27.4.12

NEGRO ALFA

"Panchito hijo, hay algo que tarde o temprano debías saber y quiero ser yo quien te lo diga. Panchito hijo, tú eres negro, pero no debes avergonzarte. Negros eran los hombres de cromagnon, los egipcios, los indios, los pueblos de Arabia, negros los cántabros de tez morena que tanto lucharon por su independencia. Negros de pelo crespo: los asirios, los persas, Antonio Machín, los vikingos del norte y los zares de Rusia..." 

Este bello monólogo procede de la estupenda El Milagro de P. Tinto (Javier Fesser, 1998) y me lo recordó el otro día el siempre atento Dr. Max. Cuando lo vi supe que debía ser la introducción de Black Super Power, el ensayo que he escrito y que forma parte de la Black Pulp Box. Por desgracia, el libro ya estaba en imprenta. Del mismo modo, me hubiera gustado que esta foto que aquí les dejo fuera la última, el colofón final que todo lo resume. Por desgracia, tampoco pude avisar a tiempo de su importancia. En ella, el célebra Archie besa a su nueva novia.




Pero yo no venía aquí a hablarles de teens eternos que tras décadas ignorando a los hermanos de raza negra se arrojan en sus brazos porque la llegada de Obama da vía libre al libertinaje interracial. No. Yo venía a decirles que en la versión digital de la revista Vice acaban de publicar una entrevista que me hizo Rubén Lardían el otro día al respecto de esto de la gestación del héroe negro en la cultura popular. Pueden leerla aquí. Lo que más me gusta de ella es la foto, claro, ya que por primera vez me veo guapo y me siento bien con la pinta que luzco; y biene mucho al caso, porque me luzco como un detenido, como tantos negros convertidos, desde hace años, en el terror mediático que somete a la población norteamericana blanca y de clase media a un pavor. Ah! De momento, Black Super Power puede comprarse, como parte de la Black Pulp Box, aquí.


El sospechoso es un hombre negro de unos 25 años (retrato robot, policía de New York, 2008)

Banda sonora recomendada:

24.4.12

SEMILLAS DE SUBVERSIÓN



No es un documento desconocido pero sí un testimonio gráfico inigualable de la historia de la subcultura en España. Es la foto fundacional de El Víbora. Arriba, de izquierda a derecha, Nazario, la esposa de Josep Maria Beà, Josep Maria Beà, Onliyú, Martí, mujer desconocida, Toutain y Gallardo. Abajo: Pons, Juanito Mediavilla, Max y Josep Maria Berenguer.

Ayer, 23 de abril, moría Berenguer, el editor de El Víbora y responsable de la editorial La Cúpula. La historia es conocida: Berenguer era un jipi de La Floresta (población vecina al Tibidabo, en la sierra de Collserola que ejerce de frontera natural del norte de Barcelona) que quería editar una revista de corte moderno y contracultural al amparo de la recién nacida democracia. Su amigo Josep Toutain, responsable de la agencia de dibujantes Selecciones Ilustradas que se acababa de lanzar a la edición de revistas (1984, Creepy, Comix Internacional), le prestó el dinero con la condición de que fuera una revista de cómix (sí, con x). Berenguer reunió entonces a los jóvenes autores del underground barcelonés, los Max, Nazario, Gallado, Mediavilla, Martí o Pons, junto a Beà, que si bien no era underground sí era un bicho raro dentro del catálogo de Selecciones Ilustradas. El resto es historia. El Víbora fue una de las mejores revistas de cómic de la historia, y a nivel mundial, no sólo local. Un grupo de jóvenes que venían de hacer fanzines subversivos cuando no se podían hacer se convirtió en una de las generaciones más excitantes de nuestro tebeo, y con sus quinquis, travestís, putas, yonquis y activistas del anarquismo retrataron una realidad subterránea, la de la calle, la del barrio marginal. Si Madrid tuvo la Movida, en Barcelona les tuvimos a ellos. Sus historietas eran tan cercanas a la calle que muchos no sobrevivieron a los excesos de esa misma calle, y El Víbora se fue reinventando dando paso a nuevas generaciones. Mientras, en sus páginas iban apareciendo autores como Crumb, Shelton, Tatsumi, Burns, Bagge, Clowes o los Hermanos Hernandez. Son los nombres que han cambiado el cómic contemporáneo. Durante décadas, La Cúpula era casi la única editorial que publicaba ese tipo de cómic en nuestro país; hoy hay más editoriales que han seguido ese camino, y hasta grandes grupos editoriales ficharon a algunos de sus autores a golpe de talonario.

Con la muerte de Berenguer se marchan también un montón de historias y anécdotas que probablemente nadie más pueda contar ya, a estas alturas, y me queda la sensación, una vez más, de que queda ahí pendiente el gran reconocimiento que esa explosión creativa supuso. La fundación de El Víbora debería estar escrita en letras de oro en la historia de la Cultura española contemporánea, al mismo nivel que otras generaciones de artistas o escritores más celebradas (y no estoy exagerando ni un pelo). Pero esa constancia en nuestra Historia con mayúsculas sigue sin aparecer por ningún lado, quizá porque sólo son tebeos, quizá porque fueron tebeos de putas y drogadictos, quizá porque resultan aún hoy demasiado subversivos para un mundo, el de la cultura, que lleva demasiado tiempo en estado dócil con el sistema.


Yo compré el número 1 de El Víbora el primer día que se puso a la venta en los quioscos. Me resulta muy curioso que lo siga recordando tan nítidamente. Ahí, en la pila de revistas de cómic donde estaban el Tótem o el 1984 apareció aquella impresionante portada de Nazario. Así que lo compré sin saber qué era. El impacto fue brutal. Me sacudió como pocas cosas me han sacudido y me sacudirán ya en la vida. Eso sí, al mes siguiente regresé, y al otro también. Tenía 14 años y aún no me he recuperado. Así que sólo me queda darle las gracias a Josep Maria Berenguer. ¡Gracias por tantos tebeos buenos, Berenguer!

22.4.12

VEINTE COMICS

El Saló del Còmic de Barcelona está a la vuelta de la esquina y Sant Jordi es mañana. Este año Ficomic ha cambiado la estructura de sus premios siguiendo el modelo de Angouleme, donde en una primera vuelta se seleccionan una veintena de obras, diez nacionales y diez extranjeras. Hace días que quería comentar cada uno de ellos, ya que por una vez los he leído todos. Así que con las dos fechas idóneas tan cercanas era ahora o nunca. El orden, por cierto, es el alfabético del comunicado de Ficomic.

NOMINADOS MEJOR OBRA DE AUTOR ESPAÑOL PUBLICADA EL 2011


Aventuras de un oficinista japonés, de José Domingo (Bang Ediciones)

Sin duda, una de las grandes sorpresas del año por múltiples motivos, entre ellos la originalidad de la propuesta. José Domingo propone la delirante aventura de un oficinista japonés que de regreso a casa se cruzará con sectas satánicas, familias caníbales, yetis, yakuzas y mil y una amenazas más. Tebeo mudo, sin palabras, fascinante en lo visual de su narrativa, en su espíritu de fiesta de lo pOp, en su estilo gráfico. Resumiendo: bello, bonito, divertido y resistente a mil lecturas. Entrevisté a su autor en el Cabaret Elèctric. Aquí el audio.




Dublinés, de Alfonso Zapico (Astiberri Ediciones)
Zapico convierte la biografía de James Joyce en novela gráfica, y nunca mejor dicho. Otro de mis favoritos en esta lista, entre otras cosas porque su lectura me pareció muy interesante y permanecí sumergido en sus páginas de principio a fin, quizá porque desconocía los detalles de la vida del creador de Ulises. También hablé con Alfonso Zapico hace ahora un año.


El Héroe, de David Rubín (Astiberri Ediciones)

¿Qué decir? Rubín es, hoy por hoy, uno de los nombres clave del còmic español y la primera entrega de su reformulación actualizada del mito de Heracles quizá sea la propuesta más espectacular de la lista. Un tebeo que se encomienda a Kirby y a la épica, al dinamismo y a las hostias, pero sin sacrificar por ello la especial sensibilidad con que aborda David sus historias. Estamos todos deseando ver la segunda entrega. También hay audio del Cabaret Elèctric.


Españistán, de Aleix Saló (Ediciones Glénat, ahora Editores de Tebeos, SL)
El tebeo más popular de la lista, si nos atenemos a sus sorprendentes cifras de ventas y a su condición de éxito transmitido boca a boca a través de las redes sociales y entre un público ajeno a los diversos fandom que conforman el cómic español.  Resulta difícil negar las virtudes de esta odisea hipotecaria que sirve para describir la tremenda fauna que conforman las fuerzas vivas del estado español que nos llevan a la muerte.


Fagocitosis, de Marcos Prior y Danide (Ediciones Glénat, ahora Editores de Tebeos, SL)
Una maravilla a la que ya dediqué una entrada. Poco más que añadir a eso y sólo insistir en que aúna grafismo pOp y actitud subversiva, mezcla que desgraciadamente no es tan común como debiera en el tebeo español. Es uno de mis favoritos, y también tuvo entrevista en directo.



Historias del barrio, de Gabi Beltrán y Bartolomé Seguí (Astiberri Ediciones)
Otro de mis favoritos y uno de los títulos más indiscutibles del año. El ilustrador Gabi Beltrán relata su compleja adolescencia como hijo del Barrio Chino de Palma de Mallorca. Relato autobiográfico e historia de quinquis, también es la crónica de un superviviente de nuestro lumpen marginal con la enorme virtud de no caer nunca en el juicio moral o ejemplarizante. Ayuda mucho a ello que cediera los lápices a un Seguí en lo más alto de su carrera que se muestra versátil en lo gráfico.


La muchacha salvaje, de Mireia Pérez (Ediciones Sins Entido)
La única mujer entre los veinte le corresponde a Mireia Pérez. Un poco triste verla tan sola. Mireia se encomienda a Sfar para explicar la historia de una hembra primitiva que se siente atraída por la pintura rupestre y por la caza, actividad en principio reservada a los varones. Convertida en bicho raro iniciará un peregrinaje que alcanza su mejor momento cuando decide inquietar al lector masculino que carece de la genética del macho alfa.


La protectora, de Keko (Edicions de Ponent)
Keko es uno de nuestros mayores talentos gráficos. Con La protectora se adentra en la arriesgada tarea de continuar una obra maestra de la literatura como es Otra vuelta de tuerca de Henry James, pieza clave en lo que a historias de fantasmas se refiere. Relato extraño dominado por su oscuridad gráfica, donde el blanco y negro es más negro que nunca por voluntad propia, que homenajea el grabado añejo y juega con el simbolismo de la palabra escrita. Seguramente el tebeo más complejo y experimental de la lista.


La saga de Atlas & Axis, de Pau (Dibbuks)
Hace tiempo que Pau tiene pendiente con el cómic español realizar ese gran tebeo que sabemos que llegará algún día. La dualidad entre su grafismo de dibujos animados y su gusto por el metalenguaje se inclina aquí por lo primero y aleja lo segundo. En apariencia, una aventura de espíritu juvenil protagonizada por animales antropomórficos en un épico pasado medieval. En la práctica, una epopeya sobre el viaje de dos supervivientes que buscando a los suyos alcanzarán el sentido de la venganza. Ese contraste final resulta impactante y muy interesante, aunque no sea para mí el mejor de los tebeos de esta lista.


Memorias de un hombre en pijama, de Paco Roca (Astiberri Ediciones)
No podía faltar Paco Roca en la lista anual, y en esta ocasión con la recopilación de las historietas que publicadas en la prensa valenciana y donde ofrece una simpática y dicharachera crónica costumbrista a partir de su autoretrato como artista despistado. Anécdotas, conflictos de pareja y Paco Roca convertido en entrañable personaje de tebeo. También tiene su audio con entrevista.

NOMINADOS MEJOR OBRA ESTRANJERA PUBLICADA EN ESPAÑA EL 2011


Arzak el vigilante, de Moebius (Norma Editorial)
Como ya dije en una de las entradas que dediqué a Moebius con motivo de su muerte, me sorprendió mucho esta nominación. A ver, es un Moebius puro recuperando a uno de sus personajes clásicos, y gráficamente resulta exultante, pero aún así uno se habría inclinado por el fascinante, revelador y póstumo Inside Moebius.


Cinco mil kilómetros por segundo, de Manuele Fior (Ediciones Sins Entido)
No podía faltar una de las novelas gráficas europeas más premiadas del pasado año. Con sus hermosas acuarelas dando esplendor gráfico, Fior nos relata una historia de amor juvenil y de desencantado reencuentro adulto, y lo hace de manera brillante poniéndose en manos de la elipsis y de tremendos saltos geográficos y temporales. Esa es la gracia, la de cómo resultar emocionante dejando de lado el relato de los momentos clave de un triángulo de amores rotos y evocando esas relaciones cuando sus personajes están solos y alejados, lamiendo sus heridas; y lo cierto es que ahí resulta bastante brillante.


Crónicas de Jerusalén, de Guy Delisle (Astiberri Ediciones)
Lo único malo que puede decirse de esta enorme novela gráfica es que ya sabemos lo bueno que es Delisle con sus crónicas de viajes. Y eso no es malo porque supone para el lector ponerse en manos de un maestro. Delisle combina sus anécdotas personales como padre al cuidado de su retoño mientras la esposa trabaja en una ONG con el descubrimiento, paso a paso, de una ciudad tan cargada de historia y conflicto como es Jerusalén, ciudad santa para tres religiones. Es cierto que puestos a relatar el conflicto entre palestinos e israelíes poco se puede competir con Joe Sacco, pero es que tampoco creo que Delisle pretendiera una denuncia tan brutal porque eso choca con su forma de afrontar sus experiencias en países sometidos a la violencia política y social. Yo he disfrutado mucho con este cómic y he aprendido un montón de cosas que desconocía.



El pequeño Christian, de Blutch (Norma Editorial)
Uno de mis tebeos favoritos de la lista, ya le dediqué una entrada al respecto.  Poco más que decir. Me hizo reír mucho en su primera parte y me pareció estupendo cuando luego acude a los iconos de la masculinidad para relatar el fin de la infancia y el descubrimiento del universo femenino.


Frank, de Jim Woodring (Fulgencio Pimentel Ediciones)
Otro de mis favoritos y de nuevo me encomiendo a lo ya escrito aquí. Tan sólo anotar que en mi caso es la lectura más estimulante de todas las aquí comentadas.


Habibi, de Craig Thompson (Astiberri Ediciones)
Pertenezco al grupo que puso reparos al Blankets de Thompson por lo que supone de pornografía sentimental. Me pareció muy interesante en el aspecto religioso pero me molestó su blandura en el relato del primer amor adolescente. Habibi es otra cosa, una obra monumental e impresionante, extraña por sumergirse tan de lleno en el orientalismo estético y narrativo, en su indagación de los textos sagrados del Islam. Aunque no sea el mejor de los tebeos aquí apuntados es innegable que resulta fascinante. Y dio pié a uno de los mejores análisis sobre cómic que he leído este año.


Pagando por ello, de Chester Brown (Ediciones La Cúpula)
Otra de las obras maestras que nos ha regalado el 2011, ya comentada por aquí.  A Chester Brown no le importa retratarse como tipo extraño, robótico y compulsivo para defender la prostitución a partir de su experiencia personal como usuario del sexo por dinero. Trasciende la autobiografía más desnuda y alternativa para convertirse en documento testimonial de lectura imprescindible para abordar tan polémico tema.


Polina, de Bastien Vivès (Diábolo Ediciones)
Hablaba de Vivès no hace pocos días, alabando sus Melones de la Ira. Polina es su novela gráfica más ambiciosa hasta la fecha, aunque quizá resulte más artificiosa que algunos brillantes títulos anteriores. Su interés por el relato del desamor y el estudio del movimiento en la anatomía femenina, que son sus constantes, se ponen aquí al servicio de la vida de una bailarina clásica, desde la infancia hasta la madurez, marcada por el sacrificio a todos los niveles y por la presencia de un duro profesor, frío y exigente, que acaba resultando una sombra de tristeza. Es un relato más duro de lo que aparenta y la verdad es que su lectura me atrapó de principio a fin, así que nada que objetar.


Quai d’Orsay, de Abel Lanzac y Christophe Blain (Norma Editorial)
Otro título ya comentado en este blog,  y que no esperaba ver en la lista. No es el mejor Blain, es cierto, pero me pareció muy interesante, y brillante en lo gráfico.



Tóxico, de Charles Burns (Random House Mondadori)
Para acabar, otro maestro fascinante. Lo malo de Tóxico es que es una primera entrega, que abre muchas puertas sin cerrar ninguna. Eso podría ser malo, sí, pero coño, que esto es Burns y pocos autores hay capaces de sacudir al lector con su universo personal lleno de imágenes inquietantes. Están sus temas habituales: la malformación, lo extraño, el cambio hormonal como química de lo insano; y además se pone en manos de Tintín acudiendo a su tupé de línea clara como símbolo de algo, aún no sabemos qué, y a la fascinación del uso de los objetos que hacía Hergé. Convertir en huevo la seta de La estrella misteriosa es mucho más que un recurso gráfico.

Para acabar, tan sólo mencionar que en esta lista de nominados encuentro a faltar alguno de los tebeos que más me gustaron el año pasado. El coche de Intisar de Nacho Casanova y Pedro Riera, por ejemplo. O la segunda entrega de La vida privada de los jóvenes de Satouf (ausencia que me sorprende sobremanera). O Todo el mundo es imbécil menos yo de Bagge (para mí lo mejor que hacho desde Odio). Y entiendo que no esté la mejor lectura del 2011, el Four Color Fear, antología de los horrores precode al que su naturaleza de recuperación de un pasado fascinante le resta muchos puntos en una selección de nominados a premio. Quizá crear algún premio del tipo Patrimonio como hay en Angouleme no estaría mal.





21.4.12

DEL CONGUITO A OBAMA EN UNA CAJA NEGRA Y PULPA


Pongamos entradilla a la noticia: he escrito Black Super Power, un ensayo sobre la evolución del héroe negro en la cultura popular; el libro forma parte de una caja, la Black Pulp Box, compuesta de un par de novelas, una antología de cuentos breves, un álbum de cómics, un fanzine y, claro, mi ensayo; la Black Pulp Box sale oficialmente a la venta en mayo, pero el lunes 23 de abril, Sant Jordi, se presenta en exclusiva en Barcelona en el espacio Miscelánea (calle Guardia, nº 10) con una charla a eso de las 20:00. Y ahora desarrollemos los tres puntos.


1 Del conguito a Obama. 
A finales de 2005 escribí un largo estudio sobre los superhéroes negros que apareció publicado en dos partes en los números 35 y 36 (primavera y otoño de 2006 respectivamente) de Mondo Brutto. Black Super Power reaparece ahora en formato libro debidamente actualizado, corregido y ampliado para la ocasión. Los cambios duplican la extensión original y las ampliaciones no sólo afectan los capítulos concretos, sino que abarcan espacios entonces no tratados, como la novela policial con Harlem como escenario, un amplio recorrido por el fenómeno cinematográfico de la blaxploitation y todos los cambios que ha supuesto en la pop cultura el ascenso de Obama a la presidencia. Todo con mucho dato pero sin ánimo académico y sí con el tono dicharachero habitual. En sus páginas se recorre la peculiar evolución del héroe negro desde las imágenes colonialistas y los estereotipos raciales hasta la actualidad, poniendo siempre en paralelo el pop subterráneo y de derribo con la sociedad de la que emana. Ni que decir que me hace mucha ilusión verlo en papel. AH! La portada es de Pablo Ríos.


2 Caja Negra y Pulpa 
Black Super Power forma parte de la Black Pulp Box, un loco proyecto impulsado por Aristas Martinez, editorial independiente y alternativa. El inaudito y bello artefacto reúne en una caja seis publicaciones. A saber: dos bolsilibros (Carnaval según Judas de Fco. Javier Pérez y Supernegro de Cisco Bellabestia); Amazing Bold Stories, una antología de relatos breves a cargo de casi una veintenea de autores (entre ellos mis queridos Grace Morales y Jordi Costa); Betunia, una compilación de cómics en bitono coordinada por David Rubín y José Domingo; Aftersun, enarbolando el concepto de fanzine como filosofía; y Black Super Power, que es lo mío. En definitiva, una caja, seis lomos, 900 páginas, 85 autores. Para ver la nómina completa, aquí la tienen.  Ya sólo puedo añadir que tengo mi ejemplar aquí al lado y es una cosa muy bonita y muy bella.



3 Presentación exclusiva en Barcelona
La caja no estará oficialmente a la venta hasta el 24 de mayo, día de la presentación/fiesta oficial en Madrid, sin embargo, se podrá adquirir en los eventos a los que asista Aristas Martinez y a través de su web. Y el primero de esos eventos es el próximo lunes 23 de abril en Barcelona, nada menos que Sant Jordi, en la sala Miscelánea, en la calle Guardia, nº 10, muy cerca de las Ramblas, en el corazón del primigenio Barrio Chino. La apertura es a las 19:00. Una hora después y junto a Sagar Forniés, Fco. Javier Pérez, Violeta Hernando y los editores charlaremos un rato de cultura popular negra como el betún.

14.4.12

LA DEFENSA ALCÁZAR


Al abrir Silvio José Faraón (Astiberri), segunda antología del personaje que Paco Alcázar publica en El Jueves, uno se encuentra con dos primeras páginas que son, probablemente, las dos mejores historietas de humor que ha dado el tebeo español reciente. Esto es así y se puede comprobar de manera empírica porque la risa, aunque se origina en el cerebro, se vuelve cosa física y como tal se puede medir. Risa sonora, de mandíbula batiente, de soltar lágrimas, de reír de nuevo al recordar esa viñeta o aquella.

Que Silvio José funcione, guste y tenga seguidores entregados también es un hecho que debe ser ponderado como merece. Eso implica que no estamos tan mal, que hay margen para la esperanza. Otra cosa es que uno de los motivos sea que todos llevamos un Silvio José dentro. Mejor no adentrarse ahí. El humor de Paco Alcázar es especial, delirante y en él sobrevive el salvajismo que distinguió a su autor en sus primeros años. Una cosa tan personal que uno siente la tentación de afirmas que sólo está al alcance de un reducido grupo de elegidos. Por fortuna para Paco y para la humanidad entera, no es así.

Dentro de una publicación de masas como es El Jueves, la persistencia y popularidad de Silvio José puede antojarse un misterio. Visualmente se adhiere al feísmo y el contenido, siempre enajenado, frecuenta reductos poco agradables. Paco Alcázar ha sido fiel a sí mismo y a su obra pese a publicar en una revista de ventas importantes. Una revista de humor, sí, pero a mayor número de lectores mayor número de trolls de moral ofendida. Filias, fobias, maltratos, comportamientos aberrantes. En definitiva, un catálogo de incorrecciones con cadencia semanal. Está ahí, y por mucho que su autor haya construido un universo tan personal que los regurgita como algo normal y poco estridente, uno puede sentir cierta perplejidad al pensar que lleva ya siete años en El Jueves por méritos propios y sin rechiste alguno.


Tengo una teoría al respecto. Cuando abres Silvio José Faraón y hojeas sus páginas la cantidad de texto te sacude, se te echa encima y ocupa todo el campo de visión. Podría decirse que Paco Alcázar es casi exclusivamente un dibujante de letras; y cuando te enteras que las rotula a mano, sin acudir a tipografías digitalizadas, uno puede imaginarle convertido en una especie de monje escriba de la Edad Media, concentrado monacalmente en la transcripción de los libros sagrados. De nuevo puedes arquear los ojos extrañado. ¿Cómo puede ser atractivo algo con tanta letra? Evidentemente, no lo es, y ahí levanta Paco Alcázar su principal línea de defensa. Tanto texto sólo llama la atención de los adictos a la lectura, de la gente leída. Ustedes y yo somos de esa clase, y sabemos que la gente leída no se rasga las vestiduras; al contrario, celebramos con alborozo la necrofilia y la zoofilia porque sabemos que el humor no tiene límites. Con su muralla de letras Paco Alcázar aplica la selección natural a sus lectores, y sólo los más aptos se aventuran. Afortunadamente los aptos somos numerosos, para sorpresa de humanistas del pesimismo.

Posdata:



Que no les despiste tanto elogio a Silvio José Faraón. Paco Alcázar ha venido estos días con dos panes bajo el brazo. El otro es La industria de los sueños y está bellamente editado por Caramba Comics. Recopila los chistes sobre cine que mensualmente embellecen la revista Cinemanía. El creador de Silvio José insiste de nuevo en ser fiel a sí mismo pese a moverse en un registro tan diferente como , en su momento, inédito en su carrera. Deduce los menús favoritos de los cineastas a partir de su obra, fabula cómo serían determinadas películas si su director hubiera sido otro, y se pone a gusto con los signos de admiración para dar aberrantes noticias cinematográficas (ciertas o imaginadas). Otra pieza de culto no apta para cinéfilos con síndrome de Asperger.


13.4.12

UNA CUESTIÓN DE PERAS


No pensaba yo que se apoderaría de mí el impulso de escribir de manera entusiasta sobre Bastien Vivès, ese jovenzuelo francés que se ha ganado los favores de la crítica con una serie de (estupendos) tebeos que giraban alrededor de dos ejes autorales: el desamor juvenil retratado con cierta crueldad y mucha pornografía sentimental y el placer por el movimiento del cuerpo humano femenino, que nada (El gusto del cloro), baila (Polina) o se mueve ante nuestra mirada fascinada (En mis ojos), y eso sin olvidar esa cruel y perspicaz disección de las relaciones de pareja que es La carnicería. Una de las virtudes de Vivès es el tempo especial que imprime a sus historias, un tempo muy francés pero más visible en otras artes (cine especialmente) y poco practicado en el cómic; el tipo controla el ritmo como un puto maestro y juega muy bien con el impacto de determinadas viñetas dentro de su melodía gráfica. En Polina, por ejemplo, que quizás es su novela gráfica más ambiciosa, la historia de una sufrida bailarina educada en el esfuerzo desde niña y su especial vínculo con un tirano y arisco profesor de ballet se construye casi por entero alrededor de una única viñeta que golpea al lector muy avanzada la lectura.



Con estos títulos a Vivès se le ha elogiado con bastante razón y también se ha visto respaldado con buenas ventas, en especial porque con sus historias de desamor se ha acercado a lectores ajenos al nicho del los aficionados al cómic (o a determinado cómic). Creo, por tanto, que Vivès se defiende sólo y por eso lo que sigue no es acudir en su defensa en plan 7º de Caballería, no, responde a otra cosa: una de las lecturas más vivificantes y entretenidas que he disfrutado en lo que va de año, y que no es otra que su reciente Los melones de la ira (editada aquí por Diábolo, como todo lo anterior), no parece que esté siendo recibida con este mismo entusiasmo. Se habla de un Vivès menor, de obra fallida, de simple gamberrada. Todo comentarios dignos y razonados, faltaría más, pero que no comparto.

Por ir al grano y con un dato de interés para los instintos, hay que apuntar que Los melones de la ira (gran título, pardiez), es el anunciado acercamiento de Vivès al tebeo pornográfico. Quizá eso justifique para algunos el uso del término “obra menor”, no lo sé, quizá es por su alejamiento de su deconstrucción del género romántico. También parece claro que se produce un curioso choque, porque si bien lo que explica no es lo que hasta ahora explicaba este muchacho, el tono sí es el habitual: construye una historia sin aparentes complicaciones alrededor de un elemento simple y juega con el ritmo, al que sobresalta con secuencias y viñetas puntuales. En realidad, creo que la clave de Vivès es que es un autor en parte sutil, y claro, ser sutil cuando todo se construye alrededor de las tetas gordas de una campesina puede resultar difícil. Pero mira tú que pienso que lo consigue. Los melones de la ira me ha gustado mucho básicamente porque me lo he pasado muy bien durante la lectura, eso es lo principal, pero también porque juega con algunos mitos de lo rural, con el icono de la heroína sumisa sometida a vejaciones burguesas y porque acaba siendo un homenaje/reivindicación de la superhembra, y en especial de la superhembra que regaló al imaginario pOp el gran Russ Meyer.


Si no habéis leído el tebeo, a partir de aquí desvelo aspectos de la historia. Avisados quedan. El bello título de Los melones de la ira es una jocosa referencia al clásico de Steinbeck, Las uvas de la ira. Es evidente, y no es del todo gratuito cuando le lleva a situar la historia en el entorno rural agrícola y en un marco temporal no aclarado pero que podemos situar a finales del siglo XIX y principios del XX (la edad de oro del folletín, que no es dato irrelevante). La historia toma forma de fábula sobre las desventuras de una joven campesina con problemas de espalda por el enorme volumen de sus pechos. El dolor hace que sus padres la lleven a la ciudad para ser tratada por médicos especialista; pero estos, subyugados por la inocencia y el poderoso encanto sexual de la muchacha, la someterán en secreto a todo tipo de vejaciones sexuales. La primera de esas escenas de sexo explícito es una de esas alrededor de las cuales Vivès gusta de jugar en su construcción narrativa. Me gusta la forma en que impactan esas escenas, que aquí son casi como grabados de época eróticos, y a toda página, en el desarrollo secuencial de la historia.

También me gusta el manejo del mito de lo rural que hace, acudiendo a diversos elementos (contrapuestos) que lo definen. Uno es el de la inocencia fruto de una vida austera alejada del mundanal ruido. Pureza asilvestrada e ignorante enfrentada al vicio burgués y urbano. Esa pureza también explica el contundente físico de la protagonista y que le vendría heredado por genética cuando descubrimos el descomunal tamaño de los penes de su familia (atributos viriles que podemos poner en paralelo al Den de Corben). Pero el mito de lo rural no se ciñe sólo a ese ideal del buen salvaje puro y bucólico. Lo rural también implica al Cabrón del Campo, tan bien desarrollado por el Dr. Repronto. La violencia campestre se supone brutal y nada compasiva, y eso explica la ejecución salvaje de la venganza. Los franceses han cultivado mucho en su ficción esa imagen de áspera rudeza de provincias. También me gusta su entronque genérico. La imponente campesina es un mito que tiene ascendentes nobles (Sade, el Divino Marqués) pero forjado en el folletín y la novela popular: la hembra rotunda, inocente y sumisa sometida a la humillación masculina. De ahí que me parezca fantástica la conclusión del tebeo, con esa fémina convertida en superhembra, y además en bajo el prisma de Russ Meyer. Al fin y al cabo las jamonas del creador de SuperVixens y Megavixens también eran asilvestradas hijas del campo de formas rotundas, tan inocentes como indomables, que se descubrían superiores al macho a golpe de mamella.



Es cierto que Vivès se deja llevar también por el ánimo gamberro y provocador (ese incesto tan bien puesto); pero eso es cosa sana. De hecho, creo que en su obra anterior destila sutilmente bastante cinismo y mala leche. Aquí es más evidente porque la cosa es más burra (en el buen sentido) a la par que bella en su trato con el erotismo, la pornografía y algunos de sus mejores códigos genéricos. En mi opinión, Los melones de la ira no desluce nada al lado de El gusto del cloro o En mis ojos y funciona muy bien como contraste entre pornografía sentimental y pornografía lúbrica sin variar su melodía.

Dicho todo esto, no esta de más retomar un momento de la entrevista que le hice a Vivès cuando visitó el Saló del Còmic hace un par de años. Más que nada porque pone en perspectiva cualquier cosa que vea en su obra.
Ausente: He practicado natación muchos años y una cosa que me sorprendió de El gusto del cloro és que captura el tempo de la natación. ¿Es algo que buscabas? 
Vivès: Pues la verdad es que yo habré ido a una piscina quizá dos veces en toda mi vida y nado fatal, muy mal. La última vez estuve hablando con una chica, muy buena nadadora, para que me introdujera en la natación. Me explicó como nadar crol, me dijo que lo hacía fatal y me dio cuatro lecciones en ese sentido. De hecho, sólo recuerdo verla nadar a ella, y si gracias a ella he conseguido transmitir todo eso que dices sobre la natación, será porque ella nadaba realmente bien.


10.4.12

SILVIO JOSÉ EN BARCELONA


Ahí le tienen, en la parte superior de la pirámide. Es Silvio José, el tipo más despreciablemente tierno de nuestra historieta. Mañana Paco Alcázar presenta en Barcelona el segundo de recopilatorio de tan repugnante sujeto en la libreria La Central del Raval. Será a las 19 horas y yo tendré el honor de ejercer de maestro anfitrión. Hablaremos del estado actual de la neurocirugía, de pepinillos agridulces, geipermanes de la suerte, videojuegos de la Segunda Guerra Mundial y de la influencia de Adolfo Hitler en la cultura popular. Vamos, una cosa seria y muy de señores con pipa.

8.4.12

BELLEZA HORRIBLE

Horribly Beautiful (Belleza Horrible) se publicó en el número 11 (1953) de Voodoo, una de las colecciones de terror editadas por la siempre delirante Farrell  Publications, una de esas editoriales de espíritu industrial y desverguenza narrativa que tenían razón de ser en el torbellino del tebeo norteamericano de la era atómica y que desaparecieron con la llegada del comic code. No es una gran historia ni muestra un dibujo virtuoso (ni siquiera está acreditada su autoría, aunque procede del estudio de Jerry Iger); pero es una de mis historietas precode preferidas por el delirio gráfico que supone su final loco y que levanta un puente entre el tebeo tosco y el experimento alternativo intoxicado de subcultura freak.


La historieta relata la historia de dos hermanas, Agatha y Joy.

Agatha vive amargada por su rostro marcado por el acné y los granos.

Su hermana Joy, en cambio, es una belleza rubia que levanta pasiones.

Agatha, celosa de la belleza de su hermana, decide liquidar el asunto echando mano del acido.

Una noche, cuando su hermana regresa a casa tras despedirse de su novio, Agatha arroja, sin ser vista, un pote de acido sobre el rostro de Joy. El acido, por cierto, era una de las temáticas recurrentes en el tebeo de horror de los 50.

Los efectos del ácido corrosivo deforman el rosto de Joy, que a partir de aquel día sólo vivirá movida por la vengaza y el rencor contra su desconocido agresor.


Enajenada por su belleza perdida, decide acudir al satanismo y la magia negra para desenmascarar al culpable.


Mientras tanto, Agatha no padece remordimientos por su acción pero sí empieza a ver con temor la peligrosa locura en la que se ha sumido su hermana Joy


Hasta que un día, convertida ya en bruja, Joy descubre la verdad mediante una pócima pestilente


Sabiendo que la culpable de su deformidad facial es su hermana Agatha, Joy le lanza un sorprendente hechizo: la maldición de la belleza.


Al día siguiente Agatha despierta y se descubre hermosa ante el espejo.

Pero la belleza de su rostro tiene trampa, ya que su cabeza es desproporcionada.


Esa es la maldición de la belleza: una cara bella pero cabezuda en un cuerpo enano.

Más allá del delirio argumental, sin rastro de moral y con las protagonistas movidas exclusivamente por celos y venganza, son estas dos viñetas finales las que se ganan definitivamente todas mis simpatías. El dibujante de la Iger Shop encargado de la historia resolvió el final con un recurso gráfico tan sencillo como una forzada e irreal desproporción entre cara y cuerpo; además, probablemente lo hizo recortando y pegando ese rostro sobre un dibujo de proporciones menores; al menos esa es la sensación que me da. El efecto es hipnótico y surreal, y visto hoy, de una tremenda modernidad. Miro fascinado ambas viñetas y pienso, no sé, en el Daniel Clowes de la primera época, en nuestro genial Paco Alcázar o muy especialmente en Carlos de Diego. En definitiva: un locurón de derribo que es justo reivindicar. Les dejo la historieta entera para su disfrute.