19.3.07
LA GUERRA INVISIBLE DE ANTON LAVEY (IX): LA GUERRA URBANA
Más allá de las pantallas de humo, hay otros elementos psicológicos implicados en la guerra actual. Al permitir que se incremente el uso de drogas duras, y que exista una red clandestina de ventas y distribución, se puede mantener a la gente maleable y satisfecha, mientras que las drogas inducen al retraso mental. Las refriegas por drogas, rampantes en los sectores urbanos, reducen la población. Otro agente de guerra eficaz es la aniquilación individual: una persona tan frustrada con las injusticias del "sistema de justicia" o por la mezquina tiranía de la vida contemporánea que agarra un puñado de armas y empieza a disparar contra la multitud más próxima. El asesino en serie, un fenómeno contemporáneo, no puede ser ignorado. Estos incidentes a menudo son tildados de "satánicos" o de crímenes "de culto", e irán en aumento como método de reducción de población.
18.3.07
CONTAGIADO A HOSTIAS
Leo al Hijo del Celuloide en su post de hoy:
Lo peor del fenómeno de propagación viral de vídeos a través de internet es tomar conocimiento del último grito tarde, una vez se ha extinguido el entusiasmo inicial y no existen víctimas potenciales a las cuales iluminar compartiendo el pequeño tesoro de placeres desconocidos. Así fue, lo confieso, como descubrí el clip de Undefeatable (título de la cinta para el mercado occidental) que está dando la vuelta a los monitores de medio mundo. Sin embargo, aquellos minutos de hombres musculosos con peinados imposibles, por hilarantes que sean por sí mismos, no son nada comparados con el festival de sensaciones contenidos en el metraje íntegro de la película.Y sólo puedo añadir: apreciado Superdiscochino, ya no eres el último sino el penúltimo. Desconocía la existencia de esta película y, tras lo visto y lo leído, sigo teniendo fe ciega en todos los momentos con los que el cine de derribo ha de dejarnos con la boca abierta y la mirada perdida en el infinito. Cierto es que con internet los cazadores de trash lo tenemos más fácil y más difícil, todo al mismo tiempo, pero sólo así llegaremos a ser hombres del renacimiento coolzetoso. Y dicho esto, extiendo el Tutubo para dejar de ser el último mono (siempre habrá alguien a quien contagiar) y emplazo a los lectores ausentes a leer la reseña del filme. Y sí, los peinados son maravillosos.
THE AIP VISUAL EXPERIENCE (XXXVI)
High School Hellcats (Edward Bernds, 1958)
Bien clarito: infernales gatitas de instituto. El cartel, enésima maravilla de esta sección, promete desatada efervescencia homonal y reyertas femeninas. El trailer que tienen abajo... Muchachas que juegan con cuchillos, beben alcohol con nocturnidad y celebran guateques. El clásico argumento del New Kid revertido en jovencita pura y rural tentada por el lado salvaje del American Way of Life urbano. La American International Pictures, siempre atenta a mejorar lo precedente, propone una inteligente revisión de Rebelión en las aulas intercambiando muchachos por muchachas. Bien hecho: el público masculino sale ganando ante la idea de una banda de delincuentes juveniles formado por jamoncitas, las Hellcats del título. En definitiva, 69 minutos de subcultura exploitation que John waters ha reivindicado al menos en un par de ocasiones (Female Trouble y Cry Baby)
El bonito mosaico con acceso a las entregas anteriores...
LO RADIOACTIVO ES BELLO

Hace un par de semanas les subía un bellísimo Flash Mundial sobre el cáliz de cobalto y uranio donado a la Catedral de Hiroshima. Como es habitual en esa sección, les cedía a ustedes los comentarios, que enseguida perfilaron maravillosas conclusiones, que van desde el recochineo intrínseco que supone tamaño regalo para una ciudad destruida por la bomba atómica hasta la metafísica idea del cuerpo de cristo radioactivo. Como es habitual, la sabia Elena, seguramente mi lectora más atenta (todo un lujo para este Blog Ausente), reclamaba nuestra atención sobre la existencia de vajillas vintage enriquecidas con uranio y conocidas como vaseline and uranium glassware. La verdad es que me resulta arrebatadora la idea de la radioactividad como elemento decorativo. Y no me negarán, a tenor de la foto que preside este post, que la idea de tener una vajilla verde fosforito presidiendo la sala de estar y con la que entregarse a té con pastas a las cinco de la tarde resulta plena de modernidad ultralounge, y no digamos ya la posibilidad de servir cócteles humeantes mientras escuchamos música hawaiiana en honor de las islas Biquini. Leo que fue una de las primeras aplicaciones del uranio, que es peligroso exponerse a la radiación de las vajillas de uranio construidas antes de la década de los 50 y que a día de hoy se siguen fabricando, aunque resultan caros objetos decorativos no aptos para cualquier bolsillo (en ebay se subasta alguna de vez en cuando, por cierto). La advertencia de que si uno se dedica a coleccionarlos se recomienda que sean guardados tras una estantería debídamente protegida contra la radioactividad me resulta de lo más inspiradora. La web del museo enlazada (y que ya lo fue con anterioridad) propone, entre otras muchas cosas, un repaso a todo tipo de útiles radioactivos.

Así, uno puede descubrir la existencia de mosaicos de cerámica para las paredes del baño (bella anécdota la del trabajador que utiliza el aseo del presidente de la Universidad de Georgia con el contador geiger encendido), prótesis dentales (no es el único ejemplo de uso dental: con algunos caramelos antiplaca y pastas dentríficas pasa lo mismo), las vajillas de cerámica Fiesta (Warhol las coleccionaba), camafeos de bisutería del siglo XIX (exponerse a ellos más de diez horas semanales no es aconsejable), la sal baja en sodio (el sustitutivo es radioactivo, así que creo que empezaré a utilizarla en mis recetas), las nueces brasileñas, antidiarréicos (cagará duro, cagará verde), las piedrecillas para el aseo excremental de los gatos (al fin y al cabo tienen nueve vidas), los dispensadores de cinta adhesiva para oficinas (ese extraño peso a veces no es plomo: propongo que se machaquen con uno de ellos los testículos) y el que me parece más romántico de todos: los detectores de humo: resulta hermoso imaginar que la lucha contra el tabaco supone trabajar bajo pequeños focos de radioactividad gamma. Definitivamente: Todos Somos Bruce Banner.
LA ENAJENACIÓN QUE DESAFIÓ AL MUNDO (XXXIV)
¡¡¿Que me controle?!! ¡Soy un monstruo! ¡Los monstruos no se controlan! ¡¡De eso es de lo que se trata!!
Monstruorrata desvela la primordialidad del carácter monstruil en el Bone de Jeff Smith.
En anteriores desafios enajenados...
17.3.07
TANGENCIALIZANDO A HOWARD PHILIP

Una adolescencia sin Lovecraft es una adolescencia incompleta. Con dieciséis años creo que leí todos sus relatos, o casi. Y los disfruté. Alguien debería analizar porqué si uno llega por primera vez al genio de Providence convertido en un adulto de tomo y lomo tendrá más difícil arrebatarse en sus abisales horrores. En cambio, y a cambio, si uno disfrutó de sus cuentos antes de cumplir la veintena, nunca volverá a ver el mar en un ocaso tormentoso sin pensar en las pavorosas criaturas que habitan en las profundidades, y sin dejar de percibir la humedad y la brisa marína como algo más que una fragancia de la naturaleza. Es lo que me pasó el año pasado cuando releí La Sombra sobre Insmouth, probablemente su obra maestra.

Otra cosa que me cautivaba de Lovecraft en mi adolescencia (una adolescencia en la que yo era tan gilipollas que ante la pregunta “¿qué quieres ser de mayor?” respondía “escritor”) es ese juego autoreferencial a las dimensiones primigenias dominadas por Chtulhu, esa construcción de un universo compactado a base de partes. Lovecraft no esta tan lejos de Joyce (y seguro que Robert Antón Wilson lo afirmaría feliz) y de Cervantes (y al Necronomicon pongo por testigo aunque eso me condene a la noche de los tiempos) en la conformación de la literatura (pos)moderna, y aún así, y antes que nada, era pulp. Con esa idea del círculo de escritores pajeros formada alrededor de Weird Tales, pasándose cuentos de unos a otros e incluso continuándolos. O gestando conexiones que nos llevan por Arthur Machen, Willian Hope Hogdson, Poe o incluse Jules Verne: recordemos esa extraña e inaudita trilogía que conforman Arturo Gordon Pym, La esfinge de los Hielos y Las Montañas de la Locura.

Otra cosa que me cautivaba de Lovecraft en mi adolescencia (una adolescencia en la que yo era tan gilipollas que ante la pregunta “¿qué quieres ser de mayor?” respondía “escritor”) es ese juego autoreferencial a las dimensiones primigenias dominadas por Chtulhu, esa construcción de un universo compactado a base de partes. Lovecraft no esta tan lejos de Joyce (y seguro que Robert Antón Wilson lo afirmaría feliz) y de Cervantes (y al Necronomicon pongo por testigo aunque eso me condene a la noche de los tiempos) en la conformación de la literatura (pos)moderna, y aún así, y antes que nada, era pulp. Con esa idea del círculo de escritores pajeros formada alrededor de Weird Tales, pasándose cuentos de unos a otros e incluso continuándolos. O gestando conexiones que nos llevan por Arthur Machen, Willian Hope Hogdson, Poe o incluse Jules Verne: recordemos esa extraña e inaudita trilogía que conforman Arturo Gordon Pym, La esfinge de los Hielos y Las Montañas de la Locura.
La celebración del 70 aniversario de la muerte del creador de los Mitos de Cthulhu que ha propulsado de improviso La Petite Claudine me pilla lejos de la biblioteca ausente (plagada de mohosos y polvorientos volúmenes sacados de estranquis de la universidad de Miskatonic) pero muy cerca del mar (aunque sea el Mediterráneo, alejado estéticamente de la inmensidad atlántica al tiempo que, probablemente, más muerto). Que sea una celebración compulsiva e inmediata, de las que gusto de apuntarme de manera arrebatada (busquen por ahí a los New adláteres o los Trajes de gorila) me obliga a aportar un granito, aunque sea aferrado a mi escasa memoria y a la siesta de absencito.

Un recurso fácil sería acudir al pantanoso terreno de la adaptación lovecraftiana, tan extraña e irregular, y hablarles de la alejada reconstrucción reanimante, a la que no por alejada del universo del de Providence hay que restar méritos... pero supongo que coincidirán conmigo en que ese Herbert West es otro, y quizá por ello se atrevió Stuart Gordon con la más cercana From Beyond, por la que siempre sentí simpatía y que no reviso desde hace dos décadas, al igual que Granja Maldita, betosa y ochentera visita al Color que cayó del cielo. Ahora que lo pienso, suelo sentir simpatía por todas ellas. Incluso soy capaz de defender Dagon: La secta del mar como una más que digna adaptación, además de sentir cierta fascinación por The Dunwich Horror más allá de sus lisérgicos títulos de crédito, del mismo modo que reivindico El Palacio de los Espíritus, La Maldición del Altar Rojo (Barbara Steele, ñam ñam) o esa joya de Ricardo Freda que es Caltiki, el Monstruo inmortal. Por no hablar de En la boca del Miedo de Carpenter. Es curioso como muchas de ellas introducen el elemento sexual, aunque sólo sea por su carácter de explotaciones pop de derribo. No se me ocurre pensar en otro instinto más alejado de Lovecraft que el sexo (y eso me llevaría a mi inicial reflexión sobre la adolescencia). Ni siquiera pensaba hablar de aproximaciones recientes como la neoexpresionista The Call of Cthulhu o la irregular The Birthday de Eugenio Mira. No. No.
Yo pensaba más bien en como la influencia de Lovecraft es básica en la conformación de la cultura pOp. Supongo que es a esto a lo que se refiere Tones cuando habla de reivindicar obviedades y redundancias. Los libidinosos tentáculos de Urotsukidoji son Lovecraft. Alien es Lovecraft. Conan es Lovecraft. Las setas de Inoshiro Honda son Lovecraft. Vampirella es Lovecraf. Evil Dead es Lovecraft. Dark Water es Lovecraft. La Criatura de la Laguna Negra y los Humanoides del Abismo son Lovecraft. Godzilla es Lovecraft. Toda masa, informe y/o con tentáculos, es Lovecraft. Esa extraña sensación de húmeda podredumbre que sube por sus pantorrillas mientras leen esto es Lovecraft. En definitiva, y por cerrar un círculo, Fulci es Lovecraft. Y no me pregunten razones. Y respecto a Lovecraft como hijo de la sociedad borderline... ¿Se han parado ha pensar que el poeta loco Abdul Alhazred era tan árabe como Osama Bin Laden? Efectivamente: el óxido y la corrosión propias de la sociedad Post-Industrial también son... Lovecraft.
LA GUERRA INVISIBLE DE ANTON LAVEY (VIII): EL FIN DE SEMANA ALARGADO

Ocasionalmente ha habido fines de semana de tres días con anterioridad, pero nunca como ahora. Los fines de semana largos son necesarios para permitir el gasto y el tiempo recreativo mientras se mantienen la ilusión de l aproductividad. Los fines de semana de tres y cuatro días ofrecen muchas oportunidades para la "relajación" (por ejemplo, ver intensivamente la televisión y otros aparatos de adoctrinamiento), y hacen que todo el mundo esté contento. A este ritmo puede que acabemos viendo fines de semanan de seis días.
La Guerra Invisible de Anton Szandor LaVey
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