11.10.16

CRÓNICAS DE #SITGES2016 (XII): MUSEUM



Tenía curiosidad por esta adaptación de un manga aquí de publicación reciente y cuya lectura me entretuvo bastante pese a su evidente remisión a Se7en, con su psicópata creativo y su policía desesperado cuando descubre que su familia es uno de los objetivos del asesino. Por desgracia, la película es una cosa bastante mediocre que se alarga hasta el aburrimiento y un final ridículo. El fracaso conlleva ciertas reflexiones. Por un lado, que un cómic que se inspira en una película mantiene cierta distancia con esta por una cuestión de lenguaje, pero si ese cómic se lleva a su vez al cine, su carácter derivativo se hace demasiado evidente. Dicho de otra forma: Museum, el manga, no es más que una variación de Se7en, pero no molesta demasiado porque es un cómic, más cuando lo mejor es su narrativa ágil, pero cuando se lleva al cine se convierte en una copia aburrida de Se7en donde, además, la mejor virtud del tebeo, el ritmo, se diluye. Esto es curioso porque encima durante casi toda la película la fidelidad es tan estricta que la hace impersonal y la alarga de manera innecesaria, para luego acabar proponiendo una absurda variación del final que no es que sea malo, es que es vergonzoso.

ZONA DE ESPOILER

Por si alguien tiene curiosidad de saber cómo acaba el manga, en este no hay doctora que mate al asesino ni justifique su enfermedad como “psicosomática por haber estado expuesto al mal en la infancia”, tremenda chorrada que además se replicaría en el hijo del policía y esa alergia. En el manga la cosa concluye dejando la duda de si el final feliz es algo que sueña el policía tras morir en manos del asesino, sin duda mucho más sugerente.

CRÓNICAS DE #SITGES2016 (XI): BLAIR WITCH



No formé parte de los entusiastas de The Blair Witch Project pero le reconozco los méritos, y eso que la idea de convertir el clásico manuscrito encontrado de la novela de terror en metraje encontrado era algo que como mínimo ya hizo antes la salvaje Holocausto caníbal, vilipendiada y polémica, pero también menospreciada. De hecho, recuerdo que cuando se estrenó la bruja de Blair original en Sitges, el distribuidor español no dejó que la actriz presentara la película porque le desmontaba la jugada de venderla como filmación real. En fin, que no me entusiasmó pero hay que reconocer que era una película sugerente y, desde luego, una pionera que se adelantó en años al cine low cost de telerealidad, nuevas tecnologías, móvil y youtube cuya influencia aún perdura. Hubo una segunda parte que no llegué a ver, y fue un fracaso, y ahora nos llega una nueva secuela que a priori no pintaba mal al estar firmada por Adam Wingard, que tras los buen rato pasado con The Guest y You’re next se había ganado mi simpatía y voto de confianza, que mantendré pese al decepcionante resultado de esta su nueva película. No empieza mal, con los personajes desplegando un arsenal audiovisual con drones para internarse en el bosque maldito, y tiene al final toda esa pesadilla labríntica espacio-temporal que parece salida de La casa de hojas de Mark Z. Danielewski, pero el recorrido entre ambos puntos es cansino, se llega fatigado y harto de efectismos gratuitos, sustos de estridencia sónica y efectismo facilón. La traición hacia el original es considerable, y no porque aquí la imagen sea HD y antes analógica, sino porque aquella era sugerente y esta todo lo contrario.

CRÓNICAS DE #SITGES2016 (X): DOG EAT DOG


No sé dónde leí que Paul Schrader se reinventaba en su nueva película, algo que no puedo juzgar porque hace tiempo que le perdí la pista, pero no hay nada novedoso en esa estética y descuidada y sí el desperdicio de una novela del gran Edward Bunker, porque el resultado es un bastante desastroso, la verdad. Aún así, Friedkin merece respeto por su obra pasada y también por su espíritu de supervivencia, pero como francotirador marginal le ha fallado la puntería. Hay como un desafío por la incorrección, pero se nota forzado, y esta historia sobre tres delincuentes en horas bajas y psique machacada daba para más, mucho más, pero se teje con descuido y retales deshilados y ni siquiera el par de aciertos que corren por ahí sirven de asidero. Así que no, nada, una pena. Lo mejor, para mí, es ese retrato de derrumbe del sueño americano, de desecho urbano y abandono que últimamente se percibe en muchas películas. Yo lo llamo estética Detroit, aunque se localice en otras muchas ciudades.

10.10.16

CRÓNICAS DE #SITGES2016 (IX): CARNAGE PARK


Otra de esas pelis que solo se pueden disfrutar en Sitges y a las que hay que agarrarse frente a la invasión del fantástico indie made for Sundance (que este año parece menor… de momento y en mi caso). Serie B de presupuesto escaso bien aprovechado, remite con modestia a la tradición forjada con clásicos impepinables como La Matanza de Texas o Las colinas tienen ojos como busca un empaque más contemporáneo, ya sea en su estructura sembrada de flashbacks y protagonismo coral (que el body count va reduciendo sin piedad), como de fondo, como expresión de ese resurgir del sociópata rural tan americano que mata todo lo que se mueve en su terreno. El argumento es simple: unos atracadores con rehén se internan en una zona habitada por un aficionado a cazar seres humanos. American Gothic ambientado en ese paisaje neowestern y fantástico de la América Profunda labrado por la cultura pop, sencillo pero eficaz, generoso en aciertos pese a sus carencias y una destacable banda sonora.

CRÓNICAS DE #SITGES2016 (VIII): SHIN GODZILLA



Quienes conocieron este blog en sus tiempos de gloria saben de mi entrega y devoción por el más famoso de los monstruos japoneses (aunque el propósito de repasar todas sus películas quedó incompleto). Así que la presencia es Sitges de una nueva entrega con el sello de la Toho, doce años después de la estupenda Godzilla Final Wars y sin contar la reciente incursión americana de 2014, era una de mis prioridades absolutas. El nuevo reboot japonés no solo está a la altura de la leyenda sino que además es muy generosa en detalles y subtextos que merecen comentarse. Ya de entrada, llama la atención su director, nada menos que Hideaki Anno, el creador de Neon Genesis Evangelion, el revolucionario anime de mechas (es decir, robots gigantes) tan hermoso como metafísico. Su presencia imprime una notable personalidad a una película ciertamente sorprendente, y que puede descolocar a más de uno. De hecho, Shin Godzilla es una película cargada de política e ideología porque toda ella es una alegoría del Japón actual. No es la primera vez que pasa con Godzilla, que ya nació como encarnación pop de las bombas atómicas y luego, en el esplendor económico del Japón de los años 60, cambió de bando para convertirse en defensor de la nación que antes pisoteaba. Sin olvidarnos de Hedorah, la burbuja tóxica, rival surgido de la contaminación.



En la nueva película, aunque Godzilla irrumpe desde el primer minuto, durante media hora asistimos a un fascinante despliegue de ineficacia burócrata e inacción política en lo que es una sátira de un estado inoperante gobernado por una generación que debería llevar tiempo jubilada en beneficio de esa que tan bien retrata Inio Asano, a la que nadie hace caso y se señala como freak o rarita. Toda esta carga crítica es tan evidente como las lógicas referencias a la catástrofe nuclear de Fukushima que impregna toda la película. También las citas al contexto internacional y la ambigua descripción que se hace de los Estados Unidos, al mismo tiempo el enemigo que les humilló y contaminó, pero también único aliado posible (junto a Francia) frente a Rusia o China.



Pero esto es una peli de Godzilla, claro, así que no debemos olvidar la faceta de derribo, caos y destrucción. Ya de entrada me encanta como Hideaki Anno remite a la serie original con el diseño inicial del monstruo, un diseño vintage con esos ojos de muñecote que luego muta con un aspecto que se inspira en el primer Godzilla, el de 1954. También es gozosa la perfecta convivencia de maquetas de la vieja escuela y efectos digitales. De hecho, a media película estalla un guateque de destrucción de una belleza apabullante, victorioso contraataque de la Toho hacia la también bonita, pero menos, estética del Godzilla de Gareth Edwards. Toda esa parte del metraje es tan majestuosa que luego será incapaz de superarla para el espectador occidental, pero no para el japonés, al que se entrega en bandeja una catarsis patriótica sobre la capacidad nipona para renacer tras la destrucción en una película sin asomo de protagonismo individual porque la victoria será colectiva o no será.

9.10.16

CRÓNICAS DE #SITGES2016 (VII): SAFE NEIGHBORHOOD


Me lo he pasado tan bien que va directa al top de este año, y eso que aún quedan unos cuantos días. Voy a ser escueto porque esta es de esas películas que se disfrutan mejor sin saber el rumbo que acaba tomando. Navidad, una zona residencial de clase media-alta, un adolescente y su canguro, y el inevitable intruso chungo. Dejémoslo ahí y en el par de referencias que se citan en la sinopsis del Festival: Solo en casa y los minutos iniciales del primer Scream. Se podrían listar más referentes pero es mejor descubrirlos viendo la película, que es una de esas que acuden a giros y situaciones habituales en el género pero que lo hace con ritmo, mala leche y frescura aparente. Seguro que hay lagunas de guión a poco que uno las busque, pero hacerlo seria ingrato ante la diversión ofrecida.

CRÓNICAS DE #SITGES2016 (VI): GOKSUNG (THE WAILING)



Seguimos coreanos. Viva Corea. Reconozco que esta es una de las que más me apetecían, porque Na Hong-jin se ha ganado mi confianza con solo dos películas, The Chaser y la estupenda The Yellow Sea. Y aunque aquí propone un giro temático a esos dos thrillers precedentes, mantiene sus virtudes y defectos, que por mucho que me gusten sus películas también tiene, como por ejemplo ese alambicado tan coreano de dar requiebros y marear la perdiz. Juega mucho al salto de tono del serial killer rural a la comedia de collejas coreanas, del cine de exorcismos al de infectados, de los fantasmas orientales al legado oscuro de la ocupación japonesa, siempre haciendo dudar si va de eso o de lo otro, lo cual está muy bien por la intriga que crea, pero con momentos en que la acumulación se descontrola. Es cierto que es demasiado larga, y que algunas escenas, aunque entretenidas, no llevan a ningún sitio. A cambio, tiene una memorable escena de ritual chamánico coreano que rompe con el habitual simbolismo católico (que tanto me intriga y que también hace acto de presencia aquí). Y luego me encanta que se lo pongan difícil al espectador, a quien no se le da la cosa masticada sino todo lo contrario. No ha sido hasta 10 minutos después de verla que mi cerebro ha hecho click de golpe y he entendido, o eso creo, de que iba el asunto en realidad, cual era la presa capturada, y que no es la que parece, ese pobre policía que sufre por su hija. Así que bien, todo bien. Viva Corea.

CRÓNICAS DE #SITGES2016 (V): THE VOID



Perfecto ejemplo del tipo de película que encuentra en Sitges su mejor refugio. Terror de serie B cargado de referentes que no tarda en ponerse muy oscura (en todos los sentidos) y lovecraftiana mientras indaga en el horror puro sin conseguirlo de todo, pero ahí queda el intento para quien quiera apreciarlo. Es mi caso, aunque soy consciente de que muchos no compartirán mi opinión. Sus referentes son obvios. Primero John Carpenter por partida múltiple, ya sea el de La Cosa por sus efectos especiales (aquí más modestos, pero a la vieja usanza, y eso se agradece), el de Asalto a la comisaría del Distrito 13 (aquí hospital asediado por unos extraños encapuchados) o el de El príncipe de las tinieblas (con su portal a la dimensión maligna). Segundo a Lucio Fulci, lo cual es una grata sorpresa cuando uno reconoce en ese sótano húmedo las entrañas de El Más Allá, esa masterpiece del Mal rollo a cuyo final acaba remitiendo casi por obligación. Pieza de horror abstracto e irracional, que sabe del potencial de lo incomprensible para incomodar y dar más miedo. Lástima que se le vaya la mano y le sobren minutos de pasadizos laberínticos mal iluminados. En resumen, tiene detalles brillantes, cosas por las que siento debilidad y un desorden que la acaba afectando más de la cuenta.

CRÓNICAS DE #SITGES2016 (IV): COLOSSAL



Vaya por delante que soy amigo del director, que no se diga que no lo advertí antes, aunque bueno, Los cronocrímenes me encantó, y por entonces no había amor por en medio, y también Extraterrestre, pero ahí ya sí; algo menos Open Windows, película que siempre me evoca el fantástico Ghost Raider de los Suicide, que no es mérito menor. Ahora llega Colossal, con la oscarizada Anne Hathaway, que si hay que compararla con alguna de las anteriores es con Extraterrestre por hibridar comedia romántica con fantástico, pero sin pasarse porque son muy diferentes, que con Vigalondo por en medio todo se agita subido al cable del equilibrista sin red. Y si no he dicho aún que es estupenda lo digo ahora, y por las risas y aplausos de ayer en El Retiro parece que la opinión es mayoritaria pero no unánime, justo es decirlo. Me parece lo normal ante una propuesta ingeniosa pero no exenta de extravagancia donde la explicación de los monstruos gigantes que pisotean Seúl no es nuclear ni alienígena sino más bien cuestión de magia y género, pero no el género temático sino el de la lucha de sexos, que aquí se pone del lado femenino y al masculino le saca las vergüenzas. Además, la película es un continuado requiebro donde el kaiju se convierte en comedia, la borrachera en resaca, el amor en odio y los chicos guapos en tontos gilipollas. Al final incluso llega a ser emocionante y por en medio nos deja el chiste definitivo sobre el Borbón campechano, que ya hay que ser valiente para meter tamaña referencia en una película con dinero y actores norteamericanos.

8.10.16

CRÓNICAS DE #SITGES2016 (III): THE NEIGHBOUR



Marcus Dunstan es un nombre ligado a la saga Saw como guionista y director de una pseudo explotación de esta, The Collector, que no estaba mal. Vamos, lo que se dice un tipo que lleva un tiempo picando piedra de género en la mina con cierta dignidad. Su nueva película juega sus mejores cartas en que es muy entretenida, va directa a lo que tiene que ir, y en que es extremadamente sencilla. De hecho ahí juega un poco al engaño, pero con gracia. Vale, la escena inicial es frenética, con ese montaje de cámara nocturna, rayado de celuloide y caña sónica, pero en realidad poco tiene que ver con lo que sigue y apenas se explica, pero bueno, no me quejo y mete en tensión. También juega al equívoco de ser un survival & torture porn que luego no es, sugiriendo cosas que luego no son porque todo es más sencillo de lo que parece por voluntad propia, y eso está bien. Y ese momento catártico con himno patriótico desvela un subterráneo matiz político a quien quiera verlo, porque ese vecino tan americano y tan familiar que mata conejos con su rifle no deja de ser una alegoría de la american gothic que votará a Trump dentro de unos días. Así que entre una cosa y otra, lo cierto es que pasé un buen rato con ella, y eso siempre es de agradecer.