero sugiere que transporta con él toda la potencia de las Tinieblas. Y se halla en un estado de catalepsia activa, lo cual debe de ser sugerido por su mirada, por su expresión. Además está el maquillaje: a menudo los cristales de contacto rojos que llevo en los ojos me hacen daño, y me molestan los largos colmillos, la repugnante espuma que se me forma en las comisuras de los labios. Por otra parte, al encarnar a Drácula me he debido chapotear en un lago helado, en pleno invierno, y estuve a punto de ahogarme; en otra ocasión casi me destrocé los músculos dorsales a base de llevar en brazos a una de mis bellas víctimas durante interminables horas. En mis representaciones de toda una serie de monstruos me han estrangulado, golpeado, amoratado, quemado, herido, vuelto a herir... estuvieron a punto de cortarme un dedo de verdad y hubo que darme varios puntos de sutura!
— ¿Así pues, es difícil ser monstruo?
— Mucho. Pero lo más difícil fue cuando tuve que personificar a la Momia en La Maldición de la Momia; estaba totalmente envuelto con vendas, cubierto de barro y yeso, y con sólo unos pequeños agujeros en los ojos y en las orejas, estos últimos para oír las indicaciones de Terence Fisher. Así vendado y repulsivamente pegajoso he sufrido mucho más que como Drácula, el monstruo de Frankenstein o Fu-Manchú. A menudo me he visto obligado a permanecer durante horas en un rincón del rodaje, rígido, solo logrando mantenerme tranquilo dejando que la propia fuerza magnética de mi personaje se apoderase de mí.
— ¿Cree que, por ejemplo, Drácula forma parte de ese gusto visceral por el miedo que el hombre siempre ha testimoniado?
— Creo que si. El hombre tiene siempre necesidad de fábulas monstruosas para demostrarse a sí mismo que es mejor que aquello que le cuentan. Es en este sentido en el que yo interpreto al Rey de los Vampiros, sabiendo lo que el público espera de él. Y, además, creo que en Gran Bretaña es donde Drácula goza de toda su fuerza, a pesar de que la gente corra a ver sus películas en todo el mundo.

— Para concluir, ¿Cree que Drácula es un mito nefasto o que, por el contrario, resulta saludable para las masas?
— Le responderé que, en tanto que mito, Drácula se iguala a la poesía en lo que de violentamente atractivo tiene ésta. Y ya se sabe que existe una regla: uno no puede juzgar a la poesía ni decir si es cuerda o demente. Drácula se beneficia también de esta indulgencia tácita. A él se le reconoce un derecho fabuloso, mágico: el de aterrorizarnos impunemente. Su comportamiento, que es muy discutible, es siempre castigado, la mayor parte de veces con una estaca en el pecho. No importa que el Genio del Mal regrese siempre. En cada ocasión será vencido en el momento adecuado para tranquilizar a las buenas conciencias. Y, aunque tenga el encanto de los "ángeles caídos", de los seres de ultratumba, siempre se puede sentir repugnancia y pavor ante sus actos. Indica las fronteras que no podemos franquear, a riesgo de sufrir una maldición. Por otra parte, ¿ha encontrado usted a muchas personas que, en su vida cotidiana, deseasen parecerse a los monstruos que los cautivan en la pantalla? ¿Hombres o mujeres que quisieran ser como Drácula?
— Pues no, a ninguno. Y, sin embargo, tendrá que estar de acuerdo conmigo en que el vampirismo ha existido, y que aun sigue existiendo. La Historia de la Criminología y algunos hechos recientes nos lo confirman. ¿Cuál sería la actitud de Christopher Lee ante un verdadero vampiro?
Christopher Lee estalla en una carcajada.
— ¡Ah! Trataría de comportarme con él o ella con tanto tacto y comprensión como el famoso Conde transilvano mostraba hacia sus congéneres.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)

