3.8.11

MICCIONAR EN LA C.I.A.


Boletín distribuido en agosto de 1961 entre los agentes y demás trabajadores del entonces recién estrenado nuevo edificio de la CIA en Langley:
SERVICIOS SANITARIOS DEL NUEVO EDIFICIO
Si bien los servicios sanitarios resultan adecuados para el período de transición, pueden no serlo una vez que todo el personal sea definitivamente instalado en el nuevo edificio.
Para anticiparse a la contingencia de largas filas de personas afligidas delante de los lavabos, lo cual no sólo crearía tensiones sino que consumiría mucho tiempo, se emite ahora esta directiva para permitir que el personal que no tenga tiempo suficiente para hacer fila haga uso libre y razonable de los arbustos que rodean el edificio principal.
ADVERTENCIA
A pesar de los esfuerzos de los jardineros de la Agencia, los mencionados arbustos no han sido completamente revisados para comprobar la existencia de plantas ponzoñosas, como distintas variedades de zumaque, que, como es sabido, irritan las mucosas. En consecuencia, se acompaña una ilustración de la variedad más común de estas plantas, la Rhus vernix, popularmente conocida como zumaque venenoso. La vista de frente y de perfil en el apéndice debería facilitar el proceso de reconocimiento para evitar ardores e irritaciones en las mucosas, pues una vez que esto sucede, puede traer consecuencias contraproducentes para aquellos trabajos de investigación que requieren de quien los lleva a cabo posturas sedentarias durante períodos prolongados.



Nota: el boletín y su contenido se cita en El fantasma de Harlot de Norman Mailer. Su veracidad no está garantizada, pero su inclusión en la novela resulta tan abrupta que sólo tiene sentido si forma parte de la documentación real manejada por el escritor.

2.8.11

LA PERVERSIDAD ES UNA EMOCIÓN AFRANCESADA


Me acerco a Tarántula, la novela de Thierry Jonquet, porque la adapta Almodóvar en su nueva película, La piel que habito, y en algún lugar leo maravillas y alguna cosa más que llama mi atención y que ya no recuerdo, pero que seguramente tendrá que ver con lo malsano y los oscuros placeres de la perversión. Y porque hay un cirujano plástico convertido en mad doctor. Seguro que es por eso, sí, porque ahí está. Tarántula se lee en una sentada, dos a lo sumo, porque sus cien páginas y poco más van directas al grano y no se andan con hostias por mucho que hilvane tres historias que acaban, claro, siendo la misma. No sé qué tal estará la película, intuyo que bien, pero el material de partida es estupendo. Me dicen que la adaptación es libre y que en realidad se acerca más a Los ojos sin rostro de Franju, pero es que ese clásico oscuro del fantastique gabacho transita por el mismo camino que la novela de Thierry Jonquet. Hay ahí una tradición en la que nuestros vecinos se sienten muy cómodos, un gusto por la perversión y lo escabroso, por el erotismo depravado, que culturalmente viene de lejos y resulta la mar de popular, un camino transitado por baja y alta cultura y diferentes clases sociales. Tarántula encarna eso muy bien porque tenemos, entre otros, a un burgués perverso y a un bruto delincuente de pueblo, ambas cosas muy habituales en la ficción francesa. Maldad retorcida y refinada frente a salvajismo rural, dos contextos diferentes donde dejar sueltos nuestros rincones más oscuros. También hay peculiares heroínas que se prestan a la sumisión mientras inclinan la cabeza, fetichismo sado, humillación y venganza que llevan, curiosamente, hacia el amor. Es tremendo que en tan pocas páginas se siembren tantas lecturas y detalles que tampoco desvelaré por no joderles la lectura pero que están ahí para quien quiera verlas y disfrutarlas. No negaré que toda la historia, al final, tiene su punto exagerado y quizás inverosímil, pero eso la eleva a terrenos propios del fantástico más abisal, allí donde la imaginación se demuestra poblada por los peores demonios.

AUTOBIOGRAFÍA PUNK



Hablar de novela gráfica puede conllevar hostias por doquier, aunque yo le veo sentido a la etiqueta más allá de modas y formatos. Puestos en materia, una de las mejores novelas gráficas que han caído en mis manos estos días es Hoy es el último día del resto de tu vida de Ulli Lust (editado, y bien, por La Cúpula). Además, da sentido al término, y no lo digo porque se trate de un volumen grueso de 450 páginas, o sí, pero no desde el punto de vista físico.

La autora austríaca aborda la odisea de punk adolescente que protagonizó en su juventud, cuando escapó de casa para cruzar la frontera (entonces barrera real, eran los 80) con la vecina Italia y pasar allí una buena temporada malviviendo por las calles. Un relato de locura y rebeldía muy poderoso, que avanza de manera absorbente gracias a las malas compañías, en especial su amiga ninfómana, y que, tras describir con sinceridad lo que hoy bautizarían como turismo perroflauta, poblado de yonquis y otros supervivientes callejeros, sube un escalón cuando las jóvenes punk deciden abandonar el clima invernal de Roma para asentarse en la indómita Sicilia.

Si, como digo, el nivel del relato y su desarrollo estaba alto, a partir de entonces cobra un interés inusitado con la dura descripción de una sociedad dominada por el crimen organizado y el machismo. Las jóvenes punk malviven por los bajos fondos de Palermo, en una ciudad despojada de mujeres y podrida por la delincuencia piramidal en un periodo, además, conflictivo por la guerra abierta por jueces como Falcone y Borsellino. El relato autobiográfico trasciende así lo personal para convertirse en testimonio político y social colindando, encima, con el género negro desde su perspectiva más pura, la que arrincona lo policial para adentrarse en el realismo brutal.

Hoy es el último día del resto de tu vida tiene una gran virtud para el lector que se adentra en sus páginas. Supongo que muchos de ustedes conocen esa sensación en la que uno va leyendo y avanzando consciente de las páginas que gira hasta que de golpe esa relación física con el libro se deshace, el tiempo se disipa y uno se sorprende descubriendo que se ha zampado doscientas páginas sin haberse dado cuenta de ello. Hay algo mágico ahí, y no tiene precio. Por eso lo digo.

ANCIANAS Y RETOÑOS



En el penúltimo espacio sobre cómics del Cabaret Elèctric antes del verano llevé como invitado al dibujante Jordi Lefebre. La entrevista resultó de lo más interesante y es una pena porque por esas cosas de la tecnología el audio se perdió, cosa que no había pasado casi nunca en los cinco largos años que llevo colaborando con IcatFM. A Jordi le llevé porque coincidían dos novedades suyas en las estanterías: Lydie y La anciana que nunca jugó al tenis y otros relatos que sientan bien, ambas con guión del belga Zidrou y editadas por Norma.

Lydie es una fábula que empieza que empieza como un drama tremebundo y que avanza como comedia coral tremendamente francesa y con una visión más que idílica de la clase media y obrera del país vecino. Hay, claro, una atmósfera cercana a Amelie, para que se hagan una idea, pero resulta un relato más que agradable y muy bien resuelto en la parte gráfica por Jordi Lefebre. También me gusta la idea de que pueda tener una lectura como cuento de fantasmas atípico y peculiar, aunque su dibujante no coincida conmigo al respecto.

Pero, en realidad, lo que yo quería recomendarles es La anciana que nunca jugó al tenis y otros relatos que sientan bien porque disfruté mucho durante la lectura. Verán, yo le tengo mucho respeto al cuento corto, que me parece dificilísimo, y aplaudo mucho cuando en una antología se suceden las buenas historias, y más cuando son obra de un mismo autor. Y eso es lo que me sucedió con estos cuentos de Zidrou, en especial Pollos asados y el que da título al álbum, dibujadA por Lafebre. Que esa es otra, son varios los dibujantes invitados y algunos de ellos españoles aunque el producto sea belga: Pedro J. Colombo, Sergio Córdoba, Esther Gili, Homs o Jordi Sempere. También me gusta que la bondad de Lydie se tamice aquí con mayor tristeza y cierto sabor agridulce.

EL ESPÍA GÓTICO


«El espía, si se le deja solo, dirá lo que cree que uno quiere oír».
Howard Hunt
«No se perfora un furúnculo si no se sabe hacia dónde drenará el líquido».
Refrán de la CIA.

Me zampo, no sin cierto esfuerzo, las 1300 páginas de El Fantasma de Harlot, la novela que Norman Mailer dedicó a explicar su versión de la historia de la CIA hasta 1965 (si no tenemos en cuenta su extensa primera parte ambientada en los 80). Me aplico en la tarea porque me gusta Mailer, aunque menos que otros escritores vinculados con el llamado Nuevo Periodismo norteamericano, y porque me encantan todas esas historias sobre política, conspiranoia y mito de los EEUU en la segunda mitad del siglo pasado.

La lectura me satisface a medias, quizás porque perdura en mi mandíbula el puñetazo que me soltó James Ellroy en su posterior América. A su lado, claro, la aportación de Mailer se me antoja como una alargada novela gótica de espías. Hablo de novela gótica por ese extenso inicio en el que los personajes transitan por mansiones de Nueva Inglaterra rodeadas de lagunas y habitadas por fantasmas; y porque buena parte del desarrollo posterior toma como base una relación epistolar entre amantes que no han consumado su amor. De ahí el adjetivo de gótica. Eso la convierte, a mis ojos, en una obra extraña con un acercamiento sorprendente y, a ratos, hinchada, porque lo cierto es que esa historia de amor me interesa más bien poco, lo mismo que las digresiones de la fémina sobre los alfas y omegas de la mente humana, algo que Mailer suele colar en su obra. También me deja un poco a medio polvo que la historia termine justo antes de la llegada de Nixon al poder. Encuentro a faltar la oscuridad de ese periodo, y más cuando durante parte de la novela un tipo tan siniestro como Howard Hunt cobra protagonismo.

Tampoco puedo hablar de tiempo perdido porque me encanta la fontanería del poder, la creación de un monstruo burocrático que cobra vida propia y que nadie es capaz de controlar. Cuando Kennedy es asesinado, ninguno de los personajes puede garantizar su total inocencia porque desconocen si no fue un programa secreto por ellos iniciado el que llevó a ese resultado. La burocracia no es sino eso, una máquina que exculpa y disuelve. También disfruto mucho con la mezcla de personajes reales y ficticios. Yo es que veo transitar a Sam Giancana, Edgar Hoover o los cubanos de la Bahía de Cochinos y doy palmas de felicidad por esa descripción de la historia como habitáculo de ratas de cloaca, que es lo que ha sido siempre el entresijo de todo imperio.

14.7.11

EL CORREO DE EUCLIDES

Euclides - La Tierra satélite

Euclides - Dios creo la tierra

Euclides - el futuro, pasado

Euclides - Paraiso abierto a todos

EL Correo de Euclides es el anuario científico de la Fundación Max Aub, las imagenes que pueden ver, de ejemplares fechados en los 1959 o 1968, los he tomado del Facebook de don Reginaldo Calviar

30.6.11

FLAGELACIÓN Y GALANTERÍA


"Madame d’Aulnoy ofrece nuevas luces sobre los disciplinantes en una de las páginas sobre el viaje que hizo por España (Memoires de la cour d'Espagne, Relation du voyage d'Espagne 1679-1681). Según explica, la primera vez que se topó con un flagelante creyó que se desmayaría. No estaba preparada para el ritual de galantería, porque, tal como dice, cuando un hombre que se azotaba por la calle se cruzaba con una mujer de buen ver, se le acercaba y, manejando el flagelo con precisión, hacía que la sangre salpicara a la mujer, como “una delicada atención que la dama agradece”.
Fragmento, traducido del catalán, de L’espectacle de la pena de mort de Joan de Déu Doménech (Edicions La Campana, 2007).


18.6.11

ALARMA MEDIÁTICA


Uno de los procesos de censura, alarma social, amarillismo mediático y política populista más contundentes del siglo pasado fue el escándalo de las llamadas video nasties británicas. A principios d elos 80s, con la fiebre del VHS irrumpiendo en todos los hogares, la horda moralista tembló ante la presencia en los videoclubs de títulos como Holocausto Caníbal, Confesiones de una mente perturbada o El asesino del taladro. La histeria conservadora tardó poco en invadir los medios (la prensa británica es decana en amarillismo) y en un país sumido en la crisis, el paro y la violencia urbana las noticias sobre la inmundicia que escupían los magnetoscópios caseros copó los titulares, siempre con la protección de la infancia como escudo principal. La policía irrumpía en los videoclubs y requisaba títulos que luego se incineraban, se multaba a los tenderos y hasta un distribuidor acabó en prisión durante una temporada. Se realizó una lista de películas prohibidas y el gobierno de Margaret Tatcher puso como principal prioridad de su agenda política elaborar una ley que que pusiera fin al caos de obscenidad que asolaba las Islas Británicas. Fue aprobada por unanimidad.

De entre las decenas de titulares y los cientos de artículos que coparon los medios británicos (entre ellas, equiparar cintas de vídeo a drogas y alcohol o ilustraciones en la que un macho cabrío veía la televisión como si de un rito satánico se tratara), el documental Video Nasties: Moral Panic, Censorship & Videotape (Jake West, 2010) destaca el que lo resume todo, uno de los mayores ejemplos de cosas que no son noticia pero que se conviertes en titular a toda plana para seguir alimentando la máquina mediática de la Sociedad Borderline: Four Children in ten watch video nasties, o lo que es lo mismo, Cuatro niños cuatro de cada diez niños ven películas gore. Ante tamaña noticia es lógico que el director del Daily Express gritara ¡Paren las máquinas! La estadística resultó ser falsa.

17.6.11

MIS TERRORES ESCARBADOS

Tienen a su disposición, desde hace un par de días, un nuevo texto ausente en el Butano Popular. Lleva por título Horror, ven a mí y recorre algunas de las imágenes que conformaron los terrores de mi infancia. Les recomiendo leerlo antes de proseguir por aquí, dado que creo que ese es el orden correcto.

El texto está lleno de referencias a viñetas e imágenes, y al concretarlas a continuación traiciono un poco el espíritu de la narración del Butano, pero por otro lado también me apetece reunirlas porque las tengo muy interiorizadas y me han acompañado muchos años.



La historieta de Frankenstein que me leyó mi padre, siendo además uno de mis recuerdos más lejanos relacionados con un cómic, era Las huellas de Frankenstein, y se publicó en Dossier Negro #24 (1971). Fue el primer número de la revista en que apareció material procedente de la Warren, en este caso de Creepy, y dibujado por Reed Randall, un artista que siempre me ha fascinado, por un tratamiento clásico del horror que, al mismo tiempo, me resulta la mar de inquietante. El ojo del mad doctor anciano, por ejemplo, se imprimió en mi memoria para siempre.


Y aquí tenemos la comparativa entre viñeta original y versión (estupenda) de Martí Ripoll para la portada, aunque el monstruo en concreto se inspira más en la ilustración de Jack Davis que se vendía como poster en las revistas.



Y aquí la más obvia de las imágenes, el laboratorio del doctor Frankenstein en la primera de las películas de la Universal. Es curioso, porque en el Butano hablo de corriente alterna pensando en Nicola Tesla y hoy, al buscar la foto, descubro que el científico colaboró con la Universal (aunque se cita la Paramount) en el diseño del aparato eléctrico.



Estas dos imágenes proceden de El baile de los Vampiros, la película a la que me llevó mi abuela. La escena en que el conde espía el baño de Sharon Tate y luego la ataca es una maravilla de lo vampírico realzada por la banda sonora de Komeda. Hace unos años escribí una entrada llena de amor hacia la película.

Aunque desentona con el tono general, hago referencia a una serie de dibujos habituales en la televisión de mi infancia. Hablo de ellos porque yo los veo como un pack que se completaba con El corazón delator de la UPA. Pero vayamos por partes, lo de arriba es el cinturón de Simbad Jr.

Y este es el anillo partido cuyos pedazos, al unirse, invocaban al genio Shazzan.

Y Snuffy Smith (¿Tapón en España?). Creo que llegué a odiar su cántico.

Decía que todos esos dibujos forman en mi memoria un pack que se completaba con la adaptación, maravillosa, de El corazón Delator de Poe que animó la UPA en 1954. Lo cierto es que se programó mucho en horario infantil a principios de los 70, y yo la vi un montón de veces. Me encantaba y aterrorizaba por igual. El corto es una joya.


Y aquí la adaptación para Warren, también dibujada por Reed Crandall, que aquí apareció en el Vampus #3. Es curioso, reconocía que el dibujante era el mismo por los ojos.


El Diabolik de Bava en su escena final. Aunque la película es de aventuras pOp con algún elemento de comedia, esta imagen me acojono totalmente,creo que por la mirada del gran John Philip Law.

Otro miedo marcado a fuego en mi infancia provino de Quatermass and the Pitt (¿Qué sucedio entonces? fue su título español). La idea de que las obras en el metro dieran con una calavera en la pared me hizo fabular con ello cada vez que subía al transporte subterráneo.


O el hecho de que un policía relatara que los niños tenían tanto miedo que arañaban las paredes.



Además, la idea de los túneles del metro como entrada a lo desconocido se reforzó con Regreso al Planeta de los simios, otra peli que vi muy pequeño. Me llevó mi padre.


La visión de la estatua simia que llora sangre entre llamas también me sobrecogió.


Pero sobre todo me cagué vivo cuando los mutantes revelaban su verdadero rostro.


Y para acabar, la joya de la corona, Florence Marly como vampira alienígena en Queen of Blood (Planeta sangriento). La película se emitió una tarde de sábado en televisión a principios de los 70. Un horario infantil que habitualmente se dedicaba al western o la aventura. Esté pequeño clásico de la serie bé se coló y, sin duda, marcó a todos los niños que estábamos reunidos delante de la tele. Y en esa época sólo había dos canales, así que fuimos bastantes. Como no podía ser de otra manera, escribí sobre ella nada más inaugurar este blog.