4.5.06

LAS JAMONAS LEOPARDO Y EL FLASHBACK CON TETA


El gallego Amando de Osorio pasará a la posteridad del cine de derribo por su esplendorosa tetralogía dedicada a los calavéricos templarios sin ojos, pero no fueron estos su única aportación al fantaterror hispano ni mucho menos. Y para demostrarlo hoy les traigo un esplendoroso título del cine de derribo patrio producido para Profilmes en 1974: La Noche de los Brujos.



Hacía tiempo que quería visonar este filme. Las fotos de Bárbara Rey (acreditada como Bárbara King), convertida en mujer leopardo colmilluda deliciosamente disfrazada con un kitsch bikini de tigresa, ejercían un enorme poder de fascinación sobre mí. Un sexto sentido me decía que ahí había mucho disfrute subterráneo, y no me equivocaba. Además, la versión que corré por esos mundo virtuales de Dios es la internacional (en castellano pero subtitulada en japonés, por cierto) y no la española, es decir, que tiene doce minutos más, todos ellos plagados de generosos desnudos (aunque con algún pixelado del vello púbico al ser una copia nipona). Sin esas escenas estoy seguro que el filme pierde muchas de sus virtudes, ustedes ya me entienden.
El cine de Osorio tiene, al menos, tres virtudes. Una son esos argumentos de absoluto tono bolsilibro. Otra es el desmadre erotico-violento que acomete a la que se descuida el respetable. El tercero es que con una precariedad total de presupuesto consigue momentos de terror atmosférico muy majos. Las tres virtudes son fácilmente reconocibles en La Noche de los Brujos.



Así, por un lado tenemos un argumento muy poco exigente que utiliza elementos de la aventura exótica, del vudú, del cine de zombis, del gore decapitador, del vampirismo femenino, del softcore que basa parte de su metraje en mostrar a las protagonistas ligeras de ropa, añadiendo a eso una nada sutil perversión del icono pop de la tarzana, es decir, de la variación femenina del Rey de la Selva que tiene en Sheena de la Jungla a la más famosa de sus muchas integrantes. Por otro tenemos un par de destacables escenas de erotismo sadomaso. Y finalmente tenemos la tremenda carencia presupostaria: con cuatro calaveras colgando de un palo, cuatro negros, un par de máscaras tribales, un altar en medio de un falso escenario selvático (que parece más bien el de una de esas nudities que filmaba Ed Wood al final de su carrera) y un poco de hielo líquido vaporoso tenemos montado el meollo terrorífico del asunto.



De hecho, el tema de los escenarios es de vital importancia. La Noche de los Brujos es un ejemplo fantabuloso de que con tan sólo dos escenarios se puede montar un subproducto sin pretensiones. Absolutamente toda la película, excepto los títulos de créditos con elefantes y jirafas robados de a saber qué documental, pasa o en el campamento instalado junto al río africano (cuyo plano de la orilla se repite hasta la saciedad) o en el mentado altar de los brujos. Por cierto, lo del río africano es mucho decir ya que el filme está rodado en la Aldea del Fresno (Madrid), como bien delata la flora ibérica entre cuyos matos y matojos se ha filmado el 99% del fantaterror español.



La película comienza con una introducción que se fecha en 1910 (iba a escribir ambientada, pero eso también sería demasiado decir). Una ceremonia vudú en la que se ata a Barbara King, se la desnuda a latigazos entre chillidos de dolor (y menudos chillidos), se la beneficia el que parece brujo jefe y se la planta en un altar entre percusiones y bailes frenéticos. La escena es contemplada por un grupo de soldados aparentemente británicos. Se decapita a la muchacha con un bonito machete, se lanzan los bnegros a beber la sangre y los soldados abren fuego provocando una masacre (sí, ya sé, no tiene ningún sentido que se esperen a que el sacrificio humano haya finalizado). El detalle, molón, es que entonces la cámara se desplaza hasta la cabeza decapitada y ésta apega un saltito, mira a cámara y toma una amenazante actitud felina enseñando vampíricos colmillos.



Tras los títulos de créditos documentales, entre los que se intercalan planos de los protagonistas en jeep (pero no verán protas y elefantes juntos en el mismo plano, claro), se nos presenta a los miembros de la expedición científica que servirá para el body count habitual. Tenemos al científico propiamente dicho (el gran Jack Taylor), al experto cazador (el no menos grande Simón Andreu) y un trío de hembras vestidas con los habituales coolharapos setenteros de la época: la fotógrafa (Loreta Tovar), la mimada hija de mecenas de la expedición (María Kosty) y la exótica pareja del experto cazador (Kali Hansa, apodo con el que se dio a conocer en el mundo del cine una tal Marisol Hernández). Desde el punto de vista del concepto “expedición científica” es un puto desastre ya desde su composición. Tan sólo un científico (que mayormente se dedica a revelar fotos); la presencia de una fotógrafa (que no revela fotos) o de un experto cazador aún podrian estar justificados, pero las otras dos mozas nada pintan... desde ese punto de vista, desde el de la sexploitation, sí pintan, y mucho.



A partir de aquí más o menos se pueden hacer una idea de lo que pasa. Acampan a la orilla del río muy cerca del lugar de los rituales. Son advertidos por una especie de criollo (atraído a la zona por la carne de la jóvenes occidentales) de una la leyenda según la cual por la noche las mujeres leopardo rondan por la zona. La fotógrafa pizpireta tendrá la feliz ocurrencia de largarse con nocturnidad para hacer fotos de los probables ritos vudú. No será detectada por sus compañeros porque le toca montar guardia a Simón Andreu, el experto cazador, y todas sus vigilancias nocturnas son un auténtico desastre para sus compañeros, ya que mayormente se dedica a jugar a papás y mamás con Kali Hansa para desesperación del personaje de la pija interpretada por María Kosty.



Obviamente, la fotógrafa caerá víctima de los brujos resucitados y de la mujer leopardo interpretada (con enorme empeño) por Barbara King. El ritual será idéntico al del inicio, y es que las normas no escritas de la serie bé son inquebrantables: si una cosa funciona muy bien... ¡repítela!. La variación es que quien desnuda a latigazos es la mujer leopardo, que también chupará su sangre. Y de nuevo la cabeza decapitada mirará al espectador con actitud felina y colmilluda. Eso sí, hay que decir que estas escenas son de lo mejor del filme: la vena de sadomaso visual que tenía Osorio era importante. Con la tercera víctima femenina ya habrá más variación (trío de vampiración chupante lésbico) aunque se perviertan las normas autoimpuestas del propio ritual.



No quiero explicarles mucho más del argumento, auqnue no se vayan a pensar ustedes que la cosa sea el colmo de la originalidad y de la sorpresa argumental. Más bien al contrario, pero antes me gustaría llamar la atención sobre otros detalles relevantes antes de pasar a la pertinente galería de instantáneas del filme:

a/ la película está rodada completamente de día, oscureciendo las numerosas escenas nocturnas con filtros azulados;
b/ las correrías nocturnas de las mujeres leopardo, ralentizadas al estilo Osorio, son una delicia para los amigos del vampirismo setentero;
c/ la nula presencia de cualquier tipo de fauna africana en los alrededores: por no haber no hay ni la mísera escena con serpiente habitual;
d/ es un placer el constante cambio de modelitos y trapitos setenteros de las chicas, de hecho, al principio hay un momento en que un par de ellas se cambian tan sólo por la llegada del criollo;
e/ algunos critican el final al considerar que plagia El Baile de los Vampiros, cierto, pero es un final digno para una peli de horror. Son multitud los cuentos de terror que así acaban y así deben ser.
f/ finalmente, lo más importante porque refleja el espíritu del filme: la película sólo incluye un flashback. Es un salto al pasado que argumentalmente no aporta demasiado: incide en la amistad entre María Kosty y Loreta Tovar, algo que ya había quedado establecido con anterioridad. Bien, en un cine tan poco dado a las florituras como el de Amando de Osorio... ¿Qué razón tiene ese flashback? Fácil: contiene un desnudo, que es la motivación más grande que puede tener según los cánones sagrados de la serie zeta: un par de tetitas lo justifican todo, incluso un flashback inecesario.


Esto es un flashback y lo demás son tonterias


Barbara Rey (aka King) desnudada a latigazos



Rituales Vudú


Negritos voyeurs sacados de Tintín en el Congo.



Constante desfile de modelos de la época


La resurrección de los brujos


Avezada expedicionaria africana preparando la tumbona



La sabiduría de Osorio para el horror erótico


Montando guardia a la española


Brujos zombi


El estupendo gusto de María Kosty para la combinación de ropa interior




Gran momento: la cámara recorre el cuerpo de María Kosty de arriba a bajo siguiendo el reguero de su sangre, que llega a sus pantorrillas. Menstruación y trío de vampirismo lésbico. Es por cosas como esta que Osorio era un genio del bajo presupuesto.


El criollo violador recibe su merecido


La resurrección de Jack Taylor en la cabaña de revelado


Quemando zombis


Detalle de la decapitación que se repite dos veces. Nótese que el tajo va por un lado y la separación de tronco y cabeza por otro.

3.5.06

Simpsonario (CDXXIII)

Muñeco

Los muñecos preferidos de Bart son aquellos que reproducen la imagen de su ídolo: Krusty el payaso; en el episodio Krusty entra en chirona un entristecido Bart dialoga en su habitación con uno de estos muñecos, aquel que estirando del cordel que lleva en la espalda empieza a hablar repitiendo mecánicamente eslóganes mascullados (“Yo soy tu mejor amigo”, “Compra mis salchichas”, “Yo no lo hice”) aparte de la segunda (que podríamos considerar metamerchandaising) las otras somatizan la tragedia de su referente: el payaso está en prisión acusado de un delito que no ha cometido. En el tercer cuento de terror incluido en el especial de Halloween La casa-árbol del terror III, a Bart le regalan otro de estos muñecos, que habla por sí mismo y, como en las películas de terror de serie B, demuestra tener vida propia con un alma buena y otra perversa.

2.5.06

B-ART : ANTONIO MARGHERITI FILMS

Con Antonio Margheriti la historia del cine (cinéfilo y cinéfago) es muy injusta. Compañero de generación de Bava o Freda, se suele loar a estos y olvidar la carrera del quizá más conocido por su seudónimo Anthony Dawson. Es cierto que probablemente sucumbió más y mejor en las carencias y premuras presupuestarias, incluso rodando en Filipinas durante los años 80 porque salía más barato. Pero sólo hay que pegarle un repaso a su extensa filmografía para comprobar que se trata del arquetipo ideal de artesano de la explotación y el cine de género de serie bé italiano. Ir comprobando los títulos uno a uno supone más que un repaso, un viaje a la historia de ese cine mediterráneo que tanto me fascina. Bastantes películas de ciencia ficción pulp durante los 60 (que tienen un mérito enorme, ya reseñé una de ellas), péplums de músculo y sandalia (prometo hablar pronto Ursus contra el terror de los Kirghisi), relatos góticos de horror (posiblemente sus filmes más destacables son Danza Macabra y El Justiciero Rojo), giallos de largo título, spaguetti westerns, soja westerns en coproducción con la Shaw Brothers, agentes secretos, explotaciones (o no) de La Residencia de Ibáñez Serrador, películas del Hombre Invisible con James Franciscus, remakes de sus propias películas (La Horrible Noche del Baile de los Muertos), erotismo light, películas a lo Budd Spencer sin Budd Spencer, comedias, colaboraciones con Andy Warhol en las que casi nunca le acreditan como director, thrillers que sustituyen a Eastwood por Yul Briner, clásicos del gore caníbal con John Saxon, explotaciones de Tiburón, Mad Max, Rambo, Alien o Conan. Como ven una carrera de artesano brillante.

A continuación les dejo una nutrida galería de carteles y carátulas de películas de Margheriti, en su mayoría sacadas de la estupenda site oficial. Ya la conocía, pero el Maldito Roedor de Goio me hizo ver el otro día que dispone de secciones dedicadas a colgar con enorme calidad la muchas carátulas de vídeo y dvd, además de las que se pueden encontrar en las reseñas de los filmes. He procurado un recorrido variado plagado de ilustraciones preciosas que espero sea del agrado de todos ustedes.


1960_space_men

1961_planeta_hombres_sin_vida

1963_danza_macabra

1963_danza_macabra_02

1963_justiciero_rojo

1964_giganti_di_roma

1964_Lunghi_capelli_della_morte

1964_Lunghi_capelli_della_morte_02

1964_ursus_terror_kirghisi_WEB

1965_Diafanoidi_vengono_da_Marte

1967_Crimen_en_la_residencia

1968_Joko_invoca_Dio_e_muori

1971_Horrible_noche_del_baile_de_los_muertos

1973_Morte_negli_occhi_del_gatto

1974_Kárate_Colt_impostor

1975_flesh_for_frankenstein

1981_car_crash

1983_tornado

LA TETA FANTASMA DE NANCY SINATRA

Hace poco más de una semana escribía por aquí los vínculos entre la perla pop These boots were made for walking y la Matanza de los davidianos de Waco. Para ilustrar el asunto, muy contento yo les escaneaba la portada de mi single español original de la época (1965). Les vuelvo a poner la imagen más en pequeñito que entonces; si clikan sobre ella la verán en grande.


Nancy_single_WEB


Obsérvenla aténtamente... ¿encuentran a faltar algo?. Yo, la verdad, no me había percatado hasta que ifrit (Jé, éste si que sabe donde centrar la atención) me lo hizo ver: ¿dónde coño está la teta izquierda de Nancy? Para estas cosas no hay como la comparación visual, así que aquí les dejo la verdadera portada original tal y como se editó en el resto del mundo civilizado, es decir, sin pasar por las manos de la censura temerosa de que la personalidad pectoral de la cantante atentara contra el sexto mandamiento.



Simpsonario (CDXXII)

Muntz, Nelson

En una lectura inmedita es el chulo del colegio, reconocible por su peculiar y antipática risa (“¡Ha Ha!”) y aparentemente siempre dispuesto a meterse con Bart, aunque este rasgo propio de las primeras temporadas se ha ido desdibujando con el tiempo; figura del bad boy que se escapa de la tradición clásica para entrar en la actualidad, acarreando con todas las bendiciones de la violencia contemporánea (siente pasión por las armas de fuego), sin inhibiciones morales o códigos honoríficos; obviamente todo dibujado con la sutil ironía que caracteriza la serie. El episodio La cita de Lisa con lo espeso narra la historia de un amor imposible entre Lisa y Nelsón, dos personajes radicalmenta diferentes: la niña es intelectual e introspectiva mientras que Nelson supera incluso a Bart en el rol del peor estudiante de la escuela. Pero en realidad se trata de un personaje mucho más complejo, ya que si Bart procede de una familia con profundos lazos de cohesión y de clase media, Nelson es pobre, vive con su madre (antigua animadora) y su padre desapareció un día tras decir que iba a por tabaco. Son diversas las ocasiones en las que se intuye que Nelson es inteligente (su cinismo innato, por ejemplo, lo demuestra), sensible (su película favorita es Blancanieves) y un gran deportista. Desgraciadamente, su condición de white trash le impulsa a un futuro como delincuente, convirtiendo al personaje en una dura crítica del sistema social y educativo norteamericano.