24.5.12

SURFIN' PULP (CRÓNICA VISUAL DE UNA JORNADA DE ARREBATO POR LA LITERATURA DE DERRIBO)


Entro en casa del Señor Sanata y me detengo ante una portada que reconozco de entre los muchos libros que acumulaba mi tío en casa de mi abuelo. No es que sea una gran portada pero hay está, emergiendo de mis recuerdos. Esta entrega del Agente 000 de BANG (Bringer Advice Nomenclatura Gemini, uno de los acrónimos más extraños del spy-pOp cañí) viene firmada por Lester Maddox, pero en realidad la serie fue creada por Alexis Barclay; en realidad se trataba de un seudónimo utilizado por Antonio Viader Vives y que, ojo al dato, escribía estos libros supongo que por vocación ya que era profesor de derecho penal. De BANG siempre me intrigó el logo de sus primeras ediciones, en el que se veía a un agente secreto en silla de ruedad. Bueno, eran tiempos de Ironside, así que igual se trataba de un cruce entre éste y James Bond. En realidad, nunca llegué a leer ninguno, así que quizá debería hacerlo ahora. Repasando la lista doy con uno que se me antoja caballo ganador.


Crimen psicodélico, nada menos. Esto tengo que pillármelo, y así hago, porque forma parte de mi campo de interés. Psicodelia y agentes secretos, tan unidos en ficción como en la realidad. Clic. Clic. Busco a ver si alguien ha escrito algo sobre el libro (no suele ser así), y me topo con la genial sinopsis de la contracubierta:
"Cuando los rebeldes “beat”, con sus violentas protestas, habían sido derrotados por el amor panteístico de los “hippies”, y estos lanzaron al mundo su culto a los símbolos y su ternura hacia las flores... pronto surgieron quienes componían, poetizaban, escribían o pintaban bajo los efectos de la DROGA, en una rotunda embriaguez de sensaciones, olores y colores: el PSIQUEDELISMO. Pero, alguien recordó que el asesinato también es un ARTE." 
 Obviamente me lo compro.

Clic. Clic. Veo también que la novela tuvo reedición (al parecer Alexis Barclay cambió de sello editorial y se llevó sus creaciones consigo). La portada, por otro lado, es obvio que imita o clona a la clásica serie del SAS (Special Air Service) de Gerard de Villiers.



Villiers son, claro, palabras mayores. No era un sufrido escritor de bolsilibros español sino un exitoso gabacho que vendía miles de ejemplares de sus ficciones de espías, política internacional y jamonas de sexo fácil. La portada que tienen arriba, aunque sea de una reedición de Grijalbo, es otra que recuerdo ver por casa de mi abuelo.El creador de SAS era un tipo muy hábil que entonces jugaba muy bien con los acontecimientos de actualidad. Hace unos días estuve mirando a ver si alguien había hecho algún epub o similar con sus libros para descargarme, por pura curiosidad para ver como le sientan los años, pero no encontré nada.


Clic. Clic. y regreso a Alexis Barclay, que también provó suerte en la fantasía. Esto de Los siervos de Plutón no tengo ni idea de que irá. A saber. Pero me hace gracia ver ese macho cabrío en portada. A finales de los 60 este tipo de simbologías ya podía utilizarse en España si la novela era para adultos. Las hembras, por su parte, gestualizaban sus formas embutidas en trajes tan apretados a su piel que parecían sólo pintura. Bueno, en realidad era eso, la técnica de las dos versiones aplicada a la ilustración, en pelotas para el extrajero y coloreada para el mercado interno. 


Clic. Clic. Mira, una variación de portada de la misma novela. La hembra sigue bailando, aunque aquí en topless y una posición más imposible. Y ya no hay macho cabrío sino una especie de dios griego que por lógica debe ser Plutón. Deduzco, aunque uno nunca puede poner la mano al fuego, que en la novela las siervas de Plutón danzan sugerentes y poseídas.



Sigo con mi travesía virtual y me topo con un clásico del bolsilibro español, Lou Carrigan (nacido Antonio Vera Ramírez), y una portada que llama mi atención: escorpiones gigantes y una pirámide con reminiscencias illuminatis. Biografía de un monstruo se llama la cosa y me deja la mar de intrigado. Escarbo un poco por la red y descubro que probablemente esta portada tiene poco que ver con lo que se narra en el interior; a cambio, sería de las mejores de su autor, algo que también acreditaría tener hasta cuatro ediciones diferentes, con un ramillete de portadas bastante dispar, al menos si comparan la de arriba con la tercera de abajo.


Sigo con Lou Carrigan y clic clic llego a una serie clásica, FBI de la editorial Rollán.



Coño. Hay una entrega que se llama Hippies. Esto es pOp de derribo, esto es mi tema. Esta a Euro y medio, así que me la pillo. Compruebo también que la novelita tuvo al menos otra edición posterior.


Venga, va. Jipis y bolsilibros españoles. Tiremos por ahí a ver que pillo...


Pues mira, otro clásico, Ralph Barby (nacido Rafael Barberán Domínguez) tituló un trabajito para la serie Servicio Secreto de Bruguera como Muere una Hippie


A Joe Mogar lo tengo menos controlado. Me suena de alguna del Oeste de las que compraba mi tía abuela, pero vamos, que Muerte para una "ye-ye" me parece un título antológico que debe figurar en mi colección de viejo papel pOp y español, así que a la saca.


Y haciendo clic clic con tanto yeyé y tanta jipi por en medio no es de extrañar que acabe topándome con las drogas. Las drogas y sus víctimas y una portada maravillosa con una chica encerrada, encadenada, jeringuillas vintage, potes de opio. No hay duda: debe formar parte de colección de materiales sobre droga y cultura popular. A la saca.


Me quedo con el nombre del escritor, Paul Reader, y comienzo a mirar su obra. Es un descubrimiento. Ya de entrada, un libro sobre Las perversiones publicado en 1973, es decir, antes del fin de la dictadura. La portada, con esas reminiscencias a lo Crepax me resulta fascinante durante un rato.


También esta, Biografía de las pasiones. WoW.


A estas alturas ya tengo claro que Paul Reader sabe lo que quiere la gente, cosas como Grandes traidores,


Lacras sociales,

Los harenes y sus misterios (que, atención, tuvo varias ediciones, entre ellas una en la que su título se convertía en La mujer en el Islam, nada menos),

Privados y favoritas,

Verdugos famosos,


o Cárceles famosas.

Me hace gracia descubrir que años más tarde publicara Cárceles y verdugos y estoy seguro, convencido, de que no es otra cosa que un refrito de los dos anteriores: Verdugos famosos y Cárceles famosas. En estos momentos, Paul Reader se ha convertido en el descubrimiento de mi jornada de surf pulp, un tesoro escondido del ensayo de explotación, así que decido investigar. Me cuesta un poco encontrar datos al principio, pero al ver que un tal Carlos de Arce figura como traductor de un par de las obras decido tirar por ahí, ya que era muy habitual que el autor que se escondía bajo el seudónimo firmara la (falsa) traducción (así pasaba con Von Vereiter y Enrique Sánchez Pascual, por ejemplo). Así que tiro por ahí y efectivamente, un obituario revela que el periodista Carlos de Arce era Paul Reader.


También leo que Carlos de Arce tuvo problemas tras publicar, en 1971 y con su nombre, El insaciable Eros, una historia del erotismo que le atrajo problemas con el régimen. No era cosa de broma, una d eestas demanadas podía acarrear la inhabilitación para la práctica del periodismo. Quizá fuera eso lo que le llevara al uso de un pseudónimo.


Regresando al clic clic clic, descubro que en la misma editorial que Paul Reader publicaba un tal Helmuth Von Sohel. De nuevo, reportajes de clara vocación exploit que buscan el bajo instinto, como El peor pecado

Gamberros y Teddy-Boys,


Grandes loscos de la humanidad,

La mujer y el delito,


o una sorprendente Biografia de la homosexualidad (con primera edición española de 1964, nada menos). Mismas editoriales (Fema y Producciones Editoriales), mismas temáticas... Estoy seguro de que Carlos de Arce está también detrás. No puedo confirmarlo pero sí veo que figura como traductor de algunas, así que 2+2=4.



Siguiendo con mis búsquedas, que se han cruzado con el erotismo, doy cons estas Vírgenes de Alabama que a saber que serán, pero me maravilla la portada por esas bragas y sostenes pintadas con rotulador, y por el copón, claro.


Pero regreso al repotaje de bajos instintos y doy con la colección de Bruguera Crónica Negra, que compilaba grandes crímenes imagino que con el punto de vista adecuado al formato y público. Un volumen protagonizado por La familia Manson,


u otro bellamente titulado Esclavas rubias. WoW.



Así que miro en el vendedor al que le estoy haciendo el pedido y le descubro un par de ejemplares de la serie. Uno es El sátiro de Villa Urquiza (y todo lo que luzca la palabra sátiro en el título me interesa);


El otro es El coleccionista de mujeres asesinadas. ¿Quién puede resistirse? Me pillo los dos.


Doy marcha atrás, clic clic, y regreso a FBI de Rollán. Me seduce esta portada, con el hiperrealismo del tipo con la media negra en la cabeza. Pienso que seguramente debe ser algún amigo del ilustrador que se dejó fotografiar. También me encanta el título: Epidemia de decencia. Eso sí es una lacr social y no las de Paul Reader.


Y luego Harlem, coño. Y sin negros en portada. Que pena descubrirlo ahora que ya se ha publicado Black Super Power.


Hostia. En Marea Roja y Negra sí que sale un negro. y arriba habla de Race Riots. Mecachis, esto sí que me hubiera venido bien para mi libro. Tomo nota, que nunca se sabe.


Mira. Otra portada hermosa de la serie FBI de Rollán. Un encapuchado carmesí, icono pOp irresistible, que además resulta ser del Ku KluX Klan (pese al cambio de color) y que encima se iventa un logo para la grupo racista. ¡Qué maravilla!


Llegados a este punto de mi jornada de pulp surf, me introduzco ya en clásico: la belleza de sus títulos. Pura poesía popular. Dos atómicas para X-21. Uff. Las bombas atómicas son como las buenas tetas, que van de par en par.



O este: Adiós Imbécil. Escueto, corto, directo, poderoso. Aplausos.


Y aquí Clark Carrados (Luis García Lecha), otro clásico, titula La dinamita que hizo "pfff". No sé si se refiere a que era defectuosa y no estalló o si acaso es que ya ha prendido la mecha. Da igual, es un buen título para un bolsilibro.



Esta me hace gracia, Mi muerte fue una fiesta. Tan personal, tan imposible. Y en portada un hongo atómico. ¡Menuda fiesta!


Bueno. Voy acabando mi particular jornada de saltos de portada en portada. Primero con esta rarezaen la que no se indican autores pero que tiene la hermosura del machambrado gráfico de derribo: zombis, monjes calavera, murciélagos y jamonas en salto de cama. Con cosas así el contenido siempre será lo de menos.



La serie de El Encapuchado es un clasico de nuestro pulp (y aquí sí es pulp y no bolsilibro), La portada me parece de una belleza TREMENDA.


Para acabar, otra cosa que no sé muy bien que será, pero de cuyo título me enamoro. Cánticos y explosiones. Sï, creo que eso es lo que necesitamos hoy. Me temo que la cosa está tan mal que sólo la podremos solucionar a base de cánticos y explosiones. Y hemos tenido que dar con la respuesta a trabes del pOp de Derribo. ¿Dónde si no?

18.5.12

BOOGALOO CAÑÍ



“En el completo ensayo Black Super Power, Daniel Ausente repasa el héroe negro en la cultura popular: cómic, cine y literatura. Y lo hace como si mantuviera una conversación con Tarantino en alguna timba ilegal de póquer y hablaran de Nubia, la hermana negra de Wonder Woman (las separaron al nacer) o de ese capítulo en el que Lois Lane le pide kriptonita a Superman para convertirse en negra , saber lo que se siente y escribir un artículo denuncia (impagable la Lois con aros y peinado afro preguntándole a Superman si se casaría con ella a pesar de su color). Después llegó Obama.” 

El fragmento es la primera reseña que veo publicada en papel de Black Super Power, el ensayo que he escrito y publicado como parte de la Black Pulp Box, ese proyecto loco al que se dedica el artículo entero, publicado ayer en el suplemento Tendències de la edición catalana de El Mundo y viene firmado por Vanesa Graell. Lo tienen entero más abajo. Por lo que a mí respecta, me gusta lo que dice porque sintetiza muy bien el tono de mi texto, en el que hay mucho dato y mucho mejunje de sociolpolítica pOp, pero que rehuye cualquier academicismo. Vamos, como es habitual por aquí.



La Black Pulp Box se puede comprar a través de la web de la editorial, o en alguna de las librerías que suministran los productos de Aristas Martínez. Más madera: el escritor Javier Calvo reseñaba otro de los libros más apetecibles de la caja, Amazing Bold Stories, la antología de relatos breves. También aviso de que el día 24 de mayo se presenta en Madrid. A las 20:00 reunión de pulperos negros en Arrebato y a las 22:30 fiestón en Maderfaker. Por desgraciada no podré estar presente, pero seguro que lo pasan bien.


10.5.12

MATEMOS A LUC SANTE


Me compré Mata a tus ídolos de Luc Sante por un tuiteo de @minipetite.  Bueno, no sólo por la recomendación, también por su género (la antología de reportajes periodísticos) y por ser de Libros del K.O., una editorial pequeña y recién nacida. Lo segundo no creo que requiera más explicación; lo primero, en fin, que una de las cosas que me llevé los tres años que pasé estudiando (mal) periodismo (1984-1987) fue precisamente el descubrimiento del Nuevo Periodismo y de las antologías de Tom Wolfe y Hunter S. Thompson. Desde entonces es un género que frecuento, aunque no se trate exactamente de miembros de ese movimiento, aunque su influjo está ahí, claro, puedo percibirlo en David Foster Wallace o incluso en las historietas del gran Joe Sacco. No conocía a Luc Sante (50 años residiendo como extranjero en EEUU, reza la solapa) pero el bello título (traducción de Kill all your darlings, cita atribuida a Faulkner), su condición de periodista mayormente cultural, lo bonito de la edición (pequeñita y matona, bravo) y una introducción firmada por Greil Marcus acabaron por convencerme.

Y muy bien oigan. Me lo zampé de manera voraz y ya forma parte de mis favoritos en el subgénero de la compilación de ensayos culturales. Tan sólo uno de los textos, el dedicado a reseñar unas memorias de Bob Dylan, se me hizo pesado. Que conste en acta que yo no soy dylaniano más allá de sus coqueteos con el rock a mediados de los 60. El resto del libro va de lo interesante a lo muy interesante, y en demasiadas ocasiones aúna pasión con conocimiento, que es algo que no tiene precio. Además, la variedad temática es fantástica: de las recopilaciones de garaje punk a la línea clara de Hergé, pasando por Magritte o Mapplethorpe.


Mata a tus ídolos se divide en cinco bloques. El primero tiene carácter social y autobiográfico y recoge textos en los que Luc Sante rememora la Nueva York de finales de los 70; fabula con sus ruinas futuras; recuerda su condición de inquilino en los pisos de alquiler del Lower East Side o una revuelta vecinal en el Tompkins Square Park; carga contra la alcaldía de Giuliani; recuerda la figura del delincuente John Gotti y acaba escarbando en la extraña condición de Nueva Jersey por su condición de satélite de la Gran Manzana.


El segundo bloque parece continuar esa tónica con un primer texto en el que rememora su experiencia laboral adolescente en una poco recomendable fábrica de New Jersey; pero luego prosigue con un breve ensayo sobre la etimología de la palabra dope (de ahí viene doparse, ustedes entienden); con su condición de ex fumador amante del tabaco; con un fabuloso análisis de la violencia festiva y enajenada que ha frecuentado históricamente la Nochevieja y la celebración del Año Nuevo (como él dice, hay algo atávico en tanta muerte); la historia de los afters neoyorquinos donde nació el punk; su visita al intento (grunge) de resucitar Woodstock en 1999 (donde hace gala del tipo de humor cínico que me seduce) y un par de inteligentes esbozos sobre Terry Southern o el libro Hip: The History de John Leland. Al leerlos todos de seguido se denota la no forzada cohesión entre ellos en su viaje de la fiesta y la droga al “Eras demasiado moderna, nena. Ya no te aguanto” que cierra la semblanza de Southern.

La temática del tercer bloque es clara y diáfana: la música. Ahí está el texto sobre Dylan que mencionaba; la loa, siempre insuficiente, a los Nuggets (indispensables recopilatorios de garaje punk sesentero); la vindicación de una banda tan oscura para nosotros como The Mekons; la muy interesante historia de Buddy Bolden, su banda y la génesis del Funky Butt una sudorosa noche de 1902 en Nueva Orleans. El bloque finaliza con La invención del Blues, una pieza maestra en la que traza y acota en tiempo y lugares concretos el nacimiento del lamento negro por excelencia.


El quinto bloque concentra artes visuales diversas y es donde más se deja notar su condición de hijo de emigrantes belgas. Sólo así se entiende un texto dedicado a Hergé y la línea clara, uno sobre Víctor Hugo como epítome de la cultura pop de masas u otro sobre Magritte (en el que además establece finos lazos con Fantomas). Eso añade valor al libro, que se enmarca en la tradición de análisis de la pop culture estadounidense pero que se libra así del estigma etnocentrista del que siempre adolecen los estudios que de allí nos llegan, y en donde parece no haber otra cultura que la suya. El bloque finaliza con tres fabulosos textos sobre fotografía. Quizá en mi entusiasmo influya que no es una disciplina que conozca demasiado. El primero lo dedica a Walker Evans y su ingente labor para la Farm Security Administration fotografiando pequeños pueblos y granjas durante la década de los años 30. El segundo a Michael Lesy y su antología de recuperación fotográfica Wisconsin Death Trip (1973), obra que intuyo como muy clave para demasiadas cosas (entre ellas, dar la pista que difundió las fotos de difuntos de que fueron tradición hace más de un siglo), así que deberé darle un ojo como pueda. Y para acabar una diáfana y muy reveladora semblanza del polémico y genial Mapplethorpe.


En el breve y último bloque Luc Sante regresa a la experiencia autobiográfica directa (que en realidad siempre está presente de alguna manera) para hablar de su adolescente lectura del Aullido de Allen Ginsberg y de cómo acabaron siendo vecinos, o del impacto juvenil que le supuso la lectura de Rimbaud. En fin, literatura que un joven Sante devora como debe hacerse, yéndole la vida en ello.

Una de las cosas que más valoro de una lectura es su capacidad para hacerme tirar del hilo, de completar lo que explica escarbando por la red. Con Mata a tus ídolos me ha sucedido de nuevo y lo celebro. He googleado en busca del Wisconsin Death Trip, del Funky Butt, de Buddy Bolden, de la foto de Magritte con su cuadro de Fantomas, e incluso he vuelto a ponerme el primer Nuggets. No puedo pedir nada más. O sí. Matemos a Luc Sante. Aquí les dejo una entrevista, el enlace para comprarlo vía Amazon o directamente a la propia editorial.

3.5.12

AJETREADA


Creo que no llegué a hablar por aquí de Aya de Yopougon, o quizá lo hice de refilón al comentar algún audio radiofónico. Y es una pena no haber entrado al detalle cuando tenía la lectura fresca porque es una serie poco comentada pero de lectura muy agradable. La guionista Marguerite Abouet confeccionaba un culebrón la mar de simpático ambientado mayormente en Costa de Marfil. Un tebeo coral y una comedia de enredo muy efectiva dibujada un poco al modo Sfar/Blain por Climent Oubrerie. Con Aya de Yopougon se podía decir que era puro bullicio mediterráneo (cuando Costa de Marfil no está precisamente en el Mediterráneo) y que alegraba el cuerpo ver que África no es sólo lo que vemos en los telediarios. Reconozco que me supo mal que finalizara en su sexto volumen. También les supo mal a mis compañeras de oficina, ya que éste es uno de esos tebeos ideales para quienes no los leen habitualmente y que les muestra que en el medio se hacen cosas que pueden gustar (y mucho) a un público mayoritario. El problema es entonces otro: ese público mayoritario no se entera de su existencia


Cuando comenté a mis compañeras de oficina que la guionista “del tebeo de las negritas” sacaba una nueva serie, me la pidieron enseguida. Aún no se lo he pasado, pero es evidente que les gustará, aunque aún no tanto como Aya porque la historia no hace más que comenzar. La nueva serie se llama Bienvenida, que es nombre de la protagonista, una chica que viva en pleno torbellino urbanita: piso compartido con una prima que aspira a modelo, un vecindario generoso en multiculturalidad, mal llevados estudios de Bellas Artes, jovencitas pijas y suicidas que vuelcan en ella sus desdichas, una madre agobiante, pluriempleos diversos. Todo este ruido de fondo no ayuda a la muchacha a resolver su problema, que es el de siempre: la falta de una pareja sentimental. Así que a Bienvenida se le va agriando el carácter mientras no paran de pasar cosas. Quizá demasiadas, pero es obvio que así el tebeo funciona como un tiro. Abouet continúa así en el género en el que se siente cómoda, que es la comedia costumbrista de carácter coral. La parte gráfica le corresponde ahora a Singeon, miembro del colectivo francés forjado alrededor del fanzine Dopotutto (visitaron Barcelona en el primer Festival Ilu-Station), y joven dibujante también bajo el inevitable influjo Sfar/Blain. Nada que objetar, parece difícil alejarse de esa influencia, aquí no tan notoria y con la virtud de un bien llevado dinamismo.


En definitiva, que este tebeo no revolucionará el medio ni será uno de los títulos del año; también tendremos que esperar a ver cómo sigue la cosa. Pero tampoco puedo negar que es eficaz, entretenido e ideal para aquellos que gusten de los culebrones de costumbrismo urbanita.

2.5.12

LA VENGANZA DEL DOCTOR HOLMES


Tras la entrada de hace unos días dedicada al Doctor H. H. Holmes, asesino más industrial que en serie, y las historietas que adaptaban su historia, Roski666 me envía un interesante documento que ha localizado y que procede, nada menos, de un ejemplar del Diario de Avisos de Madrid fechado en 1902. Yo busqué datos en las hemerotecas digitales de La Vanguardia o ABC, en pos de algún hallazgo similar a Jaime el gaitero,  y no encontré nada; pero cuando hice esas búsquedas no hubiera esperado encontrar una coletilla final al caso tan… bizarra. ¡Lean, Lean!
No hace mucho sentenciaron y ejecutaron en los Estados Unidos a un famoso envenenador, el doctor Holmes, á quien los italianos acusaban de hacer mal de ojo, y el clérigo que le asistió en sus últimos momentos ha sido asesinado; el carcelero se ha suicidado; el presidente del jurado fue muerto por la descarga de un cable eléctrico que se rompió al pasar el; el procurador que ayudó á su defensa, el médico que certificó que su estado mental era bueno y la prometida de uno de sus abogados, han fallecido de repente: una mujer que vivía en le casa de Holmes se ha suicidado; el presidente y los magistrados que le sentenciaron, están sufriendo enfermedades graves; el fiscal era un político eminente, y la desgracia se ha cebado en él, arruinándole y desacreditándole, y es hoy una escoria social. No ha escapado a la muerte, a la enfermedad o a la ruina ninguna de las personas que intervinieron en el proceso. La gente se ha fijado en tan extraña coincidencia, y ya nadie duda que Colmes hacía mal de ojo.

Diario de Avisos de Madrid, 1902