14.8.06
TRESCIENTOS TREINTA Y TRES DISCOS PARA AGITAR EL BOOGALOO ENCEFÁLICO # 015/333
Este es uno de esos discos que aparecen siempre en todos las listas de los mejores de la historia, y supongo que con justicia. Y lo es a pesar de:
a/ Una de las portadas más horrorosamente bizarras de la historia. Quizás el caso más rotundo de mejor disco con peor portada. Un extraño canto zoofílico que debió descolocar a sus seguidores surferos de la época y con la que quizá nos estén diciendo que sus canciones son las ovejitas del pop.
b/ Que tararearlo y acompañarlo en casa no sólo es labor imposible para el escucha sino que te hace quedar como un auténtico merluzo vocal, a no ser de que hayas pasado tu infancia en el coro de un monasterio católico.
Pet Sounds es una de las grandes catedrales del pop ampuloso y barroco, de ese que te dan ganas de escuchar no en una playa sino en lo alto de los Alpes y con los brazos extendidos en cruz mientras un helicóptero te rueda en panorámica circular. Y no deja de ser curioso que el grupo que hasta entonces se había dedicado a cantar a la felicidad estival entregara una obra tan rematadamente triste y melancólica sobre jóvenes zarandeados por el amor adolescente. Nada mejor que este album para describir en clave sentimental el fin de unas largas vacaciones playeras de verano, cuando las nubes de tormenta oscurecen el cielo y vuelven grises las olas. Parte de esa extraña combinación habrá que dársela al ya por entonces maltrecho y genial cerebro de un Brian Wilson que coqueteaba con el ácido lisérgico. De hecho, la psicodélica Hang 'Em to your Ego debió cambiar su título por I Know there's an answer, y un así sigue siendo mi favorita de un álbum fundacional y revolucionario, plagado de piezas de orfebreria y epicidad con pandereta gracias a maravillas como la ya citada o God Only Knows, Wouldn't it Be Nice, You Still Belive in Me o esa instrumental maravillosa que le da título. Un disfrute plagado de clavicordios, violines, órganillos, percusiones hawaiinas, campanas y momentos orquestrales encerrados tras un muro de sonido a lo Phil Spector que no hace otra cosa sino mostrar en toda su cristalina majestuosidad los coros vocales de los chicos de la playa.
(En Anteriores Boogaloos Encefálicos...)
Simpsonario (CDLXXII)
Picapiedra, Los
La famosa serie de Hanna y Barbera, por su carácter de primer gran referente por lo que hace al paso de la sitcom familiar al formato y universo del cartoon televisivo, es de cita obligada por parte de los guionistas de los Simpson. Una de las mejores se produce al inicio del episodio Marge contra el monorraíl, cuando Homer se identifica con el protagonista Pedro Picapiedra cantando la sintonía de Los Picapiedra, chapurreando el texto y acabando inadvertidamente en un serio aprieto. La cita obtiene en este caso un efecto de vuelco, tanto en los Picapiedra donde casi todo son rosas y flores del American Way of Life, como en los Simpson, donde a menudo aparece la tragedia a la vuelta de cualquier esquina. Otros guiños referenciales a tener en cuenta se producen en Homer se va de juerga cuando este le dice a Apu “me confundes con Pedro Picapiedra”; Bart, el asesino donde un caballo lleva el nombe de Yabba-Dabba-Doo; Kampamento Krusty, donde son los Picapiedra los protagonistas del gag del sofá inicial (y, por tanto, toda una declaración de amor referencial); El amante de Madame Bouvier al confundir Burns el apellido Simpson con el de Flintstone;o El actor secundario Bob vuelve a las andadas, cuando Bart usa un piedráfono.
La famosa serie de Hanna y Barbera, por su carácter de primer gran referente por lo que hace al paso de la sitcom familiar al formato y universo del cartoon televisivo, es de cita obligada por parte de los guionistas de los Simpson. Una de las mejores se produce al inicio del episodio Marge contra el monorraíl, cuando Homer se identifica con el protagonista Pedro Picapiedra cantando la sintonía de Los Picapiedra, chapurreando el texto y acabando inadvertidamente en un serio aprieto. La cita obtiene en este caso un efecto de vuelco, tanto en los Picapiedra donde casi todo son rosas y flores del American Way of Life, como en los Simpson, donde a menudo aparece la tragedia a la vuelta de cualquier esquina. Otros guiños referenciales a tener en cuenta se producen en Homer se va de juerga cuando este le dice a Apu “me confundes con Pedro Picapiedra”; Bart, el asesino donde un caballo lleva el nombe de Yabba-Dabba-Doo; Kampamento Krusty, donde son los Picapiedra los protagonistas del gag del sofá inicial (y, por tanto, toda una declaración de amor referencial); El amante de Madame Bouvier al confundir Burns el apellido Simpson con el de Flintstone;o El actor secundario Bob vuelve a las andadas, cuando Bart usa un piedráfono.
13.8.06
LA ENAJENACIÓN QUE DESAFIÓ AL MUNDO (I)
Dr. Hugo Wagner (asistente): Alfred, ¿Has leído el periódico? ¿Sabes lo que ha pasado?
Dr. Alfred Brandon (siquiatra mad doctor): He aquí la diferencia entre una noticia de periódico y un artículo científico.
Dr. Hugo Wagner: ¿Vas a seguir perdiendo el tiempo o quieres una segunda víctima?
Dr. Alfred Brandon: No estoy perdiendo el tiempo y no me gusta que te refieras al sujeto del más importante revolucionario experimento como "víctima".
De I Was a Teenage Werewolf, reseñada por aquí hace bien poco.
Dr. Alfred Brandon (siquiatra mad doctor): He aquí la diferencia entre una noticia de periódico y un artículo científico.
Dr. Hugo Wagner: ¿Vas a seguir perdiendo el tiempo o quieres una segunda víctima?
Dr. Alfred Brandon: No estoy perdiendo el tiempo y no me gusta que te refieras al sujeto del más importante revolucionario experimento como "víctima".
De I Was a Teenage Werewolf, reseñada por aquí hace bien poco.
PÁNICO Y LOCURA EN MI B-52
Nately reaccionó con hostilidad irrefrenable ante aquel viejo malvado, depravado y antipatriótico que tenía edad suficiente para ser su padre y que gastaba bromas despectivas sobre Estados Unidos.
- América va a perder la guerra -dijo-. Italia la ganará.
- América es la nación más fuerte y próspera de la Tierra -replicó Nately con arrogancia y dignidad-. Y el luchador americano el primero del mundo.
- Exactamente -concedió el viejo en tono benébolo, con un deje de burla-. Sin embargo, Italia es una de las naciones menos prósperas de la tierre, y precisamente por eso le va tan bien a mi país en esta guerra, mientras que al suyo le va fatal.
Nately soltó una carcajada de sorpresa, y a continuación se sonrojó por su falta de cortesía.
- Perdone por haberme reído de usted -dijo con sinceridad, y añadió en tono indulgente y respetuoso-: Pero Italia fue ocupada por los alemanes, y ahora por nosotros. No se puede decir que eso sea bueno, ¿no cree?
- ¡Claro que sí! -exclamó el viejo alegremente-. Mientras que a los alemanes los están echando, nosotros seguimos aquí. Dentro de unos años también ustedes se marcharán, y nosotros seguiremos aquí. Italia es un país muy débil y muy pobre, y por eso somos tan fuertes. Ya no mueren soldados italianos, y los americanos y los alemanes sí. A eso le llamo yo desenvolverse estupendamente. Sí, estoy seguro de que Italia sobrevivirá a esta guerra y seguirá existiendo mucho después de que su país sea destruido.
(...)
- No creo nada de lo que usted me dice -replicó Nately, tratando de aplacarlo con una sonrisa azorada-. Lo único que creo, y estoy convencido de ello, es que América ganará la guerra.
- Ponen ustedes tanto empeño en ganar las guerras... -se chanceó el viejo indecente-. El truco consiste en perderlas, en saber qué guerras pueden perderse. Italia lleva siglos perdiéndolas y, sin embargo, ya ve usted que nos va divinamente. Francia gana guerras y se encuentra en continua crisis. Alemania las pierde y prospera. (...)
Nately se quedó mirándolo sin disimular su aturdimiento.
- Ahora sí que no entiendo lo que dice. Habla como un demente.
- Pero vivo como un hombre cuerdo. Era fascista cuando Mussolini estaba en el poder, y ahora que lo han derrotado soy antifascista. Era fanáticamente proalemán cuando los alemanes estaban aquí para protegernos de los americanos, y ahora que están los americanos para protegernos de los alemanes soy fanáticamente proamericano. Se lo aseguro, mi escandalizado amigo -los ojos sagaces y desdeñosos del viejo fulguraron ante la creciente consternación de Nately-: Su país no encontrará un defensor más leal que yo en toda Italia..., pero sólo mientras estén aquí.
- ¡Pero...! -exclamó Nately, incrédulo- ¡es usted un chaquetero, un renegado, un oportunista sin escrúpulos!
- Soy un hombre de ciento siete años -le recordó afablemente el viejo.
- ¿No tiene principios?
- Claro que no.
- ¿Ni moral?
- Ah, sí, soy un hombre moralista -replicó aquel viejo villano con satírica seriedad al tiempo que acariciaba la cadera desnuda de una rozagante muchacha de pelo negro y bonitos hoyuelos en las mejillas que se había recostado seductoramente en el otro brazo del sillón.
El viejo dirigió a Nately una sonrisa sarcástica, sentado entre las dos muchachas desnudas, esplendoroso, pagado de sí mismo, desastrado, con una mano soberana en cada una de ellas.
- No me lo creo -replicó Nately con recelo, tratando porfiadamente de no contemplar aquel espectáculo-. Sencillamente, no me lo creo.
- Pero es verdad. Cuando los alemanes entraron en la ciudad, yo bailé por las calles como una bailarina y grité "¡Heil Hitler!" hasta desgañitarme, e incluso agité una banderita nazi que le había arrebatado a una niñita preciosa mientras su madre miraba hacia otro lado. Cuando los alemanes abandonaron la ciudad, corrí a darles la bienvenida a los norteamericanos con una botella de un coñac excelente y una cesta de flores.
(...)
- ¡No tiene nada de absurdo arriesgar la vida por la patria! -declaró Nately.
- Ah, ¿no? -preguntó el viejo-. ¿Qué es un país, al fin y al cabo? Un trozo de tierra rodeado por todas partes de fronteras, por lo general antinaturales. Los ingleses mueren por Inglaterra, los americanos por América, los alemanes por Alemania, los rusos por Rusia. Hay unos cincuenta o sesenta países luchando en esta guerra. No es posible que merezca la pena morir por todos ellos.
- Cualquier cosa por la que valga la pena vivir también vale la pena morir -dijo Nately.
- Y cualquier cosa por la que valga la pena morir -replicó el viejo blasfemo- vale la pena vivir. Es usted tan puro y tan inocente que casi me da lástima. ¿Cuántos años tiene? ¿Veintcinco? ¿Veintiséis?
- Diecinueve -respondió Nately-. Cumpliré veinte en enero.
- Si sigue usted vivo. -El viejo sacudió la cabeza, adoptando durante unos momentos el mismo aire ceñudo, susceptible y meditabundo de la pareja puritana-. Como no tenga cuidado, acabarán por matarlo, y me doy cuenta de que no va a tener cuidado. ¿Por qué no tiene un poco de sentido común e intenta hacer lo mismo que yo? Quizá llegue a los ciento siete años.
- Porque más vale morir de pie que vivir de rodillas -repuso Nately con altanera convicción-. Supongo que habrá oido eso alguna vez.
- Sí, desde luego -musitó el viejo traidor, volviendo a sonreir-. Pero mucho me temo que usted lo ha entendido al revés: más vale vivir de pie que morir de rodillas. Así es el dicho.
Hasta aquí este fragmento, o mejor sampler, ya que he quitado bastante (siempre señalándolo con los puntos suspensivos entre paréntesis) dado que no aportaba nada al contundente diálogo transcrito, procedente de Trampa 22, la impresionante novela esscrita por Joseph Heller en 1955. El diálogo, para situarles, lo mantienen el joven capitán Nately, piloto de bombardero, y un viejo que regenta una casa de putas romana. Y el marco es la Segunda Guerra Mundial, claro. Hace un par de semanas ya puse por aquí otro fragmento, en esa ocasión localizado en un hospital militar de retaguardia.
Trampa 22 narra la experiencia cotidiana de John Yossarian, uno de esos pilotos. Acumula más de sesenta operaciones aéreas, esquivando fuego antiaereo. Teóricamente debería estar licenciado y de regreso, pero el general al mando amplía una y otra vez el límite de operaciones de sus hombres. Considera que es una forma rápida de ascender un nuevo peldaño en el escalafón militar. Y mientras tanto el Capitán Yossarian se convierte en el loco más cuerdo del mundo, al que no se puede dar de baja precisamente por eso, porque está loco y lo sabe. Pero no se me asusten por lo leído, aunque creo que se intuye: Trampa 22 no es una historia bélica al uso, ni muchísimo menos. Ni siquiera una disertación sobre el absurdo al que se hace referencia en el texto, el absurdo de morir por un país. Esta tremenda novela es ante todo un delirante retrato coral, en ocasiones surrealista, plagado de enajenados personajes memorables, sobre el funcionamiento de un ejército en tiempos de guerra. Sepan que han sido bastantes las ocasiones en que me he visto obligado a dejar de leer, porque a carcajada limpia es imposible hacerlo. Hay mucho humor negro. Hay mucho humor absurdo. Y también momentos duros y párrafos de tanta enjundia como el que les he propuesto hace un momento.
Sin Trampa 22, por ejemplo, no hubiera existido Mash, el filme (y luego serie de televisión) que venía a explicar lo mismo de manera más simple. También Trampa 22 tuvo adaptaciópn cinematográfica, a cargo de Mike Nichols y con un reparto de relumbrón. Un par de imagenes decoran este texto, aunque ya les digo que no he tenido oportunidad de ver la película. La novela, que me parece que no es muy conocida por estos lares (gracias pues a Sark y MAB que me la recomendarón en el foro dixtópico a principio de año), es realmente uno de los grandes textos de la literatura norteamericana del siglo XX. Y mucho más influyente de lo que se piensan. Leyéndola me entraba la sospecha, cada dos por tres, de que mis admirados Tom Wolfe y Hunter S. Thompson debieron de disfrutarla con bastante pasión y la tuvieron muy en cuenta cuando, cada uno por su lado, dinamitaron la idea de que un artículo periodístico debía ser una cosa aséptica y objetiva. Heller, gran amigo de Kurt Vonnegut, sabe muy bien lo que explica ya que fue bombardero con más de sesenta misiones, y uno, mientra lee, se da cuenta de que ese gran sin sentido descrito, a niveles de caos absoluto (por no repetir lo de absurdo y surrealista) es mucho más real de lo que aparenta. Mi experiencia militar, aunque afortunadamente no en tiempos de guerra, también me lo indica. Hay una enorme irracionalidad en toda organización militar, no sólo por lo que supone de cara al exterior, sino en su funcionamiento interno.
12.8.06
THE AIP VISUAL EXPERIENCE (I)
"Antes de rodar, Beverly improvisó unos punzantes comentarios de su propia cosecha. Apoyándome en mis estudios de Física e Ingeniería, yo había razonado a mis colaboradores que un ser procedente de un planeta con un intenso campo de gravedad casi no levantaría un palmo del suelo. Por lo tanto diseñé, junto al especialista en efectos, Paul Blaisdell, una criatura muy achaparrada.Pero cuando nos disponíamos a filmar la emocionante confrontación entre Beverly y el monstruo, ella se plantó ante su enemigo y lo examinó con desdén, puestas las manos en jarras. "De manera que has venido a conquistar el mundo, ¿no? -le imprecó en tono burlón, asegurándose de que yo podía oirla-. ¡Pues toma!". Y propinó al engendro un puntapié en la cabeza.
Capté el mensaje. Aquella misma tarde el monstruo había sido recreado con una estura de tres metros. Lección primera: haz siempre a tus criaturas más corpulentas que a la protagonista femenina. "
Roger Corman en Cómo hice cien films en Hollywood y nunca perdía ni un céntimo
NOTA: esta la tengo apuntada para ver en breve. Lee Van Clef haciendo de científico absorto con el espacio exterior y sus habitantes es algo a lo que no me puedo resistir. Y sobre esta nueva sección... el lunes lo explico. Esto es sólo una primera entrega promocional.
11.8.06
Simpsonario (CDLXXI)
Pica
Es el ratoncito protagonista del "dibujo dentro del dibujo" o "serie dentro de la serie" Rasca y Pica, la favorita de Bart y Lisa. Ambos la miran juntos (de hecho, es uno de sus vínculos más fuertes) y disfrutan cuando el pequeño roedor maltrata y tortura a su crónico adversario. A diferencia de otras series centradas en la clásica rivalidad del gato con el ratón, con inevitable simpatía por este último (que representa de los dos la figura débil, tierna e indefensa), Bart y Lisa, en uno de esos raros momentos en los cuales están unidos por un interés común, no son partidarios necesariamente de Pica. En efecto, este personaje es mucho más sádico, malo y violento que su tradicional enemigo. Plagada de detalles gore, Matt Groening reivindica hiperbólicamente los episodios clásicos de Tom y Jerry, en venganza por las críticas que recibían con la aparición de lo políticamente correcto y la protección desmesurada del infante. Por otro lado, en la simbología antigua, el ratón representa la turbulencia, el movimiento incesante, la agitación insensata y, en la cristiana, el devorador, o sea el demonio.
Es el ratoncito protagonista del "dibujo dentro del dibujo" o "serie dentro de la serie" Rasca y Pica, la favorita de Bart y Lisa. Ambos la miran juntos (de hecho, es uno de sus vínculos más fuertes) y disfrutan cuando el pequeño roedor maltrata y tortura a su crónico adversario. A diferencia de otras series centradas en la clásica rivalidad del gato con el ratón, con inevitable simpatía por este último (que representa de los dos la figura débil, tierna e indefensa), Bart y Lisa, en uno de esos raros momentos en los cuales están unidos por un interés común, no son partidarios necesariamente de Pica. En efecto, este personaje es mucho más sádico, malo y violento que su tradicional enemigo. Plagada de detalles gore, Matt Groening reivindica hiperbólicamente los episodios clásicos de Tom y Jerry, en venganza por las críticas que recibían con la aparición de lo políticamente correcto y la protección desmesurada del infante. Por otro lado, en la simbología antigua, el ratón representa la turbulencia, el movimiento incesante, la agitación insensata y, en la cristiana, el devorador, o sea el demonio.
10.8.06
LA PELUDA ESPINILLA TEEN QUE CAMBIÓ HOLLYWOOD
1. La Briosa intro para una piedra filosofal de la Pop Culture
La Historia de la humanidad nunca estará lo suficientemente agradecida a la American International Pictures (AIP). Y en términos de Cultura Pop... ¡Qué decir! No sería lo mismo. Es como si... si... Marvel Comics, CaradeCuero o los zombis caníbales no hubieran existido. Supongo que pueden hacerse a la idea. Y sepan una cosa: no estoy exagerando ni un ápice. En 1956 James H. Nicholson y Samuel Z. Arkoff unían sus esfuerzos en aras de crear el más importante emporio productor y/o distribuidor de series bé (y zeta) de los siguientes veinticinco años. Las blaxploitations más míticas, Roger Corman (y sus ahijados), los modestos terrores espaciales Edward L. Cahn, los gigantismos y enanismos de Bert I. Gordon... y las producciones de Herman Cohen. Ahí quería yo llegar, a Herman Cohen, un visionario a quien tanto le debió la AIP en sus inicios. Él fue quien dió con la piedra filosofal que iba a cambiar, como lo leen, la historia del cine: I Was A Teenage Werewolf (usease, Yo Fuí un Hombre Lobo Adolescente).
2. Aquello que la Gente Olvida Demasiado Rapido
Si han leído ustedes Easy Riders, Raging Bulls: How the Sex-Drugs-and-Rock 'N' Roll Generation Saved Hollywood de Peter Biskind (aquí editado bajo el horroroso título de Moteros tranquilos, Toros Salvajes: La Generación que cambió Hollywood) sabrán que filmes como Easy Rider o Tiburón cambiarón el Hollywood Clásico. No voy a ser yo quien contradiga ese libro (que además está muy bien, háganle un tiento si pueden), pero me temo que si tiene un fallo, o más que fallo... vacío, es la falta de referencia al contexto anterior y al punto de partida generacional. No es que pase casi de puntillas sobre la figura de Roger Corman (y eso que la mayoría de cineastas sobre los que gira el texto se criaron bajo su cobijo), no. Es que no menta I Was a Teenage Werewolf y eso que fue la madre del cordero. La peliculilla de serie bé Que Cambió Hollywood. Y, por tanto, su productor y coguionista, Mr. Cohen, fue un visionario, un genio, uno de esos hombres hechos a sí mismos que idolatran en los EEUU pero que en este caso está injustamente olvidado.
3. Lo que realmente Quieren los Alegres Muchachos del Autocine
La AIP inició su andadura con It Conquered the World (Roger Corman, 1956), aunque el indescriptible bichejo que asustaba a Beverly Garland no puede decirse que sirviera para dar el gran campanazo, no. Pero este no tardó nada en llegar y fue, precisamente nuestro hombre lobo juvenil. Y a partir de ahí todo es historia. ¿Por qué? Fácil, la clave no está en el "werewolf" del título sino en lo que le precede, el "teenage", el adolescente. Mr. Cohen tuvo la acertadísima visión de que con la llegada de la televisión los adultos nos íbamos a quedar espanchurrados en el sofá viéndo la Caja Tonta y que iban a ser ellos los jóvenes, el público del futuro. Y menudos jóvenes: los primeros jóvenes de la historia. Los hijos del átomo que engendraron el rock'n'roll.
La vista también estaba puesta en Rebelde sin Causa, claro, pero Herman Cohen fue lo suficientemente listo para ver que todo ese melodrama existencial lastraba la película de Nicholas Ray. Había que despojarla de esos ticks adultos que, no nos engañemos, la hacían interesante para chiquillas enamoradas de James Dean y algún que otro jovencillo afeminado, pero no para el muchachote de la High School que era, al fin y al cabo, quien conducía el coche hacia el autocine y pagaba las palomitas. Ese muchachote de incipiente tupé y primeros Lucky Strike necesitaba básicamente dos cosas:
a/ un protagonista algo más real e inmediato (y menos amanerado y llorón) que Jim Stark con el que identificarse, aunque fuera de manera alegórica;
b/ que la jovencita que acababa de recoger se le arrimara lo suficiente, era el justo pago por haber tenido que pasar a saludar a los padres y haber tenido que apoquinar con los 50 centavos del batido.
Y la respuesta no era otra que el olvidado cine de terror, pero ojo, un cine de terror pensado exclusivamente para consumo adolescente. Y dió en el clavo. La película se convirtió en el gran éxito sorpresa de ese verano, un rompetaquillas multiplicó con varios ceros la inversión, llenó los bolsillos de Nicholson y Arkoff y les dio un camino a seguir: cine para consumo masivo de teens en los cines de doble sesión y los autocines de pueblo. En el éxito influirían también ese hermoso título en primera persona que "Tito" Jim Nicholson se sacó de la chistera, reminiscente de los titulares sensacionalistas a lo National Enquirer y de los proscritos tebeos de miedo de la EC y de la Atlas, o el hecho de que la película fuera recibida con garras y uñas por parte de diferentes sectores de la Sociedad Borderline, acusándola de fomentar la delicuencia juvenil cuando no era, precisamente, un artefacto peligroso (al menos no por que mostraba aunque sí por lo significaría con el tiempo).
4. La Invasión de los Adolescentes Mutantes del Espacio Exterior
Al hombre lobo adolescente le siguieron un Frankenstein y un cavernícola adolescentes. Y si no hubo un vampiro fue porque quizá el concepto era demasiado sexual para la época y el público objetivo, por lo que se optó por llamarla Blood of Dracula, aunque el concepto era el mismo. Y luego vinieron las surferas películas de Frankie Avalon en la playa, las de motoristas rebeldes y un sinfín de filmes en los que el adolescente se enfrentaba al terror en todas sus formas y que aún hoy en día se siguen haciendo y estrenando como churros (eso sí, con carteles y títulos mucho más feos y clónicos). Y si no estaban protagonizados por ellos, es inevitable la escena en que un par haciendo manitas son asaltados por la cosa/espectro/psicópata/bestia/mutante/alienígena de turno. ¿Entienden ahora porqué nuestro Hombre Lobo Adolescente cambió Hollywood? Yo creo que está claro.
Bueno, y dicho todo esto queda la película. Hay que despojarla de toda esa aura que inspiró una bella canción de los Cramps y que se ha convertido en uno de los grandes títulos de culto de la Pop Culture con mayúsculas. Y si la desnudamos... ¿Qué nos queda? Pues una entretenida peliculilla de serie bé, arquetípica por necesidad, en la que destaca uno Mad Doctors de lo más memorables en su delirio científico-pajero teórico, curiosas variaciones respecto a la licantropía clásica de la Universal, una estupenda escena de horror, detalles paranoicos y, por supuesto, la recreación del grupo de teenagers cincuenteros en la que destaca el torturado muchacho en la edad pavo protagonista, encarnado nada más y nada menos que por un jovencísimo Michael Landon. Así que vayamos por partes.
5. El Chico de las hormonas alteradas.
Tony Rivers es un chico problemático. Siempre embutido en la cazadora del equipo de beísbol del instituto, se lía a hostias a las primeras de cambio. De hecho la peli empieza con una pelea de patio de colegio y la reprimenda del sheriff de la zona. La idea del coche patrulla irrumpiendo en la High School para detener una reyerta entre un par de estudiantes me parece bella, por cierto. Tony Rivers está en la Edad del Pavo y aún así no debería Ser Como Es. Tiene una bonita novia de familia decente y acomodada, y organiza unos estupendos guateques en una casa abandonada, cosa que le da cierto estatus. Y aún así, siempre responde airadamente, responde con violencia a cualquier provocación, no aguanta una broma (y eso que el las hace de más pesadas) y en casa arroja botellas de leche contra la pared a las primeras de cambio. Quizá, como dice su viudo padre, la causa está en la falta de una madre "un chico de esa edad la necesita" pero el caso es que todos: el paternal comisario, la novia bobalicona, los amigos del cole le dicen lo mismo: vete a ver al psiquiatra, que en el pueblo hay uno de muy bueno y muy moderno que "Usa la hipnosis". Como es lógico, primero responde mal a la propuesta, pero la fuerza de las circunstancias le acaban por convencer. Su objetivo será "adaptarse".
6. El Científico Pajero que Droga e Hipnotiza por tu bien (y el mío)
He aquí al genuino must de la función: el Doctor Alfred Brandon (estupendamente encarnado por Whit Bissell). La llegada a la consulta de un muchachote la mar de sano físicamente y de instintos violentos desata su pasión pajera. Es el Conejillo de Indias ideal para sus experimentos. La idea que quiere llevar a la práctica es tan sencilla como sicotrónica: mediante sesiones de hipnosis y la inyección continuada de la droga conocida como escopolamina o burundanga provocará una regresión en el chaval al estado más primitivo del ser humano. Dejo la finalidad subyacente de todo el experimento en los propios labios del siquiatra: "La Humanidad está en camino de destruirse a sí misma. La única esperanza que le queda a la raza humana es regresar a su estadio primitivo. Al punto de partida para volver a empezar de nuevo. ¿Y qué significa el sacrificio de una vida comparada con tamaño triunfo?" Hay que decir que la película está plagada de diálogos memorables y este es sólo uno, pero no me negarán que la idea es tan descabellada que sólo puede proceder de una serie bé. Para acabar con el más que previsible fin atómico de la humanidad lo mejor es regresar a "ese remanso de paz y de progreso científico" que era la Edad de Bronce. Si luego tenemos en cuenta que el estado regresivo propio del ser humano es convertirse en un hombre lobo pues... eu... ejem.
7. La Licantropia es una cosa que se puede encoger y a largar
Pues eso. Un Hombre Lobo. Nuestro pobre adolescente torturado hace caso a sus amistades y se tumba en el diván de un psiquiatra para tratar de adaptarse y vencer sus impulsos violentos y se acaba convirtiendo en un hombre lobo. Como lo leen. Dentro de los cánones pop de la licantropía, que eran los trazados por la Universal en su saga protagonizada por el bueno de Lon Chaney Jr., la película supone tanto un continuismo como una ruptura. Continuismo por lo que hace al maquillaje (bastante majo, hay que decirlo), los andares (enfundados, eso sí, en la chaqueta típica del bachiller usaca), a las típicas escenas del hombre lobo apartando matojos para vigilar a la víctima y, especialmente, al carácter trágico de la maldición. Si has pillado la licantropía te vas a joder hasta la muerte. El señor de la limpieza de la comisaría, de origen centroeuropeo, lo tiene muy claro y aporta ese toque de "la gitana que explica lo que está pasando". El carácter rupturista está en el carácter científico de la licantropia y en que ésta se despoja de sus elementos sobrenaturales. Aquí no hay luna llena ni nocturnidad y lo que dispara la transformación es el sonido del despertador que utiliza el siquiatra para sacar a su conejillo de indias (guinea pig en el original) del trance. El problema es que cosas que hagan "riiing" las hay en otros lugares: la campana del fin de clase, los teléfonos. Y ya la tenemos liada.
8. Pánico en el Instituto
Ya he dicho antes que la peli tiene al menos un par de escenas estupendas. Será cosa de atribuírselo a su director, Gene Fowler Jr.. Una de ellas es el ataque a una rolliza (para los estándares) atleta de las paralelas en el gimnasio de la escuela. La escena consigue inquietar de inicio por la presencia de una profesora con pinta de institutriz a lo Rotenmeyer que le da cierto aire lésbico y por la actividad vouyerística de nuestro licántropo. Y entonces, mecachis, suena la campana del instituto. El asedio de la chica y la huida del hombre lobo creando el pánico entre los estudiantes, a plena luz del día, es una buena escena de cine de terror.
9. Los años de la Paranoia Pura
Otra escena que me gusta mucho es la paranoia que sufre el muchacho en el pueblo de al lado. Verán ustedes, huye allí porque todo el mundo sabe que es el hombre lobo. Cosa lógica si no te quitas nunca la chaqueta que es el símbolo de tu identidad teen. Así que acaba vagando por el pueblo vecino. Allí vivirá una experiencia paranoica muy propia de la cultura pop de la época (comunistas, bombas, tya saben). Todo el mundo le mira, le observa. Y si encima eres un adolescente con problemas que sobrepasan el acne y la alteración hormonal, pues imagínense. Es el tipo de alegoría que debía causar sensación en los muchachos del autocine de la época.
10. Los Hijos del Átomo y del Sueño Americano vienen cagando leches
Otro de los must de la película es tan estético como sociológico. Es un retrato in situ de la juventud de la época, que fue la primera juventud pop de la sociedad borderline. Los chicos que escuchaban a Elvis, cuidaban su tupe y su actitud de rebelde generacional. En la película están los chicos del autocine, por lo que la identificación era inmediata. Vale, los de la pantalla eran más inocentes, más bobos... pero eran ellos. Eso le otorga a la película un valor de retrato sociológico importante. Y lugo está la fiesta en la casa abandonada. De refrescos y patatas fritas que a partir de entonces vamos a ver repetida mil veces. En esa fiesta se ejecuta un arriesgadísimo ejercicio en términos de verosimilitud, nada menos que un tremebundo número musical, el Eeny Meeny Miney Moe. Y no precisamente de rock, que hubiera estado muy mal visto, perturbador, pero seguramente rozando la permisibilidad borderline de 1957. Por si les apetece el dato, el rock and roll sonó por primera vez en la pantalla grande en Semilla de Maldad y el comité del senado norteamericano la consideró película muy perjudicial para la juventud de la época, por lo que sólo podían verla los mayores de 18 años, así que no era oportuno dañar la distribución de nuestro Hombre Lobo favorito.
11. Y para acabar... ¡Michael Landon!
Pues sí. Pese a ir de clon de James Dean, el primer papel protagonista de Michael Landon le encumbró. Hay que decir que no lo hace nada mal y como licántropo da el pego. Dos años más tarde iniciaría su exitosa carrera como bestia televisiva encarnando al Pequeño Joe Catwright de Bonanza. Luego vendría La Casa de la Pradera y Autopista hacia el cielo. Por cierto, detalle curioso, fue en esa última serie que Landon, en un especial de Halloween, recuperaría metraje de I was a teenage werewolf y volvería a convertirse en hombre lobo. No llegué a verlo pero es un detalle.
Simpsonario (CDLXX)
Petróleo
Bajo los cimientos de la escuela descubren el oro negro, un maná caído del cielo para renovar las instalaciones del edificio; sin embargo el pérfido Burns desviará la trayectoria de salida del valioso líquido para hacerlo suyo. El capitalismo agresivo que representa no puede consentir que un bien de estas características se invierta en un servicio público como la educación; mejor en sus manos para fines malévolos. (episodio ¿Quién disparó al Sr. Burns? Primera parte).
Bajo los cimientos de la escuela descubren el oro negro, un maná caído del cielo para renovar las instalaciones del edificio; sin embargo el pérfido Burns desviará la trayectoria de salida del valioso líquido para hacerlo suyo. El capitalismo agresivo que representa no puede consentir que un bien de estas características se invierta en un servicio público como la educación; mejor en sus manos para fines malévolos. (episodio ¿Quién disparó al Sr. Burns? Primera parte).
9.8.06
EL PULPURRÍ VAMPÍRICO DONDE RESUCITAN LOS SAPOS
Los amigos de Bizácoras han propuesto celebrar un Hammer Summer. La cosa es que la productora británica celebraba años. No recuerdo cuántos ni de qué. Yo, es que si es por la Hammer, me apunto hasta a bombardear el Líbano (o Israel, la cuestión es bombardear). Yo, que a menudo levanto el hombro y hago tsk al pensar en un Marvelzombie, veo la paja y no la viga. Lo reconozco: cuando veo una peli de Hammer de las de terror (las de risa ya es otra cosa) siento el impulso, la necesidad, de disfrutarla a costa de todo. ¿Se imaginan a alguien que por defecto aplaude todas las películas fantásticas de la Columbia? ¿O de la Fox? Pues eso, aunque ahora que lo pienso con la Universal, la RKO o la AIP casi que me pasa lo mismo. En fin. La paja y la viga.
Tenía un par de vampiros revisionadas relativamente hace poco y el otro día cayo otra. Así que me apunto a la fiesta (¿o era bombardeo?) con Capitán Kronos, Cazador de Vampiros (1974).
1. El Tipo Que Está Detrás De Todo.
Lo primero ante lo que hay que llamar la atención es sobre su realizador y guionista, Brian Clemens. A bote pronto quizá no les suene demasiado, pero si les digo que es el responsable de la etapa dorada de Los Vengadores televisivos quizá la cosa cambie. De hecho, fue ese éxito y la demostrada capacidad para sacudir las tramas propias de los agentes secretos a base de argumentos tan inauditos como entretenidos lo que despertó el interés de la Hammer, que viendo agotarse el filón buscaba lo que podríamos llamar el "Toque Clemens". Lo primero que hizo nuestro hombre fue el potente guión de Dr. Jeckyll and Sister Hide (filme a recuperar ¡ya!, lástima que mi copia en vhs deja bastante que desear) y luego, ya como responsable absoluto, la peli que nos ocupa, uno de los ejemplos más perfectos la filosofía del pulp de bolsillo llevada a la pantalla grande. La idea era que se convirtiera en una serie, pero los resultados no fueron los esperados, el público estaba más interesado en Linda Blair girando la cabeza soltando blasfemias que en un modesto pupurrí multigenérico desmelenado, y la Hammer se acercaba definitivamente a sus horas más bajas. Así que la prevista saga se quedó ahí, sin continuidad.
2. El Héroe Pulp y el Desdoblamiento de Val Helsing.
Que el héroe es el eje de la función, antes que el vampiro, lo deja bien claro el título de la película. Eso no quita que haya películas de Drácula donde Van Helsing cobra más relevancia que su némesis, claro (Las Novias de Drácula sería un buen ejemplo), pero es que aquí no hay trampa ni cartón: eso se anuncia desde el principio.
Ya que cito al más famoso cazador de vampiros, en la construcción de Kronos se parte, primero de un desdoblamiento de aquel. El Van Helsing de la Hammer, es decir, Peter Cushing, es tanto un héroe activo, de acción (sólo hay que verle saltar por las mesas y cortinas en Horror of Dracula) y también un hombre de ciencia experto en el estudio del vampiro, costumbres y forma de exterminio. En la película que nos ocupa estos dos rasgos se desdoblan en dos personajes. Por un lado tenemos al cazador de vampiros encargado de la acción, el propio Kronos, un aventurero dispuesto a vengar a sus familiares vampirizados; pero por otro lado tenemos a su fiel compañero, el Profesor Hieronymos Grost, un feo jorobado que se encarga de la parte teórica del asunto.
Y ya incidiendo directamente en la encarnación del héroe pulp, está más que claro que es depositario de esa tradición vía el célebre Salomon Kane de Robert E. Howard, con algunos matices, claro. Por lo que creo recordar, Salomon era un puritano, en cambio Kronos resulta bastante libertino: no utiliza cruces, rescata a una gitana (Caroline Munro nada menos) torturada por brujería (concretamente bailar en domingo), la convierte en su amante sin problemas e incluso se atisba un cierto tono, consentido, de relación dominador/sumisa entre ellos. Para acabar de perfilar su carácter de héroe pulp total conviene señalar que fuma droga (unos puritos de hierbas chinas), además de sable utiliza una katana y practica técnicas de meditación cubriendo su rostro con un pañuelo. Por cierto, al tipo lo encarna Horst Janson, un fórnido rubiales alemán a mi juicio demasiado pétrido... vamos, que es típico armario del cine de aventuras.
3. Sacudiendo las Reglas del Vampirismo.
El guión de Clemens opta por agitar y pervertir las normas más tradicionales del vampirismo cinematográfico, cosa esta que la convierte en filme de visíón indispensable para los interesados en el tema, especialmente si tenemos en cuenta que no lo hace desde la demolición sino desde el enriquecimiento. Lo explica muy bien el contrahecho Profesor Hieronymos Grost: no hay un único tipo de vampiro, sino muchos, y cada uno de ellos tiene diferentes hábitos y puntos débiles. De entrada, nada más empezar la película, esta labor de agitar las normas consuetidinarias del chupasangres se muestra sin tapujos y con cierto ánimo desconcertante: el vampiro ataca de día, el vampiro no chupa la sangre sino la juventud de la doncella, no muerde en el cuello sino que besa y deja como rastro una única gota de sangre. La cosa no se para ahí: a su paso las flores se marchitan, es capaz de atacar a sus víctimas en el interior de una iglesia (que no es moco de pavo, la escena es genial porque lo que creemeos es la sombra de la cruz acaba por ser la sombra del no muerto). Otro elemento divertido y enriquecedor es que una de las técnicas utilizadas por el profesor Grost para seguir el rastro de un vampiro es enterrar sapos muertos en una caja: los sapos resucitan ante el paso de un vampiro y, así, se puede uno aproximar a su punto de origen. Finalmente, es necesario citar la escena, repleta de humor negro, en el que Kronos y su ayudante se dedican a hacer pruebas con un vampiro capturado diversas formas para matarlos.
4. Pupurrí multigenérico desmelenado.
Lo decía al principio. Kronos, Cazador de vampiros no es sólo una película de vampiros, es mucho más. Lo del héroe pulp y la ruptura con la tradición vampírica forma parte de ese pupurrí. O la presencia de katanas y misticismo a lo Kung fú carrediniano, por ejemplo (aunque, dicho sea de paso, alguna de las coreograías de lucha me resultan un pelín patateras), el humor negro y la más que evidente mirada hacia el cine de aventuras sector capa y espada (acaba con duelo a esgrima, igual que El Charro de las Calaveras) . Pero otras referencias multigenéricas que resultan más discretas y mucho más desmelenadas: el western, el policial whodunit, el fantástico visual puro y los elementos inquietantes sin sentido. Voy, pues, por partes.
El elemento western es más que evidente en la pelea de la posada, así que no me extenderé demasiado en ella (eso sí, me hizo gracia ver a Ian Hendry de matón cuando hace un par de días lo ví de chófer mafioso más malo que la tiña en Get Carter). Por cierto, me recuerdan en los comments que para más inri la cosa acaba con una escena de uso de la katana típica del chambara japonés.
El elemento inquietante sin sentido también hace acto de presencia en la escena de la taberna. En una esquina del local hay una mujer bebiendo vino con una venda cubriendo sus ojos. Ningún personaje se percata o hace referencia a su presencia. Y está ahí. Nada en la peli explica por qué. Es, por tanto, el típico detalle perturbador del que ahora diríamos que es lynchiano.
Lo del whodunit me hace mucha gracia. El término hace referencia a la clásica estructura narrativa policial de averiguar Quién es el asesino, la que utilizaba doña Agata en sus novelas de Hercules Poirot. Aquí la cosa es averiguar Quién es el Vampiro. ¿alguno de los dos hermanos nobles? ¿los dos? ¿la anciana madre? Y la gracia está que al plantearse ese interrogante el abanico de sospechosos es imperceptiblemente mucho más amplio.
Y ya para acabar, que esto, al final, me está saliendo infinítamente más largo de lo esperado, está lo del fantástico visual puro. Sí. Ya lo sé. Las pelis de vampiros son cine fantástico de cajón. Lo que pasa es que su imagineria, por lo habitual, es gótico. Por ejemplo (quizás se me entienda así mejor) En Compañía de Lobos es un tratamiento de fantasía "de cuento" de la licantropía. A eso me refiero. ¿es Kronos así? No. Claro. Pero tiene detalles. Pese a su modestía y ciertos ticks televisivos tiene detalles. Está plagada de imágenes bellas (alternadas con cosas rutinarias). De entre todas mi favorita es cuando vemos a una muchacha caminar por el bosque y pasar al lado de unas flores. La sigue el vampiro y, a su paso, las flores se marchitan. Y entonces volvemos a ver a la chica pasar al lado de unas setas. ¡Setas! Una doncella y unas setas. Eso es a lo que me refiero. Tienen la imagen aquí al lado, pero no se me despisten: Kronos Cazador de Vampiros es, ante todo, puro entretenimiento.
Simpsonario (CDLXIX)
Petardo
Bart lo hace explotar en los lavabos del colegio justo cuando la anciana madre del director Skinner se encuentra en el interior de éstos (en el episodio Viva la vendimia).
Bart lo hace explotar en los lavabos del colegio justo cuando la anciana madre del director Skinner se encuentra en el interior de éstos (en el episodio Viva la vendimia).
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