22.12.11

DUREZA COOL



Por razones diversas llevo una temporada consumiendo thrillers negros de forma pantagruélica y sin mesura. Entre otras cosas, y por ejemplo, ando sumergido en la lectura (o relectura) de la serie de novelas policiales del gran Chester Himes. Añadan mucha blaxploitation o esa maravilla, que se estrena ahora mismo, que es Drive y que ya he visionado un par de veces. Siempre he sido aficionado al género (soy muy fan de Jim Thompson) pero estos días lo soy más. Así que en este contexto tan idóneo me entrego a Parker 2: La compañía (Astiberri, 2011), segunda entrega de la adaptación de la serie de novelas protagonizadas por Parker, un tipo duro, escritas por Donald E. Westlake (bajo el seudónimo de Richard Stark) y ahora llevadas al cómic por el exquisito Darwyn Cooke.


Voy por partes, e intentando controlar mi entusiasmo. Para juzgar de manera objetiva la adaptación que está llevando a cabo Darwyn Cooke tengo un problema, y es que no he leído las novelas originales. Cierto es, en mi disculpa, que las ediciones españolas han sido dispersas y escasas, y creo que ni tan sólo ahora que el género vive una segunda juventud en las librerías españolas se están editando con orden y concierto. Así que mi acercamiento al personaje, un freelance de la delincuencia enfrentado a una poderosa organización criminal, antes que por estos dos cómics viene del cine, especialmente por la estupenda A quemarropa (Point Blank; John Boorman, 1967), glorioso peliculón que he visitado con gozo en numerosas ocasiones. No es la única adaptación pero sí mi preferida y, de hecho, para mí Parker siempre será Lee Marvin. The Hunter, que era el título original de esa primera novela, también se convirtió en Payback (con Mel Gibson) o incluso dio sustento a una de las joyas de la acción hongkonesa: Full Contact (Ringo Lam, 1992). Además de los citados y Chow Yun-Fat, también han prestado su rostro a Parker actores como Robert Duvall (en The Outfit, 1973) o Jim Brown en El Reparto (The Split, 1968).


La primera entrega de las novelas gráficas de Darwyn Cooke, El cazador, ya me dejó encantado tras su lectura, y eso que conocía la historia por la película con Lee Marvin, pero es que esta continuación, La compañía, me parece una cosa compacta y soberbia por varias razones. La primera, claro, tiene nombre propio, y es que a mí el grafismo de Darwyn Cooke me colma de gozo estéticio. Cooke viene de la animación (a través de esa maravilla que fue la serie animada de Batman realizada tras la peli de Tim Burton) y de ahí pasó al comic book de superhéroes con su Catwoman (junto a Brubaker) o su imprescindible revisión del Universo Dc que era New Frontier, pero creo que es ahora, con Parker, que está alcanzando la gloria como autor. Esa especial plasticidad que logran los dibujantes que pasan de la animación a la historieta se mezcla con un exquisito gusto retro que a encaja a la perfección con la obra adaptada. Pero es que no es sólo eso, del hermoso uso del bitono azul al atrevimiento formal de experimentar con la estética cartoon de los 50s, todo es de una exquisitez gráfica que tira de espaldas.


Respecto a lo narrado, bueno, presupongo que el material original de Donald E. Westlake no es un clásico del género reivindicado por casualidad, pero justo es decir que el trabajo de adaptación llevado a cabo por Darwyn Cooke se me antoja (no puedo afirmarlo por desconocimiento) competente y esforzado, entre otras cosas porque más allá de trasladar una novela, fusiona las dos siguientes entregas de la serie, The Man With the Getaway Face y The Outfit, tarea que supongo compleja y de la que sale victorioso. En definitiva, que estos tebeos de Darwyn Cooke son cojonudos y merecen el disfrute de los aficionados al género.










18.12.11

LA TERNURA DE CHET







Chester Brown, usuario habitual de servicios sexuales, y Joe Matt, adicto a la pornografía y onanista sin límite conocido (lean Consumido), hablando de la naturaleza del amor romántico. Reconozco que esa escena de Pagando por ello (Chester Brown; La Cúpula, 2011) me provocó una carcajada. Seth, tercer autor del trío de amigos canadienses, me apoya en sus anotaciones: “no se diferencia de dos ciegos pintando una puesta de sol”. Pero ese momento surreal para cualquiera que haya leído los cómics de Brown o Matt (básicamente autobiografías sin pudor e incluso autoflagelantes) no debería distorsionar la seriedad con que el autor afronta su pormenorizado diario como habitual cliente de prostitutas.



Pagando por ello es, sin duda alguna, uno de los tebeos del año por múltiples razones. Como novela gráfica entraría dentro del nutrido grupo de las que afrontan “un gran tema”, en este caso la prostitución, un tema tabú no resuelto en lo que llevamos de organización social. La forma en que Chester Brown afronta la cuestión resulta tan inaudita que sobrepasa cualquier ejemplo de novela gráfica vinculada a un gran tema. Desde su experiencia como cliente arma una defensa de la prostitución sólida y razonada, cerebral y dialogada. Uno puede no estar de acuerdo con sus razonamientos pero merecen la lectura por la cantidad de apuntes que aporta al debate, desde la legalización a la explotación, de la ficción que supone la idea del amor romántico (nacida en la Edad Media) al maltrato que se supone generalizado en la práctica (aunque no sea así según el autor). Vamos, que incluso si es usted una persona radicalmente contraria a la práctica del oficio más viejo del mundo debe leer este cómic porque como mínimo le hará meditar al respecto e, incluso, le suministrará motivos para la comprensión.



Luego está la propia figura de Chester Brown como autor de cómic que, en mi caso, me resulta hipnótico y magistral, en parte porque Chester Brown son su tebeos, de eso no hay duda.
“A menudo bromeando me refiero a Chet como el robot (...) parece tener un registro emocional muy limitado (...). Sin duda es un bicho raro. Dicho esto, es también el bicho raro más amable, dulce y profundamente considerado que he conocido”.
Lo dice, de nuevo, Seth en su apéndice de anotaciones, y todo es perceptible en los tebeos de Chester Brown, que son un libro abierto a las emociones de alguien con un aparente déficit emocional.

Chester Borwn explica porqué acudió a la prostitución y desgrana una a una todas sus relaciones sexuales bajo contraprestación económica. El tono es en un primer nivel de una frialdad extrema, realzada por el estilo gráfico, la narrativa silenciosa e incluso el formato reducido de sus viñetas. El ánimo por el detalle es incluso obsesivo, algo obvio en alguien que ha ido anotando todos esos encuentros antes de decidir hacer un libro con ellos. Pero si se sobrepasa esa primera barrera, o incluso la que supone tratar un gran tema, Pagando por ello no es otra cosa que una confesión de emociones de alguien a quien el resto de la humanidad percibe como un robot. Pagando por ello rezuma ternura y humanidad donde nadie creería encontrarla. Y ese es su mayor mérito.

11.12.11

CONGRESO ESPIRITISTA EN MADRID (1892)

La Vanguardia, 21 de octubre de 1892

La Vanguardia, 23 de octubre de 1892


La Vanguardia, 22 de octubre de 1892

La Vanguardia, 25 de octubre de 1892

La Vanguardia, 28 de octubre de 1892

Me quedo con dos cosas: el alboroto contra la religión del estado a cargo de dos señoritas y el desastre profético del espíritu de Cristobal Colón. Sobre el aguafiestas escéptico prefiero no decir nada.

espiritismo

WE WANT THE AIRWAVES

Toca enlazar los audios de las últimas semanas del espacio dedicado al cómic del Cabaret Elèctric. En esta ocasión se trata de dos entrevistas. La primera al divulgador y coleccionista Jordi Riera Pujal sobre su catálogo El còmic en català, editado por Glénat, y la segunda al autor italiano afincado en Barcelona Claudio Stassi, que nos presenta Por eso me llamo Giovanni, una novela gráfica centrada en la figura del Juez Falcone, asesinado por la Mafia hace ahora veinte años. Edita Norma.

30 de noviembre de 2011: Jordi Riera y su catálogo El Comic en català (Glénat)
Audio aquí: clic

Jordi Riera, coleccionista y divulgador inquieto, como demuestran su blog o su colaboración en Comicat, es el responsable de un exhaustivo trabajo de catalogación de todo el cómic editado en catalán tras la Guerra Civil y hasta la actualidad (que cuenta también con una versión online más modesta). El libro, profusamente ilustrado, me llevó a gastarme algunos euros buscando cosas en segunda mano. Esto es así. En concreto ejemplares de La patrulla dels Castors en su edición a cargo de Anxaneta. Yo es que soy muy fan de Charlier, guionista de Blueberry o de Barbarroja, y lo editado en España de esta estupenda serie está sólo en catalán (excepto un par de álbumes que sacó Novaro). No es una rareza, ya que la escuela franco-belga juvenil tuvo una gran tradición editorial en catalán, seguramente por la enorme influencia del semanario Cavall Fort, que estos días cumple su cincuenta aniversario.

Mi relación con Cavall Fort como lector siempre fue ambigua por pura envidia. La revista, plagada de historietas procedentes del semanario Spirou, sólo podía adquirirse mediante suscripción, algo a lo que mi familia se negaba en redondo. Así que yo, lector de Strong (que se nutría de los mismos contenidos) cuyos primeros tebeos franco-belgas fueron Z contra Zorglub y Umpapah y los piratas (en ediciones de Jaimes Libros de finales de los 60 que aún conservo) veía con envidia a los afortunados suscriptores de esa revista que publicaba la obra de Peyo o Franquin. De hecho, la suscripción revela hoy un problema: el quiosco nunca fue territorio para el cómic en catalán y una prueba se hace evidente hojeando el catálogo realizado por Jordi Riera: uno ve los clásicos franco-belgas, mangas y novelas gráficas, pero los superhéroes de grapa brillan por su ausencia.



7 de diciembre de 2011: Claudio Stassi y Por eso me llamo Giovanni (Norma)
Audio aquí: clic

Vaya por delante que Claudio Stassi es un tipo simpatiquísimo que me cae la mar de bien. Dicho eso, y recomendando el audio enlazado porque salió interesante, comentar que Por eso me llamo Giovanni adapta un libro homónimo en el que se explica la historia del juez Falcone, que lucho desde la ley contra la Mafia y que por eso murió en un tremendo atentado hace ya veinte años. Es, por tanto, una novela gráfica con tema, no una historia de ficción, aunque no se limita a ser tan sólo una biografía al uso, ya que el relato se construye a partir de otro, el de un padre que explica a su hijo qué es la Mafia y quién fue Falcone. Esto dota la lectura de un estupendo ánimo divulgativo sin que se resienta la pasión volcada en el relato, cosa que es de agradecer y alabar, aunque por otro lado planteó, sin duda, a su autor un tremendo reto: construir gráficamente un relato donde el eje es una larga conversación entre dos personas. Sepan que sale bien librado. El libro ofrece otra lectura: la historia de los héroes de verdad, y para ello juega en diversas ocasiones con el contraste con un héroe de la ficción: Spider-man.

Durante la entrevista radiofónica Claudio nos explico su relación con Maria Falcone, hermana del juez y presidenta de la fundación que lleva su nombre, así como los problemas que supuso su implicación como narrador con la historia del juez Falcone. Su primera visita a Barcelona, por ejemplo, fue un maniobra para escapar del desasosiego que le causaba dibujar la parte final de esta novela gráfica; por mucho que ya contara con la experiencia previa de Brancaccio, otro cómic sobre la Mafia (desde un punto de vista cotidiano), no hay que olvidar que Claudio es de Palermo.

Durante la lectura tuve una sincronía. Es curioso como por azar en un breve margen de tiempo uno lee cosas que se relacionan entre sí. La parte final de la autobiografía Hoy es el último día del resto de tu vida de Ulli Lust se sitúa en una Palermo en la que los jefes de la Mafia se encierran en mansiones por miedo a las redadas judiciales. Es la misma Palermo de los 80s en la que Falcone golpeaba a la cúpula de la cosa nostra, el corazón de la alcachofa.

10.12.11

DECÁLOGO DEL BUEN ESPAÑOL ANTE LA GUERRA MUNDIAL

decalogo del buen español ante la guerra mundial

Enlazado en la lista brutta por Javier Garvich y visto aquí. He aumentado el tamaño para una mejor lectura, dentro de lo que cabe. Bueno, va, como lo he transcrito en twitter, lo hago también aquí.

DECÁLOGO DEL BUEN ESPAÑOL ANTE LA GUERRA MUNDIAL


1. Obedece al Caudillo.


2. Piensa que España y los países totalitaruios tienen en la hora presente un común destino por el triunfo de la Justicia.

3. No olvides ni un momento que el mejor español es el que combate en Rusia.

4. No lances bulos, ni intrigues, ni murmures, porque ello es una consigna criminal del Servicio Secreto inglés.

5. No olvides que de todos los males que padeció tu Patria, sólo es responsable la Gran Bretaña.

6. Todos los días dedica un recuerdo a Gibraltar y jura rescatarlo.

7. Convence a tus amigos de que el capitalismo anglosajón y el comunismo ruso son una misma cosa: el judaísmo.

8. Cuando oigas defender hipócritamente al marxismo o a las democracias, ataja virilmente el veneno.

9. No quieras para tus hijos un pasado de aprobio, en el que España era una colonia del judaísmo y de la masonería.

10. Odia a inglaterra y compadece a los ingleses.


8.12.11

ASOMBROS DE BARCELONA: LA PARADA DE LOS MONSTRUOS DEL SEÑOR ROCA

Museo Roca (Barcelona, 1920)

A través del (muy recomendable) blog Galeria d'imatges llego a este cartel del Museo Roca que es un maravilloso e inigualable documento de la Barcelona que fue freak. La degeneración por el vicio modelada en cera, la plaga de los estupefacientes, el hombre mono, siamesas, fetos humanos auténticos, la araña gigante del Japón, Galería de monstruos humanos y de celebridades. Buf. Tremebundo.

Así que me pongo a investigar. Se anuncia como "el primer museo de cera de España", pero no sé si se refiere a su calidad o por cronología, cosa que no se corresponde con el que yo tenía anotado, el Gran Museo Histórico Anatómico de Figuras de Cera inaugurado en la calle Hospital en 1885. En realidad el Museo Roca se inauguró en 1900 y muy cerca de aquel, en la calle Nou de la Rambla, que enlaza Paralelo con las Ramblas atravesando el antiguo Barrio Chino, y concretamente en su número 25.

Una busqueda intensa por la Hemeroteca de la Vanguardia no arroja demasiadas pistas, entre otras cosas porque los museos anatómicos causan furor por esas fechas, y no muy lejos de allí, en la calle San Pablo, se inauguró otro en 1922 (y eso sin tener en cuenta los que proliferan en hospitales y facultades de medicina). En la prensa de 1927 también localizo publicidad de otro museo situado en la calle Unión. Para los que no son de Barcelona, sepan que todas estas calles (Unión, Hospital, Nou de la Rambla, San Pablo) están en un arco de unos 100 metros cuadrados como mucho.



Algunos, incluso, se ponen en venta, como demuestra este anuncio publicado en La Vanguardia el 8 de abril de 1915, y que se localizaría también en la San Pablo, pero que no sería el inaugurado en 1920 a no ser que el comprador no lo moviera de sitio, claro.


Pero curiosament es un anuncio de una feria de coleccionismo celebrada en Sant Cugat del Vallés en 1985 la que me da la pista definitiva:

museo anatómico roca 1995

Como ven, el museo se instala en Nou de la Rambla en 1900, pero su propietario, especialista en monstruos de feria, llevaba en la materia desde 1860 y tenía carácter ambulante, por lo que no debemos descartar que el de la calle Hospital de 1885 fuera también de su propiedad. Otra cosa interesante es el apelativo popular con el que era conocido, La Parada de los monstruos, que fue como se bautizó aquí Freaks, la obra maestra de Todd Browning. Quizá el título español proviniera del apelativo popular con que fue conocido el Museo Roca.


El otro detalle de interés era la mezcla de atracción de feria y ánimo educacional, o moralizante, en el que se mostraban los efectos del vicio sexual o drogodependiente justo en pleno centro del barrio chino barcelonés.

Pero, desde luego, la noticia es que al menos una parte del Museo Roca no se había perdido tras cierre (en 1935, la Guerra Civil y la oscuridad que vino luego no dejaban mucho margen para este tipo de espectáculos populares). Así que sigo buscando y descubro que los fondos del Museo Roca pasaron a formar parte de la colección de la Familia Coolen y que actualmente forman parte delos fondos del museo belga del Dr Guislain. No sólo eso, sino que también fueron exhibidos en Londres en 2008 como parte de la exposición Exquisite Bodies en la Wellcome Collection. Aquí dos reseñas en castellano: una y dos.

A partir de aquí me encomiendo a San Google y me pongo a buscar todas las imágenes que pueda de la exposición, descartando aquellas cuya procedencia no era el Museo Roca de Barcelona. Lo que tienen a continuación es un recorrido virtual por esa maravilla freak de la vieja Barcelona, ya que a nadie se le ha ocurrido traer la exposición al lugar donde nació, Barcelona. (y si tras decirlo alguien decide traerla, espero que no se olvide anotar que la idea nació aquí).

Con Ustedes...
El Museo Anatómico del Señor Roca


El Museo anatómico del señor Roca
Cartel del Museo Anatómico del Señor Roca

La mirada del Cíclope

Anomalías del esqueleto

Los hermanos Williams

Las mundialmente célebres Hermanas Siamesas

La Mujer Barbuda

Extracción de la placenta




Debo reconocer lo inquietante que me resultan estas galarias de anatomía femenina. En parte por la mórbida languidez de las modelos de cera. Por un lado, son como estámpas gore de la Virgen, por otro, buscan la belleza de la mujer muerta, ese ánimo necrófilo que tanto preocupó a los reguladores del Código Hays. Lo más probable es que el modelo de partida fuera, precisamente un cadáver, y en cuestión de modelaje freak el verismo es muy importante.


Hipertrofia cerebral al detalle

Los efectos de la lepra tuberculosa

Brazo con pústulas

Y a partir de aquí lo que sigue no es apto para personas sensibles, o, como decía el cartel que preside esta entrada: absténganse personas impresionables, ya que bajo el cartel de Los estragos del barrio chino se mostraban los efectos de las enfermedades venéreas en diversos órganos genitales. Por desgracia, de la exhibición paralela relacionada con el consumo de drogas no he encontrado nada.





Y eso es todo lo localizado por ahora.
Francisco Roca, coleccionista de freaks por amor a la ciencia

3.12.11

OUI, MINISTRE


Tras dos series deslumbrantes como El Pirata y Gus (sin olvidar su aportación en el arco Amanecer de La Mazmorra), el estupendo e inquieto Blain cambia de tercio para adentrarse en la parodia política con Quai d’Orsay, de la que Norma ha publicado la primera entrega, titulada Crónicas diplomáticas. La serie tiene un protagonista absoluto, Alexandre Taillard de Vorms, ficticio ministro de asuntos exteriores francés descrito como un iluminado ególatra, rodeado del reparto coral que es su gabinete de asesores. La historia se narra, de hecho, a través de uno de ellos, un joven recién llegado que no es otra cosa que alter ego del guionista llamado Lanzac. En realidad se trata de un seudónimo de alguien que formó parte del gabinete de Dominique de Villepin, ministro francés de Asuntos Exteriores del 2002 al 2004 y posterior Primer Ministro del 2005 al 2007, siempre con el conservador Jacques Chirac como Presidente de la República.



Así que no hay más que sumar dos y dos: Taillard de Vorms es una parodia de Dominique de Villepin (político “delirante, grandilocuente y megalónamo” para Le Monde según la etiqueta promocional de portada) escrita por alguien cercano a su aura de poder e ilustrada por un Blain esplendoroso. De lo segundo no hay duda. Blain, uno de los autores más influyentes de la última década (probablemente el que más en el ámbito de la novela gráfica europea), confirma su estatus de superdotado deslumbrando con un repertorio de movilidad de sus personajes inaudito, ideal para que un tebeo que se mueve en los despachos casi como único contexto sea un festival plástico de la cinética humana adaptada a la caricatura.



Solventado con sobresaliente ese apartado, queda el otro, el de la historia que se cuenta. Vaya por delante que a mí me parece divertidísima en su descripción de los entresijos de la acción política; pero todo es matizable. Pepo Pérez, autor de cómics pero también teórico apasionado, expresaba cierto chasco por su parte al esperar una crítica demoledora (Blain está capacitado para ella) y encontrarse con un retrato que él considera amable. No voy a ser yo quien le contradiga. Vivimos tiempos convulsos en los que la acción política no merece clemencia, y en Quai d’Orsay la hay. Pero dicho esto, de nuevo querría matizar ese punto de vista porque creo que esta sátira política no afilada también tiene sus virtudes, al menos para mí, ya que siempre me ha interesado esos entresijos de la política, el poder y la intriga de palacio. Creo que en ese aspecto Quai d’Orsay resulta bastante sutil, porque pese a su aparente locura probablemente lo relatado sea más cercano a la realidad que a la astracanada, y que la actitud del político en su día a día sea la que se describe: puro caos.




Así, vemos como el ministro desprecia una cumbre de la Otan que debe tratar el tema de Los Balcanes porque su verdadero interés es almorzar con una escritora de éxito. Durante el encuentro los asesores deben aconsejarle que deje hablar un poco a su invitada. Mientras, a no demasiados kilómetros, hay una guerra civil que resolverá tarde Estados Unidos y no la Unión Europea en la que Taillard de Vorms, como ministro francés, no hace más que filosofar idioteces. El primer capítulo, por ejemplo, narra muy bien el proceso de elaboración de un importante discurso ante la ONU, un discurso que será retocado una y mil veces por los antojos del ministro pero también por los intereses de sus asesores, un equipo de colaboradores en realidad dedicado a acuchillarse por la espalda con tremenda educación e hipocresía. También me parece muy interesante que uno de los ejes de todo álbum sea el lenguaje como objetivo del ministro en su acción política, porque el lenguaje, y no la obra, es el eje real de la política contemporánea. Un lenguaje que se retuerce para decir grandes palabras despojadas de significado. Esa es otra de las claves del tebeo, que esconde más maldad de la aparente. En cierta medida, podemos equiparar Quai d’Orsay a una obra maestra indispensable para cualquiera que quiera aproximarse a la realidad cotidiana del ejercicio del poder desde la política, que no es otra que Sí, Ministro, la maravillosa serie de la BBC que dio origen a un par de libros escritos por Jonathan Lynn y Antony Jay, también inspirados en la experiencia de sus autores como asesores de un ministro británico y de obligada lectura. Dicho lo cual, también es justo anotar que Quai d’Orsay no es humor inglés sino una cosa muy francesa, con todo lo bueno y lo malo que eso supone.