12.6.06
Simpsonario (CDXXXIX)
En el corto de Rasca y Pica Mensajero de la muerte, incluido en el episodio Rasca, Pica y Marge, la broma que el sádico ratoncito le gasta al pobre gato concierne precisamente a los ojos, que son literalmente arrancados de sus cuencas para ser substituidos por dos cerezas-bomba que provocarán la explosión de la cabeza del gato.
11.6.06
¿DÓNDE ESTÁ WA... ABSENCE?
ELLROY ME AGARRA POR LOS COJONES
"- ¿Qué significa eso?
- Que me gustas de verdad, Claire.
- ¿Por qué?
- Bebes como un hombre, dominas a (Karl) Marx al dedillo y tienes unas piernas sensacionales."
Como saben he pasado una semana con las amígdalas como pelotas de tenis. La culpa es de James Ellroy. Descubrí a Ellroy de la manera más mundanal, tonta y poco meritoria: con la adaptación cinematográfica de L.A. Confidential. Me gustó mucho. Cuando el violento poli perdedor y el poli pijo hijo de puta unen sus fuerzas y cuelgan boca abajo del rascacielos al abogado tuve un subidón de adrenalina y pensé "dad a los malos tanto por el culo como podais que yo voy a disfrutar con ello". Instintos primarios desatados en mi cerebro.
Al cabo de unos cuantos meses me puse con una de sus novelas más célebres: La Dalia Negra. Me duró un día. Intenso y absorbente. Veinte horas con la novela pegada a mis dedos. Sin parar. Hollywood está podrido. La policía de Los Ángeles también.
Me gusta espaciar las lecturas de un mismo escritor y/o género. Así que pasó como un año y medio y me puse con América (American Tabloid en el original). De nuevo el hijo de puta de Ellroy me agarraba por las pelotas, tiraba con fuerza y me metía dentro de la novela. Creo que en términos de body count (recuento de cadáveres) es casi un premio Guiness. La conspiranoia americana de los 50-60 desde el punto de vista de tres chunguísimos perdedores que actúan de proletarios corruptos del crimen político. Encajando realidad y ficción de manera contundente. El verano siguiente tocó Seis de los Grandes, la continuación. Segunda entrega de una trilogía aún por concluir. Mismas sensaciones ante la masacre sin igual. Pete Bordurant como uno de los más grandes antihéroes de ficción del siglo pasado.
He seguido comprando sus novelas (tengo unas cuantas en casa por leer) pero han pasado casi dos años. Quería continuar con El Gran Desierto, que con La Dalia Negra, L.A. Confiential y Jazz Blanco forman el llamado Cuarteto de Los Ángeles. El Gran Desierto es la segunda entrega; ojo, cada libro es independiente y el nexo en común es el tan célebre como corrupto departamento de policía de la ciudad. Pero yo quería seguir el orden con que fueron escritos. El problema es que, al menos en Barcelona, no lo encontraba por ningún lado. Hace unos meses me percaté de que Ediciones B lo había reeditado en bolsillo en verano del año pasado. Así que me hice con él y hace unos pocos días inicié su lectura. Y joder, hostia puta, de nuevo el puto Ellroy apretando mis testiculos y abduciendome al interior de su novela, titulada originalmente The Big Nowhere.
A los tres días me faltaban 300 páginas, eran las once la noche de un sábado, hacía algo de calor, en calzoncillos, en el sillón, al lado de la ventana abierta, y sin poder parar de leer. A las cinco de la madrugada leía el última párrafo. Extasiado. Sin darme cuenta de que había refrescado y que mi cuerpo se había girado. Y es que durante seis nocturnas horas no tuve cuerpo. Tan sólo unos dedos que pasaban páginas febrilmente y unos ojos enrojecidos por la lectura. El resto de mi yo era un voyeur febril tras los pasos de la para mí ya típica trinidad ellroyana de hombres duros que acabarán por establecer lazos a lo Grupo Salvaje: un joven detective obsesionado con un aterrador psicópata que mutila homosexuales siguiendo el comportamiento agresivo del glotón o carcayú; un policía retirado y corrupto, diestro en el uso de la porra, entregado a los chanchullos de Howard Hugues y de la mafia del condado; y un amargado y cobarde fiscal del distrito ansioso de gloria a través de la caza al comunista. Los tres en ese marco corrupto y malsano que reactualiza la serie negra a base de podredumbre política y administrativa, yonquis, bajos fondos, Hollywood como un engranaje del mal, perversiones inimaginables, mujeres fatales, psicópatas pasados de vueltas, clubes de jazz, policías envilecidos. Un salvaje festín de sangre, carne y pecado en las cloacas de L.A., narrado de manera contundente, sin concesiones, con una trama compleja llena de matices que acaba cuadrando a la perfección.
Miren. Tan sólo para acabar. Hace unas semanas, en el texto que le dediqué a Fantasmas de Palahniuk, los comments cobraron vida como no lo habían hecho hasta ahora. Nos llenamos la boca, yo el primero, alabando o polemizando sobre los Auster, Houllebecq, Chabon, Lethem, Foster Wallace y compañía. A la búsqueda del gran escritor de los últimas décadas. Y saben una cosa: que les den por el culo a los citados. La respuesta a esa pregunta tiene forma de un tipo con gafas redondiatas, de pasado poco recomendable, huérfano de una madre asesinada de manera violenta y que escribe literatura de género. Se llama James Ellroy y tiene la mala costumbre de apretarme los huevos si se me ocurre parar un momento una vez enfracado en la lectura de sus novelas.
8.6.06
LA HUMANIDAD DEL RONIN SUICIDA
Andaba esta mañana bastante recuperado de la infección de garganta que me ha tenido retirado del mundanal burroesferío, contemplando asustado la larga lista de pelis y lecturas que tengo pendientes de reseñar por aquí, cuando he sentido el impulso de ver, tranquilamente, algún clásico del chambara, del cine de samurais. Las alabanzas leídas a menudo a Seppuku de Masaki Kobayashi han inclinado la balanza.
A estas alturas del Blog Ausente me considero con pleno derecho a ponerme gafapasta. Tampoco creo que haya otra manera de poder abordar esta obra maestra. Tengan claro que no se trata precisamente de un entretenido chambara de serie bé. Seppuku, conocida internacionalmente como Harakiri (pese a no ser lo mismo) es un drama tan áspero que te aplasta en la butaca (o en el sofá). También acaba por resultar un demoledor ataque a la mítica del samurai y a su código de conducta. Quien exige con rotundidad el honor del bushido acaba por ser, en realidad, el más innoble de todos.
Seppuku es casi paradigma del muy influyente cine japonés que triunfaba en los festivales europeos de los años 50 y 60. Hay que dejarse llevar por ese ritmo plagado de solemnidad, silencios y tradición, aunque la verdad es que tampoco cuesta demasiado acabar extasiado con el juego narrativo que hace un uso tan sabio del flashback (en eso, los japos, son maestros); con una fotografía sepulcral que acerca el filme, pese a su desarmante realismo, a los terrenos del cine fantástico; con una escueta banda sonora de corte muy tradicional que acaba por resultar hipnótica; o con la impresionante actuación de Tatsuya Nakadai, a quien quizá recuerden de Kagemusha o de ese otro placer que es Ran, que domina y absorbe la función simplemente con su presencia y con su voz, relatando su historia en medio del patio, como lo que casi es, un fantasma en vida que viene a cobrar venganza reclamando su derecho al Seppuku, el suicidio ritual del samurai. Pocas veces se puede asistir como espectador a escenas tan crudas como la del suicidio ritual con espadas de bambú sin afilar que tiene lugar a la media hora de película.
No creo prudente ni necesario desgranar el argumento, tan sólo situar la historia en los inicios de la paz impuesta por el shogunato allá por 1600, cuando miles de samurais quedaron sin señor, convertidos en ronin. Algunos de ellos acudían a los señores que aún ostentaban su derecho de clan pidiendo el seppuku tradicional cuando en realidad pretendían conmoverle y que les tomara a su cargo al considerarlos dignos por su honor. Ese es el punto de partida de esta impresionante tragedia con samurais. Dicho lo cual, y tras recomendarla fervorosamente no sin antes advertir que no esperen entretenimiento trepidante de ella, les dejo con una selección carteles a cuál más hermoso.
7.6.06
DOS
Ando con dos pelotas de tenis por amígdalas reposando de delirantes fiebres nocturnas, razón por la cual no he podido actualizar en los dos últimos días. Pero claro, hoy absencito cumple dos años y toca el post de padre babeante de rigor. Los amigos de adlo ya lo avisaban ayer. Aquí les dejo un par de instantáneas de la vida familiar ausente. En la primera tienen a absencito enfrascado en la lectura de Nana de Palahniuk. En la segunda ejercitando sus dotes a lo Pollock sobre la extremidad superior izquierda de quien esto escribe. Absencito blandiendo un rotulador en la mano tiene más peligro que Gidorah al lado de una refinería de petróleo. Con los libros es más cuidadoso y el muy tunante ya quiere leer y todo. De hecho, miente. Si lo ves con un libro en la mano (cosa habitual) te dirá con la seriedad de un experto jugador de póquer "estic llegint" (estoy leyendo). Supongo que es cosa de ver a sus padres siempre con algún libro arriba y abajo. Un dicharachero que habla por los codos, nos dio por contar las palabras que forman su vocabulario y nos cansamos a las 350. Algunas tan complejas como "Hitchcock", en referencia al cartel del Vertigo que hay en el pasillo. "Bona nit senyor Hitchcock" (buenas noches señor Hitchcock) es una de sus despedidas cuando se inicia todo el ritual para irse a la cama. Absencito es un pillastre simpático, cosa buena ésta porque cuando se hace el mal (siempre de manera inocente) al menos que sea con simpatia y buena educación. Y eso es todo. Más babeo paternal el año que viene.
3.6.06
VIDAS AJENAS (XVII)
Ya en su más tierna infancia, Gonzalo Álvarez Quirós "Cabra" destacó por su destreza con el tirachinas. Con ocho años era famoso en el extrarradio de Langreo por liquidar gatos, ratas y cualquier animal que se pusiera a tiro. Con tirachinas contruídos por el mismo, con esmero sin igual en la selección de los proyectiles, hacia gala de una compleja técnica seguida de inimitables movimientos y de una puntería ciertamente diabólica. Miembro del Comando Maoista de Mineros Asturianos (CMMA) con tan sólo catorce años, en la revuelta minera de 1963 destroza los globos oculares de un par de policias antidisturbios. Sáltandose todas las normas internacionales de derechos humanos y de protección de menores, las autoridades del régimen franquista lo localizan, detienen e ingresan en prisión. Allí, dada su juventud y belleza efébica, despierta la lascivia de numerosos reclusos, siendo finalmente sodomizado por un clan de exlegionarios convictos por tráfico de drogas y estupro. Recibe entonces el alias de "cabra" por la similitud de sus chillidos al ser penetrado analmente con los del bóvido ibérico. El grupo de legionarios fallece en extrañas y violentas circunstancias, nunca aclaradas, y Gonzalo Álvarez es aislado del resto de reclusos, incomunicado en la trístemente célebre tercera galería de la Prisión de Burgos. Pese al poco contacto humano que se le permite, su expediente está lleno de sangrientos altercados con los funcionarios. En 1981 se le comunica que su madre es una de las víctimas del llamado síndrome del aceite de colza y un miembro no identificado del Centro Superior de Información de la Defensa (CESID) se pone en contacto con él. Fuentes anónimas consultadas por el autor de este texto hablan de un extraño pacto: se propone a Gonzalo pasar a formar parte de una unidad secreta financiada con fondos reservados del estado español a cambio de un antídoto que salvará la vida de su anciana madre. Lo cierto es que doña Avelina Quirós sobrevive a la polémica enfermedad, su expediente sanitario se covierte en cenizas en un incendio fortuito y "Cabra" es indultado, desapareciendo de la circulación hasta que en 1984 se le vincula con los Grupos Antiterroristas de Liberación (GAL). Gonzalo se especializa en disparar desde relativa distancia con su tirachinas a miembros de la banda terrorista ETA. Siempre apunta a los ojos y se calcula que más de una docena de terroristas pierden alguno de sus globos oculares a manos de nuestro hombre. En 1987 es forzado a cesar en su actividad dado que se detecta que la numerosa presencia de miembros de la banda terrorista tuertos y con un parche negro tapando el ojo dañado les confiere una mística especial considerada contraproducente. "Cabra" desaparece de nuevo de la circulación. Algunos informes secretos de la Interpol le sitúan como alumno del asesino maestro oriental Wang Manchú en un campo de entrenamiento secreto localizado en la Líbia de Gadafi, también como violento mercenario en Sierra Leona y, al parecer, como converso islamita a las órdenes de un sangriento comando independiente bosnio en la guerra de la antigua Yugoslavia; la CIA también notifica, en documentos clasificados top secret, que algunos de los bomberos del trágico 11S no fallecieron víctimas del derrumbe de las torres gemelas sino por el estallido de sus globos oculares. También se ha detectado su presencia en Afganistán conduciendo un Skoda Fabia tuneado de camuflaje por él mismo, lanzando con su tirachinas proyectiles con una extraña modalidad de goma dos con nitroglicerina volátil (que a veces lleva y otras no) contra helicópteros de las fuerzas aliadas mientras escucha cintas de la Orquesta Mondragón a todo volumen. Actualmente en paradero desconocido, algunas fuentes policiales sospechan que "no se esconde en desiertos lejanos, ni en montañas remotas". "No hay futuro, hijos de puta, y mientras tenga un buen tirachinas en la mano no estareis tranquilos jugueteando por la internet, pequeños liberales infieles" es el mensaje que desea enviar a los internautas de habla hispana, motivo por el cual les recomiendo que no utilicen ordenadores cerca de ventanas.
Índice de Vidas Ajenas
2.6.06
Simpsonario (CDXXXVIII)
La forma redonda representa tanto la perfección geométrica absoluta como la ulterior metáfora del mundo terrestre; los grandes ojos simpsonianos son incluso capaces de mirar al mundo y de hacerse mirar, no por casualidad los ojos del gato, que parecen actuar por sí mismos más allá de las torturas infligidas, son metalingüisticos: los Simpson que están miran otros dibujos animados (Rasca y Pica), que a su vez tienen ojos que los observan.
1.6.06
LEGENDARIO NEVILLE
"Y, a la luz de la luna, recordó de pronto a quién se parecía Cortman.
¡Dios mío, Oliver Hardy! Los dos actos que había pasado en su proyector. Cortman era el eco muerto del cómico. Un poco menos rollizo, nada más. Hasta el bigote estaba ahora ahí.
Oliver Hardy cayendo de espaldas bajo el impacto de los proyectiles. Oliver Hardy volviendo siempre por más, no importaba qué ocurriese. Agujereado por las balas, pinchado por cuchillos, achatado por automóviles, aplastado por paredes, sumergido en el mar, pasando por chimeneas. Eso era Ben Cortman. Un maligno y espantoso Oliver Hardy, aporreado y resistente.
¡Dios Mío! No podía dejar de reírse. Era más que risa. Era un alivio, una salida. Las lágrimas le rodaban por la cara. El vaso sacudido se derramó y el líquido lo mojó de arriba abajo, haciéndolo reír más. EL vaso cayó al fin a la alfombra, y Neville se retorció con espasmos de incontenible diversión. La risa incesante llenó la sala.
Más tarde, lloró."
(Soy Leyenda, Richard Matheson, pag. 68)
"Una hora más tarde estaba totalmente borracho, acostado de espaldas en el suelo, sonriendo inexpresivamente.
El mundo se ha ido al diablo, pensó. Nada de gérmenes, nada de ciencia. El mundo ha caído en lo sobrenatural, es en verdad un mundo sobrenatural. Harper's Bizarro, La Revista del Sábado de las Brujas, El Hogar Siniestro, El Joven doctor Jeckyll, La Otra Mujer de Drácula, y La muerte puede ser hermosa. No seas ensartado a medias, y Las grandes Tiendas del Ataúd.
Neville siguió borracho durante dos días, y había planeado seguir así hasta el fin del mundo, o hasta el fin del whisky. y lo hubiera hecho si no hubiese sido por un milagro."
(Soy Leyenda, Richard Matheson, pag. 97)
Tenía muchas ganas de releer la obra maestra de Richard Matheson. Qué decir del maestro Matheson, excelso escritor de cuentos de corte fantacientífico o de horror que se mueve como pez en el agua en eso del final brillante y sorprendente. Sólo hay que acudir, sin ir más lejos, a su carrera como guionista de cine y televisión: las adaptaciones de Poe para Corman, El Increíble Hombre Menguante, los mejores episodios de Twilight Zone, Galería Nocturna, Star Trek, el Duel de Spielberg, La leyenda de la Mansión del Infierno, La Novia del Diablo o El Último Escalón. ¡Un portento! Y aún con todo lo citado, pocas dudas al respecto: I am Legend es su gran legado y una de las mejores novelas del siglo XX, y si no aparece en muchas listas es porque quienes las hacen o son unos ignorantes o unos elitistas cejijuntos.
La historia de Robert Neville, aparentemente último superviviente a una plaga vámpírica de corte bacteriológico que ha acabado con la raza humana, no sólo es indispensable para entender el concepto del zombi moderno por ser su punto de partida, sino también una de las más originales historias sobre vampiros jamás contada y un clásico del subgénero del holocausto apocalíptico. Fíjense ustedes qué tres conceptos más hermosos hermanados en apenas 170 páginas de febril escritura: zombis, vampiros y holocausto apocalíptico.
Acabo de decir que está escrito febrilmente, sí, y se lee aún más febrilmente. Con un estilo cortante, seco, directo, cercano, fíjense que cosas, a escritores como Jim Thompson (no sé porqué en mi mente siempre ha sospechado que hay un vínculo secreto entre Soy Leyenda y 1280 almas del mismo modo en que no concibo el tono de El Planeta de los Simios sin pensar en Matheson). Neville recorre una ciudad abandonada y mata vampiros de día y se emborracha de noche en su refugio acondicionado mientras los pálidos no muertos se agolpan a la entrada y reclaman su presencia.
Tampoco creo necesario insistir demasiado en la genial vuelta de tuerca al concepto social del monstruo que propone, ni incidir en el hasta entonces inédito punto de vista científico del vampirismo, o resaltar el célebre y emocionante episodio del perro, o el flashback con la esposa, cumbre del horror. Ni las interpretaciones mccartistas. Ni cómo La Noche de los Muertos Vivientes ni toda su descendencia, legítima o bastarda, nacen en la novela. Piensen en esa obra maestra que es Zombi, por ejemplo. O incluso diría más. Vuelvan a leer el primer fragmento que he seleccionado al inicio, en el que compara al Ben Cortman, antiguo conocido ahora convertido en vampiro (y que llegará un momento que será su único nexo con el pasado) con un Oliver Hardy con el que entretenerse jugando al tiro al blanco. Jé. ¿Recuerdan el esplendoroso remake de Zombi del 2004, Amanecer de los muertos? ¿recuerdan la genial escena de jugar a francotiradores de Burt Reynolds desde la azotea? Pues ahí está.
Soy Leyenda tuvo dos adaptaciones cinematográficas. La primera, con Vincent Price, no la he visto nunca pero la tengo aquí a mi lado. La segunda, con Charlton Heston, la vi hace demasiado para opinar de manera fidedigna y también la tengo aquí al lado. Sí. Mi plan es revisarlas cuanto antes ahora que tengo la novela fresquita. Parece ser que se prepara una nueva adaptación protagonizada por Will Smith. No guardo demasiadas esperanzas. Me juego lo que quieran no ya a que esté a la altura del libro (un imposible) sino que supere el genial Homega Man protagonizado por Homer en el octavo especial de Halloween, con nuestro padre de familia favorito liquidando mutantes en una Springfield arrasa por una bomba atómica de origen francés. Y dicho esto les dejo con una de esas bonitas galerías que tanto me gustan.
Simpsonario (CDXXXVII)
La obesidad se convierte a veces en uno de los problemas de Homer, como en el episodio Pinta con grandeza, donde sus intentos de adelgazar provocan la burla del sádico Burns. Lo mismo sucede en El amigo de Bart se enamora cuando obligado por el exceso de peso recurre a un método insólito: el mensaje subliminal de cintas de audio que escucha de noche mientras duerme. La obesidad y la grasa se refieren también a las piezas de las carnicerías, señaladas en una cartulina especial de Homer donde la carne está dividida en ocho partes: Buenísima, Extragrasa, Extrajugosa, Jugosa, Sabrosa, Mmmm, Tocinodeliciosa y ¡Uhhh-huu! Todo lo contrario a seguir una dieta de adelgazamiento se produce en Homer tamaño king size, episodio definitivo al respecto en el que Homer descubre que sobrepasar los 135 kgs. le exime legalmente de tener que acudir a su puesto de trabajo.





























